I Domingo de Cuaresma

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I Domingo de Cuaresma
Jesús ayuna cuarenta días y es tentado
(Mt 4,1-11)
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 90, 15-16)
Me invocará y yo lo escucharé; lo defenderé, lo saciaré de largos días.
ORACIÓN COLECTA
Al celebrar un año más la santa Cuaresma concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la
inteligencia del misterio de Cristo, y vivirlo en su plenitud
PRIMERA LECTURA (Gn 2,7-9; 3,1-7)
Creación y pecado de los primeros padres
Lectura del Libro del Génesis
El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el
hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en
él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles
hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del
conocimiento del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el
Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Como es que os ha dicho Dios que no comáis de
ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podernos comer los frutos de los
árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No
comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."» La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis.
Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el
conocimiento del bien y el mal.» La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable,
porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se
les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de
higuera y se las ciñeron.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 50 3-4. 5-6a. 12-13. 14)
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
SEGUNDA LECTURA (5, 12-19)
Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y
así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había
pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó
desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de
Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el
don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don
de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay
proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a
partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud
de delitos, acaba en sentencia absolutoria. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la
muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo,, vivirán y
reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.
En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la
justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la
obediencia de uno todos se convertirán en justos.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO (Mt 4,4b)
R/. Aleluya, aleluya
No solo de pan vive el hombre, sino de oda palabra que sale de la boca de Dios.
R/. Aleluya, aleluya
EVANGELIO (Mt 4, 1-11)
Jesús ayuna cuarenta días y es tentado
Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y
después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le
acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le
contestó, diciendo: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios."» Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le
dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de
ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."» Jesús le dijo:
«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."» Después el diablo lo lleva a una montaña
altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y
me adoras.» Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios,
adorarás y a él solo darás culto."» Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.
Se dice «Credo»
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te rogamos, Señor, que nuestra vida sea conforme con las ofrendas que te presentamos y que
inauguran el camina hacia la Pascua
PREFACIO
Las tentaciones del Señor
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Por Cristo nuestro Señor.
El cual, al abstenerse durante cuarenta días
de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.
Por eso, con los ángeles y santos,
te cantamos el himno de alabanza,
diciendo sin cesar:
Santo, Santo, santo.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN (Mt 4,4)
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
o bien (Sal 90,4)
El Señor te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te
rogamos, Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñes
a vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca.
Lectio
A partir de hoy entramos en el itinerario Dominical de la Cuaresma. Nuestro recorrido de 40 días
nos llevará hasta la Pascua del Señor, en la cual, apoyados en la victoria de Jesús sobre la muerte y
el pecado diremos junto con la comunidad: “no” a Satanás y “sí” a Dios.
El primer domingo de Cuaresma es conocido como “de las Tentaciones”. Nos encontramos con un
rostro de Jesús poco habitual, pero de todas maneras, verdadero. Jesús acaba de ser bautizado en el
Jordán, donde – contemplando el cielo abierto- ha escuchado la voz del Padre: “Este es mi Hijo
amado, en quien me complazco” (Mateo 3,17).
Después esta declaración de amor del Padre por Él, Jesús es conducido por el Espíritu Santo al
desierto donde le responderá con una triple declaración de fidelidad. Jesús sabe bien que el desierto,
en la Biblia, es el lugar de la soledad, del hambre, donde hay una sensación de pérdida, en
contraposición con aquel mundo maravilloso que Dios quería como un jardín, como un lugar de
encuentro y de diálogo con el hombre. Y Jesús es el jardín del Padre, la humanidad nueva para un
mundo renovado, y desea realizarlo a través de los 40 días de desierto invitándonos a cada uno de
nosotros a seguirlo.
1. Jesús fue llevado por el espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio
Nos encontramos con uno de los relatos más misteriosos e incomprensible o enigmático de los
evangelios según san Mateo, en el se expone un elemento diabólico; la tentación.
Comienza el relato con la expresión entonces, con esta forma se esta vinculando que sucedió luego
del bautismo de Jesús y la expresión se transforma en un simple cambio de escena. Jesús, sometido
en todo a la acción del Espíritu Santo, el relato dice que “fue llevado Jesús por el Espíritu al desierto
para ser tentado por el demonio”.
Va al desierto para ser “tentado”. La palabra usada lo mismo puede significar “tentación” en el
sentido de solicitar al pecado, que indicar, simplemente, ser sometido a prueba.
El desierto aparece en la literatura judía y oriental como lugar donde moraban los malos espíritus, y
en especial los demonios como los dicen otros relatos evangélicos. Pero tiene también otro sentido
mesiánico, además de lugar de penitencia y aislamiento. Las comunidades de esenios y Qumrán son
un claro ejemplo de ello.
El demonio significa, conforme a su etimología “echador,” en sentido de acusador, calumniador o
tentador. Se decía que su oficio era triple, solicitar al hombre al pecado (cf. Zac 3:1; Job 2:6ss),
acusarlo luego ante el tribunal de Dios y aplicar la muerte en castigo al pecado; de ahí llamarle en la
literatura rabínica, “el ángel de la muerte.”
2.
Si eres hijo de dios, di que estas piedras se conviertan en pan
El tiempo que se establece para esta tentación es de cuarenta días y cuarenta noches. Podemos fijar
atención en esta cifra, es de ambiente bíblico, así es como se menciona en el diluvio (Gen 7:12),
también en la estancia de Moisés en el Sinaí (Ex 24:18), lo mismo en los años de Israel en el
desierto (Núm 14:33-34).
Dice el relato; “Y, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre. Y
acercándose el tentador, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”,
con cuya respuesta esperaba saber si era el Mesías o no. Sugerencia bajo una capa de piedad: que no
sufra un privilegiado hijo de Dios.
“Hijo de Dios” se refiere, como en otros casos (Mt 8:29; 27:40.43; Mc 1:1), al Mesías, esto se
comprende en especial porque con el bautismo se le proclamó “su” Hijo (cf. Mt 9:25). Se esperaba
entonces que el Mesías, al modo de Moisés, haría descender otra vez del cielo una lluvia de “maná”,
del que se comería en aquellos años. Probablemente pueda en el evangelista san Mateo un recuerdo
de esto.
3. El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Jesús le contesta con un argumento de la Escritura: “Está escrito.” La palabra de Dios cierra toda
discusión. “El hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de boca de Dios” (Dt 8:3).
Jesús alude aquí al sentido espiritual de confianza en la omnipotencia de Dios, en función de otra
vida superior, a la que hay que atender con preferencia. Es lo que Jesús recordará más tarde junto al
pozo de Siquem: “Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió” (Jn 4:34). Por eso dijo a
sus discípulos: “Yo tengo una comida que vosotros no sabéis” (Jn 4:32).
Jesús pudo hacer el milagro. Pero éste no debe hacerse inútilmente. El abandono al Espíritu y a la
Providencia fue el medio para rechazar la tentación.
4.
“le llevó entonces el diablo a la ciudad santa”
Continua el relato con esta forma; “Le llevó entonces el diablo a la Ciudad Santa” ¿es el diablo
quien tiene la iniciativa?, es un enigma, pero la expresión muestra que este sujeto tiene la iniciativa,
pero sin exigir una acción física. Desde allí, el diablo interviene para que Jesús esté en la “Ciudad
Santa,” Jerusalén, y sea “puesto” sobre el “pináculo” del Templo, probablemente era la techumbre
desde donde se lograría mejor la espectacularidad de la propuesta que el maléfico hace.
En una de las concepciones rabínicas se contaba precisamente que el Mesías se revelaría estando de
pie, sobre el techo del Templo, para anunciar a Israel que su redención había llegado. En aquel
ambiente, y a la hora de los sacrificios, hubiese sido un prodigio tal que acusaría ser él el Mesías.
5.
“También está escrito: ‘no tentarás al Señor, tu Dios”.
De nuevo Jesús rechaza la tentación con la Escritura: “No tentarás al Señor tu Dios,” que se refiere
al Dt 6:16, y se alude con él al pasaje del Éxodo cuando, faltos de agua en el desierto, exigían los
israelitas a Moisés un milagro. “¿Por qué tentáis a Yahvé?” les dijo Moisés (Ex 17:2). Nuevamente
Jesús, confiando en la providencia de Dios, rechazó la tentación. No era “confiar” en Dios arrojarse
temerariamente, exponiendo su vida, y esperar que Dios milagrosamente lo salvase. Los ángeles
protegen al “justo” (Sal 91:11ss), pero no al temerario suicida. Y esto suponiendo que no le
propusiese tirarse, por lo descabellado, desde una altura 180 metros, (altura estimada según el
historiador Judío Flaviano Josefo)
6.
“Te daré todo esto, si te postras para adorarme”.
En la tercera tentación el diablo interviene para que Jesús vea los reinos del mundo y su atracción,
dice el relato que: De nuevo le llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos
del mundo y la gloria de ellos, le dijo: ““Te daré todo esto, si te postras para adorarme”.
Los judíos contemporáneos de Jesús esperaban un Mesías político y nacional, que aparecería con
pompa, dominación y prodigios. Así se presentaron una serie de pseudomesías, como se ve en los
evangelios (Mc 10:35ss; Lc 24:21; Jn 6:15). No es que el diablo tenga dominio sobre el mundo.
Únicamente en el sentido de que influye en sembrar el mal, Jesús le llamó “príncipe de este mundo”
(Jn 12:31), y San Pablo le llega a llamar “Dios de este mundo” (2 Cor 4:4). Por eso Jesús, citando
de nuevo la Escritura (Dt 6:13), desenmascara la falta de sus poderes y le ordena que se aparte:
‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a El sólo rendirás culto”. Sólo a Dios se puede adorar y temer como
fuente y dador de todo poder.
7.
“Vinieron los ángeles y le servían,”
Y el diablo se retiró, como dice Lucas, “temporalmente.” No directamente, pero sí indirectamente,
tentó luego a Jesús a través de los fariseos y saduceos, queriendo intimidarle en el desarrollo de su
mesianismo; de las turbas, que querían hacerle rey temporal; de los que intervinieron en la pasión.
Todos colaboraron a aquel momento, del que Jesús dijo: “Viene el príncipe de este mundo contra
mí” (Jn 12:31). Entonces el Padre, por el abandono de Jesús en su providencia, hizo lo que antes El
no quiso realizar: “vinieron los ángeles y le servían,” es decir, le trajeron alimento: (Mt 8:13; 25:44,
etc.) tiene aquí este sentido.
La Iglesia está sometida a la tentación lo mismo que todo cristiano
La Iglesia está sometida a la tentación lo mismo que todo cristiano; pero si perseveramos en la fe y
en la oración, el Señor nos promete el auxilio para que no sucumbamos a la tentación (cf. Ap 3,1012). La tentación es necesaria porque, después de la primera caída, todos deben someterse a la
prueba. Nuestro corazón adolece de inconstancia y necesita robustecerse mediante una terapia
intensiva y estimulante: la tentación libera nuevas y prodigiosas energías espirituales. El amor, en la
prueba, se purifica y fortalece.
El Señor nos promete su ayuda: no seremos tentados por encima de nuestras Fuerzas; el apóstol nos
dice: "Dios es fiel, no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; al contrario,
junto con la prueba os proporcionará fuerzas suficientes para superarla" (1 Cor 10,13). El ancla de
salvación es la cruz, a la que debemos estar fuertemente abrazados. Cristo padeció por nosotros la
tentación y ha vencido
Apéndice
Catecismo de la Iglesia Católica
540 La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en
oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres (cf Mt 16, 21-23) le quieren atribuir.
Es por eso por lo que Cristo venció al Tentador a favor nuestro: "Pues no tenemos un Sumo
Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que
nosotros, excepto en el pecado" (Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta
días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.
Reconócete a ti en Cristo tentado y que vences en Cristo
Pero ¿por qué clamé esto? Mientras tengo angustiado mi corazón. Muestra que Él está por todos los
pueblos en todo el orbe de la tierra en gran gloria, pero en gran tentación. Pues nuestra vida en esta
peregrinación no puede existir sin tentación: porque se hizo provecho nuestro por medio de nuestra
tentación, y cada uno no se da a conocer a sí a no ser que haya sido tentado, ni puede ser coronado a
no ser que haya vencido, ni puede vencer a no ser que haya combatido, ni puede combatir a no ser
que haya dominado al enemigo y las tentaciones. Por tanto se angustia éste clamando desde los
confines de la tierra, pero sin embargo no es abandonado. Porque quiso ser figura de nosotros
mismos, ya que es su cuerpo, y en aquel cuerpo suyo, en el cual ya murió y resucitó y subió al cielo,
de manera que a donde precedió la cabeza, allí los miembros confíen que la seguirán. Luego nos
transfiguró en sí, cuando quiso ser tentado por Satanás (cf. Mt 4,1). Hace un instante se leía en el
Evangelio que el Señor Jesucristo era tentado por el diablo en el desierto. En una palabra Cristo era
tentado por el diablo. En Cristo en efecto tú eras tentado, porque Cristo de ti para sí tomaba la
carne, de sí para ti la salvación; de ti para sí la muerte, de sí para ti la vida, de ti para sí las afrentas,
de sí para ti los honores; por tanto de ti para sí la tentación, de sí para ti la victoria. Si en aquel
nosotros fuimos tentados, en aquel nosotros superamos al diablo. ¿Atiendes a que Cristo fue
tentado, y no atiendes a que venció? Conoce que tú en aquel fuiste tentado, y conoce que tú en
aquel vences. Había podido apartar al diablo de sí: pero si no es tentado, no te ofrecería la
enseñanza de vencer en la tentación. Así pues no es de admirar si puesto entre las tentaciones éste
clama desde los confines de la tierra. Pero ¿por qué no es vencido? En la piedra me exaltaste. Por
tanto ya conocemos quién clama desde los confines de la tierra. Contemplemos de nuevo el
Evangelio: Sobre esta piedra edificaré mi iglesia (Mt 16,18). Por tanto aquella clama desde los
confines de la tierra que quiere ser edificada sobre la piedra. Pero para que la Iglesia sea edificada
sobre piedra, ¿quién se hizo piedra? Oye a Pablo que dice: En efecto la piedra era Cristo (1 Co
10,4). Por tanto en Él fuimos edificados. A causa de esto aquella piedra en la cual fuimos
edificados, primero fue azotada por vientos, fuego, lluvia (cf. Mt 7,24-25), cuando Cristo era
tentado por el diablo. He aquí en qué firmeza quiso asegurarte. Con razón no es ociosa nuestra voz,
sino que es escuchada favorablemente: en efecto fuimos puestos en una gran esperanza. En la piedra
me exaltaste.
San Agustín de Hipona, Enarración sobre el Salmo 60, nº 3
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