No hay más que ponerse en la cola de... Julia en el mercado o en la barra del bar,...

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Sí se puede, pero ¿queremos?
No hay más que ponerse en la cola de la carnicería, o en el puesto de verduras de la señora
Julia en el mercado o en la barra del bar, para darse cuenta de por dónde anda el pueblo
soberano. ¿Verdaderamente estamos incidiendo sobre ese pueblo, o más bien sobre nuestra
necesidad de 'hacer algo', aunque sirva más para la autosatisfacción que para tirar abajo el
sistema?
Se habla de que no hay que tener prisa, que esto lleva tiempo. Pues eso se le dice al de la
cola del paro o al que tiene que revolver en los contendores o al que no sabe qué hacer con la
demencia senil de su madre porque le han suprimido cualquier tipo de ayuda, a ver lo que dice
de tomarse el tiempo con calma.
Los más clarividentes hablan de organizarse. Para lo que se crean montones de chiringuitos
cada uno con sus puntos programáticos. Unos desde el ámbito social. Otros desde el electoral.
Y todos increíblemente parecidos.
Pero en la mayoría de los casos el ciudadano se limita a generar charletas en el bar, en la
peluquería o en la tienda, sin más ánimo que liberar adrenalina o pasar el rato. Y ahora
pregunto: ¿así vamos a alguna parte? ¿qué hacer para llevar a la práctica tanta alternativa,
tanto programa y tanta iniciativa y sacar del sopor al ciudadano medio ?
Para empezar y como cimiento de todo lo demás, generar un mínimo común denominador
con todos los programas y reunir de forma organizada, bajo un solo epígrafe, frentes, mareas,
convocatorias, partidos, sindicatos, etc., que tienen que estar dispuestos a diluirse en un
conjunto. Ya habrá tiempo cuando hayamos conseguido el objetivo inicial para debatir
cuestiones más específicas. Esto exige un esfuerzo, por parte de todos, de perder parte de la
propia personalidad, así como la aplicación de una buena dosis de tolerancia.
Una vez creada la organización unitaria hay que trabajar en un doble frente: el social y el
institucional. Ninguno de ellos podrá llevar a cabo la tarea sin el otro. Mal vamos si se intenta
ir solo por uno de los dos caminos. Por otra parte hay que tener en cuenta que la unidad
organizada no se puede quedar en sí misma, sino que tiene esa doble tarea citada y que repito
porque me parece fundamental. Por un lado, atraer a los ciudadanos y ayudarles a su propia
organización. Por el otro, entrar de forma mayoritaria en las instituciones para hacer real la
democracia participativa. No puede existir ésta con las instituciones mayoritariamente en
manos de quienes siguen el dictado del poder financiero. Para poder hacer realidad la
consecución de las necesidades de los ciudadanos hay que conseguir la posibilidad de hacer
leyes y manejar presupuestos desde una óptica de la ciudadanía y no de los financieros. Y
tener la posibilidad real de empezar a arrebatarles el poder mediante un proceso
constituyente, cosa que no se consigue solo ganando unas elecciones. Eso solo es un primer
paso, imprescindible, pero no suficiente. De ahí, como decía, la necesidad de ir de la mano
desde lo institucional y desde la organización social.
Porque lo que resulta inviable, es una revolución solo desde la concienciación social o solo
desde la política. La concienciación popular se tiene que ir organizando al mismo tiempo
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políticamente. Es una relación dialéctica como muy bien expresó la filosofía hegeliana y supo
recoger Marx, que ni mucho menos está muerto por mucho que el neoliberalismo intente
dejarle al margen. Ni la política es posible sin el apoyo social ni la sociedad podrá llevar
adelante sus anhelos sin la política.
No entiendo ni a los que niegan una parte de la lucha ni a los que no tienen en cuenta la otra.
Algunos pensarán que todo esto no deja de ser una utopía. Estoy convencido de que no. Son
cosas perfectamente posibles si las queremos poner en práctica. Si creyera lo contrario no
estaría en el trabajo diario para hacerlo factible. La primera obligación de quienes luchamos
por la consecución de los derechos humanos para todos es no caer en la desesperación y el
pesimismo. Eso es lo que tratan de inculcarnos. No hay que hacerles el juego.
¿Verdaderamente se puede? Estoy convencido de que sí cambiando el chip y creando una
nueva manera de estar en la sociedad y de en las instituciones. Pero ¿queremos? Eso lo
tienen que contestar desde muchos ámbitos.
(Artículo publicado en diario La Opinión de Murcia el 20/7/2013:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/07/20/queremos/485018.html)
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