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Apuntes de sus
Ejercicios Espirituales
.(1965)
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y notas de Ignacio Iglesias, SJ.
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Pedro Arrupe, S.J.
AQUÍ ME TIENES, SEÑOR
Apuntes de sus Ejercicios Espirituales
(1965)
Introducción, transcripción y notas
de Ignacio Iglesias, S.J.
Ediciones
i Mensajero
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de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionada puede
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s. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos
(www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
Sumario
Prólogo (Isidro González Modroño, S.J.)
9
Introducción (P. Ignacio Iglesias)
13
Características de la presente edición
39
Ex. Sp. 1965 Roma (P. Pedro Arrape)
43
Notas
97
Diseno de portada: Alvaro Sánchez
Anexos
(Documentación del 7 mayo al 8 diciembre 1965)
© 2002 Ediciones Mensajero, S.A.U.- Sancho de Azpeitia, 2 48014 Bilbao
E-mail: [email protected]
Web: http://www.mensajero.com
TSBN: 84-271-2458-9
Depósito Legal: Bl-1285-02
Printed in Spain
Impreso en RGM c / . Padre Larramendi, 4 - 48012 Bilbao
111
Prólogo
En febrero del presente año 2002 se cerraba la celebración,
acordada por muchas Provincias de la Compañía de Jesús, del
«año Arrupc». Con esa celebración se pretendía impulsar la vitalidad y vigencia entre nosotros del legado del P. Arrupe, un
legado que afecta de manera determinante a nuestra manera
de entender hoy aspectos clave de la espiritualidad ignaciana y
en particular a nuestro modo de entendernos como jesuítas.
Estamos convencidos de que la herencia del P. Arrupe no
es algo que pertenece solamente a la Historia como algo pasado. Percibimos cada día con más nitidez que su fuerza pervive entre nosotros, re-generando dinámicas de apertura a
Dios, de compromiso con la Historia, de visión mística del
mundo, de pertenencia eclesial, de estilo y «modo nuestro de
proceder». Más aún, estamos convencidos de que los aportes
recibidos de este «profeta» (en el sentido en el que el P. Iglesias le aplica este término en la introducción) no han terminado de desarrollar su potencialidad interna, y que actualmente, en un momento de liderazgo más sapiencial en la
Compañía y en la lectura de la espiritualidad ignaciana, podemos empezar a entender y enmarcar en una visión más
completa y significativa. A medida que avance el tiempo
creemos que se comprenderá mejor su significado para la
9
Compañía y para la Iglesia toda; y sin duda se desarrollarán
y adquirirán entidad muchas de sus intuiciones imposibles
de encajar en el momento histórico que le tocó vivir, y que sólo con el tiempo y el avance necesario de la vida religiosa y de
la espiritualidad ignaciana encontrarán posibilidades de significación más plena.
Aún siendo verdad lo dicho sobre los aportes de Arrupe,
más que su magisterio carismático y el valor de los documentos que entregó a la Compañía y a la Iglesia, su persona
misma es la principal riqueza que nos dejó. Arrupe vivió con
todo su ser un proceso de síntesis y reelaboración que transciende los contenidos de sus documentos. Su experiencia personal es el lugar hermenéutico necesario para entender muchas de sus intuiciones y su obra en general. En este sentido
el texto que ahora se publica es una aportación muy valiosa
para entenderle desde dentro, en su libertad espiritual, en su
lealtad de seguidor y discípulo, en su apertura a cambiar desde la experiencia de Dios su manera de ver la realiciad y el
mundo. Sólo desde su gran libertad de discípulo fiel pudo y
tuvo que pasar de una visión de la Compañía forjada en la
formación clásica que le tocó recibir a una visión renovada y
reformulada con una profunda coherencia espiritual. Su proceso es un ejemplo claro de «fidelidad creativa» y requiere de
todos nosotros un esfuerzo de desarrollo y consolidación.
El texto que sigue no es exactamente un libro. No hay continuidad narrativa, ni hay una estructuración temática de
pensamientos sueltos, etc. Sin embargo vemos ahí el proceso
duro y difícil de un hombre recién nombrado general de los
jesuitas que intenta descubrir la Voluntad de Dios como criterio único para encuadrar su misión. Y vemos también cómo
sus impulsos espirituales se debaten entre categorías más clásicas, propias de su formación histórica, y la necesidad de
una reformulación que mantenga la fidelidad real y la capacidad de ser significativas cultural y existencialmente.
Con desigualdad, como ocurre en todo proceso espiritual,
hay momentos en los que se atisba con fuerza los primeros pasos de un hombre con corazón de místico que acaba de ser
nombrado general, y se pregunta por su misión, por lo que debe hacer desde el encargo que acaba de recibir. Hay otros mo10
montos en los que se perciben los estancamientos, las dificultades para avanzar. Los entusiasmos y los frenazos forman parte
de un proceso profundamente significativo en el que Arrupe
va dejando que, en Presencia de Dios, con una profunda honestidad y apertura espiritual, discerniendo constantemente,
se vaya rehaciendo en su intimidad más profunda la conciencia de ser enviado y las categorías en que concretarlo en ese
momento.
En la introducción se dice, y con razón, que no hay que
forzar un paralelo entre el presente escrito de Arrupe y el diario espiritual de Ignacio de Loyola. Pero es evidente que tienen algunos puntos en común. En los dos casos vemos el afán
de ambos por no dejar escapar, insistiendo casi hasta el exceso, lo que Dios les esté queriendo decir. El afán de buscarle en
todo y desde todos los ángulos, explorando posibilidades cada uno desde su estilo, pero coincidiendo en su disponibilidad para dejarse conducir por las mociones que en este contexto de profunda búsqueda espiritual van sintiendo. Es
claro, por otra parte, que el escrito del P Arrupe se centra en
los ecos que, resonando desde varios niveles, se provocan por
la dinámica de los Ejercicios y por la novedad de la misión
apenas recibida: esto marca una diferencia fundamental con
el diario ignaciano.
La lectura de este texto requiere en mi opinión un conocimiento previo de la persona y escritos de Arrupe ( también
en esto hay cierta similitud con el diario de Ignacio de Loyola). Aunque no es una agenda de notas sueltas, el texto remite a un contexto que es determinante para dar cierto sentido a
la lectura. Es lo que se ha pretendido facilitar con algunas de
las notas que se han añadido y con la cuidada introducción
elaborada por el P. Ignacio Iglesias. Por eso mismo, el lector
no debe buscar una lectura espiritual fácil en este texto: remite a un misterio en acción, que necesita para su comprensión
más honda de datos que sólo están fuera del libro.
Arrupe - d e eso estamos seguros- no precisa que nos esforcemos en mantener vivo su recuerdo y su legado. El valor
de su vida y de su obra no necesitan apologías. Pero nosotros
si necesitamos profundizar en su experiencia personal y en la
elaboración de la misma que acertó a transmitir a la Compa11
nía y a la Iglesia. Lo necesitamos para crecer en una dinámica
de adaptación del Carisma ignaciano que desde que él lo puso en marcha continvía vivo entre nosotros y requiere una libertad y fidelidad creativa que encuentran en él un maestro
irrepetible.
ISIDRO GONZÁLEZ MODROÑO, S.J.
Provincial de España
Introducción
El nombre y la personalidad de Pedro Arrape son mundialmente conocidos y ampliamente reconocidos. Al menos
por sus ideas, sus textos, sus obras, sus intuiciones y buena
parte de sus aventuras apostólicas. Las propias y las que impulsó en la Iglesia y -dentro de ella- en la vida religiosa, en la
Compañía, en los laicos. Pero va empezando a interesar cada
vez más, y a darse a conocer, su mundo interior, la raíz que
dio vida a sus ideas y a sus obras.
Se le ha llamado miles de veces «profeta». Lo fue. Pero formado en la escuela de todos los profetas, que Juan Pablo II,
treinta años después, describió así: «La verdadera profecía
nace de Dios, de la amistad con El, de la escucha atenta de su Palabra en las diversas circunstancias de la historia. El profeta siente
arder en su corazón la pasión por la santidad de Dios y, tras haber
acogido la palabra en el diálogo de la oración, la proclama con la vida, con los labios y con los hechos, haciéndose portavoz de Dios contra el mal y contra el pecado»1.
Se le ha admirado como líder apostólico, emprendedor audaz... Pero su liderazgo es el de un servidor, «hombre para los
demás», convencido de que no es a sí mismo a quien tiene que
Vida Consagrada, 84.
12
13
atraer a nadie, sino a Jesucristo el Señor, haciéndose servidor
de todos por amor a Jesús (2 Cor 4, 5).
Los primeros intentos de bucear en ese mundo interior
-como, por el momento, no puede ser de otra manera- parten
de sus escritos y de sus intervenciones. No es ciertamente fácil, aunque es posible, explorar su camino interior desandándolo, corriente arriba, a partir de sus textos, inspiradores y
operativos, y desde testimonios ajenos, hasta el manantial.
Hoy, en cambio, se nos ofrece la oportunidad de asomarnos,
de forma más directa, a un tramo de ese camino, siquiera sea
por una ventanita. Su sucesor como general de la Compañía
de Jesús, el P. Peter-Hans Kolvenbach, ha autorizado el acceso a unas pocas páginas autógrafas, personales, de Arrupe y
la publicación de las mismas.
Es lo que el lector tiene delante. Se trata de páginas íntimas,
apuntes para sí mismo, en las que deja constancia apresurada
del Dios que pasa y de lo que se va removiendo en él a su paso. Las escribió durante sus primeros Ejercicios Espirituales como general, poco más de dos meses después de elegido y sólo
doce días después de que la Congregación General que le eligió tomara la decisión inspirada de abrirse a sí misma un paréntesis (inter-sesión) de catorce meses (15 julio 1965 - 8 septiembre 1966). En ese tiempo terminaría el Concilio Vaticano II
(8 diciembre 1965). Demasiado viento del Espíritu. Para recogerlo todavía fresco, se hacía necesaria una segunda sesión.
Páginas que reflejan, mejor que ningún otro documento ni
testimonio conocido hasta ahora, el miedo de los viejos profetas, con el que Arrupe recibe su misión, pero, al mismo
tiempo, la confianza total en Dios, con que la acoge, y la humilde familiaridad con El con que se dispone a vivirla. «En El
sólo... la esperanza» -tomado de Ignacio de Loyola- habría
de ser más tarde el título y el hilo conductor de una selección
de textos suyos 2 .
Pero Arrupe, como Ignacio de Loyola, entiende la confianza por entero, como un arriesgarse en Dios desde lo hondo de
2
ARRUPti, Pedro, S.J, En El sólo... la esperanza». Selección de textos sobre
el Corazón de Cristo. Prólogo de Karl Rahner. Roma, Secretariado General
del Apostolado de la Oración, 1982, p. 195.
14
su yo, un empezar a buscar en lo nuevo y lo desconocido que
se le pone delante, y un aventurarse en ello «con todo su corazón y con toda su alma» (Dt 10, 12). Caminos nunca hollados por quien llevaba sobre sus piernas recorridos, en todas
las direcciones, miles de kilómetros misioneros.
Contexto histórico del documento
Cuando Arrupe llegó a Roma a mediados de marzo del
1965, lo hizo, como sería su estilo después, ya de superior general, con lo imprescindible, casi con lo puesto, y con su billete abierto de regreso a Japón.
A una religiosa de Perú, colaboradora suya en favor de la
misión del Japón, le escribía poco antes (13 febrero 1965)
agradeciéndole «lo que hace y quiere hacer por nosotros», contándole el envío de dos padres del Japón al Perú, uno de ellos
para «encargarse de la obra de los japoneses en Lima» y despidiéndose de ella con estas palabras: «Le agradeceré muchísimo
si me encomienda de una manera especial durante tni estancia en
Roma en la Congregación General, donde tenemos que tratar asuntos de tantísima importancia para toda la Compañía de Jesús en el
mundo y, por lo tanto, de gran repercusión en toda la Iglesia. Rece
también por Japón, puesto que nos encontramos ahora en momentos
muy interesante(s) de la reorganización de los trabajos, que sepamos
enfocar los trabajos de la manera más eficaz posible».
No volvería a reanudar su correspondencia con esta religiosa hasta casi ocho años después, el 26 de enero de 1973:
«Me habla Vd. de cartas. Ahora vivo bajo un torrente de cartas y
con menos tiempo que en el Japón, para poder atender a tantas personas a las que tanto debo y aprecio».
Nada deja entrever en Arrupe sospecha alguna de que su
viaje a Roma fuera «ad vitam» y de que no hubiera de regresar a su ansiado Japón más que en visita oficial. Ni siquiera el
hecho de que fuera miembro de la comisión preparatoria de
la Congregación, servicio pedido por el Vicario General, P.
Schwain. A principios de marzo, es decir, dos meses antes de
iniciarse la Congregación General, escribió desde Tokio a un
jesuíta de Japón, entonces en Madrid: «No sé qué podré hacer en
15
Roma entre tantas personas ilustres (erai)» -se refería a los otros
jesuítas llamados para preparar la Congregación General-, y
continuaba: «al menos, podría dedicarme a hacer la limpieza de la
casa (soji surtí)».
Ninguno de los participantes en la Congregación General
traía enarbolada la bandera de Arrupe como posible candidato a general. Sólo ya iniciada la elección empezó a sonar su
nombre. No como único e indiscutible. De hecho, la elección
no se cerraría en la primera ronda, sino en la tercera. Es probable que algunos empezaran a pensar en él cuando Maurice
Giuliani, S.J., asistente entonces de Francia, en la exhortación
espiritual previa a la elección, esbozó el perfil de lo que debería ser el general en aquel momento histórico:
«Necesitamos un General que mantenga siempre a la Compañía
unida con el mundo, al que ha de llevarse con eficacia la Palabra
de salvación. No será suficiente que nuestro General se ocupe de
los trabajos nacidos de las necesidades locales y los continúe y
prolongue, sino que además su visión ha de estar fija en el bien
universal y ha de ayudarnos como compañeros de Jesús a abrazar
al mundo entero en su totalidad y a cooperar en la redención de
nuestro tiempo».
El historiador de la Compañía, William Bangert, que aduce este texto, habría de apostillarlo a continuación: «El hombre elegido por la Congregación el 22 de mayo de 1965 se
adecuaba al ideal, expuesto por Giuliani, de apertura a las necesidades universales de la Iglesia. En efecto, no ha habido en
toda la historia de la Compañía un General que haya llevado
al cargo una cantidad de experiencia y de conocimiento del
mundo tan grande, como lo ha hecho el P. Arrupe» 3 .
Sorpresa, pues, y profunda la de Arrupe, cuya historia había sido ya una cadena de sorpresas, aterrizado ahora desde
la altura de la realidad y la pasión de misionero, que le tomaba la vida, en este nuevo horizonte, no presentido, aunque
nunca excluido, desde una disponibilidad, que le familiarizó
siempre profundamente con Ignacio de Loyola, que es músi-
ca de fondo de sus Apuntes de Ejercicios y sobre la que un día
habría de escribir a los jesuítas una de sus más importantes
cartas4.
Arrupe acaba de vivir esta disponibilidad sobre el fondo
de dos guerras: la enésima expulsión de los jesuítas en España (1931) y la guerra civil española (1936-39), que le obligan a
vivir buena parte de su formación jesuítica como desterrado;
y el coletazo final de la 2a Guerra Mundial (Hiroshima), que
arrastró detrás de sí la caída del mundo sacral del imperio del
Sol Naciente.
Historia sacudida, también internamente, la suya. Comenzando por el azaroso itinerario de su inquietud misionera,
que Dios le enciende muy desde el principio -ya en los Ejercicios Espirituales de su primer año de juniorado (1930)-, y
que se cruzará durante largos años con otros planes de sus
superiores sobre él. Describe así aquellos Ejercicios:
«Me encerré con Cristo en un ambiente, que el profano ignora,
equidistante del mundo y de la eternidad... Fue en ese mundo d
soledad concentrada, de abandonos humanos y de contactos co
Dios, donde dio su primer chispazo mi vocación misionera. No
había duda a mis ojos de principiante en el espíritu. Él lo querí
yo llegaría hasta el Japón para poner mi mano en la mancera c
que San Francisco Javier había trazado los primeros surcos cr
tianos de aquella lejana tierra. Mi corazonada no era un sueño
juventud, ni un capricho de voluntad veleidosa. Todavía recuerd
con claridad sin sombras el gesto natural y sobrenatural con qu
el Padre que daba los Ejercicios aprobó mi decisión»5.
Entre ofrecimientos e insistencias de Arrupe y vacilaciones
y largas de sus superiores (P. General incluido), que pensaban
para él otras misiones, pasan ocho largos años de su formación. De lo que él llama «el proceso de mi vocación», escribirá: «No fue una línea recta. Mucho menos un flechazo que en vuelo franco hizo diana. Oposiciones, dificultades, órdenes terminantes
BANGERT, William V., S.J., Historia de la Compañía de Jesús, Santander,
Sal Terrae, 1981, p. 630 (613-614).
4
«Carta sobre la disponibilidad», 19 de octubre de 1977, en La identidad
del jesuíta en nuestros tiempos, Santander, Sal Terrae, 1981, p. 239-246.
5
ARRUPE, Pedro, S.J., Este japón increíble (Memorias del P. Arrupe), Bilbao, El Siglo de las Misiones, 31965, p. 20.
16
17
3
en sentido de parecer contrario, y todo ello, porque Dios me quería
precisamente aquí, en el Japón». Hasta que un día, «de repente, se
me acercó por la espalda, llamándome, pues no me podía alcanzar, el
P. Ministro: -Peter! Mail for you!...You are a very important
person... A letter from F. General for you... (¡Pedro! ¡Carta para usted! ¡Es usted una persona muy importante! ¡Carta del P. Generalpara usted!) Nosalía de miasombro... ¿Quésería?... Pitia la
capilla: No digo que abrí la carta, porque aquello fue destrozar el sobre. Leí: Después de considerarlo delante de Dios y tratarlo con su
P. Provincial, le he destinado para la Misión del Japón»6.
Era el año 1938. Y empiezan a correr sus veintisiete años
en el Japón: operario (1940-1942), maestro de novicios (19421954), viceprovincial y primer provincial (1954-1965). Misionero siempre. Es como le gustaba que le vieran. Dos días después de elegido general, con fe cargada de nostalgia, saludó,
a través de la RAÍ, a los cristianos que había dejado en el Japón: «La distancia no cuenta cuando existe la fe en Dios y el amor
fraterno. Permaneceréis siempre dentro de mi corazón. ¡Hasta la
vista, pues, y no adiós! Sayonara»7.
Y como misionero se presentó a la Congregación General
y a la Compañía dos días después de su elección (24 de mayo) y al Papa en su primera visita privada del 31 del mismo
mes. Era como se sentía. No es aventurado suponer, conociéndole, que, de haberse realizado la aceptación de su renuncia al generalato por la que hubiera sido, en su mandato, la Congregación General XXXIII, habría propuesto ser
enviado a algún otro rincón, escondido, del mundo. Cristiano despierto -así se le ha descrito-, con las antenas desplegadas a todo viento del Espíritu, que «sopla donde quiere» (Jn
3, 8) y lleva (Rom 8, 14) y envía (Jn 20, 21-22). Fue ésta, en
definitiva, su aproximación más honda a Ignacio de Loyola,
el hombre de la pregunta permanente: ¿Adonde me queréis,
Señor, llevar? (...) Me parecía que era guiado» (Diario, 113); «y,
ahora, quid agendum?» (Autob. 50); «¿qué debo hacer por Cristo? (Ejercicios, 53).
6
7
Ib. p. 31.
Entrevista en la Radio TV Italiana, 24 de mayo de 1965.
18
Misionero en y desde Roma
Antes de y por encima de profeta o líder espiritual, como
se le etiqueta, Arrupe es misionero cien por cien, en el sentido
más puro del término. Su obsesión -evangelizar el Japón- se
ve truncada, después de veintisiete años, por la misión de
animar, movilizar y enviar a un cuerpo misionero, la Compañía de Jesús, con unos primeros síntomas de desgaste y fijación, por un lado, y de ruptura y sustitución de esquemas por
otro, vividos con inevitable tensión.
En su primer saludo como general a la Compañía (cfr.
anexo 2) sorprendió, y sigue sorprendiendo aún hoy, el amplio espacio central que dedica a esta problemática, la sinceridad con que la plantea y el típico optimismo con que se
dispone a afrontarla y anima a la Congregación General a
que la afronte.
En su historia, además de las guerras antes mencionadas,
reventaron terremotos culturales y sociales de enorme envergadura, cuyas sacudidas de asentamiento aún percibimos.
Secularización, modernidad, postmodernidad, justicia social,
liberación, mundialización, globalización... retumban como
truenos en el horizonte cultural y eclesial, asociados a un inquieto revivir de la fe, que halló su expresión más radiante en
el Concilio Vaticano II.
Ninguno de estos fenómenos, como fenómeno humano,
resbaló sobre Arrupe. Ni Arrupe pasó de ellos. Al contrario,
se sumergió por entero en ellos, parte como realidad humana
que está ahí y a la que hay que servir, porque se es enviado a
ella, parte oteándola y presintiéndola, porque sigue viniendo,
interpretándola, porque es llamada de Dios, y aventurándose
en responderla. Es bien reconocida su sensibilidad para ventear «el cambio» y su libertad para reaccionar ante él.
Portador, por gracia, de una nueva manera de contemplar al ser humano, el mundo, y la historia de ambos, su vida fue una constante exploración del Dios que los habita,
una audacia incansable para arriesgarse con El en ese mundo y esa historia, un hacer del discernimiento y la experiencia el cotidiano paso a paso cristiano, un superar el miedo al
fracaso humano personal, por haber experimentado su mis19
teriosa pedagogía... Precisamente porque, arraigado en el
Señor, ha podido superar sin desaliento muchas sacudidas
personales y ha resultado particularmente dotado para analizar el origen y la importancia de las pruebas que sacuden
a otros. Más aún, ha aprendido a afrontarlas desde su vertiente más positiva 8 .
Entre las páginas más ricas y personales de Arrupe hay
que señalar las de sus numerosos análisis y diagnósticos sobre nuestra sociedad, nuestra Iglesia, la vida religiosa, la
Compañía... como realidades vivas, sobre el claroscuro de la
salvación que se va realizando en todas ellas y la salvación
que siguen necesitando. Y es estimulante comprobar hoy, casi cuarenta años después, lo certero de muchos de sus análisis
y de no pocos de sus pronósticos.
El texto inédito
A este hombre, habituado a sorpresas enormes, enteramente disponible a Dios por decisión voluntaria desde sus
comienzos como jesuíta, no le quedó margen para negarse a
la nueva aventura misionera que le confió la Congregación
General 31 a de la Compañía de Jesús. Al día siguiente de su
elección confesaría esta disponibilidad humildemente:
«Al comenzar esta mi primera alocución, las primeras palabras que
espontáneamente vienen a los labios, son las del profeta: "A, a, a,
Domine Deusl He aquí que no sé hablar" (Jer 1, 6). Expresan bien
el sentimiento de mi pequenez, que ahora experimento. Es, sin embargo, evidente que la voluntad de Dios lo ha dispuesto así: lo que
es mi único consuelo, lo que levanta mi ánimo: "no temas, que yo
estoy contigo". Dios que me ha elegido por vuestro medio, me con8
«Resulta ya un tópico hablar de "crisis" (de la vida religiosa). Si comienzo recordándola, es por una curiosidad etimológica. Los japoneses traducen la palabra "crisis" con dos caracteres chinos; uno de ellos significa "peligro", "ruina inminente", y el otro "oportunidad", "break through" apertura hacia adelante...
Es precisamente ésta la óptica de cuanto pretendo comunicar con vosotros» («Nuevos desafíos y oportunidades de la experiencia de Dios en la Vida Religiosa hoy», conferencia en la IV Semana Nacional de Religiosos, Instituto de
Vida Religiosa, Madrid, 12 de abril de 1977), en La Iglesia de hoy y del futuro,
Bilbao-Santander, Mensajero-Sal Terrae, 1982, p. 667-687 (667).
20
cederá la gracia con la que pueda llevar a efecto esta gran obra, que
Él ha puesto en mis débiles manos» (anexo 2). Y afirma su compromiso personal: «En adelante me propondré sólo esto: cumplir
lo más exactamente posible la voluntad de Dios que se manifieste o
por el Sumo Pontífice o por esta Congregación General, que son
mis Superiores» (ib.). Sentimientos centrales, que, desde el comienzo, aflorarán por doquier en el texto que presentamos.
Los dos primeros meses, de estreno de misión en pleno
trabajo de la I a sesión de la Congregación (22 mayo -15 julio),
no le dejaron apenas respiro para interiorizar lo encomendado. El 17 de julio visitó con sus asistentes generales al Papa en
audiencia privada. El 22 de julio parte la comunidad de la
Curia Generalicia a sus tradicionales vacaciones de verano en
Villa-Cavalletti, cerca de Frasead. Arrupe la seguirá dos días
después, el 24. Pero ya el 31 celebra la misa de San Ignacio,
rodeado de los superiores de Roma en la iglesia del Gesú y
ante el altar que contiene los restos del santo. Pasa a continuación a felicitar al hermano cocinero de la Curia, Ignacio
Urcola, antes de volver a Villa-Cavalletti. De donde regresará al día siguiente, 1 de agosto, a Roma para comenzar a solas
diez días de Ejercicios Espirituales, los primeros como general de la Compañía.
Desde el lunes, 2 de agosto, al 12, miércoles, mano a mano
con Dios, se deja iluminar por Él sobre sí mismo y sobre su
nueva misión. Como Ignacio de Loyola con su inseparable librillo de apuntes, «que llevaba él muy guardado y con el que
iba muy consolado» 9 , Arrupe lleva consigo un viejo cuaderno
escolar (32 x 21) a rayas, ya empezado, del que va desgajando
hojas amarillentas, en las que anota, puramente para ayuda
de su memoria, el acontecer de Dios a lo largo de esos días (111 agosto 1965).
Así nació el texto que por primera vez editamos. Son cincuenta y dos páginas, cuarenta y cuatro en hojas dobles, el
resto en hojas simples, dos de ellas hijuelas intercaladas. Páginas de letra apretada, nerviosa, de la mano de alguien que
quiere registrar muchas cosas, a quien le brotan más rápidas
9
Autobiografía, 18.
21
y abundantes las ideas y la planificación de acciones posibles
que las palabras.
A ratos se esfuerza por ordenar y sistematizar su pensamiento. Son los momentos de reflexión y consideración sosegada. Pero cuando se dice a sí mismo - d e manera, por lo
demás, sobria- en relación con el Señor, las idas y venidas,
las repeticiones y una cierta lógica de su corazón, que sorprende al lector, reflejan, mejor que nada, su ebullición interior. Y entonces la pluma resbala en una grafía, con frecuencia, difícilmente descifrable, las palabras quedan a medio
terminar, las ideas saltan de una a otra y se van amontonando sobre palabras que, a su vez, se van reduciendo a rasgos
casi estenográficos.
La resultante es un texto no ordenado y metódico en su
conjunto. Se podría decir que son textos diversos, sobre temas diversos, escritos a ráfagas, a los que da unidad la circunstancia personal en la que brotan por impulsos interiores
muy diversos y un título que los envuelve a todos: Ex. Sp.
1965. Roma (Exercitia Spiritualia, 1965. Roma).
Reproducimos el texto con fidelidad incluso a la forma redaccional de Arrupe, a su trazado de líneas, paginación por
folios, esquemas, transcripciones selectivas de textos, abundantes subrayados simples o dobles, incorrecciones gramaticales y sintácticas, frases inacabadas, términos sincopados,
signos de puntuación atropellados..., lo que evidencia que no
se trata de un escrito para nadie más que para él mismo, una
ayuda para su propia memoria, una percha para las ideas que
le bullen, mitad clarificación de lo que va viendo que debe
hacer, mitad desahogo de lo que vive.
Filtra por los Ejercicios Espirituales su nueva historia.
«Elegido por Dios» son sus primeras palabras, su punto de partida como novedad efectiva de Dios en su vida. Lo interpreta
como una especie de nueva creación, que, iluminada ciesde el
Principio y Fundamento, despierta en él una nueva humildad, una nueva confianza y una nueva disponibilidad.
Son significativos los núcleos de los Ejercicios con los que
se adentra en esta nueva realidad de su vida. El Principio y
Fundamento, fondo de casi un tercio de sus días de Ejercicios
y de sus páginas, reaviva al misionero que fue poniéndolo
-por más débil en proporción a la misión, más ardua- más
profundamente a disposición de Dios. Desde las Dos Banderas se sumerge una y otra vez en la «batalla» de nuestros días
(así acababa de presentar S.S. Pablo VI a la Compañía la misión sobre el ateísmo) tratando de comprenderla y de medir
sus fuerzas y las de la Compañía. El Rey Temporal aviva, desde lo hondo de él mismo, su conciencia de enviado, como en
realidad se consideró siempre.
En medio, a través de un largo examen personal, se mide
con la figura del General de las Constituciones de la Compañía, con la del Interrogatorio que utilizaron los miembros de
la Congregación General para elegirle y con lo referido al General en el discurso del Papa, al comienzo de la Congregación
General (7 de mayo 1965), transcribiendo a mano estos largos
textos como quien los gusta, los saborea, se mira en ellos.
De repente improvisa esquemas operativos, que significan
que su voluntad ya está en misión, imagina acciones, grandes
y pequeñas, piensa en colaboradores cuya condición de seguidores del Maestro es lo primero que le preocupa avivar...
A ratos, incluso le vuela la imaginación a acciones de más
amplio radio, que trascienden la Compañía.
Y no faltará, para que su perspectiva sea ignaciana del todo, el capítulo realista de los medios. Por de pronto, con relación a sus jesuítas, los dos más importantes que tiene en su
mano: el de su propio testimonio de vida y el de prodigarse
en la relación personal con ellos: «En este punto (el de la comunicación personal del General con la Compañía) -serán las
últimas palabras- no perdonar medio, ni gasto; es vital para el gobierno de la Compañía a lo S. Ignacio».
Y como medios instrumentales, para él y para todos, la oración y el estudio. Finalmente, como alma de todas sus palabras,
de la primera a la última, Jesucristo y yo, la relación personal, el
amor personal, que brota incontenible, constituyendo en la dimensión coloquial de estos apuntes el, hasta ahora, más íntimo
y no pretendido autorretrato de Pedro Arrupe. Lo completarán
sus «oraciones públicas», las que de forma espontánea intercalará en no pocas intervenciones y textos posteriores.
Siempre el misionero. Ha cambiado la misión. Ahora es la
de dinamizar y enviar a la Compañía, yendo él por delante, a
22
23
un objetivo desbordante, a la vez muy concreto y muy difuso:
el ateísmo. Es la voluntad de Dios. Todo, en estas Notas, gravita y se mueve alrededor de esta voluntad.
Naturaleza y contenido del texto
Es probable que a más de uno le brote el deseo de relacionar estas Notas con el Diario Espiritual de Ignacio de Loyola.
No lo haga. No tiene mucho sentido la comparación, aun
siendo experiencias espirituales las que se reflejan en ellos.
Por de pronto, este texto no es un «Diario». No nos consta
que Arrupe escribiera todos los días la experiencia y la reflexión de cada día. Solamente hace referencia de calendario al 5
de agosto (meditaciones de la tarde 4,1/2 y 6,1/2 en fol. 2124), al 6 de agosto (Primer viernes, meditación de la mañana
y meditaciones de la tarde, 4,1/2 y 6,1/2 en fol. 25-28), al 7VIII (Medi. mañana 9,1/2 en fol. 29-31) y a la meditación de
la noche del día 8, que comienza en el fol. 35.
No pretendió Arrupe reflejar en él, como Ignacio, su mundo interior, sus mociones, a fin de discernir por ellas el querer
de Dios. No puede hablarse con propiedad, en ese sentido estricto, de un texto «espiritual». Sí lo es en otra perspectiva, la
de registrar momentos de un proceso por los que un hombre
asume de lleno y se va traduciendo para sí mismo esta nueva,
inesperada y definitiva voluntad con la que Dios irrumpe en
su vida, y la de registrar luces, ideas, motivaciones, esbozos
de proyectos, fuerzas y medios con los que poner en acción
este querer de Dios.
«Elegido por Dios» es el nuevo marco de conciencia, en el
que se mueve durante estos diez días. Todo en una atmósfera
oracional, reflexiva, relacional -coloquial en ocasiones-, de la
que Arrupe deja constancia, diciéndose, sobriamente y con la
sencillez y espontaneidad que nunca le abandonan, en convicciones íntimas, que quisiera participaran también sus hermanos jesuítas.
Él mismo llama a estas páginas Ejercicios Espirituales:
«Ex. Sp. 1965 Roma», título con que rotula de su mano, sobriamente, el doble folio que recoge todos los demás. Y fue24
ron Ejercicios Espirituales «ignacianos» los que encendieron
estas páginas. No lo fueron en el sentido técnico y formal del
método, pero sí en la hondura de la experiencia y en los apoyos y puntos de referencia de la misma. Para quien los había
hecho decenas de veces (cada año, desde aquéllos en los que
se decidió por el Señor, en 1927, hasta estos de 1965) y los había dado decenas de veces, la inmersión en esa relación fluye
espontánea, centrada particularmente en núcleos fundamentales de los Ejercicios. Se puede decir que, en el espíritu de la
repetición ignaciana, Arrupe va a concentrarse en «algunas
partes más principales donde haya sentido la persona algún conocimiento, consolación o desolación» [Ej. 62; 118].
El resultado es un texto humano y sagrado a la vez. Sus
contenidos y su estilo son la grabación de una relación personal que, en ocasiones, deja entrever lo que Ignacio llama «comunicación inmediate» [Ej. 15] del Creador con su criatura y
de la creatura con su Creador sobre el campo de intereses comunes, que es, para los dos, la historia humana (mundo, Iglesia, Compañía) de nuestros días. Las ideas, más que a una
programación lógica, responden a una ebullición interior, vital, de enorme carga operativa. Es la mística de un hombre
que se experimenta metido de lleno en la tensión de conocer
la voluntad de Dios y la coherencia de vivirla y de hacerla vivir. Ignacio de Loyola formuló esta tensión como el deseo de
«que su santa voluntad siempre sintamos y en todo enteramente la
cumplamos».
1) Fol. 1-17: Un primer núcleo de la experiencia escrita sucede a lo largo de los primeros tres días y medio, hasta el día
5 por la tarde. Arrupe ve iluminada desde el Principio y Fundamento de los Ejercicios su nueva historia, la de la elección
recibida. La toma como una nueva creación de su persona, y,
con ella, de la Compañía toda, que ya no podrá desgajar de lo
más profundo de su existencia. Un nuevo «sujeto» (ArrupeCompañía) ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir. .. De él espera Dios una nueva relación (unión), una nueva dependencia, una nueva confianza, una nueva y más
incondicional disponibilidad, una nueva indiferencia (libertad), una puesta en juego de nuevos medios (¿cuáles?), de to25
do y de todos por la gloria de Dios, objetivo primero y final,
que consiste en que todos le conozcan y le amen más y más.
Su teología y su lenguaje son clásicos. Pero la vida que se
nutre de esa teología y se viste de ese ropaje es la de un hombre que ha tomado en serio el Evangelio (porque ha sido tomado por él), que lo ha vivido y trata de seguir viviéndolo,
ahora con una mayor novedad y urgencia todavía. Esta radicalidad en vivirlo es lo que dará vina singular autoridad moral a cuanto se proponga decir y hacer por ayudar a otros.
En el marco y sobre el fondo del Principio y Fundamento, se
autoexamina Arrupe mirándose en el espejo de la figura del
General que describen las Constituciones de la Compañía, de
la que aboceta el interrogatorio -perfil del General-, puesto en
manos de los que le eligieron y de los tres rasgos referidos al
General por el Papa en su alocución del 7 de mayo 1965 (cfr.
anexo 1). Letra a letra transcribe a mano, en latín, su selección
de aquellos textos que en ese momento le hablan con más fuerza, o le interpelan y urgen más profundamente. Da la impresión de vivir así lo equivalente a la I a semana en su función de
examen general. Lo había planteado desde las primeras líneas:
«También los defectos deben ser considerados bajo esa luz (la de la
elección hecha por Dios) y ver que debo corregirlos y evitar sus
perniciosos efectos».
Termina este capítulo iniciando sus «Consideraciones sobre
cada una de las cualidades del Prepósito General» (fol. 17). Pero se
queda en la primera, probablemente desbordado por la exuberancia de luz y de vida que le encienden los textos que medita. El hecho de que, a continuación, reserve tres páginas en
blanco, puede significar su intención de continuar registrando estas «Consideraciones» en otro momento, que no llegó.
mayor profundidad y trascendencia que el peligro del s. XVI», «terrible», «gigantesca», habla de «su crueldad»...
Las Dos Banderas se proyectan sobre esta reflexión y volverán a aparecer más adelante. «Batalla» que comienza por
lucharse en el interior del propio sujeto y de los sujetos de la
Compañía. Termina este mícleo imaginando u n «modus
procedendi» de mentalización y preparación espiritvial de
los jesuítas.
3) Fol. 25-33: Esta dificultad de la misión le devuelve a sí
mismo. Todo el día 6 (hace constar que fue primer viernes de
mes) y 7 de agosto y probablemente el 8 lo vive inmerso en el
llamamiento del Rey Eternal: la persona de Jesvis es svi llamada y la respuesta continua que ha de ser su vida se expresa en
agradecimiento, limpieza de corazón, amor reparador, presencia al Cristo presente en la Eucaristía, amistad..., «entrega
absoluta». El llamamiento mismo, el «plan del Señor», que a
través de su Vicario le ha sido dado, le lleva a retranscribir
largamente (ochenta líneas del texto), letra a letra, como
quien lo saborea y asimila sin perder migaja, lo esencial del
mensaje de S.S. Pablo VI al iniciar la Congregación General
31 a . Para terminar programándose a sí mismo (fol. 33) lo que
le corresponde a él para ir realizando ese llamamiento en el
inmediato futuro de la preparación de la 2a sesión de la Congregación General.
2) Fol. 21-24: Desde el día 5 a las 4,1/2 de la tarde, la misión, que Dios ha encargado por medio del Papa a la Compañía, con su General a la cabeza, significándola como «batalla»
contra el ateísmo (anexo 1, n. 14-15), ocupa toda la pantalla
de su conciencia. Se refiere a ella como «guerra de fondo, de
principios, de vida o de muerte», «momento decisivo de la historia»,
«de proporciones alarmantes», «que pervade todo», «vastísima y
complejísima», «de importancia y complejidad extraordinaria», «de
4) Fol. 35-44: En un cviarto nvicleo, desde la meditación de
medianoche del 8 de agosto, vuelven a ocupar la pantalla las
Dos Banderas, el carácter de lucha, grandiosa y compleja, qvie
encierra la misión recibida. Más honda que la que afrontó Ignacio de Loyola en el s. XVI. Porque «el valor que se presenta
por salvar es la idea misma de Dios». El acento nuevo es ya el de
dibujar una estrategia de acción directa frente al ateísmo e indirecta frente al «naturalismo», para la que afirma su convicción de que la espiritualidad ignaciana es esencial y tiene mucho que aportar. También la concepción organizativa de la
Compañía.
Ésta misma resultará «reformada» si se compromete con
entvisiasmo en la acción (es interesante constatar cómo este
término va desplazando, sin sustituirlo, al primero de «mi-
26
27
sión»), ya que requerirá superar individualismos, obediencia
ignaciana, diálogo, movilidad, testimonio de vida. Las misiones (realidad tan entrañada por Arrupe) adquieren en este
contexto una luz especial. Forman, documentalmente, una hijuela grapada en este núcleo 4o, en los fol. 43-44, de menor dimensión.
Si guen sueltos cuatro folios (45-48), borradores y esquemas de índole operativa: órganos conectados con esta misión,
Bureau de recursos, Curia Generalicia y Plan de acción antiateísmo (A.A.A.).
5) Fol. 49-52: En este núcleo final, como quien ha reafirmado su sí al Señor y ha tomado mayor conciencia de su misión,
incluso ha esbozado algunas líneas posibles de acción, Arrupe vive su «confirmación» (3a y 4a semana de Ejercicios) volviéndose en forma personalísima a Jesucristo, ratificando una
relación única y exclusiva con Él, de la que brotará un «entusiasmo, dinamismo... optimista» («élan apostólico» lo titula), indispensable para poder ser «verdadero Instrumento».
Esta condición de instrumento («canal», «motor») requiere
en Arrupe, por un lado, una «identificación con Él», fruto de
un amor personal hacia Jesucristo y, por otro, una dedicación
total a los miembros de la Compañía, que expresará en el
«contacto personal con Xto., por un lado, y con los sujetos de la
Compañía, por otro». Termina estos «apuntes» visibilizando en
un esquema de factura propia esta comunicación personal
para la que está dispuesto a «no perdonar medio ni gasto».
Valor de este texto
Sin pretensiones de prejuzgar ni monopolizar una valoración, a título personal, creo que el interés de este texto es doble:
1) En primer lugar, en el contenido de la experiencia aquí
registrada despuntan ya germinados o se presienten próximos a germinar los que habrán de ser los núcleos fuertes de
su servicio como general. Por citar algunos:
a) Ante todo la misión, no reducida a tarea concreta, aunque haya de desembocar en ella, sino concebida y vivi28
da como dinamismo permanente que brota de Dios,
por el que el ser humano se deja libremente envolver y
que, mediante un proceso de mediaciones de búsqueda
y discernimiento, traduce la voluntad de Dios en decisión y acción concretas. Más adelante formulará para la
Compañía de Jesús, por primera vez, que este «servir
en misión», desde la raíz de la persona, es el carisma
identificador del jesuíta10.
b) Vivir este rasgo autentificador sólo es posible desde un
«conocimiento interno» de Jesucristo «modelo»11, Misionero del Padre, el Enviado, y en su condición de tal,
que lleva al jesuíta a «reproducir sus rasgos» (Rom 8,
29). Nada extraño que a la disponibilidad, rasgo identificador de Ignacio y de quien sigue a Jesiís a la manera
de Ignacio, dedicara Arrupe una de sus más importantes cartas a sus hermanos jesuítas 12 .
c) Es fácil ver la esencial conexión que tiene con este planteamiento misionero de vida el discernimiento espiritual, del que Arrupe será uno de los más encendidos
promotores y maestros, y que ocupará largo espacio no
sólo en sus documentos sino, sobre todo, en svi propio
modo de gobierno 13 .
d) Por supuesto, este eje misionero de vida, en el que
Arrupe se mueve y quiere que se mueva la Compañía,
ha de injertarse en el tronco misionero de la Iglesia de
Jesucristo y en la responsabilidad misionera de su Vicario, dadores e intérpretes de la misión.
Será visión y tema reiterativo en su función de general,
porque se trata de una profunda convicción. No es estrategia, sino profética lucidez misionera, desde esta
teología de la misión, lo que le lleva a «soñar» -ya en
estas páginas- en la necesidad de una «acción mundial»
10
«La misión apostólica, clave del carisma ignaciano», conferencia en
Loyola, 7 de septiembre de 1974. en La identidad del jesuíta..., p. 105-124.
11
«El modo nuestro de proceder», Roma, 18 de enero de 1979, ibid. 49-82.
12
Cfr. nota 4.
13
«Sobre el discernimiento espiritual comunitario», carta, 25 de diciembre de 1971, en La identidad del jesuíta..., 247-252.
29
y una «planificación mundial» liderada por el propio
Pontífice (fol. 7, 35). Iniciativa que ofreció como su primera aportación al Concilio (cfr. anexo 6), ya entonces
adjetivada por algunos como ingenua y utópica, y que
requirió una ulterior explicación.
e) El campo de la misión misma, el ateísmo, presentado
por el Papa como horizonte sangrante de la humanidad, se convertirá para Arrupe en su objetivo misionero global, en un reto mayor y más profundo que el de la
Reforma en el siglo XVI (fol. 23, 35), que habrá de requerir de la Compañía, como entonces, lo mejor de ella
misma. Por de pronto, que se entere de «¿quién dice
(hoy) la gente que es el Hijo del hombre?» (Mt 16,13), poniendo para ello en marcha un proceso sociológico de
conocimiento de la realidad mundial {snrvey), imprescindible para acertar con la estrategia evangelizadora
apropiada: «para mejor adaptación del gobierno y del apostolado de la Compañía». Entrar en esta dinámica sensibilizará y movilizará a la Compañía, la vigorizará 14 .
f) También asoma en estos Ejercicios, ya germinada como
deseo, su convicción de que él, personalmente, y la
Compañía, necesitan una «ilustración trinitaria», como
la de Ignacio. Veinticinco años después regalará a la
Compañía el magisterio de cuarenta páginas, su documento de mayor envergadura teológica e inspiración
pastoral, que titulará «Inspiración trinitaria del carisma
ignaciano»15.
g) Alguien echará de menos en este panorama misionero
una mención más explícita de lo que, años más tarde,
será la «promoción de la justicia». En el marco inmediato de la misión, del que acaba de llegar, no era éste el dato de realidad más punzante, o no se le había revelado
como tal. Cuando tanto él como la Compañía, en buena
parte bajo su impulso, se adentren en el conocimiento
de la realidad del mundo, inmediatamente verificarán
ambos la profunda conexión entre la negación de Dios y
la negación del hombre y, desde su misma raíz personal
de «enviado», necesitará alargar el campo de la misión y
sus objetivos inmediatos y modificar y adaptar su estrategia evangelizadora. Más aún, su contribución será decisiva para que la Compañía, nueve años después, haga
- y formule- el gran descubrimiento de la Congregación
General 32 a , convocada por iniciativa suya: el de la necesidad real de promover la fe -una «fe que se hace vida
en la práctica de la caridad» (Gal 5, 6)-, promoviendo la
justicia.
En este mismo texto que presentamos, afloran en germen
la denuncia de los desequilibrios de nuestro mundo y una
propuesta general de acción sobre estructuras sociales (fol.
10), una selección de ministerios (fol. 39), una acción cimentada sobre la «reforma» interior de la pobreza y de la vida espiritual del jesuíta, sobre «un desprendimiento absoluto para
poder sacrificar lo individual a lo colectivo» (fol. 41), y sobre
una «entrega absoluta de las personas» que «ponga a tono» a
la Compañía (fol. 21).
Encarnación, en fin, y vaciamiento personal por el mundo:
pobreza y humildad, trabajo, generosidad, estudio, austeridad.. . se ven ya germinadas, y aun crecidas, en estas páginas,
como estilo evangélico personal, que irá animando a vivir
durante su generalato y que acabará nutriendo con su último
gran magisterio espiritual, el de esa «justicia superior» que es
la caridad 16 .
2) Una segunda perspectiva desde la cual comprender la
importancia de este texto es la de valorarlo como material autobiográfico (de autobiografía espiritual, se entiende). Precisamente porque su autor no se dice -ni lo pretende-, sus formas muy simples, espontáneas, elementales a veces, no
elaboradas, hacen, bajo este aspecto, más valioso el boceto re-
14
Carta a la Compañía, 9 de diciembre de 1965, en ARSI, vol. XIV, p.
656-657.
lD
«Inspiración trinitaria del carisma ignaciano», Roma, 8 de febrero de
1980, en La identidad del jesuíta..., p. 391-435.
«Arraigados y cimentados en la caridad», Roma, 6 de febrero de
1981, en La Iglesia de hoy y del futuro, p. 727-765.
30
31
16
súrtante. Cuando no escribe para nadie, sino que registra para sí mismo, en pleno estreno, una ocasión enteramente nueva, que está convencido que es iniciativa de Dios, todo lo
nuevo que ve, lo que oye, lo que teme, lo que busca, lo que
planifica, lo que prevé... lo registra desinhibido, con su natural transparencia.
a) Por de pronto, se autorretrata -salta a primera vista en
estos «apuntes»- como misionero de una pieza. Su horizonte personal es la misión. Sus antenas están permanentemente abiertas a Aquél que le envía, al mundo al
que va enviado (ahora de verdad al «universo mundo»), a la Iglesia (y al Papa), dadores de misión, y a la
Compañía, que, por un lado, ha sido mediación para su
envío, con la que, por otro lado, va enviado y a la que él
mismo ha de enviar.
Podrían decirse en este sentido iluminadoras estas
otras palabras del P. Giuliani en su exhortación espiritual previa a la elección, que las Actas de la Congregación resumen así: «De la contemplación del Reino de Cristo
en los Ejercicios brotan varias conclusiones: Io) "Ver a Cristo nuestro Señor, Rey eterno, y delante de Él al universo
mundo". Nada puede estimularnos tanto hoy como el echar
una mirada, alrededor, a nuestro mundo. Es característico de
nuestra Compañía conocer y sentir los cambios de la humanidad, impregnar con audacia las nuevas instituciones, discernir los deseos (aspiraciones) difusos. El General nos ayudará a abrazar el inundo universo y a cooperar a la redención
de nuestra época»17.
«Abrazo» de Arrupe, que es su pasión por evangelizar.
Convencido, como estuvo, desde el primer momento
de su destino misionero, y reforzado desde su experiencia de 27 años como tal, de que la renovación profunda de la humanidad es un problema de conversión
-«problema de carácter universal» (fol. 43)-, sólo posible
desde «el conocimiento de la verdad de Jesús» y el amor
que dicho conocimiento genera, vive la evangelización
Actas de la Congregación General 31''.
32
con verdadero apasionamiento contagioso, como una
«confrontación» con el mundo (fol. 21), «en la que la vida
es el gran argumento» (fol. 40).
Diez días después de terminar el Concilio, que le ha retenido en Roma, el 19 de diciembre emprende su primer viaje, como general, al Próximo Oriente y a África,
realidades que le son menos conocidas,
b) Su ser de misionero se alimenta, cada día, de una honda relación personal con el Espíritu Santo que envía, relación de «máxima disponibilidad» (fol. 7), raíz de su dinamismo personal y del que quiere para la Compañía
(ib.). Lo que trae entre manos no es suyo.
A lo largo de estos apuntes van y vienen en todas las
direcciones, con una cierta anarquía lógica, muy diversas modalidades de oración: escucha, desahogo, consideración, búsqueda, autobservación (examen), lectura
de la historia, coloquio íntimo, compromiso de acción,
programación de esa acción como respuesta... La terminología que prodiga con una espontánea desinhibición es particularmente significativa de la hondura de
esas y otras formas de esa relación: unión, comunicación, familiaridad, identificación, contacto íntimo, amor
reparador, presencia (presencia eucarística, lugar teológico y vital preferido de esa relación, fol. 27), oración lo
menos estorbada posible («preferentemente de noche»),
oración larga y oración breve, intimidad, «único... verdadero, perfecto, perpetuo amigo» (fol. 49), entrega absoluta, humildad, confianza, fidelidad, «su voluntad en
todo» (fol. 25-26), pureza de vida (voto de perfección,
fol. 25), desprendimiento, constancia...
Todo vivido, no como un repliegue intimista, sino en
función de otros, «para los demás», con el mundo no sólo delante, sino dentro, urgiéndole. ¿De dónde, si no, la
luz y el calor de sus numerosos análisis cristianos de la
realidad, cuyo deseo está presente ya en este texto y de
los cuales surge retado y personalmente, como buen samaritano, más llamado y más «enviado»?
«Oración y estudio» es su estilo -y quiere que sea el de
la Compañía- de caminar esa realidad, defendido de
33
toda posible tentación de fundamentalismo por un lado (estudio) y de escepticismo y desilusión por otro
(oración).
c) Se autorretrata también en su conciencia profunda de
que ya no es él, Pedro Arrupe, el que ha de vivir su profetismo personal al lado del de otros, sino con la Compañía de Jesús entrañada, la que el Señor le confía y a la
que le encarga -es muy consciente de este aspecto de su
misión- que ponga en tensión de profecía. Lo hará proyectando en ella su propia tensión personal, su mundo,
el que le estalla, el de Dios. Y lo hará, sobre todo, desde
un amor personal y personalizado a cada jesuíta, para
lo cual se impone «un gran esfuerzo por multiplicar y
personalizar las relaciones del General con la Compañía y
con sus miembros» (fol. 51-52).
d) Uno de sus medios de expresión típicos, en sus escritos
de inspiración y de planificación pastoral, será el recurso a la dialéctica de los opuestos. Con toda seguridad lo
ha aprendido de Ignacio de Loyola, por quien no disimula, todo lo contrario, una extraordinaria devoción.
Así se dispone a vivir la tensión interior, connatural a
su servicio de gobierno religioso, con la que logrará la
«mediocridad» típicamente ignaciana : «El General es Jefe
pero es cabeza y padre. Es gobernante y Administrador; de
ahila amabilidad, cariño, llaneza de padre, la claridad, determinación, firmeza del administrador... Comprensión y amabilidad humanas, cariño y amor» (fol. 1).
e) Imposible vivir la creatividad de esta tensión sin haberse dejado remodelar de fondo en el modelo ignaciano
del jesuíta «abnegado» (fol. 21), que no piensa en sí ni
vive para sí, por pensar en los demás y vivir de la mañana a la noche para ellos. Ya estos apuntes le retratan
como u n hombre humilde, un servidor, un «pequeño»
según el Evangelio, que todo lo debe, todo lo tiene («en
El solo la esperanza») y todo lo da. Por eso no le asusta
la «escala mundial» de la misión, ni la desproporción
de los medios humanos de que dispone, y hasta se atreve a soñar y a planificar «en nombre del Señor» proyectos enormes: «Nuestro Señor me ha de ayudar, pero exige de
34
mi parte una fidelidad absoluta a sus direcciones y a sus gracias» (fol. 1). «Esa continua creación (que es mi existencia)
es fuente de una humildad profundísima (todo de Dios), pero
al mismo tiempo de una fortaleza extraordinaria» (fol. 2).
f) De Ignacio ha aprendido también un sentido divino de
la historia, de la que viene y en la que se siente, por su
nueva misión, cada vez más inmerso. A su sensibilidad
por hallar la voluntad de Dios en esa historia pertenece
muy esencialmente la fidelidad personal a las mediaciones de Dios -la Iglesia, el Vicario de Cristo (es su denominación preferida, como para Ignacio)- y, consiguientemente, el colaborar con ellos a la interpretación
de esa historia para dejarse orientar y enviar por ellos.
Varios de los aspectos que en este texto anota como fruto de su experiencia espiritual, concretamente relativos
al ateísmo y a las misiones, acabarán llegando al Aula
conciliar, como signos de su obediencia responsable.
Tan responsable que a la mediación definitiva del Papa
confiará, quince años después, la decisión que el 9 de
octubre de 1980 tiene ya tomada, como fruto de un hondo discernimiento personal largamente compartido con
la Compañía. Escribe ese día a una religiosa en el Perú:
«Cuanto a lo que me dice de mi renuncia, le quiero aclarar
que tomé esa decisión después de pensarlo mucho y no por temor al trabajo o a los problemas, que todos se pueden solucionar con la ayuda de Dios, sino porque estoy convencido de
que, al llegar a una cierta edad, es mucho mejor dejar los cargos de responsabilidad en manos más jóvenes y expertas. En
todo caso aún está pendiente una Audiencia que tendré con el
Santo Padre, en la que espero me manifieste cuál es su voluntad. Si quiere que siga al frente de la Compañía, seguiré con
la mejor voluntad; si quiere otra cosa, me parecerá también
muy bien».
g) Hombre de Principio y Fundamento, lleva consolidado
en sí el discernimiento básico que «ordena» la vida de
una persona: el de la definición de lo sustantivo y lo adjetivo, del fin y los medios, del querer de Dios y los qué
y los cómo de la colaboración humana. Inconmovible
en lo primero, es largamente ágil y abierto en lo segun35
do. La fidelidad a lo primero no le deja ser voluble ni
veleidoso en lo segundo y, a la vez, le permite arriesgarse con una confianza -que no es fruto de cálculo humano, sino de fe- en la novedad divino-humana de la
historia.
Su profundo y personalísimo sentido de pobreza como
libertad total (indiferencia) frente a los medios nace de
este radical discernimiento. En estos mismos Apuntes
explicita su convicción de que una opción por la pobreza «reordena» y pone a tono evangélico al individuo y
a la Compañía.
Resumiendo...
...sin pretensiones de agotar lo que podría caber en una
introducción. El texto es un autorretrato del misionero que
Arrupe fue vertiéndose en el superior general que empieza
a ser. Como en Japón soñó y realizó, incluso contra corriente, al situarse ahora en respuesta al Dios que le envía, sueña
para realizar. Ahora comienza a ser responsable de una comunidad, la Compañía de Jesús, a la que desea soñadora y
realizadora.
Si algunas de sus utopías fueron irrealizables o lo parecieron, tuvieron el mérito de dar vida a otras que, porque soñadas, llegaron a realizarse. Y, en todo caso, pusieron a muchos
en disposición de «perder la vida» en ellas y por ellas, lo cual
ya fue, y sigue siendo, una gran realización.
Pero el profundo valor autobiográfico de este texto radica no en lo que ve Arrupe que hay que hacer y se dispone a
hacer, ni en cómo lo va a hacer -que son caminos abiertos-,
sino en su «por qué» o, más propiamente, «por Quién», que
es raíz definitiva y definitoria. Arrupe es un hombre «centrado» en el Centro del ser humano, Dios. Por eso será capaz
de soñar, de acometer y de realizar cosas, muchas, que le superan por todas partes y que nos asombran.
Con ocasión de celebrar sus cincuenta años de jesuíta (15
de enero de 1977), resumirá su propia historia: «Todo ello me
hace desear que mi vida hubiese sido, o al menos lo sea desde ahora,
36
un continuo Magníficat. Es ésa la reacción profunda que experimento ante la inconfundible experiencia y la vivencia honda de mi
propia pequenez unida a un no sé qué de seguridad inconmovible en
los diversos cargos de responsabilidad que la obediencia ha ido poniendo sobre mis débiles hombros; la sensación experimental del
semper ero tecum Que 6,16), la garantía de parte del Señor, pero
que deja siempre la inquietud de que de mi parte «se realice ¡a condición», es decir, que yo me mantenga fiel. Es aquel claro-oscuro de
la inseguridad humana, que no puede dudar de la seguridad de la
ayuda de Dios16.
Sus Apuntes nos lo hacen más cercano por más humano y
más cristiano. Arrupe no es u n héroe. Llamárselo lo tomaría
como humillación. Sí es un cristiano coherente, que vive con
igual pasión lo grande y lo pequeño, porque lo mide todo
desde el Dios que lo quiere y desde el ser humano que lo necesita, que han llegado a ser para él un mismo y único punto
de mira.
Su sello visible de autenticidad va en la sencillez de sus
palabras y la elementalidad de su teología. Las grandes experiencias espirituales se dicen con palabras muy simples. Los
que las viven, convencidos, como están, de que toda palabra
humana es siempre muy pobre a la hora de expresar lo de
Dios, no pretenden disimular con adornos verbales lo que
sustantivamente entienden que es muy sencillo.
IGNACIO IGLESIAS, S.J.
18
En sus bodas de oro de Compañía, 15 de enero de 1977, en La identidad del jesuíta..., p. 535-540 (536).
37
Características
de la presente edición
El primer criterio seguido en ella es el de resaltar el texto
autógrafo, como tal, lo más fielmente posible. Por eso hemos procurado destacarlo gráficamente al conservar su redacción original -hasta en sus incorrecciones-, la disposición de sus líneas y párrafos, los numerosos subrayados
(simples y dobles) y los esquemas. También conservamos
las transcripciones, manuscritas, de textos de la Biblia y de
textos oficiales del Papa y de la Compañía, que Arrupe incluye en su escrito. Probablemente -a deducir también por
su familiaridad con la Biblia en otros textos suyos- fue un
recurso muy suyo para fijarlos, gustarlos, asimilarlos y aplicarlos a su realidad personal. En definitiva, para orarlos. En
las notas al final del texto de Arrupe se presenta la traducción completa de esos textos, y la referencia en diversos tipos de letra, que permita observar la selección que Arrupe
hace de los mismos.
Por eso el disponer, fuera del texto, las notas explicativas
del mismo, para que su lectura no cortocircuite la relación del
lector con éste y -hasta donde es posible- con la vivencia del
que se expresa en él, como es y como está. En el margen de39
recho del texto principal y entre paréntesis va la llamada a la
nota final correspondiente.
Se ha querido situar el texto en el marco histórico (de
mundo, de Iglesia, de Compañía) en el que Arrupe vive este
momento decisivo de su vida: su elección como superior general, su nombramiento como miembro de la Comisión de
Religiosos en el Concilio Vaticano II, la misión más urgente
que dramáticamente acaba de ser confiada por S.S. Pablo VI a
la Compañía. A este enmarque quieren servir en parte la introducción, por un lado, y la serie de ocho anexos que transcribimos. Todos ellos tienen que ver o como anticipo de lo
que Arrupe vive germinalmente en sus Ejercicios de 1965
(anexo 2) o como su desarrollo (anexos 3, 5, 6, 7 y 8), o como
motivación y estímulo para vivirlo (anexo 1 y 4). Cubren el
espacio de siete meses que va desde el día de su elección (22
de mayo) hasta el final del Concilio (8 de diciembre) de ese
mismo año de 1965.
El título que hemos puesto a la obra es una expresión familiar a Arrupe, que figura en su texto y que es central en
su vivencia de estos días y en su planteamiento de vida de
siempre.
40
AQUÍ ME TIENES, SEÑOR
Texto autógrafo
del P. Pedro Arrupe
Ex. Sp.
1965 - ROMA
Ifol. 1]
Elegido por Dios para ser General de la Compañía ad vitam.
(1)
Todos los dones y gracias han sido dados no para nú, sino para la
Compañía y la Iglesia.
También los defectos deben ser considerados bajo esa luz y ver
que debo corregirlos y evitar sus perniciosos efectos.
1) El puesto de General supone ser instrumento, representante, y
canal de Dios y sus gracias para llevar a cabo
sus planes por medio de la organización más
fuerte de la Iglesia.
Enorme gracia pero enorme responsabilidad
2) La seguridad de la existencia de la gracia es cierta.
Nuestro Señor me ha de ayudar pero exige de
mi parte una fidelidad absoluta a sus direcciones
y a sus gracias.
La unión con Cristo y su constante comunicación
es de una necesidad absoluta. De ella depende
el bien de la Compañía.
Es necesario llegar a una identificación lo más
perfecta posible. Naturalmente exige también mucha
discreción de espíritus para no equivocarme y
tomar por inspiración de Dios lo que es de mi
espíritu propio.
3) Supuesta esta dirección y comunicación directa: la autoridad
y dirección se apoya en él (ella) y da una superioridad
y firmeza en las decisiones que no deben ser detenidas ni modificadas por consideraciones humanas
cuando se opongan a la voluntad del Señor.
Claro está que esto no se opone a la prudencia y
discreción (humanas) en la delicadeza de ejecución.
Tampoco se opone antes supone consulta ya
que es un modo de manifestarse la voluntad de
Dios.
4) El General es Jefe pero es cabeza y padre.
(2)
Es Gobernante y Administrador
De ahí
a) 1) la amabilidad, cariño, llaneza de Padre
2) la claridad, determinación, firmeza del Administrador
47
jf científica
b) 1) estudio, información <^>-Asistentes G. + Reg. Pers
^ humana
2) Disposición del trabajo: Oficina distribuidora de
las funciones de cada uno
3) tiempo y paz para considerar las cosas
sobre todo las universales
(3)
4) Comprensión y amabilidad humanas, cariño y
y amor
¡fol. 2]
que se verifica I) en la oración retirada larga
2) " " " breve.
3) en las constatas particulares
(de personas
4) durante el trabajo: viendo en
otros al representante de Dios
5) en el trabajo externo
6) en el descanso. + estudio
"Si conversi eritis ad Deum ex toto corde et tota anima
vestra, ut agatis coram eo sincere, tune revertetur
ad vos, ñeque abscondet faciem suam a vobis
et considérate quae facturus sit vobis, et celébrate
eum ore pleno" (Tobías XIII - 7-9)
(4)
Creado: con una dependencia absoluta. Mi existencia es una
creación continua. Cada instante una nueva creación.
Sentir esa dependencia divina. Esa operación creativa de
cada momento. Señor! dame a sentir esto
como diste a S. Ignacio!
Esa continua creación es fuente de una humildad
profundísima (todo de Dios) pero al mismo tiempo de
una fortaleza extraordinaria (omnipotencia de Dios con
nosotros). Qué influencia ha de tener esto en
nuestro trabajo.?
1) Dependencia absoluta de Dios:
a) deseo de conocer su voluntad
1) Dettachment de todo lo que se
puede oponer a oir su voz
2) continua comunicación con El
b) Modo de realización: práctico
c) Fortaleza en su ejecución
2) Grandeza en las ideas: Es Dios quien dicta y ejecuta;
no podemos poner límite a sus planes.
Magnanimidad unida al realismo. Pero
la magnanimidad ha de ser a lo divino
Es Dios quien piensa y comunica.
Da valores e intereses divinos los cuales
El, (Dios) quiere conservar y acrecentar
pese a todo lo que nos cuesta
3) Necesidad de una identificación con J.C. y
un sez poseído de su gracia lo cual
exige un continuo contacto con El
Isaías 41,8
8 Et tu Israel serve meus. Jacob quem elegí, semen Abraham
amici mei
9 In quo apprehendi te ab extremis tenis, et a longinquis eius
vocavi te et dixi tibí: Servus meus est tu, elegí te, et
non abjeci te.
10 Ne timeas, quia ego tecum sum; ne declines
quia ego Deus tuus: confortavi te et auxiliatus sum
tibi, et suscepit dextera iusti mei.
11 Ecce confundentur et erubescent omnes, qui pugnant
adversum te: erunt quasi non sint, et peribunt
viví, qui contradicunt tibi
13 Quia ego Dominus Deus tuus apprehendens manum
tuam, dicensque tibi: Ne timeas, ego adiuvi te
14 Noli timere, vermis Jacob, qui mortui estis ex
Israel: ego auxiliatus sum tibi, dicit Dominus:
et Redemptor tuus sanctus Israel
15 Ego posui te quasi plaustrum triturans novum,
habens rostra serrantia: triturabis montes
et comminues : et calles quasi piúverem
pones
16 Ventilabis eos, et ventus tollet, et turbo disperget eos et tu exsultabis in Domino, in
sancto Israel laetaberis
(5)
48
49
[fol. 3]
(fol. 4 en blanco)
[fol. 5]
Todas las otras cosas
Prínc. y F-iind. II"
(6)
Todas las cosas sobre la haz de la tierra son criadas para ayudar
al hombre en la consecución de este fin
En este punto y como General todas las cosas adquieren una amplitud inmensa (Compañía en todo el mundo)
ya que se trata de las cosas
S.J.
hombres y de las cosas, obras, empresas etc, que pueden y
, deben ser dispuestas en este orden para ese fin.
Ni solamente la Compañía in "stricto sensu"
sino todo aquello que en una forma u otra está bajo
2
la influencia de la Compañía: Antiguos alumnos, Relaciones
S.J.
lato sensu externas y sobre todo otros Institutos Religiosos
que cooperarían gustosos y seguirían las direcciones
que diera la Compañía de Jesús en su General
3
otras (Religiosas del S.C. - Esclavas, Mercedarias, Hijas de Jesús,
Cong. Auxiliadoras del Purgatorio, Religiose del S. Costato, etc)
Religiosas Es decir, que una renovación espiritual y apostólica puede
verificarse en las circunstancias actuales: sobre todo
teniendo en cuenta y utilizando la coyuntura
del Concilio.
í Por ejemplo, una colaboración en el surwey sería fan- (7)
tástico. Es decir, primero hay que crear esta atmósfera
ejemplo en la Compañía y formar un grupo de incondicionales
surwey < que después transmitan esas ideas a otros institutos.
Yo mismo personalmente, valiéndome de mi
puesto e influencia puedo hacer un apostolado enorme
VÍÍ ese sentido.
Ea devoción al S. Corazón debe estar muy en
(8)
Devoc. primer término, de modo que se dé una verdadera
al S.C. renovación espiritual en ese sentido en el mundo.
(Preparar el disco de un modo moderno y teológico (9)
^ hablar y escribir, hacer hablar y escribir a otros)
1
50
Si consigo que esas gracias extraordinarias se vuelquen
sobre el mundo ciertamente que hemos conseguido
un milagro de la gracia, pues tendrán efectos
extraordinarios.
Para ello hay que estudiar y enfocar las cosas
muy bien y de modo efectivo (moderno, atractivo,
amplio, buscando colaboración en todo el mundo...)
Tal vez la idea de buscar jesuítas que se ofrezcan de
un modo especial a ofrecerse a esa vida de oración
y sacrificio: formar un grupo? Escribir en
alguna carta? Pedir el batallón suicida
(10)
[fol. 61
Ea gloria de Dios es el máximo valor; por eso a ello hay que
subordinarlo todo y al mismo tiempo es el valor que hay que
conquistar, pese a quien pese, a toda costa: he ahila necesidad
del máximo esfuerzo: ahí la base del celo apostólico
De ahí un dinamismo inmenso que dé una profundidad
también máxima. El celo que quema, que abrasa, que no deja
descausar, que quiere extenderse a todos.
La renovación espiritual del mundo está aquí. El mundo (incluso
el religioso) se ha olvidado que el máximo valor es la gloria de
Dios. Y además no sabe en qué está la gloria de Dios.
Esto es un punto central completamente ignaciano que da a
la actividad apostólica, teológicamente considerada, su verdadera
significación y actitud.
Gloria de Dios: el conocimiento y amor de los hh. hacia
Dios. Naturalmente incluye la salvación de las almas
pero no está limitado a ello.
Por eso, aunque las almas se salvasen (no
fueran al infierno) en otras religiones, no por eso el celo
apostólico debería disminuir. Un aumento de la
gloria de Dios justificaría la labor misionera.
Ni debe ponerse esa labor misionera en esa salvación
sólo, sino también en ver dónde se obtiene mayor
gloria de Dios (y por tanto de su Iglesia).
51
Ifol. 71
III
El sentido de la indiferencia es ese desprendimiento de todo
que dá una libertad de espíritu completa, disponiendo
así al alma a la máxima disponibilidad bajo la
acción del Espíritu Santo: que es la fuerza dinámica
más grande.
El dinamismo de la Compañía radica aquí:
El máximo de libertad, de disponibilidad a la acción
inmensa del Espíritu Santo.
El dinamismo y activismo mundanos se
quedan enanos comparados con este otro del Espíritu
Santo, que comprende esa actividad desde sus
orígenes espirituales, poniendo a las potencias inferiores
humanas en una tensión orgánica y llena de paz
que no tiene igual en todo lo meramente humano.
La gran fuerza motriz es el Espíritu de Cristo,
que pone en actividad a todo el hombre desdelas raices de su espíritu.
Ahora bien, esa acción del Espíritu es mML.
de ahí que es también coordinada en sus manifestaciones: He ahí la unidad de la Iglesia.
Nuestra acción es, pues, unificada y
coordinada: El Espíritu Santo que obra a través de
la Iglesia tiene que dar esa unidad; y de hecho
la da aun a pesar de las rivalidades humanas.
El Centro y dirección de esa unidad está en el
Romano Pontífice y en (el) Concilio como tal.
(no tanto en cada uno de los Obispos en particular, pues aquí hay también mucho de humano).
Esa unidad ha de ser procurada. Para ello hay
que buscar una dirección y sumisión a esa
dirección del Romano Pontífice.
Supuesta la dirección, al menos en general,
tenemos que buscar también nosotros esa coordinación
y unidad de plan:
52
1) en la misma Compañía
2) en la colaboración Eclesiástica
a) con los obispos
b) con otras Congregaciones Religiosas
c) con los seglares
El descubrimiento y constatación de ese plan es
de una importancia capital: qué es lo que Dios
quiere de su Iglesia y de nosotros dentro de ese
plan de la Iglesia?
Eos medios para conocerlo son:
1) Ea via del Papa y del Concilio
2) Nuestro estudio y oración
Ifol. 8]
(11)
Oración de todos en la Compañía y muy especialmente de
los Superiores, que son los que tienen gracia de
estado: Eo cual incluye como es natural el
oír y estudiar las propuestas de los sujetos
Estudio con investigación científica de la situación actual
de la Iglesia que nos llevará a
conclusiones prácticas
Este problema se presentó sin duda en el Concilio también. Problema importantísimo, pero que tiene el peligro (12)
de ser pasado por alto o de sufrir capitulaciones
de orden humano. La visión de conjunto no
es en muchos casos de los Obispos particulares
(muy comprometidos en sus problemas locales o nacionales) sino en una visión amplia y universal
desde el Vaticano Romano Pontífice.
Habría que colaborar y procurar que esa unidad
grandiosa de la Iglesia se verifique. Una colaboración de todos los elementos según una unidad
de plan dictado por el Espíritu Santo.
El naturalismo y ateísmo son los enemigos terribles que
(13)
se extienden por todo el mundo y lo infiltran
todo; esa lucha exige la unión de todos los
elementos bajo la unidad de un plan, que ha
de ser uno, aunque en sus manifestaciones
pueda aparecer muy complicado.
53
Plan que ha de comprender toda la
Compañía y aquellos elementos que quieran
colaborar. Naturalmente que esa colaboración
debe ser procurada positivamente presentando
esta idea a los demás.
No es este el momento en que nos podemos dormir
o proceder a paso de ciego, o divididos. Una actividad máxima bajo un plan y con conducción de
todas las fuerzas es necesaria. )
Ifol. 9]
Tantum quantum:
Principio clarísimo que no deja lugar a duda.
Usar de las criaturas todas y disponerlas de modo que
sirvan para la mayor gloria de Dios.
El fin es Dios mismo, el valor creado mayor es
la gloria de Dios: esa gloria es en concreto el
conocimiento y amor que los hombres tienen de
Dios y hacia Dios. De ahí que todos los medios tienen
que ser medios en cuanto redundan en más conocimiento y amor de Dios.
En estos medios (o criaturas) se incluyen todos
sin restricción de ninguna clase: medios sobrenaturales
y naturales: personas y cosas: positivas y negativas: agradables
y desagradables.
Ea mayor gloria deDios está en la intensidad y extensión de ese
conocimiento: mayor conocimiento y más amor: intensidad perfección
individual y colectiva.
Mayor y mas extendido conocimiento
y amor: conversión al Dios verdadero.
(N.B. en este punto se puede prescindir de
la salvación de las almas posible fuera de la Iglesia
católica. En nuestro trabajo podemos y en cierto sentido
debemos prescindir del efecto último, ya que éste
depende exclusivamente de la gracia de Dios: Yo trabajo
y hago todo lo que puedo por aumentar ese conocimiento entre cristianos y entre paganos. Cuales son
los resultados concretos? Un adelanto en la virtud?
54
una conversión? un alma que se salva del infierno?
No sé: yo debo trabajar por aumentar la gloria de
Dios por los medios más eficaces y por las almas que
puedan dar más gloria a Dios, por estar más necesitadas
o por su valor especial.
De ahí vendrá la selección de los ministerios
y trabajos (circa quam) y de los procedimientos (quo)
Ese modo de enfocar nuestro trabajo es el verdadero objetivo y que deja tranquilo con toda paz.
1) Se salvan las almas fuera de la Iglesia? No sé
cuales están dentro de la Iglesia, prescindo.
2) Cual es el modo como el Señor juzgará a las
almas: cual es la medida de la responsabilidad individual ? No sé - prescindo.
3) En qué estriba la mayor gloria de Dios? en que las
almas le conozcan y le amen más y que ese número crezca y se
intensifique.
4) Qué es lo que Dios pide de mí como individuo?
Que le procure la mayor gloria: es decir, que entregue
Ifol
todo mi ser y me de (a) todas las criaturas para darle la
mayor gloria: es decir, para que yo, le conozca y le
ame y para que procure que otros le conozcan y
le amen más y más: Ese es el verdadero sentido
apostólico: el verdadero contemplativo en la acción
Esa mayor gloria de Dios en mí está en la caridad que
se perfecciona: que aumenta con el conocimiento y que
origina una mayor unión con Dios. Cuanto más unido
con Dios por caridad: 1) Doy yo por mi parte más gloria
a Dios. 2) Soy un instrumento más perfecto para
procurar la mayor gloria de Dios.
a) porque unido a El haré siempre su voluntad
del modo más perfecto (=gloria de Dios)
b) porque recabaré más gracias eficaces para los
demás
c) porque iluminado por Dios haré en cada momento
lo que más conviene para las almas
55
d) porque sabré elegir los medios más aptos para
disponer a esas almas
1) individualmente
2) como estructuras
. familiar
3) " sociedad. <r^— nacional
mundial
(fol. 11 y 12 en blanco)
Ifol. 13]
Figura del 28° General
Ex Constitutionibus et
ex Interrogatorio
Io Que sea muy unido con Dios y familiar en la oración y
todas sus operaciones (15)
Para qué?
Para que tanto mejor de El (como de
fuente de todo bien) impetre a todo el
cuerpo de la Compañía
1) mucha participación de sus
dones y gracias y
2) mucho valor y eficacia a todos
los medios que se usarán
para la ayuda de las ánimas
2o (1) Que sea ejemplo en todas las virtudes para que así ayude a
los demás de la Compañía
(16)
(En especial) a) caridad para con todos los próximos y señaladamente para la Compañía
b) Humildad verdadera que le hagan muy amable
de Dios y de los hombres.
3° (2) a) Libre de todas passiones: (teniéndolas domadas y mortificadas)
Para qué?Para que
(17)
a) interiormente no le perturben el juicio
de la razón
56
b) exteriormente sea
tan compuesto y en el hablar
specialmente tan concertado que
ninguno pueda notar en él
cosa o palabra que no le edifique
(así de los de la Compañía que lele han de tener como espejo y dechado
como de los defuera)
b) Mezcle la rectitud y severidad con la benignidad y mansedumbre
(18)
Para que 1) no se deje néctar de lo que juzgare más
agradar a Dios N.S.
2) No deje de tener compasión con sus hijos
c) Magnanimidad y fortaleza de ánimo
(19)
Para 1) sufrir las flaquezas de muchos
2) comenzar cosas grandes en servicio
de Dios N.S
3) para perseverar constantemente en
ellas.... siendo superior a
todos casos....
(3) Dotado de grande entendimiento y juicio para que ni en las
cosas especulativas ni en las prácticas que ocurrieren
le falte talento
(20)
Ifol. 14]
(4) en la ejecución, a) que sea vigilante y cuidadoso para
comenzar
b) strenuo para llevar las cosas al fin y
perfección
(21)
(5) acerca del cuerpo: sanidad, apariencia y edad; decencia
y autoridad
(22)
(6) cosas externas: crédito, buena fama...
(23)
(7) De los más señalados en toda virtud y de más méritos en
la Compañía y más a la larga conocido como tal;
a lo menos no falte 1) bondad mucha y 2) amor
a la Compañía, 3) buen juicio acompañado de
buenas letras
(24)
57
Del interrogatorio (Dep. ad det. Doc. número 9)
XI.
I. aptus ad promovendwn spiritum fiduciae NN. erga ípsam
Societatem et arnorem erga nostram vocationem
II. .. .qui perducat NN ad rectam cognitionem, rectam
interpretationem et actuosum amorem Instituti
III. .. .qui valeat haec principia spiritualia perennia sermone
moderno inculcare, et applicare
IV. qui tot quaestiones de formatione NN. sano criterio
considerare valeat ut dum novis exigentiis formatio
accommodatur, debitam soliditatem conservet
V. qui promoveat apud NN. illam mentem et
agendi rationem principiis supernaturalibus informatam
... ut facilius vitentur hodierna pericula ex
Naturalismo, Subiectivismo, et falso Humanismo
provenientia.
VI. qui curaturus sit ut NN vitam interiorem assidue
colant; spiritum orationis et orationem ipsam haurientes
ex Exercitiis Spiritualibus in quibus intimus S. Fundatoris
animus perstat et spirat.
VIL .. .qui in externis vitae nostrae normis apte discernere
valeat ea quae caduca et obsoleta fieri possunt
ab iis quae vitae religiosae necessaria sunt et in iis urgendis
sollicitus sit
Ifol.
VIII. ...qui | tam oboedientiam in subditis
quam auctoritatis exercitium in Superioríbus
a)
iuxta ipsius genuina principia theologica
. roboret
b)
ad efficatiorem gubernationem obtinendam, cum
praepositis inferioribus et Officialibus arctissime
collaboraturus praevideatur
IX. .. .qui sincere et enixe operam det ut discrepantiae
inter riostras de paupertate leges et eiusdem
in vita praxim auferantur
X.
ipse sit vinculum intimae unionis animorum
et operum inter NN ... etiam cum utroque Clero
et laicis
58
qui spiritum missionarium conservaturus atque exteris
Missionibus impigre auxilium praestiturus
XII. qui... spiritum sentiendi cum Ecclesia, necnon fidelitatem et oboedientiam erga Sedem Apostolicam
in se et in aliis fovere valeat
XIII. qui... incoepta et proposita Concilii Vaticani II sita
faciat et pro viribus fovebit. An proinde —>
apostolicum nmnus Societatis propium ad
hodiernas rerum conditiones et adiuncta sedulo
confirmaba
XIV. qui... ad revisionem operum ministeriorumque nostrorum instituendam secun(dum) Constitutiones, ita ut
apostolatus Societatis veré respondeat hodiernis
Ecclesiae neccesitatibus
In specie ut Ule munus a Summo Pontífice Societati demandatum, scil. ut
atheismo validissíme obsistat, libenter et
alacriter perfecturus erit.
De las palabras de la Audiencia de antes de la Elección: Paulus VI (26)
7 Maii 1965 (AAS. LVII, n. 7, 8 julio 1965, pg 511 ss)
"Arduum hoc est munus (elcctionis novi Generalis), praegravis momenti
negotium, quo prosperitas, emolumentum, salus et progressio Instituti vestri contínetur.... "ostende quem elegeris" Act l - 27)
"Nos autem (S. Pontifex) sollicitudinís vestrae admodum particeps
dum precibus vestris Nostras adiungimus optamus cupimusque
[fol. 16]
vehementer ut deligendus optimi cuiusque exspectationi par sit
et necessitatibus in quibus Religiosae Familiae versatur
plene planeque suppetat.
".... Attentam dabit operam cnramque eligendiis Generalis
Praepositus vester ut concentus vester nullum abruptum sonum
elíciat, sed contra sit laus plena integrae fidei pietatísque
decora, quem quidem rectum concentum plurimis vestrum
contingere gratulando animadvertimus et animadvertendo
gratulamur"
59
[fol. 17]
Consideraciones sobre cada una de ¡as cualidades
del Prepósito General
(27)
1
[723] La primera es que sea muy unido con Dios Nuestro Señor
y familiar en la oración y todas sus operaciones
para que —> tanto mejor del (de El) como de
fuente de todo bien impetre a todo el cuerpo de
la Compañía mucha participación de sus dones y gracias
y mucho valor y eficacia a todos los medios que se
usaren para ayuda de las ánimas.
a través de la oración que es un don que
está incluido en esta "gratia status".
Confianza grande en el Señor'. El "munus Generalis"
es de tal grandeza que exige esa comunicación
del Señor. Por otro lado darme cuenta
refleja de la inmensidad de las posibilidades, pero
al mismo tiempo de la responsabilidad, si no
se procura esa eficacia sobrenatural en la realización de esas empresas.
(folios 18,19 y 20 en blanco)
(29)
1. Muy unido con Dios y familiar en la oración y todas sus operaciones
Esto exige un don muy alto de oración y una asiduidad
también en ella, pero al mismo tiempo una perfección
adquirida en el sentido de "contemplativus in actione"
pues ha de estar unido y ser familiar con Dios
en todas sus operaciones.
Esta es la cualidad fundamental: de ella se ha de derivar
todo el bien para el General y para la Compañía.
Por eso todo esfuerzo y diligencia por adquirir y adelantar en es(e) don de oración ignaciano será pocoAquellas experiencias de contacto del yo_ y de esa soledad
interna con Dios van en esta dirección. Debo fomentar
en lo posible aquel espíritu. En esa soledad interna
es en la que el Señor se comunica y en ella
y por medio de ella vienen esas "intuiciones" estilo
S. Ignacio para poder ver las cosas con mucha simplicidad y claridad junto con un convenciendo (convencimiento)
de que aquello es de Dios
(28)
La oración retirada prolongada (preferentemente
de noche) y también la breve, pero intensa, en circunstancias difíciles en que se pide al Señor
una solución de un problema, son los momentos
más propicios.
Vida pues de oración continua. Tener la persuasión
de que así como es el Señor quien me ha elegido
para este cargo El me dirigirá y me fortalecerá
60
[fol 21]
Día 5 de agosto. Meditación de la tarde 4,1/2
Una elevación de espíritu viendo al mundo abajo y al
Señor arriba. La lucha que se está realizando en el
mundo es como se describe en las 2 banderas.
Es una guerra de fondo, de principios, de vida o
muerte y ahora es un momento decisivo de
la historia.
Yo, como General de la Compañía tengo un
puesto muy decisivo en esta batalla y una
responsabilidad también muy grande.
Mi primer plan ha de ser el estar
unidísimo al Señor que es quien ha de planear
esta batalla y comunicarme su plan para la
ejecución.
Lo que debo hacer en primer lugar es
poner a la Compañía a tono con estas ideas
tan grandes. Tienen que vibrar todos los jesuítas con esta empresa, y al mismo tiempo
que llevar a la vida práctica ese entusiasmo
con "una entrega absoluta de sus personas".
Es un momento en que el jesuíta ha de
demostrar lo que es o irse!
61
(30)
Batalla de proporciones alarmantes; es
una verdadera batalla en el fondo o sea que
aunque en los procedimientos respecto a los
hombres tengamos que proceder con caridad
y comprensión (diálogo, aproximación, colaboración in externis), es cierto que
en cuanto a principios y al último
motor que mueve todo este mundo
ateo es el demonio (Lucifer) la bandera
del mal caudillo.
La lucha contra el mal Caudillo
es con armas espirituales y la crueldad
de la lucha no está más que en el
interior del propio individuo = negación
del propio yo: mortificación y desprendimiento. Pero al exterior hemos de
aparecer amables, agradables- Es decir,
la ludia considerada en cada uno es interna,
espiritual; pues se combate un espíritu que
pervade todo, (severo consigo, lucha contra
la propia carne, soberbia, pobreza).
Al exterior, como no se combate contra hombres, sino contra el espíritu que domina a
esos hombres, ha de ser atractivo, comprensivo,
... para que ellos mismos reconozcan su
esclavitud y ellos la rechacen!
(31)
Satán
(M)
Ac. Ext
Ac. Ext
Apost.
Ifol. 22}
Es decir, se trata de que la gracia obre en su
interior; y eso se consigue con medios espirituales (en primer
lugar) oración, sacrificio... y también con medios naturales materiales: amistad, instrucción, diálogo... Para así proporcionarles las gracias actuales que van verificando el
proceso de conversión
62
- • Satán
Xto.
En esta lucha ha de comenzarse por el interior de cada
uno (como he dicho antes), es decir, la victoria ha
de comenzarse en el propio corazón. El éxito de la empresa
ha de garantizarse primero en su propio espíritu.
Para ello se podría comenzar con grupos que
se quieran dedicar de un modo especial a
este apostolado: Casas de espiritualidad intensa
de pobreza, abnegación: estudio, trabajo de equipo.
Con un ideal así se podría comenzar la "reforma"
de la pobreza y de la vida de espíritu.
La multiplicidad de actividades hace que
el número pueda ser grande, pero en equipos
pequeños, con vida familiar austera pero con
un ideal muy grande, en que se verifique
el espíritu evangélico de S. Ignacio. Los
verdaderos batallones suicidas.
Estudio especial: espiritualidad especial. Trabajo y
vida especial jesuíta hasta las últimas
consecuencias. Ya desde el escolasticado. Con
toda generosidad espiritual.
Para el plan concreto se necesita estudio profundo para ver el modo más eficaz de desarrollar
esta campaña. Una vez determinado, llevarlo
hasta las últimas consecuencias.
Ya la preparación espiritual puede comunicarse
desde ahora: vida de oración intensa, de pobreza
63
(32)
ifol 241
Ifol. 231
de caridad y colaboración, de entusiasmo por un ideal.
Modus procedendi:
1) Convencimiento y concretización de la grandiosidad de esa obra
(Grandiosidad porque 1) incluye prácticamente todo apostolado
2) por su dificultad
3) por su importancia
4) por ser mandado directamente por el
Sumo Pontífice
2) Preparado} i espirih tal: espíritu ignaciano hasta ¡as últimas consecuencias: ley interior de la caridad
pobreza y humildad. Obediencia
magnanimidad etc...
3) Estudio completo de la situación y determinación práctica
en grandes lineas.
4) Determinación de ¡a Compañía en ese plan
y su realización práctica.
5) Realización práctica: estructuras, formación...
vida de comunidad
6) Comunicación de antemano a la Compañía de este plan
y comenzar la preparación espiritual
Sin duda que esto levantará el espíritu y dará a la Compañía
un nuevo vigor y unión, con optimismo y entusiasmo.
La lucha contra el ateísmo (- naturalismo -y la ayuda a países
paganos y subdesarrollados) en el siglo XX es
(33)
¡o que fué (y aun más) la Reforma y descubrimiento
de nuevos continentes en el s. XVI
Esto bien presentado ha de poner a tono a toda
la Compañía. Cómo comunicar y hacer que se
sienta esto de un modo efectivo?
++ Papel del P. General en todo esto?
64
Meditación de las 6,1/2
Si hemos de seguir el ejemplo de S. Ignacio debemos ver
cómo el combatió o procedió contra ¡os errores de su
tiempo. Procuró acentuar las virtudes, principios
y prácticas opuestas a ¡as que impugnaban sus
contrarios y dio a la Compañía una organización
y estructura propia de ¡a lucha de aquel tiempo
Nosotros debemos: inculcar y proceder según ¡os principios
opuestos al enemigo - materialismo ateo
1) En nuestra vida religiosa individuai
con una sobrenaturalidad absoiuta
con ¡a práctica de las virtudes que
más combate ese naturalismo
' a) obediencia
b) pobreza
c) castidad
< d) mortificación
e) personaiidad natural
d) racionalidad
(34)
,e) vida comunitaria
2) Esto exige que nosotros declaremos cuales
son esas virtudes y sus principios teológicos
de modo que determinemos cómo procede
en eüas ¡a Compañía
qué es obediencia... sus principios teológicos
su práctica
pobreza en la Compañía
castidad
mortificación..., etc
vida comunitaria
65
Es decir, que debemos presentar la figura concreta de Compañía hoy y exigirla aun
a costa de perder sujetos que no se
acomoden.
Esa claridad de ideas y ¡a nobleza en exigir su
ejecución son elementos necesarios para poder ir
adelante con la eficacia necesaria en nuestra
vida.
Un papel importantísimo de la Congregación General
es éste, el determinar estos puntos claves de
nuestra espiritual(idad) y de nuestra actividad apostólica
ífol
Meditación de la mañana 6 agosto (V Viernes)
Mi posición ante el Señor ha de ser de humildad y
agradecimiento profundísimos. El puesto para el que El
me ha elegido exige una pureza de alma extraordinaria.
Muchas razones, pero principalmente me convencen 2.
1) El agradecimiento me obliga a ser fidelísimo al Señor,
de modo que ni la más mínima cosa que yo vea
que El me pide, puedo negársela. De ahí que el
pecado, falta o imperfección voluntaria debe quedar
absolutamente excluido.
¿Cómo puedo yo mostrarme tacaño con un
Señor que ha sido tan generoso conmigo? ¿Cómo
puedo yo tratar de ofender o no agradar a Quien
tanto ha depositado en mí?
2) Ea necesidad de un contacto íntimo, lo más posible,
y continuo con el Señor me obligan a una pureza
de alma grandísima. Nuestro Señor es quien
ha de moverme e iluminarme con su gracia.
El empañar la lucidez de un alma limpia
tiene la fatal consecuencia de una disminución
de contacto con El y además de un obscurecimiento
en mi espíritu que me puede impedir vez las
cosas que el Señor quiere y cómo El las quiere
Ese continuo ver, mirar, oir... a Nuestro Señor no
69
puede verificarse más que en una conciencia lo
más pura posible. Esa comunicación continua me
es absolutamente necesaria para poder desempeñar
mi cargo bien. El oir al Señor y comprender bien
su voluntad exigen el corazón perfectamente limpio. Beati mundi corde guia ipsi Deum videbunt.
El espejo del alma tiene que estar siempre diáfano sin
empañarse lo más mínimo.
(35)
De ahí que si siempre ahora adquiere una
actualidad especialísima el voto de perfección. Ahora tengo
que observarlo con toda
diligencia, pues en esa diligencia en observarlo estará
también mi preparación para oir, ver y ser instrumento del Señor: que es cumplir en todo con su
voluntad.
El es quien dirige; yo no tengo más que
oir. El inspira; yo procuro la ejecución. El corrige; yo
debo enmendarme o enmendar (a) otros de un modo visible
(executio).
es sin duda la "conditio sine qua non" para poder obtener
la 1" (pureza perfecta)
Ahora bien, esa pureza de alma, que puede aparecer
como algo negativo, es de un valor positivo enorme
ya que es el modo como la "energía" positiva de
la gracia de Dios puede obrar y obtener efectos
admirables.
¿A dónde me puede conducir esa fuerza omnipotente
de Dios, si yo soy dócil perfectamente a su "fuerza
impulsora"?
¡Cuántas gracias para el cuerpo de la Compañía
si i/o soy dócil perfectamente al Señor!
La comunicación perfecta del Señor con la Compañía
exige también mi pureza perfecta de alma.
Yo el caño a través del cual deben
pasar el mayor número de gracias posibles para
toda la Compañía y cada uno de sus sujetos
y sus obras!
\fol. 26]
Esto es a la vez un motivo más, para fomentar en
mi la devoción al Corazón de Cristo, ya que es la
fuente de gracias extraordinarias para la propia santificación! Ahora me son más que nunca necesarias,
ya que esas gracias, además de ser para mí personalmente imprescindibles, han de redundar en bien de
toda la Compañía y de las almas que están en
contacto con ella
Estos dos puntos son esenciales para mi vida espiritual
individual en orden a desempeñar mi cargo de General
en estas circunstancias:
1) Pureza de alma hasta lo más perfecto
2) Un amor al SC de Cristo con una vida de
reparación.
Ambos elementos están intimamente relacionados pero
en nula forma de espiritualidad: amor a Cristo reparador
70
6 de Agosto (V Viernes) Tarde 4,1/2
Un sentimiento profundo y clarísimo de la presencia
real de Jesucristo en la Eucaristía. Jesucristo está en el
sagrario realmente. El, el Salvador del mundo, el Rey
de la creación, la Cabeza de la Iglesia y de la Compañía.
El está ahí y me habla, me dirige.
Solamente El Santo Padre y la Santa Sede están
en condiciones de interpretar su voluntad de modo
que se. puedan imponer por autoridad. A ellos he de
someterme de un modo completo, humilde, leal
y como decía el Sto. Padre en su última audiencia
(julio 17) como cadáver.
Desde luego la Congregación General tiene
también autoridad sobre mí, aunque ahí yo
soy también un miembro cuya opinión de
hecho ha de pesar mucho.
71
Este sentimiento de estar siempre al lado
de Jesucristo y de poder oir su voluntad dan
mucha seguridad y confianza y el sentido de
autoridad verdadero.
Cuando algo aparezca como voluntad clara
del Señor, yo_ soy quien debo presentarla
y exigirla aunque cueste sacrificios a mí
y a otros; y los demás son los que se
deben someter.
No es esto despotismo, sino ejercicio
de una autoridad real que proviene de Cristo.
Naturalmente la voluntad y su ejecución
de modo concreto se conoce o al menos
se ratifica a través de los órganos que el
Instituto (representante de Cristo para mí) me
proporciona (Consultores, Asistentes, etc..)
Pero Cristo está en este pequeño Sagrario a mi lado!
Mientras yo_ no me separe de El, El estará siempre
a mi lado. El me ha elegido, él me ayuda.
Qué terrible si yo_ me apartara de El. Ese mismo
día había caído y dejaba de ser lo que soy!
Señor, ayudadme, "ut numquam a Te
separari permitas!"
Vida de Pe, de intimidad con la Eucaristía! Mi
gran amigo, consejero, ayuda, alimento... Jesús!!
"Si ipse pro me, quis contra me?". "Omnia possum
in eo qui me confortat!"
Ea presencia real de Cristo, de mi amigo, alter ego, de
gran jefe, pero al mismo tiempo mi íntimo confidente.
Ea obra es de los dos: él me comunica sus planes
sus deseos; a mime toca colaborar "externamente" en sus planes que El ha de realizar internamente con su gracia.
Qué obra tan grandiosa la que El pone en mis
ma(no)s; eso exige una unión de corazones completa,
una identificación absoluta. ¡Siempre con El!
72
Y El nunca se apartará! Yo tengo que mostrarleconfianza y fidelidad. Nunca separarme de El.
Pero la raíz está en ese "amor amicitiae", en ese
sentirse el "alter ego" de Jesucristo. Con una humildad
profundísima, pero con una alegría y felicidad inmensas
también.
¡¡Yo siempre con El!! Siempre colgado de sus
labios y de sus deseos.
¡Qué vida tan feliz! Gracias Dios mío!
¡¡Aquí me tienes, Señor!!
Meditación a las 6,1/2 pm
S. Ignacio tuvo grandes ilustraciones trinitarias y durante sus
i'iltimos años en Roma fue extraordinariamente ilustrado
por medio de esos dones místicos. Ea Luz de S. Ignacio
era sobrenatural concedida por el Señor (Stma. Trinidad)
de un modo abundantísimo.
Yo necesito ser iluminado y dirigido por el Señor:
el modo y medida es una cosa reservada al mismo
Señor, pero yo_ tengo que hacer de mi parte todo
lo posible para conseguir del Señor esas luces que
me son tan necesarias en estos momentos tan
difíciles de la Iglesia y de la Compañía. Cuanto
más pueda parecerme a S. Ignacio en este
don de oración y comunicación con el Señor, tanto
más podré parecerme en la dirección de la
Compañía y en la solución de los problemas
actuales de la Compañía (que se refieren prácticamente a todos los puntos esenciales).
Ea solución está en la vuelta a los principios ignacianos con toda sinceridad y crudeza; la aplicación se
verifica lógicamente y como espontáneamente surge de
tales principios.
Estudio y oración sobre estos principios ignacianos
su esencia, su extensión, su interpretación de S. Ignacio. .., todo eso es vital.
73
[fol. 29]
7 - VIII - Medí, mañana. 9,1/2
Reí/ temporal
(41)
El plan de Jesucristo de la salvación de todo el mundo
es grandioso. Pero ahora toma para mí una forma muy concreta
de colaboración como General de la obra más influyente
de la Iglesia.
En primer lugar es necesario tratar de ver bajo
la luz de la fe y con una consideración o experiencia
interna individual (un conocimiento interno) qué es
lo que eso significa. Esa experiencia interna me lia
de llevar a una entrega absoluta; por su grandiosidad,
por su transcendencia para el mundo todo, por su belleza,
no hay empresa más noble.
En 2° lugar, supuesta esa entrega absoluta, hay que
buscar pedir en la oración que el Señor me comunique
sus planes. La obra es vastísima y complejísima; que
se puede enfocar de una manera muy diversa
y con una generosidad y desarrollo vario: ¿Cual es
el plan del Señor?
3: Hay un punto clave concreto en que el Señor por
medio de su Vicario ha manifestado su voluntad.
La lucha contra el ateísmo en todas sus formas.
specialis fiáelitas
erga S.S.
[A] cumprimis catholici nomims esse robar solidissimnm
et Apostolwae Seáis addictnm deditumque aginen,
exercitata virtute instnictiitn.
Quo in servando sacramento militiae
si alii religiosi sodales fideles debent essc
vos aiitenifidelissimi, si alii fortes, vos
fortissímí, si alii lecti, vos lectissimi.
IR] Vitae vcstrae tenor, qnalis addecet bonos mil(lit)es Chnsti
operarios strennos nec nnquam reprehéndanlos, firmitcr innitatnr oportet sanctitatis moribns, vobis
propriae, evangelicen' aséeseos forma austera
tenor vitae
et virilis animi robore spectanáa; componatur
virtutes
oportet disciplina nequáquam nntabnnda nec
proprii animi inclinationibns fracta, sed alacri,
prompta et ómnibus in snis modis et rei
effectibns aequa et stabili.
[C]... Scmper ómnibus cavendum est, ut in sentiendo,
in docendo, in scribendo, in agenda nolint
cnvendttm
conformar! Imic saeculo, et circumferri omm'
desiderium novitatis
vento doctrinar, ct pracposteris novitntibus
concederé, praeter modum proprio indulgentes
arbitrio.
¡fol 30]
fíde retenta
nova et vetera
proferantur
(42)
De atheismo
[D](Ecclesia agnoscit smgulariter erga se vos esse filios (43)
deditissimos, apprime vos diligit, vos in honore
babet et, liceat Nobis audax adhibere verbum,
vos reverehir)
Ecclesia sancta Dei vestra eget sanctimonia
sapientia, intelligentia rcrum, strenuitate, idque
(44)
a vobis poscit. ut priscae fidei retinentissimi
de thesauro coráis vestri nova et velera proferatis in auctiim universae gloriae Dei et
in humani generis comparandaiu salutem,
in nomine Domini ¡esu Christi, qnem Deus
exaltavit et áonavit illi nomen, quoá est
super omne nomen!
[El De formiáutoso periclito Inunanae consortioni
instanti loquimiir, áe atheismo.
...Quorum omniuin áeterrima putanda
(45)
est, cum de antitheismo agitur, áe pugnad
impietate, quae non soluní sententia mentís
et actione vitae áenegat esse Deuin, sed etiam
contra theismum arma suniit eo consilio, ut
relígionis sensiim et quidqitid est sanctum
piuinque radicitus evellat.
Societati ¡esu, cuius apprime propium
est Ecclesiae et religioni sanctissiinae praesidio
esse, cum ncerbiora témpora vertunt.
Hoc demandamus munus:
74
75
Munus: finís
Media
adhibenda
ut coniuiictis viribus atheismo obsistant
vnlidissime sub signo et adíutorio fulti,
Sti. Michaelis, principis militine coelestis,
ciiius ipsa appellatio victorinm vcl
fulgurat, vel futuram portendit.
Onnproph'r ignatiani sodales:
"omni cxperrecta virtute, hoc bonitin certent
certamen, millo praetermisso consilio, ut cuneta bene
disponantur etfeliciter cedant.
Ob id igitur investigent, omnígenos collant
nuntios, typis, si oportct, cudant, ínter se disceptent
parent huius reí peculiariter studiosos, sacras
preces fundant, iustitia et sanctitate eniteant, pollentes et instructi elloquentia oris
et vitae, coelesti coruscante gratia cui
referri possit illud S. Pauli Apostoli "Sermo meus...
aCorll,4)
[fol. 33]
(46)
Preparación de la 2" sesión de la C. G.
1)
(47)
¡fol. 31]
est voluntas
S. Poiltificis
(49)
Otiod libentius et alacrius perficietis, si mente vestra
iwrsaventis illud muniis in quod absolvendum
incumbitis et nova contentione incumbetis,Mm
fuisse hlbitn jiestrn stntiiium ird mimua
ah Fcclesia a Summn Pontífice nnhit mneredihmi esse.
Sanctus Jgnatius, pater legifer vester, tales vos voluit,
tales Nos quoque volumus Kfideles omnino erga S. Pontificem)} (48)
pro certo habentes eam, quam in vobis collocamusfiduciam amplíssime impletum in ac
impida huiusmodi vota Societatis lesa, ubivis
ipsa toto orbe terrarum militat, orat, agit,
largifluam messem reflorentis vitae et praeclarorum meritorum, quibus digna Deus praemia
attribuet, parilura esse.
Ver los Postulados dirigidos al P. General
Además de dar las respuestas, estudiarlos para
ver qué se deduce (si algo) de SIÍS ideas, etc.
2) Reunir la Comisión determinada
3) Pedir noticias del modo como van procediendo las
distintas Comisiones
4) Crear una comisión de Re temporali: Durocher, Walter, etc
5) Preparar algo respecto al ateísmo y comenzar ya (a)
preparar planes etc; tener reuniones acerca de
ello. Sociología Greg. - Theologos Philosofos
Acción Populaire etc
6) Establecer el Secretariado de Misiones
7)
"
"
de Espiritualidad ignaciana
8) Estudiar las actas y relaciones para poder orientarlos bien
9) Escribir a la Compañía una carta oficial sobre la
fidelidad al Sto. Padre y explicar un poco
su encargo sobre el ateísmo y sus direcciones
generales sobre la Compañía (audiencias 7 Mayo 17 de Julio)
( " la mía privada
(50)
10) Comenzar la preparación del surivey sobre sociología religiosa para conocer el papel de la Compañía en el mundo.
11) Ponerme en comunicación con las reuniones de los Provinciales
por Asistencias
12) Escribir varias cartas "oficiosas" (más de carácter personal o
a algunos grupos) sobre algunos puntos de interés
(fol. 34 en blanco)
(fol. 32 en blanco)
76
77
¡fol. 35]
Meditación de media noche 8 - VIII
(51)
La lucha contra el ateísmo recomendada por el Sardo Padre
de una manera tan apremiante es de una importancia
grande y complejidad extraordinaria.
Es Ja voluntad de Cristo y su Iglesia!!
Es de tal profundidad y transcendencia, que es mayor que el
peligro de la Reforma en el siglo XVI.
Si se considera en el siglo XVI ¡a Reforma unida al
enorme problema de la Evangelización de los pueblos descubiertos
entonces (América - India - Japón), este problema se asemeja
en sus proporciones.
La Iglesia entonces realizó una obra gigantesca y
dentro de la Iglesia fué la Compañía la que se distinguió
por su eficacia en el trabajo: Canisio - S. F. Xavier - Anchieta Las reducciones del Paraguay - Nobili - Ricci... son símbolos.
Hoy el problema es más vasto y profundo. Es la obra de
iodo el mundo ya descubierto (y) pero el imlor que se
presenta por salvar es el de la idea misma de Dios.
Los procedimientos del ateísmo son: (1) además de los
tradicionales propios de la naturaleza humana caída, (2) los de una lucha organizada por todo el
mundo, (3) agresiva por a) el modo de proponer sus ideas
b) los procedimientos de violencia de
la libertad y persecución abierta
(4) la solapada del naturalismo
Acción teísta
Ante tal lucha tan vasta, tan profunda t/ tan eficaz
hay que oponer una defensa y un ataque, que sea
también proporcionado a la empresa.
11) Una acción mundial centralizada (=con una organiDirecta
zación central dirigente).
(contra el 2) total, que abarque todos los elementos
ateísmo) 3) planificada espiritual y cientificamente al máximum
4)
espirituales
materiales
religiosos sacerdotes
seglares <¿~-- laicos,
etc..
78
En esta planificación mundial y su realización la Compañía
debe aportar todos sus elementos, que son muchos
1) una extensión por todo el mundo
2) una centralización sana y fuerte
3) una multiplicidad de obras de todo género
4) una posibilidad de creación de nuevos tipos de obras
o de reorganización de. las presentes
(52)
¡1
Indirecta contra el naturalismo
[fol 36]
Ahora bien, esa acción hay que comenzarla dando a los valores
su verdadero lugar, según la mente de S. Ignacio
Los valores espirituales se imponen los primeros
Los "
" en la Compañía "
" ya que una acción
de este tipo supone un espíritu genuinamente ignaciano
llevado hasta las últimas consecuencias:
La espiritualidad ignaciana realizará aquí maravillas
1) Sumisión a la Santa Sede (originaria del plan)
2) Su entrega incondicional a Cristo (Rey Temporal)
3) La valoración y conocimiento teológico de la ludia
en el mundo de hoy (Dos banderas)
4) análisis de su situación "
5) Entrega absoluta con desprendimiento de todo, hasta
de los valores más íntimos y personales humanos
y sobrenaturales (3er binario. 3er grado de
humildad)
6) Universalidad de medios : (Principio y fundamento. Tantum
quantum) sin excluir nada (I)
7) Máxima eficacia en el uso de sus medios sin
limitaciones, "quod magis conducit"
(53)
8) Duración del trabajo sin límite de tiempo
"siempre buscando; fin de todas las cosas"
(54)
9) Verdadero sentido del contemplativus in actione"
Movilidad máxima, pero dirigida desde el centro;
(55)
10) todo vivificado por la más profunda caridad y amor
a Dios: Contemplaciones de la vida de Cristo (Rey temporal,
Coloquio de los pecados)
79
a) Amor personal a Cristo
b) "
" a la humanidad (almas)
c) "
" ala Trinidad(Contempl.adamorem)
11) Todo en sumisión a la Sta Sede en Ja coordinación de esos
trabajos con el resto que quiera organizar la Iglesia.
(I) aquí tiene importancia especial el uso de los medios
y bienes y gustos naturales para combatir el naturalismo.
No solamente con la negación absoluta de esos bienes se llega
al fin. Hoy al contrario es más eficaz el saber usar de
esos bienes y placeres naturales, pero sólo en cuanto son
medio para una sobrenaturalización de la sociedad
Ifol. 37]
Valor de ese plan para la misma Compañía:
Esta acción impuesta por la Sta. Sede tiene todos los elementos
(para) ser un ideal renovador en la Compañía
(56)
A) Negative: Removiendo algunos obstáculos que se oponen al amor
y entusiasmo de algunos por su vocación
a) La Compañía ha pasado; su función ya no es del siglo XX
-No. 1) El Papa nos llama
2) precisamente en nuestra espiritualidad y características
de organización están las raices de lo apropiado
para esta empresa hodierna
b) La acción moderna exige otra clase de espiritualidad.
-No; 1) precisamente el Sto Padre apela a nuestra tradición
y nos quiere como somos
2) si hay (y ciertamente hay) una necesidad de examen
y reajuste, la Compañía está hoy dispuesta
(como lo ha demostrado en la C. General)
a analizarlo todo hasta en las bases.
c) Falta planificación; no sabemos a donde vamos
No: 1) Precisamente es ya lo que de un modo concreto
y definitivo nos lo ha señalado la Iglesia
"Zielbewusst"
2) Además, para realizar esa acción hay que crear un
plan a base de estudio profundo y consideración
científica que humanamente considerada sea
la más eficaz
80
d) (A) La idea de la Compañía y la que S. Ignacio tuvo no es
un dogma de fe; se puede modificar (Si S. Ignacio hubiese vivido
hoy, hubiera fundado otra
cosa)
Distinguo: es cierto que no es una idea inspirada
in sensu Sacrae Seripturae, Concedo
Pero no cabe duda que son gracias inspiradas
en unas intuiciones místicas de una altura y
perfección extraordinarias (así pues, no(n)
son inspiradas por Dios a través de grandes dones
místicos: negó)
Esto lleva a un estudio mucho más profundo de
la persona y espiritualidad ignacianas; Muchas de las ideas y
proposiciones que hoy se hacen por muchos demuestran una
ignorancia crasa de las cosas de S. Ignacio y de la Compañía.
De ahí que es necesario fomentar mucho más esa
espiritualidad y su conocimiento.
(B) Si San Ignacio hubiese vivido hoy hubiese fundado otra orden
religiosa, tal vez un instituto secular.
No. Precisamente los elementos esenciales de S. Ignacio
ífol. 38]
Formula Instituti, Constituciones y sus ideas generadoras, Exercicios
presentan los elementos que hemos considerado como los de
máxima eficacia para esa acción moderna y es como nos quiere
el Papa.
La necesidad de accomodación de algunos elementos
(o quizá de muchos) es evidente, pero en los mismos
principios ignacianos hay esa adaptabilidad, más aún esa
exigencia de adaptabilidad que han de hacer de la
Compañía el instrumento más eficaz.
Tenemos en nuestras manos el espíritu evangélico
universal y la capacidad de adaptación de la Compañía
es casi ilimitada.
B) Positive Cfr 10,1-3
(57)
Puede ayudar esta acción de muchas maneras
1] Descubriendo que ese ateísmo tiene un influjo en
81
la vida religiosa de hoy de dos formas principales:
a) con una debilitación en el espíritu de fe
y con dudas sobre la misma fe.
b) con una actitud naturalista en la concepción
de la misma vida (religiosa también) (naturalismo)
21
El naturalismo es en muchos casos un comienzo, el primer escalón (58)
para caer en un ateísmo, al menos, práctico, que puede
después conducir al teórico; la lucha contra el naturalismo es
muy diversa a la del ateísmo militante y agresivo.
El naturalismo es mucho más solapado. Tiene puntos buenos
y ataca a los mismos creyentes y a los religiosos,
es una plaga sumamente difícil de combatir. Hay que
estudiarlo afondo.
Ifol 39]
Ea Compañía ante esta acción
(efectos de la acción en la Compa(ñía))
Esta acción confiada a la Compañía es un objeto
sumamente, adecuado por su espiritualidad y organización.
Es decir, la Compañía está capacitada con sus fundamentos
espirituales y orgánicos para desempeñarla, aunque para ello
tenga que acudir a sus últimos recursos fundamentales
y de adaptabilidad.
Pero al mismo tiempo esta acción entendida
con toda su profundidad, amplitud y complejidad es
la gran fuerza que puede ayudar a una verdadera Reforma
y reestructuración de. la Compañía, así como a una
elevación de su espíritu.
Esta acción anti-atea (A.A.A.) exigirá que se. estudien
las estructuras de la Compañía y su espiritualidad. Teniendo
en cuenta que su acción ha de. tener eficacia no solamente
A) en los individuos, sino también (y sobre todo) en las estructuras sociales, nuestro modo de proceder debe ser sometido
a un examen sincero y bien valorado
82
B) Ese entusiasmo colectivo A.A.A. debe llevar a un entusiasmo individual, que vaya a las raices del mal para curarlas.
Supuesto que ese ateísmo es el fruto y el origen de
un naturalismo, que lo penetra todo, debemos ver cómo en
la Compañía y en cada uno de nosotros ese naturalismo
puede haberse infiltrado y contagiado.
Así pues, la lucha A.A.A. empieza en nosotros mismos
con una A.C.N. (contra el Naturalismo)
1] El antídoto contra el Naturalismo es para nosotros
el ignacianismo; esto nos debe llevar a un conocimiento
más profundo del Igmo. y a una aplicación hasta
sus últimas consecuencias
Esto nos llevará a una renovación espiritual
espontanea, salida del interior de cada uno de
nosotros.
2] La necesidad de dar eficacia a nuestra obra A.A.A. nos ha
de llevar (según los principios ignacianos) a estudiar el problema
con toda su amplitud y profundidad; del cual ha de
resultar un plan total de acción, que dará a nuestra
vida y ministerios el significado y la forma Hodierna
de la Compañía en el mundo.
Aquí estará fundamentada la selección de
nuestros ministerios, según su eficacia para esa A.A.A.
Ifol. 40]
(59)
3] Lo gigantesco de la obra y su dificultad ha de ser
el mejor argumento y fuerza para demostrar y e impulsar
a una labor de equipo (team-ioork) que es enteramente
contraria al individualismo (hoy tan extendido), provincialismo y asistencialismo, dando un vuelo internacional
mundial = católico a la obra de cada uno.
4j Supuesta esta claridad defines y unidad suprema de acción
(con la variedad propia de circunstancias, etc...) se ve la
necesidad absoluta de una obediencia ignaciana,
la cual asegurará
a) un diálogo ignaciano entre subditos y Superiores
83
(consulta en el sentido más amplio de
cuenta de conciencia
la palabra)
consultas, reuniones, reportes técnicos)
b) una mobilidad ignnciana también ("inestabilitas Soc")
(cfr. Civilta Cattolica Mayo 1965 pg 350 6" linea) (60)
c) una su(b)misión absoluta a las decisiones últimas (según las normas de S. Ignacio,
representaciones, recurso al Superior mediato, etc.)
5] Tratándose de una lucha en que la vida es el gran argumento (en este mundo existencia]) nos llevará a
dar el testimonio externo practicando lo que enseñamos: vida de pobres, austeridad.
N.B. Tal vez esto dé origen a un tipo de casas
especiales, que habría que estudiar (Casas del testimonio
C.T.)
Además el problema es tanto más urgente por(que) la
necesidad de vivir en ese mundo naturalista, pero sin
pertenecer a él en espíritu exige una valoración y
uso de las cosas naturales de modo que seamos
atractivos, sin contaminarnos; lo cual es mucho más
difícil que la abstención absoluta.
tiso de las criaturas, pero con el " detachement" absoluto.
(No cabe duda que esto exige una formación especial ...y un espíritu fortísimo).
6] Ese naturalismo ateo tiene un influjo en la vida religiosa (61)
que aparece bajo dos formas principales:
a) con una actitud naturalista en nuestra
vida religiosa que hay que combatir de un modo
prudente y enérgico
b) con una debilitación en el espíritu de fe
y con dudas sobre la misma fe
Esto nos ha de llevar a un querer practicar
más y más en las verdades de la fe en la
oración y estudio; ese pedir constantemente el espíritu
de FE y el estudio filosófico y teológico adecuado de
las cuestiones, no sólo "in genere", sino también de un modo
personal individual; conviene plantearse estos problemas
84
[fot 41]
de un modo sincero y prudente, bajo la dirección
de quien bien nos conoce personalmente, pero siempre
con la conciencia de que el último responsable
soy yo (N.B. no hablamos de escrúpulos, etc., aunque
también hay que tenerlos en cuenta.... para el futuro)
El planteamiento presenta un aspecto muy delicado
en punto a la vocación a la Compañía. Es necesario
que en el Noviciado uno se presente este problema
con toda crudeza y si después se ve que por
falta de madurez o dirección no se ha verificado, se
haga esa confrontación con la realidad concreta,
jesuítica, cuanto antes.
(N.B. Los problemas filosóficos y teológicos son también para considerarlos como algo propio, cuando se vea necesario...)
7] Un deseo del desarrollo de sus propias cualidades con un convencimiento
de su responsabilidad personal en ese sentido hará que
la colaboración sea persojial y con el máximo de certeza.
Durante toda la formación un esfuerzo (constante, sereno,
bien dirigido) personal, individual.
Pero al mismo tiempo con un desprendimiento absoluto para poder sacrificar lo individual
a lo colectivo.
(N.B. Los conceptos erróneos sobre "los derechos del hombre"
1) Concepto de desarrollo de la personalidad
2)
"
de libertad
3)
"
de amor, etc..)
(fol. 42 en blanco)
85
ífol. 43]
(62)
3] En este contexto adquieren las Misiones una luz especial. (63)
Porque: 1) El mayor número de ateos (prácticos y aun teóricos
en sentido de que creen en un Dios enteramente
primitivo) está en esos llamados países de
Misión.
2) la dificultad de la conversión es grande,
pero las esperanzas son aún mayores que en
los países descristianizados,
(cuando se habla de dificultad, no olvidemos lo
difícil que es también convertir al ateo occidental)
3) en esos países numéricamente tan superiores
y de una cultura y cualidades humanas tan
grandes está el porvenir del mundo del futuro
4) El problema de conversión es ya un problema de
carácter universal con características muy
comunes en todos los países; esas diferencias
más que por continentes se determinan por
avance de cultura,
v.gr. Japón presenta unas dificultades muy similares
a las de Francia o U.S.A. en sus
neopaganismos.
en cambio Malaya o Rangoon presentan
otros caracteres más comunes a otras
naciones de África, etc.
De ahí que al hablar de Misiones debemos
cambiar el concepto antiguo: trabajo en países
retrasados cultural y técnicamente, con
problemas muy primitivos y aplicando
en el trabajo medios también muy primitivos.
5) La oportunidad que aún queda en la mayor parte
de los países aún paganos, no sabemos cuán(d)to
durará: el ateísmo comunista hace avances
decisivos en todos los Continentes.
Urgencia del trabajo y de esfuerzo apostólico.
86
[fol. 44}
6) Para hacer ese esfuerzo dicen que hay peligro de
matar la gallina:
No, 1) porque esas empresas Misionales
suscitan más vocaciones en los países católicos
2) porque los países paganos dan,
cuando se convierten, proporcionahnente
tantas o más vocaciones que los países
católicos; lo cual es una esperanza
grande para el porvenir.
ífol. 45]
Órganos conectados con A.A.A.
1] Burean de colaboración espiritual
Buscar oraciones y méritos espirituales (Cruzada espiritual)
a) Apostolado de la Oración + Cruzada Eucarística
b) Congregaciones Marianas
c) Otras asociaciones piadosas: Buena muerte, Marías de los Sagrarios etc.
d) Mundo Mejor? (su colaboración ha de ser también
más amplia)
(64)
2/ Colaboración de los Laicos: Burean laical
que estudie la formación de los laicos en el A.A.A.
sus trabajos y colaboración
a) en la parte espiritual
b) en la parte de acción
Importantísimo el dar con la fórmula para tener la
máxima colaboración y la más eficaz de los laicos.
Tal vez el ir formando institutos seculares por
diversos países o provincias: bajo una fórmula más
o menos uniforme y después poder formar una federación, que llegase a una unificación.
Sería interesante ver lo mucho que hay en
ese sentido.
3] Mundo Mejor (dejar la iniciativa a sus fundadores...)
pero tal vez sería bueno:
87
(65)
1) imbuir en este espíritu a los Institutos seculares
xja existentes
2)
"
a los sacerdotes; tal vez anunciarlo en
alguna forma muy elástica
3) creación de algunos asistentes, cuyo
fin sea ¡a difusión de este movimiento
(no el crear algo distinto con
espíritu diverso independiente, sino crear
órganos reconocidos por la Sta. Sede
que puedan ser los difusores de
las ideas del M.M.
[fol. 46]
4] Burean para obtener recursos para A.A.A.
Miembros pueden ser unos residentes en Roma otros fuera
Roma: O'Keefe, de Marco, Durocher
Fuera: de Brevery, Kocliansky, Reinert,
Villamandos, Bouchard, Escalada, etc
Ryan (Clerence)
Fuentes
A Contribuciones de las Provincias y obras de ¡a Compañía
B Asociaciones Internacionales sub diverso respecta
Educación, Obras sociales, benéficas...
C Asociaciones Católicas: Misereor, Adveniat, Asociaciones en
diversos países
D Fundaciones: en U.S.A. y otros países
E Creación de un grupo de personalidades (Lucha contra
el comunismo o algo parecido)
Filantrópico
F Crear algún elemento Productivo - Lapique
G Obras varias (?)
Los PP. que ya estuvieron en esta clase de obras
pudieran contribuir si este programa les ayudase
de modo que 3/4 quedase para ellos y 1/4 para A.A.A.
88
¡fol. 47]
(66)
Swain Advic
Dezza Stu. NW. Delegat
O'Keefe Sto. Unive. PRVarga Caria organiZüás»
etc
Consüiarii Periti
Oñate
- Missionis
Dargan
de Souza
Siweck
. Smetzer
Assistentes regionales
Roma
América P. Small
A.L.S. Acevez -Perito Ama. Lat
A.L.M. Sarti -Form NN
Ext.O. Dargan -Miss
Carrier
lnd. D. Souza -Miss
Pin
París-Roma Planific. total
-Social
Alemania Schonenberger -Ecum
Acci. Populaire
Francia Giuliani -Sp. Ign.
etc.
Ingl. Smock -Miss. (Afric)
Spain Blajot -Format. NN.
NN.
P. Dezza - Slav. Mruk -Cortina de acero
-Educación
Italia Ganzi - ?
Roma
Ext.
P O'Keefe,'te
< (¿donde?)
N.Y.
París
Vat.
^ Eccl. <^f~
Roma
-P.R. / / " "
Religiosos Zurich
— Laicos apóstol
— Turistas especial. P. ¡acquet
~
" generales
-Mass. Comm. Clattde (N.Y.)
-Ecumenismo P. Schonenberger (Roma) -Cine
bra?
-Sp. Ignatiana P. Guliani (Roma)
4 Ass. General.
P. De Souza
-Planificación total <^¡f-— Calvez
(Roma)
Hirschmann
Theol: Danielou, Lubac, Alfaro, Rahner, Dhanis
-Doctrinal <
*Phil: Coreth, Lonergan
89
[fol. 48]
[fol.
Jesucristo y yo - La relación personal única
A. A. A.
Extra-S.J
católicos
Acatólicos
S.J.
Protest. A.Christian
Relig Bonae vohintatis
Oración specíal
Formatio NN
oración acción
Actio
Religiosos
- Laicos
-científica
Sacerdotes
-docente
-social
-caritativa
-Predicación: Ex etc
tde estudio
. obra
, de. acción
-centros especiales
escrito
\ formación de leaders
\ Mundo mejor
90
Religiosos
Clero secular
Laicos
Es cierto que el amor personal a Cristo es necesario y que
un aumento en él es un aumento en las gracias personales
y también en las que se conceden a la Compañía, como
cuerpo.
Ahora bien, es(e) amor personal tiene un carácter de
exclusividad o de unicidad muy importante. Al fin y al
cabo lo único que queda es Jesucristo. El resto de la colaboración, estima personal y hasta amor sincero, queda
siempre como algo contingente limitado, temporal, variable. .. Lo único que queda siempre y en todo lugar,
que me ha de orientar y ayudar siempre, aun en las
circunstancias más difíciles y en las incomprensiones más
dolorosas, es siempre el amor del único amigo, que
es Jesucristo. Esto no quita nada a las demás amistades y a las relaciones verdaderamente caritativas de
una gran sinceridad y valor de parte de los seres humanos. La vida es así, los hombres somos así, y
las dificultades personales subjetivas son tales, que solamente se puede contar siempre y en todas circunstancias con Jesucristo.
Idea de un valor inmenso. Hay que llegar al convencimiento teórico y práctico de ello. Jesús es mi verdadero,
perfecto, perpetuo amigo A El me debo entregar y
de él debo recibir su amistad, su apoyo, su dirección.
Pero también su intimidad, el descanso,
la conversación, la consulta, e¡ desahogo...; el lugar
es ante el Sagrario: Jesucristo nunca me puede dejar.
Yo siempre con El. Señor, que yo no te deje
nunca. "Et numquam me a Te separar! permitías"
91
Ifol. 501
El elan apostólico
Absolutamente necesario es hoy ese elan - (entusiasmo, dinamismo...
optimista); la obra que tenemos que realizar es demasiado
grande y difícil (complicada, obstaculizada, de estudio profundo
1/ realizaciones delicadas, rápidas, etc...) para que nos podamos
permitir el ver las cosas con indiferencia o con una
calma lenta.
Naturalmente esto no quiere decir que tengamos que
estar en perpetuo movimiento externo; pero sí en continua
"quasi-tensión" de trabajo tratando de realizar lo más
que podamos por la gloria de Dios y bien de las almas.
Ese elan, que procede del amor de Cristo y
que se manifiesta en un santo ímpetu de eficacia,
de realizaciones (N.B. Cada obra tiene su aspecto
pero no cabe duda que hay en todas un común denominador de "entrega absoluta y eficaz para conseguir
el fin pretendido": U)tas con actividades externas, otras
con fervor interno reconfortado en una gran paciencia y
estabilidad... , pero todos vibrando por el amor de Xto.
y procurando el máximo bien de las almas)
92
Ifol. 511
El amor personal hacia Jesucristo
hacia los miembros de la Compañía
Es absolutamente necesario y base para la identificación con El;
es decir, para llegar a ser poseído de su gracia en tal forma
que sus pensamientos sean los mios y su querer el mío.
Esto se verifica a través de las gracias eficaces.
Llegar a esa identificación es el ideal y el secreto
de la verdadera santificación y del verdadero desempeño
de mi papel de General, ya que no soy sino un
instrumento racional de El; no solamente un segundo
subordinado (en el sentido humano), sino un verdadero
instrumento que no debe actuar sino movido
por la causa principal
[Qué alegría y felicidad poder llegar a esto!
Tarea difícil, pero que el Señor puede concedérmela
en un momento. Esa gracia me es necesaria...,
luego el Señor me la concederá. El sabe cuándo,
cómo y en qué extensión...; me pongo por completo en
sus manos, ya que es cosa enteramente suya.
Yo no puedo poner ningún obstáculo a esto. Al contrario,
en cuanto esté de mi parte debo colaborar con El para que ese ideal se verifique pronto.
Desprendimiento, fidelidad, constancia en
la oración; práctica de ese espíritu frecuentemente (mejor
siempre). Son Jos medios que yo puedo utilizar para
acelerar esta transformación
Esa unión transformadora es el origen de las gracias
para mí y para la Compañía.
Yo debo ser el canal; pero también el motor
de la Compañía; canal por el que pasan esas
gracias de Xto. a la Compañía. Motor impulsándola
con un ELAN sobrenatural que se esparza a todo
el cuerpo de la misma.
(67)
Ese elan divino que late en el corazón de Xto.
me es absolutamente necesario para poderlo contagiar y
transmitir a los demás.
95
Ese clan es necesario para poder realizar ¡a
difícil obra de la Compañía en el mundo. Hay que
recibirlo en la oración y transmitirlo por todos los medios;
de allí la importancia del contacto personal
con Xto. por un lado y con los sujetos de la Compañía
por otro. Xto —> General —> Compañía
De ahí que esa comunicación del General con la
Compañía (de un modo personal), tan deseado por
S. Ignacio, hoy pueda verificarse de un modo
más fácil por la facilidad de medios de comunicación.
Ifol. 52]
Jesucristo
i
Notas al autógrafo
del P. Arrupe
P. General
i
comunicación
medios naturales
sobrenatural
Generales
oraciones, Misas
/
/ Regionales
sacrificios
/
/
/
1 , Cartas -{ Comunidad
y C/í7Sf
/
con tono y contenido
personal
contacto Instrumentos] Radio \ Individuo
ÍT.V.
directo
* Telex
personal •.
Llaman loa
Roma
Visitas
a las Provincias
Hay que Imcer un gran esfuerzo por multiplicar y personalizar
las relaciones del General con la Compañía y con sus miembros.
Lo que S. Ignacio pudo hacer por el escaso número de sujetos
a pesar de lo primitivo de los procedimientos, hoy se puede
consegiár en gran parte a pesar del número por la facilidad
y adelanto de los medios de comunicación
En este punto no perdonar medio, ni gasto;
es vital para el gobierno de la Compañía a lo S. Ignacio.
(1) Elegido general el 22 de mayo de 1965, quince días después de comenzada la Congregación General XXXI, su itinerario documental oficial a la Compañía de Jesús, desde esa fecha y hasta el 1 de agosto, cuando comienza sus Ejercicios, es
el siguiente:
24 de mayo: Primer saludo, como general, a los participantes en la Congregación General y a toda la Compañía (cfr.
anexo 2). Telón de fondo de no pocas de las vivencias que
aflorarán en este texto.
17 de junio: En plena Congregación General envía a la
Compañía las «Litterae Pontificiae» de S.S. Pablo VI, sobre el
culto al Sagrado Corazón de Jesús (25 mayo 1965), dirigidas a
los superiores generales de seis institutos religiosos de varones «vinculados con especial título de devoción» al Sagrado
Corazón (cfr. anexo 3).
13 de julio: Comunica a la Compañía los decretos de la
Congregación General sobre «La formación de los Escolares,
especialmente en los estudios», sobre los asistentes generales
(28 de junio) y los nombres de los elegidos como tales (29 de
junio), la elección del Admonitor del General (8 de julio), así
97
como el nombramiento por el P. Arrupe de once asistentes
regionales.
15 de julio: Hace llegar a la Compañía tres decretos: el de la
interrupción de la Congregación General y su continuación
en septiembre de 1966; el de la posibilidad de flexibilizar la
duración en el cargo del Prepósito General; el de la misión del
Papa a la Compañía acerca del ateísmo (cfr. anexo 4).
31 de julio: Festividad de San Ignacio, se dirigirá de nuevo
a la Compañía (cfr. anexo 5) dando cuenta de los trabajos realizados por la Congregación y de los trabajos pendientes y en
curso durante la intersesión, y compartiendo las tres recomendaciones del Papa en su audiencia privada con los asistentes generales el día 17 de julio, a los dos días de dar por
concluida la primera sesión.
(2) Const. 666, 667, 723-735, 789-790.
(3) Const. 719, 766.
(4) Se trata propiamente del versículo 6. La referencia, citada de memoria probablemente, es: «Si os convertís a él de
todo corazón y con toda el alma siendo sinceros con él, entonces él se convertirá a vosotros y no volverá a ocultaros su
rostro. Ahora mirad cómo os ha tratado y confesaos a él a boca llena» (Biblia del Peregrino).
(5) «8Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido; estirpe de
Abrahán, mi amigo. 9Tú, a quien tomé en los confines del orbe, y llamé en sus extremos, a quien dije: "Tú eres mi siervo,
te he elegido y no te he rechazado".
U)
No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo
soy tu Dios: te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi
diestra victoriosa. "Mira: se avergonzarán derrotados los que
se enardecen contra ti; serán aniquilados y perecerán los que
pleitean contra ti.
"Porque yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra, y te
digo: "No temas, yo mismo te auxilio". 14No temas, gusanito
de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del
Señor-, tu redentor es el Santo de Israel.
15
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás, convertirás en paja las colinas; 16los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los
98
dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel» (Biblia del Peregrino).
(6) Continúa el Principio y Fundamento, Ejercicios Espirituales, 23. Prácticamente dedicará a él los días 2, 3, 4 y 5 de
agosto por la mañana, aproximadamente un tercio del texto
manuscrito.
(7) Uno de sus primeros y más ambiciosos objetivos como
General es el de hacer un estudio sociológico de la realidad
mundial, que sirva de base a los proyectos apostólicos que
convenga hacer. Escribe a la Compañía con fecha de 9 de diciembre de 1965 poniendo en marcha este sondeo, promoviendo comisiones y coordinadores provinciales para este fin.
Seguirá este proceso de forma muy personal, como quien está convencido de su eficacia y necesidad, con otras decisiones
suyas como la de 21 de marzo de 1966. El resultado fue desigual entre unas zonas y otras, pero cuando menos sirvió para
hacer tomar conciencia de la novedad cultural, social y religiosa de la humanidad.
(8) Su personal devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
ampliamente testimoniada en su vida y en sus escritos
-también reiteradamente en éste-, había hecho su aparición
pública en la Consagración de la Compañía al Sagrado Corazón el 24 de mayo (cfr. anexo 2) y en su carta del 17 de junio a la Compañía adjuntándole las «Litterae Pontificiae» de
Pablo VI de 25 de mayo sobre el culto al Sagrado Corazón
de Jesús. En esta ocasión afirmó: «Aunque corresponda a la
Congregación General XXXI examinar los postulados recibidos
sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús y proponer sobre ello
sus recomendaciones, he juzgado, sin embargo, convenir transmitiros ya a todos vosotros las Litterae Pontificiae y empezar a cumplir así la principal parte de mi oficio, a saber, comunicar a la
Compañía los deseos del Sumo Pontífice (...) Es clara igualmente
la respuesta que debemos dar, tanto por nuestra tradición en vivir
y fomentar esta devoción, cuanto, sobre todo, por nuestra obediencia y fidelidad al Vicario de Cristo, que me fue especialmente grato significarle de nuevo en la audiencia privada del 31 de mayo de
este año» (AR XIV, 614).
(9) Aunque la grafía es suficientemente clara como «disco», cabría que se tratase del término «discurso» sincopado.
99
(10) Imagen gráfica, traducción del kamikaze japonés,
tristemente célebre en el contexto de la última contienda bélica mundial, de la que Pedro Arrape fue testigo y, a la vez,
víctima de uno de sus más terribles coletazos, el de Hiroshima. Término «del japonés kamikaze, viento divino», se designa con él a la «persona que se juega la vida realizando una acción temeraria» (Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española, 2001); «persona temeraria o arriesgada» (Manuel
Seco, Diccionario del español actual, 1999).
Se refiere metafóricamente a la invitación evangélica a
«perder la vida por mí y por mi causa» o «por el Evangelio»,
como modo de vivirla de verdad (Le 9, 24). Es otra manera de
referirse al «grupo de incondicionales» mencionado más arriba (fol. 5).
Expresión familiar a Arrupe. En entrevista al periódico Ya
(6 de octubre de 1965) volverá a decir: «Espero de la juventud
española generosidad para entregarse a la vocación religiosa y al
apostolado laical. De los dos necesita mucho la Compañía de Jesús,
muchos y muchas, para poder trabajar a fin de que desaparezca el
ateísmo, que es la misión específica que Su Santidad ha encargado
especialmente a la Compañía de jesús. Necesitamos muchos batallones suicidas (entrega incondicional hasta la muerte) para Cristo».
(11) A continuación, en el mismo texto, queda reiteradamente explicada esta expresión espontánea, en el sentido de
una visión funcional casi inevitablemente más local o regional del obispo en contraposición a la más universal y potencialmente unificadora del Papa (cfr. folio 8).
(12) Ciertamente se presentó, y el Concilio estaba trabajando sobre él en el contexto de lo que acabaría siendo la Constitución Gaudium et Spes. Cuando Arrupe escribe estas líneas,
ya ha sido nombrado miembro de la Comisión de Religiosos
que participan en el Concilio (15 junio, cfr. AR XIV, 602) y sobre este tema versará su primera comunicación en él, presentada el 27 de septiembre 1965 (cfr. anexo 6).
(13) Naturalismo y ateísmo, fenómenos ya mencionados en la
alocución de Pablo VI a la Congregación General XXXI (cfr.
anexo 1) son integrados por Arrupe como objetivos inseparables de «misión», insistiendo con un sentido personal práctico
en la gravedad y alcance de lo que describirá como naturalismo.
(14) «circa»: grafía indescifrable; transcripción verosímil.
(15) Const. 723.
(16) Const. 725.
(17) Const. 726 (resumido y reordenado por Arrupe para
su reflexión y aplicación personal).
(18) Const. 727 (suprime locuciones adjetivas y toda la última parte referida a «sus lujos»; «...en manera que los reprehendidos o castigados reconozcan que procede rectamente en el Señor
nuestro y con caridad en lo que hace, bien que contra su gusto fuese según el hombre inferior».
(19) Const. 728 (muy resumido en lo que considera esencial para su persona, prescinde de aspectos que de hecho va
a tener que vivir muy conscientemente, como el de las «contradicciones (aunque fuesen de personas grandes y potentes)»).
En reiteradas ocasiones habrá de exhortar a esta libertad de
hijos a la hora de trabajar por la defensa de la fe y promoción de la justicia consciente de las «contradicciones» que
esto acarreará.
(20) Const. 729 (omite las siete líneas restantes: «Y aunque
la doctrina es muy necesaria, a quien tendrá tantos doctos a su
cargo, más necesaria es la prudencia y uso de las cosas espirituales
y internas para discernir los espíritus varios y aconsejar y remediar a tantos que tendrán necesidades espirituales, y así mesmo la
discreción en las cosas externas y modo de tratar de cosas tan varias y conversar con tan diversas personas de dentro y fuera de la
Compañía»).
(21) Const. 730 (no transcribe, a continuación de «perfección», el añadido del texto: «suya, no descuidado ni remiso para
dexarlas comenzadas e imperfectas»).
(22) Const. 731 (simplifica y omite «y de otra, a las fuerzas
corporales que el cargo requiere, para en él poder hacer su oficio a
gloria de Dios nuestro Señor»).
(23) Const. 733 (sintetiza todo en los dos términos esenciales).
(24) Const. 735 (resume lo esencial; transcribe «conocido como tal» en vez de «conocido por tal»).
(25) Del Interrogatorio (Dep. ad det., -Deputatio ad detrimenta-, doc. n° 9 de la Congregación General XXXI). Se refiere al cuestionario de ayuda proporcionado a los miembros de la Congregación General para su discernimiento
100
101
p e r s o n a l p r e v i o a la elección del G e n e r a l . A r r u p e lo a d u c e
como u n espejo ( e x a m e n ) en el q u e m i r a r s e . En cursiva las
p a l a b r a s e x p r e s a m e n t e transcritas p o r el P. A r r u p e en su
texto autógrafo:
1.
Si el futuro Prepósito General será apto para promover el espíritu de confianza de los NN hacia la misma Compañía y el amor
a nuestra vocación; de manera que sean atraídos los mejores
candidatos, se consiga un trato familiar entre subditos y Superiores y se eviten las demasiado frecuentes defecciones
de la vida religiosa y del sacerdocio mismo.
2. Si será capaz de conducir a los NN a un conocimiento íntimo, a
una recta interpretación y a un amor eficaz al Instituto; en el
cual se contienen el espíritu y las normas del santo Fundador y las sanas tradiciones; todas ellas constituyen nuestro
auténtico patrimonio aprobado por la Iglesia.
3. Si será tal que pueda inculcar y aplicar estos principios espirituales perennes de nuestro Instituto con lenguaje moderno.
4. Si será capaz de poder reflexionar con criterio sano tantas cuestiones sobre la formación de los NN planteadas hoy en todo el mundo; de manera que la formación conserve su solidez al tiempo que es
acomodada a las nuevas exigencias.
5. Si será apto para promover en los NN una mentalidad y modo de
actuar informados de principios sobrenaturales; de manera que
juzgando con sabiduría las cosas humanas a la luz de la fe,
pueda evitar más fácilmente los actuales peligros provenientes del
Naturalismo, del Subjetivismo y del falso Humanismo.
6. Siendo así que las acomodaciones mismas de la vida apostólica a las necesidades de nuestro tiempo no producen
efecto, si no están animadas por una renovación espiritual,
a la que hay que dar la primacía incluso en la promoción de
las actividades exteriores, se puede interrogar sobre si el
nuevo Prepósito General se preocupará de que los NN cultiven
asiduamente la vida interior bebiendo el espíritu de oración y aun
la oración misma en los Ejercicios Espirituales en los que se asienta y alienta el alma profunda del Santo Fundador.
7. Si será apto para poder discernir justamente, en las normas de
nuestra vida externa, las que pueden ser caducas y obsoletas de las
necesarias a la vida religiosa y solícito en urgirías para que no
sufra merma el vigor de la disciplina.
8. Siendo la obediencia principio vital y orgánico de toda
nuestra espiritualidad v acción apostólica, se puede tam102
9.
10.
11.
12.
13.
14.
bien interrogar sobre si el nuevo Prepósito será tal, que vigorice tanto la obediencia en los subditos, como el ejercicio de la autoridad en los Superiores, según los genuinos principios teológicos
de ella. Igualmente si será tal, que se prevea que colaborará estrechamente para un gobierno eficaz, con los Prepósitos inferiores
y con los responsables de servicios.
Parece que debe interrogarse también sobre si el nuevo Prepósito será tal, que trabajará sincera y esforzadamente para que
sean eliminadas ¡as discrepancias entre nuestras leyes de pobreza
y su práctica en la vida.
Si es lícito esperar que será vínculo de la íntima unión de los ánimos y de las obras entre los NN, de manera que guiados por la
colaboración fraterna y el espíritu universal, trabajen también
con ambos cleros (diocesano y religioso) y con los laicos, según la
mente de la Iglesia manifestada sobre lodo en los decretos del
Concilio Vaticano II.
Si, por lo tanto, se espera que conservará y promoverá el espíritu misionero en la Compañía y ayudará sin descanso a las
Misiones extranjeras.
Si será tal, que pueda fomentar, en sí y en los otros, el espíritu de
sentir con la Iglesia y la fidelidad y obediencia a la Sede apostólica.
Si hará suyo lo iniciado y lo propuesto por el Concilio Vaticano lí
y lo fomentará según sus fuerzas. Si, por lo tanto, adaptará constantemente la misión apostólica propia de la Compañía a las actuales condiciones y circunstancias.
Si será apto para establecer la revisión de nuestras obras y ministerios según los criterios de las mismas Constituciones, de
manera que el apostolado de la Compañía responda verdaderamente a las actuales necesidades de la iglesia. Especialmente si se
puede esperar que realizará gustosa y audazmente la misión pedida a la Compañía por el Sumo Pontífice, es a saber, resistir al
ateísmo en sus variadas formas.
(26) «Difícil tarea (la de la elección de un nuevo General) y
asunto de trascendental importancia, del que depende la prosperidad, la afirmación, la conservación y el progreso de vuestro Instituto (...) "Muéstranos, Señor, a cuál escogiste" (Hechos 1, 24).
Nos compartimos vuestra solicitud y unimos nuestras oraciones
a las vuestras, pues deseamos ardientemente que el elegido responda a la expectación de todos y sea plenamente idóneo para
afrontar las actuales necesidades de vuestra familia religiosa (...)
103
El Prepósito General, que elijáis, deberá vigilar atentamente que
no haya discordancia en vuestra sinfonía, sino, al contrario, resuene una alabanza armónica común, pictórica de fe y de piedad.
Y verdaderamente me complazco y me alegro en subrayar que esa
concordia existe en la mayoría de vosotros» (traducción oficial
en Congregación General XXXI, Documentos, Zaragoza, 1966,
p. 11-13).'
(27) En realidad sólo va a registrar por escrito un único aspecto, el primero y fundamental, el de las cualidades del General, que va a ser como el alma de cuanto se siente urgido
por Dios a vivir. Avín de este número de las Constituciones
(723) sólo va a referirse aquí a la primera afirmación de Ignacio de Loyola.
(28) El autógrafo dice «un convenciendo», que parece alteración de «un convencimiento».
(29) Estas tres páginas en blanco del quinto pliego pueden
significar que fue su intención continuar considerando más
detalladamente «cada una», como indica al comienzo del folio
17, de las cualidades del General.
(30) En la tarde del día 5 de agosto orará ayudándose de la
meditación de Dos Banderas (folios 21-24) en dos meditaciones,
a las 4,30 y a las 6,30. Se mueve con espontaneidad y libertad
-como «llevado» (Diario Espiritual, 113)- por las meditaciones
centrales de los Ejercicios. La extraordinaria grandeza y dificultad de la misión, como la propuso el Papa el 7 de mayo (el
ateísmo), ya no desaparecerá de su vista como voluntad concreta e inmediata del Señor. El Papa la presentó como «batalla»
(cfr. anexo 1, n° 13-14).
La identificación de Arrupe con el Señor le lleva a la identificación espiritual con la Compañía que le ha confiado el Señor, para la que piensa es necesario el mismo proceso interior,
que considera necesario para él. «Poner a tono» a la Compañía
es mantener viva en ella la oblación «de mayor stima y de mayor
momento» (Ejercicios, 97-98), como necesidad vital en el corazón de cada jesuíta. Sólo así será posible una «reforma» que
ha de empezar por la pobreza. A eso apunta el radicalismo
del «hasta las últimas consecuencias», reiterado en estas páginas, que la Compañía no debe ocultar ni disimular.
En estos folios (21-28), desde el 5 de agosto tarde y todo el
día 6, recoge Arrupe el climax de su experiencia interior de
estos días.
(31) Arrupe se ayudaba con frecuencia de croquis muy
personales para «dibujar» sus ideas. En éste de Dos Banderas
expresa cómo el apóstol, seguidor de Jesús, ha de garantizar
su victoria «exterior» (Cristo-Satán, X - S) con su previa victoria «interior» (H. individ, H.I.).
(32) Cfr. nota 10.
(33) Lo que consta entre paréntesis es añadido posterior
del propio P. Arrupe.
(34) La lectura obvia es «racionalismo», pero carece de sentido. Dado que se trata de unas notas de redacción espontánea
y acelerada, como lo demuestra la misma alteración de la numeración literal (repite d y e) y mirando al contenido mismo,
parece verosímil que quisiese decir «racionalidad».
(35) Estos dos folios (25-26) han de interpretarse, en la dinámica interior que vive Arrupe en esa mañana del 6 de
agosto, como su formulación de la Tercera Manera de Humildad. ¿Puede confirmarse «ab exteris» esta personal delicadeza con el dato histórico, habitualmente comentado entre los
miembros de la Curia S.I. de Roma, de que Arrupe se confesaba todos los días con el P Dezza?
(36) En la carta que escribió a la Compañía, en la festividad de San Ignacio (31 de julio de 1965), es decir, siete días
antes de esta vivencia-recuerdo (cfr. anexo 5), relata esta visita al Papa con los nuevos asistentes y menciona esta tercera
recomendación (AR XIV, 648).
(37) Invocación, levemente modificada, del Anima Christi:
«Ne permutas me separari a Te».
(38) Rom 8, 31.
(39) Flp 4,13.
(40) Como las referidas en la Autobiografía (28-31, 65, 96,
100) y, sobre todo, en Roma, las que deja reflejadas en su Diario Espiritual.
(41) Ejercicios, 91-99. Volverá a las Dos Banderas (fol. 35 y s.),
pero a partir de este momento es sensible el desplazamiento
interior del hombre de acción, que es Arrupe, buscando y concretando esa acción («los planes») que el Señor quiere de él.
104
105
(42) Texto oficial en AR XIV, 996-999, del que A r r a p e transcribe seleccionados estos p u n t o s (cfr. anexo 1). Traducción autorizada p o r las Provincias d e España {Congregación general
XXXI, Documentos, Zaragoza, 1966, p . 11-16):
[A] (Ignacio deseó que ¡a Compañía de Jesús fuese) «sobre todo
firme baluarte del catolicismo y como un escuadrón adicto, valiente y fiel a la Sede Apostólica (...) En el cumplimiento de este juramento como militar, si otros religiosos
deben ser fieles, vosotros debéis ser fidelísimos; si otros
fuertes, vosotros tortísimos; si otros distinguirse, vosotros
aún más».
[B] «Es necesario que vuestro modo de vivir hoy se apoye firmemente en ese ideal de santidad propio de vuestra vocación, según conviene a buenos soldados de Cristo y a operarios animosos e intachables. Esto es, que se caracterice por
una austera forma de vida evangélica, por la viril fortaleza
de alma; se debe distinguir por la disciplina firme, lejos de
titubeos o inconstancias de espíritu; debe ser vuestro vivir
generoso y resuelto, al mismo tiempo que equilibrado y
constante en su hacer y su querer».
[C] «Así pues, en el pensar, en el enseñar, en el escribir y en las
actitudes lodos deben evitar el seguir al "mundo", el "dejarse llevar por todo viento de doctrina" (Ef 4, 14) y el hacer
concesiones a las novedades perniciosas por un excesivo
apego al propio juicio».
[D] «La Iglesia os reconoce como hijos muy adictos, os ama
extraordinariamente, os honra y, séanos lícito usar una
palabra audaz, os reverencia (...) La Iglesia santa de Dios
necesita de vuestra santidad, de vuestra ciencia, de vuestros conocimientos prácticos y de vuestro empuje; y os pide que, manteniendo inconmovible la antigua fe, saquéis
del tesoro de vuestro corazón "las cosas nuevas y antiguas" para aumento de la gloria de Dios y salvación del
género humano, en nombre de nuestro Señor Jesucristo a
quien "Dios exaltó y dio un nombre que está sobre lodo
nombre" (Flp 2, 9)».
[E] «Nos referimos a un terrible peligro, que amenaza a la Humanidad entera: el ateísmo (...) La peor de todas las formas
(al hablar de antiteísmo) es la de la impiedad militante, que no
se limita a negar intelectual y prácticamente la existencia de
Dios, sino que adquiere carácter combativo y usa armas con
106
el propósito de arrancar de las almas todo espíritu religioso
y todo sentimiento de piedad».
«A la Compañía de Jesús, que tiene por característica ser baluarte de la Iglesia y de la religión, en estos tiempos difíciles
pedimos que
aune sus fuerzas para oponerse valientemente al ateísmo,
bajo la bandera y protección de San Miguel, príncipe de la
milicia celestial, cuyo nombre es de victoria o la anuncia
segura.
Así pues, los hijos de San Ignacio emprendan esta gran batalla, despertando todas sus fuerzas, sin desperdiciar ninguna para que todo se organice bien y se lleve a éxito.
Para ello trabajen en la investigación, recojan toda clase de
información; si es conveniente, publíquenla; traten entre sí;
formen especialistas en la materia; hagan oración; descuellen en virtud y santidad; fórmense en la elocuencia de la
palabra y de la vida; brillen con la gracia celestial, según lo
entendía San Pablo cuando decía: "Mis palabras y mi predicación no fueron sólo palabras persuasivas de sabiduría,
sino demostración de Espíritu y verdad" (1 Cor 2, 4)».
«Lo cual realizaréis con más entusiasmo y prontitud, si
pensáis que esta tarea, que ya hacéis en parte, y a la que os
dedicaréis más plenamente en el futuro, no os la habéis fijado vosotros por vuestra voluntad, sino que la habéis recibido de la Iglesia y del Romano Pontífice».
«Así os quiso vuestro Padre y Legislador; así os queremos
también Nos, teniendo por cierto que encontrará plena correspondencia en vosotros la confianza que en vosotros depositamos y que estos nuestros deseos, cumplidos por toda la
Compañía, que milita, ora y trabaja en todas las partes del
mundo, los compensará Dios dándoos abundante mies, vida
floreciente y preclaros méritos».
(43) En AR XIV 997, línea 5 d e s d e el fin, «singulari» en vez
«singulariter». Probable errata.
(44) En AR XIV 998, línea 1 «intellegentia».
(45) En AR se a ñ a d e «certe».
(46) En el autógrafo, sin d u d a errata d e transcripción, se
«auditorio».
107
(47) «Mi mensaje y mi predicación no se apoyaban en palabras sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu» (1 Cor 2, 4).
(48) Las palabras entre paréntesis son añadido del P. Arrape.
(49) Desde aquí continuará escribiendo en folios sueltos
del mismo tamaño por doble cara. Este folio 33, en concreto,
es de tamaño menor (23 x 18) y figura inserto entre los folios
31-32, último pliego completo.
(50) Se refiere a la primera audiencia privada como general, tenida el 31 de mayo de 1965, cfr. nota 7 (noticia en el
L'Osservatore Romano, 31 mayo-1 junio 1965).
(51) Correspondiente al día 7o de sus Ejercicios. De fondo
de su reflexión orante sobre la «acción», que quiere el Señor
de él y de la Compañía, e iluminándola otra vez las Dos Banderas, que puede decirse, en su conjunto, la experiencia espiritual más profunda de estos Ejercicios.
(52) Brevísima síntesis de la visión que aportará al Concilio como acción de Iglesia universal en su intervención del 27
de septiembre de 1965 (cfr. anexo 6).
(53) «Lo que más (nos) conduce», expresión familiar a S. Ignacio y central en su visión de fe de la vida, que aparece ya,
como norte, en el Principio y Fundamento de los Ejercicios.
(54) Ejercicios Espirituales, 23.
(55) Línea añadida por Arrape sobre su propio texto.
(56) Sobreentendido ese «para», que no figura en el autógrafo.
(57) Referencia a las páginas [10/1-3], que siguen a continuación (folios 39-42) bajo el título «La Compañía de Jesús ante
esta acción (efectos de la acción en la Compañía)». Estas líneas son
un conato de iniciación al tema, uno de los más recurrentes
como preocupación suya de gobierno religioso.
(58) Un ejemplo de lo indicado en la nota precedente es este párrafo dedicado a un tema (el «naturalismo»). Parece un
párrafo descolocado, añadido al final del folio 38, pero no
vinculado al 2], que le precede. Volverá a redondearlo en su
desarrollo sobre la acción de la Compañía.
(59) Grapado (¿por Arrape?) a este folio 39-40 se conserva
un excursus sobre las Misiones (en hoja menor, 24 x 20,5, del
mismo género de papel de todo el documento) que transcri-
bimos como folio 43-44, que parece ser un importante añadido posterior de Arrupe, cuyo lugar propio sería entre los nn.
3] y 4] del presente folio 40.
(60) Giuseppe de Rosa, S.I., «La Compagñia di Gesú nel
clima d'aggiornamento della Chiesa», La Civiltá Cattolica, mayo 1965, 342-355. La cita exacta es: «il gesuita ha per vocazione
l'inestabilita».
(61) Al P. Arrupe le preocupa realistamente, delante de sus
jesuítas y, en general, de los religiosos, el secularismo -él lo
llama de modo genérico «naturalismo»-, que toca las raíces
personales de la vida religiosa, más que el ateísmo teórico
propiamente tal, sobre todo porque, como insinúa, con personas tocadas de aquél no se puede hacer frente debidamente a éste.
(62) Corresponde a la hoja menor, el excursus sobre las Misiones, a la que se refiere la nota 59.
(63) Es importante observar y comparar la proyección de
estas ideas y convicciones personales de Arrupe con lo que,
más ampliamente, dijo en su segunda intervención en el Concilio Vaticano II, dos meses después, el 12 de octubre de 1965
(cfr. anexo 7).
(64) El Movimiento Mundo Mejor, ideado y promovido
por el P. Ricardo Lombardi, fue, y sigue siendo, un intento
pastoral de asimilación operativa del Concilio, del que se han
beneficiado y en el que se han inspirado muchos cristianos y
muchos otros movimientos cristianos.
(65) No hay contradicción con lo afirmado más arriba (folio 37, d, B). Allí niega Arrupe la transformación de la Compañía de Jesús -fiel a sí misma-, en un instituto secular. Aquí
abre, como parte de la acción apostólica, la hipótesis de que la
Compañía pueda formar e inspirar institutos seculares.
(66) En los folios 47 y 48 recoge Arrupe, en un borrador de
planificación, lo que podría ser el equipo de gobierno de la
Compañía (la mayor parte de dichos nombres han sido, ya
para esta fecha, o elegidos por la Congregación General o
nombrados por el propio Arrupe). Igualmente un boceto
muy primero de la Acción Anti-Ateísmo (A.A.A.), como él
imagina poder realizarse la misión primera del Papa, para la
que éste había pedido competencia, entusiasmo y rapidez:
108
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«Lo cual realizaréis con más entusiasmo y prontitud si pensáis que
esta tarea, que ya hacéis en parte, y a ¡a que os dedicaréis más plenamente en el futuro, no os la habéis fijado vosotros por vuestra propia voluntad, sino que la habéis recibido de la Iglesia y del Sumo
Pontífice» (cfr. anexo 1,15,d).
(67) Resuena en estas líneas la visión «jerarquizada» ignaciana de la autoridad (v.gr. Constituciones, 671, 723, 790). Es
importante resaltar que, cuando Arrupe se refiere a ella -como aparece muchas veces en estas mismas páginas y aparecería profusamente en su gobierno religioso-, no promueve
una verticalidad de dignidad y dominio, sino de una «fraternidad» evangélica de servicio. Basta fijarse en los términos
con que se describe el ejercicio de esta autoridad: esparcir,
contagiar, transmitir lo previamente recibido por un hombre
unido a Cristo, o la referencia, como medio y estilo de gobierno, al contacto personal, la comunicación personal. «Con Cristo por un lado y con ¡os sujetos de la Compañía por otro» describe
unificada, más aún, integrada en el fondo de su persona, la
doble vertiente, con que Pedro Arrupe concibe ya su vida. Y
trata de reflejarlo en el esquema que diseña a continuación.
Nada extraño que concluya esta característica evangélica de
su gobierno: «Hay que hacer un gran esfuerzo por multiplicar y
personalizar ¡as relaciones del General con ¡a Compañía y con sus
miembros (...) En este punto no perdonar medio ni gasto».
Anexos
Los hemos agrupado en tres bloques. El primero lo reproducimos a continuación. Los dos restantes pueden consultarse para tener una idea más precisa del momento en que Arrupe redacta los Apuntes de sus Ejercicios Espirituales.
La primera serie comprende ocho documentos: de S.S. Pablo VI (anexo 1), de la Congregación General XXXI (anexo 4)
y el resto del propio P Arrupe, publicados entre el 7 de mayo
1965 -comienzo de la Congregación General- y el 8 de diciembre 1965 -final del Concilio Vaticano II-, que, por afinidad de contenidos y por marco cronológico, tienen relación
directa, fácilmente verificable con los Apuntes íntimos que
publicamos. Son los siguientes:
Anexo 1: Discurso del Papa Pablo VI al comienzo de la Congregación General XXXI (7 de mayo de 1965) AR
XIV 996-999; Congregación General XXXI. Documentos, Zaragoza, 1966,11-16.
Anexo 2: Discurso del P. Arrupe a la Congregación General
XXXI, dos días después de su elección (24 de mayo
de 1965), Congregación General XXXI, Documentos, Zaragoza, 1966, 17-19.
Anexo 3: Carta del P. Arrupe a la Compañía (17 de junio de
1965) comunicando las «Litterae Apostolicae» de
110
111
S.S. Pablo VI, de 25 de mayo, sobre el culto al Sdo.
Corazón de Jesús dirigidas a los Superiores Generales
de seis Institutos Religiosos, AR XIV, 614.
Anexo 4: Decreto de la Congregación General XXXI: «Misión
de la Compañía acerca del ateísmo», promulgado y
comunicado a la Compañía por el R Arrupe al
final de la primera sesión (15 de julio de 1965),
AR XIV, 640-643; Congregación general XXXI, Documentos, Zaragoza, 1966, 31-35.
Anexo 5: Carta a toda la Compañía sobre la Congregación General XXXI (31 de julio de 1965). Lo realizado en
la primera sesión; lo que se sigue trabajando;
tres recomendaciones del Papa en la audiencia
al P. Arrupe y a los asistentes generales, el 17 de
julio, dos días después de interrumpida la Congregación General. AR XIV, 643-648.
Anexo 6: Intervención del P. Arrupe en el Concilio Vaticano II
sobre el ateísmo (27 de septiembre de 1965, texto
en La Iglesia de hoy y del futuro, Bilbao-Santander,
Mensajero-Sal Terrae, 1982,125-128).
Anexo 7: Intervención del P. Arrupe en el Concilio Vaticano II
sobre el misionero en la situación actual del mundo
(12 de octubre de 1965) en La Iglesia de hoy y del
futuro, Bilbao-Santander, Mensajero-Sal Terrae,
161-165.
Anexo 8: Oficina de prensa del Concilio (20 de octubre de
1965), Cultura y misión (de la traducción francesa en la revista Christus, n° 51)).
La segunda serie es un elenco de otros textos del P. Arrupe, del mismo período, no tan directamente relacionados
con sus Apuntes íntimos. No los reproducimos en el presente volumen.
13 de julio de 1965: Promulgación del decreto de la Congregación General XXXI sobre la formación de los estudiantes, sobre todo en estudios, con la Relación previa de la misma Congregación,
AR XIV, 621-636.
15 de julio de 1965: Promulgación de tres decretos de la Congregación General XXXI: de la segunda sesión de la Congregación,
112
de la duración del cargo de Prepósito General, de la misión de la
Compañía acerca del ateísmo, AR XIV, 637-643.
25 de agosto de 1965: A los Padres de la Asistencia de Francia
sobre la importancia y la fuerza apostólica de los Colegios, AR XIV,
654-659; en La identidad del jesuíta en nuestros tiempos, Santander, Sal Terrae, 1981 203-208.
1 de septiembre de 1965: A los Teólogos y Filósofos de Filipinas, AR XIV, 665-674.
20 de septiembre de 1965: En el primer aniversario de la llegada de los Nuestros de la Provincia de Irlanda a Australia, AR
XIV, 670-672.
8 de diciembre de 1965: Se establece la fecha de la segunda sesión de la Congregación General XXXI, AR XIV, 670-672.
9 de diciembre de 1965: Se pone en marcha la investigación
sociológica en la Compañía (Survey) «para mejor adaptación del gobierno y del apostolado de la Compañía», AR XIV, 656-657.
Diciembre 1965: La misión que nos ha confiado el Papa (Declaraciones a la revista francesa Realités, en La Iglesia de hoy y del futuro, Bilbao-Santander, Mensajero-Sal Terrae, 1982,129-134).
Por último, la tercera serie reúne intervenciones públicas
del mismo período, cuyos textos se conservan.
-
Entrevista en la RAITV italiana (24 de mayo de 1965).
Conferenza Stampa en la sede de la Civilta Cattolica (14
de junio de 1965).
Declaraciones a Radio-Luxemburg (14 de junio de
1965).
Declaraciones a la Televisión Francaise (16 de junio de
1965).
Homilía en la fiesta del Sagrado Corazón. Iglesia del
Gesú (25 de junio de 1965).
Llomilía en la Parroquia de S. Saba (25 de junio de 1965).
Fin de la primera etapa de la Congregación General 31,
RAITV italiana (15 de julio de 1965).
Entrevista en la revista Época, «Dio del duemila» (18 de
julio de 1965).
Homilía en la fiesta de S. Ignacio. Iglesia del Gesú (31
de julio de 1965).
113
Entrevista con el P. General en Radio Monte-Cario (31
de julio de 1965).
Alocución a los Hermanos Coadjutores, Villa-Cavalletti (14 de setiembre de 1965).
Mensaje a las Facultades de Filosofía y Teología de San
Cugat (28 de septiembre de 1965).
Entrevista en el periódico madrileño Ya (6 de octubre
de 1965).
Alocución a los peritos conciliares.
Entrevista en el semanario Spiegel (27 de octubre de
1965).
Entrevista en la revista inglesa The Tablet: «The General's
Lot».
ANEXO 1
Discurso del Papa Pablo VI
a la Congregación General XXXI
(7 de mayo de 1965)
Doscientos veintiséis jesuítas, en representación de ochenta y nueve provincias y viceprovincias de la Compañía de
Jesús comenzaron en Roma, el 7 de mayo de 1965, una
nueva e importante Congregación General. La 3J'1 de la
historia de la Compañía. Su objetivo primero era elegir
un nuevo general, que sucediera al P. Juan Bautista Janssens, fallecido el 5 de octubre de 1964. Pero en la agenda
de la Congregación, que iba a tener lugar antes de la última fase del Concilio Vaticano II, figuraban muchísimos
más temas y de mayor trascendencia que en ninguna otra
de las treinta congregaciones precedentes. El primer acto
de la misma, a las ocho de la mañana, fue la audiencia de
Su Santidad el Papa Pablo VI en la Sala del Consistorio.
Suyas fueron estas palabras por las que confió a la Compañía de Jesús una misión, que habría de marcar profundamente los trabajos de la Congregación y, muy particularmente, la vida y el servicio personal del futuro
General.
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Síntesis de la idea de vuestro Fundador
Saludo
Queridos hijos:
1. Con sincero afecto y con palabras llenas de esperanza os
saludamos, amadísimos miembros de la Compañía de Jesús,
a los que hoy nos complacemos en recibir.
Finalidad de la Congregación
2. Habéis venido a Roma y os habéis congregado para celebrar la asamblea principal de vuestro Instituto, la más importante según vuestras Constituciones, la que ha de elegir al
sucesor del Prepósito General Juan Bautista Janssens, cuya
muerte lloramos juntamente con vosotros. Difícil tarea y
asunto de trascendental importancia, del que depende la
prosperidad, la afirmación, la conservación y el progreso de
vuestro Instituto religioso.
5. Todos conocéis perfectamente la peculiar naturaleza e
índole, la eficacia en la acción, que Ignacio, vuestro legislador
y Padre, quiso que tuviese vuestra Compañía. Él deseó que la
Compañía de Jestís, fundada con espíritu magnánimo y como
con cierta inspiración divina, fuese, sobre todo, firme baluarte del catolicismo y como un escuadrón adicto, valiente y fiel
a la Sede Apostólica.
Vuestro lema, vuestra excelsa gloria, vuestra típica consigna es «militar bajo el estandarte de la Cruz y servir a solo
Dios y a la Iglesia, su esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra» (Letras Apostólicas «Exposcit debitum», del 21 de julio de 1550). En el cumplimiento de este juramento como militar, si otros religiosos deben ser fieles,
vosotros debéis ser fidelísimos; si otros fuertes, vosotros fortísimos; si otros han de distinguirse, vosotros aún más.
Debéis seguir fieles a vuestra historia
Actitud de los Padres congregados
3. Ponderad, pues, con sano criterio; deliberad con juicio
equilibrado y con fina prudencia todas las cosas qxie ayuden
a ese feliz resultado. Pero, sobre todo, con oraciones sinceras
y ardientes, implorad la luz y guía del Espíritu Santo, para
que vuestra elección coincida plenamente con la voluntad de
Dios: «Muéstranos, Señor, a cuál escogiste» (Hch 1, 24).
El Papa se une a esta oración y deseos
4. Nos compartimos vuestra solicitud y unimos nuestras
oraciones a las vuestras, pues deseamos ardientemente que el
elegido responda a la expectación de todos y sea plenamente
idóneo para afrontar las actuales necesidades de vuestra familia religiosa.
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6. En las páginas gloriosas de vuestra historia se ve con luz
meridiana que la conducta y los hechos de los hijos respondieron al ideal fijado por vuestro santo Padre, y por ello merecisteis el honroso título de legión siempre fiel en la defensa
de la fe católica y de la Sede Apostólica.
Vuestros Santos Mártires, vuestros Confesores, vuestros
Doctores Canisio y Belarmino, el incalculable ejército de
hombres piadosos, doctos y fervorosos, que han ilustrado
vuestra Orden, como el cielo se engalana de estrellas, al realizar ese ideal con palabras y con obras, os han legado a las
generaciones siguientes un ejemplo y un estímulo imperecederos para que sigáis sus pasos.
Hoy como ayer
7. Es necesario que vuestro modo de vivir hoy se apoye
firmemente en ese ideal de santidad propio de vuestra vocación, según conviene a buenos soldados de Cristo y a opcra117
ríos animosos e intachables. Esto es, que se caracterice por
una austera forma de vida evangélica, por la viril fortaleza de
alma; se debe distinguir por la disciplina firme, lejos de titubeos o inconstancias de espíritu; debe ser vuestro vivir generoso y resuelto, al mismo tiempo que equilibrado y constante en su hacer y su querer.
Todos a una, bajo un mando
8. Si ocurriera en un ejército que un escuadrón o destacamento no siguiera el plan común trazado, sería como voz discordante en un concierto de instrumentos y voces. El Prepósito
General que elijáis deberá vigilar atentamente que no haya discordancia en vuestra sinfonía, sino, al contrario, resuene una
alabanza armónica común, pletórica de fe y de piedad. Y verdaderamente me complazco y me alegro en subrayar que esa
concorde armonía existe en la mayoría de vosotros.
Unidad de doctrina
9. Así, pues, en el pensar, en el enseñar, en el escribir y en
las actitudes, todos deben evitar el seguir al mundo, el «dejarse llevar por cualquier viento de doctrina» (Ef 4, 14) y el hacer
concesiones a las novedades perniciosas por un excesivo apego al propio juicio.
Unidad de acción
10. Cada uno de vosotros ponga su gloria en distinguirse entre todos, en servir a la Iglesia, Madre y Maestra nuestra, en seguir, no sus propias iniciativas, planes y criterios, sino los de la
Jerarquía, y en llevarlos a la práctica animados de un espíritu
de unión, más que utilizando privilegios o singularidades.
La Iglesia os reconoce como hijos muy adictos, os ama extraordinariamente, os honra y, séanos lícito usar una palabra
audaz, os reverencia.
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La Iglesia os necesita
11. Sobre todo, ahora, cuando los Decretos del Concilio Ecuménico Vaticano II abren amplísimos campos y formas de apostolado, la Iglesia Santa de Dios necesita de vuestra santidad, de
vuestra ciencia, de vuestros conocimientos prácticos y de vuestro empuje; y os pide que, manteniendo inconmovible la antigua fe, saquéis del tesoro de vuestro corazón «las cosas nuevas y
antiguas» para aumento de la gloria de Dios y salvación del género humano, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a quien
«Dios exaltó y dio un nombre que está sobre todo nombre» (Flp 2, 9).
Vuestra fe en el nombre de Jesús
12. En este santísimo nombre, del que sobre todo os gloriáis, tened vuestra ayuda y defensa, y en Él concebid medios
y más medios para dilatar su amor y gloria; pues de El brota
y fluye abundante el manantial de la salvación, y «no se ha dado otro nombre bajo el cielo a los hombres, en el cual podamos salvarnos» (Hch 4,12).
Encargo papal: que os opongáis al ateísmo
a) Estado actual del mundo ateo
13. Gustosos aprovechamos esta ocasión que se nos ofrece
para tratar con vosotros, breve, pero resueltamente y con fortaleza, una cuestión de gran importancia. Nos referimos a un terrible peligro que amenaza a la Humanidad entera: el ateísmo.
Como todos saben, no se manifiesta siempre de una misma forma, sino que aparece bajo diversas maneras y modos
distintos. Pero, sin duda, la peor forma es la de la impiedad
militante, que no se limita a negar intelectual y prácticamente la existencia de Dios, sino que adquiere carácter combativo
y usa armas con el propósito de arrancar de las almas todo
espíritu religioso y todo sentimiento de piedad.
Existe también el ateísmo de quienes sobre bases filosóficas afirman que no existe Dios o no puede ser conocido.
Otros fundan todo en el placer prescindiendo de Dios.
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Otros rechazan todo culto religioso, porque consideran supersticioso, inútil y costoso el venerar a nuestro Creador y
servirle sometidos a su Ley.
Y así viven sin Cristo, privados de la esperanza de la promesa y sin Dios en este mundo (cf. Ef 2,12).
Éste es el ateísmo que en nuestros días serpentea, unas veces abiertamente y otras encubierto, bajo apariencias de progreso en la cultura, en la economía y en lo social.
b) Qué pide a la Compañía de Jesús
14. Pedimos a la Compañía de Jesús, que tiene por característica ser baluarte de la Iglesia y de la religión, que en estos
tiempos difíciles aune sus fuerzas para oponerse valientemente al ateísmo, bajo la bandera y protección de San Miguel,
príncipe de la milicia celestial, cuyo nombre es de victoria o la
anuncia segura.
c) Modo de realizar esta empresa
15. Así, pues, los hijos de San Ignacio emprendan esta gran
batalla, despertando todas sus fuerzas, sin desperdiciar ninguna, para que todo se organice bien y lleve al éxito.
Para ello, trabajen en la investigación; recojan toda clase
de información; si es conveniente, publíquenla; traten entre
sí; formen especialistas en la materia; hagan oración; descuellen en virtud y santidad; fórmense en la elocuencia de la palabra y de la vida; brillen con la gracia celestial, según lo entendía San Pablo cuando decía: «Mis palabras y mi predicación
no fueron sólo palabras persuasivas de sabiduría, sino demostración
de Espíritu y virtud» (1 Cor 2, 4).
Mi mandato es conforme a vuestra tradición
17. Por esto, en las leyes y Constituciones por las que se rige vuestra Compañía, confirmadas por Paulo III y Julio III, se
encuentran estas palabras: «Todos los que hicieren profesión en
esta Compañía se acordarán, no sólo al tiempo que la hacen, más todos los días de su vida, que esta Compañía y todos los que en ella
profesan, son soldados de Dios, que militan bajo la fiel obediencia de
nuestro Santo Padre y Señor el Papa Paulo III, y los otros Romanos
Pontífices sus sucesores. Y aunque el Evangelio nos enseña, y por la
fe católica conocemos y firmemente creemos que todos los fieles de
Cristo son sujetos al Romano Pontífice, como a su cabeza y como a
Vicario de Jesucristo; pero por nuestra mayor devoción a ¡a obediencia de la Sede Apostólica y para mayor abnegación de nuestras propias voluntades, y para ser más seguramente encaminados del Espíritu Santo, hemos juzgado que en gran manera aprovechará que
cualquiera de nosotros, y los que de hoy en adelante hicieren la misma profesión, además de los tres votos comunes, nos obliguemos con
este voto particular, que obedeceremos a todo lo que nuestro Santo
Padre, que hoy es, y los que por tiempo fueren Pontífices Romanos
nos mandaren para el provecho de las almas y acrecentamiento de la
fe, e iremos sin tardanza (cuanto será de nuestra parte) a cualesquiera provincias donde nos enviaren, sin repugnancia ni excusarnos» (Letras Apostólicas «Exposcit debitum»).
A qué obliga este cuarto voto y su actualidad
Lo cual realizaréis con más entusiasmo y prontitud si pensáis que esta tarea, que ya hacéis en parte, y a la que os dedicaréis más plenamente en el futuro, no os la habéis fijado vosotros por vuestra voluntad, sino que la habéis recibido de la
Iglesia y del Sumo Pontífice.
18. Es claro que este voto, por su naturaleza sagrada, no
sólo debe estar latente en la conciencia, sino traducirse en
obras y estar patente a todos.
Así os quiso vuestro Padre y Legislador; así os queremos
también Nos, teniendo por cierto que encontrará plena
correspondencia en vosotros la confianza que en vosotros
depositamos y que estos nuestros deseos, cumplidos por toda
la Compañía, que milita, ora y trabaja en todas las partes del
mundo, los compensará Dios dándoos abundante mies, vida
floreciente y preclaros méritos.
120
121
d) Eo quiere el Papa
Bendición final
19. Deseándoos esto d e todo corazón, a vosotros, miembros
de la C o m p a ñ í a de Jesús, que h o y nos rodeáis como hermosa y
gozosa corona, a todas vuestras empresas y planes, y a la gran
esperanza q u e enciende vuestros corazones, para lograr atin
más sublimes metas, os d a m o s la bendición apostólica.
(Traducción de la edición preparada por Mariano Madurga y Jesús Iturrioz, de la Compañía de Jesús, y publicada por Hechos y Dichos, Zaragoza, 1966).
ANEXO 2
Discurso del P. General
a la Congregación General
dos días después de su elección
(24 de mayo de 1965)
Cuarenta horas después de su elección, Pedro Arrupe se dirigió con estas palabras a la Congregación General y, en
ella, a la Compañía de Jesús. La imporlancia de este lexto
radica en que es la manifestación más fresca y espontánea
de su primerísima intuición sobre su misión y la de la Compañía. Algo así como su «cansina fundacional», aferrado a
Ignacio de Loyola, pero enteramente tocado por el carácter
de cambio y transición profunda, cultural, social y religiosa, en que percibe inmersos el mundo, la Iglesia y la Compañía. Es, sin duda, el texto de Arrupe más cercano a los
Apuntes en los que, cincuenta días después, habrá de expresar sus vivencias de Ejercicios. Ambos textos se completan y clarifican mutuamente. Se necesitan. Lo que en éste
piensa en alto y en público, en los Apuntes lo vive como
brotado desde lo más íntimo en el silencio de la oración.
C e l e b r a m o s hoy, RR.PR, la fiesta de N u e s t r a Señora d e la
Estrada. Ella, M a d r e y Reina de la C o m p a ñ í a , nos señalará el
123
122
camino recto, «vinin ad Deum» (Fonn. Inst. núm. 1), que será
nuestra verdadera vida.
Al comenzar esta mi primera alocución, las primeras palabras que espontáneamente me vienen a los labios son las del
profeta: «A, a, a, Domine Deusl He aquí que no sé hablar» (Jer 1, 6).
Expresan bien el sentimiento de mi pequenez, que ahora experimento. Es, sin embargo, evidente que la voluntad de Dios ha
hecho esto: lo que es mi único consuelo, lo que levanta mi ánimo: «ne tuneas..., quia tecurn ego siun» (no temas, que yo estoy
contigo, Jer 1, 8). Dios que me ha elegido por vuestro medio,
me concederá la gracia con la que pueda llevar a efecto esta
gran obra, que Él ha puesto en mis débiles manos. Jamás había
sentido antes tan íntimamente aquella palabra del Señor: «sine
me nihil potestis faceré» (sin mí nada podéis hacer, Jn 15, 5); y la
del Apóstol: «si quis existimat se aliquid esse, cum nihil sít, ipse se
seducit» (si alguno piensa ser algo, siendo nada, se engaña a sí
mismo, Gal 6, 3). Con todo, viendo la elección de Dios, pienso
que puedo decir con toda humildad con el mismo San Pablo:
«omnia possum in eo qui me confortat» (todo lo puedo en aquel
que me conforta, Flp 4, 13). También me da fortaleza aquella
palabra del Señor: «Ego ostendarn illi quanta oporteat eum pro nomine meo pati» (Yo le mostraré cuánto habrá de padecer por
causa de mi nombre, Hch 9,16).
En adelante me propondré sólo esto: cumplir lo más exactamente posible la voluntad de Dios, que se manifieste o por
el Sumo Pontífice o por esta Congregación General que son
mis Superiores. Me esforzaré por ser siervo y ejecutor fiel de
todo lo que determine la Congregación: «Loquere, Domine,
quia audit servus titus» (Habla, Señor, que tu siervo escucha 1
Re 3, 9-10).
Emprendemos hoy el trabajo de la segunda parte de nuestra Congregación, es decir, el tratar los negocios. Trabajo que
si es de importancia en cualquier Congregación, mucho más
en la nuestra, reunida en estas circunstancias reales y temporales. No quiero amplificar esto, ya que todos estáis plenamente persuadidos de ello. Siguiendo el ejemplo de la Iglesia
en el Concilio Ecuménico, debemos proponernos las cuestiones con sinceridad y ponderación. Vivimos en un momento
histórico de «transición», y como sucede necesariamente en
124
todo cambio, todo parece en movimiento -panta rei (todo fluye)-, con los peligros que de ahí se siguen. Por eso es necesario examinar seriamente y discernir cada uno de los elementos de los asuntos para poder detectar lo que es perpetuo y lo
que es transitorio. Necesitamos de gran sinceridad, objetividad, para juzgar las cosas según criterios sobrenaturales, de
perspicacia para prever lo futuro, de fortaleza de ánimo no
pequeña para llevar a feliz término lo que parezca necesario
u oportuno a la mayor gloria de Dios.
Esto exige de nosotros una doble consideración: una, mirando hacia adentro y otra, hacia afuera.
En primer lugar, hemos de proponernos el problema de la
Compañía en este histórico momento, para que juzguemos y
veamos si, con el correr de los tiempos, algunos de sus elementos insensiblemente han sufrido algún cambio, o han tomado una forma histórica que, cambiadas las condiciones externas del mundo, deba acomodarse a las circunstancias de
hoy. Esto nos debe llevar a una profunda consideración de la
Compañía, a reflexionar sobre sus elementos esenciales e inmutables, para que, bien conocidos, podamos pasar adelante
a investigar cómo se deban acomodar a las condiciones de
hoy. ¿Es verdad que la Compañía ha perdido su movilidad?
¿Es verdad que ha perdido su actualidad? ¿Es verdad que la
Compañía padece hoy crisis de obediencia con todas sus consecuencias? ¿Es verdad que ha inficionado también a nuestras comunidades cierto naturalismo que se extiende más y
más sobre el mundo?
La otra consideración es externa, esto es, hemos de considerar la imagen del mundo y de la Iglesia en las actuales circunstancias de tiempo. Es cuestión esta fundamental, a la que
no es fácil responder. En las actuales condiciones del mundo
y de la Iglesia, ¿cuál es la tarea de la Compañía? ¿Qué orientación, qué trabajos, exige hoy de nosotros la mayor gloria de
Dios? O, por decirlo de otra manera, ¿qué hubiese hecho hoy
San Ignacio? ¿Cómo aplicaría en concreto sus principios? Debemos abordar todas estas cuestiones con sinceridad, apertura, fortaleza, para encontrar la solución.
Pienso que, si comparamos nuestros tiempos con los que
vivió San Ignacio, veremos que el bien y el mal han hecho
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progresos en el mundo. Quiero decir que el progreso realizado en el mundo en la doctrina y en la vida espiritual exige del
jesuita un grado superior de espiritualidad. El nivel de la vida espiritual de los sacerdotes y aun de los laicos se ha elevado notablemente; lo que pide de nosotros mayor altura espiritual y mayor formación que la que exigía el siglo XVI.
Por otra parte, el mal ha hecho también grandes progresos: la guerra que ahora se maquina contra la misma noción
de Dios es mucho más fuerte que cuando vivía San Ignacio.
Lo que significa que, si no queremos perder posiciones, es necesario que seamos en cierta manera más ignacianos que el
mismo San Ignacio, en cuanto que debemos llevar hasta las
últimas conclusiones los principios de San Ignacio.
Para que se acomode la Compañía a las circunstancias actuales, hay que someterla primero a examen, para penetrar
más profundamente en los principios ignacianos y para liberar a la misma Compañía de todo aquello que puede retrasar
su eficaz labor.
Así conoceremos los fines de nuestro trabajo, el camino
para llegar a ellos y la fuerza con que seremos robustecidos
para conseguirlos. Esta fuerza será ante todo sobrenatural,
pero que nos llevará a emplear con eficacia y plenamente los
medios humanos y modernos de la técnica y de la organización, segiin las normas del «tanto cuanto».
Con esto obtendremos también un fruto de gran importancia: que mostraremos a nuestros jóvenes una imagen nueva de la Compañía. No podemos negar lo que hemos experimentado al tratar con nuestros jóvenes y sacerdotes: que les
falta ardor y entusiasmo, que les falta confianza en la propia
vocación; y no raras veces se les oye decir: «No aconsejaría a
los jóvenes estudiantes que entren en la Compañía». ¡Palabras bien dolorosas!
Para excitar este ardor y confianza en la vocación, tan necesarios en nuestra vida, no hay duda que hemos de salir al encuentro de las exigencias de los jóvenes, que por lo demás son
exigencias de nuestro tiempo. Leed los postulados de algunas
Provincias, sobre todo los que han sido rechazados, y, aún con
más razón, los que no han llegado al aula de la Congregación
Provincial; pero que nos han llegado como postulados privados
o como memoriales... Podréis ver la perspectiva espiritual y
anímica de nuestra juventud. No os fijéis en el modo de cómo
se proponen las cosas, que a veces es muy desacertado; mirad
más bien lo que pretenden decir, y veréis que, bajo formas ciertamente inadmisibles, laten aspiraciones dignas de tenerse en
cuenta o que inducen, por lo menos, a la deliberación.
I le aquí una gravísima tarea de nuestra Congregación: extraer lo bueno que se encuentra en tantas exposiciones y peticiones de nuestros jóvenes: canalizar esta fuerza y vigor; y esto
es absolutamente necesario. Se trata de una ley biológica o social, a la que no podemos resistir, a la que no debemos resistir, si
no queremos dar lugar a una destrucción total. Nuestra tarea
debe consistir en liberar esta fuerza de sus elementos espurios,
y, conservando toda su potencia, llevarla por justos canales. Si
conseguimos injertarla en una sana tradición, obtendremos
cierta como «simbiosis», de la que se seguirán frutos ubérrimos.
Afrontemos, por tanto, el problema con seriedad y sinceridad. No nos olvidemos de que vivimos en un tiempo histórico de transición, que bajo este aspecto es muy parecido al que
vivió San Ignacio. Que él nos enseñe con qué fortaleza, con
qué libertad de espíritu debemos pensar la obra de la Compañía: tomando, por una parte, los elementos que se deben
aprobar, y rechazando con diligencia lo que parezca pernicioso. No nos olvidemos de que, como la historia de hoy juzga
los hechos del siglo XVI, los venideros juzgarán nuestras acciones y nuestras deliberaciones y, lo que es más importante,
que éstas tendrán efectos gravísimos en el futuro de la Compañía, con consecuencias para la salvación eterna de las almas. Apliquémonos a conocer qué es «militare sub crucis vexillo», militar bajo el estandarte de la cruz; qué significa y cómo
debemos llevar a efecto esta nuestra norma de vida en estas
condiciones concretas del siglo XX.
Esta es la gracia que pedimos hoy a Nuestra Señora de la
Estrada; y para que podamos recibir esta gracia «ultra quam
sperare possumus» (más de lo que podemos esperar), quiero
renovar hoy en la Bendición con el Santísimo Sacramento la
consagración de la Compañía al Sagrado Corazón de Jesús.
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127
(Traducción: la misma que la del anexo 1).
ANEXO 3
Carta a la Compañía de Jesús
comunicando las «Litterae Pontificiae»
sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús
(17 de junio de 1965)
El 25 de mayo, día de la Ascensión, tres días después de que
fuera elegido General el P. Arrupe, firmó S.S. Pablo VI las
Litterae Pontificiae sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús
dirigidas a seis superiores generales de congregaciones vinculadas a dicho culto: Enrique Systermans, SS.CC; Leonardo Carrieri, M.SS.CC.; José van Kerckoven, M.S.C.; José de
Palma, S.C.I.; Armando le Bourgeois, C.I.M.; y Pedro Arrupe, S.J. El 17 de junio, en la primera de sus comunicaciones
a toda la Compañía, el P. Arrupe envía dicho texto. Las breves referencias motivacionales explican fácilmente el por
qué incluir este breve texto entre nuestros anexos. Por ejemplo, su conexión con el final del anexo anterior y muy particularmente con la presencia del tema en los Apuntes que publicamos.
R e v e r e n d o s P a d r e s y H e r m a n o s queridísimos en Cristo:
Pax Xti.
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Con estas breves letras, las primeras, después de recibir el
cargo de Prepósito General, que envío a todos los miembros
de nuestra Compañía, a algunos de los cuales pude saludar
ya el mismo día de la elección, 22 de mayo, me alegra -y lo
juzgo muy oportuno en la proximidad de la fiesta del Sdo.
Corazón de Jesús-, el comunicaros las Litterae Pontificiae acerca del culto del Sagrado Corazón, que el Sumo Pontífice se
dignó enviar el 25 de mayo a algunos institutos religiosos,
vinculados por especial título de religión con el Sagrado Corazón de Jesús, entre los que se cuenta nuestra Compañía.
Aunque se le haya pedido a la Congregación General XXXI
examinar los postulados recibidos sobre el culto del Sdo. Corazón y promulgar sus recomendaciones sobre el tema, me ha
parecido conveniente el transmitiros ya las Litterae Pontificiae
y empezar a cumplir así la parte principal de mi oficio, esto
es, participar a la Compañía los deseos del Sumo Pontífice.
En tal Carta claramente se manifiesta la voluntad del Sumo Pontífice de que «el culto del Sdo. Corazón (...) florezca cada
día más y sea reconocido por todos como una excelente y comprobada forma de verdadera piedad». Es igualmente clara la respuesta
que debemos dar, sea por nuestra tradición en practicar y
promover esta devoción, sea, sobre todo, por nuestra obediencia y fidelidad al Vicario de Cristo, que me fue de especial gozo significar de nuevo en la audiencia privada del 31
de mayo de este año, a saber: que, secundando con prontitud
este impulso y exhortación del Sumo Pontífice continuaremos, según nuestras fuerzas y con renovado vigor, dando
culto al Sdo. Corazón y promoviendo dicho culto.
Bendiciéndoos a todos de corazón, me encomiendo en
vuestros santos sacrificios y oraciones.
Roma 17 junio 1965, en la festividad del Corpus Christi.
Siervo de todos vosotros, en Xto., Pedro Arrupe, S.I.
(Traducción de I. Iglesias, S.J.)
ANEXO 4
Misión de la Compañía
acerca del ateísmo
El 15 de julio de 1965, al finalizar la primera sesión de la
Congregación General, promulgó el P. Arrupe este importante decreto en el que la Congregación recogió y dio cuerpo de ley a la voluntad de S.S. Pablo VI manifestada al comienzo de la misma. Las líneas-eje de este decreto estarán
muy presentes, como voluntad de Dios, en los Ejercicios de
Arrupe, quince días después, pero sobre todo en su vida y
su acción apostólica y de gobierno.
DECRETO
I. De la difusión del ateísmo y del encargo confiado por el
Sumo Pontífice
1. Porque la gloria de Dios, fin de toda la Creación, y el mismo bien del hombre exigen que éste conozca a Dios, le reverencie y le sirva, el peligro de ateísmo en que hoy se encuentran
tantos hombres debe estimular a los miembros de la Compañía
130
131
de Jesús a dar un testimonio más puro de vida religiosa y abrazar con mayor entusiasmo las obras apostólicas. La negación de
Dios no es un suceso singular como en los pasados siglos, sino
que se difunde entre muchos, más aún, entre grupos sociales y
pueblos casi enteros. En algunas naciones el ateísmo es propagado sistemáticamente por los mismos poderes piiblicos, con
lesión de los derechos del hombre a la libre búsqueda de la verdad y al ejercicio de la religión. La negación de Dios o la indiferencia hacia la religión imbuye aún más extensamente la vida
cultural y social directa o indirectamente. El Sumo Pontífice Pablo VI, tomando ocasión de la Asamblea de Padres reunidos
para la Congregación General XXXI, pidió a la Compañía en
virtud del voto especial de obediencia, hacer frente «con fuerzas unificadas» al ateísmo: por tanto, es necesario que todos los
Nuestros se apliquen a ello con la oración y la acción, con fortaleza, aunque, de su parte, humildemente y se muestren agradecidos de poder así servir mejor «al Señor sólo y a la Iglesia su
Esposa bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra».
II. Del conocimiento del ateísmo y de sus causas y de las
motivaciones de los ateos
2. Todos los miembros de la Compañía, cualquiera que sea
el trabajo apostólico a que se dediquen, presten mayor atención a los ateos y cultiven un conocimiento más profundo del
ateísmo y de la indiferencia hacia la religión. Investiguen las
diversas formas del ateísmo, bien sean sistemáticas bien prácticas y procuren tener de ellas un conocimiento directo en
cuanto sea posible.
3. Conozcan bien igualmente sus causas: ya aquella relación
que la actual negación de Dios tiene con los cambios de todo
tiempo que se operan en la condición material y social de los
hombres, ya aquellas causas «complicadas y múltiples» que
pueden encontrarse «en la mente de los ateos», «de forma que
hay que juzgar de ellas prudentemente» (Ecclesiam suam), ya las
injusticias sociales que, sobre todo en las regiones en vías de desarrollo, disponen a muchos a recibir las doctrinas ateas que
van unidas a los programas de revolución social.
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III. De algunas dificultades que se oponen a la fe en Dios y
de los remedios que deben ofrecerse
4. Empleen los Nuestros con intención puramente apostólica y de ningún modo política los remedios apropiados para
superar las dificultades que pueden moverse contra la fe,
muchas veces también entre los mismos creyentes.
5. Puesto que las dificultades muchas veces proceden «de
que se pide que las cosas divinas se propongan de una forma
más elevada y pura que la que prevaleció en algunos modos
de culto y de lenguaje» (Ecclesiam suam), esfuércense los
Nuestros en purificar sus representaciones de Dios y en promover entre los creyentes una adhesión de fe verdaderamente personal.
6. Ya que existen también algunos ateos «dotados de cierta
grandeza de alma», a los que mueve el que no pueden sufrir
«la mediocridad y la ambición de la propia comodidad (...)
con que están viciados tantos sectores de la sociedad humana
en nuestros días» (Ecclesiam suam), trabajen los Nuestros para
que la fe lleve siempre a un auténtico amor práctico y social
del prójimo.
7. Como, por otra parte, la aspiración legítima a la autonomía de las ciencias o de la actividad humana muchas veces
llega a suscitar objeciones contra el conocimiento de Dios, o
más aún, algunos presentan la enajenación de la religión como la misma vía para la liberación del hombre, hay que esforzarse por que la fe informe toda la vida concreta del hombre y por que resulte claro que la vida cristiana no aparta de
la edificación del mundo, más aún, que los valores humanos
cultivados sin soberbia y el mismo universo, limpios de la corrupción del pecado, iluminados y transfigurados, pueden
encontrarse en el «reino eterno y universal» que Cristo entregará al Padre en la consumación del mundo.
IV. De nuestro modo de vida
8. Es necesario que los miembros de la Compañía apliquen
estos remedios primero en su propia vida. Cultiven cons133
tantemente el sentido del Dios viviente, operante y amante,
que los Ejercicios de San Ignacio comunican por medio de la
meditación del Principio y Fundamento y de la Contemplación para alcanzar amor. Que todo nuestro modo de vivir y
obrar manifieste, en cuanto sea posible, quién es Dios: apropiándonos la actitud fundamental que el Verbo de Dios encarnado ha manifestado en toda su vida y sobre todo en su
sacrificio supremo, según lo descubren los Ejercicios a partir
de la contemplación del Reino de Cristo.
9. Nuestro modo de vivir y obrar ha de ser completamente sincero, libre de toda especie de soberbia o fingimiento, ya
que los ateos, ajenos al ámbito del mundo religioso, juzgarán
sobre todo la vida misma y las obras nuestras.
V. De la formación de los jesuítas
10. La formación de los jesuitas sea apta para fundamentar
y promover esta vida espiritual y un sincero y fraterno estilo
de obrar. Sean instruidos los estudiantes para comprender la
mente de los ateos y entender sus teorías, y sean provistos de
una doctrina apropiada, sobre todo antropológica, presentada en lenguaje moderno; y hay que procurar, en cuanto sea
posible, que sobre todo los que provienen de ambientes cristianos intactos puedan tener a tiempo algunos contactos con
personas ateas.
VI. De la jerarquía de los ministerios y de su acomodación
para cumplir la misión encomendada por el Sumo Pontífice
11. El mandato de hacer frente al ateísmo debe penetrar todas las formas aprobadas de nuestro apostolacio, de forma
que cultivemos en los creyentes la fe misma y el sentido auténtico de Dios. Pero también es necesario que dirijamos a los
no-creyentes una parte de nuestras fuerzas mayor que la hasta aquí empleada y deberán buscarse y experimentarse nuevos medios para dirigirnos más íntima y profundamente a
los mismos ateos, ya a aquellos que pertenecen a las clases
más necesitadas, ya a aquellos de clases más cultivadas.
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12. Considerando las regiones en que se propaga el ateísmo, tendremos que insistir en la ayuda a las regiones en vías
de desarrollo, en las cuales la vida religiosa está expuesta a
mayores y más imprevistas perturbaciones a causa de la rapidez de los cambios.
13. Considerando las principales causas del ateísmo, es
evidente que hay que insistir en el apostolado social y en el
apostolado universitario, bien sea por medio de nuestras universidades o en las universidades civiles.
14. Se precisan también valiosos esfuerzos intelectuales de
todos nuestros científicos, filósofos y teólogos y una cooperación constante entre aquellos que cultivan las diversas disciplinas, especialmente las ciencias del hombre.
15. Expónganse y sométanse a crítica en nuestras aulas las
doctrinas del ateísmo actual, sin caer en una vana polémica,
sino fomentando una inteligencia crítica lo más exacta posible de los argumentos de los ateos y de su mentalidad.
16. Diríjanse los Nuestros a los mismos ateos con la convicción firmísima de que la ley divina está inscrita en los corazones de todos, y en la fe de que el Espíritu Santo mueve a
todos a la obediencia debida a Dios Creador; trabajen por remover los obstáculos y para que los ateos encuentren a Dios
y le reconozcan, tanto por medio de la predicación acomodada a cada uno, unida a un religioso respeto, como por medio
del testimonio fraterno en la vida concreta y en la acción.
17. Preocúpense todos los Superiores de adaptar continuamente el apostolado a este fin. Se recomienda de modo particular al General que, en coloquio con el Sumo Pontífice, trate
de conocer con claridad su mente acerca de la misión que nos
ha confiado y que, con la ayuda de especialistas, dirija todo el
apostolado de la Compañía a cumplir aquella misión en la
medida de nuestras fuerzas.
(Traducción: véase el final del Anexo 1).
135
ANEXO 5
A toda la Compañía
sobre la Congregación General XXXI
(31 de julio de 1965)
El 31 de julio de 1965 lleva Arrupe setenta días como general. Quince días antes se ha interrumpido la Congregación,
pero continúan los trabajos y estudios de individuos y comisiones sobre multitud de temas abiertos bajo la inspiración del Concilio, todavía en curso, pero ya con el horizonte de la última fase a la vista. Ese día firma Arrupe una
carta a todos los jesuitas dándoles cuenta de lo trabajado,
de lo que queda por hacer y de los acentos que S.S. Pablo
VI ha vuelto a poner en ocasión de su audiencia, trece días
antes (17 de julio) al P. Arrupe y a sus asistentes generales.
No se trata de mera narración de hechos. Su visión de los
mismos, además de reflejar su talante, va dejando entrever
aspectos de la vida y del apostolado de la Compañía, que
volverán a ser objeto de su inspiración y de sus decisiones
a lo largo de su generalato. Este es el cuadro inmediato de
la Compañía que Arrupe lleva consigo al día siguiente a
sus Ejercicios. Algo así como su composición de lugar de los
mismos.
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Reverendos Padres y Hermanos en Xto queridísimos. Pax Xti.
Bien conocéis cuánto he deseado, desde el primer día de mi
aceptación del cargo de General, hablaros a todos vosotros.
Ahora se me presenta una estupenda ocasión de realizar
este deseo, al transmitiros la promulgación de tres decretos
de la Congregación General, inmediatamente después de terminada la primera sesión.
Ante todo, quiero manifestaros mi sincera satisfacción,
después de los trabajos de la primera sesión, por la abundancia de gracias con que Dios ha colmado a nuestra Compañía.
Vuestras oraciones y vuestra expectación no han sido mutiles.
La obra terminada por la Congregación es verdaderamente
grande y la obra que ha dejado preparada para la segunda sesión supera, quizás, a la de la primera. Os doy de nuevo las
más sinceras gracias por vuestra cooperación en esta obra.
La Oficina de Información de la Congregación os ha comunicado noticias sobre lo deliberado en el Aula de la misma. Será bueno resumirlas brevemente.
En primer lugar, conviene resaltar que han sido aprobados
algunos decretos todavía no promulgados, porque, según la
costumbre de las Congregaciones precedentes, ha parecido
posponer su promulgación hasta el fin de la Congregación.
Así se podrá completar el texto de cada uno de los decretos,
disponerlos más orgánicamente y conjuntarlos con más detalle con lo que se establezca en otros decretos. Por eso, sólo
han sido promulgados los decretos que tienen que ver con el
derecho constitucional de la Compañía o que parecen requerir una inmediata aplicación.
En este momento de la Congregación muchos asuntos, y
de gran importancia, han alcanzado una definitiva solución.
Entre ellos destacan los complejos temas referentes al gobierno de la Compañía. Así fue tratada bajo todos sus aspectos la
estructura misma del gobierno supremo y acomodada a las
nuevas circunstancias de los tiempos. Y no se os oculta con
cuánta sinceridad asumió la Congregación, desde el comienzo, la discusión del delicado tema de la duración del oficio
del General. El decreto, que se os comunica, es fruto de una
deliberación larga, serena, cuidada y sobreñaturalmente ilu138
minada, en la que se expusieron con religiosa libertad y honradez las razones de una y otra parte.
En los temas cié pobreza, que ocuparon a las anteriores
Congregaciones y que han sido consideracios posteriormente por varias comisiones, nuestra Congregación logró dar
decretos de gran importancia. A la luz de la doctrina conciliar sobre la Iglesia, redactó brevemente lo que ya en nuestro
Instituto existía sobre la naturaleza y el espíritu de la pobreza, expuesto de forma adaptada a las necesidades espirituales de nuestro tiempo. A la vez propuso los principios según
los cuales se ha de regir hoy la praxis de una pobreza sincera y acomodada a nuestra vida apostólica. Complicadas
cuestiones jurídicas, largo tiempo discutidas, sobre el voto
«de non relaxanda panpertate», sobre la vida común, el fruto
del trabajo, la gratuidad de los ministerios, las fundaciones,
las resolvió la Congregación por propia autoridad, incluido
el oportuno recurso a la Sede Apostólica. Finalmente constituyó Definidores que, dentro de los límites cié las competencias que les ha asignado la misma Congregación y según
las normas establecidas en los decretos de la misma, revisen
los preceptos de nuestro derecho y los acomoden en lo que
sea necesario.
Además el decreto sobre la formación de los Escolares, sobre todo en los estudios, esperamos ayudará a nuestros Escolares por su acomodación a las necesidades de los tiempos y
la flexibilidad a las exigencias de las regiones, en fiel adhesión a la mente de la Iglesia, expuesta en el decreto conciliar
«De Institutione sacerdotali».
Los decretos sobre los ministerios apostólicos tienen entre sí
de común el buscar evidentemente la acomodación a la mentalidad actual y aparecer como respuesta generosa a la voluntad de la Iglesia y a las necesidades de los hombres. Ésta fue la
preocupación de los Padres que trabajaron en la Comisión de
ministerios: averiguar qué exige el servicio de la Compañía a la
Iglesia en las numerosas formas actuales de apostolado que lleva consigo la misión universal de la Iglesia.
La Congregación de ninguna manera pudo pasar en silencio el mandato pontificio de afrontar el ateísmo. Aunque,
como manifestó el Sumo Pontífice, habrá que esperar al fi139
nal del Concilio Vaticano II, para que aparezcan a plena luz
la mente del que manda y el sentido de lo mandado, sin embargo, la Congregación General, para manifestarse pronta a
la voluntad del Vicario de Cristo, ya ahora asumió humildemente un mandato tan grande y quiso, por medio de un decreto en regla, comunicar cuanto antes a la Compañía su
aceptación.
Estos son los principales capítulos que se refieren a la obra
terminada por la Congregación. Otros, y de gran importancia, han sido largamente deliberados en el Aula, pero todavía
no aprobados definitivamente por la Congregación; por
ejemplo, sobre los grados en la Compañía. Además deberá
someterse a un estudio más detallado el decreto sobre los
Hermanos Coadjutores, que la Congregación ciertamente admitió en su sustancia y quiso prudentemente que fuese brevemente expuesto por carta del Prepósito General. La Congregación, pues, consideró que es conforme a la mente de S.
Ignacio que los Hermanos Coadjutores puedan asumir todo
servicio de la vocación apostólica que, según su grado y talentos, sirva para procurar el fin de la Compañía; por lo tanto, los Hermanos han de ser formados lo mejor posible, tanto
en el espíritu como en la capacitación técnica, científica y cultural necesaria, no sólo para sus oficios tradicionales que la
Compañía ha estimado tanto, sino, sobre todo, para realizar
bien los nuevos cargos en los adjuntos actuales. Se ha de promover más y más entre los Nuestros el espíritu de familia y la
mutua unión, para que todos contribuyan con caridad fraterna a cuanto pertenece a lograr perfectamente la vida común.
Una Comisión de peritos continúa trabajando, durante la intersesión, para que sea declarada más profundamente la vocación de los Hermanos Coadjutores y para que, a esta luz, se
establezca su formación.
Sobre la institución de los diáconos orientales en la Compañía, la Congregación suspendió el decreto 15, n° 2 de la Congregación General XXIX, desde la línea «Diaconorum vero...», para que el General pueda actuar en esta materia libremente.
Finalmente quiero recordar el principal tema que afecta al
alma de nuestra personal vida religiosa y vocación apostólica: es a saber, la vida espiritual en la Compañía.
140
La Congregación se esforzó con el mayor interés en percibir el mtimo sentido del movimiento de renovación de la
Iglesia y acudió solícita a las fuentes genuinas de las que pueda brotar nuestra específica renovación en la unión con Dios
y la disponibilidad instrumental para la mayor gloria de
Dios. Para este fin la Congregación tuvo siempre delante de
los ojos los documentos del Concilio, sobre todo las recientes
Constituciones sobre la Iglesia y sobre la Sagrada Liturgia, cié
manera que el verdadero espíritu de la Iglesia impregne el
sentido de nuestra vocación y la vivifique. La discusión sobre
este punto está lejos de haber terminado. El asunto mismo sigue sometido a estudio más profundo y espera ser enriquecido aún con la nueva luz conciliar y con algunos intentos experimentales. Por lo demás, el examen y el estudio de la vida
espiritual en la Compañía serán el eje sobre el que gire la segunda sesión de la Congregación General.
Líe aquí someramente esbozados los trabajos de la primera sesión de la Congregación.
El peso y la naturaleza de las cosas que deben ser tratacias,
su novedad y sus implicaciones, no podían menos de suscitar
alguna ansiedad en el alma de los congregados. Habían de
ser sometidos a deliberación asuntos pertenecientes a cosas
sustanciales del Instituto, de los cuales las precedentes Congregaciones nunca creyeron que debían tratar. Si la Congregación había de acometer esta obra, había que buscar nuevas
formas de deliberación. Cosa que no temió hacer la Congregación, reelaborando algunos decretos precedentes, para poder plantear sincera y profundamente cuestiones vinculadas
a las cosas sustanciales del Instituto.
A esto se añadió el hecho de que el número de Postulados
dificultaba el hacer una justa distribución de los mismos conforme a las competencias de las Comisiones y el encontrar un
método apto para tratarlos.
Pero la caridad, sobre todo, y la sincera colaboración, más
aún, la muñía comprensión, superaron felizmente las inevitables dificultades. Se podía decir que las fuerzas más diversas
convergían en un objetivo: lograr el fin de la Congregación.
La diversidad de naciones, la variedad de culturas y la disparidad de edades competían en llegar con prontitud a esta me141
ta p o r diversos caminos. De g r a n gozo fue p a r a m í y p a r a
otros el o b s e r v a r los c a m b i o s q u e g r a d u a l m e n t e se fueron
realizancio en la Congregación al correr de los días: al principio, se sentía cierta i n q u i e t u d e i n c e r t i d u m b r e - n o diría tem o r - sobre si se conseguirían frutos v e r d a d e r o s y sólidos d e
la Congregación; sin e m b a r g o , d e s p u é s , al a v a n z a r a l g u n o s
estudios m á s acabados y al abrirse las deliberaciones, con sincero cambio d e opiniones, t o m a d a s ya algunas decisiones de
gran importancia, y, sobre todo, d e s p u é s que se decidió tener
u n a s e g u n d a sesión d e la Congregación, desaparecieron las
d u d a s y las a n s i e d a d e s , q u e d a b a n p a s o felizmente a u n a ren o v a d a confianza en q u e esta Congregación, con la a y u d a d e
Dios, p o d r í a v e r d a d e r a m e n t e realizar los objetivos p a r a los
que había sido convocada. ¡Ojalá la m i s m a confianza levante
con fuerza el espíritu d e todos los N u e s t r o s , d e m a n e r a q u e
c o n t e m p l e n con r e n o v a d a s e g u r i d a d el futuro d e n u e s t r a
C o m p a ñ í a en la Iglesia!
Por p r i m e r a vez en la historia d e las Congregaciones Generales ha sido introducida u n a s e g u n d a sesión. A nadie se le
ocultan las razones de esta innovación necesaria. Si q u e r e m o s
que la Congregación llegue a u n resultado satisfactorio, es necesario u n m a y o r estudio, reflexión y e x a m e n de experiencias
para lograr conclusiones m a d u r a s , n o sólo de las cosas q u e se
h a n de tratar, sino d e las ya tratadas.
Ésta es la tarea d e este p e r í o d o intersesional. Para ello se
h a n establecido diversos órganos de trabajo q u e en R o m a y
en otras p a r t e s se d e d i c a r á n a esa tarea. Así p u e s , la Congregación n o ha t e r m i n a d o , ni siquiera se ha s u s p e n d i d o . Continúa, de forma n u e v a , su trabajo.
N o p u e d o terminar sin contaros lo q u e el S u m o Pontífice,
recibiéndonos recientemente a m í con mis Asistentes (17 d e
julio), se ha d i g n a d o inculcar, como si tuviese delante a la
universal C o m p a ñ í a :
Conocía ya con anterioridad algunas cosas sobre los trabajos de la Congregación y estaba convencido de la seriedad
y hondura con que se había trabajado; después manifestó
su agradecimiento a la Compañía, sobre todo, por tantas y
tan importantes cosas como hace por la Iglesia; dijo que
continuamente encontraba a la Compañía présenle y activa
142
en todas las partes del mundo y que sus obras eran muy
apreciadas por católicos y no católicos. Aunque se había
hecho tarde, quiso detenerse con nosotros un poco más expresamente para recomendarnos tres cosas:
En primer lugar, nos recomendó que permanezcamos fieles
a nosotros mismos, fieles a nuestro Instituto, fieles a las leyes y Constituciones; y, recordando aquella afirmación de
«los jesuítas, o sean como son, o no sean», añadió que la actualización (nggionmmento), aunque necesaria, no debe dañar ni el espíritu ni las leyes fundamentales del Instituto.
La misma Iglesia no estaría contenta si encontrara a los jesuítas distintos de lo que siempre fueron; como no se alegra
cuando recibe noticias de que algún jesuíta no habla u obra
como corresponde a un jesuíta. Esa misma mañana, cuando
nos hablaba, dijo que había oído con dolor una afirmación
que se decía atribuida a uno de los Nuestros. Nos recomendó, pues, mucho la fidelidad a nuestro Instituto, a nuestras
tradiciones y a nuestras leyes, añadiendo que teníamos que
confiar totalmente en nuestras leyes y Constituciones.
Una segunda recomendación se refirió a cómo conciliar armónicamente esta fidelidad al Instituto con la necesaria
adaptación, que exige el moderno apostolado, puesto que
la Compañía ha de vivir y trabajar en el mundo. Hay aquí
un grave problema que afecta no sólo a la Compañía, sino
también a otros Institutos religiosos y a cuantos trabajan
apostólicamente. No se atrevió el Sumo Pontífice a formular consejos concretos sobre el modo de resolver este problema, pero nos recomendó un gran cuidado a la hora de
buscar soluciones, persuadido de que muchos miran a la
Compañía, cuyas prescripciones y decretos serán tenidos
por muchos como sus propias normas y decretos. Si la
Compañía establece normas demasiado amplias, muchos,
interpretando estos límites aún más ampliamente, se deslizarán a un peligroso laxismo; si estableciese normas más
estríelas, no faltarán quienes impulsarán a la Iglesia a que
cada día se cierre más en sí misma y se distancie del mundo. Es necesario, pues, que lo que la Compañía se atreva a
decidir se prepare con sumo cuidado y atención, con gran
seriedad y sentido de responsabilidad.
En tercer lugar, nos recomendó fidelidad a la Iglesia y a la
Sede Apostólica. Tiene la Compañía un peculiar voto que la
distingue de los demás Institutos y que de alguna manera
143
cualifica su servicio de Iglesia y en la Iglesia. Es misión de
la Compañía el luchar por la Iglesia, a la que debe defender
y ayudar. Valora mucho el Sumo Pontífice esta ayuda debida a la Compañía y tiene intención de utilizarla: ¿cómo no
va a usar el Papa estas valiosas fuerzas que tiene a sus órdenes? Así, pues, el Sumo Pontífice pedirá a la Compañía
ayuda, consejo, colaboración, incluso sacrificios... Y añadió: «Y vosotros debéis prestar obediencia, aun no entendiendo las razones de algunos mandatos: así es vuestra
obediencia perinde ac cadáver. Por lo demás sabed que esto
no significa menor estima y confianza de nuestra parte; el
Pontífice aprecia a la Compañía y la quiere protegida y defendida; y precisamente porque la acompaña con este aprecio y esta confianza, le impone estos mandatos y le pedirá
esos sacrificios. Cosa que no hará el Pontífice sino después
de haber reflexionado consigo ambas cosas largamente y
haber visto en oración que hay que actuar así».
H a b i e n d o r e c o r d a d o estas p a l a b r a s y deseos del S u m o
Pontífice, R e v e r e n d o s P a d r e s y queridísimos H e r m a n o s ,
vuelvo a la intersesión d e la Congregación, que, como será m i
m a y o r interés, quisiera q u e n o fuera m e n o s el v u e s t r o . Os
r u e g o , p u e s , a t o d o s insistentemente q u e os entreguéis con
continuas oraciones y, si es necesario, con v u e s t r a p e r s o n a l
colaboración a este objetivo c o m ú n de la C o m p a ñ í a : el feliz
logro d e la Congregación. Apelo a v u e s t r o sincero a m o r a la
vocación, para q u e vuestro ejemplo de vida espiritual y apostólica r e n o v a d a sea estímulo y signo l u m i n o s o d e cooperación p a r a la Congregación. U n i d a s las fuerzas, r e s p o n d a m o s
h u m i l d e , p e r o a u d a z m e n t e , a los deseos de Dios, de la Iglesia
y d e la C o m p a ñ í a .
Bendiciéndoos d e corazón, m e e n c o m i e n d o en v u e s t r o s
Santos Sacrificios y oraciones.
Roma 31 d e julio 1965, en la festividad d e San Ignacio.
Siervo d e t o d o s vosotros en Xto.
P E D R O ARRUPE, S.I.
Prepósito General
d e la C o m p a ñ í a d e Jesús
(Traducción: I. Iglesias, S.J.)
144
ANEXO 6
El ateísmo
Intervención
en el Concilio Vaticano II
(27 de septiembre de 1965)
El 15 de junio de 1965, en plena primera sesión de la Congregación General XXXÍ, recibió el P. Arrupe el nombramiento pontificio de miembro de la Comisión de Religiosos
del Concilio Ecuménico Vaticano II. Entró a participar en la
última fase del Concilio, en la cuarta etapa (14 de septiembre - 8 de diciembre de 1965).
Su primera intervención pública en él tuvo lugar el 27 de septiembre, en la 136a Congregación General del Concilio. Sus
observaciones versaron sobre uno de los textos pastoralmente más fecundos y abiertos -más debatido también-, que acabaría siendo la constitución pastoral Gaudiitm et Spes, sobre la
Iglesia en el mundo actual. Profundamente impactado por el
fenómeno del ateísmo en sus múltiples formas, como puede
verse por otros textos suyos aquí presentados y, muy particularmente, en sus Apuntes, centró en él su intervención subrayando su complejidad, su fuerza y alcance, la dificultad de
una actuación pastoral sobre él y la necesidad de un plan de
acción conjunto de Iglesia pilotado por el Papa.
145
Su planteamiento, en este último aspecto, fue diversamente acogido, incluso interpretado como utópico, por unos, y
centralizador, por otros. Los Apuntes de sus Ejercicios, casi
dos meses anteriores a esta intervención, pueden ayudar
hoy, a treinta y siete años de distancia, a valorar más justamente sus ideas, pero, sobre todo, la nobleza de sus intenciones y la altura profética de miras del «misionero Arrupe» al proponerlas.
Padres Venerables:
El Esquema sobre la Iglesia en el mundo moderno es digno de alabanza, por intentar ofrecer soluciones a los problemas actuales, pero temo que tales soluciones y especialmente lo contenido en el n ü 19 sobre el ateísmo -ciertamente
contra la intención de los redactores-, se quede demasiado en
el plano intelectual. Esto sería permanecer en un defecto en
que incurrimos frecuentemente: la Iglesia tiene la verdad, los
principios, los argumentos. Pero ¿transmite todo esto al mundo de modo verdaderamente eficaz? Este es el problema.
La inadecuación entre lo que la Iglesia tiene y lo que da al
mundo se ha hecho más patente en el mundo de hoy, que prescinde de Dios, más aún, que frecuentemente intenta destruir la
idea de Dios. Esta mentalidad y cultura, prácticamente atea no
sólo -como aquella ciudad, en sentido agustiniano- lucha contra la ciudad de Dios desde fuera, sino que penetra dentro de
los muros de la ciudad de Dios e inficiona subrepticiamente con
su veneno las almas de los mismos creyentes (incluso de los religiosos y sacerdotes), de donde brotan como frutos, dentro de
la Iglesia, naturalismo, desconfianza, rebelión...
La nueva sociedad atea trabaja, mediante sus miembros
más conscientes, de modo muy eficaz; emplea medios científicos y técnicos, sociales y económicos; sigue una estrategia
elaborada perfectamente; ejercita un dominio casi absoluto
en las organizaciones internacionales, en las sociedades financieras, en los medios de comunicación social, televisión,
cine, radio, prensa.
Frente a esta sociedad está la Iglesia con sus inmensos tesoros de espíritu y verdad. Hay que decir, sin embargo, que la
146
Iglesia no ha encontrado todavía medios verdaderamente eficaces para transmitir esos tesoros a los hombres de nuestro
tiempo. Las estadísticas hablan con claridad: el año 1961 los católicos representaban en el mundo un 18 por ciento; hoy un 16
por ciento; la proporción, por tanto, disminuye sensiblemente.
Después de dos mil años somos solamente una parte pequeña de la población mundial y, dentro de esa parte pequeña, ¿qué parte es verdaderamente católica? Sin duda en este
pequeño rebaño hay muchas cosas buenas: hombres de gran
valía y obras muy bien estructuradas. Pero, si se considera el
mundo en su totalidad, nuestro influjo no es el que debería
ser. Nuestros intentos se ven, en gran parte, privados de su
debido influjo por la dispersión en que trabajamos muchas
veces.
Estas consideraciones no deben hacernos pesimistas. En el
mundo seremos oprimidos y el misterio de la iniquidad se
opone al progreso de la Iglesia. El aumento de la Iglesia no
debe medirse con criterios meramente humanos; ni, finalmente, debemos olvidar que, mientras otros suelen emplear
ciertos métodos, eficaces en el mundo, pero no conformes con
el Evangelio, nosotros debemos predicar a Cristo y, por cierto, crucificado.
Teniendo estos principios claros ante nuestra vista, sin
embargo, nos apremia la obligación de someter a examen
nuestros métodos pastorales, sobre todo en lo que se refiera
al grave problema del ateísmo. En este problema tendemos
espontáneamente a darle una solución intelectual: a refutar/
probar, enseñar, defender. Esto es preciso y esencial, pero totalmente insuficiente. Debemos comunicar no sólo la verdad/
sino también la vida: más que defender, debemos crear; m ^
que exponer, debemos mover; más que contemplar la verdad'
debemos llevarla a efecto. He aquí unas palabras de Jua^
XXIII que se refieren directamente a este punto:
«Pero hoy más que minen es indispensable que esta doctrina sL''1
conocida, asimilada, llevada a la realidad social en las formas i/ l '''
la medida que las circunstancias permitan o reclamen; fundó'1
ardua, pero nobilísima. Con ardiente llamamiento invitamos /?
realizar esta tarea no sólo a Nuestros Hermanos e Hijos espai'^r
dos por todo el mundo, sino también a todos los hombres de bit1'"
147
na voluntad». Hasta aquí las palabras de la Carta Encíclica
Mater et Magistra (AAS 53, 1961, 455).
El paso de la doctrina a la realización es ciertamente difícil por el cambio constante y rápido de las situaciones concretas; por ello muchas veces, sin darnos cuenta, huimos de
esta dificultad y buscamos refugio en la verdad abstracta totalmente permanente y estable, pero también menos eficaz
como solución.
El ateísmo no es un problema exclusiva o primariamente
filosófico; por ello, además de una refutación de orden intelectual, es sumamente urgente construir un orden individual
(es decir, del individuo con respecto a Dios), familiar (de la
familia con respecto a Dios), comunitario (de la sociedad con
respecto a Dios), en el que las relaciones mutuas no estén
afectadas por ateísmo alguno. Todo esto vale no sólo del ateísmo militante y agresivo, sino también del meramente práctico, pero estructural y vital.
Pero porque el hombre (y la sociedad) encuentra más fácilmente a Dios por actos vitales, que incluyen una actuación
de la voluntad, que por actos meramente contemplativos,
que perciben y reflejan la verdad, es urgente, frente a una comunidad sin Dios, construir una comunidad de Dios, una comunidad cristiana.
El camino radical para la curaciém radical de los males,
que proceden hoy del ateísmo y del naturalismo, es la construcción de una sociedad cristiana, no separada o situada como en un gueto, sino en medio del mundo; la cual esté imbuida y animada, en todo, de espíritu cristiano comunitario.
Respirando esta atmósfera, el hombre de hoy se hará más fácilmente cristiano o, al menos, hombre religioso. Sin tal atmósfera haremos cristianos a unos pocos hombres, pero los
perderemos después con facilidad en un mundo que no es
cristiano, ni siquiera religioso.
Para crear esta atmósfera es necesario determinar sus fundamentos concretos y el método de trabajo. Lo cual exige, sin
duda, que las estructuras sociales sean reformadas. Debemos
entrar en las mismas estructuras de la sociedad humana para
148
modificarlas e imbuir de valores cristianos la misma vida social, económica, política.
«No basta -decía Juan XXIII- que estos hijos nuestros gocen de la
luz eelestial de la fe y que se muevan a impulsos del deseo de promover el bien; se requiere, además, que entren en las institueiones
de la vida civil \j que puedan desenvolver dentro de ellas su acción
eficaz» (Carta Encíclica Pacem in tenis: AAS 55,1963, 296).
Esto es urgente. No podemos demorarnos más. Es tiempo
de actuar.
¿Qué hemos de hacer? Para que estas cosas se hagan eficazmente, quisiera exponeros, Padres Venerables, un plan concreto.
1. Hágase por los mejores especialistas y por hombres verdaderamente entendidos en la materia una investigación concreta, técnica y exacta de la situación actual del mundo para
que no nos inspiremos en el mero oportunismo del momento
presente, perdiendo así muchas fuerzas y teniendo que cambiar repetidamente nuestros planes.
2. Determínense las líneas fundamentales de una acción
mundial de conjunto, suficientemente amplias para poder
adaptarse a las circunstancias de cada región, y sométanse al
Sumo Pontífice.
3. El mismo Sumo Pontífice, en virtud de su oficio y de su
solicitud hacia la Iglesia universal, señalará a cada uno los diversos campos, de modo que todo el Pueblo de Dios bajo la
guía de los Pastores, que el Espíritu Santo puso para regir a la
Iglesia de Dios, con las fuerzas unidas se entregue a esta empresa. Entonces todos sin excepción, animados y unidos por el
espíritu de obediencia y de caridad comunitaria, vayamos ordenadamente al trabajo. Esto exige muchos sacrificios, porque
implica la victoria sobre todo egoísmo, tanto individual como
colectivo, y, por así decirlo, exige la muerte mística colectiva: el
sacrificio de todo particularismo diocesano, del propio Instituto religioso, del propio estado social. Es necesario que mueran
todas estas cosas para que Cristo triunfe en el mundo, como tiene que morir el grano de trigo para que lleve fruto.
4. Invitemos a todos los hombres que creen en Dios a este
trabajo común, para que Dios sea Señor de la sociedad hu149
m a n a . ¿No p r e p a r a r á eficazmente el camino esta colaboración en aquello q u e es c o m ú n a todos los q u e creen en Dios,
p a r a u n a u n i ó n ulterior y m á s profunda, ante todo, d e los q u e
se glorían del n o m b r e de cristianos?
C o m o conclusión diré lo q u e sigue. El p u e n t e p o r el q u e
p a s a r e m o s de la v e r d a d a la vida es este:
1. La investigación y reflexión técnica iluminada p o r la fe
en la fuerza d e la oración.
2. La obediencia absoluta al S u m o Pontífice.
3. La caridad fraterna comunitaria, q u e n o s hace a todos
h e r m a n o s q u e trabajan u n i d o s en Cristo.
P o d e m o s hacer todo esto; es necesario que lo h a g a m o s .
ANEXO 7
(Texto publicado en «La Iglesia d e h o y y d e l futuro», Bilbao-Santander, Mensajero-Sal Terrae, 1982, p. 125-128).
El misionero en la
situación actual del mundo
Intervención en el Concilio Vaticano II
(12 de octubre de 1965)
Por segunda vez intervino Pedro Arrupe en el Aula conciliar, en la mañana del 12 de octubre de 1965, durante la
Congregación General 147a del mismo. Y otra vez aparece
su pasión evangelizadora, misionera, la que le mueve a
presentar su visión de lo que, hasta entonces, había sido
considerado misión, p>aís de misión, y a alumbrar nuevas
posibilidades y planteamientos de la acción misionera. En
los Apuntes de sus Ejercicios (fol. 43-44) -en una hijuela suya incorporada a las reflexiones sobre el plan de acción de
la Compañía- aparecen ya en germen los núcleos de esta
intervención.
Como quien habla desde una larga y fecunda experiencia,
pone el acento fundamentalmente en la esencialidad de la
dimensión y actividad misionera de la Iglesia, por lo tanto
en la corresponsabilidad de todos y en la necesidad de
adaptación a una nueva realidad mundial, al «mestizaje»
cultural, social, racial e incluso religioso ya en acto. Lo que
será, años después, la inculturación, que promoverá él mis150
151
mo apasionadamente, ya está en germen aquí como urgencia para la Iglesia entera.
La breve, aunque densa, historia posterior de estos últimos
treinta y siete años ha probado y sigue probando, con la
gran fuerza de los hechos, muchas veces incontrolables, el
acierto y la actualidad de muchas de estas intuiciones.
1. En primer lugar, de la urgencia del trabajo misional: porque hoy viven fuera de la Iglesia dos mil millones de hombres, que debemos conducir a la plenitud de la fe. ¿No se
puede prever que el peso del mundo, o sea, el centro de gravedad de la humanidad se va a inclinar a estos pueblos afroasiáticos que representan mil quinientos millones de hombres? La presente evolución de los pueblos subdesarrollados,
como suele llamárseles, y su velocísimo progreso ¿no parecen
augurar nuevas naciones potentísimas en el mundo? Sirva de
ejemplo Japón, que hace ochenta años habría sido considerado como de cultura técnica subdesarrollada, pero que hoy se
encuentra entre las primeras naciones. En la ciudad de Tokio,
por ejemplo, hay noventa Universidades; el número de analfabetos constituye un ocho por mil.
2. De la complejidad y dificultad de nuestro trabajo misional:
Porque en las misiones existen no sólo todos y cada uno de
los problemas del apostolado moderno, a saber, teológicos, filosóficos, lingüísticos, sociales..., sino, además, se añaden
otros gravísimos derivados del hecho de que con frecuencia
encontramos en las tierras de misión una mezcla de antiguas
y riquísimas culturas y religiones; de modo que se encuentran simultáneamente todas las dificultades que proceden de
las culturas y religiones antiguas (como son el budismo, el
sintoísmo, el hinduismo) y las que proceden de las culturas
modernas (existencialismo, marxismo), lo que hace dificilísimo el trabajo para que estos pueblos con sus culturas se integren en la Ciudad de Dios sobre la tierra. Porque nuestros misioneros poseen, además de la doctrina y los medios que
corresponden a la aspiración íntima de la humanidad el conocimiento y, sobre todo, el amor hacia los pueblos por los
que trabajan; ofrecen su vida a todos los abandonados por su
bien espiritual y material. También por este capítulo son los
misioneros sumamente idóneos para realizar esta integración. Sin su influjo espiritual, el movimiento actual hacia una
fusión de las culturas, no sólo permanecerá sin alma, sino que
se convertirá en un monstruo materialista.
3. Además se exige hoy una mayor intensidad en la actividad misional, ya que ella concurre eficazmente a la verdadera
paz del mundo; porque la ideología dialéctico-materialista,
que, como una mística, según se dice, atrae fuertemente a los
hombres, no se vence con la oposición y la guerra. Se podrá
superar solamente con la verdadera y auténtica mística de la
fe y la caridad fraterna. Esa mística nacerá en los convertidos
al obtener la fe cristiana y en el restante pueblo de Dios de la
consideración y amor a cada una de las personas a quienes
nos esforzamos por dar las riquezas de la Iglesia, y de la visión de nuestra responsabilidad para con todo el género humano, que, según la disposición de la divina Providencia, debe convertirse en Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo en el
que todas las cosas se unen e integran para mayor gloria de
Dios. Este encargo divino corresponde a todos los cristianos
152
153
Padres Venerables:
El esquema «sobre la actividad misional de la Iglesia», si
prescindimos de ciertos puntos de los que envío observaciones por escrito a la Comisión, expone muy bien los fundamentos teológicos del trabajo misional en la Iglesia. Sin embargo, querría añadir algunas consideraciones con las que el
texto podría ser completado, sobre todo, en lo referente a la
cooperación.
Esta cooperación de todos en la obra misional requiere
una idea renovada del trabajo misional: la idea vulgar que
se da en muchos procede en su mayor parte de un conocimiento deformado de la realidad de las misiones; esta deformación es sentida grandemente por los misioneros que
vuelven a su patria o que por cualquier causa vienen al Occidente. Supuesto el sólido fundamento teológico, mucho
ayudará para este fin el conocimiento exacto de la condición concreta del m u n d o actual en su totalidad; divulgúese,
sobre todo y de un modo eficaz, el conocimiento de los
puntos siguientes:
(prelados, sacerdotes, fieles) y están obligados gravísimamente a ejecutarlo. Todas estas cosas constituyen el núcleo
del ideal y de la vida cotidiana de los misioneros; pero ellos,
al volver a Occidente, se desaniman frecuentemente, porque,
aunque vean que muchos fieles han hecho y hacen grandes
sacrificios para que se anuncie el nombre de Cristo a los que
no lo conocen, advierten al mismo tiempo que no pocos, sobre todo entre los adultos, ricos y cultos, carecen de esta mentalidad misional.
Algunos defectos dieron pie a esta situación. Enumero los
principales:
a) Infantilismo. Con demasiada frecuencia ocurre que los
hombres cultos no están informados adecuadamente
de las necesidades misionales, mientras nuestras informaciones -por causas complejas que ahora no tenemos
tiempo de exponer-, se dirigen demasiado exclusivamente a grupos de niños y de gente sencilla. Por eso sucede frecuentemente que las concepciones misionales
adolecen, en el pensamiento de muchos, de notas de infantilismo y, por consiguiente, no consiguen los auxilios intelectuales y materiales de los que hoy las Misiones no pueden prescindir.
b) Sentimentalismo. También ocurre que las obras que conmueven más fácilmente la sensibilidad humana -como
son las obras para los niños y para los enfermos- reciben
una ayuda digna de toda alabanza, mientras que otras
que no son ciertamente menos necesarias porque ejercen
un influjo mayor en la actividad misional -como son las
escuelas superiores, las grandes publicaciones científicas
de historia, cultura, religiones de los pueblos extranjerosapenas, o no sin grandísimas dificultades, consiguen las
ayudas necesarias.
c) Sentimiento de superioridad. Se sigue también de esa falta
de conocimiento adecuado del encargo misional de la
Iglesia, ese detestable sentimiento de superioridad que,
por desgracia, se advierte aún hoy en algunos hacia los
pueblos no occidentales, que no puede armonizarse
con un verdadero sentido cristiano, y que las más de las
154
veces se funda en pura ignorancia, ya que los pueblos
afroasiáticos poseen óptimas cualidades. Baste recordar
que varios premios Nobel los han obtenido los asiáticos, no sólo en Literatura (Tagore), sino también en Física (Raman), en Botánica (Bose), en Biología... En el
campo de la investigación atómica existen al menos en
Asia veinticuatro reactores nucleares (once en Japón,
tres en la India, tres en Indonesia, cuatro en China, donde recientemente se han hecho explosiones nucleares).
d) Miopía, es decir, ver más grande lo que está más cerca. Este
criterio se formula a menudo así: cuando hayamos cubierto las necesidades de la propia ciudad o diócesis,
entonces pensaremos en las misiones. ¿Quién no ve que
esto significa el fin de la actividad misional?
e) Superficialidad. Séame permitido indicar en este contexto otra razón por la cual el problema misional se entiende falsamente, con frecuencia, y sufre por eso graves daños. Hablo de aquellos hombres que, después de
haber recorrido brevisímamente las tierras de misión,
propalan, casi «ex cathedra», perentorias sentencias llenas de críticas, pero subjetivas y frecuentemente muy
equivocadas, acerca de la situación de las misiones, de
los errores cometidos por los misioneros, de los métodos que se deben seguir y, además, de cualquier tema
misional. Tal modo superficial de escribir y hablar no
solamente divulga falsas ideas y crea confusión en el
pueblo cristiano, sino que también, no raras veces, desanima a los misioneros y suscita reacciones nocivas a
la Iglesia en los mismos pueblos extranjeros. En esto se
halla comprendida de modo especial la tendencia exagerada a medir el éxito de la actividad misional por las
estadísticas de las conversiones y el desprecio de los
problemas especiales, propios de cada misión.
f) Falso criterio de elección de los misioneros. Por desgracia
muchas veces se juzga que, para que uno pueda ser misionero, basta que tenga mediocres cualidades, es a saber, salud corporal, fortaleza y buena voluntad, mientras por el contrario, el misionero, a causa de las
dificultades de todo género que tiene que resolver, de155
be poseer una personalidad adornada de muchas más
cualidades que para trabajar en su patria.
g) Mendicidad. «No se puede permitir que los misioneros y
las misiones sean considerados como pedigüeños y
mendigos» (Relatio, p. 9), ni que sean obligados los misioneros a gastar el tiempo en pedir las ayudas que se
les deberían dar espontáneamente: tiempo, repito, que
deberían emplearlo todo en evangelización. Por no decir nada de la impresión poco grata que reciben los obispos y otros, cuando ven a un misionero después de otro
-y frecuentemente muchos a la vez-, que piden limosna
para las necesidades de sus propias misiones.
Para que se eviten en el futuro estos defectos y para que al
Pueblo de Dios se le pueda dar una información adecuada, a
modo de conclusión, propongo que en el esquema se recomienden algunos órganos informativos que, en colaboración
con el benemérito Dicasterio de Propaganda Fide y en estrecha colaboración con las Conferencias episcopales de las diversas naciones, procuren:
1. Que se den noticias misionales sistemáticas, adecuadas,
que respondan a la realidad, adaptadas a las exigencias
de los hombres cultos y propuestas según los criterios
ya enumerados.
2. Que con esto se forme un mayor aprecio de las varias
culturas y personas, tan diversas de nuestras normas
occidentales, y se suscite un deseo más ardiente de colaborar con ellas abandonando cualquier sentimiento
de superioridad; y, por cierto, no como una concesión
«externa», sino de corazón y de modo que se traten reconociéndose verdaderamente como hermanos.
3. Que se comprenda más profundamente que los misioneros deben ser de lo más selecto y dotados de una excelente formación, para que con más eficacia trabajen
en las misiones y en ellas cada vez más se confíe la dirección a personas oriundas de las mismas misiones.
Para ello hay que educar dirigentes, proporcionándoles
la oportunidad de obtener una excelente formación re156
ligiosa y científica. Ahí tenemos el ejemplo de los ateos
militantes que cuentan con treinta mil estudiantes en la
Escuela Superior ateísta; de ellos varios miles son jóvenes de las naciones afroasiáticas. ¿No sería posible que
también nosotros invitáramos a muchos jóvenes a hacer
estudios superiores en nuestras Universidades católicas? Ellos serían los dirigentes del mañana.
4. Que con más claridad se entienda, por profundas razones teológicas, la obligación gravísima que recae sobre
todo el Pueblo de Dios y sobre cada uno de sus miembros -de
cualquier condición que sea-, a saber, que tomen como
suyo el quehacer misional en sus diferentes aspectos, de
modo que todos se muevan a colaborar y la palabra de
Dios se difunda y Él sea glorificado (2 Tes 3,1).
Ésta es la esperanza de tantos millares de misioneros representados en esta Aula por varios centenares de Padres
conciliares. Ellos esperan con gran ansiedad que el Concilio
Vaticano II reconozca el apostolado misional como el principal en la Iglesia y que, como tal, lo promueva.
Terminaré con San Agustín: «Y esto ¿cuándo? (...) Si alguna vez ¿por qué no ahora? Y si ahora no, ¿por qué alguna
vez?».
(Texto publicado en La Iglesia de hoy y del futuro, BilbaoSantander, Mensajero-Sal Terrae, 1982,161-165).
157
ANEXO 8
Cultura y misión
(20 de octubre de 1965)
Durante los días 19, 20 y 21 de octubre 1965, la Oficina de
Prensa del Concilio Vaticano II organizó una serie de conferencias sobre diversos aspectos del Concilio. Al F. Arrupe le
fue encomendada, el día 20, la que ofrecemos a continuación.
Era «la primera vez que el Superior de una Orden se presentaba ante la asamblea de periodistas acreditados en el Concilio» (L'Ossewatore. Romano, 21 de octubre de 1965). En su intervención acerca de las misiones (cfr. anexo anterior) había
aludido a un problema de evangelización que su larga experiencia misionera en otras culturas le había hecho familiar, al
que volvería reiteradamente durante su generalato y que ya
ahora vincula histórica y esencialmente al carisma de la Compañía: la incultiirnción. Con este testimonio Arrupe manifiesta, como la refleja en sus Apuntes de Ejercicios, no sólo la universalidad de su contemplación misionera de la Iglesia y del
mundo, sino la hondura de la misma. La misión se realiza
mediante un encuentro de la Iglesia con todas las culturas,
encuentro recíproco, de una enorme envergadura y complejidad. Esboza el horizonte de este encuentro y lo describe con
realismo.
159
La cultura es para el hombre el ideal de perfección humana al que aspira en su integridad individual y social. Es el
despliegue armonioso de todo el hombre y de todo hombre.
La cultura no puede ser -no lo fue nunca- el desarrollo
fragmentado de las facultades humanas. La cultura es, en el
hombre, un problema de totalidad, de desarrollo pleno de todo
el hombre en cada hombre. El ser humano es tan complejo que
siempre se corre el riesgo de olvidar alguno de sus elementos:
es ciencia y arte, amor y acción, técnica y vida política; es también adoración y plegaria, aspiración religiosa infinita y religión concretamente establecida.
Ha habido innumerables intentos, durante mucho tiempo,
y ha sido larga la peregrinación en los siglos pasados en búsqueda de esta plenitud de cultura.
Al final descorazonador de un tal proceso, la cultura aparece como la brillante exploración de la nada, que, por una serie de combinaciones improbables, ha empezado de repente a
segregar el ser... y una sensación de absurdo invade la sabiduría misma.
Reunificar al hombre
La humanidad, comprometida hoy en el conocimiento
científico del mundo y de sí misma, se ha alejado al mismo
tiempo de Dios. El proceso no ha sido ni repentino, ni al principio consciente. Poco a poco, como por un lento deslizamiento, sobre el que se escribe con frecuencia en nuestros
días, una religión del hombre ha ido reemplazando el sentido
ancestral de Dios. El hombre ha perdido la referencia a su
Centro y ha empezado a dudar de que este Centro haya existido realmente o de que haya para el hombre otra cosa que el
hombre mismo.
De aquí que los universos nacidos de su cultura -filosóficos, científicos o simplemente prácticos- le han parecido como otros tantos absolutos a los que consagrarse. El arte por el
arte, el saber como único valor, el amor como religión, el Estado como categoría suprema, el trabajo e inmediatamente el
poder técnico como demiurgo soberano (sin contar, en el saber mismo, las diversas disciplinas que, desde la astrofísica a
la etnología, constituyen en el cielo de la cultura constelaciones aisladas), todas las formas del saber y del poder surgen
del hombre como llamas de fuego en las que explota su totalidad primigenia.
Si este diagnóstico es exacto, la primera tarea de la cultura
es la de reunificar al hombre reintegrando su saber. Se puede
hablar de la necesidad de un nuevo socratismo. Sin frenar al
hombre en su esfuerzo de crecimiento y de vida, sin bloquear
ninguno de los sectores en los que la ciencia progresa y se
perfecciona, es necesario hacer que el hombre escuche de
nuevo al oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Este nuevo
conocimiento, necesario en sí mismo, es lo que con un término hoy en boga se puede llamar la antropología. Debe ser una
enseñanza sobre el hombre en el mundo, de la que el hombre
sea el beneficiario y el tema vivo, y que sea iniciación al contenido inagotable del saber.
La contribución cristiana a esta tarea no es secundaria ni
marginal, sino central y salvífica.
De hecho, si el problema planteado actualmente por la cultura es el de una nueva integración de lo que es el hombre por
medio de lo que sabe y de lo que hace, ¿cómo puede un cristiano pensar que puede resolverlo fuera de Cristo? Cristo es,
en efecto, según todas las dimensiones íntimas e históricas,
espirituales y cósmicas, divinas y humanas, quien integra divinamente al hombre y al mundo. Es el Único «en quien se
fundamenta todo». Es el Único que puede hacer que todo en
el hombre «tenga consistencia», sin que la unidad del hombre
explote bajo la presión de los contenidos imiversales a los que
debe abrirse por la cultura, es decir, sin dislocarse. Integrando al mundo en el poder de Dios y en la fidelidad total a toda
la humanidad, Cristo muerto y resucitado es la recapitulación
lograda, a la que todo ser humano es inconscientemente convocado mediante la cultura.
El ideal de la cultura, en efecto, como ideal de integración
humana, es una d e las formas posibles de preparación al
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Desintegración de la cultura
Evangelio: la humanidad en su cultura tiende finalmente más
allá de lo que su propio poder le permite esperar. Sólo las
energías increadas de la Resurrección, más allá de las posibilidades históricas del hombre, pueden realizar en Cristo los
proyectos culturales de nuestra humanidad. Despertando en
todo ser humano una sed insaciable de totalidad, la cultura es
una de las formas ocultas de la sed experimentada por aquél
que recapitula todas las cosas. No que Cristo quiera, pueda o
deba nunca dispensar al hombre de todo su esfuerzo de integración humana; pero, síntesis humano-divina, anunciada
proféticamente, históricamente revelada y esperada escatológicamente, Cristo Recapitulador permite al hombre apasionado por la cultura no romperse en su esfuerzo cotidiano hacia la totalidad.
Así el cristiano puede ofrecer la posibilidad de reconstruir
con elementos nuevos la vieja «Universitas» medieval, desarticulada desde el Renacimiento, que era una cultura en la fe y
por la fe. Es necesario reiniciar de nuevo al hombre en el desarrollo armonioso de sí mismo, cuya norma y modelo fue,
en otro tiempo, la «Universitas». Ahora bien, sólo la catolicidad dinámica de Cristo puede permitir devolver a la cultura,
más allá de sus mitos y sus angustias, la ambición de integración que, humanamente hablando, le corresponde.
De esta certeza y esta esperanza nace, en el momento actual,
la misión y el esfuerzo de la Iglesia por aproximarse al hombre y
al mundo de hoy. Ella quiere ofrecer ahora, en el lenguaje propio del hombre y del mundo contemporáneos, la plenitud de su
mensaje, que, como ya antiguamente los griegos en el silencio
de sus altares, una gran parte de la humanidad está también
hoy dolorosa e impacientemente esperando.
1. Un hecho. La relación entre la Iglesia y la cultura humana es, por lo tanto y ante todo, un hecho. Cuando la Iglesia
proclama el Evangelio, su palabra resuena en las conciencias
formadas por una herencia cultural, en un medio histórico...
Sin dejar de ser, como dice San Pablo, «una manifestación de
espíritu y de poder», la proclamación del Evangelio no puede
prescindir de la cultura de aquéllos a quienes se dirige, porque el Evangelio debe ser comprendido, y lo será en la medida en que pueda impregnar todos los valores humanos que
se integran para formar el cuadro cultural de cada época y de
cada pueblo. Sin esta impregnación, el Evangelio no sería
verdaderamente recibido. (Muchos fracasos, malentendidos,
equívocos, se explican por esto: San Pablo en Atenas, la Iglesia ante la cultura musulmana, etc...; y hoy día el lenguaje de
ciertos medios, sobre todo, científicos).
2. Una verdad. En este hecho la Iglesia no ve solamente
una condición a la que debe resignarse, sino que reconoce una
verdad humana y evangélica a la vez. El hombre que quiere
salvar por Cristo no es un individuo aislado y aislable, sino
miembro de una comunidad fraterna que vive según una
cierta escala de valores y que aspira a un ideal de desarrollo y
de equilibrio. Porque la Iglesia ama al hombre en la totalidad
de su ser (y no solamente en una parte del mismo, llamada
«espiritual»), ama también con el mismo amor a las diversas
culturas por medio de las cuales el ser humano vive a la espera de Dios. Es necesario decirlo con fuerza: la Iglesia no
puede salvar a los hombres, si no es salvándoles en y con el
medio vivo que forma su cultura. A los Vicarios Apostólicos
enviados a China en el año 1659, les ordena la Santa Sede en
el momento de su partida: «No intentéis forzar a estos pueblos a cambiar las tradiciones y las costumbres, supuesto que
no sean contrarias a la religión y buenas costumbres. ¿Puede
haber cosa más absurda que introducir en China a Francia o a
España o a Italia o a cualquier otra nación europea? No introduzcáis a estas naciones, introducid, ante todo, la fe, que no
menosprecia ni hiere las costumbres y tradiciones de los pueblos, sino que quiere conservarlas en todo su vigor, supuesto
que no sean condenables en sí mismas...».
Este mismo espíritu ha sido el de la pedagogía de la Iglesia: «omnia ómnibus» (hacerse todo a todos) para ganarles
para Cristo. Fue la consigna de Pablo de Tarso, de Nobili en la
India, de Ricci, de Adam Schall, de Verbiest, en China.
3. El fermento de las culturas. Hoy es más importante que
nunca repetirlo: La Iglesia siente la solidaridad necesaria entre el mensaje evangélico y el equilibrio cultural de los hom-
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Misión de la Iglesia
bres a quienes se dirige. Precisamente por esto, allí donde se
encuentra en presencia de medios culturales deficientes o
empobrecidos, se ha dedicado a través de los siglos y se dedica en la actualidad, como espontáneamente, a desarrollar
los elementos humanos que, de hecho, permitirán poco a poco la manifestación de una cultura auténtica. La Iglesia ha sido siempre -lo atestigua la historia-, al mismo tiempo que
mensajera del Evangelio, fermento de ¡as culturas. Se ha interesado por todo el hombre: educación, arte, cambios sociales,
concepción del amor o de la amistad, reflexiones de pura especulación... Recordemos su papel propiamente cultural en
el Occidente de la Edad Media, y su papel actual en algunos
países de misión. La Iglesia realiza este servicio humildemente, sin un particular espíritu de sistema, porque es necesario para una verdadera asimilación del mensaje evangélico
por el hombre, para su plena integración humana, es decir, finalmente, para su «salvación» en sentido pleno, bíblico y humano.
4. La acogida de las culturas. Al mismo tiempo que ayuda al
desarrollo de las culturas, la Iglesia recibe de estas mismas culturas muy grandes enseñanzas: la Iglesia aprende del hombre y
del mundo a ser ella misma.
Es movida a reflexionar más profundamente sobre el
contenido del mensaje evangélico, que debe predicar y hacer entender, contribuyendo en esto al desarrollo de la
conciencia humana a través de la historia. Cada cultura le
plantea una cuestión, lo que es para ella ocasión de descubrir sus propias riquezas. Los ejemplos abundan: la cultura
greco-romana (reencuentro de corrientes de pensamiento
del helenismo y de la teología trinitaria); el humanismo de
los siglos XII y XIII de Occidente (el pensamiento teológico
de Santo Tomás ante las corrientes de su época, especialmente el aristotelismo); la noción de «tolerancia» y de «libertad religiosa», e t c . . (la evolución de la una a la otra sólo
posible por evolución de la conciencia humana).
Por otra parte, cada cultura tiene su modo de comprender
y acoger el mensaje cristiano, de subrayar ciertos aspectos.
Así, la Iglesia en China, en Eilipinas, en Japón... va tomando
contornos específicos bien determinados. Así, en Occidente la
presentación del mensaje cristiano ha resultado coloreada por
cada generación: por ejemplo, en los siglos XIV y XV (siglos
de guerras y de miserias) las representaciones del sufrimiento (Piedad, danzas macabras...) han llevado a ciertas profundizaciones de la Pasión, del sufrimiento redentor de Cristo y
de su Madre.
5. El discernimiento. Por la fuerza misma del Evangelio que
predica, la Iglesia ayuda a discernir en las diferentes culturas
lo que las abre y lo que las cierra sobre sí mismas, lo que es
egoísmo y lo que es don. Ejerce así la función de «juicio» en
sentido bíblico (discernimiento del bien y del mal) por la sola presentación del mensaje evangélico, del misterio del amor
de Cristo, que actúa en el corazón mismo del hombre para
permitirle «criticar» los valores que vive y para jerarquizarlos
sanamente. Así una nueva luz ayuda a encontrar la verdadera solución de tantos problemas humanos de diferentes culturas: poligamia, separación de castas, culto del cuerpo, etc...
6. Purificación. En su universalidad la Iglesia se encuentra
con culturas muy diversas. Lo que le ofrece la ocasión de deshacerse de formas y expresiones que hubiera tenido la tentación
de creer definitivas y necesarias. El mismo mensaje debe llegar a ser plenamente latino, plenamente oriental, plenamente
chino o japonés, etc., sin que ninguna cultura tenga que imponerse a otra, incluso para proponer el Evangelio. Es evidente que ciertas culturas pueden ayudar durante un tiempo
a presentar el Evangelio, pero finalmente cada cultura debe
llegar a ser capaz de asimilar todo el mensaje cristiano y de
expresarlo según su modo de pensar.
El Evangelio ha presentado de sí mismo «expresiones» diversas en el curso de los tiempos, en Oriente y en Occidente.
Por una ilusión óptica se le cree vinculado frecuentemente a la
cultura de Occidente, que no fue para él más que un rostro cultural momentáneo (con sus valores, ciertamente, pero también
con sus límites). Hoy el encuentro y, por así decirlo, el choque
brutal de las culturas hace más evidente este hecho y lleva a la
Iglesia a nuevas profundizaciones. Profundizaciones que, a veces, le resultan dolorosas: ¿cómo el apóstol del Evangelio puede hacerse «griego con los griegos», «chino con los chinos»...,
sin mutilarse o sin una adaptación artificial? ¿Cómo la Iglesia,
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con su peso necesario de instituciones, puede acoger sin sacudidas las exigencias de culturas tan diversas? ¿Cómo puede
presentar el Evangelio sin referencia a culturas pasadas, que le
han permitido ya conocerse y expresarse? Cuestiones como éstas son a menudo dolorosas, pero son saludables para la Iglesia, la reconducen continuamente a lo esencial, que es el mensaje de Cristo vivo, que quiere impregnar, por medio de todas
las formas que pueda tomar el desarrollo humano en la historia entera de la humanidad.
7. Dos cuestiones. Estas reflexiones nos llevan a plantearnos, entre otras, dos series de problemas:
a) El primero lo plantea el inundo contemporáneo. ¿Cuál es
la «cultura» propia de nuestra civilización industrial, urbana,
técnica, en la que los intercambios entre comunidades
humanas provocan confrontaciones gracias a las cuales
muchos valores precisan su verdad, en la que el hombre
parece cada vez más dueño de su destino (por el conocimiento de su origen biológico y de los medios de actuar
sobre él, por el dominio sobre las fuerzas naturales, por el
conocimiento de sus diversos condicionamientos psicológicos o colectivos)? La Iglesia no puede desinteresarse,
bajo pretextos aparentemente «espirituales», del cambio
de la cultura que sucede ante nuestros ojos, porque se trata para ella no solamente de la posibilidad de hacer entender el mensaje cristiano, sino de la autenticidad misma de su predicación.
b) El segundo lo plantea el papel misionero hoy de la Iglesia.
Por un lado, la Iglesia efectivamente encuentra simultáneamente culturas diversas. Debe mantener su unidad
estando plenamente adaptada a las exigencias legítimas de cada cultura. Es decir, debe acceder más v más
a la universalidad sin dejar de ser «particular», para
que cada cultura reconozca en ella su rostro. Problemas
de liturgia, del canto religioso, de las precalequesis y
catcquesis, de la predicación, e t c . , que deben responder a diversos tipos culturales y llevar a todas partes el
eterno e idéntico mensaje de salvación.
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Por otro lado, cada cultura aporta a la Iglesia su propia 11
queza: ¿cómo puede ella «integrarlas» a todas al ritmo r,i| >u l( >
que sería necesario? La Iglesia acoge todos los valores eiillu
rales de nuestra generación, pero es necesariamente lenl.i en
hacerlos plenamente suyos, porque, guardiana de la ¡nlrgí i
dad del misterio de Cristo, debe velar para no perder nada t le
lo que el mundo le aporta, ni dejar que se deteriore lo que sa
be necesario a su vida. La Iglesia, hoy más que nunca, se eu
cuentra en actitud de discernimiento, por lo que le es ne< e:..i
rio estar atenta a reconocer lo que lleva la marca del lispinlii
Santo.
En esto está la esencia del trabajo del Concilio Vaticano II
(Traducción de ¡. Iglesias S.J.).
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