Los siete errores de Brasil que la Argentina debería evitar

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Año 37 - Edición Nº 835 – 24 de Septiembre de 2015
Los siete errores de Brasil que la Argentina
debería evitar
Jorge Vasconcelos
[email protected]
Los siete errores de Brasil que la Argentina debería
evitar 1
El desenlace de la crisis de Brasil es incierto, dado el deterioro de los indicadores
económicos y la fragilidad del cuadro político. Con el dólar coqueteando con la paridad
de 4 reales, la inflación puede volver a repuntar y el Banco Central tener que subir más
todavía la tasa de interés, profundizando la recesión. Una opción igualmente
inquietante es que la autoridad monetaria se dé por vencida, suspenda el régimen de
metas y el ajuste lo termine haciendo un fogonazo inflacionario. Frente a esos riesgos,
nadie quiere desechar el escenario de una solución política a la crisis, acuerdos en el
Congreso para realizar reformas profundas en el plano fiscal, regulatorio y de inserción
externa y que, finalmente, la inflación comience a ceder, bajen las tasas de interés de
mediano y largo plazo y las exportaciones repunten en forma sostenida.
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Nota publicada en el diario El Cronista el 24 de septiembre de 2015 2
Revista Novedades Económicas – 24 de Septiembre de 2015
El curso de los acontecimientos en Brasil se habrá de esclarecer en paralelo con la
definición del rumbo político en la Argentina, por lo que la agenda del próximo
presidente estará impregnada por la suerte del vecino del Mercosur. Para quienes
creen que el problema de nuestro país sólo consiste en las escasas reservas del Banco
Central, el contraejemplo brasileño es ilustrativo, ya que Dilma no ha podido evitar el
profundo deterioro de la economía pese a que las reservas alcanzan a nada menos que
370 mil millones de dólares.
En forma esquemática, se subrayan los principales factores que parecen haber
contribuido al complicado presente de Brasil, en algunos casos con marcada similitud
con la Argentina:
1)
La propia Dilma Rousseff reconoció semanas atrás haber reaccionado tarde
frente a los indicadores tempranos de la crisis. Durante 2014, en plena campaña
electoral, el gobierno hizo un discurso de continuidad por lo que, cuando quiso dar un
giro (con la designación de Joaquim Levy) se encontró con el problema de no gozar del
“mandato” correspondiente. Esa contradicción le dio más excusas al Congreso para
boicotear las medidas propuestas.
2)
Cuando comenzaron a deteriorarse los términos de intercambio, fue un error
tratar de compensar con medidas expansivas de demanda, ya que había que poner
énfasis en el lado de la oferta (productividad, burocracia, infraestructura). Así, la
economía se estancó pese a que los esfuerzos por reactivar hicieron elevar la deuda
pública en 14 puntos del PIB entre 2013 y 2015, lo que perjudicó la calificación
crediticia del país.
3)
Subestimar la importancia de contar con industrias integradas a las cadenas
globales de valor. Mientras México desplazaba a Brasil como centro manufacturero de
la región, Itamaraty dilataba las negociaciones con la Unión Europea, el Nafta y la
Alianza del Pacífico, sin que las cámaras empresariales pusieran presión, dadas las
dificultades para competir.
4)
Asociado con el punto anterior, haber actuado como si el “boom de las
commodities” habría de durar para siempre. De este modo, los salarios comenzaron a
desconectarse de la productividad y fueron muy pocos los sectores que pudieron
compensar exportaciones en el momento en que las materias primas comenzaron a
aflojar.
5)
Haber demorado reformas estructurales para quitarle rigidez a la evolución del
gasto público, que es demasiado elevado para un país de desarrollo intermedio como
Brasil y que, además, está dominado por las erogaciones corrientes, con inversión
pública que apenas supera los 2 puntos del PIB.
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Revista Novedades Económicas – 24 de Septiembre de 2015
6)
Pese a las limitaciones del estado para realizar gasto de capital, tampoco se
avanzó en los proyectos público-privados, como solución alternativa. Así, pese al
boom de commodities, en los últimos 8 años Brasil retrocedió 37 peldaños en el
ranking de Calidad de Infraestructura del World Economic Forum, hasta el lugar 120
entre 144 países (Argentina pasó del puesto 61 al 123).
7)
En medio de tales falencias, el Banco Central no pudo lograr una inflación de
nivel internacional, despertando fundados cuestionamientos al régimen de metas en
vigencia. Es que cada vez que se intentó contener los precios, se terminó recurriendo a
la apreciación insostenible del real y a subas inusuales de las tasas de interés, lo que
acarreó severos daños colaterales, no sólo sobre el sector privado, sino sobre el propio
estado, ya que la deuda pública está atada a la Selic. A su vez, cuando se buscó alivio
relajando esos instrumentos, la inflación volvió a rebotar, generando un dilema
corrosivo a los hacedores de política. Si para bajar la inflación hay que recurrir al
atraso cambiario y a la quiebra de las pymes y del Estado por el encarecimiento del
crédito entonces, cabe preguntarse, ¿dónde está el mérito de esa política?. Así, esta
experiencia ha sumado argumentos para que la Argentina busque un régimen
cambiario-monetario superador, no sólo al de Brasil, sino también a los aplicados antes
en nuestro país. No es algo que podrá verse en el arranque de la próxima gestión,
pero si en el rumbo de la transición que arranca el 10 de diciembre. Ninguna opción
estará exenta de riesgos. Una variante es que se intente unificar el mercado de
cambios, pero en este caso es clave minimizar el traspaso a precios de ese
movimiento. Del otro lado, mientras más tiempo se transite sin salir de los controles, el
riesgo a combatir será el de la brecha cambiaria. Aunque ésta inicialmente baje, una
eventual ampliación posterior tendría efectos muy negativos sobre las expectativas de
inflación y las decisiones de inversión.
4
Revista Novedades Económicas – 24 de Septiembre de 2015
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