Las mujeres de Monvoisin, el retratista de la elite

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LATERCERA Martes 10 de marzo de 2015
EXPOSICION
Sociedad
Cultura
Las mujeres
de Monvoisin
Del 12 de marzo al 3 de mayo
en Casas de Lo Matta ( Av.
Kennedy 9350), Vitacura. De
martes a domingo, de 10 a 18
horas. Visitas guiadas de 10 a
16 horas. Entrada liberada.
RR Las facetas de Monvoisin: Juana de Arco (a la izquierda), Mercedes Alvarez (al medio), ambas del Museo de de Bellas Artes de Viña, y Naufragio del Joven Daniel (a
la derecha), del Museo O’Higginiano de Talca. FOTOS: CASAS DE lo matta.
Las mujeres de
Monvoisin, el retratista
de la elite chilena
Denisse Espinoza
Si al peruano José Gil de
Castro se le adjudica haber
inaugurado la tradición del
retrato en Chile en el siglo
XVIII, convirtiéndose en el
pintor de transición entre
La Colonia y la República al
pintar a los próceres de la
Independencia (O’Higgins,
San Martín y Bolívar), el
francés Raymond Monvoisin,terminó por consolidar
el género y, más aún, le
otorgó la elegancia y los aires europeos que la socialité de la época ansiaba tener.
Era 1843, dos años después
de la muerte del Mulato, y
el pintor francés aterrizaba
en Chile, invitado por el
abogado y ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Egaña, a quien había retratado en Francia, con la
idea de formar la primera
Academia de Bellas Artes
del país.
Aunque el proyecto nunca
se concretó (fue otro europeo, el italiano Alejandro Cicarelli quien finalmente realizó la tarea, en 1849), Monvoisin encontró en Chile un
interesante mercado donde
desarrollar su talento con la
figura humana y, sobre todo,
una escena artística intere-
sada en conocer cuáles eran
las modas del Viejo Continente. Al llegar realizó una
modesta exposición de sólo
nueve pinturas en la Universidad de San Felilpe. Fue
suficiente. El público quedó
deslumbrado con el romántico y elegante estilo del artista, y de inmediato los
miembros más pudientes de
la clase alta chilena comenzaron a hacerle los primeros
encargos.
Aunque su obra más conocida fue el retrato a Andrés
Bello (que hoy sobrevivive
en la Casa Central de U. de
Chile), el primer blanco del
artista fueron las mujeres,
para luego conseguir con
los poderosos hombres que
estaban construyendo el futuro del país. Esa parte de su
obra se recoge ahora a través de un puñado de pinturas en la muestra Las mujeres de Monvoisin, que se
abre a público este jueves en
Casas de Lo Matta. Son 25
retratos, de pequeño y gran
formato, provenientes de
coleccionistas privados,
además de cinco museos
nacionales: el Museo Histórico Nacional, la Pinacoteca de Concepción, el Museo de Bellas Artes de Viña
del Mar, el Museo O’Higgi-
RETRATISTA
Raymond Monvoisin
Nació en Francia en 1790.
Abandonó la carrera militar
para ser pintor. Fue parte de la
corte del Rey Luis XVIII. En
1843 se radicó en Chile. Entre
sus discípulos estuvo Clara Filleul y Francisco Mandiola.
Murió en 1870.
niano de Talca y el Museo
del Carmen de Maipú. Algunos cuadros nunca se habían expuesto.
“Tenemos registros de que
la última exposición de
Monvoisin que se hizo en el
país fue en el Museo de Bellas Artes, en 1964, donde se
reunió una gran cantidad de
obras. El fue un pintor muy
prolífico que dejó una producción de más de 300 cua-
dros en Chile”, cuenta Mario
Velasco, cineasta y uno de
los curadores de la exposición junto con la artista Paula Swinburn.
En 2009, Velasco estrenó
Monvoisin, una miniserie
biográfica del pintor que fue
financiada con fondos del
Consejo Nacional de Televisión y protagonizada por el
fallecido actor Pablo Krogh.
Desde entonces, el realizador quedó con la idea de armar una exposición con
obras del artista. “Mi interés
por Monvoisin es familiar,
desde niño vi cuadros suyos
en la casa de mis parientes y
siempre me pareció un personaje fascinante”, dice.
Ganacias y costos
Cuando llegó a Chile, Monvoisin no era un chiquillo.
Tenía 53 años y un prestigio ganado en Europa: fue
pintor en la corte del Rey
Luis XVIII, quien le encargó pinturas para el Palacio
de Versalles; había retratado al Duque de Orleans,
obtuvo dos veces la medalla de oro en los Salones
Oficiales de París, recibió la
orden de la Legión de Honor y contaba con el premio
Roma, el galardón más importante al que podía aspi-
R Una muestra en Casas de Lo Matta
reúne 25 óleos del pintor francés
avecindado en Chile en 1843.
R Hay obras del Museo Histórico, la
Pinacoteca de Concepción y el
Bellas Artes de Viña del Mar.
rar un pintor francés fuera
de su país.
Viajar a Sudamérica significó para el artista arriesgarse a mantener una carrera
en solitario, siendo su propio
jefe. Luego de una breve estadía en Buenos Aires, Monvoisin llega a Santiago, donde encuentra una buena
oportunidad de hacer negocios. “Monvoisin viene a llenar un gran vacío que existía en el arte chileno. Aquí no
había tradición ni escuela,
mucho menos mercado.
Monvoisin trajo desde Europa la idea de cobrar según el
tamaño y lo que apareciera
retratado en el cuadro. Los
retratos de cuerpo entero
eran los más costosos, también el precio subía si se incluía una joya o una espada,
o por los detalles del decorado. Monvoisin tenía tal cantidad de pedidos que mecanizó su producción gracias a
sus ayudantes”, cuenta el
curador.
La exposición reúne retratos de mujeres de la elite
como María Luisa Ortúzar,
Emilia Herrera Toro y Bárbara Molina de Herrera, los
que se exhiben en grandes
cajas de luz, forradas con
terciopelo. “Quisimos hacer
un guiño a la aristocracia de
la época a través del montaje. Las cajas, además, están
suspendidas en el aire y formando pequeños círculos,
como si las mujeres estuviesen dialogando entre ellas,
en una tertulia”, detalla la
directora de Casas de Lo
Matta, Ignacia Vargas.
Al final del recorrido, dos
cuadros del Museo O’Higginiano de Talca rompen con
la tónica: Elisa Bravo Jaramillo, la mujer del cacique
y Naufragio del joven Daniel. La primera muestra a
una mujer con un seno
afuera, amamantando a su
hijo de tez morena, y en la
segunda se observa una escena protagonizada por una
madre sufriendo la muerte
de su hijo. Ambas obras no
fueron encargos: más allá
de los retratos, Monvoisin
gustaba de pintar cuadros
históricos y mitológicos,
géneros que desarrolló sobre todo en Europa.
Lo cierto es que mientras
ganaba reconocimiento y
clientes en Chile, en Francia
su nombre era olvidado.
Cuando regresó en 1858, intentando además salvar su
matrimonio, Monvoisin era
prácticamente un desconocido. Murió solo y empobrecido, en 1870. b
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