Demóstenes - Ladeliteratura

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DEMÓSTENES, EL ORADOR
TARTAMUDO
Demóstenes ejercitando su voz
J. Lecomte du Nouÿ, fines del siglo XIX
Demóstenes fue considerado como el mejor representante griego del arte de la
elocuencia. Pero su capacidad no fue fruto solo de la naturaleza, sino también del
esfuerzo por la superación…
Según cuentan las tradiciones, Demóstenes tenía algunos defectos de habla: era
tartamudo y su voz sonaba aguda y molesta. Esquines (otro orador ateniense y
enemigo acérrimo de Demóstenes) se burlaba de sus dificultades y se refería a él con
el apodo despectivo de “Bátalo”, mote que significaba “martillador”. Además de estos
inconvenientes, en sus primeras intervenciones públicas también se le criticó el estilo
duro y desagradable de sus frases.
A todo esto se enfrentó Demóstenes con gran tesón. Así lo hace notar el
historiador Plutarco:
Demóstenes, cuanto talento tuvo, recibido de la naturaleza y acrecentado con el
ejercicio, todo lo empleó en la oratoria, llegando a exceder en energía y vehemencia a
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todos los que compitieron con él en la tribuna y en el foro; en gravedad y decoro, a
los que cultivaron el género demostrativo, y en diligencia y arte, a todos los sofistas.
Demóstenes llevó adelante un programa muy riguroso: para mejorar el timbre y
la potencia de su voz, a diario iba por la orilla del mar y le gritaba al sol para que su
voz sonara más fuerte que las olas; mientras eso hacía, también solía poner en su
boca guijarros que le forzaban a controlar la dicción. Estudió minuciosamente el
lenguaje corporal hasta que se sintió capaz de envolver al auditorio con su
gestualidad.
Pero su trabajo también atendió a la elaboración de los discursos. Dedicaba
largas horas a redactar las alocuciones, informándose en detalle del asunto que debía
tratar y buscando las argumentaciones más precisas y contundentes que pudieran
surtir efecto en el auditorio.
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TERCERA FILÍPICA
(FRAGMENTO)
Texto completo en
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/demostenes/caratula.html
“Pienso yo, varones atenienses, que no debéis
irritaros contra mí si digo alguna verdad con absoluta
franqueza. Pensad, en efecto, lo siguiente: Vosotros
consideráis preciso que en asuntos no políticos exista
tan amplia libertad de palabra entre todos los que
habitan la ciudad, que incluso habéis hecho partícipes
de ello a los extranjeros (y a los siervos, y pueden verse
entre vosotros muchos esclavos que dicen lo que
Tetradracma con la efigie de Filipo II
quieren con más licencia que los ciudadanos de otros
países); pero, en cambio, habéis eliminado por
completo tal libertad en las deliberaciones públicas. Con lo cual os sucede que gozáis
en las Asambleas escuchando únicamente alabanzas y palabras lisonjeras, mas ante
la marcha de los acontecimientos os halláis expuestos a los más grandes peligros.
Pues bien, si asimismo ahora os encontráis en semejante disposición de ánimo, no sé
qué pueda deciros; pero si estáis dispuestos a oír, adulaciones aparte, lo que conviene
a la ciudad, heme presto a decirlo. Y aunque las cosas están muy mal y es mucho lo
que se ha perdido, sin embargo, es todavía posible poner remedio a todo esto con tal
de que os dispongáis a actuar como es debido. Tal vez parezca paradójico lo que voy
a deciros, pero es cierto. Lo peor de lo ocurrido es también lo más ventajoso para el
porvenir. ¿Qué es ello? Que la situación es grave porque no habéis cumplido ni poco
ni mucho con vuestra obligación; pues si lo fuese después de haber hecho vosotros
todo lo necesario, no habría esperanzas de que llegase a mejorar. En realidad son
vuestras desidia e incuria las que han sido derrotados por Filipo, que a la ciudad no
la ha derrotado. No; vosotros no estáis vencidos, ni siquiera os habéis movido.
(…)
¿Cuál es, pues, la causa de todo esto? Porque no sin razón ni causa justa todos los
griegos suspiraban tanto por la libertad y en cambio hoy suspiran por la esclavitud.
Pero entonces, ¡oh atenienses!. existía en el espíritu de la mayoría algo que hoy no
tiene, algo que pudo más que las riquezas de los persas e hizo de Grecia un pueblo
libre; una cosa que no fue vencida en ninguna batalla naval ni terrestre, pero que, al
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ser destruída hoy, lo ha corrompido y revuelto todo. ¿Qué cosa era ésta? Nada
complicado ni sutil, sino que los hombres sobornados por quienes querían mandar o
llevar a Grecia a la perdición eran odiados por todo el mundo; era cosa gravísima
estar convicto de venalidad y este crimen estaba castigado con la máxima pena (sin
que valieran súplicas ni indultos para mitigarla). Así la oportunidad de cada uno de
estos actos que a menudo ofrece el azar a los descuidados en perjuicio de quienes
viven alerta (y a quienes no quieren realizar nada en perjuicio de aquellos que hacen
todo lo necesario), no era posible compararla, ni a los oradores ni a los generales,
como tampoco la concordia entre los ciudadanos ni la desconfianza hacia los tiranos
y los bárbaros, ni, en una palabra, nada semejante.
Ahora todo esto se ha vendido al extranjero como en un mercado, y en cambio nos
han importado el origen de la ruina y males de Grecia. ¿Qué es ello? La envidia si
alguien ha recibido algo; la sonrisa si lo confiesa (el perdón para los convictos); el
odio si alguno lo censura; en fin, todo lo demás que trae consigo el soborno. En
efecto, todos tenemos ahora en mucho mayor cantidad que nuestros antepasados
trirremes y multitud de hombres y de dinero, abundancia de material de guerra y
cuanto puede ser considerado como factor de la potencia de una ciudad. Y sin
embargo, todo esto resulta inútil, ineficaz, inaprovechable, por culpa de los que nos
venden.”
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También puedes ver…
Discurso fúnebre
Esparta y Atenas, siempre rivales
Géneros literarios en la antigua Grecia (III)
Para saber más…
González Andrés, Raimundo – “Demóstenes considerado como hombre público” (Universidad
Central de Granada; Madrid, 1857) Se puede descargar desde
http://books.google.com.uy/books?hl= es&lr=&id=N0fUyItK8A C&oi=fnd& pg=PA3&dq=dem% C3%B3stenes+%2B+oratoria&ots=oNbXMO6B dF&sig=AUqfW_chn
wP T6eXV nl3_JnEi8sE#PPA1,M1
Jaeger, Werner- “Demóstenes. La agonía de Grecia.” (Fondo de Cultura Económica; México,
1945)
Müller, Carlos O.- “Historia de la literatura griega hasta la época de Alejandro” Tomo III
(Establecimiento tipográfico de Ricardo Fé; Madrid, 1889): 283 y sigs.
Murray, Gilbert- “Historia de la literatura griega clásica” (Ed. Albatros; Bs As, 1947) :391
Nestle, Wilhelm-“Historia de la literatura griega” (Ed Labor; Barcelona, 1959):181 y sigs.
Plutarco- “Vidas paralelas. Comparación de Demóstenes y Cicerón” Vol. VI En
http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/plutarco_vidas-paralelas-tvi-comp-demo-ciceron.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Dem%C3%B3stenes
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/demostenes/caratula.html
http://www.civilitas.com.ar/demostenes.htm
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