El retrato - ieso la ojeda

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LA DESCRIPCIÓN: EL RETRATO
Una de las manifestaciones más frecuentes de la descripción es el retrato de personas, tanto
en su aspecto físico como espiritual. Cuando el retrato se aplica sólo a los caracteres morales,
recibe el nombre particular de etopeya. Muchas veces, lo físico y lo moral se entremezclan
en el retrato. Se llama caricatura a la descripción en la que se exageran los rasgos de la
persona y se acentúan los posibles defectos.
Para hacer un buen retrato seguiremos los siguientes pasos:
1º.- Observación minuciosa de la persona que vamos a retratar para captar sus rasgos más
llamativos o más propios. No todos los detalles poseen igual valor; importan sólo aquellos
que son característicos del individuo retratado. Esto significa que la simple acumulación de
detalles no constituye un buen retrato; por el contrario, puede hacerlo insoportable.
2º.- Preparar un guión en el que se refleje el orden que vamos a seguir en la descripción: de
arriba abajo, de izquierda a derecha, de delante atrás..., para que no se convierta en un caótico
amasijo de rasgos.
3º.- Evitar las fórmulas reiterativas del tipo es, está, tiene, etc. Utiliza alguna comparación
(sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro).
Vocabulario específico:
Aspecto general: gesto, rostro, faz, tez, piel, cara...
Ojos: grandes, cristalinos, luminosos, redondos, vivos, saltones, tiernos, verdes, rasgados...
Nariz: respingona, roma, chata, fina, gruesa, ganchuda, aguileña...
Cabello: moreno, liso, rizado, lacio, suelto, espeso, rizado, corto, enmarañado, fino, castaño...
Labios: finos, gruesos, delgados, carnosos...
Manos: grandes, finas, delicadas...
Cuerpo: atlético, delgado, esquelético, escuálido, espigado, canijo, barrigudo, corpulento...
Carácter: inteligente, avispado, sagaz, astuto, necio, simple, egoísta, altruista, generoso,
honesto, bondadoso, sensible, sentimental, romántico, insensible, deshumanizado,
desapasionado, alegre, feliz, contento, dichoso, optimista, animado, triste, disgustado,
abatido, insatisfecho, melancólico, derrotado, atormentado, afligido, divertido, animado,
diligente, dinámico, laborioso, trabajador, aventurero, hábil, locuaz, parlanchín, charlatán,
ingenioso, agudo, callado, aburrido, soberbio, altivo, engreído, humilde, sencillo...
En el retrato físico, importan, como es natural, los rasgos corporales y el atuendo. He aquí
un ejemplo de R. Pérez de Ayala (1916):
Llega Merlo a la hora consabida y puntual. Viste un traje de dril, color garbanzo;
zapatos de lona. Entra con la chaqueta y el cuello desabotonados. Por el descote de la
camisa asoman, negras, flamígeras y culebreantes hebras de cabello, porque el
abogado es hombre de pelo en pecho. El sombrero de paja en una mano, en la otra un
abanico de enea, semejante a un soplillo, con que se airea el sudoroso rostro. Es más
bajo que alto, rudimentariamente tripudo, la tez de un moreno retinto, los mostachos
amenazando a Dios y a los hombres, los dientes iguales y blancos, los ojos a propósito
para abrasar almas femeninas.
El texto siguiente es una etopeya. L. Alas «Clarín» retrata el carácter ambicioso del canónigo
ovetense Fermín de Pas (La Regenta, 1884):
No renunciaba a subir, llegar cuanto más arriba pudiese, pero cada día pensaba
menos en estas vaguedades de la ambición a largo plazo, propias de la juventud. Había
llegado a los treinta y cinco años, y la codicia del poder era más fuerte y menos
idealista; se contentaba con menos, pero lo quería con más fuerza, lo necesitaba más
cerca; era el hombre que no espera, la sed en el desierto que abrasa y se satisface en el
charco impuro sin aguardar a descubrir la fuente que está lejos en lugar desconocido.
Sin confesárselo, sentía a veces desmayos de la voluntad y de la fe en sí mismo que le
daban escalofríos.
Pero es muy frecuente, como hemos dicho, que retrato y etopeya se mezclen. F. Umbral
evoca así a uno de sus amigos:
Eusebio García Luengo [...] tenía los ojos muy negros, agudos bajo aquellas cejas
tremendas, de un nietzscheanismo irónico y frustrado. Tenía los pómulos muy salientes
erizados de pelo de barba, y la boca hundida, con dientes sospecho que poco sanos.
Llevaba siempre unos trajes que parecían lamentables, pero que si uno se fijaba un
poco eran incluso nuevos y correctos. Lo que pasaba es que Eusebio García Luengo
envejecía los trajes de dentro afuera, les comunicaba su cansancio interior su
desgalichamiento de alma, su escepticismo. Muy delgado, algo hundido, lento y
pacifico, siempre sin prisa, teorizante de esquina y filósofo al azar, Eusebio García
Luengo era un conservador fascinante, original, inesperado y de largo aliento. Todo le
nacía de un fondo sistemáticamente paradójico e irónico, y el único que no advertía su
burla era el sometido en aquel momento a ella.
El siguiente es una caricatura que hizo Quevedo en su novela picaresca El Buscón, a
propósito del Dómine Cabra:
Él era clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo (no
hay más que decir para quien sabe el refrán1), los ojos avecindados en el cogote, que
parecía que miraba por cuévanos2, tan hundidos y oscuros, que era buen sitio el suyo
para tiendas de mercaderes; la nariz entre Roma y Francia, porque se le había comido
de unas búas 3 de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las
1
“Ni gato ni perro de aquella color”
2
Cuévanos: cestos más altos que anchos
3
Búas: bubas, bultos que se ulceran
barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre, parecía que
amenazaba a comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso que por
holgazanes y vagabundos, se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz,
con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad;
los brazos secos, las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio
abajo, parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas.
Al igual que en la pintura, el retrato que hace de sí mismo un escritor se denomina
autorretrato. He aquí el más famoso autorretrato de la literatura española: el de M. de
Cervantes (1613):
Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada,
de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que
no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes
ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor
puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos
extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado
de espaldas y no muy ligero de pies; este digo que es el rostro del autor de “La
Galatea” y de “Don Quijote de la Mancha”.
- Lee y observa:
Texto A:
Don Trinidad García Sobrino no
piensa ni se mueve. Es un hombre
pacífico, un hombre de orden, un
hombre que quiere vivir en paz. Su
nieto parece un gitanillo flaco y
barrigón. Lleva un gorro de punto y
unas polainas, también de punto; es un
niño que va muy abrigado.
Camilo J. Cela. La colmena
Texto B:
En todo el mundo, no creo
que hubo un pirata más feo.
Le faltaba media oreja,
siete dientes y una ceja.
Estaba tuerto de un ojo;
el otro se le torcía,
y era tan cojo, tan cojo,
y era tan malo, tan malo,
que tenía... ¿Qué tenía?
¡Las cuatro patas de palo!
Ángela Figueroa
Texto C:
Carlos Sevilla falta de su domicilio dese hace una semana. Ha cumplido quince años, es de
complexión fuerte y mide 1,80 m. Tiene pelo rubio con melena y cara ancha con grandes
ojos azules. Es muy tímido.
El día de su desaparición vestía pantalón y camisa vaqueros, un chaleco y de lana y
zapatillas de deporte.
Se ruega a las personas que puedan aportar alguna información, que se pongan en contacto
con la policía.
Completa el cuadro siguiente:
TEXTO
APARIENCIA EXTERNA
RASGOS FÍSICOS
CARÁCTER Y
PERSONALIDAD
MODO DE VESTIR
A
B
C
- Imagínate que se pierde un compañero de clase. Redacta el retrato que se enviaría al
periódico para peder la colaboración de los ciudadanos con el fin de encontrarlo.
El carácter o modo de ser de las personas se describe atendiendo a sus sentimientos, moral y
conducta. Para describir el carácter existen una gran cantidad de adjetivos:
AFECTIVIDAD/INSENSIBILIDA
D
TRANQUILIDAD/INTRANQUILIDAD
ALEGRíA/TRISTEZA
sensible,
sentimental,
sensiblero,
romántico,
afectivo,
emotivo,
espiritual,
sensitivo,
hipersensible
frío,
indiferente,
insensible,
impasible,
esquivo,
tranquilo,
sereno,
sosegado,
bonachón,
plácido,
desapasionado pacífico,
reposado,
calmoso,
apacible,
dócil,
impasible,
indolente,
tranquilón,
flemático
inquieto,
turbulento,
levantisco,
bullicioso,
atolondrado,
confuso,
azaroso,
violento,
desasosegado,
soliviantado,
agitado,
enloquecido,
enajenado
DIVERSIÓN-GRACIA/
ABURRIMIENTO-SOSERÍA
VALENTÍA/COBARDÍA
divertido,
animado,
alegre,
juguetón,
entretenido,
juerguista,
jaranero,
marchoso,
gracioso,
agudo,
salado,
ocurrente,
guasón,
saleroso,
bromista,
jovial, jocoso
valiente,
valeroso,
esforzado,
intrépido,
arrojado,
impávido,
impertérrito,
gallardo,
bizarro,
arrogante,
heroico,
farruco,
resuelto,
audaz,
atrevido,
osado
aburrido,
tedioso,
soporífero,
fastidioso,
anodino,
desaborido,
desabrido,
insulso
AMISTAD/ENEMISTAD
cobarde,
medroso,
amilanado,
temeroso,
asustadizo,
pusilánime,
achicado,
rajado,
miedoso,
asustadizo
INTELIGENCIA/
ESTUPIDEZ
alegre,
radiante,
eufórico,
jacarandoso,
jocoso,
dichoso,
risueño,
feliz,
afortunado,
contento,
satisfecho,
encantado,
ufano,
optimista,
juguetón
triste,
abatido,
alicaído,
infeliz,
desgraciado,
desdichado,
compungido,
pesaroso,
disgustado,
melancólico,
taciturno,
mustio,
tétrico,
macabro
ORGULLO-SOBERBIA/
HUMILDAD-TIMIDEZ
soberbio,
humilde,
altivo,
sencillo,
altanero,
tímido, corto,
arrogante,
timorato,
estirado,
apocado,
insolente,
apagado,
orgulloso,
parado,
engreído,
remiso,
presuntuoso, lánguido,
creído,
ñoño
ufano,
satisfecho,
hinchado,
fantasioso,
fatuo
MORAL/AMORAL
amistoso,
amigable,
simpático,
mayo,
amigo,
aliado
enemigo,
antipático,
hostil
inteligente,
listo, sagaz,
sesudo,
perspicaz,
despierto,
avispado,
despabilado,
agudo, sutil,
ingenioso,
vivaz,
superdotado,
precoz
estúpido,
tontaina,
necio,
bobalicón,
berzotas, lila,
zoquete,
cretino,
mentecato,
simple,
majadero,
memo,
tarado, bruto,
mastuerzo,
pánfilo,
panoli
moral,
bondadoso,
virtuoso,
honesto, leal,
decente,
comedido,
sobrio,
altruista,
desinteresado,
cándido,
sincero
inmoral,
malvado,
vicioso,
deshonesto,
traidor,
indecente,
egoísta,
interesado,
astuto, falso
- Realiza un retrato de un compañero, con rasgos físicos y de carácter
Las descripciones caricaturescas de personas utilizan diferentes recursos lingüísticos:
* Emplea hipérboles, grandes exageraciones:
orejas de elefante, ojos como cuevas, calvo como una bombilla; comerse uno el
mundo, ser capaz de levantar un camión, suspender hasta el recreo.
* Animalizaciones, comparaciones con animales:
uñas gatunas, olfato de perro, voz de cotorra, piernas de jirafa, pelo de oso.
* Comparaciones del habla coloquial:
alto como una torre, delgado como un fideo, fuerte como un roble, lento como una
tortuga, sordo como una tapia, terco como una mi más bueno que el pan, más viejo
que Matusalén.
* Muchos chistes y frases ingeniosas se basan en exageraciones caricaturescas:
Era un hombre tan bajo, tan bajo, que se tenía empinar para llegar al suelo.
- Lee:
Pues señor, érase en un lugar llamado Villagañes, una viuda más fea que el sargento
de Utrera; más seca que un esparto, más vieja que el andar a pie, y más amarilla que
la epidemia. En cambio tenía un genio tan maldito, que ni el mismo Job lo hubiera
aguantado.
Fernán Caballero
- Subraya en el texto anterior los rasgos descritos mediante exageraciones
- Realiza ahora una caricatura de un personaje conocido
A veces, se hacen retratos de dos personajes opuestos, como éste de Pío Baroja en Zalacaín
el aventurero:
La tertulia de la noche en la taberna de Arcale la sostenían Tellagorri y Pichía.
Pichía, digno compinche de Tellagorri, le servía de contraste. Tellagorri era flaco;
Pichía, gordo; Tellagorri vestía de oscuro; Pichía, quizá para poner más en
evidencia su volumen, de claro; Tellagorri pasaba por pobre; Pichía era rico;
Tellagorri era liberal; Pichía, carlista; Tellagorri no pisaba la iglesia; Pichía
estaba siempre en ella; pero, a pesar de tantas divergencias, Tellagorri y Pichía se
sentían almas gemelas que fraternizaban ante un vaso de buen vino
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