El Medio es el masaje; Marshall McLuhan y Quentin Fiore

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Comentario a El medio es el masaje, de Marshall McLuhan y Quentin Fiore
El texto del profesor McLuhan que ha sido analizado corresponde a una de sus obras más experimentales, no
pudiendo hablar con propiedad de un libro tal y como es generalmente aceptado. Hemos llevado a cabo la
lectura de El medio es el masaje. Un inventario de efectos, realizado con la colaboración de Quentin Fiore,
afamado diagramador y dibujante norteamericano. Esta obra busca alcanzar la mayor coherencia posible entre
las teorías defendidas por el profesor canadiense y la forma de comunicar éstas. De esta forma, puesto que
McLuhan nos habla constantemente de los efectos de los nuevos medios de comunicación en la sociedad,
opuestos al tradicional método de la imprenta éste libro juega con los aspectos gráficos de la palabra escrita.
De esta forma, las palabras se retorcerán, estarán reflejadas o presentarán los más variados tamaños y
repeticiones. Un referente obligado y en el cual hará especial hincapié McLuhan es el Finnegan's Wake de
James Joyce, ya que la representación del lenguaje en esta obra es infinítamente más importante que el
contenido que pueda tener. Con esta idea básica parten también las ideas del profesor canadiense, siendo de
obligada mención la clásica afirmación de que el medio es el mensaje ya que incluso el mismo título de la
obra comentada no es sino una pequeña perversión y juego de palabras de esta frase (en inglés mensaje es
message, frente a masaje, massage). Con especial humor y sarcasmo, comprobamos cómo una de las primeras
ilustraciones corresponde a una oreja ayudada por una mano en ademán de obtener una mejor escucha y bajo
la fotografía encontramos una interrogación ¿el masaje?. Creemos firmemente que innumerables lectores de
esta obra han sacado de ella conclusiones trascendentales o innovadoras teorías sociológicas y ni siquiera se
han percatado de la pequeña broma que supone el título del libro. Al ver esto no podemos sino recordar la
brillante aparición del profesor McLuhan en el film de Woody Allen Annie Hall y confirmar que ciertamente
el medio es el mensaje.
McLuhan parte de una idea básica en este libro para confirmar sus teorías, y ésta es que los medios de
comunicación no son sino una prolongación de los sentidos humanos. Esto lleva consigo que con cada
adelanto tecnológico que se produce pueda hablarse también de una nueva forma de percepción de la realidad.
Este hecho situado en una época de evolución tecnológica constante y desenfrenada lleva consigo el choque
en las ideologías entre padres e hijos, pues en ese pequeño salto generacional la forma de ver y entender el
mundo ha cambiado completamente. Este libro fue escrito en 1967 y obviamente hace referencia a las
diferencias entre unos hijos criados bajo la tutela de la televisión y sus padres, carentes de ella y en contacto
con el mundo gracias a la imprenta. No podía imaginarse McLuhan lo profético de sus teorías treinta años
después, cuando incluso entre hermanos con algunos años de diferencia se ve el contraste entre el
conocimiento y empleo de las nuevas tecnologías como Internet y la ignorancia de éstas. Un serio problema
que plantea esta dependencia de las siempre cambiantes tecnologías en la formación de las personas puede
encontrarse en la contraria dicotomía habida entre nuestro conocimiento y aprendizaje natural, los medios de
comunicación, y la enseñanza academicista y tradicional, apegada a los cada vez más incomprensibles libros
(haciendo con esto referencia al medio y no al contenido).
El segundo hecho fundamental expuesto en esta obra es la idea de aldea global, aparecida en muchos otros
escritos de McLuhan. Se parte del hecho de que el individuo actual recibe un constante caudal de información
de todo cuanto acontece en el mundo, y en la mayoría de los casos esta recepción no es puramente selectiva
sino pasiva. Antiguamente, en el período de dominación del libro escrito el ser humano era mucho más
individualista y escogía aquellos temas que le eran de interés a su persona, sin poseer ningún tipo de interés o
identificación con la colectividad. Muchos años después los nuevos medios de comunicación nos avasallan
con información acerca de todo cuanto acontece en el mundo, dirigiendo nuestro interés hacia determinados
temas y mostrándonos la importancia que puedan éstos tener, independientemente de que acontezcan a miles
de kilómetros. Es por ello que parecemos haber vuelto al período primitivo de las aldeas (si bien a una escala
muy superior) en el que todo cuanto podía suceder entre los miembros de ésta afectaba y era conocido por
todos. Fundamental para que pueda producirse este efecto en la sociedad es el hecho de que los nuevos
medios actúan en tiempo real, esto es, tenemos conocimiento inmediato de todo cuanto pasa en el mundo. Si
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esta información se produjera a posteriori, existiría una mayor selectividad por parte del individuo a la hora de
tener conocimiento de la realidad. Tomemos dos acontecimientos bélicos determinados, la denominada
Guerra del Golfo Pérsico y el actual conflicto en Kósovo. En el mismo instante que ambos estallaron la
sociedad mundial pudo hacerse eco de ellos gracias a la televisión y pasaron a convertirse en el principal tema
de preocupación de esta aldea global. Nos da igual que estos conflictos puedan o no afectarnos directamente,
los estamos padeciendo gracias a la televisión. Cada uno de nosotros es el dirigente máximo de la aldea y
discute o busca soluciones a hechos que acontecen a miles de kilómetros y que desconoceríamos o que no nos
interesarían si la televisión no nos los hubiera mostrado. Mayor hipocresía que el pueblo norteamericano, cuya
sociedad media nada notablemente en la estulticia, pendiente de la cadena CNN veinticuatro horas al día para
conocer cuanto ocurría en Kuwait o Serbia y ni siquiera pueden localizar esas regiones en un mapamundi.
Así, y pese a que McLuhan no lo exprese directamente, creemos reconocer un tono pesimista en su obra, con
unos medios de comunicación que gobiernan fatalmente el destino de la humanidad, modelando su
conciencia, cultura e incluso sensibilidad individual y sin que se pueda hacer nada para evitarlo. El profesor
canadiense llegaría incluso a decir que sólo cabe desconectar la electricidad si queremos recuperar el espíritu
de antaño, lo que nos lleva a descubrir otra de las ideas inherentes a la obra de McLuhan, la nostalgia por la
cultura del libro, la antaño todopoderosa imprenta que nos hacía más libres, pues la información era entonces
algo selectivo y al alcance sólo de aquellos a quienes pudiera realmente interesarles.
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