VALORES Y ETICA EN LA PSICOTERAPIA Rafael Núñez La

Anuncio
VALORES Y ETICA EN LA PSICOTERAPIA
Rafael Núñez
La premisa principal en la práctica de la psicoterapia es el resultado, por lo que debe
enfatizarse que se trata de una técnica producto del conocimiento básico de la psicología,
de las ciencias de la conducta, de las ciencias sociales, y en cierto sentido, de las ciencias
biológicas. La práctica, el ejercicio de la psicoterapia, debe reflejar el estado actual del
conocimiento en esos campos, en esas áreas. El psicoterapeuta que no ha examinado los
resultados de las investigaciones recientes en la literatura o quien no se mantiene al día
en los estudios de evaluación de las diferentes técnicas de tratamiento, puede estar
incurriendo en un descuido básico de la ética de la profesión. Obviamente, cualquier
forma de ejercicio práctico con una persona o con un grupo pequeño de pacientes
significa el actuar a partir de cierta creencia, cierta información, cierto entrenamiento
fundamental. Si el psicoterapeuta ejerce solamente con cierta orientación de teorías
circunscritas a alguna escuela, y no toma en consideración la literatura basada en
investigaciones o el trabajo clínico de muchos investigadores, trabaja en realidad
considerando la psicoterapia como un arte, y entonces surge la interrogante ¿cuáles son
las bases científicas para ejercer la psicoterapia?
Por psicoterapia se comprende la mejor aplicación del conocimiento científico
asequible. Los psicoterapeutas deben compartir un valor hipotético de qué conocimiento
acerca de la conducta humana es susceptible de encuesta sistemática por medio de una
variedad de procedimientos científicos, y que las modificaciones tanto de la teoría como
de la práctica puedan reflejar los resultados más recientes de la investigación empírica
Recientemente se considera la ciencia como un segmento de valores mantenidos
por medio de un acuerdo de investigadores sociales. Pocos científicos hoy en día se
aferrarían a la idea de que existe una verdad inherente. El examen de naturaleza intensa
que han logrado Polanyi, Fayerabend y Kuhn acerca de los métodos científicos, de lo que
constituye un hecho científico y de los cambios que ocurren dentro de una disciplina
científica, han ampliado nuestra perspectiva.
Un aspecto central del método científico es el acuerdo en el valor de la investigación
formal y sistemática, que presenta ciertos criterios esclarecidos.
La metodología científica implica los siguientes criterios:
1) Una afirmación de las bases o de las hipótesis tan esclarecidamente presentadas
como sea posible.
2) Definiciones de los conceptos (presentados en forma precisa).
3) La formulación de proposiciones teóricas que sean susceptibles de evaluación
empírica.
4) Alguna forma de obtención de datos, acumulados o logrados en condiciones
específicas cuidadosas.
5) Los métodos cuantitativos son importantes como medios para establecer la
confiabilidad estadística de los resultados que se obtienen de las investigaciones
empíricas.
6) Los procedimientos científicos deberán ser comunicados en forma cuidadosa,
distribuidos públicamente de modo amplio, de tal manera que los nuevos
resultados puedan ser repetidos por otros investigadores.
Naturalmente, la ciencia funciona por medio de la aprobación de los hombres. No es un
sistema que se caracterice por el autoritarismo. Los 22 volúmenes de la colección de
trabajos psicológicos de Sigmund Freud establecen un logro impresionante de una
persona, pero estos volúmenes no sirven como Biblia o como Corán. En realidad, un
estudiante universitario de cualquier institución tiene el derecho de cuestionar cualquier
afirmación hecha por Freud, y someterla a evaluaciones por medio de procedimientos de
investigación.
El valor central de una ciencia es la noción de todo aspecto del conocimiento
adquirido, y que cualquier principio dentro del marco de orientación de este conocimiento
está sujeto a encuesta, siempre y cuando la investigación sea honestamente realizada, se
utilicen en forma sistemática los métodos de investigación apropiados, y se ofrezca una
información explícitamente informada de tal manera que pueda ser cuestionada y criticada
por otros científicos. La corrupción y los abusos del poder pueden muy bien roer el campo
científico, como lo hacen en cualquier sistema humano: pero estas posibilidades no
minimizan los valores especiales del procedimiento y método de la ciencia en sí.
Existe en los clínicos la tendencia a pensar que el entrenamiento en una disciplina
dada lleva consigo la autoridad inherente, expresada por su '”juicio clínico único”, e
insisten en ello como un derecho fundamental. Se han limitado recientemente algunos de
los excesos de esta forma de arrogancia en medicina, en parte debido a las quejas y
acusaciones legales que han surgido debido a la falta de ética profesional, pues ha
causado que los seguros ofrecidos por compañías de seguros médicos hayan subido de
precio en forma exagerada. El peligro que se observa es que los psicólogos clínicos
caigan en la misma arrogancia en el ejercicio de la psicoterapia, y pierdan contacto con
sus limitaciones inevitables, o con la naturaleza muchas veces cuestionable de la práctica
psicoterapéutica. Cuestionable no en el sentido de falsedad o incorrección, sino en el de
perder el punto de vista científico; es decir, que el psicoterapeuta —sea ortodoxo,
rogeriano, lacaniano, etc. en su práctica— desconozca los resultados de las
investigaciones recientes, realizadas en el campo de la psicoterapia.
La mayor parte de las personas que buscan al psicólogo, al psiquiatra o al sacerdote
orientador esperan que estos profesionales sean científicos, que tengan entrenamiento
científico, que se encuentren al día en el conocimiento científico de esta orientación.
Muchas personas en el mundo buscan ayuda de los shamanes, de los brujos, de los
astrólogos y de mucha clase de curanderos. Las personas que buscan al psicólogo y a
otros profesionales esperan que la ayuda ofrecida tenga como base el conocimiento
científico, la investigación científica. Esta, aun para los legos, implica algún tipo de
experimentación formal, llevada a cabo en exploraciones sistemáticas realizadas en
universidades o en institutos de investigación.
La mayoría de las personas no intentan averiguar personalmente cual escuela de
psicoterapeutas es “más científica”. El promedio de las personas confía en que el
psicoterapeuta, psicólogo, psiquiatra, psicoanalista ha recibido una preparación que le
acredita una universidad de nivel avanzado, y que ha sido adecuadamente aprobado por
medio de procedimientos utilizados por universidades acreditadas o por una organización
de la profesión correspondiente. Es decir, es responsabilidad necesaria del clínico
encontrarse en esa posición, para demostrar las ligas entre lo que se practica y su
preparación informativa en las teorías aceptables que forman la estructura del
conocimiento en su área.
Uno de los valores más importantes en la psicoterapia es la responsabilidad. La
efectividad de un líder religioso como salvador que busca salvar almas no puede ser
realmente evaluada en este mundo. De hecho, el líder religioso deriva su autoridad de los
textos religiosos y de los dogmas de una iglesia organizada, que solamente es
responsable ante el “establishment” de un grupo. Esta situación ha conducido,
naturalmente, a un gran número de grupos religiosos, relacionados con líderes
carismáticos que pretenden haber tenido algún contacto personal con la “autoridad
máxima” y pueden, debido a ello, asegurar la salvación o ventajas específicas para sus
seguidores. Es muy posible que las curaciones basadas en la fe produzcan cambios
temporales o prolongados en la conducta, más dramáticos que los logrados por
cualquiera de las técnicas psicoterapéuticas conocidas. Quien cura por la fe no tiene que
cuestionar su procedimiento. Aun el científico de la conducta, por otra parte, observa que
en ésta existe un efecto de fe fisiológico o psicológico, que constituye un reto a la
investigación del proceso por medio del cual la creencia influye en las funciones naturales.
En el curso de su evolución durante los primeros tres cuartos de este siglo, el
campo de la psicoterapia muestra las divisiones características de las sectas religiosas.
En Nueva York, como en otras grandes ciudades, se encuentran adherentes a
numerosas escuelas de psicoterapia establecidas, cada cual con su propio instituto o
grupo y amplias y diferentes normas —o ninguna— para certificación de estudios. Sólo el
numerarlas causa sorpresa. El psicoanálisis clásico está representado por tres o cuatro
grupos diferentes, en Nueva York el de más prestigio es The New York Psychoanalytic
Institute, que compite con el Metropolitan Institute for Psychoanalytic Training and
Research y con el Institute for Psychoanalytic Studes, The Freudian Institute, y otros más.
Los grupos o institutos neofreudianos incluyen la Escuela de Horney (Association for the
Advancement of Psychoanalysis). el William Alonson White Institute (que ofrece la
influencia de Sullivan, de Fromm-Reichman y de Thompson), el Sullivan Institute (que se
derivó debido a una división de William Alonson White), el grupo Columbia Psychoanalitic
Institute, el Post Gradúate Center for Mental Health, la National Psychological Association
for Psychoanalysis (que se orienta a la teoría psicoanalítica clásica), el New York-Flower
Necial College, y por lo menos tres o cuatro más que también combinan clínicas de
tratamiento y grupos de entrenamiento. Además, existen grupos que representan las
orientaciones de Adler, y de Jung. Los programas de postdoctorado de la Universidad de
Nueva York y la Adelphi University son combinaciones del freudianismo clásico y el
neofreudianismo, pero también representan a los grupos de orientación psicoterapéutica
existencial y humanista. Existen también los varios terapeutas gestaltistas, de los que por
lo menos tres institutos o centros pueden encontrarse en Nueva York, y en Long Island:
se encuentran también los seguidores de Wilhelm, Reich, la organoterapia, que ahora se
llama bioenergética, varios representantes del movimiento de grupo “encuentro” de
Esalen, y grupos especializados en técnicas de fantasía, tales como la psicosíntesis.
También se encuentran el Instituto de Psicodrama, con la orientación de Moreno, que sin
duda es el precursor de muchos grupos de orientación humanista, de encuentro, Esalen,
gestalt y de intercambio de roles. Naturalmente, esto no es todo, ya que en esa ciudad
existen también grupos de modificación de conducta, y de condicionamiento operante,
cada cual con sus propios institutos, como también centros que ofrecen entrenamiento
especializado en hipnoterapia.
Sin duda en toda gran ciudad existen estos grupos y uno se pregunta ¿qué es lo
que ejercen? Es cierto que algunos exigen el requisito del doctorado para sus alumnos,
que son psiquiatras o psicólogos clínicos o tienen títulos en trabajo social, enfermería
psiquiátrica, pero también una proporción importante de personas que se encuentran en
esos institutos o centros tienen títulos universitarios en otras disciplinas (algunos hasta
maestría en literatura o en historia), son personas con experiencia en orientación
vocacional, o asistentes en hospitales para enfermos mentales, sociólogos, antropólogos,
etc.
El tema importante dentro de esta diversidad de orientaciones psicoterapéuticas es
si las personas que reciben tal preparación en esos institutos o centros tienen, o mejor
dicho obtienen, el conocimiento de los procesos que pretenden manejar; de cómo es la
información que se logra acumular sistemáticamente, y si en realidad evalúan la teoría o
la práctica de una profesión científica. Con frecuencia se encuentran muchas personas
que han obtenido sus doctorados en psicología y cumplido los requisitos de la preparación
científica en el plan de estudios de su educación profesional, pero se han “convertido” a
una escuela, a una orientación particular como psicoanálisis, terapia gestalt, grito primario
y han perdido todo contacto con el estado actual de la literatura relacionada con la
investigación. Si se imaginara la posición de una comisión de tipo estatal, federal o
nacional, en que de acuerdo con una ley sobre higiene mental, se debiera determinar el
pagarle a los psicoterapeutas que ejercen, dentro de un presupuesto sacado de los
impuestos de los ciudadanos, la interrogante que se formularía es: ¿aceptaríamos a
cualquier persona que se llame psicoterapeuta? ¿Cómo se evaluarían no solamente las
características, sino también la conducta apropiada del psicoterapeuta? Eventualmente
tendremos que enfrentarnos a interrogantes de esa naturaleza.
En los Estados Unidos se discute si las oficinas Federales deben aceptar o no a los
psicoanalistas como psicoterapeutas de instituciones gubernamentales; los mismos
psicoanalistas subrayan que es muy difícil la aceptación del psicoanálisis como una
disciplina separada, para esos fines. Freud mismo señaló que el psicoanálisis debe ser
visto como una rama de la psicología. Durante la primera mitad de este siglo, en los
Estados Unidos los psicoanalistas consideraron que su profesión era un campo de la
medicina. El hecho es que no existe un cuerpo, razonablemente bien organizado, de una
teoría sistemática del psicoanálisis y eso no sería un tema muy sólido, ya que si somos
francos, la psicología no se presta en todo su campo a la observación, a un estudio
sistemático de teorías comprensivas.
Sin disminuir la enorme o, mejor dicho, inmensa importancia del psicoanálisis en la
formulación de hipótesis de una encuesta sistemática, y en el iniciar áreas de examen de
la personalidad que, hasta Freud, no habían sido exploradas, es difícil estar seguro de lo
que
actualmente
es el psicoanálisis como ejercicio
profesional. Han
existido
investigaciones que intentaron demostrar empíricamente los principios del psicoanálisis
(Fischer y Greenber, 1977), pero es aparente que no son demostrables muchos de los
conceptos originales de la teoría. También es obvio que la contribución psicoterapéutica
del psicoanálisis clásico ha sido bastante modesta. Excepto como un tipo de
entrenamiento disciplinario en la conciencia de uno mismo y en el estudio de las fantasías
preconscientes que se observan en un momento dado, como también en lo que se
relaciona a las motivaciones, el psicoanálisis probablemente no rivalice con la
competencia (en términos de principios de costo-beneficio) de muchas formas recientes
de psicoterapia.
Consideremos la situación de una persona que ha sido educada en las
humanidades, que ha sido admitida en un instituto de psicoanálisis y después ya ejerce.
¿Se dará cuenta de ese hecho tan importante: que muchas de las formulaciones teóricas
en su campo ya no son válidas? ¿Se encontrará en posición de identificar las limitaciones
del tratamiento psicoanalítico como parte del formato para aprobar las consideraciones
acerca de la personalidad? ¿Se encontrará en la posición de saber acerca de los métodos
que se han obtenido para evaluar la efectividad de varias formas de psicoterapia? Esta
persona entrenada solamente de acuerdo con un modelo psicoanalítico y que ejerce de
acuerdo con ello, ¿se dará cuenta de que muchos lapsus linguae, ciertos tipos de olvido y
otras dificultades intelectuales pueden reflejar propiedades especiales del sistema
cognoscitivo y no encontrarse tan significativamente relacionados con los impulsos
básicos tales como sexo y agresión? ¿Qué tan preparado se encuentra ese profesional
entrenado dentro de una disciplina como la que examinamos para incorporar nuevos
descubrimientos de la psicología social o para identificar los patrones específicos de la
emoción que están surgiendo de estudios recientes del sistema afectivo?
Los problemas relacionados con el trabajo dentro de la orientación de una escuela
específica se confunden aún más porque aun los profesionales que pretenden estar al
corriente, tienden a leer solamente las revistas o libros que representan a sus escuelas.
Es sorprendente encontrar libros que continúan describiendo interpretaciones de sueños
de acuerdo con perspectivas jungianas, o de otras orientaciones psicoanalíticas, que no
toman en consideración procesos sorprendentes en relación con la psicofisiología del
sueño y del dormir, sin considerar tampoco los muchos nuevos estudios acerca de la
mentalidad de dormir (Arkin et al., 1978). Los profesionales que trabajan “solamente”
dentro de grupos tales como gestalt, psicoanálisis, análisis jungiano, etc., continúan
pensando acerca de la ansiedad sin reconocer los estudios recientes que sugieren
distinciones importantes entre ansiedad cognoscitiva y ansiedad somática (Davidson,
1978) o las diferenciaciones sutiles de las emociones y sus sustratos psicofisiológicos
(Izard, 1977: Schwartz, 1977)
Algunos arguyen que el hecho mismo de que sus escuelas o grupos hayan
sobrevivido durante largo tiempo, y de que continúen obteniendo un gran número de
pacientes, es testimonio del valor de sus orientaciones. Esta posición sería más aceptable
si ofrecieran datos estadísticos indicando las propiedades especiales de sus orientaciones
en relación con otras y en especial si indicaran las ventajas de su escuela. Después de
todo, la astrología tiene una historia más antigua y al pasar de los años ha atraído más
clientela que cualquiera de las escuelas psicoterapéuticas de la actualidad, pero todavía
se encuentra fuera de los límites de la ciencia. El éxito en atraer clientes no es un buen
argumento para el profesionista, pues varios predicadores de la televisión pueden señalar
por medio de testimonios y mayor número de beneficios materiales que tienen mayor
número de adherentes. Tal vez sea un tributo a la relativa humildad de los
psicoterapeutas el que ninguno ha eregido un templo a su escuela como los que han
establecido muchos de los líderes de las sectas religiosas.
En la actualidad se han realizado avances para evaluar la efectividad de la
psicoterapia y estudiar sus procesos. Las publicaciones recientes de Garfield y Bergin
(1978), así como también los estudios de Strupp y Bergin (1969) o de Meltzoff y Kornreich
(1960), esclarecen que la investigación en psicoterapia es viable y floreciente. Se
encuentra una tecnología para ayudarnos a apreciar los temas de la evaluación del
tratamiento. Las publicaciones de Nichols y Fine (1980), así como las de Greenberg
(1980), indican la posibilidad de lograr exploraciones empíricas sistemáticas de aspectos
específicos de la terapia gestáltica, un tratamiento que para muchos es evasivo y caótico.
Los esfuerzos de la investigación de Breger y sus colaboradores (1971), o de Hoelscher y
los suyos (1980), han indicado que las combinaciones de orientaciones experimentales y
clínicas nos pueden ser útiles para manejar mejor la función de los sueños en relación con
el conocimiento psicofisiológico de origen reciente, como también la orientación reciente
acerca de la interpretación de los sueños. La investigación de Bohart (1980) ha
demostrado cómo un cuidadoso análisis de la literatura actual y de los nuevos
experimentos puede esclarecer el significado de un concepto tal como catarsis, un
proceso cuyos probables valores terapéuticos han sido considerados, en años anteriores,
como algo definitivo por un gran número de psicoterapeutas.
Lo que estoy tratando de sugerir es que existen bases sólidas suficientes para la
práctica de la psicoterapia, y que éstas residen no tanto dentro de las disciplinas en sí,
que se han vuelto “cuerpos flotantes”, sino en la base de la ciencia psicológica o de las
ciencias de la conducta y que, por lo tanto, son materia de investigación.
Cada corriente psicoterapéutica ha descubierto técnicas útiles; cada una ha
contribuido también a la teoría en muchos puntos. El psicoanálisis ha ofrecido muchas
contribuciones; no podemos enumerarlas todas, pero hemos aprendido de esa disciplina
la importancia de la sensibilidad, en las distorsiones de la transferencia, como un rasgo
crítico de la interpretación psicoterapéutica. Ha sido la primera escuela, la pionera, en
señalar la importancia de poner atención cuidadosa a comunicaciones que en apariencia
son irrelevantes.
La terapia gestáltica ha sugerido muchas técnicas útiles para superar defensas y
permitir a los pacientes identificar tendencias ambivalentes (por ejemplo, la técnica de la
silla vacía); en realidad, algunos de estos métodos están resultando ahora muy útiles para
fines de investigación (Klos y Singer, 1981).
Las terapias conductuales se han mantenido más cerca de sus bases científicas que
cualquier otro tipo de procedimiento psicoterapéutico, y han favorecido formas para lograr
un estudio más extenso y detallado de los componentes del proceso psicoterapéutico.
La psicoterapia es efectiva como una disciplina científica y no puede estar fundada
en escuelas sin bases, sino surgir directamente de mejores conocimientos en
psicofisiología, psicología cognoscitiva, teorías de la personalidad, psicología social,
antropología y muchas otras ciencias sociales. Me gustaría subrayar algunos de los
sistemas principales de la personalidad y mencionar ejemplos de algunos de los
resultados recientes en estas áreas, que forman la estructura del ejercicio en la práctica
de la psicoterapia. El trabajo implica siempre confianza en lo investigado; el clínico no
puede, al enfrentarse con una crisis en su trabajo cotidiano, buscar todo el conocimiento
existente en su área. El conocimiento científico, por su propia naturaleza, deja muchos
temas sin resolver y abiertos a mayor investigación y escrutinio. Los clínicos deben tener
mucha tolerancia para esta ambigüedad, pero en algún momento las acciones con sus
pacientes o sus interpretaciones de la conducta de éstos deberían reflejar un
conocimiento de la información obtenida en investigaciones recientes.
Los sistemas de psicoterapia y de personalidad dentro de la psicología, y hasta
cierto punto de la biología, y el surgimiento de los sistemas de orientación han abierto el
camino a un gran número de orientaciones. Ya no se necesitan escuelas para teorías
comprensivas; podemos reconocer que el organismo humano es mesurable en una gran
variedad de dimensiones relacionadas con sistemas concretos, pero interactivos con
propiedades definidas. La afirmación más elaborada de sistemas generales de teorías es
la que ofrece Miller (1978), y la aplicación de ese sistema a los problemas de la medicina
conductual, y más específicamente a la hipertensión o desórdenes psicosomáticos, ha
sido lograda por Schwartz (1978, 1980). Un ejemplo del intento de aplicar un sistema de
orientación a las áreas de la motivación, tan importante en psicoterapia y en la teoría de la
personalidad, fue presentado por Izard, Tomkins (1966) y otros, aplicándola a la
apreciación de la personalidad; la evaluación de centros de servicio de salud mental y
tratamiento han sido publicados por Korchin (1976) y Sundberg(1977).
Los que estudian los sistemas cerebrales y corporales proponen esencialmente, que
sólo un número limitado de sistemas básicos diferenciados son funcionales en definir al
individuo y su manera de responder a una variedad de situaciones. El cerebro opera
“silenciosamente”, y se le reconoce como el sistema principal. Tiene propiedades
especiales en su mismo funcionamiento que lo hace importante en las diferencias
individuales, en su respuesta a situaciones específicas o en términos de predisposición a
la respuesta. Las pruebas de que los dos hemisferios del cerebro funcionan en forma un
tanto diferente en relación al tipo de información procesada y al significado de orientación
(relativamente expresiva en el hemisferio izquierdo o receptiva en el derecho), no
solamente ofrece posibilidades, sino que también conduce a reexaminar la naturaleza de
los principales estilos cognitivos y emociones, según se estimulen los hemisferios
(Schwartz et. al. 1975). También Bakan (1978) ha observado rasgos de predisposición
característicos de los dos hemisferios; este autor propone dos formas de información, que
son procesadas por el cerebro y determinan una gran variedad de modos que el individuo
adopta para resolver problemas.
Se observa además un funcionamiento silencioso del cerebro que implica
secreciones neuroquímicas sutiles, pero capaces de ser medidas en las terminaciones
nerviosas, que parecen críticas en las manifestaciones de experiencias de agrado o
depresión, así como en la reducción del dolor y el malestar. El trabajo de análisis de
causas de Brenner (1975), basado en la utilización de grandes muestras de estudios por
medio de cuestionarios, tiene implicaciones importantes que indican el grado en que las
oportunidades para experimentar efecto positivo, pueden mitigar las reacciones
depresivas potenciales, así como reducir las molestias psicosiológicas en una gran
variedad de situaciones.
Ahora se las comprende mejor por medio de otros sistemas silenciosos del cuerpo,
que implican equilibrios dominados principalmente por el sistema nervioso autónomo
(respuestas hormonales), y también por los ciclos básicos rítmicos corporales. Para la
apreciación de la biorretroalimentación, el advenimiento de una nueva tecnología muestra
capacidad para identificar señales del sistema corporal silencioso; sugiere que las
pulsaciones del corazón y la temperatura, por ejemplo, pueden caer bajo una creciente
autorregulación con el individuo consciente (Schwartz y Shapiro, 1976, 1978).
El sistema de impulso era el centro de atención del psicoanálisis y de las teorías de
psicología del aprendizaje hasta los años 60. Se le consideraba la fuerza fundamental
motivadora. El hambre, la sed, el sexo, el alivio del dolor, y en alguna forma más
especulativa la agresión, eran considerados como impulsos. En psicoterapia se prestaba
gran atención a “las vicisitudes de los instintos”, especialmente del sexo y de la agresión y
a sus características, para determinar el desarrollo de la personalidad y las posibilidades
de cambio.
La revisión realizada en los años de 1960 de las teorías de la motivación, modelos
neuropsicológicos, simulación de computadora y la investigación empírica, ha conducido a
un cambio de subrayado. Se esclareció que la acentuación de los impulsos periféricos,
particularmente en sus relaciones con órganos específicos tales como los genitales, el
ano o la boca, eran incapaces de explicar las respuestas motivacionales tan complejas no
solamente del hombre, sino también de los animales estudiados en el laboratorio. Se ha
esclarecido que las señales de impulsos deben ser amplificadas por el afecto el sistema
emocional antes de que sean capaces de producir una conducta dirigida o motivada
(Tomkins. 1962, 1963).
Un paso esencial en el desarrollo de los sistemas ha surgido del constante aumento
en el reconocimiento de que los sistemas afectivos o emocionales están altamente
diferenciados, y son rasgos esenciales de la personalidad humana. Los clínicos se
expresan en forma extrema sobre la importancia de las emociones, pero tienden a ser
imprecisos en las definiciones de las mismas. Tienden también a enfatizar la expresividad
emotiva sin considerar las implicaciones de las cualidades diferenciales (Izard, 1977:
Tomkins, 1962, 1963) del sistema afectivo. La reciente teoría e investigación enfatiza, en
forma creciente, la importancia del sistema afectivo como clave de la motivación humana,
puesto que sirve como amplificador crítico de las señales de los otros sistemas y ofrece
las bases de las experiencias generadas por el individuo mismo, de naturaleza positiva o
de recompensa.
Las siguientes recomendaciones (Garfield, 1977) se encuentran en los puntos de
vista contemporáneos: a) la psicoterapia breve debería ser el tratamiento práctico para
todos los pacientes. Según informes de hace veinte años (Harris, Kalis y Freeman, 1963),
cerca del 66% de todos los pacientes responden a ese tratamiento; el 33% restante puede
ser tratado de otra manera o considerársele fuera de los esfuerzos terapéuticos
conocidos, b) Las metas de la terapia deberán ser las convenientes para el paciente, no
las del terapeuta, c) El terapeuta debe tener una parte más activa, lo cual implica que
debe ponerse metas más modestas; en la psicoterapia, participar con mayor
responsabilidad para ser “fuerza impulsora” en el encuentro terapéutico, organizar y
preparar intervenciones y no esperar el surgimiento gradual de “problemas” en la
transferencia y las soluciones en ese contexto. Además, el terapeuta debe evitar la
tentación de ampliar los objetivos terapéuticos una vez que se hayan logrado las metas
que se iniciaron.
Un punto de gran importancia es el relacionado con la preparación de terapeutas
tanto en la técnica breve como en otras; todo candidato deberá ofrecer las características
de personalidad que, se ha visto, muchos candidatos en servicios terapéuticos no poseen.
Sifmeos (1972) y Malan (1976) entre otros han señalado que los candidatos deberían
poseer la habilidad de reconocer que los síntomas son determinados por razones
psicológicas y no por circunstancias o situaciones externas; tener la tendencia
introspectiva; deseo de participar activamente en el tratamiento; curiosidad acerca de
ellos mismos, de su condición humana; deseo de explorar y de cambiar; realismo en el
sentido de no exigir alivio rápido y voluntad para involucrarse y hacer sacrificios
razonables. Debe tomarse en cuenta que actualmente existen muchas formas de
psicoterapia breve e intervenciones en momentos de crisis: algunas de ellas llegan a un
número que varía entre 7 y 20 sesiones.
De la relación entre psicoterapeutas e investigadores, se destaca que en épocas
anteriores los psicoterapeutas no tomaban en cuenta a los investigadores, considerando
que los resultados de las investigaciones de datos eran superficiales y de poco interés
para los primeros. Sin embargo, los investigadores se esfuerzan por equilibrar el orden de
las técnicas, simplificarlas, condensarlas y buscar métodos de control. Es obvio que los
psicoterapeutas, en su ejercicio cotidiano, no se benefician directamente de los resultados
estadísticos en su manera de relacionarse cotidianamente con sus pacientes (Strupp.
1960). La mejor contribución de la investigación surge cuando investigadores y
psicoterapeutas trabajan en colaboración, de acuerdo con los resulta-dos de las
experiencias cotidianas. Los investigadores pueden recomendarle al clínico, basándose
en datos investigados, la mejor forma de asignarle pacientes a un psicoterapeuta; la mejor
forma de establecer rapport con los pacientes; la mejor forma de entrenar candidatos
jóvenes; lo que significa la selección del terapeuta; el investigador puede ofrecer también
mayor información en el área de diagnóstico y pronóstico.
Los psicoterapeutas deben aprender a pensar en forma crítica, evaluar
continuamente la calidad de sus actividades profesionales y los resultados de esas
actividades. Esta ha sido siempre la meta de una profesión que ha llegado a la madurez
(Peterson, 1976). A medida que la psicoterapia continúe en esa dirección, se puede
predecir que se convertirá en una profesión sólida; mejor aún, merecedora de la confianza
y respeto de las otras disciplinas y de la sociedad, puesto que estará basada en
conocimientos científicos concretos.
BIBLIOGRAFÍA
Alexander, F. y Franch,T., Psychoanalitic Therapy, Nueva York, Ronal Press, 1964.
Bergin, A. E.,”Some Implicationsof Psychotherapy Research for Therapeutic Practice”
Journal of Abnormal Psychology, 1966, 77, 235-246.
Bergin, A. E., “The Evaluation of Therapeutic Outcomes" en el libro de A. E. Bergin y S.
Garfield (Eds.) Handbook of Psychotherapy and Behavior Change, Nueva York,
John Wiley & Sons, 1978.
Bordin, E. S., Research Strategies in Psychotherapy, Nueva York, 1974.
DiLoreto, A. O., Comparative Psychotherapy: An Experimental Analysis, Chicago, AldineAtherton, 1971.
Fiske, D. W., Hunt, H. F., Luborseky, L., Orne, M. T., Parloff, M. B., Reiser, M. F. y Turna,
A. H. “Planning of Research on effectiveness of Psychotherapy”. Archives of General
Psychiatry, 1970, 22-32.
Frank, J. D., Persuasion and Healing, 2a. Ed. Baltimore, Johns Hopkins University Press,
1973.
Garmen y Norman, “Research in Clinical Psychology: Serving The Future Hour” en
Handbook of Research Methods in Clinical Psychology, por Jendall P. C. y Butcher
J. N. (Eds.) Nueva York, John Wiley & Sons, 1982.
Harris, M. R., Kalis, B. y Freeman E. “Precipitating stress: An Approach to Brief Therapy”,
American Journal of Psychotherapy, 1963, 17, 465-471.
Kendall, P. C, Norton-Ford, J. D. “Therapy Out-come Research Methods” en Kendal, P. C,
y Butcher, B. N. (Eds.) Handbook of Research Methods in Clinical Psychology,
Nueva York, John Wiley & Sons, 1982.
Knight, R. P., “Evaluation of the Results of Psychoanalytic Therapy”, American Journal of
Psychiatry, 1941, 98. 434446.
London, Perry, The Modes and Morals of Psychotherapy, Nueva York, Holt, Rinehart and
Winston, Inc, 1967.
Lorion, R. P., “Research on Psychotherapy and Behavior Change, With the Disadvantage”
en S. L. Garfield y A. E. Bergin (Eds.), Handbook of Psychotherapy and Behavior
Change, Nueva York, Johns Wiley & Sons, 1978.
Malan, D. H., Toward the validation of dynamic psychotherapy; A replication, Nueva York,
Prenum, 1976.
Nicholi, A. M. Jr., The Harvard Guide to Modern Psychiatry, Cambridge, Mass., 1978.
Peterson, D. R., “is Psychology a profession?” American Psychologist, agosto 1976, 32,
553-560.
Schofield, William., Psychotherapy, the purchase of frienships.
Seagull, A. A., “Must the Deeply Disturbed Have Long-Termed Treatment?”, Journal of
Psychotherapy: Theory, Research and Practice, 1966, 3,3642.
Sifmeos, D., Short-term Psychotherapy and emotional crisis, Cambridge, Harvard
University Press, 1972.
Small, L. y Bellak, L., Psicoterapia breve y de emergencia, México, Editorial Pax-México,
1977.
Strupp, H. H., “Psychotherapy”, Behavioral Science, 1969, 5, 60-71.
Strupp, H. H., “Therapist’s Evaluations of two Demostration Interviews”, Psychotherapy,
Theory, Research and Practice, Vol. V 3, 137-148.
Descargar