20090227Empleo y Puerto de Granadilla def

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Empleo y Puerto de Granadilla
Juan Jesús Arteaga y Juan Jesús Bermúdez∗
La construcción del polémico Puerto de Granadilla es uno de los temas que más debate ha
suscitado en los últimos tiempos tanto en Tenerife como en el ámbito de toda Canarias. Tras el inicio
de las obras el pasado 13 de Febrero, recientemente el Tribunal Superior de Justicias de Canarias
ha ordenado la suspensión cautelar del Decreto del Gobierno de Canarias que descatalogó los
sebadales de la zona donde se va a construir el puerto, estimando la petición de Ben Magec.
Consecuentemente, esto obliga a parar de momento la obra del Puerto de Granadilla. Con el ánimo
de manifestar nuestra posición intentando llevar la polémica al terreno del debate de ideas alejadas
de cualquier intento de crear más crispación y desde la convicción de que también hay que escuchar
y tomar en consideración las ideas de quienes no piensan como nosotros, queremos aportar las
siguientes reflexiones.
Estamos viviendo momentos cruciales. La destrucción de empleo alcanza en todo el Mundo
cotas importantes, a la par que se extiende la sensación de fiasco financiero en los mercados
principales. La carencia de crédito pende como espada de Damocles sobre múltiples actividades
económicas y, como se repite casi unánimemente, “la falta de confianza” ahoga las inversiones y las
perspectivas de futuro.
Esta crisis económica corre paralela a otra de dimensión enorme e histórica: la crisis
ambiental. Hasta la saciedad, se nos recuerda que el ritmo de destrucción de ecosistemas, de
reducción de la disponibilidad de agua, de incremento en la generación de residuos y gases de
efecto invernadero, etc. está minando las bases del mismo crecimiento económico en muchos
lugares de la geografía mundial, intentándose responder con diferentes fórmulas de “huida hacia
delante, con el elemento común de trasladar al futuro la resolución de estos problemas. Uno de los
pilares de la destrucción de los recursos naturales está siendo la crisis energética y, especialmente,
los problemas de abastecimiento a medio plazo de cantidades crecientes de petróleo, como advirtió
ya la Agencia Internacional de la Energía en su último informe. Hay que recordar que el conjunto de
la producción de los países fuera de la OPEP se encuentra en una situación de meseta y declive de
producción desde el año 2004, sin visos de recuperación, debido al importante decrecimiento de
grandes productores como México, Noruega, el Reino Unido, los EE.UU., etc. o la meseta con
tendencia declinante del hasta el año pasado mayor productor mundial: Rusia.
Aclaramos esta cuestión porque es necesario considerar que no estamos ante una crisis
financiera más. A veces olvidamos que la economía monetaria actual está basada en la producción
real de bienes y, sobre todo, en la abundancia y accesibilidad a la energía barata, que facilita el
conjunto de los procesos productivos. La escalada del precio del petróleo de los años 2005-2008
anticipó la crisis financiera, y sirve de aviso a navegantes: nuestras sociedades tendrán que vérselas
con una energía más cara, por la que compiten cada vez más personas en zonas más variopintas
del Planeta, y esto, probablemente, cambiará radicalmente nuestra concepción de la actividad
económica. No es difícil de atisbar que, en esta nueva era que ya se anuncia duradera, las
sociedades deberán dedicar más esfuerzos a mantener y reconstruir sus economías y recursos
propios que a programar crecimientos que casi nadie puede financiar.
En el punto en que nos encontramos, el empleo está siendo el gran sacrificado. En la medida
en que éste surgió con créditos a la carta, máxima circulación monetaria y, aunque a veces lo
olvidamos, creciente uso de recursos no renovables, el efecto contrario se extiende cuando se
perciben límites estructurales de crecimiento, como en los que podemos encontrarnos. Pero
sacrificar el empleo es dinamitar la cohesión y paz social, como sabemos todos. También añadimos
– y queremos abanderarlo desde el sindicalismo – que es necesario avanzar hacia una nueva
∗
Secretario general y Secretario de medio ambiente de CC.OO. Canarias, respectivamente.
dinámica de creación de empleo basada en el reparto de la riqueza, garantizando como valores de
referencia la austeridad y solidaridad, incluidas las próximas generaciones, a las que no podemos
seguir sustrayéndole recursos finitos a toda velocidad. Se atribuye al Mahatma Gandhi la expresión
de que “tenemos que aprender a vivir más simplemente, para que los otros, simplemente, puedan
vivir", y creemos extensible esta máxima a nuestra práctica diaria.
Por eso creemos que es un error planificar un Puerto en Granadilla como el que se plantea:
supondría duplicar infraestructuras que una sociedad en crisis deberá mantener, detrayendo
recursos que, en momentos extraordinarios como en los que nos encontramos, deberían reorientarse
hacia la mejora de lo existente; la planificación de esa infraestructura se hace en el lugar más
ventoso de la isla, con perjuicios evidentes para el tráfico marítimo ordinario y la economía de
cualquier puerto, y se ha realizado a pesar de que, ni de lejos, el Puerto de Santa Cruz – que
actualmente está perdiendo empleo – ha conseguido sus objetivos de tráfico de mercancías previsto,
y tiene capacidad de sobra para ampliarse y mejorarse, lo que nos ahorraría a los ciudadanos mucho
dinero y recursos que precisamos para orientar nuestra economía hacia un futuro más coherente con
los tiempos venideros.
Hacemos un llamamiento a la reflexión para centrar esfuerzos financieros y económicos en
reconstruir una sociedad que reparta el empleo desde la cohesión y la “autocontención”, en
expresión del pensador Jorge Riechmann. No es sencillo, lo sabemos, pero consideramos que el
“pan para hoy y hambre para mañana” de intentar mantener los esquemas actuales de crecimiento
traerá más cargas que beneficios, sobre todo para los más débiles. Claro está que es preciso dar
soluciones con urgencia, a la ingente cantidad de personas que están perdiendo el empleo, y esa
prioridad debe ser la esencial para todos y todas, pero también es cierto que los intentos de afrontar
esta situación no deberían servir para hacernos más dependientes del exterior de lo que lo somos
actualmente, incrementando la fragilidad de nuestro modelo de desarrollo y la insostenibilidad del
mismo.
Sin fórmulas mágicas, y también sin axiomas inflexibles, somos conscientes de que esta
nueva etapa económica requerirá de la colaboración de todos y todas para disminuir las
desigualdades y frenar la exclusión social. Y esto solo se puede hacer si somos capaces de
aprovechar los recursos existentes, tomar consciencia del esfuerzo que requerirá la crisis financiera
y económica, fundamentarlo en el reparto equitativo y solidario de los costes y centrar la búsqueda
de soluciones en la potenciación de nuevos yacimientos de empleo que optimicen nuestros recursos
y permitan dejar un futuro esperanzador a nuestros hijos.
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