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TEMA 5
Tema 5
La cultura
LA CULTURA: NATURALEZA Y COMUNIDAD.
1. Una definición más amplia de la cultura.
2. Las relaciones entre naturaleza y cultura.
2.1. La cultura occidental como dominadora de la naturaleza.
2. Las relaciones entre distintas culturas.
2.1.
Multiculturalismo y relativismo cultural.
2.2. El choque de civilizaciones.
1. Una definición más amplia de cultura.
Según lo expuesto en el anterior tema de la mano de Arnold Gehlen, la cultura constituiría el
elemento fundamental en esta evolución del mono hacia el hombre. Es momento ahora de extraer
conclusiones sobre la idea de “cultura” que hemos visto a lo largo de todo el tema anterior. Sin
embargo es necesario, para no olvidarnos que esta no es nuestra concepción habitual del término,
hacer una distinción de significados.
a) El concepto tradicional de “cultura”
El término cultura procede de “colo”, cultivo en latín y está referido esencialmente al cultivo
de las facultades intelectuales humanas. Dicho significado se extendió durante el Renacimiento
humanista y tuvo un gran éxito. De aquí provendría el significado tradicional de la palabra, según la
cual asociamos cultura con las manifestaciones artísticas, literarias, filosóficas o científicas de una
civilización o de una comunidad humana determinada. Estas manifestaciones provienen por lo
general de una élite intelectual, y su aprendizaje está asociada esencialmente a la “letra impresa”
(es decir, el mundo de los libros). Es lo que suele ser denominado hoy en día como “alta cultura”.
b) El significado antropológico.
Hemos visto siguiendo las tesis de Gehlen, que la cultura es la expresión diferenciadora del
hombre frente al resto de los animales. Aquí “cultura” significa toda acción humana, separada de
nuestra carga biológica, con vistas a una mejor adaptación al medio. “Cultura” recogería aquí todos
los mecanismos de aprendizaje humanos no naturales, con los cuales caminamos, comemos,
combatimos el frío o el calor, nos muestran la forma de vestirnos, de sentarnos en una mesa etc...
Bajo esta perspectiva “la alta cultura” de la que hablábamos antes no deja de ser una manifestación
más: quizás más elaborada y compleja, pero no la única ni la mejor.
Esta distinción, bastante extendida hoy en día, no estaba tan clara para los primeros
antropólogos. Para E. Tylor, por ejemplo, todavía la “alta cultura” ocupaba un papel fundamental en
su definición de cultura: “Cultura es ese complejo de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho,
costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre adquiere como miembro de la
sociedad”. Evidentemente, la “alta cultura” para este autor era mejor considerada que otras
manifestaciones más primitivas: tenía lo que denominábamos un prejuicio etnocéntrico. Por ello, se
buscaría posteriormente una exposición más amplia que cubriera más elementos que parecían quedar
fuera de esa escueta definición: “La cultura consiste en formas de comportamiento, explícitas o
implícitas, adquiridas y transmitidas mediante símbolos y constituye el patrimonio singularizador de
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La cultura
los grupos humanos, incluida su plasmación en objetos. El núcleo esencial son las ideas tradicionales
y los valores vinculados a ellas. Los sistemas culturales pueden ser considerados como productos de
la acción y por otra condicionantes de la acción futura” (Kroeber y Kluckhohn).
En esta definición existen una serie de elementos que es preciso desmembrar y analizar más
pormenorizadamente.
a) La cultura es un todo complejo: integra elementos muy distintos. Integra instrumentos
(lo que se denomina una “cultura material”) y después elementos ideológicos (los valores abstractos
que están detrás justificando ese objeto). Por ejemplo: el “tenedor” forma parte de una cultura
material, y su uso se inicia en el siglo XIV en Italia debido a cambios en las costumbres culinarias (se
piensa que comer con las manos es algo poco fino para la nobleza –nos asemeja a los animales-, y
además bastante antihigiénico). Ambas partes, objeto e ideología, son inseparables y no se entienden
el uno sin el otro. En un esquema, podríamos ofrecer la variedad de facetas que engloba el término
“cultura”
- Valores e ideas
Cultura: - Instituciones
Nivel ideal axiológico (cosmovisión, religión, ética...)
Nivel sociopolítico (forma de organización:estado,
familia, tribu, equipo de fútbol)
- Objetos producidos Nivel tecnoeconómico (transformación del medio natural)
b)
La cultura implica una dimensión social del ser humano. La cultura sólo es posible en
el entramado de un conjunto de individuos, en un grupo humano. Un hombrecillo de la isla de Flores,
él sólo, no podría haber creado ni aprendido por sí mismo la forma de tallar un utensilio. Aislados está
demostrado que el ser humano no puede desarrollarse adecuadamente.
c) Es simbólica: el símbolo hace referencia a una realidad diferente a la del propio símbolo.
Pensemos en la Venus de Dusseldorf: ésta venus no pretende una representación realista, sino que
apunta a una realidad y significados bien diferentes: el mito de la fecundidad. Igualmente podemos
decir sobre multitud de símbolos de carácter fálico. Pues bien, el significado auténtico de todos estos
mitos descansa sobre una convención humana, un acuerdo determinado.
El lenguaje resultaría ser el código simbólico más elaborado por el ser humano, en cuanto que
éste es producto de una pura convención y no tiene unos orígenes naturales. Pensemos que en una
primera etapa un niño inglés o español reproduce, por ejemplo, los sonidos de los animales y les
dicta un nombre siguiendo esos sonidos: “meauw” - “miau” para el gato, o “wof wof” - “guau guau”
para el perro1; sin embargo en un segundo proceso de aprendizaje, este niño reconoce las
convenciones de la lengua española o inglesa y abandona la imitación onomatopéyica.
d) La cultura necesita un aprendizaje. La cultura no se transmite genéticamente, y precisa
en el ser humano un proceso muy largo, efectuado a través del lenguaje. Aunque el ser humano,
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Maticemos que también dependiendo de cada lengua, existe una mayor tendencia a la onomatopeya. A diferencia de la
española, la lengua inglesa es bastante onomatopéyica (es decir respeta la conexión con el lenguaje natural): palabras como
“slam”, “smash”, “crack”, “splash” o “ring” guardan cierta relación con los sonidos de sus acciones. O cork (gallo) guarda
parecido con el “cooco del dool doo!!" inglés (kikiriki!! en castellano).
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como el animal, aprende también por imitación, su aprendizaje es esencialmente simbólico-linguístico,
y se transmiten de generación en generación.
Pensemos for instance en los “niños salvajes” como Kaspar Hauser o en los de Jean Itard
(médico del siglo XVIII). Este hombre se encontró con un niño de 11 años que había vivido toda su
existencia en los bosques. Le fue imposible educarle en valores mínimamente “civilizados”.
e) La cultura es diversa. En cuanto que la naturaleza del hombre es por definición libre, esa
libertad se traduce en la diversidad cultural. Si la cultura es una herramienta de adaptación al medio,
el ser humano encuentra muy distintas formas de entender y llevar a la práctica esa herramienta.
Esta diversidad no niega que en ocasiones encontremos manifestaciones o formas culturales
comunes, pero más bien es lo contrario.
Hay que ser conscientes además que la diversidad de la cultura comienza desde el mismo nivel
de los individuos: cada individuo asume de forma particular su cultura, la reinterpreta y la enseña a la
siguiente generación de forma diferente a cómo se la han enseñado a él. Pensemos por ejemplo en
elementos altamente abstractos como una religión o un sentir nacional. Ambas cosas –construcciones
culturales- son reelaboradas siguiendo la trayectoria de ese individuo. Una persona que haya viajado
por distintos países necesariamente tendrá un concepto de “español” o de “vasco” distinto al de
alguien que no haya salido nunca de su ciudad, y en ambos casos son diversificación o
individualización de esa cultura.
f)
Es histórica: esto es resultado de lo anterior. En cuanto realización no natural o no
genética, está sometida a procesos de cambio y de renovación. Las construcciones culturales no son
eternas: todas nuestras ideas abstractas han nacido antes que nosotros, las hemos heredado, las
transformaremos, y muchas de ellas tendrán fecha de caducidad. En cuanto dejen de tener utilidad
para esa sociedad, son paulatinamente abandonadas.
Un ejemplo: la idea de las naciones como una construcción cultural.
España misma es un ejemplo claro de una construcción cultural. Está claro que ser español (o
vasco o catalán) no es algo genético, sino adquirido por la sencilla casualidad de nacer dentro
de una cultura y no en otra. Representa una realidad material: un territorio, pero tiene también
construcciones más inmateriales: un idioma, unas costumbres o un régimen político. Presenta
una alta cultura como las obras de Cervantes y una manifestación cultural más básica, como la
tortilla de patatas. Es social: no existe un español, sino los españoles. Tiene elementos
simbólicos: una bandera, un himno o incluso un torito. No es algo biológico, es algo que
adquirimos (cuando nos hacen el carnet de identidad) o aprendemos: en la escuela con las
clases de lengua o de historia, en nuestra familia o en los medios de comunicación. Es diversa:
un niño castellano, un viejo extremeño y un adolescente andaluz tendrán distintos conceptos de
qué es ser español. Por último, es histórica: tiene un comienzo (los Reyes Católicos,
imaginemos) y, como todo elemento histórico, también tendrá un desenlace.
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2. Las relaciones entre cultura y naturaleza.
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La cultura
El problema que nos planteamos aquí es si las instituciones humanas deben atender a una
“esencia” o “naturaleza” humana. La oposición entre cultura y naturaleza ha sido cuestionada en muy
diferentes ámbitos: el del derecho y las instituciones políticas, el de la ciencia o el de las costumbres
sociales. En cuanto que estos son algunos de los contenidos fundamentales de cualquier cultura
humana, estos pensadores se han planteado si este precipitado atendería de alguna forma a alguna
esencia preconcebida del ser humano (alguna “naturaleza primera”) o bien es producto de una mera
convención, en ocasiones contraria incluso a algunas de las facetas humanas.
Como ya planteamos en temas anteriores, ha existido una continua tensión a lo largo de la
historia entre quienes sostenían que la cultura es el elemento definidor del hombre a través de la
racionalidad, y la de aquellos que mantenían que la cultura era una represión social de las
características eminentemente humanas, cercanas a una naturaleza de carácter instintivo. Ofrecemos
aquí cuatro tendencias, muy marcadas en distintos momentos de la historia de la cultura occidental.
2.1. La cultura humana conciliada con la naturaleza.
Esta es la tesis propia del pensamiento grecocristiano. La cultura humana no suscita una
oposición con la naturaleza, sino más bien lo contrario. Esa cultura debe seguir las huellas del estado
natural del hombre para ser considerada digna de tal nombre. Para Platón por ejemplo, la teoría de
las ideas muestran el camino o rastro de cómo deben ser las instituciones humanas. Y según
Aristóteles, en cuanto que el hombre por esencia posee un lenguaje, es de carácter social y es
racional, las leyes y la cultura humana debe respetar esa naturaleza.
La visión medieval introdujo el elemento teísta sin separarse excesivamente de lo ya expuesto
en el pensamiento griego. Como para la cultura occidental Dios es el creador, centro y fin del
universo, todo el orden natural es una concreción de la ley general divina, y el orden cultural debe
ser expresión del orden natural. Según Santo Tomás (siglo XIII), “toda ley humana tendrá el
carácter de ley en la medida en que se derive de la ley de la naturaleza; y si se aparta en un punto
de la ley natural, ya no será ley, sino corrupción de la ley”. La visión de la religión cristiana respecto a
temas como el aborto o la eutanasia, de respeto al orden natural de los acontecimientos parte de
aquí.
Más radical todavía es la visión de las religiones orientales. Según el budismo y el
hinduismo, todo lo que nos rodea, incluidas aquellas cosas que son inanimadas como las piedras de
una montaña, forman un todo animado. Nosotros en cuanto parte integrante de esa naturaleza
armónica en conjunto, no solo tenemos que respetarla, sino diluirnos en ella, en la medida de lo
posible. Como propone el budismo, el individuo tiene que negarse así mismo para fundirse con el
universo ordenado que le rodea. Estas religiones orientales defienden el panteísmo: todo forma
parte de una divinidad universal.
El romanticismo (fines XVIII-ppios XIX) también pretendió una última conciliación de la
cultura con la naturaleza, pero de forma muy distinta a la vertiente grecocristiana. Pero aquí la
naturaleza humana no era entendida en clave racional, sino en clave sensitiva, artística y espiritual.
También el componente teocéntrico era eliminado; es decir, Dios no es tan importante como creador
del hombre, sino como creador del todo, en el que el hombre no es sino un ser vivo más. Así, la
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La cultura
“naturaleza humana” debía intentar alcanzar un equilibrio con todas las cosas, y especialmente con el
resto de la naturaleza viva.
En algunos autores se preconizaba el “retorno a la naturaleza”. Según Rousseau (siglo XVIII),
en un principio, los individuos vivían en un estado de naturaleza armónico e idílico. En ese inicio, el
hombre era bueno por naturaleza, pero al nacer la sociedad, se corrompió y generó el egoísmo. La
fuente de esta degeneración parte de la propiedad privada. Los hombres empezaron a establecer
límites a “lo mío” y “lo tuyo” y con ello nació la envidia y el rencor. Pensemos lo alejado que está este
autor de pensamientos como el de Aristóteles.
Sin embargo esta tendencia es rechazada en los románticos más optimistas como Walt
Whitman (siglo XIX). El individuo va abriéndose al mundo, maravillándose e identificándose con el
resto de la naturaleza y la sociedad, en un proceso de reconciliación entre el yo y creación. Esta
tendencia tiene su eco en los movimientos ecologistas contemporáneos, los movimientos hippies, o
las tesis de James Lovelock: se condena que el hombre haya roto el equilibrio con un medio
ambiente amenazado e incluso, dentro de la escala de valores ecológica más radical, el hombre
pierde su centralidad como valor último de la ética frente a ese medio natural. El hombre es solo un
elemento de la biosfera, y no precisamente el más importante.
2.3. La cultura, dominadora de la naturaleza.
Esta sería la visión que inauguraría la ciencia moderna en el siglo XVII, con Francis Bacon y
Descartes. Según estos autores, el hombre estaría enfrentado a un medio hostil. La naturaleza
humana intenta mantener el dominio sobre ese medio incómodo. Esto se haría posible si dejamos
que el conocimiento científico tome la hegemonía sobre el resto de los saberes humano. Esta
hegemonía permitiría el avance de la técnica, herramienta fundamental en esa lucha por dominar la
naturaleza. Esta postura no se plantea hacia dónde va esa técnica (es decir, qué fines tiene): lo que
importa únicamente es el grado de mayor control de la naturaleza. Ante esto nos encontramos con
varios problemas, muy atacados por las visiones “unitarias” anteriores.
a) la problemática relación entre técnica y economía.
En primer lugar, existe el problema ecológico. El avance tecnológico tiene una función
primordial en el sistema de producción capitalista: garantiza el crecimiento económico e implica un
consumismo muchas veces esquilmador de los recursos naturales. Podría condensarse en lo que
sigue:
Innovación
Tecnológica
Nuevo ciclo
de crecimiento
Mayor
Desgaste de
Desarrollo
Consumo
los recursos naturales
no sostenible
En este esquema lo curioso es que la innovación tecnológica sería la pieza clave para iniciar
un sistema productivo basado en el desarrollo sostenible (energías renovables y no contaminantes),
pero en cuanto que la innovación tecnológica está propiciada y fomentada por el beneficio a corto
plazo, no se tienen en cuenta estos beneficios a largo plazo: se investiga por ejemplo más cómo
hacer un móvil más pequeño en lugar de un coche sin gasolina, porque el primero tiene un mercado
garantizado y la segunda idea choca con los intereses de las petroleras. Nuestro sistema económico
no está impulsando un crecimiento sostenible a largo plazo, en cuanto que los costes
medioambientales no están gravados en las leyes del mercado.
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b) la intromisión de la técnica en las leyes de la naturaleza.
La investigación técnica y científica se está adentrando en campos que parecen quebrar límites
de la naturaleza. La manipulación genética, la fertilización in vitro, los experimentos de clonación, la
eutanasia o el aborto entrarían en un peligroso campo en el que el avance científico puede tener
consecuencias graves para concepciones tradicionales de la vida humana.
Pensemos que este progreso científico se da de bruces con la interpretación grecocristiana y
especialmente la medieval, en la que el hombre en última instancia es criatura (es decir alguien
creado por una instancia superior, Dios, y de quien depende en último término su vida).
El actual desarrollo técnico en definitiva parece conllevar “riesgos globales”, en términos de
Ulrich Beck o Anthony Giddens: a mayor dominio de la naturaleza, mayores posibilidades que esa
misma naturaleza acabe tomando represalias contra nosotros mismos.
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La cultura
3. LAS RELACIONES ENTRE DISTINTAS CULTURAS:
EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES Y LA HIBRIDACIÓN CULTURAL.
3.1.
Las culturas en la globalización. Relativismo y etnocentrismo.
Hemos visto hasta ahora las relaciones entre la cultura y la naturaleza, pero como hemos
analizado ya, la cultura no es única: no existe “una” cultura humana, sino que por las propias
características del ser humano, hay necesariamente “muchas” culturas, y sus relaciones, en
ocasiones, también pueden ser problemáticas.
Nos encontramos en lo que se conoce como “era de la globalización”. La revolución
tecnológica ha hecho que el mundo sea más pequeño y todo que antes estaba aislado o apartado
esté interconectado. Ejemplos de esto aparecen en todos los ámbitos de la vida humana:
- El crack inmobiliario de Estados Unidos afecta la economía europea.
- Internet y la televisión hacen de Haiti un fenómeno mediático que antes podía pasar
desconocido.
- la televisión digital y la radio exportan el hip hop desde América hasta todas las bandas
quiceañeras del mundo entero.
- La inmigración hace que un país antes homogéneo como España se convierta en un país
multicultural donde haya mezquitas o iglesias protestantes en muchas ciudades pequeñas.
Las culturas, por tanto, entran en contacto unas con otras, y pueden aparecen influencias y
conflictos entre ellas. El comportamiento de estas culturas es lo que estudian distintos autores
agrupados en la teoría del choque de civilizaciones y la teoría de la hibridación cultural. Pero
antes de entrar en estos dos planteamientos, analicemos dos definiciones fundamentales que nos
serán necesarias:
a) Etnocentrismo: significa considerar que una cultura determinada es superior a las
demás, ya sea a la que tú perteneces o bien otra ajena a ti. En el fondo, cualquier actitud racista es
un prejuicio etnocéntrico.
Ejemplo: los españoles cuando descubrieron América consideraban a los indios inferiores por
su religión y el color de su piel y empezaron a esclavizarlos. Solo con Bartolomé de las Casas y su
defensa de los indios los castellanos empezaron a pensar que todos los hombres son iguales
(racionales).
Una actitud etnocéntrica la pueden practicar también aquellos que se sienten inferiores
frente a otra cultura. Actualmente, en África, las culturas negras se piensan a sí mismas como
inferiores respecto al hombre blanco y siempre intentan imitarlas como símbolo de poder.
b) Relativismo cultural: representa justamente la tesis opuesta. Reconocemos que ni hay
una sola cultura posible en el hombre ni que existe una cultura mejor que otra, y que cada una es
independiente y valiosa por sí misma. Detrás de esta interpretación suele haber una tendencia hacia la
tolerancia y el respeto por las diferencias culturales.
Esa es por ejemplo, la conclusión que alcanza el príncipe Dario entre las costumbres de los
distintos pueblos de su imperio (ver Los Cuentos del Tío Tiburcio, 11).
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3.2. El choque de civilizaciones.
Esta ha sido la definición puesta de moda por ensayistas políticos, Samuel Huntington y Giovanni
Sartori, y el planteamiento ha tenido cierto éxito en los círculos de la ciencia política o la sociología.
Según el primer autor, las cinco principales civilizaciones del mundo (la china, la islámica, la occidental,
la africana y la eslava) están condenadas a un enfrentamiento debido a las diferencias culturales
existentes entre ellas y a conflictos económicos y de poder político que después subyacen. Esas
diferencias culturales son irreconciliables, y a lo sumo que podemos llegar es a una “tolerancia” a nivel
internacional (que cada cultura se quede en el país que está y repete los límites).
A esto le podemos atribuir las siguientes características:
a) El hecho cultural se toma de forma esencialista.
Huntington cree ser capaz de definir qué es lo occidental, qué es lo islámico o qué es lo chino.
Es capaz de encontrar “esencias”, definiciones cerradas detrás de cada cultura. Huntington aceptaría
la visión “institucional” de la cultura por encima de cualquier otro elemento. La principal ventaja de
este planteamiento es su relativa simplicidad y su fácil comprensión (las culturas se reducen a blanco
o negro, no hay matices). La consecuencia de esto nos llevaría a negar la movilidad y continua
adaptación de las culturas a situaciones cambiantes.
b) La diversidad cultural se interpreta de forma negativa.
En su análisis de civilizaciones, Huntington se centra especialmente en los elementos más
conflictivos, olvidando los posibles puentes que puedan existir entre ellas. Especialmente grave es el
hecho para estos autores que una sociedad tolerante como la occidental se encuentra sin armas para
enfrentarse a los que practican la intolerancia: es decir, tenemos que abandonar nuestras ideas de
tolerancia cuando aquellos con los que nos enfrentamos no cumplen esas reglas básicas del juego.
Esto es por ejemplo, lo que se critica frecuentemente de la inmigración hacia España: algunos grupos
islámicos o sudamericanos no respetan el marco cultural español, y como tienen libertad para
desarrollar sus opiniones, lo pueden convertir en blanco de su ataque.
La parte más interesante de este enfoque es que apuntan a conflictos ciertos. Los atentados
del 11 de Septiembre nos recordaron que el conflicto existe, aunque sea en manos de una minoría
radicalizada, y que Nuestra idea de tolerancia debe trabajar a partir de esta idea: Los seres humanos
en cuanto vinculados a distintas culturas, somos diferentes, y nuestras ideas chocan entre sí. Sin
embargo, la lucha por la tolerancia es posible.
3.3. La posición multicultural y la teoría de la hibridación.
Esta visión está representada por prácticamente toda la antropología académica y las
humanidades, así como un amplio grupo de literatos y pensadores, cercanos al mundo no occidental,
como Bhikhu Parekh, Amin Maloouf o Edward Said.
a) Existe una visión no esencialista del hecho cultural.
Como hemos visto, la cultura se reinterpreta de múltiples formas a lo largo de la historia, cambia
y no tiene una esencia definida para siempre. Igulamente, el sujeto reinterpreta el hecho cultural
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heredado por las “instituciones” y lo remodela continuamente. Es un reduccionismo quedarse en lo
que dice una institución o un medio de comunicación (la televisión) sobre qué es una cultura (el islam,
por ejemplo) porque está negando su maleabilidad y dinamismo y la interpretación que después da
cada pequeña comunidad o cada individuo. Aparentemente podríamos pensar que todo musulmán es
una personal radical, obcecada e integrista, y sin embargo, una musulmana de Kosovo no tiene nada
que ver con uno de Arabia, o con Ice Cube, rapero americano y defensor de la cultura más
materialista, pero que se declara también musulmán.
b) Hay una consideración optimista respecto a la diversidad cultural.
Respecto a esto, estos autores toman como argumento que a lo largo de la historia la
diversidad cultural supone un enriquecimiento a largo plazo de cualquier sociedad, una vez
encontrado los cauces en los que la tolerancia puede ser establecida.
La arquitectura, el arte, la ciencia y la filosofía son creaciones que sin esa diversidad cultural se
vuelven completamente imposibles. La música es tal vez el fenómeno cultural más desarrollado
gracias a la diversidad cultural. El rock fue producto del encuentro de la música negra americana (el
blues y el jazz) con el country blanco. La bossa nova es producto de la fusión de música brasileira, la
samba, a su vez de origen africano, con la injerencia del jazz, venido de Norteamérica. Y el hip hop
es producto de los “samplers”. El Drum´n´Bass es una mezcla de hip hop, bajo y percusión, con
influencias asiáticas (ver fotocopias).
A nivel social, la diversidad cultural crea sociedades dinámicas y muy exitosas (por ejemplo,
Holanda o Estados Unidos) frente a las homogéneas (España durante el franquismo, por ejemplo).
Ahora bien, es cierto que estas sociedades también tienden a un fuerte individualismo y que su
estabilidad interna de alguna manera es más precaria. Evidentemente, el dinamismo y el cambio
generan crisis, y esas crisis, cuando son resueltas de forma positiva, hacen que esos países sean
más exitosos.
1.3. Conclusión: puntos a favor y en contra de estas dos teorías.
Existen acusaciones mutuas entre ambas teorías: los partidarios de la primera teoría (el
choque de civilizaciones) acusan a los defensores del multiculturalismo de ingenuidad política y de
desconocer cómo funciona el orden internacional. La acusación más descarnada plantea que
Occidente camina hacia la ruina si no reacciona frente a las coacciones de otras culturas que no
respetan nuestros valores básicos a través por ejemplo del terrorismo o de una inmigración
descontrolada. La Realpolitik se impone frente a planteamientos que se consideran escasamente con
los pies en el suelo.
La segunda teoría, por el contrario, acusa a los partidarios de Huntington de simplistas y de
no conocer en realidad la complejidad del hecho cultural, así como las enseñanzas que nos da la
historia sobre la diversidad cultural. El pronóstico es contrario: Occidente camina igualmente hacia la
ruina y la deslegitimación si entra en la dinámica de una lucha de civilizaciones, si hace el juego a
provocaciones terroristas o intolerantes. Además que este supuesto “choque de civilizaciones” tiene
móviles económicos favorables a occidente: esta ideología en el fondo no es más que una lucha
encubierta por perpetuar el dominio de Europa y Estados Unidos sobre el resto del mundo.
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Esquema 1. La dialéctica entre cultura y naturaleza
Unidad
Visión romántica
Sensibilidad
Conciliación con la naturaleza
Espiritualismo
Ecologismo
Visión grecocristiana
Racionalidad, lenguaje, capacidad simbólica
Humanismo
Antropocentrismo
Crítica de las pasiones
Oposición
Visión represiva
Instintos como base de la naturaleza humana
Poder y placer (Nietzsche y Freud)
Sociedad como algo necesario para la
Supervivencia humana (sofistas y Hobbes)
Visión moderna
Técnica
Control del medio
Predominio de la ciencia
Industrialización y explotación de recursos.
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Esquema 2. Distintas aspectos culturales desde las cuatro visiones
ROMANTICO
LIBERADOR
Budismo (negación del yo)
Solipsismo
antisocial
ecologismo
drogas
Hedonismo
Carpe diem
Juventud
Sentimientos
espiritualidad
Arte
Humanismo
Materialismo
Liberación sexual
Pasiones
Consumismo
irresponsable
Deporte
Feminismo
Márketing
Lucha contra el sida
Clonación
Neoliberalismo
Derechos humanos
Estado del bienestar
Crisis del petróleo
Democracia
Calentamiento
global
Bomba
atómica
Proyecto genoma
Condena a la homosexualidad
Represión sexual
Ciencia
Fanatismo religioso
Bin Laden
Crisis ecológica
Campos de concentración
RACIONALISTA
DOMINADOR
(variante grecocristiana)
(técnica)
Indicación para leer el gráfico: trazar con un lápiz una espiral convergente hacia el centro. Los elementos que están en
el ámbito externo del eje son las variantes negativas de cada una de las culturas, mientras que los más cercanos son
aquellos que suelen ser considerados como beneficiosos. Algunos elementos (los más cercanos a los ejes comparten en
ocasiones dos o más perspectivas culturales). En ocasiones, dentro de cada cuadrícula, existen elementos sumamente
opuestos (Bin Laden y democracia, lucha contra el sida y crisis ecológica; deporte y consumismo) pero que son
producto de la misma “visión cultural”. Este tipo de gráficos se popularizaron por un creador de los “cultural
studies”, Pierre Bourdieau.
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