Stefano Zamagni, “Los empresarios tiene la llave del cambio de

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Nota de prensa
Jueves 25 de febrero de 2010
“Los empresarios tiene la llave del cambio de modelo económico”
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Stefano Zamagni pronunció ayer la conferencia “Reciprocidad y fraternidad: El papel de
los sentimientos en la economía”, en la 5ª sesión del Seminario ÉTNOR.
Para Zamagni, el problema de la economía y la empresa actual no es la falta de recursos,
sino saber aprovechar al máximo el talento y conocimiento de las personas.
“Los problemas económicos del presente no se pueden resolver con el marco conceptual del
pasado”. Con esta idea iniciaba ayer Stefano Zamagni, Catedrático de Economía Política de la
Universidad de Bolonia, su conferencia en la que analizó las bases de la Economía Política y las
necesidades de la economía en la actualidad.
Para Zamagni, los problemas de hoy ya nos son problemas de falta de recursos, problemas entre
el hombre y la naturaleza. “Los problemas económicos de hoy son problemas relacionales de los
seres humanos”. “Tenemos multitud de recursos, pero no sabemos cómo utilizarlos”.
Zamagni explicó esta idea basándose en tres paradojas fundamentales del siglo XXI; la
paradoja de la felicidad, la paradoja de la desigualdad y la paradoja del modelo taylorista. La
paradoja de la felicidad la planteó en 1974 Sterling, quien afirmaba que después de un
determinado nivel de renta, a mayor renta menor es la felicidad. En segundo lugar, la paradoja
de la desigualdad tiene que ver con la cuestión de que cada vez hay más riqueza, y sin embargo
las desigualdades van en aumento. Por último, la paradoja del sistema taylorista ha mostrado
que ya no es posible este sistema de organización basado en un modelo piramidal donde la base
de la organización no aporta más que fuerza productiva. En el momento actual, para ser
competitivo es necesario que todos los miembros de una empresa tengan un peso en la misma, y
“el empresario que no adopte este sistema está condenado al fracaso”. “Difícilmente los
esclavos –apuntó Zamagni- aportan nada a la organización”. “Si queremos aprovechar al
máximo el conocimiento tácito de nuestros empleados, tenemos que saber establecer relaciones
recíprocas con ellos, porque puedo obligar a una persona a llegar a las 8 de la mañana al trabajo,
o a estar 8 horas en la oficina, pero no puedo obligarlo a que deposite sus mejores ideas, su
capital intelectual en la organización”. “La única forma de aprovechar el conocimiento tácito de
las personas –afirmó el ponente- es a través de la reciprocidad”.
Desde estas tres paradojas, la cuestión es “cambiar los esquemas mentales de la gente hacia un
nuevo modelo, y eso lleva trabajo y tiempo, pero acabará imponiéndose por necesidad”.
Zamagni esquematizó este nuevo modelo en tres principios básicos. Los dos primeros principios
son el del cambio equivalente y la distribución. En el principio del cambio equivalente se basan
las relaciones de mercado y es “un principio fundamental, porque sin él no es posible la
eficiencia, y la eficiencia es un fin necesario en las sociedades capitalistas en las que vivimos”.
Y el segundo, el de la distribución de la riqueza, es el principio del que se ocupa el Estado, y
también es fundamental para tener sociedades justas. Toda la Economía Política se ha basado en
estos dos principios, pero “no son suficientes en la era de la información y el conocimiento”.
Para Zamagni, “es necesario combinar estos dos principios con un tercero, que es el principio de
la reciprocidad, en el que se basa la Economía Civil”. Los primeros dos principios están basados
en una relación de deber y derecho, de derechos de propiedad y deberes de cumplimiento de lo
negociado. La reciprocidad, sin embargo, se basa en una relación de don, de gratuidad entre las
personas. A ayuda a B con la expectativa de que cuando necesite algo, B le devolverá la ayuda.
Si B no es recíproco, se trunca la relación. Las relaciones de reciprocidad no se basan en la ley,
no se puede obligar a ellas, “pero es la única manera de obtener el conocimiento de las personas,
lo mejor de cada uno”.
En definitiva, concluyó Zamagni, el olvido de este tercer principio da respuesta a las paradojas
planteadas, ¿Por qué no somos felices con tantos recursos? Porque la felicidad está ligada a la
reciprocidad, y “algunos economistas, no inteligentes –apostilló Zamagni-, han confundido
utilidad con felicidad, y la felicidad depende de la relación con los otros, no de la acumulación
de cosas”. Del mismo modo, el problema de las empresas hoy no es un problema técnico, sino
un problema relacional. No se transmite el conocimiento tácito de la gente por falta de
reciprocidad en el grupo.
Para Zamagni, la llave del cambio, “la minoría profética” de hoy, son en los empresarios, ellos
son lo que pueden poner en práctica este modelo y demostrar que funciona, que es posible, que
es el adecuado, y servir de ejemplo para los demás.
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