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Enero 09
Criterios para el manejo de la Nutrición Mineral en Colza
La vuelta de un clásico
El cultivo de colza ha venido expandiéndose como alternativa invernal durante las
últimas campañas. Marcelo Palese, del departamento técnico de Nidera Nutrientes,
ofrece aquí algunas recomendaciones para el correcto manejo nutricional de la
oleaginosa.
A nivel mundial, la colza es la segunda oleaginosa en importancia después de la soja.
En nuestro país se conoce desde la década del ‘30. En esa época se comercializaba con el
nombre de nabo y tanta era su difusión que figuraba su cotización oficial en la Bolsa de
Cereales. Desde entonces a esta parte, el país pasó de procesar unas 40.000 toneladas en la
elaboración de aceite, hasta prácticamente su desaparición de los campos argentinos.
Desde hace algunas campañas, el cultivo ha comenzado a recuperar escala. Algunas
de las razones de esta nueva etapa de crecimiento se encuentran en tecnologías que mejoran
las posibilidades de manejo de la oleaginosa, en la iniciativa de semilleros e industria aceitera
que han desarrollado propuestas de comercialización para extracción y molienda disminuyendo
significativamente los problemas de comercialización y, por último, la búsqueda de opciones
productivas al trigo, complicado por el clima y las regulaciones comerciales.
En la última campaña (2007/08), según datos de la Secretaría de Agricultura nacional,
fueron sembradas con colza un total de 14.556 hectáreas, un 40 % más que la campaña
anterior, con una producción total de 21.240 toneladas, un 81,8 % por encima de la última
campaña, y un rendimiento promedio de 1543 kg/ha.
Con 7200 hectáreas, la provincia de Buenos Aires es la región que lidera la siembra de
la oleaginosa. Le sigue La Pampa, Córdoba, Entre Ríos –que ha comenzado a incorporar el
cultivo en las últimas dos campañas- y en menor medida Santa Fe.
Buena parte del resurgimiento del cultivo se debe al acompañamiento tecnológico en el
que están trabajando las empresas, en busca de mayores rindes y calidad de aceites y harinas.
Según el especialista en nutrición de Nidera Nutrientes, Ing. Marcelo Palese, el manejo
nutricional es una de las claves para el éxito de la oleaginosa.
Según el técnico, la colza se adapta a distintos tipos de suelo, sin embargo la
preferencia para un correcto “anclaje” de raíz es que sean profundos, lo que redundará en una
adecuada transferencia de agua y nutrientes hacia la parte aérea y la mayor carga en silicuas.
Además, deben evitarse medio-ambientes suelo de escaso a nulo drenaje o con déficit de
estructura coloidal o de oxigenación restringida.
Palese sostienen que el cultivo de colza se destaca por la capacidad de adaptarse a
diversidad de ambientes y por una tasa alta de extracción de nutrientes.
“Una auditoría de suelos es indispensable para un correcto balance, para ello el
análisis de la muestra precederá a una adecuada formulación de mezcla de nutrientes para el
inicio exitoso del cultivo”, sostiene el técnico de Nidera Nutrientes.
Es prioritario en sistemas de alta producción –cuando las variedades son exigentesatender las necesidades del cultivo y la reserva de suelo físico-nutritiva, a vistas de mediano
plazo.
Palese detalla entonces que la necesidad de nutrientes cada 100 (cien) kg. de grano
son:
Para nitrógeno de 5,2 kg.
Para fósforo (P2O5) de 2,8 kg.
Para sulfatos de 4,3 kg.
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El fósforo deberá aportarse a la siembra excepto los casos de necesidad de superar
niveles de crónica disponibilidad de origen, acudiendo a aplicaciones masivas previo a la
instalación del cultivo y, complementando aplicación a la siembra al costado y por debajo de la
línea.
Para el éxito en la respuesta del nitrógeno, éste nutriente podrá ser aportado en una
fracción menor de la totalidad al arranque del cultivo, debiendo prever aplicaciones en el estado
de roseta.
En ese orden, el azufre es determinante y como sigue la curva del anterior nutriente, es
en el estado de floración la coincidencia de máxima demanda, debiendo tener en cuenta que el
azufre no se re-transloca desde las hojas viejas, manifestando carencias en la parte superior
de la planta.
El boro, denominado el “cuarto elemento”, se manifiesta como el azufre con un
amarillamiento entre nervaduras y es poco móvil en la planta.
A la hora de las recomendaciones, Palese detalla las fuentes adonde recurrir para
satisfacer las necesidades nutricionales de esta oleaginosa.
En lo que hace a Fósforo, las mezclas Pampero fueron concebidas para cubrir la
demanda de niveles críticos de éste nutriente, que asimismo es acarreador de otros nutrientes.
Tal concepción tiene su fundamento en la previa determinación en inventarios de perfil de suelo
regional.
Otro material que cubre los objetivos es el fosfato mono-amónico azufrado (MAP-S: 1434-00+10S), excelsa mezcla para diversidad de ambientes.
En Nitrógeno, la aptitud de uso de éste elemento está ligada a las formas de
presentación como nítrica o amoniacal o ambas. Para ello se puede acudir a: Labrador o
Labrador-S, o Nitromix-Granulado o fuentes uréicas.
Por su parte, el azufre, al ser de alta incidencia en éste cultivo, podrán ser
considerados el Azugran (con 18% de azufre), o el Sulfato de Amonio (21-00-00+24S).
Por último, el Boro presenta distintas concentraciones desde el 10% al 20% y pueden
ser acarreados por los iniciadores de cultivo como los Pampero o MAP-Azufrado.
Para Palese, los Diagnósticos Foliares son una herramienta que se puede utilizar para
realizar monitoreos más estrictos de la evolución y trans-locación del o los nutrientes minerales,
debiendo obtener muestras de tejido previo a la floración, obteniendo valores que permitan
determinar los niveles críticos y alcanzar una complementación del nutriente a nivel foliar.
AREAS DE DIFUSION DEL CULTIVO EN LA ARGENTINA
Un documento elaborado por la Chacra Experimental Integrada Barrow indica que las
regiones trigueras coinciden con las áreas factibles para el cultivo de colza.
Con el cultivo de colza se puede llegar a obtener rendimientos cercanos al 50-60% de
los rendimientos potenciales del trigo, de acuerdo a la zona.
- Centro sur y sudeste de la Provincia de Buenos Aires
Esta zona tiene antecedentes en el cultivo de colza y es una zona con gran potencial.
Los rendimientos obtenidos han llegado a los 2.800 kg./ha. Esta es una zona triguera
por excelencia con gran seguridad de cosecha. La rotación agrícola de trigo se hace con
girasol. Este sistema la convierte en un área difícil para el desarrollo de otros cultivos. Se
observan en esta zona áreas con problemas de profundidad de suelos donde los rendimientos
de trigo son menores y los cultivos como girasol tiene limitaciones importantes. En esta zona se
ha llegado en el último ciclo agrícola a rendimientos promedio de 1.600 kg/ha de colza por lo
que la oleaginosa alcanzó el 55% de la potencialidad del trigo.
- Sudoeste de la provincia de Buenos Aires
Esta zona presenta suelos con menor aptitud agrícola. Comprende los partidos de
Patagones, Villarino, Bahía Blanca, Cnel. Rosales, Puan, Saavedra, A. Alsina y
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Guaminí. Los rendimientos de trigo oscilan entre los 1.000 y 1.800 kg./ha. Los cultivos de trigo
tienen limitada su producción debido a las condiciones climáticas desfavorables en madurez
que se caracterizan por alta temperatura y baja humedad.
- Este de la provincia de La Pampa
Esta zona posee condiciones similares al sudoeste de Buenos Aires, con limitaciones
para la producción agrícola. Los rendimientos de trigo son bajos y posee condiciones limitantes
para la producción de oleaginosas de verano. La colza por su rusticidad y fisiología se adapta a
esta zona.
En los últimos años, se han incorporado otras zonas tales como Sur y Centro de Santa
Fe, donde la colza ha mostrado una buena adaptabilidad con rendimientos aceptables, Entre
Ríos y centro sur de Córdoba.
Consultas técnicas:
Marcelo E. Palese
Servicio Técnico – Nutrientes
Nidera S.A.
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