El Informe de la Comisión Mundial sobre Migraciones Internacionales

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El Informe de la Comisión Mundial
sobre Migraciones Internacionales
Ê
El Informe de la Comisión Mundial
sobre Migraciones Internacionales
Francisco Alba
El Colegio de México
C
omienzo por expresar mi agradecimiento por la oportunidad
que se me ofrece, ante esta audiencia tan relevante de expertos,
para presentar el Informe de la Comisión Mundial sobre Migraciones
Internacionales. Esta presentación representa para mí una gran distinción, que
conlleva una profunda responsabilidad, puesto que el Informe es una obra
colectiva que aspira a tener peso e impacto en la construcción de un “mejor”
orden migratorio internacional. Trasmitir fidedignamente el contenido y los
mensajes más importantes del Informe es, ciertamente, mi principal responsabilidad. Al hacerlo, me propongo esbozar el contexto de las discusiones, aludir a los marcos analíticos de nuestras deliberaciones —implícitos en general—
y referirme a los dilemas de política que la Comisión coloca en el centro de la
problemática contemporánea de las migraciones internacionales. Para decirlo
de manera por demás concisa, el Informe está constituido por las respuestas
que la Comisión dio a esos dilemas de política.
La Comisión fue creada por un grupo “central” de países —32 y la Unión Europea en la actualidad—1 y contó con los auspicios del Secretario General de las
Naciones Unidas, quien dio inicio a las labores de la Comisión en diciembre
de 2003 y ante quien se presentó este Informe el 5 de octubre de 2005. El
Secretario General impulsó la creación de esta Comisión, buscando orientación para la acción por parte de las Naciones Unidas frente a este aspecto
tan trascendente de la globalización.2 La Comisión tuvo un triple mandato:
colocar a la migración internacional en la agenda global; analizar los actuales
enfoques de política en sus interrelaciones con otras cuestiones globales y;
presentar recomendaciones, al Secretario General de las Naciones Unidas
y a otros actores interesados, para fortalecer la gobernabilidad frente a las
migraciones internacionales.
Brasil, México y Perú forman parte del grupo “central” de países.
Tal vez no sea mas que una coincidencia fortuita, pero a fines de octubre (la Comisión
presentó su informe en la primera semana) Benedicto XVI hizo público un mensaje para la
“Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado” (que se celebrará el 15 de enero de 2006)
titulado “Migraciones: signo de los tiempos”, haciéndose eco, con esa sabiduría que caracteriza a una institución doblemente milenaria, de lo que muchos otros ya han observado.
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En el descargo de este mandato la Comisión llevó a cabo cinco consultas
regionales —cubriendo las regiones de Asia-Pacífico, el Mediterráneo y el
Medio Oriente, Europa, África subsahariana y las Américas— para entender
la complejidad y diversidad de los patrones migratorios y de las respuestas y políticas para hacerles frente.
La Comisión está integrada por 19 miembros, con su Secretariado en Ginebra.
Se trata de una Comisión independiente, lo que imponía un distanciamiento de actuales o previos intereses —nacionales e institucionales— por parte
de los Comisionados.3 La Comisión es geográficamente diversa y plural; entre
los miembros se cuentan políticos, funcionarios públicos, académicos y personalidades religiosas.4 A partir de esta aclaración, en mi calidad de Comisionado presento el Informe de la Comisión Mundial sobre Migraciones
Internacionales.
Seguramente del Informe se harán diversas lecturas. Creo que en él hay elementos recuperables por casi todos los estados y actores interesados en la
cuestión migratoria; como contraparte de lo anterior, probablemente muchos
de esos mismos estados y actores no encontrarán en el Informe todo lo que
desearían.
Antes de entrar a una presentación más sistemática de su contenido, me voy a
permitir llamar la atención sobre algunas de las visiones y acercamientos más
promisorios y particularmente más ricos del Informe. Las migraciones internacionales son vistas de manera positiva. De hecho, uno de los mensajes principales del Informe es que en las migraciones subyace un gran potencial, aún
no materializado.5 Sin embargo, si bien las migraciones ofrecen grandes oportunidades también conllevan ingentes retos, que deberán ser enfrentados por gobiernos y otros agentes sociales.
La independencia no está exenta de cierta subjetividad, ya que ésta es inherente a toda
intervención individual. La independencia que tampoco implica neutralidad total.
4
La Comisión tuvo entre sus miembros a importantes “personalidades” internacionales. Yo
califico de personalidades internacionales a quienes han tenido responsabilidades que exigen una gran visión global, una perspectiva mundial, que toman distancia de lo meramente
coyuntural, que hablan por muchos y múltiples intereses (frecuentemente por individuos u
organizaciones que no suelen tener ni voz ni voto). Como ejemplos de personalidades
internacionales sólo mencionaré a tres de los miembros que han ocupado importantes puestos o tenido altas responsabilidades en el sistema de Naciones Unidas: Mary Robinson, Mike
Moore y Nafis Sadiq.
5
Kathleen Newland, “Migration’s unrealized potential: The Report of the Global Commission
on International Migration”, Migration Information Source, Migration Policy Institute, 1
nov. 2005.
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Las migraciones internacionales son vistas en toda su creciente complejidad;
son asumidas como parte y producto de los actuales procesos de integración
de las economías y globalización de las sociedades. Por lo tanto, respecto de
las migraciones, el comercio internacional importa de la misma manera que
interesan las consideraciones sobre seguridad nacional y lucha contra el
terrorismo. Seguramente, las interrelaciones que se establecen tanto entre
desarrollo y migración como entre migración y desarrollo se debieron enfatizar todavía más, ya que el Informe se concentra fuertemente en las migraciones internacionales que tienen lugar entre los países en desarrollo y los
desarrollados —particularmente las de carácter laboral.
Acorde con los parámetros culturales contemporáneos, se reconoce que el
manejo de los fenómenos migratorios debe darse en un marco de derechos.
Así, la conocida frase del dramaturgo suizo Max Frisch —“Pedimos trabajadores y llegaron seres humanos”—, referida a la pretendida rotación de los trabajadores migratorios como meros factores de producción, adquiere un significado
adicional: el de los derechos asociados a todos los migrantes como seres humanos que son.
La Comisión formuló sus principios y recomendaciones buscando un balance a
las tensiones existentes entre mercados y estados. En ocasiones abogó en
favor de políticas migratorias que atendieran las demandas de los mercados
(market friendly migration policies); en otras, se inclinó por la salvaguardia de
los intereses de los estados, pero también por la de las identidades nacionales.
El informe consta de una Introducción y 6 capítulos, presenta 6 principios de
acción (que corresponden a cada uno de los 6 capítulos) y ofrece 33 recomendaciones. Dos hilos conductores principales —especie de leitmotivs—marcan
la orientación del Informe. Para llamar la atención sobre el contenido sustantivo de esos dos leitmotivs, se recurrió a una conceptualización denominada de
las tres “d’s”, en el primer caso, y a otra denominada de las tres “c’s”, en el
segundo.
Una pregunta a la que la Comisión se enfrentó desde el inicio de su trabajo
fue: ¿qué determina las migraciones; qué mueve o pone en movimiento a los
individuos; qué los empuja a cambiar de entornos socioeconómicos? La respuesta a esta pregunta fundamental se encapsuló en el razonamiento de las
tres “d’s”: desarrollo, demografía y democracia. (Este razonamiento terminó
por influenciar (inform) los principios de acción y múltiples recomendaciones). Como si fueran temas de una obra musical, los acordes de las insuficiencias y desequilibrios en el desarrollo, de las implicaciones de las
ascendentes cohortes laborales en los países en desarrollo y desbalances de-
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mográficos en contextos regionales e incluso a nivel mundial, y de los déficits
democráticos —falta de garantías y de seguridad económica y social para
los ciudadanos— se repiten a lo largo del Informe.
El segundo hilo conductor, el de las tres “c’s”, se refiere a la necesidad de
promover la coherencia, la capacidad y la cooperación en el manejo y la
gobernabilidad de las migraciones internacionales. A ello se llegó después de
haber pasado revista —entre otras ocasiones en las cinco consultas regionales— a las respuestas que los estados y agentes interesados le han dado a las
problemáticas del éxodo, tránsito, ingreso, inserción y asentamiento de los
migrantes en un destino, de manera temporal o permanente (si es que hay un
destino final en otra nación o, de retorno, en la de origen).
La estructura del Informe es muy sencilla. A partir de la concepción de las
migraciones como componentes de mercados laborales que se globalizan (Introducción y capítulo 1), se analizan las oportunidades y retos que ello representa para los países desarrollados y los en desarrollo. Respecto a los países
desarrollados se destacan dos problemáticas principales: la irregularidad de los
flujos (capítulo 3) y la integración de los migrantes (capítulo 4). Con respecto
a los países en desarrollo, se privilegia ante todo la óptica de las oportunidades que las migraciones encierran (capítulo 2). Las normas y las instituciones
con los que la comunidad internacional hace frente a oportunidades y retos
son los tópicos, respectivamente, de los capítulos 5 y 6.
En la Introducción y en el primer capítulo, que se intitula “Los migrantes en
un mercado que se globaliza” (A world of work: Migrants in a globalizing
labour market), se establece con claridad que la evolución de los mercados
—fuerzas y factores de demanda y oferta, localizados en diferentes estados— es uno de los móviles fundamentales de las migraciones contemporáneas, ligadas a la emergencia y consolidación de mercados laborales
internacionales, que conforman una gran diversidad de patrones.
La problemática de los migrantes en estos mercados surge de una tensión
entre economía y sociedad; entre la demanda por trabajadores, en múltiples
países de destino, y las resistencias —sociales, culturales y políticas— en
esos mismos países que impiden que demanda y oferta “se equilibren” (clear
the market). Esta tensión se ve acrecentada, en buena medida, porque los
trabajadores dispuestos a responder a esas demandas provienen de otras latitudes culturales y geográficas. En la era de la revolución de las comunicaciones, los trabajadores han descubierto e interiorizado que existen mercados
laborales más allá de las fronteras locales y nacionales, al tiempo que no
parecen estar dispuestos a desaprovechar las oportunidades que se ofrecen
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allende las fronteras, ni a suprimir fácilmente sus aspiraciones y expectativas
de mejoramiento (aspiraciones y expectativas legitimadas por la ideología de
la prosperidad esperada de la apertura e integración mundiales).
Ante ese escenario, la Comisión aboga por acercamientos realistas y flexibles,
reconociendo el potencial que los trabajadores migrantes representan para llevar vacíos en los mercados laborales del mundo. El diseño de programas de
trabajadores temporales se presenta como la fórmula que podría satisfacer los
intereses de la mayoría de los actores involucrados. Estos programas son vistos
como parte de una “liberalización regulada de los mercados laborales”.
Para hacer frente a escenarios de crecientes presiones migratorias, la Comisión
propone el principio siguiente:
Women, men and children should be able to realize their potential, meet their
needs, exercise their human rights and fulfil their aspirations in their country
of origin, and hence migrate out of choice, rather than necessity. Those women
and men who migrate and enter the global labour market should be able to do
so in a safe and authorized manner, and because they and their skills are
valued and needed by the states and societies that receive them.
Sin embargo, la Comisión tomó nota de las actitudes de cautela prevalecientes en las sociedades prósperas y desarrolladas ante lo que perciben como un
fenómeno de inmigración masiva. La inmigración despierta recelo e inquietud no nada más entre grupos extremistas e ideólogos radicales. Castles y
Miller, autores que gozan de amplio reconocimiento en el medio, en la última edición de su libro La nueva era de la migración (traducido al español y
publicado en México), reflejan muy claramente las perspectivas y las inquietudes de los países receptores, cuando escriben que “La regulación de la migración internacional es uno de los temas centrales surgidos de los movimientos
masivos de población de la época actual. El otro es el efecto de la creciente
diversidad étnica en las sociedades de los países de inmigración”.6 Precisamente, esos son los temas de los capítulos 3 y 4.
El capítulo tercero, (“The challenge of irregular migration: State sovereignty
and human security”), se refiere a algunos de los “lados oscuros” del funcionamiento de los mercados laborales. Dados los millones de migrantes en situación irregular surge una pregunta inevitable: ¿cómo es que se llegó a esta
Stephen Castles y Mark J. Miller, La era de la migración: movimientos internacionales de
población en el mundo moderno. Instituto Nacional de Migración, Universidad Autónoma de
Zacatecas, Miguel Ángel Porrúa. México, 2004, p. 24.
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situación, cómo es que las filas de los migrantes en situación irregular continúan
aumentando? Ante la consolidación de facto de mercados laborales internacionales, la Comisión no titubea en señalar la insuficiencia de mecanismos que
canalicen, de manera formal y regular, la movilidad que requeriría un funcionamiento ordenado de esos mercados laborales. Se trataría de “regular” lo que
se encuentra en situación irregular. Es decir, los países receptores tendrían que
abrir, o ampliar en su caso, canales regulares para las migraciones y la movilidad.
En congruencia con la lógica anterior, podría argumentarse en favor de regularizar la situación de las poblaciones que de facto ya están insertas en los
mercados laborales de los países de llegada. Una liberalización de condiciones hacia una movilidad ordenada y mutuamente acordada, desde luego que
no implica una apertura laboral indiferenciada ni indiscriminada, como tampoco descarta la opción de repatriaciones o retornos, ni la necesidad de
implementar políticas y acciones tendientes a prevenir los movimientos irregulares.
En este aspecto, como en muchos otros, las preocupaciones y prioridades
de los países parecen no encontrarse. En los países demandantes de trabajadores —en particular los países prósperos—, se discute acerca del insuficiente
control sobre las fronteras, se lamentan los efectos indeseables de la irregularidad sobre las condiciones laborales y, de manera agudizada con posterioridad
al 11 de septiembre de 2001, se tiende a ver la migración irregular como una
amenaza a su seguridad. En los países de oferta laboral, por su lado, se toma
conciencia de la negligencia que se tiene, con frecuencia, por hacer respetar
los derechos humanos y laborales de los migrantes, así como de la explotación que éstos experimentan, en particular los en situación irregular. En todos
los países preocupa la adopción creciente, por parte de los coyotes y “contrabandistas” de migrantes, de estrategias propias de la trata de personas.
En la búsqueda de equilibrios entre las exigencias de los mercados y las de los
estados, la Comisión resguardó, sin embargo, la concepción tradicional de los
intereses de los estados, al proponer el siguiente principio:
States, exercising their sovereign right to determine who enters and remains
on their territory, should fulfil their responsibility and obligation to protect the
rights of migrants and to re-admit those citizens who wish or who are obliged
to return to their country of origin. In stemming irregular migration, states
should actively cooperate with one another, ensuring that their efforts do not
jeopardize human rights, including the right of refugees to seek asylum.
Governments should consult with employers, trade unions and civil society
on this issue.
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Bajo el dilema de la diversidad y la cohesión, (“Diversity and cohesion:
Migrants in society”), la Comisión se aproxima a la problemática de la presencia de los migrantes en sus nuevas sociedades de asentamiento. De entrada, la
Comisión reconoce que la integración no es un proceso rápido, ni simple, ni
lineal, ni fácil. La integración es un proceso que demanda mucho de todos —
de las poblaciones “nativas” y de los “recién llegados”— ya que requiere
cambios y adaptaciones mutuas. Por lo tanto, resulta “aconsejable” diseñar e
implementar políticas públicas que faciliten los ajustes inevitables asociados al
fenómeno migratorio.
En los momentos actuales, la problemática migratoria se ha vuelto particularmente delicada, en un entorno que parecería cada vez más antagónico y hostil. La desconfianza y las sospechas parecen apoderarse de grandes segmentos
de la población. En años recientes, el espectro del terrorismo y la primacía
otorgada a la seguridad nacional han cerrado espacios a la acción de políticas
públicas “ilustradas”, realistas y pragmáticas —acordes con las fuerzas y dinámicas de la globalización. Se podría decir que, en particular con posterioridad
a septiembre 11, los grados de libertad del debate público y de la acción
gubernamental se han reducido considerablemente.
Para ampliar esos grados de libertad, la Comisión propone el principio siguiente:
Migrants and citizens of destination countries should respect their legal
obligations and benefit from a mutual process of adaptation and integration
that accommodates cultural diversity and fosters social cohesion. The
integration process should be actively supported by local and national
authorities, employers and members of civil society, and should be based on
a commitment to non-discrimination and gender equity. It should also be
informed by an objective public, political and media discourse on international
migration.
En más de un sentido el tópico de esta Reunión —Migración internacional y
desarrollo en América Latina— se relaciona estrechamente con el del capítulo
2 del Informe, (Migration and development: Realizing the potential of human
mobility), dado que el énfasis se puso en los países de origen y en las oportunidades que ofrecen el cuantioso volumen de sus ciudadanos en países desarrollados, la emergencia de diásporas prósperas y activas y el monto exponencial
de las remesas. Entre los principales retos para capitalizar esas oportunidades
por parte de los países en desarrollo se encuentran: incentivar el retorno de sus
migrantes y conseguir el doble objetivo de “entrenar y retener” a sus
ciudadanos. Por lo tanto, la Comisión recomienda mantener y recuperar la
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circularidad de los migrantes —tanto altamente calificados como menos calificados— como una de las estrategias más promisorias para materializar las oportunidades de las migraciones.
Ante la expansión inusitada de las remesas, han surgido muchos agentes interesados en alterar los comportamientos que determinan la forma en que esas
remesas se gastan por quienes los reciben. La Comisión estima que las remesas
son ingresos privados —no se trata de ingresos públicos; ni de transferencias
entre países— que se usan legítimamente para la satisfacción de necesidades
de individuos y familias, y que, por lo tanto, son una importante fuente de
alivio de la pobreza en muchas ocasiones. Indudablemente, son también una
fuente de recursos para el mejoramiento y desarrollo de localidades, regiones
y países de origen.
La perspectiva de la Comisión coincide, en lo fundamental, con las posiciones recientemente formuladas por el Banco Mundial. En la edición Global
Economic Prospects para el año 2006, cuyo tema particular es el de las
“Implicaciones económicas de las remesas y la migración”, se considera que
el potencial de las remesas se incrementaría si se redujeran los costos de las
transacciones, se mejorara y fortaleciera la infraestructura financiera en las
localidades receptoras de las remesas, y se diseñaran políticas públicas específicas con el propósito de incrementar dicho potencial.
Para reforzar los efectos positivos de las migraciones en el desarrollo la Comisión propone el principio siguiente:
The role that migrants play in promoting development and poverty reduction
in countries of origin, as well as the contribution they make towards the
prosperity of destination countries, should be recognized and reinforced.
International migration should become an integral part of national, regional
and global strategies for economic growth, in both the developing and
developed world.
¿Las políticas migratorias deberían descansar en el acatamiento de reglas mínimas y en el cumplimiento de principios básicos? La pregunta parecería ociosa,
pero no lo es tanto ya que en el terreno de la praxis migratoria pronto surgen
conflictos y diferendos. La Comisión revisó la problemática de la normatividad
contemporánea respecto de las migraciones internacionales centrándose, ante
todo, en la cuestión de los derechos humanos. (“A principled approach: Laws,
norms and human rights” es el título del capítulo 5).
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La humanidad está organizada en estados-nación soberanos para ejercer la
autoridad al interior de su territorio. Sin embargo, en múltiples instancias existen intereses en conflicto.7 Así, ante el renovado reclamo del ejercicio de la
soberanía por parte de los estados, sobre quién entra al territorio considerado
como propio y bajo qué condiciones, se enfrenta la obligación de los estados
de respetar las libertades fundamentales, incluido el derecho de salida de sus
ciudadanos. Además, en múltiples ámbitos, los estados “determinan” al interior de su territorio alcances diferenciales de la protección de sus leyes.
¿Normatividad internacional o normatividad nacional?, ¿universalismo o localismo?, ¿soberanistas o internacionalistas?, ¿diferenciación o discriminación?
Los dilemas anteriores se ven reflejados, concretamente, en las predisposiciones para ratificar, o no ratificar, la Convención (de 1990) de Naciones Unidas
sobre la Protección de los Derechos de Todos los Migrantes y sus Familiares.
Muchos de los países que no la han ratificado sostienen que no es necesario,
pues sus leyes protegen también los derechos humanos básicos de todos los
migrantes. En cambio, los países que la han ratificado reclaman que el respeto
a los derechos de los migrantes se coloque por encima de cualquier otra consideración, como principio rector de toda respuesta ante el fenómeno migratorio. En contra argumento, a algunos de los países que han ratificado la
Convención se les reclama, con frecuencia, la insuficiente y deficiente
implementación de la misma.
Frente a este contexto, la Comisión considera que, cualquiera que sea la modalidad jurídica que los estados adopten, los derechos básicos o fundamentales deben ser garantizados por todo estado para todos los migrantes. Por lo
tanto, propone el siguiente principio de acción:
The legal and normative framework affecting international migrants should be
strengthened, implemented more effectively and applied in a non-discriminatory
manner, so as to protect the human rights and labour standards that should
be enjoyed by all migrant women and men. Respecting the provisions of this
legal and normative framework, states and other stakeholders must address
migration issues in a more consistent and coherent manner.
Colocar a las migraciones internacionales bajo la perspectiva de su gobernabilidad, más allá del mero enfoque de su manejo o administración, hace
imprescindible la búsqueda de congruencia al interior del conjunto de las
Conviene tener presente que, en general, se estima que la organización en estados-nación
—además de funcional— le ha dado estabilidad y credibilidad al sistema internacional.
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múltiples dimensiones de la globalización y de las políticas que la alientan,
dadas las estrechas interrelaciones que existen entre las migraciones internacionales, el desarrollo, el comercio, el cambio tecnológico, la seguridad nacional, las libertades y los derechos humanos. En pocas palabras, la cuestión de
la movilidad humana no puede ser tratada de manera aislada.
La gobernabilidad migratoria se ubicó también en el contexto de la reforma
del sistema de Naciones Unidas —de una actualización y remodelación de su
arquitectura institucional. Sin embargo, las fortunas inciertas de esta reforma
incidieron en el alcance de las recomendaciones de la Comisión al Secretario
General de las Naciones Unidas, a quien se le propone la creación de un ente
o una “Entidad Migratoria Global” (Global Migration Facility son los términos
utilizados en inglés) como instancia de coordinación de las agencias internacionales (inter-agency) involucradas en los diversos ámbitos migratorios.
La conceptualización de las tres “c’s” —coherencia, capacidad y cooperación—
es la respuesta de la Comisión a la necesidad de orden y seguridad en el
manejo migratorio. La búsqueda de coherencia entre las diversas respuestas y
políticas públicas aplica tanto al interior de los países como aplica a la comunidad internacional. La capacidad se refiere, ante todo, a la necesidad de
profesionalizar la administración de las migraciones; tarea que reclama apoyo
internacional para los países donde los recursos son escasos. Finalmente, sin
cooperación entre todas las partes involucradas difícilmente en el manejo
migratorio será efectivo.
El imperativo de la cooperación se desprende de la convicción de que el
unilateralismo no es una opción de gobernabilidad viable, porque la problemática migratoria es, por su naturaleza, transnacional. Es decir, la gobernabilidad
y el manejo migratorios deben estar basados en enfoques y acercamientos
compartidos por los estados (shared approach) y otros agentes interesados,
que también deben ser tomados en cuenta en la toma de decisiones. Se trata,
en efecto, de retos comunes.
Si tal fuera la actitud predominante, entonces ello se traduciría en arreglos
internacionales efectivos y normas adoptadas colectivamente para buscar un
entorno migratorio predecible, así como en instituciones que garanticen ese
entorno. Sólo una visión compartida le daría credibilidad al último de los
principios de acción que propone la Comisión, que es una invitación final a
los estados, a otros agentes y actores importantes, para que actúen individualmente y en conjunto.
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The governance of international migration should be enhanced by improved
coherence and strengthened capacity at the national level; greater consultation
and cooperation between states at the regional level, and more effective dialogue and cooperation among governments and between international
organizations at the global level. Such efforts must be based on a better
appreciation of the close linkages that exist between international migration
and development and other key policy issues, including trade, aid, state
security, human security and human rights.
A casi dos meses de su presentación, desde luego que el Informe ha recibido
críticas; se le han señalado limitaciones y se han advertido vacíos. Mencionaré algunos ejemplos, las migraciones entre países en desarrollo reciben poca
atención; tampoco se le presta la atención debida a las redes sociales. Se ha
criticado la estrechez de las recomendaciones que la Comisión propone para
el fortalecimiento institucional del papel de Naciones Unidas en la instauración de un orden seguro y confiable en materia de migraciones y movilidad
internacionales.
La Comisión confía en que algunos de sus principios y recomendaciones se
vuelvan marcos aceptables para la negociación, a fin de lograr acuerdos internacionales (como los que se espera se adopten en el Diálogo de Alto Nivel en
2006). Al respecto, creo que hay elementos que sustentan un moderado optimismo.
Es cierto que hay elementos que apuntan más bien hacia el pesimismo. La
Comisión misma confirma que actualmente priva un clima enrarecido y falto
de consensos en el ámbito internacional, ya que no parece haber voluntad
política de las naciones para comprometerse (s’ engager) en esta materia. Sin
embargo, la Comisión también constata la existencia de múltiples acuerdos
bilaterales y la consolidación de variados mecanismos regionales de diálogo y
concertación en asuntos migratorios. Además, en el seno de la comunidad
internacional está avanzando la creación y aceptación de un sistema de principios y reglas “no vinculantes” (non-binding) para el manejo (que no
gobernabilidad) de la movilidad humana. Los principios de acción y las recomendaciones de la Comisión son un componente de ese sistema no vinculante
que también están construyendo otras agencias —como la OIT con el Proyecto
de Marco Multilateral para las Migraciones Laborales. Ciertamente, no se está
frente a la creación de un orden migratorio internacional propiamente tal; pero
la emergencia de ese marco no vinculante es un paso en la dirección correcta.
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El informe no pretende ofrecer “la solución” a las múltiples, variadas y complejas problemáticas de las migraciones internacionales. (Tal vez no hay solución; menos aún, una única solución). Lo que la Comisión se propone con este
Informe es alentar un proceso continuo de diálogo, que lleve a la negociación,
a fin de que en el manejo de las migraciones se instauren orden, seguridad y
credibilidad; proceso que deberá ajustarse y adaptarse a las dinámicas, constantemente cambiantes, de la movilidad humana.
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