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Visita a la cineteca nacional
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La mujer del granjero
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29/10/2013
Hitchcock
Es una muy comedia menor de Hitchcock basada en una exitosa obra de teatro.
La Mujer del Granjero es una película muy irrelevante dentro de la carrera del
fabuloso Hitchcock pero que aún así se deja ver con agrado y está bien realizada
e interpretada.
Trata de un hombre maduro y sin experiencia que a la hora de tratar con otras
mujeres busca una nueva esposa. Intenta conquistar a varias candidatas (a cada
cual peor) y luego descubre que su mujer ideal está en su propia casa, su bella y
fiel criada Minta. Y verdaderamente vista hoy en día no es una comedia
excesivamente divertida, pero sí que resulta bastante agradable y consigue
mantener una sonrisa en el espectador durante el metraje.
Un granjero se queda viudo (el actor Jameson Thomas que muestra sus registros).
En la boda de su hija siente que no quiere seguir solo y que quiere por tanto volver
a casarse. Todo esto ocurre bajo la atenta mirada de la bella, servicial, honrada y
digna sirvienta (la digna sirvienta es ¡¡¡una morena!!! Lilliam Hall-Davis que ya
había trabajado con el director en The ring) que conoce todo los secretos del
granjero. El buen señor elabora junto a su sirvienta de confianza una lista de las
posibles candidatas (cuatro mujeres de la localidad). La película va transcurriendo
ante las desilusiones del señor granjero cuando una por una de las damas van
dándole calabazas…, hasta que se da cuenta (todos los espectadores lo sabemos
desde el principio) que la candidata ideal es su fiel sirvienta, hermosa, bella e
incomparable a las otras cuatro candidatas. Y ella, por supuesto, no le rechaza.
Sin embargo, ya hay detalles que dejan vislumbrar al hombre que sabe contar
historias a través del nuevo arte: el cine. Desde la primera escena que es una
delicia. Vemos a un hombre serio, mirando por la ventana de su granja. Nos deja
ver los campos, los alrededores, los animales, en especial a dos perrillos
maravillosos que esperan la salida de otro personaje, el fiel sirviente y el
graciosillo de la función. El fiel sirviente sale de la casa y mira pesaroso hacia la
ventana donde el hombre serio le dice que no con la cabeza. El hombre serio se
da la vuelta y asistimos a una escena dramática: todos están alrededor de la cama
de su esposa moribunda que está a punto de fallecer. Y, de pronto, después del
choque, toque de humor negro del autor. La mujer antes de morir levanta su
cabeza y se dirige a la sirvienta fiel y la dice, agonizante: ¡Recuerda airearle
siempre los calzones! Y muere. Así vemos una elipsis en que vamos viendo como
distintos calzones del esposo son aireados y que preludian su soledad hasta que
saltamos a la boda de la hija que obviamente deja la casa paterna dejando más en
evidencia su soledad.
Otro buen recurso cinematográfico de Hitchcock para esta sencilla historia es
alimentar la nostalgia de su pasado conyugal y la soledad del protagonista en sus
miradas continuas a dos mecedoras al lado de la chimenea ardiente. Una de ellas,
ahora siempre vacía. Ahí él imagina a la nueva esposa. Ahí sitúa a las candidatas
en su imaginación y ahí en esa mecedora es donde se da cuenta que a su nueva
mujer ya la tenía en casa, su joven, bella y fiel sirvienta que además airea todos
los días sus calzones…
También el director sabe emplear con destreza los distintos espacios de la casa
del granjero (el ir con la cámara de una habitación a otra, las escaleras como
recurso dramático, el uso de las puertas…) así como de las casas de sus
pretendientas. O, por ejemplo, rueda de manera genial las reuniones de los
vecinos: la comida de la boda, la fiesta de la solterona —a la que llegan más y
más invitados— y no faltan los detalles y las situaciones cómicas así como los
personajes graciosos… Sobre todo se ceba en la personificación de cada una de
las cuatro candidatas para resaltar en todo momento que el granjero se equivoca y
que la joya se encuentra en su propia casa. La solterona con tics nerviosos, la rica
con pretensiones de independencia, la señora gorda con ataques de histeria e
ilusión de juventud eterna, la tabernera basta… Ninguna hace sombra a la bella
sirvienta que desde el principio aparece como mujer ideal.
Así La mujer del granjero se deja ver con una sonrisa y sirve para descubrir el
medio cinematográfico tal y como lo estaba descubriendo y experimentando el
maestro del suspense. En la ya mítica conversación con Truffaut, Hitchcock no da
mucha importancia a esta producción pero sí señala que le sirvió para aprender
más técnica sobre todo en el tema de la iluminación y para tener distintos registros
a la hora de contar una historia cinematográficamente.
Es una película muy buena, tiene bastante buena trama y es una de las más
divertidas, bueno no tan divertida, pero pasar un rato en familia recopilando lo que
fueron las décadas pasadas en el cine de comedia.
VISITA A LA CINETECA NACIONAL
CAMILLE CLAUDEL
LUIS BUÑUEL
La historia de Camille Claudel es ampliamente conocida. Se hizo popular sobre
todo por la película "Camille Claudel", de Bruno Nuytten, filmada en 1988 con
Isabel Adjani y Gerard Depardieu. Ella era una bella y brillante escultora llamada
a cambiar el arte occidental con nuevas ideas a fines del siglo XIX. Hermana del
novelista Paul Claudel, se hacía amante de su maestro, Auguste Rodin, el
escultor más aclamado de su tiempo.
Rodin y Camille se convirtieron en una pareja de leyenda, una especie de Diego
y Frida franceses, con la salvedad de que en este caso Rodin aparecía como el
villano que impedía el desarrollo del talento de Camille, quizá superior al de él y
solo reconocido muchos años después.
La historia terminaba cuando ella era encerrada en un manicomio acusada de
loca, el castigo reservado a las mujeres que se atrevían a desafiar al poder
patriarcal de la familia, de la religión o de sus amantes. Para muchos ahí terminó
la historia. No así para el director Bruno Dumont, quien presenta una nueva
visión de la heroína en "Camille Claudel, 1915" , con Juliette Binoche como la
protagonista.
La historia está ambientada en el año 1915, durante la Primera Guerra Mundial,
cuando Camille ya está internada en el manicomio y sufre por el encierro y el
castigo que ha caído sobre ella. Se trata de una cinta amarga, que ha generado no
poca molestia por la forma descarnada y hasta cruel en la que presenta a la
heroína, por sus largos primeros planos en los que ella simplemente llora, y por su
clara intencionalidad al denunciar el lugar complaciente en que la cultura ha
puesto a la escultora.
Para aumentar la dolora sensación de realismo, Dumont cuenta con un elenco
de actores integrado por auténticos enfermos mentales, que rodean a Camille
durante toda la cinta. El sufrimiento de la protagonista aparece sin ningún
atenuante, sin ninguna justificación. ¿Hacía falta llegar tan lejos para conmover al
espectador? Tal vez sí. De entrada, Dumont busca romper muchos de los
lugares comunes sobre el arte, en torno de la locura y acerca de la propia
Camille.
La historia se desarrolla en cuantos días y arranca con una Camille desnuda, que
ha perdido su juventud y se muestra tal como es. A Camille le han anunciado la
visita de su hermano Paul y ella se ilusiona con la esperanza de que él la
liberará del encierro.
Se trata de una cinta con una clara lectura feminista y política. Paul Claudel se ha
convertido al catolicismo y se ha fanatizado con la religión, un orden dentro
del cual el castigo a su hermana es indiscutible, y para hacerlo efectivo cuenta con
la medicina, que sanciona ese orden. Pero el orden también cuenta con las ideas
aceptadas en torno del arte, según las cuales el talento estaría asociado a la
locura y "la genialidad tiene un precio" que se paga en sufrimiento. Su suerte
estará sellada
La historia que carga Claudel la ubica como una mujer que pagó su genio con el
desamor y el abandono que terminó con sus últimos 30 años de vida encerrada en
el manicomio de Montdevergues, y desde ahí, Dumont extrae un pedazo de vida
de la escultora en 1915 cuando llevaba dos años encerrada.
De esta manera, coqueteando con la pesadez y la melancolía, Camille Claudel es
interpretada por Juliette Binoche con una destacada habilidad: los silencios, las
cámaras fijas, el sonido insistente de los gritos de la locura y la inestabilidad se
sumergen en una película que logra explorar las facetas de la decadencia.
Así, la interpretación que hace Binoche es la esencia misma del filme, sin ella,
Camille Claudel, 1915 no lograría trascender los límites de la simpleza contenida
en una película biográfica: toda la vida de una persona está contenida en los
momentos de agudeza visual que logra el director francés, una forma particular
por contener una historia de vida en escenas largas, lentas, cargadas de añoranza
y sed de libertad.
La fotografía a cargo de Guillaume Deffontaines concluye la unidad total de la
película, pues la puesta en escena logra que encajen la parte visual, de audio y de
puesta en escena. Sin duda, Dumont delimita muy bien en todos los aspectos lo
que quería de la vida de la escultora: el espectador esperará en vano una
reconstrucción histórica, escenas de la aventura entre Claudel y Rodin, todas esas
leyendas que alimentan el imaginario colectivo en torno al arte.
¿Por qué no habrá sido necesario? Para saber de Claudel es más fácil hojear
libros sobre Historia del Arte, buscar en Internet, hacer estudios detallados sobre
su obra, sus logros, sus fracasos; si bien es cierto que Camille Claudel, 1915
también explota el carácter de la escultora, el director francés hace una
reconstrucción imprescindible sobre momentos que se quedaron sin registro:
¿cómo habrá pasado esos 30 años enclaustrada en un manicomio? ¿cómo habrá
sido su vida? ¿qué habrá comido? ¿qué habrá llorado?
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