Los enemigos Álex Covarrubias Valdenebro*

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Los enemigos
Álex Covarrubias Valdenebro*
En la semana hemos asistido a los albores de un debate entre los partidos y el Gobierno del Estado
respecto al empleo de la entidad. Es muy positivo.
Una sociedad se enriquece con la pluralidad que nace de la confrontación de diversos puntos de vista.
Una sociedad se empobrece en su ausencia.
El ingeniero Eduardo Bours se encuentra en campaña para colocar la imagen de que Sonora es de nuevo
líder y en esa tesitura es entendible que a los suyos no les agrade oír lo que los desmienta. Pero por
encima de gustos, han de reconocer que si lo que interesa es Sonora, los mono-acordes no sirven.
De manera que bienvenido el debate. Sonora viene de una tradición bastante tercermundista, donde el
diálogo de altura simplemente no ha tenido lugar. Es producto de gobiernos absorbentes que privilegian
la autocomplacencia.
Pero también es producto de una tradición serrana de voces cortesanas, donde lo que importa es la
imagen retocada y los abrazos puñaleros de quienes no tienen otra intención que la de congraciarse con
la vanidad del poder.
El gobernador Bours sabe muy bien de ello. Lo padeció en carne propia cuando fue bloqueado una y otra
vez, por el hecho de ser una voz discordante frente al establishment.
Aún puedo recordar su actitud valiente de tomar por asalto los noticieros de Telemax, que le cerraban
sus puertas. Prometió entonces que, de llegar a gobernar, no habría más canales ni noticieros del
Gobierno.
Lamentablemente no ha podido cumplir su promesa. O no ha tenido tiempo. O no ha querido. Porque,
como sea, el hecho es que muy poco ha cambiado en materia de medios monocromáticos.
De ahí que el Gobernador sea presa de lo que el mismo criticaba: De grupos cortesanos que en materia
de análisis de Gobierno reducen su aportación a tender los manteles daltónicos del elogio.
O a proferir frases inconexas como “seguimos avanzando”, “no le afloje”, “échele ganas”, y otras
maravillas autobiográficas por el estilo.
Por supuesto nada de esto le hace ningún favor a la democracia y la cultura cívica de la entidad –de suyo
endeble y montaraz.
Sirva ello para decir que a la mitad del sexenio, hace falta un análisis de lo que ha acontecido en la
entidad en materia de institucionalidad y consolidación democrática.
Porque en este sentido, creo, los saldos no dan para documentar el optimismo. Un análisis tal requiere
como método mínimo acudir a lo que ha ocurrido con la integración y funcionamiento de dichas
instituciones. Veamos:
u Tres instancias son clave para empezar. El Consejo Estatal Electoral, el Tribunal Estatal Electoral y las
políticas de acceso a la información. Pues bien, las tres han estado en la picota en estos años.
El CEE vivió un retroceso en su integración, al darse un albazo a la fracción del PAN con tres diputados
tránsfugas y la complacencia del PRD.
Más tarde, y hasta la fecha, todos lamentarían el producto resultante de un proceso enturbiado de origen:
Un auténtico Frankenstein en el que su presidente ocultó antecedentes nada edificantes de su paso por
los tribunales.
Enseguida, sería demandado inútilmente para buscar su remoción. Por cuanto al TEE y el acceso a la
información se convirtieron en una sola entidad. En una de las decisiones más desacertadas de la anterior
Legislatura.
El resultado: Sonora tiene una de las leyes e instituciones de acceso a la información más pobres del
País.
u La ley electoral de Sonora cambió, pero sin resolver el problema de la redistritación que determina que
la región posea la característica predemocrática de tener votantes y votos diferenciados.
u La Comisión Estatal de Derechos Humanos es otra instancia digna de estudio por su relieve en la
protección de los derechos ciudadanos.
Pues bien, no hay nada que nos hable de progresos en su accionar. Con un director que aún toca
demostrar porque merece estar en el cargo, y sin presupuesto, la institución no sale del anonimato que la
pinta desde que fue creada.
u Equilibrio de poderes. Aquí en justicia no hay retroceso. Pero tampoco hay avances. La pluralidad y
autonomía existente entre el Ejecutivo y el Legislativo es la que los sonorenses han definido con sus
intenciones del voto.
Acaso se debe registrar que el Ejecutivo ha marcado grandemente el ritmo de la agenda legislativa. Pero
esto se debe reprochar a los legisladores y no al Gobernador, particularmente a los de la Legislatura
previa que normalmente fueron a la zaga.
Por cuanto al Poder Judicial es de notarse que no hay nada nuevo bajo el Sol. El Ejecutivo continúa
teniendo la voz decisiva a la hora de decidir su integración, lo que no propicia el establecimiento de
mejores equilibrios.
A la mitad del camino del ingeniero Bours tenemos un Gobierno con ciertos datos económicos
favorables (no tantos, como ahora se discute en materia de empleo), pero con un expediente enjuto en
materia de institucionalidad y consolidación democrática.
Para un Gobernador que no oculta sus aspiraciones de seguir progresando en su carrera política, tal
expediente no le será de ayuda. Creo que este evento debería de estar en el centro de sus ocupaciones.
Para ello quizá ayude recordar que un líder tiene infinidad de cosas por entender y atender. Pero dos
tienen naturaleza de enemigos impostergables, de acuerdo con las enseñanzas clásicas de Aristóteles a
Camus.
El primer enemigo es él mismo. Porque el peor enemigo de un líder es cuando él mismo se lo cree.
Cuando cree haber llegado y ya serlo. En ese momento el líder se pierde, y con él los impulsos
transformadores. Es el punto donde el conservadurismo más podrido toma el cuerpo y el alma de quien
antes se vio como agente de cambio.
El segundo enemigo son los seguidores que se empeñan en mantenerlo en el engaño. Diciéndole sólo lo
que creen quiere escuchar. Mostrándole sólo lo que creen quiere ver.
Por algo un viejo lobo como López Portillo escribía desde su lecho de muerte: “Mucho ojo con todo
aquello de sí. Sí señor Presidente (Gobernador)”.
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