El período presidencial de cuatro años

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Lunes 13 de agosto de 2007
ZONA DE DEBATE
PLANTEAMIENTOS CON RESPUESTA
Ignacio Walker
Presidente de Cieplan
Chile tiene que innovar
en muchas materias
importantes en el ámbito político-institucional
(mi postura al respecto
es bastante crítica en el
diagnóstico y radical en las
propuestas), pero no en lo
que se refiere al período
presidencial.
Generalmente, en América Latina los períodos presidenciales son
de cuatro, cinco o seis años. Según
un estudio reciente (“La Política
Importa”, BID/IDEA, 2006), en
nuestra región nueve países cuentan con períodos presidenciales
de cuatro años, en otros siete son
quinquenales y en dos (México y
Venezuela) son de seis años. Comparativamente, no existen recomendaciones generales o fórmulas
mágicas sobre esta materia. Es algo
absolutamente opinable, que varía
de un país a otro.
En Chile, tuvimos quinquenios
hasta 1920 y desde 1932 tuvimos
sexenios. Tras la recuperación de
la democracia en 1990, hemos tenido dos períodos presidenciales
de cuatro años (Aylwin y Bachelet) y dos de seis años (Frei y Lagos), mientras que la Constitución
de 1980 contemplaba períodos de
ocho años (lo que fue modificado,
temporalmente, en 1989, y definitivamente, a favor de períodos de
cuatro años, en 2003).
En estas líneas quiero hacer
la defensa del período de cuatro
años. Me sumo a los argumentos
que, en diversas oportunidades, ha
expresado Edgardo Boeninger en
tal sentido y desde el gobierno de
Patricio Aylwin (me tocó colaborar
con Boeninger en ese período, y
tratar este tema que sí estaba en la
agenda –de alguna manera, sigue
estándolo porque hay quiénes,
legítimamente, son críticos de este
número de años).
Lo anterior, en el entendido que
los períodos fijos son propios de las
formas de gobierno presidenciales
(toda América Latina), ya que una
de las tantas ventajas que tiene la
forma de gobierno parlamentaria
-de la que soy un decidido defensor,
para países como Chile, Uruguay o
Costa Rica- es que no hay un período fijo: el gobierno permanece en
el poder -sin perjuicio de la necesidad de llamar a elecciones cada
cierto tiempo- mientras cuente
con mayoría en el Parlamento (así
de simple).
Los argumentos en favor de un
período de cuatro años con, al
menos, los siguientes:
rodolfo jara
El período presidencial de cuatro años
Tras la recuperación de la democracia en 1990, hemos tenido dos períodos presidenciales de cuatro años (Aylwin y Bachelet) y dos de seis años (Frei y Lagos).
El principal argumento es el de
la simultaneidad de las elecciones
presidenciales y parlamentarias,
lo que tiene varias ventajas que no
viene al caso señalar, salvo por un
testimonio personal: en mi primer
período de diputado (1994-1998)
pude advertir una gran productividad legislativa, lo que atribuyo,
entre otras cosas, a que la elección simultánea de presidente y
parlamentarios de 1993 permitió
simplificar y reducir el número de
elecciones en ese período legislativo. En cambio, en mi segundo
período como diputado (19982002) tengo el recuerdo de una
elección tras otra, incluyendo dos
vueltas presidenciales, elecciones
parlamentarias y municipales, con
lo que la productividad parlamentaria se redujo enormemente. La
simultaneidad corre en favor de
períodos presidenciales breves,
pues es difícil contemplar períodos para los diputados de cinco o
seis años (en Estados Unidos es
de dos años);
El segundo argumento es que,
hoy por hoy, los cambios y transformaciones adquieren una gran
velocidad, todo lo cual hace que
en un período de cuatro años
se puedan hacer muchas cosas
(¿no le parece que el período de
Aylwin fue perfecto en términos
del “timing”? –al igual, diría yo,
que en todo lo demás). Lo que no
se pudo hacer en un período de
cuatro años, es mejor dejárselo al
próximo gobierno;
El tercer argumento es que, en
un país como Chile, que busca
la estabilidad, después de décadas de polarización política y
cambios radicales, un período
de cuatro años no admite transformaciones “re-fundacionales”
que, generalmente, apuntan a
cambiarlo todo, partiendo de “0”,
como estábamos acostumbrados
a hacerlo en nuestro país en el
período anterior a 1973 (no me
refiero sólo a Allende);
También estoy de acuerdo con
la no re-elección inmediata, pues
se evita la tentación populista, con
un Presidente-candidato en forma
permanente. En América Latina,
sólo cinco de dieciocho países permiten la re-elección inmediata de
sus Presidentes, siete la permiten
en algún período subsiguiente y
cuatro la prohíben en términos
absolutos.
En síntesis, Chile tiene que innovar en muchas materias importantes en el ámbito político-institucional (mi postura al respecto es
bastante crítica en el diagnóstico
y radical en las propuestas), pero
no en lo que se refiere al período
presidencial…al menos mientras
tengamos una forma de gobierno
presidencial.
analizan y responden...
Al menos uno más…
Cuatro años es mejor para Chile
Las razones expuestas por
el caso de Michelle Bachelet-, se
Walker para defender un período
produce un importante recambio
presidencial de cuatro años no
en los cuadros políticos y técnicos
terminan por convencer. Aunque
de la administración. El segundo,
estamos de acuerdo en la conampliamente comentado por la
veniencia de hacer simultáneas
literatura, se refiere al último año de
las elecciones parlamentarias y
gobierno, período en el cual la clase
Jorge Navarrete P.
presidenciales, ¿por qué no hacer
política está volcada a las siguientes
Abogado y miembro del
lo mismo aumentando la duración
elecciones, con la consiguiente
Consejo Ampliado de
del mandato presidencial o, lo que
pérdida de influencia y poder de
Expansiva
es mejor, modificando el período
aquellas autoridades que pronto
del ejercicio parlamentario?
dejarán su cargo.
Más allá de que asistimos a una época donde
Por último, tampoco estoy de acuerdo con
se ha dinamizado la forma en que se desarrollan
aquella afirmación de que un período más
una gran cantidad de actividades -no siendo la
largo promovería la inestabilidad, sobre la base
política una excepde un ánimo “reLas razones expuestas por
ción-, tampoco es
fundacional” que
menos cierto que la Walker para defender un perío- podría tentar a bueexperiencia concreta
na parte de nuestros
muestra que existen do presidencial de cuatro años gobernantes. Si no
dos momentos parno terminan por convencer. le sucedió a Eduarticularmente poco
do Frei Ruiz Tagle,
productivos en la gestión política de todo
como tampoco a Ricardo Lagos, sospecho
gobierno. El primero, en lo que usualmente se
que dichos peligros se relacionan más con
denomina “fase de instalación”, que consiste
ciertos climas políticos puntuales que con el
en aquel espacio de tiempo donde las nuevas
diseño institucional escogido. En definitiva, y
autoridades le toman el pulso a la tarea de gopara decirlo en una frase, soy partidario de un
bernar, siendo éste un momento especialmente
mandato presidencial de 5 años, sin reelección,
largo y complejo cuando hay alternancia en
combinado con un Congreso de composición
el poder o, aunque no habiéndola -como fue
unicameral por el mismo período.
La discusión sobre la duración
tarios resulta ser el argumento
del período presidencial no es un
fundamental a su favor, pues le da
tema nuevo en la historia de la
continuidad o productividad a la
política chilena ni de los países
labor del ejecutivo y del legislativo.
latinoamericanos. Basta recordar
Nuestra historia señala lo difícil que
Pablo Lira
que el año pasado fue la propia
ha sido para los gobernantes manCientista político Instituto
presidenta Bachelet quien plantener por más de tres o cuatro años
Libertad
teó la idea de extender el período
altos grados de adhesión popular
presidencial a cinco años, la cual fue recogida
-producto del desgaste del gobierno-, donde
por algunos parlamentarios de la Concertación
su último período se transforma en una mera
que presentaron, en septiembre de 2006, un
administración (“pato cojo”).
proyecto de ley con tal objetivo.
Sin embargo, discrepo respecto del tema
La extensión del período presidencial genera
de la reelección inmediata del mandatario, ya
divergencias. Hay quienes son partidarios de un
que negarse a ésta por temor a caer en “popuperíodo de 6 o más años, tiempo que califican
lismos”, resulta un argumento más bien débil.
como ideal para que
Si nos preocupa este
Negarse a la reelección inel gobierno en ejerciriesgo, debiésemos
cio logre desarrollar
mediata por temor a caer en asumir modificacioplenamente su prones institucionales
grama, otorgándole “populismos”, resulta un argu- complementarias
una mayor estabilique restrinjan el uso
mento más bien débil.
dad y continuidad,
de fondos sociales
al permitirle desarrollar y conseguir mejores
bajo el stress de la reelección. Cobra significaresultados en el plano del desarrollo de sus
ción y relevancia la transparencia en el proceso
políticas públicas, entre otras cosas.
presupuestario y el aumento de atribuciones
Pero quienes sostenemos, como bien lo
parlamentarias en el control de la eficiencia y
plantea el artículo de Cieplan, que un período
la continuidad de los programas sociales.
presidencial de cuatro años resulta ser el más
Si queremos innovar en el ámbito políticoindicado para Chile, donde la simultaneidad
institucional -y consolidad la democracia- la
de las elecciones de presidente y parlamenreelección inmediata es un paso adelante.
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