GIGANTES Y CABEZUDOS No podíamos dejar pasar este mes de octubre en el que celebramos la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de Aragón, de la Guardia Civil y de la Hispanidad, ya que fue en la madrugada del 12 de octubre de 1492 cuando los españoles vieron y después pisaron por primera vez, tierras americanas, sin dedicar esta sección a la obra del Género Chico que mejor representa a este mes y a esta festividad. Gigantes y Cabezudos es una zarzuela en un acto y tres cuadros, compuesta por el maestro Manuel Fernández Caballero, con libreto de Miguel Echegaray, estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el 28 de noviembre de 1898. Los "Gigantes y Cabezudos" a los que hace referencia el título son las figuras de cartón piedra que desfilan, a modo de caricatura, en pasacalles, verbenas y fiestas, costumbre de origen medieval muy popular todavía en pueblos y ciudades de Aragón y de toda España, especialmente en su mitad norte. Pero también hace referencia al carácter de los aragoneses: "Grandes para los reveses, luchando tercos y rudos, somos los aragoneses, gigantes y cabezudos", dice una de las canciones de la obra. No podemos resistirnos a publicar parte (completa no cabe en esta sección) de la crítica que hizo un periódico de la época y que se publicó el 7 de diciembre de 1898, a los pocos días del estreno. El título del artículo era: “¡Viva Zaragoza, la jota y la Virgen del Pilar!” y estos son algunos de sus párrafos: “La obra presenta la Zaragoza heroica, la jota valiente y el culto unánime a la Virgen del Pilar, que une los corazones aragoneses ante la adversidad en una misma fe, tanto la de cristianos viejos como la de librepensadores. El último cuadro, en el que desfilan con un colorido extraordinario los gigantes y cabezudos ante la imagen de la virgen zaragozana al ritmo de la jota, toca la fibra de las más hondas raíces patrias y el público responde aclamando la escena enfebrecido. Sin duda, el triste coro de los repatriados cantando a la vista del Pilar sobre el puente del Ebro, es la escena más emotiva. El día del estreno, los aplausos hicieron que se repitiesen todos y cada uno de los cuadros. La protagonista, Lucrecia Arana, estuvo tan emocionada que no desarrolló las hermosas facultades que posee. El alborozo, la apelación patriótica, la jota y la Virgen del Pilar conforman el éxito zarzuelero de la Historia de España que comienza tras el desastre.” El desastre al que se refería el cronista de la época era la recientísima pérdida de la última posesión que le quedaba a España en tierras americanas, que sumió al país en un profundo dolor. La pérdida de Cuba fue la gota que colmó el vaso de la desesperación de los españoles ante la “ineptitud” de sus gobernantes, que veían como la que había sido hacía apenas dos siglos la primera potencia mundial a nivel económico, militar y cultural, se precipitaba hacia lo más profundo del abismo, e influyó tanto en la vida social y cultural que propició la desaparición del Género Chico, que se transformó en el “Genero Ínfimo”, y aquí el calificativo sí que hacía alusión a la calidad, aunque, como siempre, hubo sus excepciones. Por eso Gigantes y Cabezudos es una de las últimas grandes obras del Género Chico. La inclusión en la obra del “triste” (como dice el cronista de la época) coro de repatriados, que volvían de la recién perdida guerra de Cuba, fue sin duda una apuesta arriesgada, ya que suponía el dudoso gusto de “mentar la soga en casa del ahorcado”. El público muy dolido con esta tragedia nacional, podía haber rechazado el número y el resto de la obra. Pero no sólo no fue así, sino que el éxito del emotivo más que triste, y desde luego arrollador coro fue apoteósico, y posiblemente sea uno de los números de toda la historia del género lírico español, más cantado en conciertos y antologías. Jose A. Cantarero http://laszarzuelas.blogspot.com