ACRECIMIENTO-REVOLUCION SIGLO XXI

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Consumir menos, trabajar menos y ganar más ¿es posible? o seguimos produciendo por
producir, consumiendo a lo bestia, trabajar 12 horas o más con lo que se reducen los salarios
(exceso de oferta) y paralelo hay más desempleo. Salir a la carrera del trabajo y comer
alimentos enlatados o trabajar menos y vivir mejor, tener tiempo para preparar los alimentos
en cocción lenta y no comer comida chatarra (mal llamada comida rápida). Vale la pena leer
y analizar si esta es la Revolución que queremos para el siglo que comienza o una sangrienta
y brutal para que unos pocos mantengan sus privilegios.
Flora Fernández
LA REVOLUCIÓN DEL SIGLO XXI
«El decrecimiento es, a la vez, un proyecto ecologista y socialista»
Serge Latouche, Profesor Emérito de Economía de la Universidad de París-Sud
Este economista bretón es uno de los mayores precursores de la filosofía del decrecimiento y
pasó por Bilbo para explicar lo que a su juicio será «la revolución del siglo XXI», como señaló
a GARA. Para él, producir por producir y consumir por consumir sólo genera «una mala vida,
una destrucción del planeta y de las personas». Afirmó, sin ningún género de dudas, que esta
respuesta para mejorar la calidad de vida es «un proyecto ecologista y socialista. Se puede
hablar de ecosocialismo».
Juanjo BASTERRA | BILBO
Serge Latouche es bretón y uno de los
precursores del decrecimiento. Para él,
Euskal Herria y Bretaña «tienen
identidad» y, como dijo, entre ambos
pueblos existen «uniones históricas y
afectivas». Explicó en Bilbo la filosofía
del decrecimiento, dentro de las
jornadas «Ideando alternativas.
Encuentros decre- cimiento y buen
vivir», organizadas, entre otros, por
Mugarik Gabe, Ekologistak Martxan,
Paz con Dignidad, REAS Euskadi y la
UPV-EHU.
Entre otras muchas aportaciones que
realizó en la entrevista, Latouche dijo
considerarse «agnóstico de la religión
del crecimiento por el crecimiento» y
admitió que todavía queda mucho
trabajo por extender esta filosofía, pero
reconoció que «hay tiempo, aunque no
hay que perderlo, porque la crisis
económica actual permanecerá mucho
tiempo entre nosotros», precisó el
profesor de Economía.
¿Qué es el decrecimiento?
El decrecimiento es un eslogan que
nació en 2001 para oponerse a lo que
llaman desarrollo sostenible y que
agrupaba a los mayores grupos
empresariales mundiales en torno a un
consejo de desarrollo sostenible que
agrupaba a empresas como Total,
Monsanto y, entre otras, a Nestlé. Había
que utilizar un eslogan provocador para
estar fuera de esa religión del
crecimiento.
¿Religión?
Para ser riguroso habría que hablar de
«acrecimiento», como se habla de
ateísmo, con la `a' privativa. Somos
agnósticos de la religión del crecimiento,
porque es evidente que, desde la
aproximación al Club de Roma en 1992,
el crecimiento avanza hacia la
destrucción del planeta y los
ecosistemas que permiten al hombre
vivir.
el aumento del paro, porque se
destruyen miles de empleos. Por eso, la
recolocación es muy importante, lo
mismo que la disminución del
sobreconsumo. Por ejemplo, entre el
30% y 40% de lo que compramos en los
supermercados de prisa y corriendo va
a la basura.
¿El decrecimiento es revolucionario?
Efectivamente. Poner en marcha esta
reorganización de nuestras vidas, la
producción, el transporte y el consumo
nos llevaría a un cambio en la forma de
vida. Viviríamos mejor, no en una
sociedad tan desigual como la actual en
la que mucha gente vive mal, está
estresada y se suicida, por ejemplo. El
decrecimiento es un proyecto a la vez
ecologista y socialista. Se puede hablar
de ecosocialismo. Un proyecto que
quiere reintroducir más democracia en
la política y, a la vez, ser socialmente
más igualitario.
Espero que sea la revolución del siglo
XXI.
¿Qué medidas directas contempla y
desarrolla?
Es un proyecto global y revolucionario,
por supuesto. La principal es el cambio
radical de mentalidad ideológica de
funcionamiento. Este cambio no se
puede concretar de un día para otro, ni
tampoco las medidas son las mismas en
unos países que en otros. No se podría
aplicar de la misma manera en Texas o
en Chiapas, en África o en el País
Vasco. Cada lugar deberá decidir las
mismas. El objetivo es que la sociedad
se autolimite para conseguir el bienestar
de todos. Los franceses, por ejemplo,
deberían reducir la huella ecológica por
medio de la relocalización de
actividades porque los mercados están
mundializados y lo hemos convertido en
un vasto supermercado. Es
extremadamente destructor para el
planeta. Todo lo consumimos y hay que
darse cuenta que los productos hacen
de media entre 5000 a 6000 km con lo
que significa de consumo de petróleo y
energía. El efecto es negativo y conlleva
¿Supone un cambio de vida?
Supongo que con la crisis económica
actual, esa filosofía del decrecimiento
ha tomado auge.
Se ha propagado el decrecimiento, pero
al mismo tiempo se ha intensificado el
proceso de los gobiernos por mantener
el crecimiento por el crecimiento. Se
habla poco del decrecimiento en el
discurso político, y cuando se habla del
mismo es para denunciarlo. Sólo dos de
los diputados franceses apuestan por el
decrecimiento. Los gobiernos y los ricos
nos dicen que para salir de la pobreza
tendrían que producir más. Sin
embargo, los pobres son pobres porque
los ricos consumen sus recursos. Es
así.
¿Es obligado, entonces, el reparto de
la riqueza?
Por supuesto. Se acusa al
decrecimiento diciendo que va a crear
desempleo, que vamos a producir
menos, y se destruirán empleos. No es
así. Es lo contrario. La primera medida a
adoptar sería dar trabajo a todo el
mundo. Hoy en día hay gente que
trabaja demasiado, más de doce horas
al día y, sin embargo, un 20% de la
población no puede, aunque le gustaría
hacerlo. Esta sociedad de consumo
genera paro. Es necesario compartir el
trabajo. Trabajar menos para trabajar
todos, contrariamente a lo que dice
Nicolas Sarkozy, presidente de la
República francesa.
¿Con sueldos menores?
No. Cuando trabajas más, ganas
menos, como se ha verificado en
Francia. Lo normal, es conforme a la
lógica económica -la más estricta- si se
trabaja más, aumenta la oferta y como
la demanda siempre es insuficiente,
disminuye el precio. Incluso los
economistas más tradicionales
denunciarían este escándalo. Por lo
tanto, defiendo trabajar menos para
ganar más; trabajar menos para trabajar
todos; y, sobre todo, para vivir mejor.
Porque el trabajo no es la parte de la
vida donde más se disfruta. Cuando se
es cajera en un supermercado no es
realmente enriquecedor. Así, si se
trabaja menos, habrá más tiempo para
poder cultivarse, ocuparse de la vida, de
los amigos, pasear, meditar, soñar...
incluso rezar, si se es creyente. Se
consumirá menos, y se consumirá
mejor. En lugar de ir a un supermercado
a consumir frenéticamente lo primero
que pillas, tendremos el tiempo de hacer
una buena elección, comprobar los
buenos productos, tomarnos nuestro
tiempo si en la etiqueta figura que están
registrados los organismos modificados
biológicamente, si está producido en
China, o si está producido a nivel local.
A su juicio, ¿por qué los gobiernos
apoyan siempre a los poderosos?
Precisamente son los banqueros y
financieros los que eligen a los
gobernantes actualmente. Para ser
senador o diputado en Estados Unidos
hay que ser millonario; en Francia,
también. De esta forma son los poderes
financieros y económicos los que eligen
a los gobiernos. Incluso cuando un
gobierno ha sido elegido
democráticamente, como en Grecia, los
mercados financieros imponen su
política.
Entonces, ¿cree que queda mucho
por hacer en este camino del
decrecimiento?
Sin duda. Quedan muchas cosas por
hacer. Todavía este proceso está
germinando, pero, a la vez, reconozco
que nos van a ayudar los
acontecimientos.
¿A qué se refiere?
Porque nos encontramos en una fase
de la crisis que creo que sólo es el
principio. Es una crisis que va a ser muy
larga y muy fuerte. En mi opinión, sólo
habrá dos formas de salir de ella:
llevando a la práctica el decrecimiento
en una sociedad más respetuosa con el
medio ambiente y las personas o, por el
contrario, a la barbarie.
«Elevar la edad de la jubilación es justo
lo contrario de lo que habría que hacer»
¿Qué opina del aumento de la edad
de jubilación, que en el Estado
francés llevó a protestas y huelgas, y
que en el Estado español ha contado
con sindicatos, empresarios y
gobiernos, salvo en Hego Euskal
Herria donde se produjo una huelga
general ?
Es absurdo. Es justamente lo contrario
de lo que habría que hacer.
Afortunadamente un gobernante, como
el presidente de Bolivia, Evo Morales,
parece que lo ha comprendido y ha
rebajado la edad de jubilación. En el
momento en que Francia se alargó la
vida laboral, en Bolivia la redujeron a
menos de 60 años, sobre 55 años. Esa
es la buena vía. Es esencial. Creo que
se debería permitir dejar
progresivamente el trabajo, sobre todo
en algunos más penosos a los 50 años,
y de profesor de la Universidad, como
es mi caso, se tendría que trabajar
como mucho hasta los 65 años. Lo que
han hecho los gobiernos en estos dos
casos más recientes, el francés y el
español, es atender a las
recomendaciones del poder económico,
como decía antes.
¿La Europa Social, que fue
contrapuesta al modelo de Estados
Unidos, se está desintegrando?
No creo que se mantenga la Europa
Social por mucho tiempo. Lleva camino
de refundar una nueva Europa que no
favorecerá a las personas, al
medioambiente, a la agricultura, etc.
Apuesto por una Europa que cuente
precisamente con calidad de vida para
todos, pero no la que está en la
actualidad que es la Europa del
mercado, de la estupidez. La Europa
actual es un proyecto destructor, porque
todos los países compiten, se ha puesto
el carro antes que el caballo. Primero, a
mi juicio, habría que construir una
Europa política y social, antes que
construir una Europa económica.
¿A qué se refiere?
A que se debería consolidar el aspecto
social, porque el actual sistema de
competencia entre los estados-nación lo
que está haciendo es disminuir los
derechos sociales, medioambientales y
culturales. Se avanza, sí, bajo la ley del
mercado, ya no hay regulación, sólo
mercado. De esta manera, la economía
nos lleva a un estado catastrófico. Está
en nuestras manos cambiar esta
situación a la que nos han abocado.
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