La fractura metódica

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Educación secundaria y universidad:
La fractura metódica
Marcial Rubio C.
El desfase entre la educación secundaria y la universidad hace que quienes acceden
a esta última carezcan de las herramientas metodológicas y hasta de los hábitos
adecuados para estudiar. Pero el problema va más allá del sistema educativo
formal y demanda una voluntad de cambio en diversas instituciones.
La educación secundaria cumple teóricamente dos funciones, una independiente de la
educación superior y otra vinculada a ella.
La primera estriba en darle consistencia a la personalidad del estudiante: valores morales,
condición ciudadana, madurez emocional, aprendizaje de ciertas cosas que no puede dejar
de saber en el mundo moderno. Eso puede servir para que vaya a la universidad o a
cualquier otro sitio.
En cuanto a la segunda, la educación secundaria debería brindar una formación
metodológica en el arte de estudiar.
Es aquí donde se presentan una serie de problemas -unos que provienen de la educación
secundaria y otros de la universidad- que impiden que eso ocurra. Así, el estudiante llega a
la universidad sin tener una base metodológica para seguir estudios superiores.
Por un lado -problema de la universidad-, el examen de ingreso desfavorece la preparación
metodológica y alienta más bien el estudio memorístico y el adiestramiento en técnicas de
resolución de preguntas.
Por otro lado -problema de la secundaria-, la formación que se imparte pretende ser
enciclopédica y no atiende bien a las necesidades actuales del conocimiento.
Los contenidos están atrasados, probablemente varios años o decenios en relación a lo que
se debe saber; en el 90% de los colegios del Perú los métodos andan posiblemente por el
siglo XIX; asimismo, hay colegios donde los profesores no han tenido la oportunidad de
capacitarse y carecen no sólo de bibliotecas sino inclusive de libros de texto. La suma de
estas carencias y limitaciones impide que la educación secundaria cumpla con su cometido.
Desco / Revista Quehacer Nº 104 /Nov-Dic 1996
Saber estudiar
Hay unos pocos colegios que proporcionan a los estudiantes la formación necesaria para
avanzar en la vida universitaria porque tienen profesores calificados, cuentan con la
posibilidad de invertir en bibliotecas y computadoras, y pueden ofrecer un programa
diversificado que además del desarrollo de los currículos normales incluye la realización de
actividades complementarias.
Pero la inmensa mayoría de estudiantes -tanto de colegios estatales como privados- sólo
son buenos repetidores. En la universidad se topan con el pensamiento crítico, se enfrentan
a un sistema de evaluación que califica la capacidad de razonar y las lecturas que tienen que
hacer. Se encuentran con temas que no contienen una verdad indubitable sino que son
controvertibles. Es entonces cuando el alumno que aprendió a repetir, se enfrenta al
problema de que no sabe estudiar: tratará de memorizar, pero le irá pésimo porque lo que
tiene que hacer es entender.
Hay estudiantes que ni siquiera saben leer, que no saben usar los signos de puntuación y
que, por lo tanto, no entienden lo que leen.
En cambio, quienes llegan a la universidad con el hábito de la lectura -que están
acostumbrados a leer, no por obligación sino por propia iniciativa- constituyen una minoría.
La regla general, que conoce excepciones, es que la secundaria no enseña a los estudiantes
a razonar, ni los dota de las herramientas metodológicas para estudiar.
Frente a eso la universidad, en primer lugar, selecciona. En el Perú hay unos 7 millones de
estudiantes en la secundaria. Cada año ingresan al sistema universitario unos 90 mil
alumnos. Probablemente el número de estudiantes que acaban una carrera en los plazos que
la universidad ha prescrito para el desarrollo del respectivo currículo, no llegan ni al 20 por
ciento. La mayoría se demora un semestre, un año o un año y medio más.
En segundo lugar, posiblemente un 30 por ciento de los estudiantes que inician una carrera
nunca la acaban. Ello por diversas razones, una de las cuales es porque les va
académicamente mal. Eso también constituye una forma de selección.
En tercer lugar, hay universidades con distintos niveles de calidad, de la A a la Z. De ese
modo, algunos universitarios pueden transitar de una universidad a otra o de una carrera a
otra hasta encontrar aquélla que calza con su capacidad. Porque también en el sistema
universitario hay instituciones que no enseñan a pensar, que continúan el modelo
memorístico tan difundido en la escuela secundaria. Y son la mayoría.
Las universidades que cuentan con una biblioteca razonable no pasan de una docena.
Razonable significa que cuente con los textos esenciales y que alcancen para todos los
estudiantes que necesitan leer.
Cuando no es ése el caso, entonces la enseñanza está organizada de modo tal que los
alumnos puedan pasar los cursos sin mayores exigencias de lectura. El resultado es más que
mediocre.
Desco / Revista Quehacer Nº 104 /Nov-Dic 1996
Una universidad que quiere que sus alumnos lean invierte cientos de miles de dólares
anuales en su biblioteca.
Estudios Generales
Para suplir las deficiencias que traen los alumnos de la secundaria, algunas universidades
cuentan con los denominados Estudios Generales, previos al ingreso del alumno a la
especialidad propiamente dicha. Dependiendo de las universidades, duran uno o dos años.
Los Estudios Generales ofrecen las siguientes ventajas:
1. Brindan al estudiante la formación global que casi no tuvo en la secundaria y le permiten
conocer ciertas disciplinas - por lo menos en términos generales- que después le van a ser
útiles en su formación personal: siempre es mejor un ingeniero que puede hablar bien que
uno que no sabe hablar; siempre es mejor un abogado que sabe matemáticas que uno que no
las sabe y que de pronto, en el ejercicio de su carrera, se encuentra con que tiene que hacer
un cálculo de beneficios sociales y no sabe por dónde empezar.
2. El ingreso a la universidad se produce entre los 17 y los 18 años. Si el estudiante entra
directamente a una carrera se encasilla en un ámbito de especialización y después le va a
resultar difícil cambiar de especialidad porque va a perder muchos cursos. En cambio, si
ingresa a Estudios Generales, desde donde podrá acceder a seis o siete carreras, tendrá dos
años de una educación mucho más libre, rica y profunda, al cabo de los cuales contará con
mayor aplomo y madurez para tomar sus decisiones vocacionales.
3. Los Estudios Generales pueden complementar las deficiencias metodológicas de
aprendizaje que el estudiante trae de la secundaria. Allí recibirá cursos que contribuirán a
su formación, que lo dotarán de las estructuras teóricas y metodológicas con las que podrá
después abordar adecuadamente su carrera y entenderla mejor.
Actualmente el profesional tiene que estudiar su carrera tres o cuatro veces a lo largo de su
vida. La permanente renovación del conocimiento lo obliga a una constante actualización.
Para eso tiene que saber estudiar. Es por ello que una buena formación metodológica le
permitirá ser un buen profesional no sólo inmediatamente después de haber salido de la
universidad, sino a lo largo de toda su carrera.
Recurso del método
Cuando la mayoría de los estudiantes se enfrentan al curso de metodología en la
universidad, sienten que les están enseñando chino. Eso, porque nunca han reflexionado
metódicamente sobre lo que ven y oyen todos los días, no han aprendido a hacer una
síntesis, a relacionar, a inducir, a deducir. El entorno tendría que proporcionarles los
parámetros de conducta metodológica que luego habrán de procesar teóricamente, del
mismo modo como se aprende un idioma: hay que aprender la gramática en la vida como
paso previo a comprenderla en la teoría. Así como no se puede entender la gramática del
árabe si no se sabe árabe, igualmente no se puede aprender metodología si no se ha
trabajado metódicamente.
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éste es un problema cuya solución abarcará varias generaciones, pero hay que comenzar
hoy mismo para que de aquí a unos cuarenta años el herrero trabaje el fierro metódicamente
y el químico estudie química metódicamente.
Este desafío se enfrenta con un problema. La cultura actual es predominantemente visual.
Su medio emblemático es la televisión, que ofrece al televidente información en la que todo
está aparentemente resuelto y que no fomenta una actitud crítica, no promueve un
pensamiento metódico y estructurado.
En realidad, el esfuerzo por cambiar nuestros modos de pensar, de plantearnos los
problemas, de abordar las cosas, abarca a un conjunto de instituciones: desde la familia
hasta el Estado, pasando por la escuela y los medios de comunicación.
Cambios necesarios
Hay que comenzar por dotar a la gente con los métodos y herramientas para estudiar.
¿En cuántos hogares hay un libro que valga la pena? Debería -y podría- hacerse algo que se
hizo antes, cuando el país era aun más pobre: ediciones populares y masivas. Ahí están las
experiencias de Populibros, del Festival del Libro Peruano. Ahora eso probablemente sería
más barato.
La familia peruana quiere que sus hijos mejoren y hace todos los sacrificios para que eso
ocurra. Hay que saber cómo se hace. Enseñémosle a la madre de familia cómo debería
preparar a su hijo:
- Podría enseñarle a jugar con su lenguaje, a que encuentre, por ejemplo, las distintas
acepciones que tiene una misma palabra: llama es fuego, es un animal y el acto de llamar.
- Podría emplear juguetes baratos y creativos. De papel, por ejemplo, un material
abundante, con el que se pueden hacer maravillas. Pero, ¿cuántos niños juegan con papel en
el Perú?
- Muchas veces un niño tiene deficiencias de información porque cuando era pequeño no le
dejaban tirar cosas al piso: en un niño de dos años el tirar cosas no constituye una
malcriadez, sino una forma de experimentar cómo funcionan.
El sistema educativo debe promover la educación inicial, que es la etapa más importante de
la formación intelectual del niño. Pero todo el mundo cree que el nido es un sitio donde los
niños van para que los padres descansen o para que pierdan el tiempo jugando.
Tenemos que cambiar la escuela: cambiar todo lo que se enseña, así como la mentalidad y
la formación del maestro.
¿Qué debe saber un estudiante cuando acaba la secundaria? ¿Debe saberse los nombres de
los generales de Napoleón y el número de muertos en las batallas? ¿O debe saber que hubo
un proceso de liberalización en la Europa del ochocientos donde Napoleón jugó un
determinado papel?
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Si algo de lo que hizo Napoleón sirvió no fueron las batallas que ganó, sino la
transformación del mundo que produjo con sus leyes y sus economistas. Eso es lo que el
estudiante debe saber. Así, lo que toma dos clases de información memorística sobre las
batallas de Napoleón y sus generales, podría reducirse a algunos minutos de una
explicación jugosa del significado del proceso histórico del que fue actor.
¿Debería el estudiante secundario aprender a arreglar un enchufe? A fines del siglo XX, sí.
Pero eso no ocurre. Asimismo, debería salir del colegio sabiendo emplear una
computadora. En las actuales condiciones esto parece un sueño en el Perú. Pero tenemos
que plantearnos el objetivo, que, además, no es imposible.
Asimismo, la educación secundaria tendría que capacitar para el trabajo. A su vez, el
mercado de trabajo tendría que ser regulado de tal manera que esté en condiciones de
aceptar en buenos puestos a gente que carezca de un título profesional universitario. Eso es
posible y deseable. Acortaría el tiempo de estudios de la gente, le permitiría salir a trabajar
antes y descongestionaría las universidades, que podrían así dedicarse a hacer un trabajo
más serio que el que hacen ahora.
En el Perú tenemos ingenieros que han estudiado cinco años pero que, por ejemplo, están
contratados como soldadores porque no hay buenos soldadores. Entonces, deberíamos
producir soldadores que sean bien contratados como tales y menos y muy buenos
ingenieros. Eso es posible. Para ello el Estado tiene que tomar la iniciativa y concertar con
el sector privado.
¿Cómo podrían contribuir los medios de comunicación a mejorar la forma de razonar de la
gente? ¿Están interesados en que sus consumidores piensen?
Aquéllos de carácter comercial, al parecer, no. Pero en todas partes del mundo existen
medios no comerciales, que gozan de la protección del Estado y de ciertas instituciones de
la sociedad. éstos no se encuentran en los primeros lugares del rating, y llegan a un
porcentaje relativamente pequeño de la población. Pero su calidad no se mide por ese
criterio, sino por su aporte a la formación de quienes más adelante serán los líderes
intelectuales y profesionales de su comunidad.
Por ejemplo, si se instalara un canal donde los maestros se actualizaran gratis,
probablemente éstos lo sintonizarían masivamente.
Podría hacerse un pacto vinculado a la educación por el cual, al lado de la televisión
actualmente existente, se produjeran programas creativos que enseñaran a pensar
estructuradamente.
Asimismo, se podría llegar a un acuerdo para que, por ejemplo, entre las 6 y las 7 y 30 de la
noche no haya una sola telenovela, para que no distraiga a los estudiantes. A partir de las 7
y 30 y hasta las 10 de la noche, el llamado horario estelar, cada canal podría poner lo que le
da la gana, pero por lo menos un canal, el canal cultural, mantendría una programación
cultural sin la competencia de los demás.
Eso no sería atentar contra la libertad de prensa ni contra la libertad de empresa. Más bien
constituiría una colaboración razonable de la televisión a la cultura de la población.
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Todo esto demanda un ejercicio de voluntad. Hay pueblos que cambiaron su manera de ser
porque quisieron ser distintos. Nosotros también podemos cambiar.
¿Sirven los exámenes de ingreso?
Se objeta que el tipo de examen de ingreso a la universidad podría impedir que, por razones
ajenas a lo estrictamente académico, alumnos debidamente capacitados para seguir estudios
superiores no superen la prueba.
La adecuación del examen de ingreso puede ser medida. Uno de los indicadores es el
rendimiento de los alumnos que ingresan a la universidad. Por ejemplo, puede dividirse a
los alumnos en cuatro grupos, que corresponden a la distinta ubicación que lograron en el
orden de ingreso y hacerles un seguimiento a lo largo de su vida universitaria. Si al final de
la misma los que estaban en el primer grupo al ingresar se mantienen en el mismo y los que
estaban en el último siguen en ese lugar, eso significaría a grandes rasgos que el examen de
ingreso filtró apropiadamente a los estudiantes según su capacidad académica. Al contrario,
si al final los resultados en el examen de ingreso no tienen nada que ver con la posterior
historia universitaria de los alumnos, entonces o el instrumento de selección estuvo mal, o
la universidad está funcionando mal.
Sin embargo, muchas universidades no establecen esa correlación. Por lo tanto, no saben si
su examen de ingreso es bueno o malo.
Problemas por resolver
El gobierno anunció en algún momento su intención de establecer un examen de ingreso
único, que se tomaría simultáneamente en todas las universidades del país. El asunto
plantea algunos problemas:
- Según las estadísticas, en el Perú hay anualmente 300 mil postulantes para cubrir 90 mil
vacantes. ¿Cómo organizar un examen único para ese volumen de personas?
- ¿Qué garantía existe de que ese examen no se venda anticipadamente? (Pregunta que no
es banal en el Perú.)
- ¿Quién va a hacer el examen: el Ministerio de Educación, una universidad, el conjunto de
las universidades, profesores universitarios, profesores de secundaria de las diversas
regiones? Esto aparece hoy como un problema insalvable.
- Para poder hacer bien un examen de ingreso el mismo día habría que estar absolutamente
seguros de que todos los colegios acaban su labor oportunamente y de que todas las
universidades comienzan y acaban sus clases cuando deben. Pero eso no es así.
Un examen nacional único para el ingreso a las universidades es posible, pero a condición
de algunos pasos previos:
- Regularizar la vida escolar y universitaria, tanto respecto a cuándo comienza y cuándo
acaba el año académico, como a la velocidad con la cual se entregan documentos como el
certificado de notas.
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- Otro problema vinculado al anterior es la oportunidad en que se toma el examen. Por
ejemplo, si éste se realiza el 10 de enero probablemente no podrían participar aquellos
egresados de secundaria que tengan algún curso por subsanar, ya que los exámenes de
aplazados probablemente se estarían tomando apenas la primera semana de enero.
- Resolver la cuestión de la seguridad del examen, de modo que no haya «filtraciones» del
mismo antes de la prueba.
Lo más conveniente sería, tras resolver estos problemas, realizar pruebas piloto que
conduzcan, de aquí a trs o cuatro años, a un examen nacional único.
¿Qué impacto tendría el examen único sobre la educación secundaria?
Si el examen se toma en enero, ningún recién egresado de la secundaria podría hacer un
ciclo de preparación para el ingreso a la universidad. Lo que va a ocurrir es que los
estudiantes del último año de secundaria acudirán a las academias, que les ofrecerán esos
ciclos a partir de marzo o agosto. Eso desnaturalizará aún más el quinto de media, que los
estudiantes ya llevan mal.
¿Y la curiosidad científica?
En comparación con el estudiante de antes de la década del 80, el de los últimos diez o
quince años tiene un interés menor por la investigación.
En eso probablemente tiene que ver el cambio que desde entonces ha experimentado el
mundo. Ahora el conocimiento evoluciona más rápido. El aprender las nuevas tecnologías
constituye algo importante. Pero también hay un menor interés por el conocimiento
profundo. Eso se debe principalmente a que la gente está cada vez más acostumbrada a
recibir información en pequeñas «pastillas». De ese modo pierde la capacidad de asombro:
se informa pero no se pregunta.
Casi nadie sale de los colegios capacitado para investigar, ni siquiera para exponer
adecuadamente y de modo sistemático un tema. Los estudiantes generalmente no saben
cómo realizar un análisis o una síntesis; tampoco cómo plantearse y diseñar los problemas,
y a veces ni siquiera cómo hacer una ficha que identifique un libro. Casi nadie trae ese
aprestamiento del colegio, y a casi nadie se lo enseñan en las universidades.
El problema de la investigación es dramático y ha empeorado ahora que no es necesaria la
presentación de una tesis para obtener el bachillerato. Así, algunos de los nuevos
profesionales nunca tienen una experiencia previa de investigación; les basta aprobar todos
sus cursos para graduarse.
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