La Trasfiguración del Señor

Anuncio
La Trasfiguración del Señor
Moisés y Elías hablaban de su muerte
Lc 9,28b-36
ANTÍFONA DE ENTRADA (Cf Mt 17,59)
En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo y se oyó la voz del Padre que decía: Éste es mi
Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
ORACIÓN COLECTA
Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con
el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos
tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto,
seamos un día coherederos de su gloria.
PRIMERA LECTURA (Dn 7,9-10.13-14)
Su vestido era blanco como nieve
Lectura de la Profecía de Daniel
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como
nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río
impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.
Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las
nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron
poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y
no pasa, su reino no tendrá fin.
SALMO RESPONSORIAL (96, 1-2. 5-6.9)
R/. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.
Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.
SEGUNDA LECTURA (Pe 1, 16-19)
Esta voz del cielo la oímos nosotros
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro.
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor
Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su
grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz:
«Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él
en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle
atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero
nazca en vuestros corazones.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO (Mt 17,5c)
R/. Aleluya, aleluya
Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
R/. Aleluya, aleluya
EVANGELIO (Lc 9,28b-36)
Moisés y Elías hablaban de su muerte
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar.
Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos
hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su
muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y,
espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban,
dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para
Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube
que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el
escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por
el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, nuestras ofrendas por la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito y, con los
resplandores de su luz, límpianos de las manchas de nuestros pecados.
PREFACIO
El misterio de la Transfiguración
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor, manifestó su gloria a unos testigos predilectos, y les dio a conocer en
su cuerpo, en todo semejante al nuestro, el resplandor de la divinidad.
De esta forma, ante la proximidad de la pasión, fortaleció la fe de los apóstoles, para que
sobrellevasen el escándalo de la cruz, y alentó la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la
claridad que brillará un día en todo el cuerpo que le reconoce como cabeza suya.
Por eso ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo: Santo,
Santo, Santo…
ANTÍFONA DE COMUNIÓN (1 Jn 3,2)
Cuando e manifieste, Cristo seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
ORACIÓN DESPUÉS DE COMUNIÓN
Los celestes alimentos que hemos recibido, Señor, nos transformen en imagen de tu Hijo, cuya
gloria nos ha manifestado en el misterio de la Transfiguración.
Lectio
Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual
Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia,
Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y
muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de
vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos
oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la
fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como
fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has
revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
Introducción
Para poder entender el relato que nos describe el evangelista Lucas, es necesario comprender la
palabra transfiguración. Ésta proviene del griego y significa cambio de forma o de figura. No es una
metamorfosis al estilo pagano, es decir, un cambio sustancial de su esencia. En el caso de Jesús es
un cambio de apariencia, de su figura, para mostrar Su gloria.
Este acontecimiento en el monte, sucede después de una semana en que Pedro había confesado que
Jesús era el Cristo (Lc. 9:18-20) y del anuncio de su muerte (Lc. 9:21-27). Este hecho es la
confirmación de la revelación de Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios. Ésta es una experiencia
similar a la de su bautismo (Lc. 3:21-22). Su gloria es revelada no sólo por sus hechos, sino de un
modo más personal y que significa su presencia real, porque el reino está en medio de su pueblo. De
ahí que la transfiguración es un punto central de la revelación del reino de Dios, el cual está
relacionado con el Antiguo Testamento y muestra la forma en que Cristo lo cumple, luego vuelve la
mirada hacia los grandes acontecimientos de la cruz, la resurrección, la ascensión, y su segunda
venida.
Reflexión
Después que Jesús anuncia su pascua a sus discípulos (9,18-22) e invita a seguirlo negándose a sí
mismo y cargando la cruz (9,23-27), en este texto se muestra transfigurado frente a Pedro, Juan y
Santiago. Después de presentar a los personajes, el lugar y el motivo de la subida al monte (v.28), el
evangelista describe la transfiguración y la aparición de Moisés y Elías que conversan con Jesús
(vv.29-31). Se muestra luego la reacción de Pedro y sus compañeros (vv.32s) y al final los cubre
una nube y surge la voz del cielo (vv.34-36a). Finalmente la escena cierra con el silencio de los
discípulos (v.36b).
Lucas muestra con frecuencia a Jesús orando (3,18; 6,12; 9,18; 22,39ss). El encuentro de Jesús con
el Padre es transformante: su aspecto cambia y sus vestidos se muestran luminosos, signo de la
gloria de su origen como Hijo de Dios. En la escena aparecen también Moisés y Elías que son los
representantes de la Ley y los Profetas en el Antiguo Testamento. Y con Jesús hablan de su partida
(“éxodo” en griego) que debería cumplirse en Jerusalén. El Antiguo Testamento ya estaba
anunciando esa partida, que no es sólo de sufrimiento al pasar por la cruz, sino que es también llena
de gloria, que se anticipa en la transfiguración. De hecho cuando Jesús se encuentra con los
discípulos de Emaús les preguntará: “¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera esto y
entrara así en su gloria?” (24,26).
La reacción de Pedro y los otros discípulos muestra debilidad: tienen sueño aunque permanecen
despiertos, lo que indica que la debilidad no dispensa de la propia responsabilidad y el esfuerzo,
aunque parece que no se ven los frutos, pues la pregunta que formula revela la incomprensión de
lo que sucede: “no sabía lo que decía”. Los discípulos son débiles y no comprenden, pero esto no
les impide ser discípulos, contemplar a Jesús transfigurado y escuchar la voz que saldrá de la nube.
Después de las palabras de Pedro, se escuchan las palabras que vienen de la nube. En el Antiguo
Testamento la nube es un signo de la manifestación de Dios, como la gloria divina que cubre la
tienda del encuentro cuando Dios viene sobre ella (ver Ex 40,34). Los discípulos, aunque débiles,
entran en la nube de la presencia divina y allí se escucha la voz, que esta vez no está dirigida a Jesús
como en el bautismo (ver 3.22) sino a los discípulos: “Este es mi Hijo amado, escúchenle” (9,35).
La voz del Padre confirma la identidad de su Hijo, y manda escucharlo, y escuchar en la
perspectiva bíblica es obedecer, poner en práctica lo que se escucha. Es la escucha y la puesta en
práctica de la palabra de Jesús lo que conduce a los discípulos.
Pidámosle al Señor que nos enseñe hoy a escucharle, y a hacer su obra en nosotros
Si supiéramos escuchar a Dios oiríamos su voz. Porque Dios nos habla. Ha hablado en su
Evangelio. Y habla todavía hoy en la vida.
El resplandor de la Trasfiguración revela que la vida destinada a ser nuestra es completa. Para
alcanzar nuestro verdadero estado, debemos primero rechazar los estándares pequeños que usamos
para medir nuestra vida. La Trasfiguración nos invita a una configuración. Al mirar la gloria que
brota de cada poro de Jesús Transfigurado, nos deshacemos de nuestro egoismo, enojos y lujuria y
tomamos nuestro lugar en el brillo del Hijo de Dios. Porque mientras contemplamos, paralizados
por el resplandor, traspasados por esta luz, Jesús nos observa a nosotros. La luminosidad de
Nuestro Señor es una mirada de amor a nuestros corazones, nos da valentía para renunciar a nuestra
vida superficial y cambiarla por una vida transparente idéntica a la suya. Este es el significado de
ser Luces del Mundo – un farol. Los cristianos debiéramos acostumbrarnos a dejarnos impregnar
de luz y amor, que ve hasta lo más secreto de nuestro ser. En silencio desde su Tabor, el Salvador
nos ruega: “¡Conviértanse en lo que son!”.
Apéndice
La Transfiguración en el Catecismo de la Iglesia católica
Una visión anticipada del Reino: La Transfiguración.
554 A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro
"comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir [...] y ser condenado a
muerte y resucitar al tercer día" (Mt 16, 21): Pedro rechazó este anuncio (cf. Mt 16, 22-23), los
otros no lo comprendieron mejor (cf. Mt 17, 23; Lc 9, 45). En este contexto se sitúa el episodio
misterioso de la Transfiguración de Jesús (cf. Mt 17, 1-8 par.; 2 P 1, 16-18), sobre una montaña,
ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se
pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le "hablaban de su partida, que
estaba para cumplirse en Jerusalén" (Lc 9, 31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo
que decía: "Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle" (Lc 9, 35).
555 Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra
también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén.
Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado
los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del
Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios (cf. Is 42, 1). La nube indica la presencia del Espíritu
Santo: Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara ("Apareció toda
la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa" (Santo
Tomás de Aquino, S.th. 3, q. 45, a. 4, ad 2):
«En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto
podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado, entenderían que padecías libremente, y
anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor del Padre» (Liturgia bizantina, Himno
Breve de la festividad de la Transfiguración del Señor)
556 En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por
el bautismo de Jesús "fue manifestado el misterio de la primera regeneración": nuestro Bautismo;
la Transfiguración "es sacramento de la segunda regeneración": nuestra propia resurrección (Santo
Tomás de Aquino, S.Th., 3, q. 45, a. 4, ad 2). Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección
del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La
Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo "el cual
transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3, 21). Pero
ella nos recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en
el Reino de Dios" (Hch 14, 22):
«Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña (cf. Lc 9, 33).
Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende
para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La
Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende
para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?» (San
Agustín, Sermo, 78, 6: PL 38, 492-493).
Descargar