Fuente: Por Erika Sylva Charvet El Telegrafo

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España; El lenguaje no es inocente
Miércoles, 11 de Febrero de 2009 08:54
Fuente: El Telegrafo
Por Erika Sylva Charvet
Sin duda, las militantes feministas que conformaron el grupo de cuarenta y seis
mujeres asambleístas, debieron haber influido para que la nueva Constitución
rompa el silencio y, por primera vez, reconozca nuestra existencia diferenciada
del género masculino en expresiones como, “nosotras y nosotros, el pueblo
soberano del Ecuador”, “todas las ecuatorianas y ecuatorianos”, y así por el
estilo. No debe pasar desapercibido este hecho histórico, pues nada consagra
con mayor crudeza la supremacía masculina en la sociedad que el lenguaje con
el que nos comunicamos en la cotidianidad, en el que lo femenino es silenciado y
no puede representarse por sí mismo sino siempre a través de signos
masculinos.
Ignoro si la cristalización de este nuevo lenguaje constitucional tuvo que vencer
resistencias. Seguramente, sí. Porque al ser el lenguaje una expresión de
realidad, pero, al mismo tiempo, un creador de realidad, su modificación
evidencia los cambios que está sufriendo el mundo patriarcal y los obstáculos que
deben seguir siendo removidos para la visibilización de lo femenino. Y, en ese
proceso, se manifiestan no pocas resistencias de hombres, pero también de las
mismas mujeres socializadas en el imaginario patriarcal. Yo misma tuve que librar
una lucha contra este entrenamiento cultural hace más de una década, cuando
empecé a aproximarme a las propuestas feministas. Tuvieron que pasar años
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hasta que logré interiorizar un nuevo lenguaje con perspectiva de género y lo
empecé a socializar con mi familia, mis amigos/as, mis estudiantes y mis colegas.
Ha sido, precisamente, en ese proceso que he podido apreciar las fuertes
resistencias a modificar los hábitos comunicacionales en distintos espacios.
“Nada consagra con mayor crudeza la supremacía masculina en la sociedad
que el lenguaje...”
Por ejemplo, hace cuatro años preparé un libro para una ONG e introduje una
perspectiva de género en la escritura, pero al editor (¿o editora?) no le gustó y
masculinizó todas las palabras. Seguramente, con el mismo criterio que un
colega expresaría en un taller hace algunos meses: “Están destrozando el idioma
de Cervantes”, al referirse al uso de diagonales o arrobas en la escritura para
visibilizar lo femenino. Cuando les digo a mis alumnos/as que debemos hablar de
“ser humano” y no de “hombre”, no pocas veces me he topado con varones que
me han respondido que “no es necesario ya que ‘hombre’ incluye a la mujer”. En
algunas reuniones académicas he podido advertir cierta condescendencia para
visibilizar lo femenino, no exenta de burlas. La mueca sarcástica masculina no
tiene edad. La he visto en rostros de más de 40 y de menos de 20. Algunos están
persuadidos de que es un exceso, una actitud intransigente o extremista, o un
“machismo al revés”, cuando, en realidad, solo se trata de afirmar la capacidad de
lo femenino para representarse por sí mismo.
Que las diagonales o arrobas afeen la escritura o que nos demoremos más
diciendo “ellos” y “ellas”, será quizá la condición para que dentro de cien años, la
sociedad registre nuevos signos y un nuevo lenguaje, libre de supremacías de
género, que socialice a hombres y mujeres en una nueva cultura de la equidad.
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