XIV No desprecian a un profeta más que en su tierra

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XIV Domingo del Tiempo Ordinario
No desprecian a un profeta más que en su tierra
(Mc 6,1-1)
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 47,10- 11)
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: con tu renombre, oh Dios, tu alabanza,
llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.
ORACIÓN COLECTA
Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus
fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen
también la felicidad eterna.
PRIMERA LECTURA (Ez 2,2-5)
Soy un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos
Lectura del Libro de Ezequiel
En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te
envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han
ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para
que les digas: ‘Esto dice el Señor’. Ellos, te hagan caso o no hagan caso (pues son un pueblo
rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 122)
R/. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
A ti levanto mis ojos
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores R/.
Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor nuestro,
esperando su misericordia. R/.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos. R/.
SEGUNDA LECTURA (2 Co 12,7b-10)
Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Lectura de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios
Hermanos: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de
Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces le he pedido al Señor verme liberado
de él y me ha respondido: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a
gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo
contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones, y las
dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO (Lc 4,18)
R/. Aleluya, aleluya
El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres.
R/. Aleluya, aleluya
EVANGELIO (Mc 6,1-6)
No desprecian a un profeta más que en su tierra
+ Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado,
empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca eso?
¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el hijo del
carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Santiago y Simón? ¿Y sus
hermanas no viven aquí?» Y desconfiaban de él. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más
que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó
algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos
del contorno enseñando.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique y cada día nos haga participar con mayor
plenitud de la vida del reino glorioso.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN (Sal 33,9)
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.
o bien (Mt 11,28)
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados, Señor, con un sacramento tan admirable, concédenos sus frutos de salvación y haz
que perseveremos siempre cantando tu alabanza.
Lectio
El Evangelio que se nos proclama en este XIV Domingo del Tiempo Ordinario nos presenta a Jesús
predicando en la sinagoga de Nazaret. Se trata de un relato que narran los tres Evangelios
sinópticos. Hoy escucharemos el relato de este episodio según san Marcos
Los conciudadanos de Nazaret no se hacían ningún problema al reconocer en Jesús la sabiduría y el
poder divino manifestados en sus enseñanzas y milagros. Pero lo que no lograban comprender es
cómo Dios se hubiese revelado plena y completamente en el hijo del carpintero y de María, del que
sabían todo desde que era niño. Los que resulta un escándalo para la gente de Nazaret.
Contexto
Continuamos avanzando en el evangelio de Marcos y llegamos al final de la segunda
sección (3,7-6,6a). Jesús ha continuado haciendo presente la soberanía de Dios, que pone vida y
dignidad por doquier, pero, al igual que en la primera sección, lo que es una experiencia gozosa
para unos, se convierte en motivo de rechazo para otros. En este caso, la sección termina con el
rechazo de sus paisanos de Nazaret.
El conflicto crece. La reacción de Jesús consistirá en el envío de sus misioneros, discípulos que
se hacen apóstoles (6,7-13.30) para que expandan la soberanía de Dios por todas partes.
Estructura
El evangelista comienza ambientándonos, describiéndonos el lugar, el día, los personajes y la
circunstancia:
- Lugar: Nazaret, la sinagoga
- Día: Sábado
- Personajes: Jesús, los discípulos, los participantes en el culto sinagogal
- Circunstancia: el culto sinagogal
Además de estos datos, hay algo notable: que Jesús tome la iniciativa para ir a evangelizar a
quienes lo conocen desde niño. Antes era la gente la que venía donde él a buscarlo, escucharlo
y pedirle ayuda. Jesús tiene ganas de hablarle a su gente.
En este pasaje llama la atención la falta de acogida, el desprecio incluso que los paisanos de Jesús
muestras hacia Él. Para empezar llega a Nazaret y nadie parece interesarse por su llegada, sin
embargo en Cafarnaúm en cuanto se sabía que estaba en casa no lo dejaban tranquilo. Aquí en
Nazaret Jesús debe esperar a que llegue el sábado para poderse encontrar con la gente en la
Sinagoga.
Los presenten se asombran de su enseñanza pero en sentido negativo. Saben que Jesús no ha
asistido a las escuelas rabínicas, no es un estudioso de la ley, por tanto sospechan que su sabiduría
puede provenir de Satanás. Además dicen de él que es el hijo de María, afirmación que llama la
atención, pues en la época hubiesen dicho que era el hijo de José, pero no se hacía referencia a la
madre, si lo hacen es porque ven que Jesús no actúa como su padre José, es decir, según la
tradición. Además hacen una valoración de él por sus parientes cercanos y su oficio, es decir, por
referencia a su familia de origen.
Elementos que sobresalen
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La gente de Cafarnaún había aceptado maravillada la enseñanza de Jesús (cf. Mc 1,22),
pero la gente de Nazaret se escandaliza de la misma enseñanza. Les cuesta aceptar que
“uno de tantos”, un “carpintero”, tuviera esa sabiduría y esa capacidad de obrar milagros,
esa capacidad de hacer presente a Dios. Jesús no tenía apariencia de superhéroe y quizá fue
eso lo que cerró a la fe a sus paisanos. ¿Cuáles son los obstáculos que debilitan
nuestra fe?
Es un texto de “maravillas y asombros”: los nazarenos se maravillan, pero les lleva al
escándalo; el nazareno se asombra de la falta de fe de sus paisanos. El texto recoge
impactos, no indiferencia; sentimientos fuertes, no apatía o desinterés. ¿Qué nos
maravilla y escandaliza de Jesús? ¿Qué, de nuestra vida y nuestra fe, le hará
asombrarse a Jesús?
La frase de Jesús en el v. 4 es considerablemente fuerte. Su generalidad nos alcanza.
¿Sentimos “desprecio” en nuestros ambientes y familias por ser fieles al
Evangelio? ¿O sacrificamos algo para no “perder la fama” entre los nuestros?
La fe, que aquí es una actitud de confianza desmedida en la persona de Jesús, es condición
indispensable para que sus obras de poder sean experimentadas. La fe se
manifiesta en una manera nueva de ver la realidad y de insertarse en ella, viendo y
sintiendo la presencia salvadora de Jesús/Dios. ¿Cómo es nuestra fe? Muy discretamente el
texto comienza diciendo que los discípulos, mudos aquí, siguen a Jesús. Es la marca del
discipulado en Marcos: ir detrás de Jesús. ¿En qué aspectos seguimos a Jesús? ¿En
cuáles no?
Para profundizar
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¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»?
-
En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y
superficial?
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¿No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje?
-
¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora?
-
¿No tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?
-
Esta era la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don
de Profecía. Revisadlo todo y quedaos solo con lo bueno» (1 Tes 5,19-21). ¿No
necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?
Meditación
La “anécdota” evangélica, a propósito del viaje de Jesús a su pueblo, revela lo que suele ser
un funcionamiento frecuente entre las personas que, a su vez, pone de manifiesto la
inconsistencia de donde nace. En nuestra convivencia no es raro cruzarnos con gente que
vive llena de prejuicios. Si nos dejamos guiar por ellos llegamos a descalificar a los demás
de manera muy injusta. Eso le ocurrió a Jesús.
No es extraño que el ser humano se mueva entre la credulidad ingenua y la desconfianza
preventiva. Ambas actitudes denotan falta de libertad interior y de confianza en sí mismo.
El episodio del Evangelio nos enseña algo importante. Jesús nos deja libres; propone, no
impone sus dones. Aquel día, ante el rechazo de sus paisanos, Jesús no se abandonó a
amenazas e invectivas. No dijo, indignado, como se cuenta que hizo Publio Escipión, el
africano, dejando Roma: «Ingrata patria, ¡no tendrás mis huesos!». Sencillamente se
marchó a otro lugar. Una vez no fue recibido en cierto pueblo; los discípulos indignados le
propusieron hacer bajar fuego del cielo, pero Jesús se volvió y les reprendió (Lc 9, 54).
Así actúa también hoy. «Dios es tímido». Tiene mucho más respeto de nuestra libertad que
la que tenemos nosotros mismos, los unos de la de los otros. Esto crea una gran
responsabilidad. San Agustín decía: «Tengo miedo de Jesús que pasa» (Timeo Jesum
transeuntem). Podría, en efecto, pasar sin que me percate, pasar sin que yo esté dispuesto a
acogerle.
Su paso es siempre un paso de gracia. Marcos dice sintéticamente que, habiendo llegado a
Nazaret en sábado, Jesús «se puso a enseñar en la sinagoga». Pero el Evangelio de Lucas
especifica también qué enseñó y qué dijo aquel sábado. Dijo que había venido «para
anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos y la vista
a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor»
(Lucas 4, 18-19).
Lo que Jesús proclamaba en la sinagoga de Nazaret era, por lo tanto, el primer jubileo
cristiano de la historia, el primer gran «año de gracia», del que todos los jubileos y «años
santos» son una conmemoración.
Apéndice
Del Catecismo de la Iglesia Católica
Jesús es el Mesías anunciado
547: Jesús acompaña sus palabras con numerosos “milagros, prodigios y signos” (Hech 2,
22) que manifiestan que el Reino está presente en Él. Ellos atestiguan que Jesús es el
Mesías anunciado.
548: Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado. Invitan a
creer en Jesús. Concede lo que le piden a los que acuden a Él con fe. Por tanto, los milagros
fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que Él es Hijo de
Dios. Pero también pueden ser “ocasión de escándalo” (Mt 11, 6). No pretenden satisfacer
la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado
por algunos (ver Jn 11, 47-48); incluso se le acusa de obrar movido por los demonios.
2089 La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de
prestarle asentimiento. “Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el
bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre
la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al
Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos” (CIC can.
751).
Debemos tener fe en el Señor
2609: Decidido así el corazón a convertirse, aprende a orar en la fe. La fe es una adhesión
filial a Dios, más allá de lo que nosotros sentimos y comprendemos. Se ha hecho posible
porque el Hijo amado nos abre el acceso al Padre. Puede pedirnos que “busquemos” y que
“llamemos” porque Él es la puerta y el camino.
2610: Del mismo modo que Jesús ora al Padre y le da gracias antes de recibir sus dones,
nos enseña esta audacia filial: “todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis
recibido” (Mc 11, 24). Tal es la fuerza de la oración, “todo es posible para quien cree” (Mc
9, 23), con una fe “que no duda” (Mt 21, 22). Tanto como Jesús se entristece por la “falta
de fe” de los de Nazaret (Mc 6, 6) y la “poca fe” de sus discípulos (Mt 8, 26), así se admira
ante la “gran fe” del centurión romano y de la cananea.
2732: La tentación más frecuente [en la oración], la más oculta, es nuestra falta de fe. Ésta
se expresa menos en una incredulidad declarada que en unas preferencias de hecho. Cuando
se empieza a orar, se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran
más urgentes; una vez más, es el momento de la verdad del corazón y de clarificar
preferencias.
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