Una oportunidad para conversar en familia

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Una oportunidad para conversar en familia
La imagen de las torres gemelas de Nueva York es ya un ícono mediático y,
posiblemente, un recuerdo común para la gran mayoría del planeta. ¿Qué
repercusiones puede tener esto en la convivencia familiar y en el
comportamiento de niños y jóvenes? Y en el caso de Chile ¿Puede igualmente
influir el once de septiembre de 1973 en nuestras relaciones familiares?
La mañana del 11 de septiembre, grabó en la retina de niños y adultos fuertes imágenes
de destrucción y violencia. A juicio de los expertos, la coyuntura noticiosa entrega una buena
oportunidad pedagógica para conversar en familia.
Independientemente de la edad de los niños, Luz María Edwards, profesora de filosofía y
asesora del Ministerio de Educación, es partidaria de hablar el tema: Dice que "los que han
visto las imágenes y han sido testigos de la reacción de los padres y de la gente que los
rodean, saben que se trata de una reacción excepcional". Por eso, dice, en la medida que lo
puedan conversar con sus padres, pueden procesar el impacto. "Lo difícil, agrega, es ver en
qué términos se pueda conversar para que sea formativo para los niños..."
Dado que la posibilidad de filtrar las noticias es baja, el sociólogo y experto en comunicación,
Claudio Rutlland recomienda escuchar a los niños, intercambiar opiniones y ayudarles a
procesar la información: "Cada uno verá cómo, pero lo peor es evitar el tema". A su juicio, el
atentado a las torres gemelas, así como otros episodios de violencia que la televisión transmite
en forma instantánea, es una "excelente oportunidad para hablar de tolerancia y relativizar las
opiniones esterotipadas".
Por su parte María Dolores Souza, directora de estudios del Consejo Nacional de Televisión,
asegura que para que los niños digieran este tipo de imágenes y se pueda disminuir en algo su
impacto, es recomendable "ayudarlos a expresar verbalmente o en juego sus sentimientos." El
problema, agrega Souza es que "cuanto mayor es el impacto, menor es la posibilidad de
verbalización de parte de los niños." Por tanto, recomienda, "los padres y profesores deben
estimularlos a poner las imágenes en palabras".
Sius recomienda que de acuerdo a la edad surjan intentos de contextualización de los hechos
por parte de los padres. "Mostrar un mapa a niños de 7 años, para que vea que el atentado no
es en la esquina de su casa sino a varios miles de kilómetros de distancia, puede ser sano".
Según Souza, en el caso de los niños chilenos, por el momento, "hay que ser prácticos y tratar
de evitar que crean que porque pasó en EE.UU., sucederá acá." Desde el punto de vista de la
convivencia, Edwards asegura que "el niño debiera llegar a darse cuenta que toda acción que
hace daño a otro debe evitarse y debe corregirse...el daño a otro lleva después a una
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conversación más remitida a la realidad de los niños a qué cosas pueden hacer mal a otros..."
Otro tema más delicado y difícil de tratar, pero que según la profesora sería recomendable
hablar es "no dividir el mundo entre los perversos y los ángeles". ¿Cómo seguir entonces la
conversación? Edwards sugiere: "apelando a que hay un consenso mundial de la especie
humana que dice que el asesinato es un camino equivocado y en eso no habría que transar".
La instancia, señala Edwards, pone de relieve la calidad de los valores y en ese sentido es una
gran oportunidad pedagógica porque el uso de la violencia se puede extrapolar a la
convivencia diaria... a las familias, a la comunidad.
En ese sentido -subraya Rutlland- la actualidad se convierte en un llamado a procesar las
informaciones que nos vienen de afuera en forma conjunta, "evitando los estereotipos
simplificadores para uno u otro lado. De esto puede salir una buena conversación para
alimentar el entendimiento y la curiosidad por otros". (CCD).
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