la imagen de chaac durante el período clásico

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LA IMAGEN DE CHAAC
DURANTE EL PERÍODO CLÁSICO
Octavio Quesada García
CH, Universidad Nacional Autónoma de México, México
[Ketzalcalli 1|2008:19–34]
Resumen: Estudio iconográfico comparativo de la imagen de Chaac, en
una muestra proveniente de diversas regiones del mundo maya. Consiste
en la descripción positiva de representaciones estilizadas de serpientesmayas, así como del rostro, el cuerpo y los atavíos que componen la imagen
de Chaac. Es éste un ser humano de apariencia naturalista, cuyo rostro se
mira estilizado en la boca y en los ojos principalmente, por rasgos de naturaleza serpentina. Describe, además, la presencia consistente cuatro signos
previamente identificados. Esta descripción es congruente con la hipótesis
que describe a Tláloc como símbolo de la creación universal.
Palabras clave: Tláloc; Chaac, cosmogonía antigua mexicana
INTRODUCCIÓN
En estudio previo, se enunció una hipótesis general acerca de la composición y significado
de la imagen de Tláloc (Bonifaz Nuño 1986), tenida ésta como un complejo iconográfico
que abarca prácticamente todas las manifestaciones de alta cultura que florecieron en México, desde alrededor del año 1500 a.C., hasta la invasión española en el siglo XVI (Fig. 1;
Covarrubias 1946: 169). En efecto, en toda esa región hoy llamada Mesoamérica, aparece
con insistencia a lo largo de tiempos y espacios la imagen de dicha divinidad. Con su alta
incidencia y preponderancia en los distintos contextos en que se le ha encontrado, hace
suyo todo tipo de espacio consagrado y dedicado al culto, incluyendo sus puntos principales. Se le encuentra en los templos y en las plazas mayores, propicias para la congregación
de la comunidad, así como en los patios y recintos restringidos a las prácticas rituales y a
la clase sacerdotal. Se le halla también formando parte de ofrendas, fueran éstas depositadas para celebrar ciclos rituales o acontecimientos terrenos o divinos, fueran para acompañar a sus muertos. En todos esos contextos, la imagen de Tláloc aparece y reaparece atravesando muy diversos ámbitos, y al hacerlo, ella misma se autopropone como rectora de
las fuerzas intelectuales que allí se manifiestan, pareciera, ordenándolas.
El presente estudio, un análisis iconográfico de su imagen en el mundo maya durante
el período Clásico, busca describir su composición icónica y de signos. Con dicho propósito, se analizaron inicialmente numerosas imágenes serpentinas mayas del Clásico, y se
identificaron algunas maneras comunes en que fueron representadas. Posteriormente, se
estudió el modo en que la imagen de Chaac se construye, tratando de identificar la naturaleza de los rasgos y los motivos figurativos que la caracterizan. Finalmente, se estudió la
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composición de signos que presenta la imagen, fuere que aparecieran como partes estructurales de los elementos figurativos, o como elementos gráficos individuales y aislados
dentro del espacio plástico.
LAS IMÁGENES SERPENTINAS
Las imágenes mayas de la serpiente que han llegado hasta nosotros constituyen un amplio
universo iconográfico. Infaltable, se podría decir, en todos sitio maya principal, su imagen
se multiplica sobre distintos soportes, esculpida de bulto o en relieve, pintada sobre muros
o en las innúmeras piezas de cerámica preparada para esos fines. En sus imágenes ostenta, pareciera, una vasta diversidad de apariencias. Y no obstante, un estudio apenas meticuloso de un número amplio de ellas, permite observar cómo la construcción de grandes
conjuntos de esas imágenes, se rige por algunas
convenciones y un número relativamente pequeño de elementos gráficos comunes.
Entre las convenciones tenemos al menos
tres referentes a la cabeza y una con repecto al
cuerpo. La primera es la que permite manifestar a la serpiente por la cabeza sola, con ausencia completa de cuerpo, y en estrecha relación
con ella, la que acuerda concentrar la mayor
densidad del mensaje plástico, luego de significado, justamente en la cabeza. La tercera es de
índole estructural. Se trata de la práctica admitida tácitamente de construir esas cabezas con
los conjuntos de la boca y el ojo, convención
ampliamente distribuida en el mundo maya, y
que permite, aún, omitir de la primera la
mandíbula inferior. En otras palabras, para la
representación de una serpiente basta la cabeza
Fig. 1: Cuadro iconográfico de Miguel
–donde se concentra el sentido– formada por
Covarrubias en donde se muestra la
los complejos ocular y bucal.
relación existente entre los así llamaEn lo referente al cuerpo de las serpientes,
dos Dioses de la lluvia en el México
cuando se figura, siempre es redondeado y larantiguo, desde los Olmecas hasta los
go y sigue trayectorias curvas, ondulantes o en
Mexicas
espiral, en donde toda arista ha sido evitada;
Cuadro y dibujos de Miguel Covarrubias 1946:
con harta frecuencia muestra escamas ventrales
169, Lámina 4
y dorsales diferenciadas; las primeras rectangulares y perpendiculares al eje principal del cuerpo, las últimas muchas veces romboidales producidos por lineas diagonales que se cruzan;
todo, apariencia y conducta, tal y como ocurre con las serpientes reales. Es esta una convención donde se establece el naturalismo como medio de expresión de los cuerpos serpentinos. Lo anterior no quiere decir que no haya ocasiones en las que el cuerpo de las
serpientes fue sujeto de estilizaciones, mas ocurre que éstas casi siempre son adiciones de
elementos nuevos, extraños a los cuerpos verdaderos, y no modificaciones a su estructura. Los cuerpos serpentinos, así, siempre muestran conducta y apariencia de serpiente,
aunque pueden ostentar adiciones gráficas con fines de estilización.
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Respecto a las serpientes en general, saltan a la vista dos modalidades claramente discernibles, y que constituyen dos grandes conjuntos de obvio y desigual significado: uno en
donde los rasgos se observan más cercanos a las serpientes reales, próximas al naturalismo, y otro donde aquéllos han sido profundamente estilizados, sea por la transformación
de sus elementos constitutivos o por la adición de otros nuevos. Las figuras 2 y 3 muestran algunos ejemplos de estos dos grandes conjuntos.
En el primero grupo (Fig. 2), las cabezas,
como siempre hacen los cuerpos, se miran
realizadas aproximando a su modelo natural,
tanto en el tamaño y apariencia como en las
proporciones y actitudes; son, sin lugar a dudas, serpientes. Las bocas aquí siempre están
hechas de dos mandíbulas de la misma longitud, y pueden estar cerradas o totalmente
abiertas; muestran varios colmillos, casi siempre de un solo tipo; ostentan con frecuencia
largas y prominentes lenguas bífidas. Todas
estas cabezas además, tienen un cuerpo figurativo y no se les representó, al parecer, por la
cabeza sola. Este conjunto, en suma, está formado por representaciones serpentinas completas, figuradas, tanto la cabeza como el
Fig. 2: Ejemplos de representaciones
naturalistas de serpientes
entre los mayas del Período Clásico
Fotografías: Justin Kerr. FAMSI
cuerpo, en términos plásticos cercanos al naturalismo.
Las serpientes estilizadas, por su parte, pueden o no tener cuerpo y con mucha frecuencia
se representaron sólo por sus cabezas (Fig. 3).
Como en el primer grupo, cuando el cuerpo
está presente, sigue la convención naturalista
en lo referente a elementos constitutivos, apariencia y actitud. Es en la cabeza donde se concentran decididamente las estilizaciones. Las
dos principales son las que modifican la apariencia de la boca, y aquéllas que participan en
la construcción de los ojos (Figs. 4a, b, c).
Fig. 3: Ejemplos de representaciones
estilizadas de serpientes entre los mayas del Período Clásico
Fotografías: Justin Kerr. FAMSI
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La boca es el conjunto gráfico mayor y puede representar más del 80% de la superficie
total de la cabeza; se halla, además, siempre abierta. Concentra, por el tamaño, la actitud y
el número de elementos gráficos asociados a ella, la mayor parte de carga de significado
evidente en la representación. El rasgo más prominente de esas bocas es sin duda la proyección de la mandíbula superior, que inicia siempre con un movimiento hacia adelante,
para ulteriormente desarrollarse en una variedad
de trayectorias. Dos grandes conjuntos de estas
variantes son los casos en que la proyección se
continúa, en general, hacia arriba y hacia atrás, y
aquellos en donde el movimiento es descendente
después del avance inicial. En todos ellos, no obstante, la proyección inicial es quien presta impulso
y soporte a todas las trayectorias sucesivas, y viene
a ser la constante de este movimiento plástico.
Cuando está presente, la mandíbula inferior
siempre es más corta que la superior, y con frecuencia muestra una suerte de barbilla naciendo
Fig, 4a: Análisis compositivo de elementos gráficos en cabezas de
serpiente estilizadas.
I Esculpida en la Lápida de Pakal,
Palenque, Chiapas
Fotografía: F. Robles. En Bonifaz Nuño 1985:
171, Figura 100
II Esculpida en el Tablero del Templo de
la Cruz Foliada, Palenque, Chiapas
Fotografía: F Robles. En. Bonifaz Nuño 2006
Figura 6
de su límite más bajo. En la cara interna, la
boca puede mostrar encías, colmillos, dientes u
otros elementos complejos, todos los cuales voy
a agrupar aquí bajo el nombre de piezas bucales. Entre éstas, hay una que se encuentra destacada por tamaño, posición y complejidad
respecto de las otras piezas. En efecto, ésta se
hace nacer, primero, de la mandíbula superior,
conjunto fundamental de las serpientes mayas;
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Fig. 4b: Análisis compositivo de
elementos gráficos en cabezas de
serpiente estilizadas.
I Pintada sobre un vaso proveniente
de Calakmul, Campeche
Fotografía: Justin Kerr. FAMSI
II Pintada sobre un vaso proveniente
de la región de Calakmul, Campeche
Fotografía: Justin Kerr. FAMSI
allí, suele aparecer alta, grande y adelantada y puede, con cierta frecuencia, ser la única quye ostenta
la boca. La voy a llamar en este trabajo pieza bucal
mayor.
De la comisura de la boca, es frecuente observar
el nacimiento de un elemento curvo y apuntado en
su término, que se dirige hacia abajo y hacia atrás, el
cual puede ser breve y corvo, o bien prolongarse y
ondular en formas delgadas que siguen esa dirección. A dicho elemento voy a llamarlo, por su apariencia y posición, colmillo comisural. De la boca
también, pero así mismo desde otras partes de la
cabeza, es frecuente observar el nacimiento de elementos bífidos, dos formas alargadas que corren
adosadas en la parte inicial de su curso, para después bifurcarse y separarse siguiendo diversas trayectorias, homólogas o distintas , y casi siempre divergentes.
Fig. 4c: Análisis compositivo de
elementos gráficos en cabezas
de serpiente estilizadas
I Labrada sobre el Dintel 15,
Yaxchilán, Chiapas
Fotografía: The Trustees of The British
Museum. En: Schele et al. 1986: 200,
Lámina 65
II Labrada sobre el Dintel 3 del
Templo IV, Tikal, Guatemala
Dibujo: Linda Schele. FAMSI
Fig. 4d: Análisis compositivo
de elementos gráficos en cabezas
de serpiente estilizadas.
I Esculpida en la cara este del Altar O
de Copán, Honduras
Dibujo: Miguel Covarrubias 1954 53, Figura 19
II Esculpida en la cara oeste del mismo
monumento, Copán, Honduras
Dibujo: Miguel Covarrubias 1954: 46, Figura 13
La foseta nasal se representa por una pequeña forma rectangular acostada, que se
repega y apoya siempre en la gran mandíbula superior; queda en posición adelantada
como consecuencia del avance de ésta; su
región posterior suele mostrar una pequeña
vírgula que nace desde la base, o un arco de
talla mínima, mientras que el extremo más
anterior remata en un desarrollo hacia adelante o hacia arriba. Este elemento gráfico
puede mostrar muchas variaciones, una
común es alargarse sobre su eje principal,
siempre adosado a la mandíbula en que se
apoya, mientras que el desarrollo anterior
puede ondular suavemente o cambiar su trayectoria por medio de ángulos rectos. Asocia1|2008
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dos a la foseta nasal, nacen de ella, por lo general, dos elementos de apariencia tubular y
recta, cada uno compuesto por un largo y esbelto rectángulo que culmina en su extremo
con formas simples asociadas, frecuentemente un arco pequeño. Dichos elongados elementos, que aquí voy agrupar y llamar par nasal, en sitios como Palenque y en otros de la
región del Usumacinta, se representaron por formas trilobuladas y ligeramente alargadas.
A tales elementos Los considero análogos al par nasal y los incluyo como variantes de esta
categoría, tomando en cuenta que en todos los casos se les halla asociados con la foseta
nasal, y a que con mucha frecuencia aparecen como un par. Así, esas bocas se construyen
con una mandíbula superior frontalmente
proyectada, una inferior reducida, diversas
piezas bucales, colmillo comisural, foseta y
par nasales y elementos bífidos asociados.
El ojo se encuentra modificado por al
menos cuatro estilizaciones constantes: ampliación evidente de su superficie dentro de
un esquema cuadrangular; el iris figurado por
una pequeña y delgada vírgula; un elemento
largo y delgado en forma de “U”, que constituye el límite basolateral del ojo, y un gran
elemento colocado encima de éste, al que le
determina forma y límites superiores, y que
voy a llamar en este trabajo, placa ocular.
Este elemento se relaciona estrechamente
con el límite basolateral, al que le presta apoyo, origen y muchas veces también término;
puede competir en tamaño y complejidad
iconográfica con el ojo mismo y muestra intensas variaciones en sus maneras de representación.
La presencia de orejeras en las serpientes
mayas, pareciera una distinción exclusiva de
Fig. 5a: El rostro de Chaac
las representaciones estilizadas. En estas últidurante el período Clásico.
mas, con mucha frecuencia se figuraron oreI Labrado en relieve sobre una losa
jeras y con otra semejante se omitieron.
proveniente de Palenque, Chiapas
Cuando aparecen, suelen ser complejas en su
Fotografía:Michel Zabé / Raíces. En:
composición, pudiendo tener desde uno o
Arqueología Mexicana 2001:69
dos hasta seis o siete elementos, colocados
II Labrado en relieve sobre una losa
como regla general, uno abajo del otro, comproveniente de Palenque, Chiapas
poniendo una columna de elementos gráficos.
Dibujo: Linda Schele. FAMSI
En sentido estricto, la orejera podría no ser
considerada parte sinne qua non de la cabeza, en tanto que no constituye un elemento estructural de ella; a la cabeza, como ya se
dijo, le bastan la boca y el ojo para existir. La orejera de hecho, puede aparecer separada y
retrazada en la composición con respecto a la cabeza. Sin embargo, en muchas otras ocasiones se le encuentra en tal forma adosada a ella, que no puede ahí más que tenerse como cierto que está formando parte integral del conjunto de la cabeza.
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Reitero y amplío una observación para finalizar este capítulo. Las cabezas serpentinas
estilizadas, como ya se dijo, tienen como sustento gráfico concreto “sólo” los conjuntos de
la boca y el ojo, con sus respectivos elementos asociados, naturalmente. Representadas
casi siempre de perfil, bastan de hecho media mandíbula y un solo ojo para figurarlas. Lo
anterior es válido tanto para imágenes pictóricas como para escultóricas realizada en relieve. Y pese a lo que pudiese suponerse en las representaciones escultóricas de bulto, donde
se percibe una cabeza “verdadera” por la presencia de masas y superficies que pueden
hallar correspondencia con partes anatómicas del cráneo, estas serpientes, si bien se les
mira, siguen fieles la convención en donde la preponderancia plástica (estilización) se concentra, fundamentalmente, en los rasgos de la boca y de los ojos (Figs. 4a, b, c).
LA IMAGEN DE CHAAC
SU NATURALEZA HUMANO–SERPENTINA
Puede decirse que la estructura que da siempre sustentamiento a esta imagen es la de un
ser humano, representado de cuerpo entero, o sólo por su cabeza El cuerpo, con excepción de representaciones como la del llamado Dios K, en donde una de sus piernas está
suplida por una serpiente, fuera de ellas insisto, el cuerpo de Chaac no muestra estilizaciones obvias, y sus rasgos tienden al naturalismo y al parecido con los cuerpos humanos
verdaderos. De hecho, la estructura de su
cabeza también guarda varias relaciones con
las cabezas humanas reales, y quepa decir
desde aquí, no así con la de las serpientes.
Todas siguen un esquema cuadrangular a
rectangular, donde se inscribe siempre bien
el rostro de los seres humanos, tanto el de las
representaciones plásticas, como el de su
modelo natural; la distribución general del
rostro y la disposición de partes suyas como
los ojos, la boca y la oreja, son humanos; casi
siempre puede inferirse una cabeza verdadera, sea porque haya una frente figurada, por
ejemplo, o partes de la región del cráneo;
cuando estas partes aparecen, se inscriben
obedientes en ese esquema cuadrangular.
Pero en muchas ocasiones más, a esa imagen
se le dotó, además, de nariz, pliegue epicántiFig. 5b: El rostro de Chaac duranco, mejillas y mentón indudablemente humate el período Clásico.
nos. Tenemos pues, un ser humano como la
I Pintado sobre un vaso proveniente
base estructural y de sustentamiento de toda
de Chamá, El Petén, Guatemala
la imagen que venimos estudiando (Figs. 5a,
Fotografía: Justin Kerr. FAMSI
b, c.)
II Pintado sobre un vaso proveY no obstante, su rostro se mira profundaniente de El Petén, Guatemala
mente estilizado y se distancia patentemente
Fotografía: Justin Kerr. FAMSI
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de la apariencia de un rostro humano naturalista. Dichas modificaciones ocurren sobre
todo en las regiones del ojo y de la boca, siendo esta última, por su aspecto y número de
elementos gráficos asociados, la mayor y dominante de la apariencia general del rostro
entero. Esa boca se observa sistemáticamente abierta, con la mandíbula superior proyectada frontalmente, al cabo de lo cual puede seguir, como en las serpientes estilizadas, distintas trayectorias. La mandíbula inferior, por su parte, es de menor longitud que la superior
o puede estar ausente; cuando se presenta puede exhibir una forma de barba naciendo de
su límite externo y bajo. La nariz, por lo general, está suplida por una foseta nasal desplazada hacia delante por el movimiento de la mandíbula superior; de ella nace un par nasal.
Varias y diversas piezas bucales pueden observarse en la cara interna de las mandíbulas,
entre las que son frecuentes colmillos; muestra colmillos comisurales, uno cuando se figura de perfil, o dos cuando se mira de frente. Asociados a la boca, pero también a otras
regiones de la cabeza, por ejemplo la frente, se observan consistentemente elementos bífidos.
El ojo por su parte, inscrito en un
cuadrángulo se mira ampliado en su
superficie. Se encuentra limitado en su
parte superior por una placa ocular, y
a lo largo de su perímetro basolateral,
por un elemento delgado y curvo en
forma de “U”. Este último, con cierta
frecuencia concluye con un recurvamiento breve hacia el exterior; el ojo
muestra iris en forma de pequeña
vírgula.
Como puede verse, todos los rasgos
sobredichos que estilizan ese rostro,
pueden ser tenidos como de naturaleza
serpentina, puesto que con esos mismos se construyen las imágenes de esa
naturaleza. Más aún, así como las representaciones de serpientes pueden
reducirse plásticamente a la inscripción
de la boca y el ojo, las estilizaciones de
Chaac pueden reducirse justamente a
ellas. Dicho de otra manera, la imagen
de Chaac puede representarse por una
presencia humana naturalista, estilizada únicamente en los ojos y en la boca
Fig. 5c: El rostro de Chaac
con rasgos de naturaleza serpentina.
durante el período Clásico.
Hecha la distinción entre serpientes
I Labrado en el tablero del Templo de la Cruz
naturalistas y estilizadas, huelga decir
Foliada,n Palenque, Chiapas
que el tipo con que se relaciona el ChaFotografía: F. Robles.En: Bonifaz Nuño 2006, Figura 6
ac, es casi siempre estilizado. De nueII Labrado en la Lápida de Pakal,
vo, el llamado Dios K, con su extremiPalenque, Chiapas
dad inferior serpentina próxima al naFotografía: F. Robles. En: Bonifaz Nuño, 1985: 171,
turalismo, viene a ser una forma de
Lámina 100
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excepción, porque el resto abrumador de las imágenes de Chaac se vinculan con serpientes estilizadas
Así pues, la imagen de Chaac, humana, ha sido transformada quasi únicamente, en su
rostro, por la sustitución, en la boca y en los ojos, de elementos propios de la serpiente. Y
ese rostro solo, así estilizado por la presencia serpentina, es bastante en las obras plásticas para
expresar, a cabalidad, su inequívoca presencia
(Figuras 5a, b, c, d)
SUS ATAVÍOS
La imagen de Chaac, además de su estructura
humana y sus estilizaciones serpentinas, se reviste,
ahora como atuendos, con numerosos otros elementos gráficos. Veamos primero aquellos en que
se denota una naturaleza particular. En la inmensa
mayoría de los casos que hasta hoy he estudiado,
estos espacios plásticos se los comparten casi exclusivamente tres naturalezas: la humana y serpentina ya señaladas, y la del ave, representada por
múltiples y diversos elementos exclusivamente
suyos.
En las representaciones de Chaac es común
observar entre sus atavíos, rostros humanos estilizados en la boca y en los ojos con formas de carácter serpentino, como las mandíbulas superiores
Fig. 5d: El rostro de Chaac
proyectadas hacia el frente y los ojos de extendida
durante el período Clásico.
superficie. Son imágenes de Chaac que visten toI Esculpido y ensamblado en
cados o pectorales o pendientes con su propio
mosaico sobre una esquina del
rostro, acompañados de cabezas puramente seredificio anexo a la Casa de Las
pentinas.
Monjas, Chichén–Itzá, Yucatán
Pero el conjunto iconográfico que con mayor
Longhena 1998: 201
frecuencia aparece en la imagen de Chaac, es el
II Esculpido y ensamblado en
de dos serpientes que dirigen siempre sus cabezas
mosaico sobre un edificio de
en sentidos opuestos (Fig. 6). Este conjunto
Kabáh, Yucatán
además, se observa plásticamente enfatizado por
Fotografía: Jorge Pérez de Lara/ Raíces.
medio de diversos mecanismos, poniendo en relieEn: Arqueología Mexicana 2003: 76
ve su importancia. Casi siempre se le coloca sobre
los ejes mayores de la composición, por ejemplo,
cruzando de lado a lado el eje vertical y principal de las imágenes y puede ocupar el centro; puede ser el mayor de los atavíos o el más complejo en cuanto a número y disposición
de elementos gráficos; puede aparecer en más de una ocasión dentro de una imagen o
puede, simplemente, ser el único que acompaña al dios. Las dos serpientes forman un
conjunto porque siempre se figuraron con un alto grado de homología gráfica, cuando no
se representaron iguales. Además, siempre se relacionan equitativamente con la imagen
de la divinidad, por ejemplo, dispuestas simétricamente a ambos lados de su cabeza. Como ya se dijo, siempre siguen sentidos opuestos, casi siempre divergentes, aunque pueden
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convergir. En la mayoría de los casos se figuraron sólo sus cabezas. Pueden presentar un
solo cuerpo, constituyendo allí una sola serpiente bicípite. Es este el caso de las llamadas
“barras ceremoniales”, donde tal elemento consta de una forma rectangular colocada horizontalmente, en cuyos extremos están representadas dos cabezas serpentinas.
Revisemos con mayor detalle algunos ejemplos para ilustrar la relevancia de este conjunto doble serpentino en la construcción de la imagen de Chaac. Sea el primero una imagen situada temporalmente en los inicios de la cultura maya, en el Pre–Clásico tardío: uno
de los cuatro grandes mascarones modelados en estuco que revisten la fachada del que
pudiera ser el primer templo que se levantó allí, la estructura llamada 5C–2nd, en Cerros,
Belice (Figura 6a). Si se mira el templo de frente, los mascarones aparecen dispuestos
como en las esquinas de un cuadrado, apoyados sobre los taludes laterales a la escalera
central, de los dos únicos cuerpos de la pirámide que les da sustento. Tanto los superiores
como los inferiores son iguales entre sí, y aunque existen claras diferencias entre unos y
otros, el grado de homología gráfica entre los
cuatro es, probablemente, mayor al 80%. Estudiemos del par inferior el mascarón que queda
a la izquierda, pero todo lo que sobre él se diga
será valido para el que lo acompaña en su mismo nivel a la derecha.
Inscrita en un esquema de ancho rectángulo horizontal, se aprecia una composición triple
formada por una cabeza humana central, y dos
cabezas de serpiente que le quedan a los lados.
La figura central viste orejeras de las que surgen las cabezas serpentinas; éstas, dirigiéndose
hacia el exterior, culminan asociándose con
sendas, esbeltas columnas de signos que concluyen la composición por los lados. La cabeza
humana se ajusta a un ancho rectángulo de
pie. Dentro de él hay un esquema cuadrangular
inscrito, formado por el conjunto del rostro, y
que presenta conicidad con el rectángulo en el
Fig. 6: Naturalezas en la imagen de
que se inscribe. El rostro queda centrado así,
Chaac. El hombre y las dos serpientes
vertical y horizontalmente. Muestra mejillas y
a. Modelado en estuco sobre el
mentón humanos, y humana es la disposición
primer talud de la estructura
en él de los ojos, la nariz y la boca. Se trata
5c–2nd, Cerros, Belice
pues, de un ser humano, uno que muestra estiDibujo: Linda Schele. FAMSI
lizaciones en los ojos y en la región de la boca,
b. Esculpido y ensamblado
donde radica la mayor de ellas. En efecto,
en mosaico, en el interior del
mientras que la mandíbula superior permanece
Cuadrángulo de las Monjas,
en el plano general del rostro, la superior avanUxmal, Yucatán.
za decididamente su porción central hacia adeDibujo: Linda Schele. FAMSI
lante, abriéndole amplia superficie al conjunto
c. Esculpido en relieve en la losa de
de la nariz que sobre ella se apoya. Dentro de
Pakal en Palenque, Chiapas
una forma trapecial, ésta se muestra ancha y
Dibujo: Merle Greene Robertson. En:
se le figuraron breves fosetas nasales. Los ojos
Trueblood et al., 1980: 139
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son aberturas horizontales de esquema rectangular, limitados hacia arriba por sendas placas oculares de extendida superficie y forma cuadrangular de esquinas redondeadas. Las
placas se encuentran decoradas con un grueso signo en forma de “U” latina, del que pareciera irradiaran varias líneas semicirculares que lo hacen destacar.
Pero es la proyección mandibular, de nuevo, quien conduce el movimiento frontal de
todos estos rostros, movimiento que encuentra nacimiento y apoyo en la retrazada mandíbula inferior. Vista así, se puede apreciar cómo la boca entera está integrando el movimiento, haciéndolo nacer desde abajo y a los lados, para convergir en el centro y dirigirse
desde allí hacia adelante. Tal movimiento pareciera encontrar base y explicación en el
conjunto gráfico en que se apoya el rostro entero. En efecto, bajo la mandíbula inferior de
éste, y prestando el sustento necesario para sostener la cabeza entera, se miran dos cabezas serpentinas, figuradas encontradas y en perfil, representadas por sus mandíbulas superiores y sus ojos visibles. Al momento de encontrarse, las cabezas convergentes cambian
su curso hacia el frente de la composición, formando, ya fundidas en una sola, una proyección frontal común. Es esto justamente lo que ocurre en el rostro humano–serpentino que
les queda arriba: desde ambos lados de la mandíbula inferior, las superficies que la definen convergen hacia el centro y forman la proyección frontal que más notablemente define el rostro entero. De esta manera, se aprecia como el eje de simetría bilateral del conjunto se ve señalado y fomentado tanto por el conjunto de las dos cabezas serpentinas inferiores, como por la estructura de la boca del rostro principal, y, sobre todo, por las proyecciones frontales de ambos.
El segundo ejemplo pertenece a imágenes realizadas en el llamado estilo Puuc (Fig.
6b). Son los mascarones apilados construidos en mosaico, que decoran en varios puntos el
interior del Cuadrángulo de las Monjas, en Uxmal, Yucatán. En uno de esos conjuntos,
integrado al Edificio Norte, puede observarse cómo, a ambos lados de cada uno de los
cuatro mascarones colocados uno encima del otro, se encuentra una cabeza de serpiente
figurada de perfil. Así, cada mascarón queda flanqueado por dos cabezas serpentinas, las
cuales dirigen sus hocicos hacia el exterior, es decir, con la misma disposición que en el
caso anterior. En este conjunto particular, puede además demostrase que los rasgos principales que estilizan la imagen de Chaac que en medio queda, son análogos, cuando no
homólogos, a los de las serpientes colocadas a sus lados. Así se aprecian la mandíbula inferior, la superior, con sus distintas trayectorias, y los colmillos que las tres ostentan; así
también la placa ocular y los elementos bífidos que en sus estructuras se aprecian. Hermanadas plásticamente para establecer sin duda la compartida naturaleza serpentina, las tres
cabezas forman un sólido conjunto plástico. El gran rostro humano–serpentino, con su
cerramiento de formas y disposición de elementos en absoluta simetría bilateral, marca un
poderoso e invisible eje vertical, que se suma al mayor, formado por todos los mascarones
apilados. A esa esquina central parecieran convergir los elementos que forman el rostro.
Tal impresión la produce la forma y estructura de la boca, y, sobre todo, la ingente proyección frontal característica de su mandíbula superior. En franca oposición, las cabezas
de serpiente se alejan decididamente de la invisible esquina, formándose una tensión continua, de atracción y repulsión entre el centro (la esquina) y su periferia. Y no obstante,
los ojos de ese rostro se miran inmóviles en medio del movimiento, merced a su propia,
sólida simetría bilateral. A ella contribuyen la disposición y forma de todos sus elementos:
el gran iris circular, inserto en el centro de un ancho anillo plano del que sólo se observan
su regiones laterales; la placa ocular y el límite basolateral, igualados en forma y apariencia y simétricos ellos mismos, y que por arriba y por abajo delimitan la extensión de todo
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el conjunto ocular. A esta suerte de quietud contribuyen así mismo las orejeras, con su
esquema de angosto rectángulo de pie, que descansa sobre la simetría bilateral de cada
uno de sus cuatro elementos constitutivos, dispuestos columnarmente.
Así pues, el conjunto se despliega sobre un plano formado por las tres cabezas, dividido
en el centro por un eje vertical y hacia donde convergen los elementos de la boca humano
–serpentina. Perpendicular a ese plano, aparece el rostro de Chaac, de frente, con su
ostentosa presencia y poderoso movimiento hacia adelante, impulsado por la proyección
mandibular. De esta manera, el rostro central contiene y ordena, como en una esquina, a
las convergencias serpentinas de la base y de la boca, al tiempo que presta sustento plástico a esa dualidad de sierpe, que ahora se manifiesta como dos grandes y divergentes cabezas.
Finalmente, un tercer ejemplo podemos hallarlo en la parte inferior de la Lápida de
Pakal en Palenque (Fig. 6c). Tomemos como base una descripción previamente publicada:
“Aquí, en esa losa, el sitio ínfimo que en el templo ocupa la cámara eternizadora, lo ilustra, central, el rostro de Chaac; rostro humano con el cual se
unen las dos serpientes divinas, representación simbólica de la energía suprema que crea el universo. A ambos lados de ese rostro, representadas aparte
de él, apoyadas sus mandíbulas inferiores sobre una barba común, las dos
serpientes hacen ascender las mandíbulas superiores desde el mundo de abajo hasta abrazar el piso del santuario, figurado por triple signo vital, y el santuario mismo, que es el hombre en ascenso hacia la posesión de la cabal conciencia” (Bonifaz Nuño 2006: 18–19).
Las dos serpientes aquí, forman un poderoso conjunto gráfico con el rostro de Chaac que
en medio les queda, y al que se les une, como si de ellos surgiera, el hombre que hasta
arriba se coloca.
En este caso, como en el segundo ejemplo, pueden observarse una cantidad de elementos gráficos componiendo las cabezas serpentinas, que son homólogos, en ciertos casos
punto a punto, con los que estilizan allí el rostro humano de Chaac. Entre éstos destacan
la mandíbula inferior, cuyos elementos gráficos compositivos –más de diez– se encuentran
uno por uno presentes en la mandíbula correspondiente de la representación humano–
serpentina; son análogos además, los colmillos comisurales y la barba. La mandíbula superior de Chaac, en este caso, difiere de aquellas de las serpientes porque el primero está
figurado de frente y éstas se muestran de perfil.
En los cuatro ejemplos aducidos, puede percibirse una intensa relación establecida
entre el rostro humano–serpentino de Chaac y dos serpientes estilizadas; los tres forman
un conjunto que se apoya y retroalimenta mutuamente; convergentes o dirigiendo sus cabezas hacia el exterior, las dos serpientes se vinculan equitativamente con el rostro que en
medio les queda, tomando sustento de él, para después devolverlo en la forma de equilibrio plástico y contexto, y, lo que es más importante, dotándolo de sentido.
En resumen, tenemos que la imagen de Chaac esta constituida por un ser humano con
estilizaciones serpentinas en el rostro, fundamentalmente en la boca y en los ojos; que
entre sus atavíos muestra rostros humano–serpentinos o puramente de serpiente, y que
suele acompañarse por un conjunto de dos serpientes opuestas. Pero junto a las naturalezas humana y serpentina, aparece en muchos casos la presencia del ave, la cual toma
cuerpo en un abanico de representaciones; plumas, alas, picos y garras de tres dedos, entre otros, son motivos frecuentes en la plástica maya del Clásico que acompañan la imagen de Chaac. Así, mientras que las dos primeras naturalezas mantienen su imperio en las
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composiciones, se suma a ellas la del ave, la cual, como fue observado para el universo
entero de la plástica antigua mexicana, suele colocársele en la cima de las composiciones
plásticas (Bonifaz Nuño 1992: 31).
SUS SIGNOS
En otro trabajo (Quesada 2006), describí la presencia
generalizada de tres signos en las distintas tradiciones
culturales del México prehispánico. Esos tres signos,
junto con el quincunce identificado previamente
(Bonifaz Nuño 1995: 13–32), cumplen con una variedad de asertos de orden general que los alumbra como posibles elementos de un sistema. Tal inferencia
tiene como base los siguientes argumentos.
a) Los cuatro signos están presentes en todas las
tradiciones de alta cultura que se desarrollaron en nuestro país, sustentando su carácter
pan–mesoamericano;
b) Sea que se analicen imágenes de sencillez
formal aparente, o composiciones plásticas
complejas como por ejemplo la losa de Pakal
en Palenque, se observa que estos cuatro ocupan, sólo ellos, la mayoría del espacio plástico destinado a la inscripción de signos en
Fig. 7: Cuatro Signos en la
una cantidad importante de monumentos.
imagen de Chaac.
Esto es muy relevante pues es la imagen misa. Modelado en estuco sobre el
ma quien nos dice, al mismo tiempo, que
primer talud de la estructura 5cestá compuesta en cuanto a signos se refiere
2nd, Cerros, Belice
de cuatro elementos, y al parecer, de no muDibujo: Linda Schele. FAMSI
chos más.
b. Esculpido y ensamblado en
c) Los cuatro muestran polimorfismo, acuerdo
mosaico, en el interior del
que permite representar un mismo signo con
Cuadrángulo de las Monjas,
distintas apariencias o grafías, siempre y
Uxmal, Yucatán
cuando se preserven algunos principios esDibujo: Linda Schele. FAMSI
tructurales específicos a cada signo.
c. Esculpido en relieve en la losa
d) Los cuatro hacen uso de la repetición, conde Pakal, Palenque, Chiapas
vención que permite reiterar la presencia de
Dibujo: Merle Greene Robertson.
un signo en la misma obra, ya sea utilizando
En:Trueblood et al. 1980: 139
una o varias formas polimórficas. e) Los cuatro se observan enfatizados en las composiciones plásticas, sea por medio de recursos como los ya mencionados polimorfismo
y repetición, pero también por rasgos como su tamaño y posición dentro de las líneas compositivas principales de las imágenes, muy notablemente en las magnas imágenes metafísicas. Con esta base entonces, pareciera firme inferir la existencia de
un sistema formado por al menos estos cuatro signos principales. La descripción de
la composición de signos en la imagen de Chaac se muestra en tres ejemplosen la
Figuras 7a, b, y c. Nótese la yuxtaposición de los elementos gráficos figurativos de
la figura 6 y el conjunto de los signos.
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CONCLUSIONES
En 1986, Rubén Bonifaz Nuño publicó una hipótesis general acerca del pensamiento cosmogónico indígena en México, notablemente abarcadora desde los olmecas hasta los mexicas (Bonifaz Nuño 1986). La hipótesis tiene una base iconográfica y una textual, sostenidas por sus correspondientes argumentos. El iconográfico consiste en la descripción positiva de la imagen de Tláloc–Chaac–Cocijo, etc., como un ser humano, en cuyo rostro aparecen dos serpientes que le forman, por medio de sus elementos serpentinos (cabezas, cuerpos, colmillos, lenguas bífidas) precisamente los rasgos que lo definen e identifican: la
boca y los ojos de apariencia estilizada. Tales estilizaciones corresponden a distintas maneras de representación de la naturaleza serpentina. Esta, además, sobresale con frecuencia
en un conjunto plástico formado por dos serpientes, enteras o representadas sólo por sus
cabezas, o compartiendo un cuerpo, en cuyo caso forman una sola bicípite; la dualidad, no
obstante, siempre persiste. El argumento se cimienta en numerosas imágenes provenientes de las culturas olmeca, teotihuacana, zapoteca, maya y mexica, y en muchas otras de
diversos tiempos y espacios prehispánicos. Más aún, encuentra congruencia en otros monumentos plásticos no reconocidos como representaciones de Tláloc, como notablemente
ocurre, nos muestra el autor, en la iconografía olmeca y mexica. Así, la descripción general y positiva del complejo Tláloc, se ajusta a un gran número de monumentos así llamados, a los que se suman otros no previamente reconocidos, y aún otros más que ahora se
empiezan a reconocer. La hipótesis así, aparece sólidamente fundada y veraz, en tanto que
describe con eficacia la realidad física de sinnúmero de monumentos plásticos.
El argumento textual, por su parte, está basado en la identificación de dos fragmentos en
donde se describe la creación del mundo, y que traducidos por su descubridor dicen a la letra:
“Algunos otros dicen que la tierra fue creada de esta suerte. Dos Dioses,
Çalcóatl y Tezcatlipuca, trajeron a la diosa de la tierra Atlaltehutli de los cielos abajo, la cual estaba llena en todas sus coyunturas de ojos y de bocas, con
las cuales mordía como bestia salvaje. Y antes que la hubieran bajado había
ya agua, que nadie sabe quien creó, sobre la cual esta diosa caminaba. Viendo esto los Dioses dijeron el uno al otro: Hay necesidad de hacer la tierra, y
en diciendo tal, se cambiaron los dos en dos grandes serpientes, de las cuales
una tomó a la diosa de la mano izquierda al pie derecho, la otra de la mano
derecha al pie izquierdo, y la oprimieron tanto que la hicieron romperse por
la mitad. Y con la mitad que va de la cintura a los hombros hicieron la tierra,
y la otra mitad la llevaron al cielo…”. (Histoyre du Mechique: 28).
Y antes dice, en referencia a la misma diosa de la tierra: “Algunos dicen que tenía forma
de hombre, otros dicen que de mujer.” (Histoyre du Mechique: 25)
La correspondencia entre la descripción de aquel vasto conjunto iconográfico llamado
Tláloc, y lo que se narra en esas líneas resulta evidente. Más aún, resulta tangible si, para
su corroboración, se consideran imágenes de la cultura mexica, de donde proviene la declaración recogida en la Hystoire du Mechique. Las imágenes de Tláloc, Tlaltecuhtli, Tonahtiu, la llamada Coatlicue, como fundadamente ha expuesto su autor, representan a esa
diosa–dios de rasgos serpentinos que desata con su imagen la creación universal, en alianza con los dos dioses omnipotentes, transfigurados ya ellos mismos en serpientes, a punto
inmediato de iniciar la creación universal. Sobre la base de estos dos argumentos, su autor
concluye:
“Así, el hombre, motor y materia inicial de la creación del mundo, asume en
lo sucesivo su función creadora como obligación permanente. La creación no
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es un hecho instantáneo, sino un proceso interminable. El hombre ha de
cumplirla sin interrupción, tomando sobre sí el deber de encaminar a su perfección lo inicialmente creado” (Bonifaz Nuño 2005, min. 10).
La hipótesis cosmogónica encuentra congruencia y resonancia con las observaciones aquí
realizadas en el mundo maya del clásico. La imagen de Chaac es la de un hombre y dos
serpientes que al fundirse con él, le construyen su peculiar apariencia humano–
serpentina: esa boca proyectada hacia el frente y los ojos de estilizada apariencia. Luego,
dos serpientes que formando un subconjunto icónico, lo acompañan en la forma de tocado, pectoral, barra ceremonial, o simplemente, dos cabezas que flanquean la suya. En las
representaciones de Chaac durante este periodo, el hombre, tenazmente colocado en la
posición central de las composiciones, aparece en alianza y armonía dinámica con las dos
serpientes; ellas le transforman el rostro, él esta hecho de ellas; su imagen les presta sustento, éstas le devuelven contexto y lo dotan, con su doble presencia, de su sentido.
Dice la hipótesis Cosmogónica que los tres están involucrados en un solo acto: la creación universal; dice que el hombre fue la causa que desató ese acto de proporciones
cósmicas y que, todavía, ofrendó su cuerpo para que este se consumara; dice además de
los rasgos serpentinos del hombre primordial –ojos y bocas, y de la transmutación crucial
de los dioses en serpientes. El conjunto de resultados hallados en el presente estudio, confirman y documentan su vigencia en el mundo maya del período Clásico.
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