"Hijos de' botellón' padres en la inopia"

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Página 8
finanzas públicas de España, debido a las crecientes presiones
económicas y políticas”, advierte
en un comunicado. Página 23
Hijos de
‘botellón’, padres
en la inopia
Un estudio revela una
brecha generacional
ante el abuso del alcohol
vida&artes
Los padres viven el consumo de
alcohol de los menores entre la
permisividad, la ignorancia y el temor. El estudio Jóvenes y alcohol,
elaborado por la Fundación Pfizer, refleja un abismo entre lo que
piensan los adolescentes y sus progenitores.
Páginas 34 y 35
Fecha:
11/10/2012
Sección: PORTADA
Páginas: 1,34-35
vida&artes
a los11/10/2012
sensores
Fecha:
de las células
Sección: PORTADA
Páginas: 1,34-35
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El hijo de ‘botellón’,
los padres en la inopia
El 44% de los progenitores de menores que toman alcohol
ignora que esto sucede P La mitad autoriza el consumo
EMILIO DE BENITO
Entre la permisividad, la ignorancia y el temor. Así viven los padres y madres españoles el consumo de alcohol de sus hijos menores de edad, según el estudio Jóvenes y alcohol de la Fundación Pfizer. Aunque el título es engañoso.
Porque lo relevante no es tanto
que este trabajo, en línea con
otros como las encuestas Estudes
del Plan Nacional sobre Drogas,
reflejen que una gran mayoría de
los menores bebe. Sino que enfrenta este hecho con lo que piensan sus padres. Y ahí se ve que la
expresión “brecha generacional”
es algo más que una metáfora.
Empecemos por la pregunta
más sencilla: ¿Con qué frecuencia, en términos generales, sueles tomar bebidas alcohólicas?
De los chavales de entre 12 y 18
años, el 34,3% contesta que lo hace al menos una vez al mes. Pero
sus padres creen que eso sucede
solo con el 19,1% de sus hijos. La
diferencia son 15,2 puntos, un
44% de error.
Tampoco hay acierto sobre
cuándo empezó a beber el hijo (o
la hija, que el masculino genérico
no debe ocultar que la igualdad
entre ambos sexos es cada vez mayor). Los chicos dicen que lo hicieron con 13,7 años de media (un
dato que coincide con el del Plan
Nacional sobre Drogas, y que casi
no varía año a año). Los padres,
creen, en cambio, que fue a los 15.
El anuncio publicitario de la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) con un padre que
niega que el adolescente borra-
Los brindis de las
fiestas familiares
son una vía de
iniciación frecuente
El 15% de
la población tiene
una predisposición
a la adicción
La edad media
para empezar
a beber está
en los 13,7 años
El 8% de los
chavales de menos
de 10 años ya ha
probado los licores
cho que habían visto los vecinos
fuera el suyo no puede ser más
acertado. Javier Quiroga, jefe de
la unidad de Comunicaciones del
Samur (Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate) de
Madrid, coincide, por su experiencia, en esa apreciación. “Padres
que lo niegan o dicen que a sus
hijos les han echado algo en la
esos tipos de bebidas, festivas y
esporádicas, suelen ser parte de
comidas y celebraciones familiares. Y los progenitores saben que
sus hijos las toman porque lo hacen en su presencia.
Este aspecto lleva a otro punto
del estudio, como refleja Baca: la
permisividad de los padres. Hay
una pregunta en la que las respuestas de los hijos y lo que dicen
sus padre y madres coinciden bastante: en si beben con permiso. Y
es que un 53,7% de los padres y
madres lo permiten, en casa o fuera de ella, según los adolescentes.
“Esta respuesta, tan llamativa,
es de las que no me creo”, dice el
psiquiatra de la Universidad Autónoma de Barcelona Miguel Casas.
Baca y Pedro Núñez Morgades,
ex Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid y también patrono de la Fundación Pfizer, coin-
El botellón es una forma de iniciación a la bebida entre los chavales. / claudio álvarez
copa parecen un chiste, pero son
reales”.
Con esa edad media de inicio,
eso quiere decir que hay muchos
menores de los 13 años que beben desde antes, resalta Enrique
Baca, catedrático en Psiquiatría
de la Universidad Autónoma de
Madrid y patrono de la Fundación Pfizer. “El 8,1% empezó a be-
ber antes de los 10, y el 20,5% antes de los 12. El grueso, el 55%, lo
hace entre los 13 y los 15”, destaca. A partir de ahí, los porcentajes
bajan mucho (lógico, porque la
mayoría ya se ha iniciado en el
consumo, y quedan los más reacios).
Este ejercicio de comparar los
aciertos entre lo que dicen los hi-
jos y lo que sus padres creen que
saben se puede repetir en casi todas las preguntas del trabajo. La
equivocación es del 33% si se le
pregunta a los padres si sus hijos
toman licores fuertes, por ejemplo. Eso sí, clavan la respuesta sobre el consumo de champán y cava o de licores de frutas. ¿Es pura
casualidad? Quizá no. Porque
ciden. “Los padres saben lo que
tienen que contestar, lo que queda bien”. Por eso, lo más probable, apuntan estos expertos, es
que el porcentaje real sea superior: son todavía más los progenitores que —“por desconocimiento
o impotencia, sobre todo a partir
de los 16 años”, matizó Núñez
Morgades—, dejan que sus hijos
beban.
Los datos van en esta línea. Para empezar, hay una clara relación entre padres bebedores e hijos que también lo hacen. Y más
del 40% de los chavales se iniciaron en familia. Las repuestas
aquí también son bastante coincidentes: los hijos dicen que eso sucedió en el 41,3% de las ocasiones
y los padres —quizá por aquella
tontería de “que aprendan conmigo”, dijo Núñez Morgades—
creen que pasó el 45,4% de las
ocasiones.
El tema del aprendizaje no es
un asunto menor. Porque lo que
no se puede perder de vista es
que el alcohol es dañino. Afecta al
desarrollo intelectual y físico de
los menores, aunque estos todavía tienen una serie de mitos al
respecto, como que si solo se bebe de vez en cuando (los fines de
semana) no hace daño, dijo Núñez Morgades. “Ven sus efectos
como algo lejano”, y opinan que
“no engancha como otras drogas”, añadió.
Los expertos coinciden en señalar en que la formación es clave. E incluso alguno, como Casas,
cree que parte de ese aprendizaje
está en el propio consumo. “España es un país vitivinícola, donde
el alcohol está presente en todo,
desde las fiestas a la religión”, re-
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Fecha:
11/10/2012
deporte
español
Sección: PORTADA
Páginas: 1,34-35
Jóvenes, padres y alcohol
Encuesta realizada entre 750 jóvenes de 12 a 18 años y sus padres
Lo que dicen los jóvenes
Lo que piensan sus padres
FRECUENCIA EN EL
CONSUMO DE ALCOHOL
CON QUIÉN CONSUMIÓ LA
PRIMERA BEBIDA ALCOHÓLICA
En %
En %
0,3
0
3,2
1,5
6,9
5,7
14,8
7,5
9,1
4,4
22
18,7
A diario o casi a diario
Varios días a la semana
Un día a la semana
Un par de veces al mes
Un día al mes
Menos de un día al mes
56,1
Cada 15 días
Una vez al mes
41,3
45,4
Cada dos o tres meses
Con amigos
28,9
Cada seis meses
Una vez al año
31,2
Con los padres
Con menos frecuencia
60,7
0,5
1,5
Ns/Nc
Una vez por semana
52
43,2
Sin consumo en el último año
ASISTENCIA AL ‘BOTELLÓN’
En %
4
1,5
5,9
1,6
9
3,4
8,9
3,7
4,5
2,6
4,9
3
3,6
1,8
58,9
Nunca va de botellón
Con otros familiares
Ns/Nc
¿TE DEJAN BEBER?
81,1
0,3
1,3
BORRACHERAS EN EL ‘BOTELLÓN’
En %
En %
55,4
MADRE
52,4
PADRE
48,8
45,3
43,9
41,7
43
40,5
13,7
11,9
9,9
Sí, en
cualquier
sitio
Sí, pero
no en
casa
2,1
9,2
36,8
36,4
35,4
35,4
Todas
las veces
La mayoría
de las veces
De vez
en cuando
33,9
Nunca
54,4
De vez
en cuando
29,1
Nunca
69,8
“Las medidas
restrictivas
no sirven”,
dice un experto
El alcohol daña
el cerebro
y el desarrollo
de los adolescentes
7,5
Total
Sí
No, en
absoluto
Sí, en
cualquier
sitio
Sí, pero
no en
casa
Total
Sí
No, en
absoluto
Ns/Nc
0,4
1,2
EL PAÍS
Fuente: Fundación Pfizer.
saltó Casas. “Es inherente a nuestra sociedad”, añadió. Por eso, el
psiquiatra, que también trabaja
en el hospital Vall d'Hebrón de
Barcelona, dice en este sentido
que, muchas veces, “quienes peor
beben son los que tienen poca
práctica”. Este experto cree que
insistir en medidas represivas es
Ns/Nc
trás de los problemas de adicción. “El 85% aprende a beber sin
complicaciones, el otro 15% es el
que está en peligro”. “Ellos son
los que se emborrachan en los
botellones, los que al llegar a la
adolescencia empiezan con el
consumo de drogas y a los que
hay que tratar. Porque la adicción no es por vago, por el paro o
factores socioculturales; es una
enfermedad de causas biológicas”, insiste el experto.
Este planteamiento no es cómodo, porque parece tener un
cierto componente de determinismo, de predisposición genética al
alcoholismo. Casas lo defiende, y
cree que lo importante es saberlo
para actuar. Por eso, él cree que
el peligro no está en el botellón
—“solo el 10,3% se emborracha en
ellos la mayoría de las veces, lo
que coincide con ese 15% de pre-
un esfuerzo inútil. “¡Si no hemos
conseguido erradicar el consumo
de hachís o cocaína!”, comenta.
Lo que pasa es que hay que saber
beber. “¿Tiene peligros? Desde
luego. Pero también los tienen las
bicicletas. En Holanda sería absurdo que no dejaran usarlas hasta los 18 años. Acabarían atrope-
llados por un tranvía”, pone como
ejemplo. Otra cosa es que él cree
que hay que vigilar esos primeros
años de contacto con la bebida,
peligrosos pero inevitables. Entre
lo que se podría hacer está educar a los chavales para que se vigilen unos a otros. No en el sentido
de reprimirse, sino en el de estar
al tanto. “Si cuando sale un grupo
siempre es el mismo el que pierde el conocimiento, es que algo le
pasa”.
Casas es de la opinión de que
hay una serie de factores —sobre
todo problemas psiquiátricos como el trastorno por déficit de
atención e hiperactividad— de-
disposición biológica”—, señala.
Con este estudio, el debate de
las medidas para combatir el consumo excesivo tiene nuevos argumentos. “Hablar con los niños, y
no a los niños”, dice Núñez Morgades. El alcohol está ahí, y la
cuestión está en abordarlo sobriamente.
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