Subido por Javier Alfonso Echeverry Velasquez

CABALLERO, J. L., Escritos Paulinos, 2016

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Manuales ISCR
Instituto Superior de Ciencias Religiosas
Universidad de Navarra
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, total o parcial, de esta obra sin contar con autorización escrita de los titulares del Copyright. La infracción de los derechos mencionados puede
ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Artículos 270 y ss. del Código Penal).
© 2016. Juan Luis Caballero.
Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA). Plaza de los Sauces, 1 y 2.
31010 Barañáin (Navarra) - España. Tfno.: 948 25 68 50 - Fax: 948 25 68 54. e-mail: [email protected]
ISBN: 978-84-313-3124-5 | Depósito legal: NA 340-2016
Diseño cubierta: Pablo Cerezo Marín
Imprime: GraphyCems, Pol. Ind. San Miguel. 31132 Villatuerta
Printed in Spain – Impreso en España
JUAN LUIS CABALLERO
ESCRITOS PAULINOS
EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A.
PAMPLONA
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Colección
Manuales del Instituto Superior de Ciencias Religiosas
1. Cada vez más personas se interesan por adquirir una formación filosófica y teológica seria y profunda que enriquezca la propia vida cristiana y ayude a vivir con coherencia la fe. Esta formación es la base para
desarrollar un apostolado intenso y una amplia labor de evangelización en la cultura actual. Los intereses y motivaciones para estudiar la
doctrina cristiana son variados:
• Padres y madres que quieren enriquecer su propia vida cristiana y la
de su familia, cuidando la formación cristiana de sus hijos.
• Catequistas y formadores que quieren adquirir una buena preparación teológica para transmitirla a otros.
• Futuros profesores de religión en la enseñanza escolar.
• Profesionales de los más variados ámbitos (comunicación, economía,
salud, empresa, educación, etc.) que necesitan una formación adecuada para dar respuesta cristiana a los problemas planteados en su propia vida laboral, social, familiar… o simplemente quienes sienten la
necesidad de mejorar la propia formación cristiana con unos estudios
profundos.
2. Existe una demanda cada vez mayor de material escrito para el estudio
de disciplinas teológicas y filosóficas. En muchos casos la necesidad
procede de personas que no pueden acudir a clases presenciales, y buscan un método de aprendizaje autónomo, o con la guía de un profesor.
Estas personas requieren un material valioso por su contenido doctrinal y que, al mismo tiempo, esté bien preparado desde el punto de
vista didáctico (en muchos casos para un estudio personal).
Con el respaldo académico de la Universidad de Navarra, especialmente de sus Facultades Eclesiásticas (Teología, Filosofía y Derecho
Canónico), la Facultad de Filosofía y Letras y la Facultad de Educación y Psicología, esta colección de manuales de estudio pretende res-
ponder a esa necesidad de formación cristiana con alta calidad profesional.
3. Las características de esta colección son:
• Claridad doctrinal, siguiendo las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica.
• Exposición sistemática y profesional de las materias teológicas, filosóficas (y de otras ciencias).
• Formato didáctico tratando de hacer asequible el estudio, muchas veces por cuenta propia, de los contenidos fundamentales de las materias. En esta línea aparecen en los textos algunos elementos didácticos tales como esquemas, introducciones, subrayados, clasificaciones,
distinción entre contenidos fundamentales y ampliación, bibliografía
adecuada, guía de estudio al final de cada tema, etc.
José Manuel Fidalgo Alaiz
José Luis Pastor
Directores de la colección
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Formato didáctico
Los manuales tienen un formato didáctico básico para facilitar tanto el
eventual estudio del alumno por su cuenta, el autoestudio con preceptor
/ tutor, o la combinación de clases presenciales con profesor y estudio
personal.
Estas características didácticas son:
1. Se ha procurado simplificar los contenidos de la materia sin perder la
calidad académica de los mismos.
2. Se simplifican los modos de expresión, buscando la claridad y la sencillez, pero sin perder la terminología teológica. Nos parece importante,
desde un punto de vista formativo, adquirir el uso adecuado de los
términos teológicos principales.
3. En el cuerpo del texto aparecen dos tipos de letra en función de la relevancia del contenido. Mientras que la letra grande significa contenidos
básicos de la materia, la letra pequeña significa un contenido más explicativo de las ideas principales, más particular o más técnico.
4. En el texto aparecen términos o expresiones en formato negrita. Se pretende llamar la atención sobre un concepto clave a la hora del estudio
personal.
5. Las enumeraciones y clasificaciones aparecen tipográficamente destacadas para facilitar la visualización rápida de los conceptos, su estudio
y memorización.
6. Al principio de cada tema, inmediatamente después del titulo principal, aparece una síntesis de la idea principal a modo de presentación.
7. En cada tema se presentan varios recursos didácticos:
• Un esquema o sumario de la lección (sirve de guion de estudio y
memorización).
• Un vocabulario de palabras y expresiones usadas en el desarrollo
del tema. Sirve para enriquecer el propio bagaje de términos aca-
démicos y sirve también de autoexamen de la comprensión de los
textos.
• Una guía de estudio. Se trata de un conjunto de preguntas. El conocimiento de las respuestas garantiza una asimilación válida de los
principales contenidos.
• Textos para comentar. Pueden dar pie a lecturas formativas o a ejercicios (guiados por un profesor).
8. Se dispone al final de una bibliografía básica y sencilla de los principales documentos que pueden servir para ampliar el contenido de la
materia.
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PRESENTACIÓN
Entendemos por «escritos paulinos» los catorce libros del Nuevo Testamento
que se nos han transmitido, como colección, bajo la autoría del apóstol san Pablo. Este manual pretende aportar las claves mínimas necesarias para una
primera lectura y comprensión de su contenido y de la teología que subyace
en ellos. Desde este punto vista, se explicitarán líneas de composición y de
pensamiento, tomando como base los textos tal y como nos han llegado. No
se pretende, por tanto, ofrecer aquí una explicación detallada y excesivamente
técnica de los escritos.
Las dificultades con las que uno se encuentra a la hora del análisis de estos
textos son de diversa índole. Una de ellas viene causada por el hecho de tratarse, en su mayoría, de cartas «ocasionales», esto es, de textos escritos con
ocasión de algún hecho concreto o de alguna cuestión planteada al apóstol
por los miembros de una iglesia determinada. Como las mismas cartas no nos
aportan un contexto completo de dichas situaciones, y como escasean otros
tipos de fuentes, no es raro que falten elementos de juicio para comprender
correctamente algunas afirmaciones. Otra de las dificultades tiene su origen
en el limitado conocimiento que tenemos del cristianismo y el judaísmo de la
época en la que san Pablo escribió sus cartas. Por esto, en este manual se dedican los tres primeros capítulos a ofrecer algunas claves que ayuden a afrontar
estas dificultades.
El grueso del manual está compuesto por los capítulos 4-17. En ellos se estudian los catorce escritos paulinos, uno a uno, según un esquema básico similar:
ocasión de la carta, estructura y contenido, enseñanza. Las cartas se abordan
en el orden en el que se suele considerar que fueron escritas, que es diferente
al orden en el que aparecen en las biblias. Al final, el último capítulo ofrece
una visión de conjunto de las líneas fundamentales de la teología paulina.
Este manual está en estrecha relación con las traducciones, introducciones y
notas de la «Sagrada Biblia» traducida y anotada por profesores de la Universidad de Navarra, y publicada por la editorial EUNSA, tanto como volumen
V de toda la Biblia, como en formato más pequeño, solo Nuevo Testamento.
Recomiendo vivamente el uso de dicha traducción y de sus notas a pie de página. Ese es el texto bíblico al que me referiré en este manual habitualmente,
aunque en alguna ocasión difiera mínimamente en la división estructural de
alguna de las cartas. Sus notas, por otra parte, contribuirán a comprender mejor muchos aspectos específicos que no pueden ser abordados en este manual.
Ocasionalmente hago referencia a estudiosos de los que he tomado algunas
ideas. La referencia concreta de sus obras se encuentra en la bibliografía, al
final del manual.
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TEMA
TEMA
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LOS ESCRITOS PAULINOS
«El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene también las cartas de san Pablo y otros libros apostólicos escritos
bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia disposición de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se declara
más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra
divina de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable
difusión, y se anuncia su gloriosa consumación» (Dei Verbum, n. 20).
SUMARIO
1. INTRODUCCIÓN GENERAL • a) Número y orden de las cartas • b) Autor y destinatarios • c) Género epistolar 2. TRANSMISIÓN E INCLUSIÓN DE LAS CARTAS
PAULINAS EN EL CANON • a) Escritura divina • b) Escritos coleccionados • c) Escritos incluidos en el canon • d) Escritos apócrifos 3. LA EXÉGESIS DE LOS ESCRITOS PAULINOS • Grandes comentaristas
1. Introducción general
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1.1. Los escritos paulinos
• Los escritos paulinos son un conjunto de catorce textos atribuidos a san
Pablo, y que ya desde muy pronto, según los testimonios que hemos conservado, se transmitieron como colección: ya de catorce cartas, ya de trece
más una, la Carta a los Hebreos.
• En el conjunto del Nuevo Testamento, estos escritos se encuentran después de los cuatro Evangelios y los Hechos del Apóstoles, y antes de las
Cartas Católicas y el Apocalipsis.
• Estos textos, como el resto del Nuevo Testamento, están en griego común
o koiné.
• El orden en el que los encontramos hoy en las biblias impresas sigue aparentemente un criterio de extensión en número de palabras (cfr. el cuadro
más abajo), de mayor a menor, y no de cronología de escritura, aunque
esto no se cumple en el caso de la Carta a los Gálatas y la Carta a los Efesios.
Además, los textos se distribuyen como en tres bloques: en primer lugar
se encuentran las cartas dirigidas a iglesias; después, las dirigidas a personas individuales; por último, está la Carta a los Hebreos.
Rm (≃7100)
Ef (≃2350)
1Tm (≃1600)
1Co (≃7000)
Flp (≃1630)
2Tm (≃1350)
2Co (≃4400)
Col (≃1580)
Tt (≃650)
Ga (≃2200)
1Ts (≃1500)
Flm (≃350)
Hb (≃4950)
2Ts (≃800)
Por hacer una comparación con otros escritos del Nuevo Testamento, tanto el
Evangelio según san Mateo como los Hechos de los Apóstoles, los libros más largos,
tienen alrededor de 19000 palabras.
• Está actualmente afianzada la división en: cartas dirigidas a los tesalonicenses (1Ts, 2Ts), grandes cartas (1Co, 2Co, Ga, Rm), cartas de la cautividad (Flp, Flm, Col, Ef), cartas pastorales (1Tm, 2Tm, Tt), y Carta a los Hebreos (Hb). Esta división responde a criterios de similitud en el contenido
o en alguna de sus características literarias centrales.
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1.2. Autenticidad e integridad de los escritos paulinos
• Todas las cartas, excepto la dirigida a los Hebreos, presentan invariablemente al apóstol Pablo como su autor, y así se ha sostenido de una forma
generalizada hasta hace dos siglos.
• Los manuales suelen hacer referencia a las discusiones en torno a la autenticidad de las cartas paulinas surgidas desde finales del siglo XVIII.
Las dudas sobre la autoría paulina comenzaron con las Cartas Pastorales
y, poco a poco, se extendieron a otras como Colosenses, Efesios o la segunda
a los Tesalonicenses. Estas posturas se apoyaban en criterios internos, esto
es, en el contenido de las cartas –en el que se creía ver rastros de doctrinas tardías o incompatibles con la «propiamente paulina»– y en su estilo
literario. Con el tiempo, estas hipótesis, basadas a veces en criterios muy
discutibles, han ido reconduciéndose gracias a estudios más serenos y rigurosos. También ha contribuido a resituar esta cuestión una mayor profundización en la noción de autor.
• La mayoría de los estudiosos contemporáneos funcionan, de facto, con una
división entre cartas proto-paulinas y cartas deutero-paulinas. Las protopaulinas serían las primeras que pasaron a formar parte de la colección
paulina: Rm, 1Co, 2Co, Ga, Flp, 1Ts y Flm. Las deutero-paulinas, el resto: Col, Ef, 2Ts y las Pastorales. Respecto a Colosenses, no son pocos los
que hoy día la consideran de autoría paulina. Muchos sostienen, además,
que Hebreos no habría sido escrita por Pablo, pero que sí refleja su doctrina. También se usa la terminología homologoumena (escritos aceptados) y
antilegomena (escritos cuya autenticidad está en disputa). La terminología
«auténticos» y «no auténticos» (pseudoepigráficos) –la cual prejuzga sobre
una cuestión compleja y discutida– se emplea cada vez menos.
• Existen también multitud de propuestas –en ocasiones, injustificadas y caprichosas– sobre la integridad de los escritos paulinos, esto es, sobre la
unidad de su contenido: las cartas que nos han llegado, ¿fueron escritas
como una unidad inicialmente o, por el contrario, alguna de ellas es mezcla de diversos textos?, ¿hay integración de diversas cartas o trozos de
cartas, ya sea por el mismo autor o por un tercero, o presencia de textos
interpolados? Quizá dos de los casos más paradigmáticos sean los de la
segunda Carta a los Corintios y los Filipenses. Respecto a 2Co hay estudiosos
que sostienen que se trataría, al menos de dos cartas (cc. 1-7 y cc. 10-13);
respecto a Filipenses, algunos piensan que se trataría de una mezcla de retazos de diversas cartas, en las que se reflejaría la variada correspondencia
de Pablo con los cristianos de Filipos. De nuevo se basan para ello en indicios internos, muchos de los cuales no son tales, pues un estudio detallado
y riguroso a menudo, más bien, lo que ha hecho es poner de relieve la
unidad de los escritos.
• Autenticidad e integridad, en todo caso, no son menoscabo ni para la inspiración ni para la canonicidad. No pocas veces, en quien piensa lo contrario se encuentra, de fondo, el deseo de rechazar o dejar en un segundo
plano algunos escritos cuya doctrina no está de acuerdo con sus propios
presupuestos. Resulta sorprendente ver con qué fidelidad se han transmitido y leído los escritos paulinos a lo largo de la historia de la Iglesia. En los
testimonios más antiguos no se encuentra rastro más que de las cartas tal y
como las tenemos, salvo las lógicas variantes textuales derivadas de la copia de textos. Además, ya los mismos Padres –hablando concretamente de
Hebreos– dejaron claro que la autenticidad no es cuestión dirimente para la
canonicidad: el factor determinante, en último término, es la recepción en
la Iglesia. No podemos dejar de lado este factor fundamental: de hecho,
son los textos canónicos los que el Espíritu Santo ha querido que sean norma y guía para la Iglesia
• No sabemos quién redactó las cartas, esto es, quién las puso materialmente
por escrito. Tampoco es posible saber con certeza absoluta cuándo, dónde
y en qué orden fueron escritas. Según la práctica de la época, el «autor» se
servía de un tercero que redactaba, de una forma más o menos libre, el texto. Además, nada nos impide pensar que el apóstol se sirviese de redactores diversos para sus cartas, o que incluso él redactase alguna de sus partes.
Pablo mismo firma, de su puño y letra, al final de alguna de ellas (cfr. 1Co
16,21; Ga 6,11; Col 4,18; 2Ts 3,17). Como no tenemos muchos elementos de
juicio, tampoco es fácil decantarse, en el caso de que algún texto hubiese
sido redactado por el mismo Pablo, si se trataría de los que tienden a ser
más tortuosos –cosa en la que influye o la formación y la destreza del que
escribe, o la espontaneidad del que dicta– o, más bien, de los más cuidados.
1.3. Destinatarios de los escritos paulinos
• Los destinatarios de las cartas paulinas son cristianos procedentes ya del
judaísmo ya de los gentiles.
• El contenido de las cartas está ligado a situaciones concretas de las que,
a menudo, desconocemos muchos detalles. Por eso normalmente se habla
de ellas como de «escritos ocasionales».
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• En no pocos casos, en los escritos se habla de unos adversarios de Pablo, de cuya identidad concreta no es fácil hacerse cargo, con frecuencia
porque el mismo autor evita descender a detalles, quizá para dar así un
sentido más universal a sus afirmaciones. En todo caso, debían de ser suficientemente conocidos por los destinatarios inmediatos.
1.4. Género de los escritos paulinos
• Los escritos paulinos se presentan, al menos formalmente, como cartas. En
el siguiente capítulo profundizaremos en este aspecto al tratar del género
epistolar.
• Además, en no pocas ocasiones, dentro del marco epistolar, en el cuerpo
de la carta, Pablo lleva a cabo discursos más o menos elaborados. De aquí
la necesidad de profundizar en la retórica, ya que solo una identificación
clara de las tesis y los argumentos del Apóstol puede llevarnos a una comprensión correcta de los textos.
• Una de las formas que tiene Pablo de argumentar es a través de la Escritura. De aquí surge otra cuestión, que se tratará en el último capítulo del
manual: Pablo y el Antiguo Testamento.
2. Transmisión e inclusión de las cartas paulinas en el canon
2.1. «Entregados y acreditados como divinos»
«(…) A la hora de mencionar estas cosas, adoptaré (…) el patrón de Lucas el
Evangelista (…) para ordenar entre sí los libros llamados apócrifos, y para diferenciarlos de la divina Escritura inspirada, que trata de lo que estamos firmemente persuadidos, tal y como los que desde el inicio fueron testigos y ministros de
la Palabra han transmitido a los padres; además, me pareció bien (…) definirte
los libros incluidos en el canon, entregados y acreditados como divinos (…). Hay,
pues, veintidós libros del Antiguo Testamento (…). Y tampoco olvidemos hablar
del Nuevo. Hay cuatro Evangelios (…). Después, los Hechos de los Apóstoles. Y
las siete cartas (…). Les siguen las catorce cartas de Pablo (…). Éstos son fuente
de salvación, para que los sedientos puedan satisfacerse con las palabras de vida
que contienen. Sólo en éstos se contiene la doctrina de la piedad. Nadie les añada
nada, nadie les quite» (Atanasio de Alejandría, Carta festal 39).
Este conocido texto pertenece a una de las cartas que escribió el patriarca de
Alejandría, Atanasio, con ocasión de una celebración de la Pascua (año 367).
En esta carta, el canon aparece como un cuerpo de libros delimitado y cerrado. Este canon está en estrecha relación con la regla de fe de la Iglesia. De él
quedan excluidas expresamente una serie de obras y/o doctrinas. Los libros
que están incluidos en él son considerados como divinos y como fuente de
salvación para los hombres.
Los libros del Antiguo Testamento son 22 porque aparecen agrupados. En esta
misma carta se habla de otros libros no incluidos en el canon pero de los que se
recomienda su lectura por su valor instructivo. Entre ellos se encuentra la Enseñanza de los Apóstoles y el Pastor.
En este canon aparecen, sin discusión de ningún tipo, los 27 libros del Nuevo
Testamento que hoy podemos encontrar en nuestras biblias.
2.2. Formación de la colección e inclusión en el canon
• El origen del «canon del Nuevo Testamento» se encuentra en los cuatro
Evangelios; o, más bien, en el evangelio «cuatriforme»: un único evangelio
con cuatro formas. Estos libros ocupan un lugar preeminente dentro del
Nuevo Testamento porque son «el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador» (Dei Verbum, n. 18). Del resto
de libros del Nuevo Testamento, dice Dei Verbum:
«El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene
también las cartas de san Pablo y otros libros apostólicos escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia disposición de Dios, se
confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se declara más y más su genuina
doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de Cristo, y se cuentan
los principios de la Iglesia y su admirable difusión, y se anuncia su gloriosa consumación» (n. 20).
• Si observamos los datos que nos aporta la historia sobre la formación del
«canon paulino», podemos constatar una evolución que va desde su composición literaria, pasando por su colección y transmisión, hasta su consideración como escritos sagrados y su inclusión en el canon. En este proceso podemos individuar unas etapas, no necesariamente consecutivas:
a) Pablo, escritor
Pablo escribió una serie de cartas a las comunidades cristianas del siglo I. De
ello dan ya fe tanto las mismas cartas de Pablo (1Ts 5,27) como otros escritos
del Nuevo Testamento (2P 3,15-16). Estas cartas fueron escritas con la autoridad apostólica que le había conferido su peculiar llamada divina. Al menos
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algunas, estaban pensadas para ser leídas en diversas iglesias (cfr. Col 4,16).
Además, seguramente Pablo escribió más cartas que las catorce canónicas (cfr.
1Co 5,9; 2Co 2,4; Flp 3,1; Ga 4,16).
b) Alusiones a textos paulinos
Los Padres y autores eclesiásticos más antiguos saben que Pablo escribió cartas (1Cle 47,1-3; Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios 12; Policarpo, Carta a
los Filipenses 3,2) y en sus obras muestran conocimiento de algunas de ellas, a
las que tienen una especial consideración u otorgan cierta autoridad.
c) Las cartas paulinas como Escritura
Ya en el siglo II, algunos Padres citan textos paulinos no solo como autoritativos sino como Escritura inspirada.
Especial relevancia tiene aquí la terminología usada por Teófilo de Antioquía:
«inspirada por el Espíritu de Dios» (A Autólico 1.14; cfr. 3.14.4-5). Expresiones
similares son: «inspirada por Dios» (1Cle 47.1-3), en torno al año 95, y «depósito
sagrado» (Tertuliano, Adversus Marcionem 4.5), en torno al año 200.
d) Colecciones de cartas paulinas
Los manuscritos más antiguos que hemos conservado testimonian la existencia de cuatro unidades literarias dentro del Nuevo Testamento: a) los Evangelios, b) los Hechos de los Apóstoles y las cartas católicas, c) las cartas paulinas,
d) el Apocalipsis.
Parece que las cartas paulinas circularon habitualmente como una colección de
catorce cartas, o trece más Hebreos, y además en un orden relativamente fijo. El
testimonio textual más antiguo que conservamos de esta colección es el papiro
P46, datado en torno al año 200, y que contiene con seguridad nueve cartas: Rm,
Hb, 1Co, 2Co, Ef, Ga, Flp, Col, 1Ts, [2Ts]. Al libro le faltan algunas páginas
iniciales y finales (conservamos 86 de 109), por lo que no podemos saber qué
contenía exactamente. De todos modos, no hay razones convincentes para negar que el manuscrito incluyese, ciertamente, 2Ts y Flm y, probablemente, las
Cartas Pastorales. Según los testimonios que conservamos, a partir del siglo IV
está generalizada la transmisión de la colección de 14 cartas: Códice Sinaítico
(siglo IV); Códice Vaticano (siglo IV) –de hecho, el códice contiene actualmente
solo 10 cartas, ya que faltan las Pastorales y Filemón, aunque presumiblemente
estas se encontraban en algunas páginas que se han perdido–; Códice Alejandrino (siglo V); Códice Ephrem Rescripto (siglo V); Códice Claromontano (siglo VI); etc.
e) Listas canónicas
El primer testimonio de listas de cartas paulinas que tenemos nos lo aporta
Tertuliano, en referencia al hereje Marción, el cual, en torno al año 150, aceptó
tan solo el Evangelio de Lucas, mutilado, y diez cartas de Pablo, con Gálatas a
la cabeza. Del siglo II (c. 170-180) podría ser también la lista encontrada en el
Códice de Muratori, pergamino cuya datación está muy discutida. Este documento, según la hipótesis tradicional, reproduciría la lista de libros que la
Iglesia de Roma del siglo II consideraba como canónicos, y entre los que se
encuentran todas las cartas de Pablo, con excepción de la Carta a los Hebreos.
El resto de listas de cartas paulinas más antiguas son ya del siglo IV. Eusebio
de Cesarea, en torno al año 310, dice que las catorce, incluida Hebreos, son «escritos del Nuevo Testamento» (Historia Eclesiástica, 3.3.5; 25.1-2.). A partir de
aquí, es unánime la referencia a catorce o trece cartas, en ocasiones trece más
la Carta a los Hebreos.
f) Definición del Concilio de Trento
La Iglesia católica definió de una forma solemne el canon de la Biblia en 1546,
en el Concilio de Trento (Sesión IV, de 8 de abril) –de facto, la Iglesia ya contaba con él desde hacía muchos siglos–, retomando lo establecido por el Concilio de Florencia (Decreto para los jacobitas, bula Cantate Domino, de 4 de febrero
de 1442, según fecha actual, y de 1441, según fecha florentina):
«(…) considerando que esta verdad y disciplina están contenidas en los libros escritos, y en las tradiciones no escritas, que recibidas de boca del mismo Cristo por
los Apóstoles, o enseñadas por los mismos Apóstoles inspirados por el Espíritu
Santo, han llegado como de mano en mano hasta nosotros (…). Resolvió además
unir a este decreto el índice de los libros canónicos (…). Del Testamento Nuevo
(…); catorce Epístolas escritas por san Pablo Apóstol (…)».
3. La exégesis de los escritos paulinos
• Clemente de Roma (†c.96) e Ignacio de Antioquía (†107) hacen referencia
a la actividad epistolar de san Pablo en sus escritos.
Lo mismo ocurre a lo largo del siglo II y a inicios del siglo III con Policarpo
(†c.155), Teófilo de Antioquía (†c.180), san Ireneo (†c.202) y Tertuliano (†c.220),
entre los más destacados.
• A partir del siglo III aparecen los primeros comentarios a cartas paulinas
completas.
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Entre los Padres de la Iglesia, grandes comentadores de san Pablo fueron Orígenes (†254), Mario Victorino (†c.366), san Juan Crisóstomo (†407), Severiano de
Gábala (†c.410), san Jerónimo (†420), Teodoro de Mopsuestia (†c.428), san Agustín (†430), Teodoreto de Ciro (†c.466). Se conservan unos comentarios a todas las
cartas paulinas bajo el nombre de Ambrosiaster (siglo IV), y otros obra de Pelagio
(†c.420), aunque estos últimos «corregidos» por quien nos los ha transmitido.
• Entre los siglos VIII y XIV se escribieron numerosos comentarios a las cartas paulinas, aunque la mayoría son muy deudores del Ambrosiaster, de
«Pelagio» y de san Agustín, en Occidente, y de san Juan Crisóstomo, en
Oriente:
Alcuino de York (†735), san Juan Damasceno (†750), Claudio de Turín (†827),
Haimo de Auxerre (†855), Rábano Mauro (†856), Sedulio Escoto (†858), Floro
de Lyon (†863), Ecumenio de Tricca (siglo X), Atto de Vercelli (†961), Lanfranco
de Canterbury (†1089), Bruno de Colonia (†1101), Teofilacto de Achrida (†1109),
Hugo de san Víctor (†1141), Herveo de Burdeos (†1150), Roberto de Melún
(†1167), santo Tomás de Aquino (†1274).
• También se han transmitido algunos fragmentos de comentarios a través
de cadenas o florilegios. En la Edad Media tuvieron gran importancia las
«postillas» y las «glosas», colecciones de breves comentarios al texto.
Autores importantes relacionados con la elaboración de las distintas postillas y
glosas son Anselmo de Laón (†1117), Gilberto de Poitiers (†1154), Pedro Lombardo (†1169), Hugo de san Caro (†1263), Nicolás de Gorrán (†1295) y Nicolás de
Lyra (†1349).
• A partir del siglo XV los comentarios a las cartas paulinas se multiplican
exponencialmente. Muchos de ellos están fuertemente marcados por las
tesis protestantes en torno a la justificación por la sola fe, especialmente los
comentarios a la Carta a los Gálatas y a la Carta a los Romanos:
Entre los primeros comentaristas más destacados de las diversas confesiones protestantes surgidas en el siglo XVI, están Lutero (†1546), Calvino (†1564) y Teodoro de Beza (†1605).
• En el campo católico, a lo largo de los siglos XX y XXI, algunos destacados
estudiosos de los escritos y de la teología paulina, han sido o son:
Ferdinand Prat (†1938), José María Bover (†1954), Lucien Cerfaux (†1968), Heinrich Schlier (†1978), Stanislas Lyonnet (†1986), Otto Kuss (†1991), Silverio Zedda
(†1992), Ceslas Spicq (†1992), Pierre Grelot (†2009), Simon Légasse (†2009), Jordi
Sánchez Bosch (†2011), Rinaldo Frabris (†2015), Joseph A. Fitzmyer (n. 1920), Albert Vanhoye (n. 1923), Romano Penna (n. 1937), Jean-Noël Aletti (n. 1942), Alfio
M. Buscemi (n. 1944), Antonio Pitta (n. 1959).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• canon
• inspiración divina
• griego koiné
• sagrada escritura
• apología
• manuscrito
• género epistolar
• códice
• retórica
• apócrifo
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿En qué orden se encuentran los escritos paulinos en la Biblia?
2. ¿Cuáles son las cartas proto-paulinas?
3. ¿Qué significa que las cartas paulinas son «escritos ocasionales»?
4. ¿Cuáles son los manuscritos más importantes en los que se contienen los escritos paulinos?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee los siguientes textos y haz un comentario personal utilizando los contenidos aprendidos:
«No se me oculta que la incredulidad de los judíos no admite estos testimonios [habla
de la Carta a los Hebreos, que ha citado profusamente], que están, desde luego, confirmados por la autoridad del Antiguo Testamento. En cuanto a los nuestros, hay que
decirles que esta carta, que se escribe a los hebreos, es recibida como del apóstol Pablo
no solo por las iglesias de Oriente, sino por todos los escritores eclesiásticos antiguos
de lengua griega, si bien la mayoría la atribuyen a Bernabé o a Clemente. Poco importa
de quién sea, con tal de que sea de hombre de la Iglesia y diariamente se apruebe con
la lectura de la misma Iglesia. La costumbre de los latinos no la admite entre las Escrituras canónicas; pero hay que notar que tampoco las iglesias de los griegos reciben
con la misma libertad el Apocalipsis de Juan. A pesar de ello, nosotros recibimos una
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y otro, no siguiendo en modo alguno la costumbre de este tiempo, sino la autoridad
de los antiguos escritores, que usan frecuentemente de testimonios de una y otro, no
como suelen a veces hacerlo con los apócrifos –los ejemplos de letras gentiles son muy
raros–, sino como de Escrituras canónicas y eclesiásticas».
(San Jerónimo, Epístola 129.3, a Dárdano)
TEMA
CONTEXTO DEL SIGLO I
1
2
La actividad de Pablo se desarrolló en un entorno geográfico, histórico y
cultural muy concreto. Para comprender mejor sus escritos es necesario,
por tanto, estudiar también dicho contexto, marcado por las tres culturas
que, en el siglo I, confluyeron en la persona del Apóstol: la judía, la helenística y la romana.
SUMARIO
1. TRES CULTURAS • a) Diáspora y religión judías • b) Cultura, religión y filosofía en la época helenística • c) Paz, comunicaciones y derecho en el Imperio romano 2. CONTEXTO LITERARIO • a) Literatura judía y literatura cristiana • b) Género epistolar y retórica
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1. Tres culturas
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Suele decirse que Pablo es un hombre de tres culturas: la judía, la helenística y
la romana. El Apóstol tuvo influencias de estos tres ámbitos.
1.1. El ambiente judío
• La diáspora. Especialmente desde la época del destierro (siglo VI a.C.),
el pueblo hebreo sufrió una serie de avatares que ocasionaron una gran
dispersión (diáspora) de sus miembros.
–En el siglo I había judíos por todo el Imperio romano; en algunos casos
eran despreciados e incluso no tolerados, y en otros admirados. De
entre estos últimos surgían los «temerosos de Dios» o «prosélitos»: paganos que se asociaban a la sinagoga y compartían la fe en el Dios de
Israel.
–Los judíos que ya nacieron y crecieron lejos de su ambiente natural,
integraron modos de pensar de los lugares en los que estaban, adquiriendo así en no pocos casos una mentalidad más abierta y enriquecida,
sin renunciar por ello a su propia fe y cultura. Pablo mismo nació y se
crio en la diáspora, y de la diáspora eran también los judíos a los que
predicó en ciudades como Atenas, Corinto, Éfeso o Roma. En las grandes ciudades portuarias del Imperio había judíos, y allí se dedicaban
activamente al comercio.
–En Alejandría, por ejemplo, se produjo una profunda fusión entre cultura helénica y mentalidad judía. Fruto de ello fue la traducción de las
escrituras sagradas hebreas al griego («la Septuaginta» o «los Setenta»,
abreviadamente LXX), cuyo texto será el de uso común para los primeros cristianos.
• Grupos religiosos. El judaísmo del siglo I es una realidad compleja. Tenemos constancia de que había diversos grupos, entre los que destacaban
los fariseos y los saduceos. De ellos nos hablan los evangelios y también
autores de la misma época, como es el caso del judío Flavio Josefo.
–Los fariseos adquieren gran relevancia en la época macabea, en el siglo II a.C. Este grupo hace una interpretación estricta de la ley de Moisés, pero acepta también la tradición oral, transmitida y enriquecida
por los sabios o rabinos. Muchos entre ellos eran rabinos o maestros
de Escritura. Pablo dice ser fariseo y, como demuestra en sus escritos,
posee un profundo conocimiento de la Escritura y de los métodos de
exégesis rabínicos.
–Al grupo de los saduceos pertenecían los representantes de las familias
sacerdotales. Estos rechazaban la inmortalidad del alma y la resurrección final (cfr. Mt 22,23-32) y la existencia de los ángeles (cfr. Hch 23,8).
Por otro lado, se atenían a una interpretación literal de la Ley, rechazando las tradiciones orales. Los saduceos aceptaban exteriormente la
dominación romana, pero procuraban mantener la independencia del
pueblo judío y la vigencia de sus propias instituciones.
–Los esenios, grupo parcialmente afín a las posturas de los fariseos, se
constituían en comunidades –la de Qumrán es quizá la más conocida–,
llevaban una intensa vida ascética y de estudio, y su mentalidad era
apocalíptica y escatológica.
–Los zelotes era un grupo que se oponía a la dominación romana.
1.2. El ambiente helenista
• El periodo helenístico es la etapa histórica de la Antigüedad cuyos límites son la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) y el suicidio de Marco
Antonio (30 a.C.). El helenismo es la herencia de la cultura helénica de la
Grecia clásica, que se difunde durante esos siglos por todos los territorios
de habla griega o dominados por los sucesores de Alejandro Magno. Esta
influencia afectaba fundamentalmente a la gente culta y de la aristocracia.
El griego común o koiné se convirtió en uno de sus preciosos canales de
difusión. Esta corriente cultural también afectó a Palestina, ya desde el
siglo IV, aunque en general el pueblo judío consiguió mantener su identidad propia, incluso durante el conflictivo contexto de la rebelión de los
macabeos contra Antíoco IV. Es precisamente en torno a estos acontecimientos cuando se perfilan los rasgos de los grupos religiosos judíos que
hay en la época de Pablo.
• Durante el periodo helenista tuvo lugar una auténtica revolución religiosa
que, lógicamente, formaba parte del humus de los pueblos a los que Pablo
estuvo predicando.
–Por un lado, aún en el siglo I había cierta pervivencia, al menos a nivel
popular, de la religión tradicional de los dioses olímpicos: véase el
motín de Éfeso en honor de Artemisa, descrito en Hch 19,24-29, o la
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reacción de los habitantes de Listra, que tomaron a Bernabé por Zeus y
a Pablo por Hermes (Hch 14,11-13). Sin embargo, esta religión se encontraba en decadencia, habiendo dejado paso en parte a la superstición y
a la magia.
–Por otro lado, se estaba dando en la cuenca del mediterráneo una difusión creciente de las religiones mistéricas. Hasta el siglo I, algunas de
ellas, como la de los misterios de Eléusis, se habían practicado en varios
lugares, pero nunca habían salido de restringidos círculos de iniciados.
Otras, como las de los misterios órficos (esta, asociada al culto de Dionisio) o los misterios de Isis, estaban más difundidas. En los ritos de estas
religiones, mezcla de corrientes occidentales y orientales, se llevaban a
cabo ceremonias de purificación, a fin de asegurar felicidad e inmortalidad, u orgiásticas, con las que conseguir una especie de éxtasis. El contexto de fondo de las cartas a los Colosenses y a los Efesios parece hacer
referencia a este tipo de religiones. El Apóstol, en todo caso, recurrió a
un lenguaje en parte común con estos fenómenos, pero con una discontinuidad de sentido patente.
• También es importante resaltar el fenómeno de la filosofía popular, dominado por tres corrientes de pensamiento: el platonismo medio, el cinismo
y el estoicismo.
–El platonismo medio floreció sobre todo en Alejandría, y tuvo como
destacados representantes a Filón y Plutarco.
–El cinismo predicaba el desprendimiento de los bienes materiales y la
exaltación de la libertad individual. Sus postulados, sin embargo, no están en el origen de la predicación paulina sobre la libertad (cfr. Ga 5,1),
la exaltación de la pobreza (cfr. 2Co 12,14-15), o las protestas contra las
injusticias de los poderosos (cfr. 1Co 2,8), doctrinas estas cuyo origen es
la predicación de Cristo.
–El estoicismo, corriente más difundida y popular, tuvo como representante destacado, en la época de Pablo, a Séneca. Es probable que
esta corriente sí influyera en la forma de presentar el Apóstol algunos
temas, por ejemplo el monoteísmo hebraico del discurso del Areópago
(Hch 17,24-31) o de su «paralelo» en Rm 1,18-20. La insistencia de esta
corriente en el desprendimiento material y en la virtud es otro tema
frecuentemente abordado por Pablo, pero se trata de una semejanza
general de temas y terminología; la forma cristiana de concebir el fondo
de estas cuestiones es diferente.
1.3. El ambiente romano
• El factor político más importante de la época del Nuevo Testamento es la
amplitud y el poder del Imperio romano. En torno al año 275 a.C., Roma
ya había extendido su poder a casi toda la península itálica. Tras las guerras púnicas con Cartago (264-146 a.C.), su poder se desplegó por el Mediterráneo occidental y, a lo largo de los siglos III-II a.C., como consecuencia
de las guerras con los macedonios y los seléucidas, también por el Mediterráneo oriental. Después de la muerte de Julio César (44 a.C.), sin embargo,
a partir del 29 a.C. comenzó, con César Augusto (Octaviano), una era de
paz en las regiones interiores del Imperio, que se prolongó hasta casi finales del siglo II d.C. Solo la provincia de Judea turbó esa paz.
• La unificación conseguida por el Imperio, y la prolongada época de paz,
favorecieron la intensificación de las comunicaciones –se construyó una
magnífica red de calzadas– y del comercio –se combatió la piratería– (destaca, en todo caso, la pobreza de la Palestina del siglo I), además de la
unidad cultural, a la que ya contribuía el griego koiné –en el Oriente– y el
latín –en el Occidente–. El griego poco a poco se extendió a las clases cultivadas de todo el Imperio, convirtiéndose en lengua franca. Esta situación
también contribuyó al cosmopolitismo religioso y filosófico.
• Con César Augusto, las provincias romanas pasaron a ser de dos grupos: senatoriales e imperiales; para las primeras, el Senado nombraba gobernadores (procónsules), los cuales eran supervisados por procuradores
que nombraba el mismo emperador; las segundas eran administradas por
gobernadores llamados propraetores, designados por el emperador. Estas
provincias estaban en las fronteras del Imperio (Siria, Cilicia y Galacia, por
ejemplo), y tenían tropas estacionadas permanentemente. Judea (la parte
central de Palestina) –en manos de los romanos desde la muerte de Herodes el Grande, el año 4 a.C.– fue provincia imperial de tipo procuratorial
(su gobernador era un procurador o comandante). Esta provincia estaba
rodeada de reinos que gozaban de una aparente independencia, pero que
en realidad eran vasallos de Roma: Galilea, Iturea, Traconítide, Abilene,
los nabateos.
• El Imperio contaba, además, con un magnífico sistema jurídico, que, aunque respetuoso con las costumbres locales y nacionales, siempre estaba dispuesto –en la teoría– a establecer una justicia igual para todos los pueblos.
En el contexto del respeto por las costumbres de cada pueblo, cada ciudad
mantenía, según su condición, su propia magistratura: en Éfeso, la asam-
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blea general y la gerousia; en Judea y Jerusalén, el Sanedrín; en Atenas, el
areópago o tribunal supremo; etc. En muchas ciudades de reciente fundación (coloniae) las magistraturas eran de tipo romano. Estas colonias tenían
su origen, en general, en asentamientos de antiguos legionarios; tal era el
caso de Filipos o de la Corinto reconstruida. Característicos de este sistema
jurídico eran los privilegios de los que gozaban los ciudadanos romanos.
Estos fueron ampliándose poco a poco, hasta su abolición a principios del
siglo III d.C.
2. Contexto literario
2.1. Literatura judía y literatura cristiana
Los escritos paulinos se sitúan en un riquísimo contexto literario:
• Por un lado, nos encontramos con la literatura judía, sea bíblica «canónica» sea intertestamentaria. A esta última pertenece la literatura de
Qumrán, la apócrifa y la rabínica, que a menudo consiste en comentarios
de o en torno a los escritos bíblicos, y de los que se extrae alguna enseñanza de tipo moral-espiritual (haggadah) o legislativo (halakhah): escritos
apócrifos, midrashim, targumim, pesharim, etc.
• Por otro, la literatura cristiana. Aunque seguramente desde muy pronto
existieron colecciones de dichos y hechos de Jesús, todo parece indicar que
los escritos paulinos más antiguos constituyen la primera literatura cristiana, anterior a los mismos evangelios. Estos escritos fueron motivados
–como se ve por su contenido– por la necesidad de resolver problemas
concretos, rellenar lagunas de la predicación, dar noticias y, en fin, hacer
presente la figura autoritativa y el desvelo paterno del Apóstol en las comunidades cristianas nacientes.
2.2. El género epistolar
• El género epistolar ya era conocido en la Antigüedad tanto en ámbito grecorromano como en el mundo bíblico (cfr. 1R 21,8-10; 2R 19,9-14; 2M 1,1-9;
2M 1,10-2,18). Cicerón (106-43 a.C.) destaca tanto por la teorización sobre
el género como por su actividad epistolar. La teoría epistolar, por ejemplo,
habla de cartas públicas o privadas, y luego establece diversos subgéneros.
• El Nuevo Testamento consta de 27 libros; 21 de ellos son cartas, al menos
desde el punto de vista formal. De estos 21 escritos, 14 son paulinos.
• ¿Qué es una carta? La carta es una forma escrita de comunicación que
permite salvar la distancia que separa a remitente y destinatario, y que se
presenta como una sustitución de la comunicación oral; por tanto, una de
sus características es la espontaneidad. Aunque no siempre sea así, normalmente la carta implica cierto diálogo entre emisor y destinatario, en el
que hay referencias externas a las últimas cartas escritas, etc. Por tanto, la
carta suple la presencia del dialogante, y minimiza tanto el tiempo como
el espacio que separa a ambos.
• En la carta podemos hablar de enunciado (lo que se quiere comunicar) y
enunciación (las imágenes creadas tanto del autor como del receptor).
• Los escritos paulinos recurren formalmente al género epistolar, aunque de
una forma muy personal. Mientras que las epístolas clásicas suelen regirse
por modelos rígidos y se revelan a menudo como formas de autopresentarse o autojustificarse, como medio de difusión de escritos doctrinales, o
como ejercicios literarios ficticios y con fines fundamentalmente retóricos,
los escritos paulinos destacan por su cercanía y espontaneidad.
• En las cartas paulinas hay una mezcla del lenguaje o modo oral con el escrito. En todo caso, en las más tardías hay un desplazamiento del primero
al segundo.
• Podríamos definir los escritos paulinos como cartas privadas sui generis.
Estos documentos conservan el tono de lo familiar y privado, pero al mismo tiempo su autor se sabe, como apóstol, representante de la cristiandad
primitiva, y escribe pensando también en la utilidad de otros lectores diversos a los destinatarios inmediatos.
• En el caso de san Pablo, el emisario o portador de la carta tiene también
una gran importancia, ya que recibe cierta autoridad por parte del apóstol,
no solo para llevarla, sino para convertirse en un continuador de su trabajo
apostólico.
• La pseudoepigrafía. Una práctica corriente ya en la época paulina era la
de firmar un escrito con el nombre de una persona de reconocida autoridad. Con el caso de los apóstoles o de los discípulos más destacados, esto
fue frecuente en los primeros siglos de la Iglesia (véanse los escritos apócrifos).
• Al igual que las epístolas de la Antigüedad, los escritos paulinos suelen
constar de encabezado, cuerpo y despedida, si bien el Apóstol normalmente incluye tras el encabezado una acción de gracias en clave cristiana,
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que es como una presentación de los temas que va a abordar en el cuerpo
o parte central de la carta.
• Un análisis detallado del contenido del cuerpo de los escritos paulinos pone
de relieve que, con frecuencia, diversas partes tienen una función muy concreta según el contexto en el que aparecen: esto es, para entender bien las
diversas afirmaciones, es necesario comprender bien de qué está hablando
el Apóstol y a dónde quiere llegar. Esas afirmaciones no tienen a menudo
un sentido «absoluto», sino en función de una argumentación general que
está desarrollando. Esto nos introduce en el mundo de la retórica.
2.3. La retórica clásica y la retórica semítica
• La retórica es la disciplina que estudia las técnicas de utilización del lenguaje con una finalidad persuasiva. Ahora bien, para entender bien la retórica específicamente paulina es necesario recurrir a la categoría de «lenguaje religioso» en el que se encuadran sus escritos. Desde este punto de
vista, hay que tener en cuenta que el lenguaje sagrado busca la «comunicación»; el mensaje se impone por sí mismo. Y en esto se diferencia de la
retórica clásica. Es más, cabe señalar que la retórica en la Biblia no deja por
ello de apelar a la racionalidad humana.
• Pablo, en los pasajes de tipo discursivo, en los que quiere exponer un tema
y llegar a unas conclusiones, sigue un esquema parecido: establece una
proposición o tesis y aporta unas pruebas que la sustentan, basadas ya en
la experiencia, ya en las Escrituras –en este ámbito adquiere gran relevancia el recurso que el Apóstol hace al Antiguo Testamento; hablaremos de
ello en el último tema–, ya en argumentos de razón (cfr. Ga 3-4; Rm 9-11;
Flm 1-25). La forma de organizarlo todo recibe el nombre de dispositio.
• Siempre de un modo personal, en las argumentaciones paulinas podemos
descubrir algunos de los rasgos de los tres géneros oratorios de la retórica
clásica griega:
– el judicial: se desarrolla ante un juez; de lo que se trata es de acusar o defender;
versa sobre un asunto del pasado; se desarrolla en términos de justicia frente
a injusticia;
– el deliberativo o forense: se desarrolla ante una asamblea; de lo que se trata es
de aconsejar o disuadir; versa sobre un hecho futuro; se desarrolla en términos
de utilidad o perjuicio;
– el demostrativo o epidíctico: se desarrolla ante un público (que no puede influir
sobre los hechos) que debe asentir o disentir; de lo que se trata es de alabar o
denostar a individuos particulares (encomio o vituperio); versa sobre hechos
pasados, se centra en lo bello y lo feo.
• No sería justo analizar los textos paulinos para encontrar en ellos –forzando los textos– modelos retóricos clásicos. Si consideramos que la retórica
lo que hace es explicitar y teorizar diversos mecanismos de la psicología
y del lenguaje humanos que intervienen en la comunicación –en los que
se incluyen argumentos de razón, y argumentos basados en el ethos o en
el pathos–, cualquiera de nosotros «recurre» a la retórica continuamente
«sin darse cuenta». Por ello, lo justo es pensar que Pablo tendría algún conocimiento de la retórica clásica –los cuales se obtenían en una enseñanza
superior que, previsiblemente, no recibió el Apóstol–, pero que su recurso
a él era muy libre.
• Existe también una retórica específicamente semítica, de la que encontramos innumerables huellas en el Antiguo Testamento, y a la que ciertamente recurre Pablo. Esta retórica bíblica semítica tiene dos características esenciales: la «binaridad» (paralelismos simples, quiasmos, etc.) y la
«parataxis» (coordinación) (cfr. Roland Meynet, Trattato di retorica biblica,
Bologna: EDB, 2008).
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• diáspora
• macedonios
• prosélito
• seleúcidas
• rabino
• midrash
• helénico
• targum
• macabeo
• pésher
• platonismo
• pseudoepigrafía
• cinismo
• ethos
• estoicismo
• pathos
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Cuáles son los grupos religiosos judíos de la época de san Pablo?
2. ¿Qué son las religiones mistéricas?
3. ¿Cuáles son las tres corrientes de la filosofía popular griega del siglo I?
4. ¿Cuáles son los factores promovidos por el Imperio romano que facilitaron la
evangelización llevada a cabo por Pablo?
5. ¿Por qué Pablo escribe cartas?
6. ¿Cuáles son las características fundamentales de la retórica paulina?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
Para Pablo la carta es un medio de comunicación con las comunidades que ha visitado
o fundado. Es una forma de presencia, ya sea que prepare su venida a la comunidad (p.
ej., Rm 15,14-33; 1Co 4,14-21; 16,1-11; 2Co 2,1; 13,1ss., Col 2,5…), ya sea que resuelva
problemas como si el Apóstol estuviese presente (1Co 5,3). La carta es un escrito de
circunstancia que no pretende la publicación. Está sobre todo destinada a ser leída en
voz alta a los miembros de las comunidades: es el origen de su uso litúrgico que pre-
valecerá en la Iglesia. «Y cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que
también se lea en la iglesia de Laodicea; y la que os llegue de Laodicea, leedla también
vosotros» (Col 4,16). La carta tiene en cuenta la distancia espacio-temporal. Debe ser
llevada a los destinatarios por un colaborador encargado por Pablo, de Éfeso a Colosas
o de Éfeso a Corinto, o también de Éfeso a Cesarea o a Roma, a pie o en barco, cosa que
requiere un cierto lapso de tiempo. (…). El fin de estas cartas es el de hacer descubrir
a las comunidades la identidad de la persona de Cristo y el de introducirles en la vida
cristiana. No son tratados de teología. No son un modo entre otros de hablar de Cristo.
Expresan diversos aspectos de la revelación de Cristo resucitado confiados al Apóstol
(Ef 3,1-13). En cuanto tales, son el fundamento sobre el que se edifica la comunidad.
(Chantal Reynier, Per leggere san Paolo,
Brescia: Queriniana, 2009, pp. 100-101).
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TEMA
PABLO DE TARSO
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Las fuentes con las que contamos para conocer la vida y el pensamiento
de san Pablo son fundamentalmente dos: los catorce escritos paulinos
y el libro de los Hechos de los Apóstoles. De menor interés histórico son
algunas obras apócrifas atribuidas a Pablo o que hablan de Pablo; sin
embargo, estas nos sirven para conocer mejor el ambiente religioso de
los primeros siglos del cristianismo.
SUMARIO
1. PABLO EN SUS ESCRITOS • Datos autobiográficos de las cartas 2. PABLO EN
LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES • a) Obra cerrada con el tercer evangelio • b)
Paralelos Jesús-Pablo • c) Viajes de Pablo · d) Discursos de Pablo 3. PABLO EN
OTRAS FUENTES • Escritos canónicos, tradiciones y escritos apócrifos 4. CRONOLOGÍA PAULINA • Cronología relativa • Acontecimientos datables • Cronología
tradicional
1. Pablo en sus escritos
En los escritos paulinos se nos ofrece la siguiente imagen de Pablo:
• Autoridad apostólica. Esta autoridad se basa tanto en la elección divina
como en la entrega incondicional del Apóstol a predicar el Evangelio de
Cristo. En esta línea, es presentado como predicador y defensor de la sana
y verdadera doctrina.
• Respecto a sus datos (auto) biográficos, no se hace referencia más que a
aquellos que contribuyen a poner de relieve la vida de celoso fariseo que
el Apóstol llevaba antes de su encuentro con Cristo (cfr. Ga 1,13-14; 1 Co
15,9; 2 Co 11,21-22; Flp 3,5-6) y, después, a los que resaltan su sincera y
efectiva entrega por el Evangelio.
• Desde este punto de vista, uno de los acontecimientos más relevantes es su
vocación: Pablo, al encontrarse con Cristo y experimentar su misericordia,
pasó de ser celoso perseguidor de la Iglesia a ejemplar apóstol de los gentiles (cfr. Ga 1,11-24; Flp 1,16; 1Tm 1,12-17; etc.).
• En los escritos hay continuas referencias a viajes apostólicos, a desvelos
por los miembros de las comunidades fundadas y a contrariedades de
todo tipo.
• Las cartas nos hablan, lógicamente, de un Pablo escritor. En los Hechos de
los Apóstoles no hay ninguna mención a dicha actividad. En este libro se
nos presenta a un Pablo viajero y predicador. Ambas imágenes son complementarias. Volveremos a mencionar este hecho en el epígrafe siguiente.
• No faltan, en los escritos, referencias indirectas a la predicación del Apóstol; los Hechos de los Apóstoles se centran en este aspecto de la actividad
apostólica de Pablo.
• En las cartas hay escasas referencias a la relación de Pablo con los Doce y
con la Iglesia de Jerusalén, aunque las que aparecen son muy relevantes.
También se hace mención a su relación con la Iglesia de Antioquía. Son
más frecuentes las referencias a sus colaboradores en la misión apostólica:
Bernabé, Timoteo, Silas, etc.
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2. Pablo en los Hechos de los Apóstoles
En el libro de los Hechos de los Apóstoles tenemos una manifestación muy temprana de la tradición paulina: esto es, de cómo empezaron a ser recibidos y
transmitidos en la Iglesia la figura y el pensamiento paulinos ya a mediados-finales del siglo I. Lucas es, en efecto, independientemente de su relación
personal con Pablo, un receptor de la tradición paulina. Para algunas de las
ideas que siguen a continuación, me he servido de las publicaciones de Odile
Flichy (especialmente de La obra de Lucas y de La figure de Paul dans les Actes
des Apôtres).
2.1. Objeto del libro: una obra cerrada con el tercer Evangelio
• Lucas, en el conjunto Evangelio-Hechos, inserta la figura y la vida de Pablo en la historia de la Iglesia naciente. En el libro de los Hechos se nos
describe la extensión progresiva del Reino de Dios por el mundo entero,
la manifestación de la salvación de Dios a toda carne: este fue el programa fijado por Jesús a sus apóstoles, tras su resurrección (cfr. Lc 24,45-49;
Hch 1,6-8).
• A lo largo de la narración, en Pedro encontramos las bases teológicas
para esta expansión (cfr. Hch 11); Pablo será el modelo de misionero
que la lleva a cabo: «predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al
Señor Jesucristo con toda libertad y sin ningún estorbo» (cfr. Hch 28,31 y
1,1-3).
2.2. Los personajes del libro de los Hechos de los Apóstoles
Los Hechos de los Apóstoles dibujan una estrecha relación entre Jesús y la
tradición apostólica. La vida de los apóstoles –Esteban, Felipe, Pedro, Pablo– se conforma con la vida de Jesús. Cada discípulo tiene uno o varios
rasgos que lo asemejan a Cristo. Este aparece así claramente como el modelo
fundador del discípulo, aquel en quien está arraigado el sentido de la misión
de la Iglesia, pero, sobre todo, el que sigue presente en su Iglesia a través de
todos los que dan testimonio en su nombre. Los apóstoles y los discípulos
dan testimonio de esta presencia y de la salvación ofrecida al mundo entero.
Todos ellos, además, son asistidos por el Espíritu Santo. La Iglesia verdadera
es apostólica.
Dentro de los paralelismos que el libro establece entre las vidas de Jesús y los
apóstoles, y las de los apóstoles entre sí, el que aquí más nos interesa es el de
Jesús-Pablo:
• Lo mismo que Jesús, Pablo va a predicar a las sinagogas (Lc 4,15.16.33.44;
6,6; 13,10; Hch 9,20; 13,5.14; 14,1; 17,1-2.17; 18,4.19; 19,8).
• Igual que Jesús, Pablo expulsa espíritus impuros (Lc 4,33-36; Hch 16,16-18).
• Lo mismo que Jesús había tomado «la decisión de ir a Jerusalén», Pablo
«tomó la decisión de ir a Jerusalén (…), pensando: “Después de estar allí
debo visitar también Roma”» (Lc 9,51; Hch 19,21).
• Igual que el evangelio para la pasión de Jesús, el relato de Hechos implica
también anuncios de la pasión de Pablo: «Ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber qué es lo que me pasará allí, excepto
que por todas las ciudades el Espíritu Santo testimonia en mi interior para
decirme que me esperan cadenas y tribulaciones», dice Pablo, mientras
que el profeta Agabo, después de haberse atado las manos y los pies con
el ceñidor de Pablo, declara: «Esto dice el Espíritu Santo: “en Jerusalén, los
judíos atarán así al hombre a quien pertenece este cinturón, y le entregarán
a manos de los gentiles”» (Lc 9,22.44; 18,31-33; Hch 20,22-23; 21,11).
• «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya»; a esta oración de Jesús en el
monte de los Olivos le hace eco la reacción de los compañeros de Pablo ante
su determinación de ir a Jerusalén, dispuesto a morir allí por el nombre del
Señor «¡Hágase la voluntad del Señor!» (Lc 22,42; Hch 21,14).
• Sobre todo es el final de los relatos de los Hechos, dedicado al arresto y el
proceso de Pablo (Hch 20-28), el que aparece como calcado sobre el relato
de la pasión de Cristo. Para designar estos capítulos se habla del relato de
la «Pasión de Pablo»:
Igual que Jesús, Pablo es azotado antes del proceso (Lc 22,63; Hch 23,2).
Igual que él, comparece ante el Sanedrín al día siguiente de su arresto (Lc 22,66-71;
Hch 22,30-23,10).
Después, comparece ante las autoridades romanas (a Pilato corresponde la figura de
Félix) (Lc 23,1-7; Hch 24,1-27).
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Luego, comparece ante las autoridades judías, representadas por el rey Agripa, deseoso de escucharle, como había sucedido en el caso de Jesús con el rey Herodes («Herodes
se alegró mucho de ver a Jesús, porque desde hacía bastante tiempo deseaba conocerlo») (Lc 23,8-12).
Igual que Jesús, conducido ante Pilato, Pablo comparece de nuevo ante las autoridades romanas, representadas por el gobernador Festo (Lc 23,13-24; Hch 25,1-12).
Es «entregado» (el mismo término empleado para Jesús) junto con algunos otros prisioneros («Llevaban también con él a otros dos malhechores para ejecutarlos») (Lc 23,25.32).
Algunos exegetas ven en el episodio del naufragio en el capítulo 27 el equivalente simbólico del relato de la muerte y la resurrección de Jesús. En efecto, este episodio subraya
la dimensión salvífica aportada a todos por mediación de Pablo, cuya inocencia queda
así definitivamente establecida.
2.3. Viajes de Pablo en los Hechos
En Hechos, Pablo es un viajero. Lucas no nos lo presenta como un escritor.
Tampoco es necesario que lo haga. Su libro tiene unas características muy
concretas. Además, Jesús no escribió nada: el hecho de escribir no le serviría
a Lucas como ejemplo de paralelo Pablo-Jesús. El lector de Hechos presumiblemente ya sabe que Pablo escribió cartas; a Lucas le interesa fijarse en otras
cosas. Por eso, se centra en los viajes y en los discursos.
a) Primer viaje apostólico (Hch 13,1–14,28)
• Este viaje fue una tarea encomendada por la Iglesia de Antioquía. En él,
Pablo no tuvo la responsabilidad directa. En los lugares que visitaron
–Chipre y Galacia– había muchas comunidades judías (fruto de la diáspora), a menudo en localidades donde la mayoría de habitantes era gentil.
• El inicio de la predicación a estos últimos y los frutos que hubo, alentaron
la discusión que tendría su culmen en la Asamblea de Jerusalén, narrada
en Hch 15,1-35 (cfr. Ga 1). La decisión allí adoptada («lo único necesario
era ser de Cristo, vivir con Cristo y según sus palabras»), supondrá un esclarecimiento en la naturaleza de la obra redentora de Cristo y un impulso
definitivo a la universalización de la Iglesia.
b) Segundo viaje apostólico (Hch 15,36–18,22)
• En este viaje ya no participó Bernabé. En su lugar fueron Silas y, desde
Listra, Timoteo. En esta ocasión se trata de una misión dirigida por Pablo mismo. O, más bien, por el Espíritu Santo. En efecto, fue en Tróade,
a orillas del mar Egeo, donde Pablo vio en sueños a un macedonio que
le pedía ayuda. Fue así como al apóstol dio el salto a Europa. Allí fundó
algunas de las comunidades que más alegrías le dieron (Filipos y Tesalónica).
• Otro evento fundamental de este viaje fue la predicación en Acaya: Atenas y Corinto. Lucas nos relata en el discurso del Areópago los esfuerzos
de Pablo por predicar el Evangelio según las categorías griegas, para dar
a entender a los griegos que este Dios de los cristianos, de los judíos, no
era un Dios extranjero a su cultura, sino el Dios desconocido que esperaban, la verdadera respuesta a las preguntas más profundas de su cultura.
c) Tercer viaje apostólico (Hch 18,23–21,16)
• Durante este viaje, Pablo permaneció en Éfeso dos años. Desde allí seguramente escribió muchas de sus cartas. Éfeso ha quedado para nosotros
como uno de los lugares donde Pablo se identificó más profundamente
con los sufrimientos de Cristo, al ser perseguido, encarcelado y enfrentado con las fieras.
• El suceso fundamental de este viaje es el discurso de despedida dado en
Mileto. Estas palabras, que guardan una gran semejanza con las ideas que
encontramos en las cartas paulinas, son una especie de testamento espiritual de Pablo: en ellas se nos ofrece el retrato del auténtico pastor de la
Iglesia.
• Tras este viaje, Pablo es apresado en el Templo de Jerusalén y, después de
una serie de procesos, enviado a Roma (Hch 21,27–28,31). De esta etapa de
su vida, destacan el discurso de defensa ante el pueblo judío (Hch 22,1-21),
el discurso ante Félix(Hch 24,10-21), el discurso antre Agripa (Hch 26,223); el naufragio y la estancia en Malta (Hch 27,13-28,10), y las conversaciones de Pablo con los judíos de Roma (Hch 28,17-28).
37
38
2.4. Discursos de Pablo en los Hechos
En el libro de los Hechos hay nueve discursos de Pablo, incluidos en sus diversos viajes apostólicos: uno en Antioquía de Pisidia, uno en Listra, uno en
Atenas, uno en Mileto, uno en Jerusalén, dos en Cesarea Marítima, uno durante el viaje entre Creta y Malta y uno en Roma. Unas notas sobre los más
importantes:
a) Discurso en Antioquía de Pisidia (Hch 13,16-41)
• Pablo visita la sinagoga para testimoniar la resurrección de Cristo. De este
modo, sigue la norma de predicar en primer lugar a los judíos la venida
del Mesías y de invitar a creer en el cumplimiento de las promesas divinas, aunque en este caso se trata de un judaísmo de la diáspora ya abierto
a un mundo no judío. Lucas afirma que en Iconio siguieron la misma costumbre, y de aquí podemos deducir que el discurso de Antioquía es un
relato «tipo» de la forma de predicar Pablo en las sinagogas. En todo caso,
este texto se nos presenta como el sermón inaugural del Apóstol.
• El discurso tiene un doble auditorio: se trata de judíos y de temerosos de
Dios. Las palabras de Pablo siguen, según algunos, el esquema de la predicación sinagogal: consiste en comentar algunos pasajes de las Escrituras,
iluminándolos mutuamente. El discurso consta de tres partes: un resumen
de la historia de Israel (el tiempo de la preparación); la predicación de la
vida, muerte y resurrección de Jesús (el tiempo de Jesús); la aplicación
del mensaje evangélico: una invitación a recibir este mensaje en la fe (el
tiempo de la salvación). El anuncio de la resurrección de Jesús es la parte
central del discurso.
• La idea clave es la de cumplimiento en Jesús de lo ya escrito (Sal 2,7; Is
53,3; Sal 16,10; Ha 1,5; además de las referencias genéricas de Hch 13,27.29).
En la cadena de referencias veterotestamentarias se inserta a Juan el Bautista: su figura y su predicación sirven de conexión y confirmación de lo
que precede. El punto focal de las citas usadas es Jesús: su vida, muerte y
resurrección (vv. 23.25.29.30.31). Jesús es el heredero de David, en el que se
cumplen sus profecías: es, por tanto, el Mesías. Además, es Salvador, ha
sido exaltado a través de su resurrección (v. 34). Esta predicación sobre Jesús
desemboca en un ofrecimiento de salvación: la justificación (vv. 38.39.47).
b) Discursos en Listra (Hch 14,15-17) y Atenas (Hch 17,22-31)
• Entra ahora en escena un nuevo contexto: el del sincretismo religioso del
mundo grecorromano y su incompatibilidad con la fe en el Dios único y
39
40
vivo. Por ello, el tono de estos textos es diferente. La forma de predicar se
adecúa ahora a unos auditorios para los que la figura del Mesías y las Escrituras no dicen gran cosa. La preocupación fundamental es el politeísmo.
• El discurso de Atenas, en concreto, es un ejemplo de predicación fuera de
la sinagoga y del ámbito de los temerosos de Dios (cfr. 1Ts 1,9-10). Tanto
en Listra como en Atenas, la predicación del Mesías y la resurrección dejan paso tan solo a la segunda. La referencia en Atenas a la resurrección de
un hombre, mediador designado por Dios para juzgar a la tierra con justicia, se hace, así, en el contexto de la teología natural: Dios y la creación,
la condición del hombre, la doctrina del juicio y la resurrección. Que esta
desempeña un papel decisivo en la predicación y la aceptación del mensaje paulino queda claro al escuchar a Pablo (cfr. Hch 17,30-31).
• El discurso de Atenas desarrolla el papel de Jesús como Juez escatológico
de Dios, un tema ausente en los otros discursos, a excepción del sermón
de Pedro en la casa de Cornelio (Hch 10,42). El discurso de Listra es como
un esbozo de lo que se desarrollará en Atenas: la estrategia misionera con
los paganos, misión esta prevista por Dios desde el principio y que Pablo
desarrolla fielmente.
c) Discurso en Mileto (Hch 20,18-35)
• Es el único dirigido por Pablo, en el libro de los Hechos, a un público cristiano.
• En él, el Apóstol explica que ha anunciado sin descanso, a judíos y gentiles, la conversión a Dios y la fe en el Señor Jesús (Hch 20,21), e insta a que
los ancianos velen por la Iglesia de Dios, que «él» ha obtenido con su sangre (Hch 20,28). Este discurso contiene una gran riqueza, en la que destaca
la dimensión soteriológica de la muerte de Jesús.
d) Discurso apologético ante Agripa (Hch 26,2-23)
• Es un clímax o primer desenlace de la actividad misionera de Pablo. En su
defensa ante el rey, el Apóstol, usando un tono muy personal, se dirige a
una persona «experta en materia de judaísmo» y, al mismo tiempo, a un
hombre de cultura grecorromana, con el objeto de justificar su testimonio
de la resurrección. Pablo relata de nuevo su vocación, seleccionando lo
más adecuado para su auditorio: la idea a comunicar es que él, fariseo
estricto observante de la Ley, convertido en testigo de la resurrección, ha
sido ejemplar en su fidelidad y obediencia al Dios de Israel. La coherencia de su vida explica y justifica su actividad misionera: él tan solo ha eje-
cutado el encargo divino de llevar la luz de Cristo a los gentiles, misión
que, por otra parte, ya había sido encomendada a través de Moisés y los
Profetas.
• Quedan así puestas en entredicho las autoridades religiosas, que rechazan
injustamente su testimonio –el del Mesías que debía padecer, resucitar y
llevar la luz a todas las gentes–, y las políticas, que también le acusan injustamente. Judaísmo y cristianismo tienen una relación de continuidad:
la novedad radical de Cristo está en continuidad con la fe de Israel. La
reacción de Agripa, que está a punto de convertirse, se sitúa como conclusión y punto de partida de la misión a los paganos: la posibilidad de la
conversión, pero también la dificultad que ello comporta.
3. Pablo en otras fuentes
San Pablo y sus escritos son mencionados, además de en los Hechos de los Apóstoles, en otro escrito canónico, la segunda Carta de Pedro. Existen también menciones a la vida y al pensamiento de Pablo en diversas obras apócrifas, esto es,
no canónicas, algunas de las cuales se presentan como escritas por el Apóstol.
A estas fuentes podemos añadir alguna interesante cita temprana en obras
patrísticas, y alguna tradición local:
• La segunda Carta de Pedro es un importante testimonio sobre la actividad
epistolar de Pablo y sobre la autoridad de sus cartas:
«Por lo tanto, queridísimos, a la espera de estos acontecimientos, esmeraos para
que él os encuentre en paz, inmaculados e intachables, y considerad que la longanimidad de nuestro Señor es nuestra salvación. Así os lo escribió también nuestro
querido hermano Pablo según la sabiduría que se le otorgó, y así lo enseña en
todas las cartas en las que trata estos temas. En ellas hay algunas cosas difíciles
de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente –lo mismo
que las demás Escrituras– para su propia perdición» (2 P 3,14-16).
• La primera Carta a los Corintios de Clemente Romano (c.95 d.C.) habla de un viaje de san Pablo hasta los confines extremos del Occidente.
También comenta que el Apóstol estuvo siete veces cargado de cadenas,
y recuerda que tanto él como san Pedro dieron el supremo testimonio por
Cristo (1Cle 5,6-7).
• El Fragmento de Muratori (quizá de finales del siglo II) dice textualmente:
«Los Hechos de todos los apóstoles han sido escritos en un libro. Dirigiéndose
al excelentísimo Teófilo, Lucas incluye una por una las cosas que fueron hechas
41
42
delante de sus propios ojos, lo que él muestra claramente al omitir la pasión de
Pedro, y también la salida de Pablo al partir de la Ciudad para España (sed et profectione Pauli ab Urbe ad Spaniam proficiscentis)» (cfr. líneas 38-39).
• En Tarragona (España) se conserva una tradición local del viaje de Pablo a
esta región.
• Epifanio de Salamina (c.315-403) nos habla de la visión «ebionita» de Pablo (los ebionitas son una secta judeocristiana), lógicamente muy hostil
hacia el Apóstol. Según estos, Pablo era gentil, hijo de una madre gentil y
de un padre gentil. Cuando subió a Jerusalén, y después de permanecer
mucho tiempo allí, se apoderó de él el deseo de desposar a una de las hijas
del sacerdote. Por esta razón, se hizo prosélito y se circuncidó. Luego, al
no conseguir casarse, se airó y escribió contra la circuncisión y contra el
Sábado y la Ley (cfr. Epifanio de Salamina, Panarion o Adversus haereses,
[I.II] 30.16.6-9).
• Hechos (apócrifos) de Pablo (c. 170). Estos Hechos, compuestos en Asia Menor, contienen tres escritos: los Hechos de Pablo y de Tecla; el intercambio de
cartas con los corintios: Carta de los Corintios a Pablo y Carta de Pablo a los Corintios (tercera); y el Martirio de Pablo. Su composición suele situarse a finales
del siglo II. En ellos, Pablo es presentado, según un modelo ascético, como
un obrador de milagros. El compilador de los Hechos fue depuesto por su
obispo en castigo de la falsedad de la obra (cfr. Tertuliano, De baptismo, 17).
El Martirio de Pablo versa sobre la misión y la predicación de Pablo en Roma, la
persecución de Nerón, y la muerte del Apóstol. Después de su muerte, Pablo se
aparece al emperador y le profetiza el juicio al que será sometido.
En los Hechos de Pablo se describe al Apóstol como «un hombre de pequeña estatura, de cabeza calva y piernas arqueadas, en buen estado corporal, cejijunto y de
nariz algo aguileña, lleno de amabilidad; a ratos parece un hombre, a ratos tiene
el rostro de un ángel».
• Carta (apócrifa) a los Laodicenses. Un falsario, tomando ocasión de Col
4,16, donde Pablo alude a una carta suya a los laodicenses, la «reconstruye», compilando palabras genuinas del Apóstol, sobre todo de la Carta a
los Filipenses y la Carta a los Gálatas. Presumiblemente fue compuesta, en
griego, entre los siglos II-IV, y de ella nos ha llegado tan solo una traducción latina.
• Correspondencia Séneca-Pablo. Se trata de ocho cartas del filósofo Lucio
Anneo Séneca a Pablo y seis breves respuestas de este. Quizá la ocasión
para componer esta correspondencia haya sido el encuentro de Pablo con
Marco Anneo Galión, hermano de Séneca y procónsul de Acaya, como nos
relata Hch 18,12-17, y el motivo, mostrar la superioridad del cristianismo
sobre la filosofía pagana. Esta correspondencia se data normalmente como
del siglo IV, aunque algunos la retrasan. No parece que todas estas cartas
hayan sido compuestas al mismo tiempo.
• Apocalipsis (apócrifo) de Pablo. Esta obra indaga las arcanas palabras
oídas por san Pablo cuando fue arrebatado hasta el tercer cielo (cfr. 2Co
12,2-4). El original fue escrito presumiblemente en griego, a mediados del
siglo III. Se conservan traducciones en latín, siríaco, copto y otros idiomas.
4. Cronología paulina
Una confrontación básica entre los datos aportados por los Hechos y por las
cartas puede encajar en un cuadro cuyos trazos básicos sean los viajes apostólicos.
Algunos de los acontecimientos que aparecen en dichos escritos pueden servirnos para establecer tanto una cronología relativa –qué es antes y qué es después– como una cronología absoluta –en qué año sucede cada cosa– de la vida
de san Pablo. Comento aquí siete. Los cuatro primeros son de datación más
cierta; los tres siguientes, de interpretación, datación o colocación incierta:
• La huida de Damasco y el etnarca del rey Aretas.
• El decreto de Claudio por el que expulsa a los judíos de Roma.
• La acusación ante el procónsul Galión.
• El encuentro con Félix y Agripa; el relevo entre Antonio Félix y Porcio
Festo.
• Los épeita («después») de la Carta a los Gálatas (Ga 1,18.21; 2,1) y la estancia en Siria y Cilicia.
• La hambruna descrita en Hch 11,27-30 y las subidas de Pablo a Jerusalén
antes del llamado «Concilio» de Hch 15 y Ga 2.
• El primer viaje apostólico, tal y como aparece en el libro de los Hechos, y
el encuentro de Jerusalén (Hch 15 y Ga 2).
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Cita
Hechos de los Apóstoles
Epistolario paulino
Cita
Hch 7-8
Hch 9
Saulo persigue cristianos
Conversión de Saulo
Hch 9
Hch 9
Hch 9
Hch 11
Hch 11; 12
Hch 13
Hch 13-14
Hch 14
Hch 15
Hch 15
Hch 15
Hch 16
Hch 16
Hch 16-17
Hch 17-18
Hch 18
Hch 18
Hch 18
Hch 19
Hch 20
Hch 20
Hch 20
Hch 20-21
Hch 21
Hch 21-23
Hch 24-26
Hch 27-28
Huida de Damasco
Saulo presentado a apóstoles
Saulo en Cesarea y Tarso
Saulo y Bernabé en Antioquía
Saulo y Bernabé en Jerusalén
Predicación en Chipre
Predicación en Galacia
Pablo en Antioquía
Reunión de Jerusalén
Predicación en Antioquía
Predicación en Siria y Cilicia
Predicación en Derbe y Listra
Predicación en Asia Menor
Predicación en Macedonia
Predicación en Acaya
Predicación en Éfeso
Cesarea-Jerusalén-Antioquía
Predicación en Galacia y Frigia
Predicación en Éfeso
Predicación en Macedonia
Predicación en Grecia
Viaje por Macedonia
Predicación en Tróade y Mileto
Vuelta a Jerusalén
Estancia en Jerusalén
En Cesarea ante Félix y Agripa
Camino a Roma
Pablo persigue cristianos
Llamada de Pablo
Pablo en Arabia
Pablo en Damasco
Pablo en Jerusalén
Pablo en Siria y Cilicia
Ga 1
Ga 1
Ga 1
Ga 1; 2Co 11
Ga 1
Ga 1
Predicación en Galacia
Ga 4
Subida a Jerusalén con Bernabé
Conflicto de Antioquía
Ga 2
Ga 2
Predicación en Macedonia
Predicación en Acaya
1Ts 2
1Ts 3
Predicación en Galacia
Predicación en Éfeso
Predicación en Macedonia
Predicación en Corinto
1Co 16
1Co 16
2Co 2.7
2Co 9.12.13
Vuelta a Jerusalén
Rm 15
a) La huida de Damasco y el etnarca del rey Aretas
• Un dato central, teóricamente datable, que nos serviría como punto de
referencia para situar los acontecimientos descritos en la Carta a los Gálatas, es el reinado de Aretas. El principal problema es que históricamente
no hay constancia de que Damasco estuviese en esa época en manos de
los nabateos, de los que Aretas IV fue rey entre los años 9 a.C. y 39 d.C.
Suponiendo que fuese así, dato avalado por la inexistencia de moneda romana en aquel lugar en aquella época, podríamos datar la huida de Pablo
en torno al año 37 d.C.
b) El decreto de Claudio por el que expulsa a los judíos de Roma
• Suetonio (Claudius 25.4) menciona este edicto, y la tradición lo fecha en el
año noveno del imperio de Claudio: el 49-50. Sin embargo, Dio Cassius
(60.6.6) data este edicto en el año 41, aunque, como él mismo dice, fue prohibido en asamblea porque la expulsión fue imposible en aquel momento.
c) La acusación ante el procónsul Galión
• Pablo fue acusado de ser un sedicioso por los judíos de Corinto, ante el procónsul Galión (Hch 18,12-17). Este Galión era hermano de Séneca y, como
sabemos por su epistolario, tuvo este cargo tan solo un año, debido a su
precaria salud. Gracias a una estela encontrada en Delfos, y de una forma
indirecta, se puede datar el proconsulado de Galión en los años 51-52.
d) El encuentro con Félix y Agripa; el relevo entre Antonio Félix y Porcio Festo
• A través de los datos que nos proporcionan Tácito y Flavio Josefo, podemos fijar la fecha de la toma de posesión de Antonio Félix como procurador de Judea entre el año 52 y el 53. El relevo de un procurador se daba,
normalmente, cada dos años; por tanto, Porcio Festo debería haber tomado posesión entre el año 54 y el 55. Sin embargo, es posible que el mandato
de Félix fuera superior al normal, como ya dice el mismo Lucas en Hch
24,10. Festo murió en el año 62. ¿Cuándo, entonces, entre el 52 y el 62, fue
el relevo entre Félix y Festo? Siguiendo los razonamientos de J. Murphy
O’Connor habría sido en el año 59 o en el 60 (véase: Paul. A critical Life).
e) Los épeita («después») de la Carta a los Gálatas (Ga 1,18.21; 2,1) y la estancia en Siria y Cilicia
• En Ga 1-2, al hablar Pablo del origen divino de su evangelio, narra cómo
transcurrieron los primeros años de su vida como cristiano. Cada uno de
los intervalos de los que habla los separa con la palabra griega épeita, que
significa «después». Mucho se ha discutido sobre si estos «después» son
en referencia al primer suceso del que se habla, o en referencia al inmediatamente anterior. Lo más lógico es que sea lo segundo, de tal modo que
debemos ir sumando los años de los que se habla. Véase un caso análogo
en 1Co 15,2-10.
• Por otro lado, es necesario ver cómo se interpreta la estancia de Pablo en
Siria y Cilicia: si permaneció allí todo el tiempo que transcurrió hasta la
subida a Jerusalén, o si se trata tan solo de mencionar dónde fue Pablo, sin
excluir que desde allí haya viajado más al oeste. De hecho, en ese tiempo
45
46
podría haber realizado un viaje apostólico que incluyese no solo Galacia,
sino también Macedonia y Acaya.
f) La hambruna descrita en Hch 11,27-30 y las subidas de Pablo a Jerusalén
antes del llamado «Concilio» de Hch 15 y Ga 2
• En tiempos de Claudio (41-54), el Imperio sufrió una gran hambre hacia
los años 49-50, primero en Grecia y después en Roma. Flaaño 41 y el 54:
una, entre los años 44-46; otra, entre los años 46-48, en tiempos del procurador Tiberio Alejandro. Según la Carta a los Gálatas, Pablo solamente
subió a Jerusalén una vez entre su conversión y el Concilio de Jerusalén
(Ga 1,18-19; cfr. Hch 9,26-29): ¿cómo compaginar esto?
g) El primer viaje apostólico, tal y como aparece en el libro de los Hechos, y
el encuentro de Jerusalén (Hch 15 y Ga 2)
• Respecto a esta reunión, llamada normalmente «Concilio de Jerusalén»,
hay dos puntos en discusión: la fecha de su celebración y el carácter de
la resolución: ¿geográfico o religioso? Según algunos, tuvo lugar después
del primer viaje apostólico descrito en Hechos; según otros, después del
segundo; algunos opinan que tuvo lugar antes del primer viaje de Hechos.
Conjugando los datos del epistolario y de Hechos, podemos establecer esta
cronología:
Año
Cronología tradicional
Año
Cronología tradicional
Nacimiento de san Pablo
56
1Co (en Éfeso)
33
Conversión
56
Pablo deja Éfeso
36
Jerusalén (1ª visita)
56
Pablo llega a Corinto
46
Jerusalén (hambruna): Hch 11
57
2Co (en Macedonia)
47-48
Primer viaje apostólico
57
Pablo en Filipos
49
Conferencia apostólica
57/58
Ga (en Corinto)
6 d.C.
Llegada de Pablo a Corinto
58
Rm (en Corinto), Flp y Flm
(2º viaje)
58
Pablo llega a Jerusalén
50/51
1Ts (en Corinto)
59
Pablo ante Festo
51/52
2Ts (en Corinto)
60
Pablo llega a Roma
51/52
Pablo deja Corinto
50
53
61-63
Pablo llega a Éfeso (3 viaje)
er
67
Col, Ef, 2Tm (en Roma)
Muerte de san Pablo
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• sinagoga
• prosélito
• sanedrín
• apócrifo
• diáspora
• nabateo
• gentil
• procónsul
• sincretismo
• procurador
• politeísmo
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Cuáles son los rasgos fundamentales de la «imagen» de Pablo en las cartas?
2. ¿Cuál es la relación entre los Hechos y el Evangelio según san Lucas?
3. ¿Qué tipo de paralelo se establece, en los Hechos, entre Jesús y Pablo?
4. ¿Cuáles son las características fundamentales del tercer viaje de Pablo?
5. ¿Cuáles son las características de los discursos de Listra y Atenas?
6. ¿Qué son los Hechos (apócrifos) de Pablo?
7. ¿Cuáles son los datos que nos pueden ayudar a datar el resto de acontecimientos de la vida de Pablo?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«Cuando el narrador de los Hechos precisa que, tras una persecución desencadenada
contra ellos en Antioquía de Pisidia, los apóstoles “se sacudieron el polvo de los pies y
se fueron a Iconio” (Hch 13,51), la información que ofrece a su lector se sitúa más allá
de lo que parece ser un detalle anecdótico que contribuye a la vivacidad del relato.
En efecto, en la enseñanza que ofrece a sus discípulos antes de enviarlos en misión
(Lc 10,1-12), Jesús precisa: “Pero si entráis en un pueblo y no os reciben bien, salid a la
plaza y decid. ‘Hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos ha quedado pegado a los
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48
pies lo sacudimos y os lo dejamos” (Lc 10,10-11). Mediante la mención de este simple
gesto, el narrador indica claramente a su lector que los apóstoles, en el desarrollo de
su misión, no hacen otra cosa que poner en práctica la enseñanza que han recibido del
propio Jesús. El carácter mínimo de este detalle no impide ni su valor simbólico ni su
fuerza de evocación».
(Odile Flichy, La obra de Lucas. El Evangelio
y los Hechos de los Apóstoles, Estella:
Verbo Divino, 2003, p. 40)
PRIMERA CARTA A LOS
TESALONICENSES
TEMA
4
La primera Carta a los Tesalonicenses es, con bastante probabilidad, el
escrito más antiguo del Nuevo Testamento. En él se entrelazan entrañables recuerdos de los comienzos de la evangelización en Tesalónica con
una intensa exhortación a vivir de una forma acorde con la doctrina del
evangelio.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Tesalónica, capital del Macedonia • Confirmar en
la fe · La suerte de los difuntos 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Memoria de la
evangelización • Vida coherente con la doctrina 3. ENSEÑANZA • a) Sobre el
evangelio predicado • b) Artículos de la fe • c) La santidad • d) Contenido de la
oración • e) Resurrección y Parusía
49
50
1. Ocasión de la carta
• La carta está dirigida a la Iglesia de los tesalonicenses. Tesalónica era la
capital de la región de Macedonia, una ciudad libre, con asamblea popular. Gran parte de su importancia residía en su puerto y en su localización
estratégica en una de las vías de comunicación centrales del Imperio, la vía
Ignacia. Entre sus habitantes había grandes diferencias étnico-sociales, y
desde el punto de vista religioso, se practicaban cultos variados. Su nivel
moral era bajo, y los valores eran defendidos por los predicadores, rétores
y filósofos.
• San Pablo, con Silas y Timoteo, obtuvo en Tesalónica abundantes frutos de
conversión y fundó, en la primera fase de su segundo viaje apostólico, una
comunidad cristiana de la que se sentía santamente orgulloso.
• Al llegar a Tesalónica desde Filipos (Hch 17,1), Pablo, siguiendo su praxis
habitual, comenzó a predicar el Evangelio a los judíos, pero solo algunos
lo aceptaron. Luego se dirigió a los prosélitos griegos, de los que no pocos se le adhirieron (Hch 17,2-4). Mientras estuvo en aquella ciudad, Pablo
proveyó personalmente a su sustento (1Ts 2,9). La comunidad cristiana allí
fundada, dada su notoriedad y su posición en un importante nudo de comunicaciones, pronto se convirtió en un foco de irradiación de la fe en los
alrededores (1Ts 1,8).
• A los pocos meses de haber comenzado la predicación, Pablo se vio obligado a salir de forma imprevista de la ciudad a causa de las insidias de algunos, de modo que tuvo que interrumpir la formación cristiana de aquellos
neófitos (Hch 17,5-9). Por eso, en cuanto le fue posible, envió a Timoteo
desde Atenas (1Ts 3,2), donde había parado camino de Corinto, para tener
noticias de cómo habían reaccionado ante las dificultades surgidas y para
confirmarlos en la fe, esperanza y caridad.
• Mientras tanto, Pablo se dirigió a Corinto, y allí lo encontró Timoteo cuando regresó de Tesalónica (Hch 18,5). Este le contó que los tesalonicenses
perseveraban en la fe y en la caridad, a pesar de las persecuciones. Ante
esas noticias, el Apóstol se dio cuenta del arraigo que había tenido el Evangelio y la fidelidad que habían demostrado esos fieles.
• Pero, a la vez, le preocupó que mantuviesen cierta inquietud por la suerte
de los difuntos en el momento de la segunda venida del Señor. La salida precipitada de la ciudad no había permitido a Pablo completar su instrucción en la enseñanza de Jesucristo, y tenían pocos recursos doctrinales
para alimentar su esperanza.
• Ante esa situación, en el invierno del 50-51, el Apóstol les escribió esta primera carta. En ella recuerda con alegría y agradecimiento a Dios la tarea
realizada y la acogida que encontró, y completa algunos aspectos de su
predicación que proporcionen un fundamento adecuado a la esperanza,
acorde con la firmeza que ya tienen en la fe y la caridad.
2. Estructura y contenido
Además del encabezamiento (1,1), característico del estilo epistolar, y una acción de gracias (1,2-3), se pueden distinguir dos grandes secciones.
1,4-3,13
En la primera el Apóstol mira al pasado y rememora los comienzos de la
evangelización de Tesalónica. Se alternan recuerdos de su predicación y
de la respuesta de aquellos fieles. En ese contexto explica las circunstancias en las que escribe la carta: haber tenido que salir precipitadamente
de aquella ciudad y el deseo de regresar a Tesalónica –lo que pide confiadamente a Dios– para seguir colmando de bienes a los tesalonicenses.
4,1-5,11
La segunda sección es una exhortación a vivir de modo coherente con
la doctrina del evangelio predicado y recibido. El Apóstol se detiene especialmente en lo que parece más urgente para los fieles de Tesalónica:
la esperanza firme en que las dificultades con que se encuentran se tornarán en alegría con la venida del Señor; la espera ha de ser paciente y
activa a la vez, pues no se sabe el momento en que acontecerá, por lo
que se requiere estar siempre preparados para ese encuentro.
La carta concluye con diversas recomendaciones y unas breves palabras de
despedida (5,12-28).
3. Enseñanza
En la carta, muy probablemente el libro más antiguo del Nuevo Testamento,
subyace una exposición amplia de los principales contenidos de la fe cristiana.
3.1. La predicación del Evangelio
Los tres primeros capítulos de la carta ofrecen un espléndido retrato de la
tarea evangelizadora realizada en Tesalónica. A su vez, esa labor apostóli-
51
52
ca constituye un modelo para la proclamación del mensaje cristiano en todo
tiempo y lugar.
a) Dios lleva la iniciativa y hace fructífera la predicación
• La elección procede de Dios Padre y es consecuencia de su amor (1Ts 1,4).
• Su Hijo Jesús, «que nos libra de la ira venidera» (1Ts 1,10), sostiene la esperanza (1Ts 1,3).
• La acción del Espíritu Santo hace plenamente persuasivas las palabras del
predicador y llena a quien las acoge de gozo inefable, que permite superar
cualquier tribulación (1Ts 1,5-6).
b) El contenido fundamental de la predicación es el «Evangelio»:
• El Evangelio es la Buena Nueva de nuestra salvación, anunciada por los
profetas y cumplida en nuestro Señor Jesucristo; anuncio que hace saber a
quienes lo escuchan que son «amados por Dios» y que han sido objeto de
una elección especial (1Ts 1,4-5).
• La meta que se propone lograr con la predicación del Evangelio es la conversión a Dios (1Ts 1,9): en el caso de los tesalonicenses, apartarse del paganismo para adherirse a Dios.
• Una vez hecho esto, están en condiciones de aceptar el evangelio de Dios,
que no es palabra de hombre, sino palabra de Dios.
• A su vez, Dios mismo infunde las tres virtudes teologales –fe, esperanza y
caridad– en quienes aceptan el mensaje cristiano.
• Por su parte, el ejemplo de quienes responden con prontitud y fidelidad a
la palabra de Dios refuerza la eficacia de la predicación (1Ts 1,3-9).
c) Un elemento importante para esta eficacia es la actitud del evangelizador:
• San Pablo exhorta con su ejemplo a evitar todo protagonismo: el predicador ofrece sus palabras y el testimonio de su vida, pero quien actúa en sus
oyentes es el Espíritu Santo (1Ts 1,5).
• Así pues, se ha de ejercer el ministerio con rectitud de intención, porque
Dios «ve el fondo de nuestros corazones», trasmitiendo la Palabra de Dios
con sencillez y fidelidad (1Ts 2,1-12).
• Quien enseña la doctrina cristiana no actúa por afán de lucro, sino movido
por el amor a Dios y a los demás (1Ts 2,7-9).
• El Apóstol realiza su tarea apoyándose en la oración (1Ts 3,10) y, siempre
que le sea po­sible, tratando a quienes enseña, animando a todos, uno a
uno, y mostrándoles el camino para vivir de modo coherente la vocación
­cristiana (1Ts 2,11-12).
3.2. Fundamentos de la fe
Los principales artículos de la fe, que la Tradición cristiana formulará en el
Símbolo de los Apóstoles, aparecen ya en este escrito compuesto tan solo unos
veinte años después de la muerte de Cristo:
• San Pablo enseña que Dios es Padre (1Ts 1,3) y Jesús es su Hijo (1Ts 1,10).
• La salvación se realiza «por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió
por nosotros» y «resucitó» (1 Ts 5,9-10; cfr. 1Ts 1,10; 4,14).
• Él ha de venir de nuevo, con todo su poder y majestad, a juzgar a los vivos
y a los muertos (1Ts 1,10; 2,19; 3,13; 4,16-17).
• Dios Padre envía al Espíritu Santo (1Ts 4,8), que nos mueve a acoger con
gozo la predicación de la palabra de Dios (1Ts 1,16).
3.3. Fundamentos de la moral
La doctrina moral de estas cartas se funda en la llamada de todos los cristianos
a la santidad.
• «Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Ts 4,3; cfr.
1Ts 4,7-8; 5,9).
• La raíz de esta santificación la constituye el don del Espíritu, don que
exige un comportamiento moral en consonancia. La misma presencia del
Espíritu provoca un impulso en dirección a Dios y a los demás. La santificación, así, penetra a la persona en todos sus aspectos y manifestaciones.
• Para alcanzar la santidad es necesario participar de la propia vida de Cristo (1Ts 5,10), apoyándose en las virtudes teologales: hemos de estar «revestidos con la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza» (1Ts 5,8).
• Las relaciones entre los hombres se han de fundar en la caridad fraterna;
de ahí que los cristianos debamos dar buen ejemplo, corregir a los que viven en desorden, alentar a los pusilánimes, sostener a los enfermos y tener
paciencia con todos (1Ts 4,9; 5,11.14).
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54
• Se hace necesario estar vigilantes, sin dejarse dominar por la concupiscencia, viviendo en todo la sobriedad (1Ts 4,5; 5,6).
• Hay que estar siempre alegres, orar sin cesar, dar gracias por todo (1Ts
5,16-18) y trabajar con seriedad (1Ts 4,11-12).
• Pablo anima a que todos los miembros de la comunidad, dentro de la que
algunos gobiernan en el Señor e instruyen al resto (1Ts 5,12), se impliquen
activamente a todos los niveles, en aras del crecimiento de sus miembros.
Esto incluye también discernir y aceptar, con la ayuda del Espíritu, todo
lo que es bueno, y evitar toda clase de mal (1Ts 5,21-22).
3.4. La oración cristiana
Junto a las verdades de la fe y las orientaciones morales para el comportamiento, la instrucción cristiana siempre ha concedido una gran importancia a la oración, y así aparece también en esta carta. De una parte está la
recomendación de «orad sin cesar» (1Ts 5,17), pero también hay notables
alusiones a los contenidos de la oración. En efecto, de algún modo están
presentes en esta carta los elementos fundamentales de la oración dominical, el Padre nuestro, tal y como se ha difundido más habitualmente en la
tradición cristiana, es decir, según la versión contenida en el Evangelio de san
Mateo (Mt 6,9-13):
• Dios es Padre nuestro (1Ts 1,3; 3,11.13), que está con su Hijo «en los cielos»
(1 Ts 1,10; 4,16).
• El cristiano ha de poner todo su empeño en que se haga su voluntad, que
es la santificación (1Ts 4,3), a la vez que trabaja y aguarda que venga su
reino (1Ts 2,12).
• La recomendación de «que nadie devuelva mal por mal» (1Ts 5,15) evoca
la petición enseñada por Jesucristo: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
• También cuando se pide para todos en la Iglesia: «No nos dejes caer en la
tentación», se comprende que el Apóstol estuviese «preocupado por si os
hubiera seducido el tentador» (1Ts 3,5).
• Y cuando, además de la perversa acción del tentador en los demás, se tiene
la propia experiencia de las dificultades –«yo, Pablo, lo intenté una y otra
vez, pero Satanás nos lo impi­dió» (1Ts 2,18)–, se entiende bien que el Señor
enseñase a pedir: «Líbranos del mal».
3.5. Escatología: Parusía y resurrección
Una de las cuestiones en las que san Pablo se detiene más en esta carta es la
referente a las realidades últimas del ser humano. Lo hace para alimentar la
esperanza de aquellos neófitos, en medio de las tribulaciones que estaban padeciendo.
• La vida del hombre no termina con la muerte. Por eso, los fieles no deben
entristecerse ante esta realidad, como sucede a quienes no tienen esperanza. La razón última está en que si Cristo ha resucitado, también nosotros
resucitaremos con Él (1Ts 4,13-14). Así, la muerte no es sino el paso previo
al encuentro con Cristo resucitado y a la convivencia con Él.
• Por tanto, esperamos –al final de los tiempos– la resurrección de los cuerpos, tras el retorno glorioso de nuestro Señor Jesucristo, que el Apóstol
describe con solemnidad: «Porque cuando la voz del arcángel y la trompeta de Dios den la señal, el Señor mismo descenderá del cielo» (1Ts 4,16). El
lenguaje apocalíptico empleado para narrar la segunda venida del Señor
–también llamada «Parusía»– manifiesta el misterio y el poder de Dios.
Tras la Parusía se producirá la resurrección de los muertos. Los cuerpos
volverán a la vida, y quienes hubieran permanecido hasta ese día saldrán
junto con sus hermanos difuntos al encuentro del Señor (1Ts 4,16-17). Por
tanto, los que hayan muerto antes de la Parusía no estarán en posición de
desventaja con respecto de los que todavía vivan en ese momento.
• San Pablo no concreta el tiempo de la Parusía, pues «sobre el tiempo y el
momento, hermanos, no necesitáis que os escriba». Se limita a exhortarles
para que permanezcan siempre vigilantes, porque «el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche» (1Ts 5,2), en el instante menos esperado.
Vigilar, sí, pero con una espera tranquila y alegre, porque «Dios no nos ha
destinado a la ira, sino a alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor
Jesucristo» (1Ts 5,9).
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• prosélito
• santidad
• parusía
• concupiscencia
• evangelio
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la primera Carta a los Tesalonicenses?
2. ¿Qué artículos de la fe aparecen reflejados en 1 Tesalonicenses?
3. ¿Cuál es el contenido de la oración cristiana según 1 Tesalonicenses?
4. ¿Qué hay después de esta vida según 1 Tesalonicenses?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«La perfección en todas las cosas que son de orden sensible está comprendida dentro de límites determinados, como la cantidad continua o discontinua. En efecto, toda
medida cuantitativa supone límites definidos. Y el que considera el codo y el número
diez, bien sabe que la perfección consiste para éstos en que no tienen un comienzo y
un fin. Pero, si se trata de la virtud, hemos aprendido del Apóstol que su perfección solo
tiene un límite, que es no tener ninguno. En efecto, este hombre de espíritu amplio y
profundo, ese divino Apóstol, al correr por la vía de la virtud jamás cesó de lanzarse “a
lo que está por delante”. Detener su carrera le parecía peligroso, ¿Por qué? Es que todo
bien, por su propia naturaleza, no tiene límites, sino que solo está limitado por la confrontación con su opuesto: la vida por la muerte, la luz por la oscuridad; y, en general,
todo bien se detiene en las realidades que se le oponen».
(Gregorio de Nisa,
Sobre la vida de Moisés, I.5)
SEGUNDA CARTA A LOS
TESALONICENSES
TEMA
5
Dos son las cuestiones fundamentales que se afrontan en este escrito.
Una, de más calado doctrinal, es la llamada a mantener la tradición recibida. La otra, que responde más directamente a las circunstancias ocasionales, es el momento de la Parusía. Un análisis de la estrategia retórica
de esta carta pone de relieve que su objetivo fundamental consiste en
disuadir de la idea de que el día del Señor está al llegar, y persuadir a
mantener la tradición paulina.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Aclaraciones sobre la Parusía 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Llegará el justo juicio de Dios • El día del Señor no es inminente • Mantener la tradición recibida · Vida de trabajo y fraternidad 3. ENSE­
ÑANZA • a) Señales de la Parusía • b) No dejarse seducir por nuevas doctrinas
57
1. Ocasión de la carta
58
• En la primera Carta a los Tesalonicenses había abundantes referencias concretas a la labor evangelizadora realizada por Pablo, Silas y Timoteo en
Tesalónica, y varias alusiones precisas a las circunstancias que la motivaron, lo que permitía situarla con precisión en la vida de san Pablo durante
su segundo viaje apostólico. En cambio, en este caso las referencias son tan
genéricas e intemporales, que no permiten fijar el momento en que fue
escrita.
• De una parte se observa que las fórmulas del encabezamiento y el modo
de estructurar las ideas, así como algunas alusiones concretas, son similares a las de la primera carta. De otra, también se pueden percibir algunas
diferencias de matiz: en esta segunda carta se aprecia una preocupación
mucho mayor por dejar claro que la venida del Señor no es inminente
(cfr. 2Ts 2,1-2 en contraste con 1Ts 4,15-17); también se insiste varias veces
en la necesidad de mantener las tradiciones recibidas de Pablo (cfr. 2Ts
2,15 y 3,6), cuestión a la que no se aludía en la otra carta.
• Hecha la salvedad de que no se puede –ni tampoco es decisivo– establecer
con precisión la fecha, y por tanto las circunstancias concretas en que se
escribió, sí que es posible detectar por los propios elementos que proporciona la carta, la situación de los destinatarios a la que viene a responder:
se trata de una comunidad cristiana en la que se ha difundido la idea de
que es inminente la segunda venida de Jesucristo, hasta el punto de que
algunos de ellos han dejado su trabajo ordinario y van de un lado para
otro sin hacer nada. La carta es una llamada a la serenidad y al trabajo
sosegado por parte de todos.
2. Estructura y contenido
Tras un encabezamiento muy similar al de la primera carta (1,1-2), cabe distinguir tres secciones:
1,3-12
La primera parte comienza con una acción de gracias a Dios por el ejemplar progreso de los tesalonicenses en las virtudes, para centrarse inmediatamente en el tema de la retribución: el justo juicio de Dios que, en la
venida del Señor Jesús, premiará a los que trabajan por su Reino y castigará a quienes se oponen a él.
2,1-17
A continuación se expresa claramente la idea principal de la carta: el día
del Señor no es inminente, como ya lo sabían los tesalonicenses desde
los orígenes de su instrucción cristiana. Hay unos que, engañados por Satanás, se apartan de la tradición recibida al no creer la verdad sino mentiras (entre otras cosas, en presuntas cartas atribuidas a Pablo), y serán inculpados. En cambio, se insta a los fieles a mantenerse firmes en la verdad y
observar las tradiciones recibidas.
3,1-15
Como consecuencia de lo expuesto, y apoyados en Dios que siempre permanece fiel, es posible confiar en que la palabra de Dios siga progresando
en los tesalonicenses y difundiéndose por todo el mundo. A la vez, hay que
mantenerse en la tradición recibida del Apóstol también en lo que se
refiere a la necesidad de llevar una vida ordinaria de trabajo sereno, manifestando una preocupación fraterna por los demás. Estas exhortaciones concluyen con una petición al Señor para que conceda vivir en la paz.
La carta termina con unas breves palabras de despedida (3,16-18).
3. Enseñanza
3.1. Escatología: Parusía y Juicio
• La Parusía no es inminente. Para ilustrar esta idea, se recurre a un lenguaje apocalíptico.
Las expresiones empleadas –«la apostasía», «el hombre de la iniquidad», «el hijo
de la perdición», «lo que impide la manifestación», «el misterio de la iniquidad»,
«el que hasta ahora lo retiene», «el inicuo», expresiones, todas ellas, de las fuerzas
de signo negativo, bajo el influjo de lo demoníaco (cfr. 2Ts 2,9-12), que actúan en
la historia y se oponen a Cristo y a los suyos– han suscitado, como ha sido habitual a lo largo de los siglos con el lenguaje apocalíptico, todo tipo de interpretaciones. Sin embargo, para entender el sentido del texto no hace falta conocer con
detalle a qué se refiere cada una de esas expresiones. El mensaje queda expuesto
de modo suficientemente claro: no hay que inquietarse ni alarmarse «como si
fuera inminente el día del Señor».
• En su momento, cuando llegue el Señor con todo su poder y majestad,
cuando se manifieste (2Ts 1,7), se realizará «el justo juicio de Dios», en
el que los que se resisten a conocer a Dios y a obedecer al Evangelio de
nuestro Señor Jesús «serán castigados con una pena eterna, alejados de la
59
60
presencia del Señor y de la gloria de su poder», mientras que los que han
padecido por ser fieles a la doctrina de Jesucristo serán tenidos por «dignos del reino de Dios».
• Mientras tanto, los creyentes deben implicarse en el presente, colaborando con Cristo en el desarrollo hacia adelante de la historia. Con una esperanza robusta y realista, lejos de evadirse ociosamente de la situación en la
que viven y molestando a los demás, estarán dispuestos a mantenerse con
el propio trabajo.
3.2. Tradición y vida cristiana
Uno de los argumentos de fondo más empleados en la presente carta es la
llamada a rememorar los orígenes y a tener muy en cuenta lo recibido en la
tradición apostólica.
• De modo explícito se insta a no ceder a la seducción de nuevas doctrinas,
que se presentan a sí mismas revestidas de autoridad –como si procediesen de revelaciones, rumores, e incluso cartas atribuidas al propio Pablo–,
si se apartan de lo que el Apóstol anunció en el primer momento evangelizador de esa comunidad, es decir, «cuando todavía estaba entre vosotros». De ahí la amonestación a observar las tradiciones aprendidas. Si
alguno rehúsa hacerlo, arriesga apartarse de la comunidad. En todo caso,
se exhorta a no mirar a estas personas como a enemigos, sino a corregirlas
como a hermanos (2Ts 3,14-15).
• Y esto no se refiere solo a la doctrina, sino también al modo de comportarse: «Pues vosotros sabéis bien cómo debéis imitarnos» (2Ts 3,7). Por eso,
son reprobables aquellos que no se comportan «conforme a la tradición
que recibieron de nosotros» (2Ts 3,6).
• La tradición paulina es, por tanto, regla de fe y criterio para la acción. Por
eso, en la oración se pide al Dios que ama y consuela a sus elegidos la debida firmeza para perseverar en el camino recto: que «consuele vuestros
corazones y los afiance en toda obra y palabra buena» (2Ts 2,17).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• tradición
• apocalíptica
• retribución
• apostasía
• juicio de Dios
• regla de fe
• día del Señor
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la segunda Carta a los Tesalonicenses?
2. ¿Cuáles son los signos previos a la Parusía?
3. ¿En qué consiste el justo juicio de Dios?
4. ¿Qué implica la esperanza cristiana?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee los siguientes textos y haz un comentario personal utilizando los contenidos aprendidos:
«El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la
hora en que tendrá lugar; solo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará
por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros
conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía
de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia
habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio final revelará que la justicia de
Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más
fuerte que la muerte (cfr. Ct 8,6)».
(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1040)
61
62
PRIMERA CARTA
A LOS CORINTIOS
TEMA
6
La primera Carta a los Corintios es particularmente importante por su contenido doctrinal: la sabiduría divina y la sabiduría humana, los criterios
que han de guiar el comportamiento de los fieles, los múltiples aspectos
de la moral cristiana, la doctrina sobre la otra vida, etc., son algunos de
los puntos desarrollados en la carta. Estos y otros muchos temas reflejan
la rica personalidad del Apóstol que aúna la profundidad del teó­logo y la
magnanimidad del pastor.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Divisiones internas • Cuestiones concretas 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Jesucristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios • Cuestiones relativas al cuerpo • Cuestiones sobre la vida de la comunidad • La resurrección 3. ENSEÑANZA • a) Necesidad de la sabiduría divina • b) Carácter sobrenatural de la Iglesia • c) Pureza y caridad basadas en el bautismo • d) Presencia real de
Cristo en la Eucaristía • e) La resurrección de Cristo, fundamento de la fe
1. Ocasión de la carta
• La Iglesia de Corinto –ciudad que había sido saqueada y destruida en el
año 146 a.C. y reconstruida por Julio César el año 44 a.C., y capital de la
provincia romana de Acaya en el momento en el que la visita Pablo–, fue
fundada por el Apóstol, con la colaboración de Silas y Timoteo, en el año
50 ó 51, durante su segundo viaje apostólico (años 50-53; cfr. Hch 18,1-18).
• San Pablo había llegado a Corinto «con temor y mucho temblor», después
de su dura experiencia en Atenas, donde, a pesar de su brillante discurso en el Areópago, fueron pocos los que se convirtieron. Al principio vivió
y trabajó en casa de Aquila y Priscila, un matrimonio cristiano expulsado
de Roma por el edicto de Claudio hacía poco tiempo. Como de costumbre,
primero predicó los sábados en la sinagoga a los judíos y a los griegos que
­creían en el Dios de Israel. Más tarde, ante la oposición que encontraba entre
los judíos, decidió dirigir su predicación fundamentalmente a los gen­tiles.
• Junto a numerosas conversiones –el jefe de la sinagoga, Crispo, con toda
su familia, así como otros muchos corintios– el Apóstol tuvo abundantes
dificultades y contradicciones durante el año y medio que enseñó allí.
De hecho, en una visión nocturna, el mismo Señor le confortó, dándole
nuevos ánimos. La creciente oposición de algunos judíos desembocó finalmente en una acusación ante el procónsul romano Galión. san Pablo
debió de comparecer ante Galión a finales del año 51 o a comienzos del 52.
Poco tiempo después abandonó Corinto, embarcándose hacia Siria acompañado de Aquila y Priscila.
• Posteriormente, el Apóstol estuvo algunas veces más en la ciudad del istmo. En el tercer viaje apostólico, mientras fundaba la Iglesia de Éfeso es
probable que hiciera una breve visita a Corinto el año 57: parece que en
esta ocasión Pablo, o alguno de sus colaboradores, fue objeto de alguna
ofensa especialmente grave. Más tarde, después de haber escrito desde
Macedonia la segunda Carta a los Corintios, pasó el invierno del año 57 al 58
en esta ciudad.
• Según todos los indicios, escribió esta carta al final de su estancia en Éfeso,
probablemente en la primavera del año 57 d.C., alrededor de la Pascua,
como lo sugiere la mención de los ácimos, y la comparación de la vida abnegada de los cristianos con la de los corredores en el estadio, en alusión a
los juegos ístmicos que cada dos años se celebraban en primavera. En todo
caso, como se desprende de 1Co 5,9.11, parece claro que Pablo ya había
escrito a la comunidad de Corinto alguna carta con anterioridad.
63
64
• Dadas las relaciones comerciales entre Éfeso y Corinto, no es extraño que
Pablo, residiendo en Éfeso, estuviera siempre al tanto de la situación de
la comunidad de Corinto. Como señala la misma carta, había sido informado por «los de Cloe» de una serie de abusos que se habían introducido
en aquella comunidad: en el seno de esta existían varias tendencias; se
advertía una gran laxitud con respecto a la castidad, llegando incluso hasta un caso de incesto; había pleitos de cristianos ante tribunales paganos;
algunas mujeres se comportaban sin el decoro debido en las reuniones
litúrgicas; se habían introducido desórdenes en la celebración de la Eucaristía. Por otro lado, la misma comunidad había enviado una delegación,
formada por Estéfanas, Fortunato y Acaico, con un escrito para consultar
al Apóstol una serie de dudas: sobre matrimonio y virginidad, sobre la
licitud de comer carnes inmoladas a los ídolos, sobre el uso y valor de los
carismas, sobre la resurrección de los muertos.
2. Estructura y contenido
Cabe distinguir, en esta carta, una introducción, el epílogo y un amplio cuerpo
en el que se desarrollan diversos temas como en una progresión de menos a
más espirituales:
1,1-9
La introducción consta del saludo habitual (vv. 1-3) y un himno de acción de
gracias (vv. 4-9).
1,10-4,21
La primera parte trata el problema de la división entre los fieles y recoge la
severa recriminación de las facciones y grupos. Pablo habla aquí de Jesucristo
crucificado como fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
5,1-15,58
El cuerpo de la carta contiene la respuesta del Apóstol a las grandes cuestiones de las que ha tenido noticia por terceras personas o por los mismos corintios, y desarrolla otros temas de profundo calado teológico:
• el doloroso caso del incestuoso (5,1-13);
• la costumbre de llevar a los tribunales paganos las causas internas (6,1-11);
• los pecados de la carne (6,12-20);
• la doctrina sobre el matrimonio y el celibato (7,1-40);
• la cuestión de la carne sacrificada a los ídolos (8,1-10,33);
• el comportamiento de los fieles en la celebraciones litúrgicas (11,1-34);
• la diversidad de dones y su ordenación a la caridad (12,1-14,39);
• la resurrección de Cristo y la de los muertos en general (15,1-58).
16,1-24
El epílogo recuerda la colecta a favor de los cristianos de Jerusalén, y anuncia
los próximos viajes del Apóstol.
3. Enseñanza
3.1. La cruz de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios
• Las discordias y las divisiones en la comunidad de Corinto, dan pie a Pablo para hablar de la verdadera fuerza y la verdadera sabiduría: no son la
fuerza de este mundo ni la sabiduría de este mundo las que salvan, sino la
cruz de Cristo, que es fuerza de Dios –debilidad del mundo– y sabiduría
de Dios –necedad del mundo–. Por eso no tienen sentido las facciones que
se han formado, porque quien salva es únicamente Cristo crucificado: solo
Él nos ha redimido, solo en Él hemos sido bautizados. Frente a esta sabiduría, ningún mortal puede gloriarse.
• Pablo define a la sabiduría de Dios como «misteriosa, escondida, que Dios
predestinó, antes de los siglos, para nuestra gloria» (1Co 2,7). Se trata de
una sabiduría que no es de este mundo, que es pasajero. Con estas palabras, el Apóstol amplía de una forma extraordinaria el concepto de salvación: se trata del proyecto divino pensado antes de los siglos. Esta sabiduría se ha manifestado ahora de una forma humilde, débil y necia para
el mundo, en Jesucristo crucificado, escándalo para los judíos y necedad
para los gentiles (1Co 1,23). La sabiduría humana, que tiene también su
fuente en Dios, no puede salvar.
• Condición para percibir las cosas del Espíritu es ser personas espirituales.
El hombre carnal, como le sucede a los corintios, enzarzados en disputas y
divididos en facciones, no puede entender las cosas espirituales. Es así que
los hombres no pueden, sin la ayuda del Espíritu, ni reconocer ni obtener
la verdadera sabiduría, ya que solo el Espíritu es capaz de escudriñar las
profundidades de Dios y dárnoslas a conocer. Los corintios deben aspirar
a la sabiduría divina, para poder así juzgar correctamente las diversas
situaciones que se presentan (cfr. 1Co 6,5).
• Así, los apóstoles no son sino ministros, colaboradores de Dios, administradores de los misterios de Dios, cada uno de los cuales ha recibido según
le ha sido concedido. Los apóstoles, según las gracias recibidas, edifican
sobre el cimiento, que es Jesucristo. Edificando sobre ese cimiento, nos
convertimos en templo de Dios, en el que habita el Espíritu de Dios.
• En el contexto de lo dicho, Pablo defiende su actuación como apóstol, confiado en que, en último término, es el Señor quien juzga, no los hombres.
Él no ha enseñado con palabras aprendidas por sabiduría humana, sino
con palabras aprendidas del Espíritu, «expresando las cosas espirituales
65
66
con palabras espirituales» (1Co 2,13). Por eso, no le importa verse condenado, despreciado, necio, débil, necesitado, abofeteado, perseguido, ultrajado, consciente de la pureza de su conciencia. Es más, Pablo no duda en
presentarse como ejemplo a imitar, pues él mismo no ha hecho otra cosa
sino colaborar con Cristo e imitar a Cristo. Es en este contexto general en el
que el Apóstol reprende y desarrolla las cuestiones concretas que afectan
a la comunidad de Corinto.
3.2. La Iglesia
• Una idea central que subyace en la carta es el carácter sobrenatural de la
Iglesia: Cristo la ha fundado, Él es su Cabeza y quien la gobierna a través
de los ministros. Cristo es el fundamento de su vida y su unidad y, en
consecuencia, los cristianos no son propiedad de nadie, son únicamente
«de Cristo». No caben facciones ni partidos, puesto que la vida cristiana no
proviene ni de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas.
• El misterio de la Iglesia y su unidad básica resplandecen admirablemente
en las imágenes sencillas y profundas que utiliza Pablo: es la plantación y
la edificación de Dios. Cierto que cada una de estas metáforas no puede
abarcar toda la eclesiología, pero dejan muy claro que el principio de unidad
es Dios, que da vida a cada una de las plantas de ese campo y que da cohesión a los elementos de este único edificio.
• De decisiva importancia para entender la Iglesia es la designación de
Cuerpo de Cristo. El concepto paulino de Cuerpo desborda el mero corporativismo social, porque entre Cristo y la Iglesia, entre Cristo y los cristianos, se establece una identidad no solo de fines o de actos aislados, sino
una unión vital: Cristo vivifica a la Iglesia y a los cristianos de tal manera
que ambos son inseparables.
• La unión entre Cristo y la Iglesia no impide que cada uno tenga su ser propio. El «yo» del cristiano como individuo no perece al unirse a Cristo, ni
tampoco el ser propio de la Iglesia, aunque sea configurado por Cristo. Si
se separa excesivamente a Cristo y a la Iglesia se corre el riesgo de una herejía semejante a la que cometieron los nestorianos respecto a Cristo, cuando afirmaban en Él una persona divina y otra humana; pero si se concibe
la unidad de Cristo y la Iglesia negando a ambos su ser propio, se incurre
en un error análogo al de los monofisitas, que negaban en Cristo las dos
naturalezas, divina y humana.
• La unidad entre los miembros del Cuerpo místico abarca tanto el aspecto
interior y espiritual como el estructural y visible, de modo que la diversidad de oficios y ministerios dentro de la Iglesia en nada empaña la unidad
a la vez espiritual y jerárquica.
3.3. Cuestiones en torno a la corporalidad
La carta aborda, en progresión –de menos a más espirituales, de más externas
a más internas–, diversas cuestiones relativas a la corporalidad:
a) el incestuoso (el mal ejemplo ante los gentiles);
b) los procesos ante jueces paganos;
c) la fornicación (los pecados contra la dignidad del cuerpo);
d) el matrimonio y la virginidad;
e) las carnes sacrificadas a los ídolos (el escándalo entre cristianos).
La cuestión de las carnes sacrificadas desemboca en la de la Eucaristía, en la
que san Pablo anima a los corintios a discernir lo que están haciendo cuando
participan en ella.
La cuestión de la Eucaristía desemboca, a su vez, en la del Cuerpo místico y
los carismas, entre los que destaca de un modo preeminente la caridad.
Por último, la carta aborda el tema de la resurrección y la vida eterna.
a) Pureza del cuerpo
La comprensión paulina del cuerpo, de toda la persona humana, está estrechamente relacionada con la realidad del bautismo y de la incorporación al
Cuerpo de Cristo. Por tanto, a la nueva relación que adquiere el bautizado
tanto con Cristo como con los demás miembros de dicho Cuerpo: «El que se
une al Señor, se hace un solo espíritu con Él» (1Co 6,17). De aquí la petición
del Apóstol: «Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1Co 6,20). El
bautizado se ha convertido en templo del Espíritu Santo: cualquier género de
impureza es incompatible con la presencia en el alma del divino huésped.
b) Matrimonio
En relación con el matrimonio, Pablo lo incluye en el ámbito de la sacralidad:
es camino de santidad para los cónyuges. También habla con claridad de la
entrega mutua de los esposos, y del carácter positivo que puede tener una
67
68
abstinencia temporal, de común acuerdo, como expresión de la pertenencia
total a Cristo y para dedicarse a la oración (1Co 7,5). Del mismo modo, subraya la indisolubilidad del vínculo, apelando expresamente a un mandato del
Señor (1Co 7,10-11).
c) Virginidad
Pablo habla de la virginidad como de un don particular (1Co 7,7); un don que
expresa no un rechazo al matrimonio sino un sí completo al amor de Cristo
(cfr. 1Co 7,35).
d) Comunidad cristiana
Los temas de las carnes sacrificadas a los ídolos, la Eucaristía y los carismas se
sitúan en el contexto de las relaciones entre los bautizados, y la relación de
estos con Cristo. Las ideas de fondo que subyacen en estas cuestiones podrían
esquematizarse así:
• La sabiduría divina es la que nos lleva a conocer la verdadera naturaleza
de las cosas. En esta perspectiva, las carnes sacrificadas a los ídolos no son
nada, porque los ídolos no son nada. Pero la preocupación del creyente ha
de ser siempre la de edificar la Iglesia, y si comer esas carnes escandaliza a
alguien, hará bien absteniéndose de ellas. También esta perspectiva ayuda
a entender cómo ha de ser la actitud del que se acerca a la Eucaristía hacia
el prójimo.
• El tema de los carismas también se afronta en el contexto general de la
edificación de la Iglesia. El Espíritu otorga diversos dones a los creyentes (1Co 12,4-11). Pero la aparente tensión entre unidad y diversidad no
es tal: «así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, aun siendo muchos, son un solo cuerpo, así también
Cristo» (1Co 12,12). La multiplicidad es riqueza. Pero dicha multiplicidad
es para contribuir a la edificación de la Iglesia. Además, hay una gradación
entre los carismas, de tal modo que unos edifican más que otros. El creyente debe aspirar a los mejores, siguiendo el camino más excelente, el de la
caridad (1Co 13,1-13).
3.4. La Eucaristía
En dos momentos de la carta, el Apóstol se refiere a la Eucaristía: primero,
incidentalmente, al explicar que los cristianos no pueden participar en los
banquetes de los santuarios paganos; y luego, al corregir los abusos que se
habían introducido en Corinto en las celebraciones eucarísticas. En estos dos
textos se contienen las verdades fundamentales sobre la Eucaristía: su institución por el mismo Cristo, su carácter sacrificial, la presencia real de Cristo
bajo las especies del pan y del vino y las relaciones entre el cuerpo sacramental del Señor y su Cuerpo místico, que es la Iglesia.
• San Pablo narra la institución de la Eucaristía en un relato afín al de san
Lucas (1Co 11,23-26; cfr. Lc 22,14-20).
• Enseña también que la Eucaristía es el único sacrificio frente a los sacrificios paganos. La víctima eucarística estaba prefigurada en las del Antiguo
Testamento. La Eucaristía es presentada por Pablo en la perspectiva de la
Nueva Alianza.
• Confirma, además, la presencia real de Cristo bajo las especies sacramentales: «Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo
del cuerpo y de la sangre del Señor» (1Co 11,27).
• Finalmente, las relaciones entre la Eucaristía –Cuerpo sacramental de
Cristo– y la Iglesia –Cuerpo místico de Cristo–, están claramente establecidas: «Puesto que el pan es uno, muchos somos un solo cuerpo, porque
todos participamos de un solo pan» (1Co 10,17). En este contexto, es un escándalo que los creyentes se presenten divididos y con disputas a celebrar
un sacramento que expresa la unidad del cuerpo eclesial del Cristo.
3.5. Escatología: la resurrección de los muertos
A los cristianos de Corinto no les resultaba fácil aceptar la resurrección de
los muertos, puesto que esta verdad de la fe chocaba fuertemente con el pensamiento griego de la época. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, el
propio Pablo lo había experimentado durante su discurso ante el Areópago en Atenas: «Cuando oyeron lo de “resurrección de los muertos”, unos se
echaron a reír y otros dijeron: “Te escucharemos sobre esto en otra ocasión”»
(Hch 17,32).
a) La resurrección de Cristo
• Su exposición, escrita a menos de treinta años después de la resurrección,
es de suma importancia como argumento de historicidad, máxime teniendo en cuenta que la presenta como una verdad aceptada desde antes en
la Tradición apostólica: «Os transmití en primer lugar lo mismo que yo
recibí» (1Co 15,3). El misterio de la resurrección de Cristo es un aconteci-
69
70
miento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como
lo atestigua el Nuevo Testamento. El Apóstol ofrece una larga lista de testigos del Resucitado: Pedro, Santiago el Menor, todos los Apóstoles y quinientos hermanos, de los cuales, al escribirse esta carta, la mayor parte aún
están vivos y pueden dar fe de lo que han visto. Al final añade su propio
testimonio.
• Pero la resurrección de Cristo no es solo un hecho histórico, sino además
un misterio. Este misterio estriba en la condición gloriosa del Resucitado.
De ahí que san Pablo diga repetidas veces que Cristo «se apareció» (literalmente, «fue visto»), dando a entender que se mostró solamente a aquellos
a los que quiso aparecerse.
• La resurrección de Cristo constituye el fundamento firme de nuestra fe
(1Co 15,14). Solo si Cristo vive, nuestra fe en Él tiene sentido. En concreto,
nuestra incorporación a Él por medio del bautismo, en el que participamos de su muerte y resurrección, solo tiene valor si Cristo ha resucitado.
De otra manera estaríamos todavía en nuestros pecados. Hay una estrecha
relación entre liberación y victoria sobre la muerte.
b) Nuestra propia resurrección
• La resurrección del Señor es ante todo la causa eficiente de la nuestra. san
Pablo explica esta realidad mediante la imagen de las primicias y, sobre
todo, mediante el paralelismo antitético entre Cristo y Adán: porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la
resurrección de los muertos. Pues «así como en Adán todos mueren, así
también en Cristo todos serán vivificados» (1Co 15,22).
• Finalmente, el Apóstol se extiende en explicar el modo de nuestra resurrección gloriosa. La resurrección que ocurrirá en el último día, en la segunda
venida de Cristo, consistirá en la completa transformación del cuerpo: en
vez de natural será espiritual. Con esta afirmación, san Pablo no niega la
materialidad del cuerpo –lo cual sería una contradicción– sino que expresa
el dominio completo del espíritu sobre el cuerpo. Como consecuencia de
este dominio, el cuerpo será incorruptible, glorioso, fuerte e inmortal.
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• sinagoga
• predestinación
• procónsul
• ministro
• ácimos
• monofisismo
• incesto
• carisma
• celibato
• pagano
• inmolación
• antitético
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la primera Carta a los Corintios?
2. ¿Cuál es el tema de fondo de la primera Carta a los Corintios?
3. ¿Cuál es la condición fundamental para percibir las cosas del Espíritu?
4. ¿Qué quiere decir que la Iglesia es Cuerpo de Cristo?
5. ¿En qué se basa la exigencia cristiana de la pureza del cuerpo?
6. ¿Cuáles son las características del matrimonio según san Pablo?
7. ¿En qué consiste la resurrección gloriosa del cristiano?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«En esta línea podemos comprender también el original concepto, exclusivamente
paulino, de la Iglesia como “Cuerpo de Cristo”. Al respecto, conviene tener presente las
dos dimensiones de este concepto. Una es de carácter sociológico, según la cual el
cuerpo está formado por sus componentes y no existiría sin ellos. Esta interpretación
aparece en la carta a los Romanos y en la primera carta a los Corintios, donde san Pablo
asume una imagen que ya existía en la sociología romana: dice que un pueblo es como
un cuerpo con distintos miembros, cada uno de los cuales tiene su función, pero todos,
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72
incluso los más pequeños y aparentemente insignificantes, son necesarios para que el
cuerpo pueda vivir y realizar sus funciones.
Oportunamente el Apóstol observa que en la Iglesia hay muchas vocaciones: profetas, apóstoles, maestros, personas sencillas, todos llamados a vivir cada día la caridad,
todos necesarios para construir la unidad viva de este organismo espiritual. La otra
interpretación hace referencia al Cuerpo mismo de Cristo. san Pablo sostiene que la
Iglesia no es solo un organismo, sino que se convierte realmente en cuerpo de Cristo
en el sacramento de la Eucaristía, donde todos recibimos su Cuerpo y llegamos a ser
realmente su Cuerpo. Así se realiza el misterio esponsal: todos son un solo cuerpo y un
solo espíritu en Cristo. De este modo la realidad va mucho más allá de la imaginación
sociológica, expresando su verdadera esencia profunda, es decir, la unidad de todos
los bautizados en Cristo, a los que el Apóstol considera “uno” en Cristo, conformados al
sacramento de su Cuerpo».
(Benedicto XVI,
Audiencia, 15 octubre 2008)
SEGUNDA CARTA
A LOS CORINTIOS
TEMA
7
El tema central de la carta es el ministerio apostólico, presentado en la
primera parte de forma positiva y en la tercera con tonos apologéticos,
y en ocasiones irónicos, frente a las falsedades que algunos propalaban
contra san Pablo. En la parte central dedicada a la colecta, se subraya el
valor religioso y social de la solidaridad con los más necesitados.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Defensa del buen evangelizador cristiano 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Características del evangelizador cristiano • Colecta
como ejercicio de la propia entrega • Apología paulina 3. ENSEÑANZA • a) Sinceridad de vida y de palabra, características del buen ministro • b) Comunión de
bienes entre los bautizados
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1. Ocasión de la carta
74
• Una primera cuestión en torno a la carta es la relación entre cada una de
sus tres partes. Se trata de un tema muy debatido, y que ha dado origen a
diversas hipótesis que, lógicamente, están directamente relacionadas con
la ocasión en la que habría sido escrita la carta o, en su caso, cada una de
sus secciones. Aquí nos fijaremos en la carta tal y como nos ha llegado,
poniendo de relieve el contenido de cada una de las secciones.
• Parte de la temática de la carta se desarrolla sobre el trasfondo de un conflicto, cuya naturaleza no ha llegado a esclarecerse del todo, ya que el mismo
texto no aporta apenas indicios al respecto. Probablemente, durante una visita rápida a Corinto, el Apóstol o uno de sus colaboradores fue gravemente
ofendido por alguna persona concreta que llegó a ridiculizar su presencia:
«Sus cartas son duras y fuertes, pero en persona es poca cosa, y su palabra
no vale nada» (2Co 10,10). Por otra parte, los que llenaban de dolor el corazón de Pablo fueron los «falsos maestros», seguramente un grupo de cristianos judaizantes que llegaron de fuera enseñando doctrinas contrarias al
Evangelio verdadero. Quizás se juntaron ambas circunstancias, las ofensas
de una persona individual y la actitud de los «superapóstoles», que ocasionaron la pena del Apóstol y provocaron la apología contenida en la carta.
2. Estructura y contenido
La carta se divide, después del saludo (1,1-2) y la acción de gracias (1,3-7), y
antes de la despedida (13,11-13), en tres partes, bien delimitadas:
1,12-7,16
En la primera desarrolla con bastante homogeneidad las características
del evangelizador cristiano. Con la apología de su persona y de su ministerio queda dibujada la figura del apóstol.
8,1-9,15
La segunda está dedicada a la colecta de Jerusalén. Como había hecho
en 1Corintios, san Pablo estimula a estos cristianos más pudientes para
que ayuden a los de Jerusalén, que se encontraban en serias dificultades
de persecución y penuria.
10,1-13,10
La tercera parte es una apología del Apóstol frente a las calumnias de los
adversarios. san Pablo va deshaciendo, una por una, las falsedades que inventaban y ofrece a los fieles argumentos para contestar a sus calumniadores. Al final da instrucciones de cara a su próxima visita a Corinto, que será
la tercera, y que efectivamente se realizó a principios del año 58.
3. Enseñanza
3.1. El ministerio apostólico
La primera parte de la segunda Carta a los Corintios es prácticamente un pequeño tratado sobre el ministerio apostólico. En la tercera parte, Pablo profundiza en esas ideas al realizar una apología de su propio ministerio frente a los
que le atacan. Podemos esquematizar así los puntos fundamentales:
1. De Dios es la iniciativa tanto de la salvación como de la elección y la capacitación de los ministros encargados de predicarla y de ofrecerla a los hombres a través de su ministerio.
• Dicha salvación es expresada en términos de reconciliación y de resurrección –en el día de nuestro Señor Jesús– a una nueva vida de comunión
con Él (2Co 4,14). Más allá de la «tienda de nuestra mansión terrena» nos
aguarda un edificio que es de Dios, una casa no hecha por mano de hombre (2Co 5,1). «Quien nos ha preparado para este fin es Dios, el cual nos ha
dado como arras el Espíritu» (2Co 5,5). Dios es fiel a este proyecto: su «sí»
se ha hecho realidad en Jesucristo, su Hijo, en quien se han cumplido sus
promesas (2Co 1,20).
• Por otro lado, Dios elige a los ministros de este Evangelio: Pablo es consciente de ser apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios (2Co 1,1), de haber recibido su ministerio por la misericordia de Dios (2Co 4,1), y de haber
sido capacitado por Dios para llevar a cabo su misión (2Co 3,5-6). El ministro se sabe vaso de barro portador de un tesoro que es divino, con plena
conciencia de que la sobreabundancia del poder es de Dios (2Co 4,7). Es
más, el apostolado es propiamente una acción de Dios, de la que el apóstol
es instrumento: «Sois una carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio y escrita no con tinta sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de
piedra sino en tablas que son corazones de carne» (2Co 3,3).
2. Fundamental en el ministro es tanto la sinceridad de vida (2Co 1,12) como
la sinceridad de palabra (2Co 2,17). El modelo del apóstol no es otro que Dios
mismo, su fidelidad y su sinceridad, expresadas en Jesucristo. Así, en el obrar del
verdadero apóstol se refleja el sí de Dios, la fidelidad de Dios. El apóstol es siervo del Evangelio (2Co 4,5), colaborador de Dios (2Co 6,1), embajador en nombre de Cristo (2Co 5,20), ministro de la reconciliación que Dios llevó a cabo en
Cristo (2Co 5,18), portador por todas partes del buen olor de Cristo (2Co 2,14-16).
• Sinceridad de vida. La obra redentora de Jesucristo se llevó a cabo a través
de su pasión y muerte; así también, el apóstol cristiano participa de mane-
75
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ra especial en el dolor y en la ingratitud (2Co 1,5), de modo que sus sufrimientos por el Evangelio son como sus credenciales y, al mismo tiempo,
prenda de una gloria eterna y consistente (2Co 4,17). El apóstol debe estar
desprendido al predicar el Evangelio, no buscar ningún provecho propio,
sino únicamente la gloria de Dios y la salvación de las almas que le han
sido encomendadas. El verdadero motor del apóstol es el amor de Cristo
(2Co 5,14). Así, la entrega sincera al ministerio, por Dios y por los demás, produce al mismo tiempo la transformación de la vida y la persona
del apóstol, el primer beneficiario del Evangelio que él mismo predica
(2Co 3,18).
• Sinceridad de palabra. El ministro ni enseña una sabiduría humana (2Co 1,12)
ni puede adulterar (2Co 2,17) o falsear el mensaje que le ha sido confiado (2Co 4,2). Pablo afirma que le une a los fieles un amor como el que
existe entre padres e hijos. Ellos son ya ahora su carta de recomendación
(2Co 3,2) y serán un día su orgullo delante del Señor. Por eso, siente por
ellos celos de Dios y no permite que nadie los pervierta.
3. El ministerio consiste en la predicación del Evangelio glorioso de Cristo, el
cual es la imagen de Dios (2Co 4,4), el Evangelio de la gloria de Dios que está
en el rostro de Cristo (2Co 4,6). Se trata de un Evangelio de reconciliación y
de salvación, al que uno se adhiere por la fe (2Co 4,13).
• Este ministerio es superior al de la Antigua Alianza, el «ministerio de la
condenación» –basado en la letra de la Ley, y del que fue ministro Moisés–, el cual, aun siendo glorioso, en cuanto pasajero debe dejar paso a
otro, el que permanece, que abunda mucho más en gloria, el ministerio de
la justicia (2Co 3,9).
• Este ministerio ofrece la reconciliación conseguida por la muerte de Cristo
por todos, «a fin de que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel
que murió y resucitó por ellos» (2Co 5,15). El apóstol ejerce así su ministerio apoyado en la fe en Dios y en la esperanza en la resurrección y en la
vida eterna.
4. La carta anima repetidas veces a acoger a Pablo y su Evangelio con generosidad, y a no recibir en vano la gracia de Dios (2Co 6,1).
• A pesar de la tristeza que ha ocasionado a los corintios una dura carta de
Pablo, él está contento porque dicha tristeza se ha transformado en alegría, al moverles a penitencia (2Co 7,9). Así, Pablo exhorta a que los corintios le hagan un sitio en sus corazones, y manifiesta su alegría por la buena
acogida que han prestado a Tito (2Co 7,7): «Hacednos un sitio en vuestros
corazones. Con nadie nos hemos portado injustamente, a nadie le hemos
perjudicado, contra nadie hemos cometido fraude» (2Co 7,2).
• El contenido de la predicación es la verdad, pero se trata de una verdad
que permanece velada para los incrédulos (2Co 4,3-4). Creer en él, implica
un comportamiento acorde con su contenido. Así, el que se sabe templo
de Dios vivo (2Co 6,16) hace lo posible por no unirse a los infieles y por
purificarse «de toda mancha de carne y de espíritu, llevando a término la
santificación en el temor de Dios» (2Co 7,1).
5. De un modo muy particular en la tercera parte de la carta, Pablo desarrolla
una autodefensa de su apostolado en forma de autoalabanza.
• Es así que uno de los términos más usados en estos capítulos es «gloriarse». Pero no se trata de un enorgullecerse ante los hombres: si él se gloría,
se gloría en lo que Dios le ha otorgado y en lo que Dios ha otorgado a los
demás a través de él (2Co 10,17-18). El orgullo malo es el orgullo del que
considera como propias las acciones de Dios, el del que se recomienda a sí
mismo, como –dice Pablo– hacen los «superapóstoles». En este sentido, ya
en la primera parte de la carta había hablado Pablo de la buena recomendación y acreditación del apóstol (2Co 6,4).
• Al mismo tiempo, el orgullo verdadero incluye un gloriarse en las propias
flaquezas (2Co 12,5): porque precisamente en ellas es donde está misteriosamente escondida la fuerza de Dios. Así le ocurre a Pablo con la espina que
tiene clavada en el cuerpo, que le abofetea para que no sea soberbio. En su
oración de petición para librarse de este obstáculo, Pablo recibió una luz: «Te
basta mi gracia, porque la fuerza se perfecciona en la flaqueza» (2Co 12,9).
• Con más vergüenza, pero al mismo tiempo con gran claridad, Pablo aduce
también en su defensa las revelaciones particulares que ha tenido (2Co 12,1-4).
Si hace esto es porque la verdad del Evangelio está en juego; no le importa
su persona, sino que, atacando a su persona, el Evangelio que predica quede
desprestigiado y la Iglesia se aleje así de Cristo, su esposo: «Estoy celoso de
vosotros con celo de Dios: os he desposado con un solo esposo para presentaros a Cristo como a una virgen casta» (2Co 11,2), «¿es que no reconocéis, por
vuestra parte, que Cristo Jesús está en vosotros?» (2Co 13,5).
3.2. La comunión de bienes
La colecta a favor de los fieles de Jerusalén era una necesidad apremiante y
san Pablo la ordena entre los cristianos de Corinto, como venía haciendo en
77
78
las otras iglesias por él fundadas (1Co 16,1). Es un problema práctico y como
tal lo trata, encargando a Tito que se ocupe de él (2Co 8,23), animando a todos a ser generosos en sus donativos y alentándoles a ser puntuales para no
retrasar la ayuda.
Pero más allá de las cuestiones prácticas, Pablo da a la colecta un profundo
sentido teológico. De hecho, no es difícil descubrir en la exposición paulina
un paralelismo con lo expuesto en el resto de la carta:
–la colecta es una gracia de Dios, una oportunidad de darse generosamente
a los demás (2Co 8,1-6);
–la entrega tendrá verdaderos frutos si se hace sinceramente (2Co 9,7);
–el primer beneficiario de la propia generosidad es uno mismo (2Co 9,10).
a) Dimensión teológica
La generosidad en la limosna pone al cristiano en relación con Dios que da con
largueza y «ama al que da con alegría» (2Co 9,7).
•
Por un lado, san Pablo anima a imitar la capacidad de don que Dios tiene: «Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia, para que, teniendo
siempre en todas las cosas todo lo necesario, tengáis abundancia en toda
obra buena» (2Co 9,8).
• Por otro, invita a que sea una donación generosa, con largueza (2Co 9,9,).
Además, Dios, que enriquece al sembrador, «acrecentará los frutos de
vuestra justicia» (2Co 9,10), es decir, de vuestra santidad: «Os digo esto:
quien siembra escasamente, escasamente cosechará; y quien siembra copiosamente, copiosamente cosechará» (2Co 9,6).
• Por último, Pablo recuerda que el don es tal, cuando se hace con alegría.
Si se actuase por obligación, ya no se trataría de un don: «Que cada uno dé
según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana ni forzado, porque
Dios ama al que da con alegría» (2Co 9,7).
b) Dimensión cristológica
En la colecta los fieles imitan a Jesucristo que «siendo rico, se hizo pobre
por vosotros, para que vosotros seáis ricos por su pobreza» (2Co 8,9). Como
también escribe en el himno de Filipenses (Flp 2,6-11), el desprendimiento de
Cristo es expresión visible de su Encarnación. Este argumento cristológico tan
audaz eleva el valor humano de la solidaridad a virtud sobrenatural de identificación con Jesucristo.
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c) Dimensión eclesiológica
Además de solucionar unas necesidades reales, la colecta entre los cristianos
tiene un hondo valor religioso, en primer lugar, porque con ella se practica la
comunión cristiana de bienes. Los fieles, al colaborar en favor de los más necesitados, dan de lo que tienen y aprenden a darse a sí mismos. Por ello el buen
ejemplo de la generosidad de Macedonia estimula a los de Corinto (2Co 8,1-5).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• judaizante
• reconciliación
• superapóstol
• arras
• apología
• colecta
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la segunda Carta a los Corintios?
2. ¿Cuáles son las dos características de fondo de todo buen ministro?
3. ¿Cuál es el contenido fundamental de la predicación del ministro?
4. ¿En qué basa san Pablo la defensa de su apostolado?
5. ¿En qué consiste la dimensión teológica de la colecta organizada por Pablo?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«Esto es lo que quiero comentar ahora. Es una gran virtud no hablar de sí mismo cosas
grandes. Pero Pablo lo hacía tan oportunamente que cuando hablaba merecía más
alabanza que cuando callaba. Y si no lo hubiera hecho así, seguramente sería más culpable que los que acostumbran a elogiarse inoportunamente. Pues si no se hubiera
alabado, habría perdido todo por abandono y habría favorecido las obras de los que
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le atacan con vejaciones. Sabía muy bien sacar partido siempre de las oportunidades
y actuar con recta atención hasta en lo que parece desaconsejable, haciéndolo tan
aprovechable que sacaba de esto no menos alabanza que de lo que estaba mandado. Pablo, en efecto, gloriándose a sí mismo, sacó más provecho que cualquier otro
ocultando sus méritos, y nadie ha hecho tanto bien ocultando sus méritos como Pablo
manifestando los suyos.
Hay algo más admirable todavía y es que no solo los manifestaba sino que únicamente
lo hacía cuando era necesario. (…). Es lo que ocurre también entre los médicos: muchas
veces la medicina que uno aplica oportunamente, otro la aplica a destiempo y altera o
compromete la eficacia de esa medicina.
Para que esto no sucediera, fíjate cuántas precauciones tomaba cuando debía gloriarse, intentando evitarlo no una vez ni dos, sino frecuentemente. Dice así: Ojalá pudierais
soportar un poco mi necedad [2Co 11,1], y más adelante: Lo que voy a decir a propósito de
mi jactancia, no lo digo según el Señor, sino como si fuera un insensato… En lo que muchos
se glorían de forma insensata, también lo haré yo [2Co 11,17-21]. Y, aun diciendo todo
esto, no tuvo bastante, porque cuando tuvo que embarcarse de nuevo en los elogios
propios, ocultó su identidad y decía: Conozco a un hombre… [2Co 12,2], y continúa: De
ese tal me gloriaré, pero de mí mismo no me gloriaré, si no es de mis flaquezas [2Co 12,5], y
termina: He hablado como un necio; vosotros me obligasteis [2Co 12,11]».
(San Juan Crisóstomo,
Elogio al apóstol Pablo, Discurso V, 8)
TEMA
CARTA A LOS GÁLATAS
8
En la Carta a los Gálatas se entrelazan, en un complejo –en parte, por el
tono polémico– pero maravilloso tejido, cristología, antropología y soteriología. Al abordar una cuestión concreta, pero especialmente delicada, Pablo sumerge a los destinatarios en el proyecto salvífico de Dios.
Así, todo el contenido de la carta se desarrolla dentro de los parámetros
vida-muerte, aplicados tanto a Jesucristo como a los cristianos. En este
contexto, Pablo se afana por mostrar el contenido y las implicaciones
de adherirse al Evangelio y, al mismo tiempo, se esfuerza en hacer comprender las consecuencias de volver a someterse a las «obras de la Ley
mosaica» confiando en que son necesarias para obtener la salvación.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Defensa de la pureza del evangelio 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • El evangelio de Pablo es de origen divino • El hombre se justifica por la fe en Jesucristo • La vida de los hijos de Dios 3. ENSEÑANZA • a) El
evangelio no tiene origen humano y es único • b) El plan salvífico de Dios llega a su
cumplimiento en Cristo • c) El cristiano se rige por la ley de Cristo
81
82
1. Ocasión de la carta
• Galacia era una región de Asia Menor que se corresponde con la planicie
central de la actual Turquía. En tiempos de san Pablo la provincia romana
que recibía ese nombre se extendía hacia el sur y abarcaba también los
territorios de Licaonia, donde se encontraban cuatro ciudades muy conocidas por el libro de los Hechos de los Apóstoles: Derbe, Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia. Los historiadores dan por seguro que los gálatas eran
los keltoi o galatai de los griegos y los galli de los romanos; eran un grupo
asiático (hermanos en origen de los celtas occidentales), que debieron de
llegar a las regiones centrales de Asia Menor (Turquía) poco antes de Alejandro Magno (357-323 a.C.) y se helenizaron a continuación.
• En su primer viaje apostólico (años 47-48) Pablo había entrado en contacto
con los habitantes de Galacia, al evangelizar el sur de la provincia. Pero debió de ser sobre todo en su segundo viaje (años 50-52), cuando les predicó
detenidamente, tal vez porque una enfermedad le obligó a detenerse allí
algún tiempo (Ga 4,13). La acogida fue sumamente cordial y entrañable
(Ga 4,14). El mismo Apóstol estuvo allí de nuevo en el año 53 o 54 (cfr. Hch
18,23).
• Entretanto, llegaron también a Galacia algunos judíos cristianos aferrados a sus tradiciones religiosas, que pensaban ser necesario para la salvación el cumplimiento de las obras de la Ley de Moisés, especialmente la
circuncisión. Es probable que algunos de esos «falsos hermanos» (Ga 2,4)
pretendieran corregir la doctrina de san Pablo en las comunidades cristianas fundadas por él en su segundo viaje apostólico, como ya habían hecho
antes de la asamblea de Jerusalén. No sabemos exactamente quiénes eran.
Lo cierto es que constituían una amenaza y que presionaban a los mismos
Apóstoles, pues en Antioquía habían inducido a la simulación al mismo
Pedro (Ga 2,11-14).
• Al enterarse del peligro de los «judaizantes», Pablo escribe a los gálatas
esta carta que ha sido definida justamente como un grito de amor y de
dolor. Escrita en Éfeso hacia el año 54/55 (o en Corinto, en 57/58), resulta
ser el mejor comentario a las conclusiones del Concilio de Jerusalén, donde se había decidido que los cristianos procedentes de la gentilidad no
estaban obligados a vivir las prescripciones judaicas. La oposición entre
Pablo y los alborotadores de Galacia no es algo superficial. El Apóstol
es consciente de que se trata de una cuestión crucial: nada menos que la
comprensión de la misión de Cristo en la historia de la salvación, de en-
tender qué era el cristianismo, del significado del Evangelio respecto de la
Ley. Al parecer, los judaizantes desarrollaron una campaña de descrédito
contra Pablo, por no ser del grupo de los Doce y haber predicado que los
gentiles convertidos al cristianismo no tenían necesidad de observar las
prescripciones de la Ley.
2. Estructura y contenido
Entre la presentación, que incluye el saludo (1,1-5) y un reproche (1,6-10), y
la conclusión y los saludos finales (6,11-18), se pueden distinguir tres grandes
secciones:
1,11-2,21
El Evangelio de Pablo es de origen divino. Podemos individuar tres
ideas: el Evangelio de Pablo proviene de una revelación directa de Cristo
(1,11-24); el Evangelio de Pablo fue aprobado por los «notables» de Jerusalén (2,1-10); Pablo demostró en Antioquía la coherencia de su posición
(2,11-21).
3,1-5,12
Argumentación doctrinal. En esta parte de la carta, Pablo expone diversos argumentos, basados en la experiencia, en la Escritura y en la razón, en pro de su tesis: «el hombre no se justifica por las obras de la ley sino
por la fe en Jesucristo» (2,16).
• 3,1-5 Reproche: el Espíritu lo han recibido mediante la fe.
• 3,6-29 La filiación que nos hace herederos se obtiene mediante la fe.
• 4,1-7 Somos hijos, no siervos, y por tanto herederos.
• 4,8-11 Reproche: ¿por qué volver a la esclavitud?
• 4,12-20 Apelación a los recuerdos personales y a los sentimientos.
• 4,21-31 Somos hijos de la libre (Sara), no de la esclava (Agar).
• 5,1-12 Circuncidarse es volver a la servidumbre.
5,13-6,10
Exhortación a la vida cristiana. En esta parte, de tono moral y parenético, el Apóstol expone cómo debe ser la vida de los hijos de Dios.
El género de la Carta a los Gálatas es predominantemente discursivo. Una
lectura atenta de los complejos razonamientos nos ayuda a captar el tema
83
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principal: solo Cristo tiene poder para justificar y salvar, y, por tanto, quien
predique otro evangelio, alterando el Evangelio de Cristo, está en el error
(Ga 1,4-5.8); de ahí, la doctrina de la libertad de los cristianos con respecto al
cumplimiento de las prescripciones de la Ley mosaica y de la compleja jurisprudencia añadida por la tradición de los escribas (halakhôt). Para los «judaizantes» la identidad cristiana, la pertenencia al verdadero Israel, requería la
circuncisión (Ga 5,2). El Apóstol reacciona con fuerza, casi con vehemencia,
contra tal concepción: el hombre –viene a decir– es justo para Dios solo por la
fe en Jesucristo.
3. Enseñanza
3.1. El Evangelio predicado por Pablo
a) La «verdad del Evangelio» (Ga 2,5.14; 5,7)
• El Evangelio es la Buena Nueva predicada por Pablo. Pero este Evangelio
no tiene origen humano (Ga 1,11), sino que le ha sido revelado por el mismo
Jesucristo (Ga 1,12.15-16), y después ha sido profundizado y madurado
por él en el desierto (Ga 1,17) y, más tarde, con la ayuda de Pedro (Ga 1,18;
cfr. Ga 2,2).
• El Evangelio es único (Ga 1,6-9), igual que el proyecto salvífico de Dios es
único (Ga 3,15-18). Aunque se presente de forma diferente según el destinatario, el contenido es siempre el mismo. Por eso, cambiar este, al dar
valor salvífico a la Ley mosaica, supone negar el Evangelio.
b) El contenido del Evangelio
• Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, se ha entregado por nosotros en
la cruz, ofreciéndonos la posibilidad de participar de su muerte (al pecado
y a la Ley) y de su resurrección (a la vida), a través de la fe y el bautismo,
gracias a la acción de Espíritu.
• El hombre que se ha unido así a Cristo es ya una «nueva criatura» (Ga
6,15), ha sido hecho «hijo adoptivo» (Ga 4,5), ha recibido en su corazón el
Espíritu del Hijo (Ga 4,6), ha sido capacitado para llevar una vida nueva en
el Espíritu: «vivo, pero no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).
• Esto exige del cristiano una actitud coherente (Ga 2,11-14), una colaboración efectiva: «caminad en el Espíritu» (Ga 5,16; cfr. Ga 5,25).
Así expresa este contenido la Carta:
«Pero al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros
corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abbá, Padre!”» (Ga 4,4-6).
3.2. El plan divino de salvación obrado por Cristo
Los razonamientos paulinos tienen como telón de fondo el plan salvífico de
Dios (Ga 1,4; cfr. Ga 1,15), y se centran en la redención obrada por Cristo
(Ga 1,4; 3,13; 4,5) y en el camino del hombre para acceder a las bendiciones
prometidas por Dios a Abraham y a sus descendientes (Ga 3,8; cfr. Gn 12,3).
a) El plan salvífico de Dios ha llegado a su cumplimiento en Cristo
• La Carta a los Gálatas ofrece un panorama insospechado en lo concerniente a la salvación del hombre. No se trata simplemente de que Cristo, al
entregarse por nosotros (Ga 1,4), haya cargado con la pena derivada de
nuestros pecados y, por tanto, nos haya redimido (Ga 4,5; 5,1.13), nos haya
liberado del poder que el pecado ejercía sobre nosotros (cfr. Ga 1,4; 4,3), y
haya ofrecido la justificación y, por lo tanto, la «vida» a los que se unen a
Él por la fe (Ga 2,16) y el bautismo (Ga 2,27).
• Con su muerte y su resurrección, Cristo, además, nos ha liberado de la
maldición de la Ley (Ga 3,13) al declarar el fin de su vigencia.
• Y más aún. Lo extraordinariamente nuevo es que, a través del bautismo, el
creyente puede unir su destino al de Cristo, morir al pecado y renacer a la
gracia, convertirse en hijo adoptivo de Dios en Cristo, y participar así de la
misma vida divina. La «vida» que ofrecía el cumplimiento de la Ley –vida
que realmente no podía dar– y que ahora ofrece Cristo, aparece con una
luz insospechada. Así, el concepto de salvación está estrechamente vinculado al de «vida de hijo de Dios», «vida en el Espíritu», una vida nueva (Ga
6,15) que ya ha comenzado en este mundo para el bautizado y cuya meta
definitiva es la vida eterna (Ga 6,8).
b) Fases del plan divino de salvación previas a Cristo
• Pablo focaliza en Abraham (promesa, herencia) y Moisés (Ley), por la importancia que tienen en su refutación de las posturas judaizantes. En el
Antiguo Testamento, la «salvación», las bendiciones divinas, están ligadas
a la figura de Abraham y al Pueblo que Dios formó de él. Dios pidió al
85
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patriarca salir de su tierra y, apoyado en su fe, le hizo, tanto a él como a
sus descendientes, unas promesas (cfr. Gn 15,5-6). Basado en esto, Pablo
razona que los descendientes de Abraham, los herederos de las promesas,
son los que creen como creyó el patriarca.
• Es más. En último término, «la descendencia» de Abraham, en singular
(cfr. Gn 22,17-18), es Cristo. Así, los herederos de las promesas divinas son
los que se unen a Cristo por medio de la fe y el bautismo (Ga 3,27-28).
• Para los judíos, sin embargo, hijo de Abraham es el que cumple las obras
de la Ley, esto es, las obras que exige practicar la Ley mosaica. De hecho,
en la literatura rabínica se afirma que Abraham, concretamente al circuncidarse (cfr. Gn 17,10), ya cumplió la Ley antes de ser promulgada. Sin
embargo, lo que dice la Escritura, afirma Pablo, es que Abraham fue justificado por su fe, no por cumplir una Ley que fue otorgada muchos años
después de la promesa (Ga 3,17). Y esto Dios no lo ha derogado.
c) El valor y el papel de la Ley mosaica
• Dios otorgó a Moisés una Ley –consistente, fundamentalmente, en la prescripción de la circuncisión y en unas normas de separación respecto a los
gentiles–, con la promesa de que daría la vida al que cumpliese todos sus
preceptos (Lv 18,5).
• Sin embargo, Cristo cumplió dicha Ley, y ésta no pudo evitar que muriese
en la cruz y fuese considerado maldito. Hasta la llegada de Cristo, la Ley
había tenido un sentido «positivo» funcionando como un pedagogo que
guía, ilumina, muestra dónde está el mal, y castiga. Con Cristo, ha quedado demostrado el sentido «negativo» de la Ley: no podía ofrecer más que
la muerte.
• Pero esto no obsta para que haya hecho lo que debía: llevar a Cristo (Ga
3,24), aquel en quien sí se nos da la vida. Por eso, con Cristo la Ley ha llegado a su fin: ha llevado hasta Cristo y ha sido derogada.
• Para explicar esto mejor, Pablo recurre a argumentos de diverso tipo: de
experiencia –los gálatas han recibido el Espíritu por la obediencia de la fe,
no por las obras de la Ley (Ga 3,2)–; basados en la Escritura –los verdaderos herederos de las promesas a Abraham son los hijos de Dios en Cristo
(Ga 3,29); somos hijos de la libre, no de la esclava (Ga 4,31)–; basados en la
razón –la Ley es un régimen particular de los judíos, transitorio e inferior
al de la fe– (Ga 3,15-25).
d) La unión de todos en Cristo
• Tema fundamental de la Carta a los Gálatas, enunciado de una forma breve pero muy gráfico, es el de la unidad de todos en Cristo.
• Con la existencia de la Ley mosaica existían diferentes regímenes de retribución divina: el de la fe y el de la Ley –Pablo los hace excluyentes–. Ahora,
Cristo se ha convertido en la única puerta de salvación para todos. Ya no
hay diferentes regímenes ni privilegios. Todo el que acoja la fe en Cristo
tiene abierto el camino de la salvación.
• En Ga 3,28 se expresa la igual dignidad de todos, judíos y griegos, esclavos
y libres, varón y mujer, y el objetivo último de la obra de la salvación, que
es que todos seamos uno en Cristo. En las cartas de la cautividad se profundizará en esta cuestión.
e) La fe en Cristo
• La fe es la adhesión a Cristo y la participación en su experiencia de muerte
y de vida.
• Se trata de una entrega total, de una «crucifixión al mundo» (Ga 6,14) y de
un comprometerse a vivir según la ley de la caridad (Ga 5,13-14; 6,2).
• Es así que también podemos hablar de unas «obras de la caridad».
3.3. La vida en el Espíritu
• Cristo nos ha liberado del poder del pecado, de los elementos del mundo,
y nos ha hecho hijos suyos, pero esa libertad no ha de ser un pretexto para
la carne (Ga 5,13). Existe una vida propia de hijos de Dios, para la que es
necesario el Espíritu; solo gracias a él podemos participar de la vida del
Resucitado.
• El cristiano se rige por la ley de Cristo (Ga 6,2), que se resume en servirnos
unos a otros por amor (Ga 5,13), en amar al prójimo como a uno mismo
(Ga 5,14; cfr. Lv 19,18), en llevar los unos las cargas de los otros (Ga 6,2).
Así, la libertad de los hijos de Dios se traduce en la capacidad de entregarse por amor a los demás; a esto se opondrá el «régimen del egoísmo», las
apetencias de la carne.
• Según se siembre, se cosechará (Ga 6,7): el que siembre en su carne, el que
haga las obras de la carne –«la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas,
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las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y
cosas semejantes» (Ga 5,19-21)–, cosechará corrupción; el que siembre en
el espíritu, obtendrá los frutos del Espíritu –«la caridad, el gozo, la paz, la
longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia» (Ga 5,22-23)–, heredará el Reino de Dios (Ga 5,21) y cosechará la
vida eterna (Ga 6,8).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• antropología
• rabínico
• soteriología
• pedagogo
• circuncisión
• talmud
• justificación
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a los Gálatas?
2. ¿Cuáles son las características fundamentales del evangelio predicado por
Pablo?
3. ¿En qué consiste el plan salvífico de Dios?
4. ¿Qué papel ha desempeñado la Ley mosaica en este plan?
5. ¿En qué consiste la fe en Cristo?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«Tal es la doctrina de san Pablo sobre la justificación por la Fe. A primera vista, parece
que está en las antípodas la doctrina de Santiago. El doctor de las naciones dice: “El
hombre es justificado por la Fe sin las obras de la Ley”, o, más enérgicamente todavía:
“El hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe de Jesucristo”. El her-
mano del Señor dice: “El hombre es justificado por las obras y no por la fe sola”. Hay más:
cada uno apoya su respectiva tesis en el mismo ejemplo bíblico y en el mismo texto de
la Escritura: “Abraham creyó a Dios y esto le fue imputado a justicia”. Y mientras san Pablo obtiene esta conclusión: “Si Abraham hubiese sido justificado por las obras habría
tenido de qué gloriarse; pero no delante de Dios”, Santiago concluyó: “¿No fue justificado nuestro padre Abraham por las obras cuando ofreció su hijo Isaac a Dios? Ved que la
fe acompañaba a sus obras y que por las obras su fe vino a ser consumada”. ¿No hay allí
oposición irreductible y hasta contradicción flagrante? Se dice que Lutero prometió su
bonete de doctor, en un acceso de jovialidad de bufón, para quien deshiciera la antinomia. Si decía, por momentos, que Santiago era un hombre de pelo en pecho, aunque
un poco estrecho, con mayor frecuencia calificaba la Epístola del Apóstol de carta de
paja que no contenía una sílaba digna de Cristo.
Aunque los dos Apóstoles se sirven de las mismas palabras, no hablan de las mismas
cosas. La Fe de san Pablo es la Fe concreta, la Fe activa, la Fe que recibe de la Caridad su
vigor y su forma; la fe de Santiago es un simple asentimiento de la inteligencia, comparable al que los mismos demonios conceden a las verdades evidentes. Es manifiesto que este acto, que es necesario y puramente intelectual, no puede influir en nada
sobre la justificación del hombre. Las obras de que habla san Pablo son las obras que
preceden a la Fe y a la justicia, principalmente las obras de la Ley de que se trata en la
controversia con los judaizantes; las obras de Santiago son las obras que siguen a la Fe
y a la justicia, puesto que se dirige a los cristianos, quienes están ya en posesión de la
vida sobrenatural. La Justicia de que habla san Pablo es la Justicia primordial, es decir el
tránsito del estado de pecado al estado de santidad, como lo prueba de sobra el objeto
mismo de la polémica y las reiteradas explicaciones del Apóstol; la Justicia de Santiago
es la Justicia segunda, llamada también Justicia acrecentada, que se debe al desarrollo
regular de la vida cristiana. En tres palabras, san Pablo se coloca antes de la justificación
del hombre, Santiago después; el primero habla de la Fe viva, el segundo de una fe que
puede ser muerta, que en todo caso es inactiva; el uno le da a conocer al infiel que sin
la Fe no puede alcanzar la justificación, el otro le enseña al cristiano que debe poner su
conducta de acuerdo con su fe porque la fe sola no le basta».
(Ferdinand Prat, «La crisis judaizante en
Galacia, II.5: Pablo y Santiago», en La teología
de san Pablo, parte I, libro III, capítulo I)
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TEMA
CARTA A LOS ROMANOS
9
San Pablo escribe esta carta como precursora de su proyectado viaje a
Roma. Conocedor de la situación de la comunidad cristiana de aquel
lugar, presenta su forma personal de comprender y predicar el Evangelio,
según la cual judíos y gentiles quedan colocados en un plano de igualdad frente a la revelación de la justicia de Dios en Jesucristo. Así, en esta
carta formula en términos más pacíficos y precisos su concepción de la
relación entre la Ley mosaica y Jesucristo.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Preparación del viaje a Roma 2. TERMI­NO­
LOGÍA • Judíos • Paganos • Ley • Pecadores 3. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Justicia divina y retribución • Status y obrar de los justificados • Situación de Israel • Vida y conducta del cristiano 4. ENSEÑANZA • a) El Evangelio de Cristo • b) El camino para la justificación • c) presencia del Espíritu en el
corazón del creyente • d) La palabra de Dios es infalible y justa
1. Ocasión de la carta
• Durante su tercer viaje apostólico (años 53-58), san Pablo escribió desde
Éfeso a los gálatas y empezó una correspondencia con la comunidad de
Corinto. Las dos cartas a los corintios, escritas entre contrariedades, dieron
sus frutos: al final, la comunidad gozaba de salud y fervor espirituales. Las
noticias de las demás iglesias fundadas por el Apóstol indicaban que todo
marchaba bien con la gracia del Espíritu. Su actividad en la parte oriental
del Imperio romano ha logrado ya unos frutos estables. Desde Jerusalén
hasta las regiones de Iliria, es decir, hasta la ribera oriental del Adriático,
ha sido predicado el Evangelio de Cristo. En vista de ello, Pablo proyecta
extender su labor apostólica hasta Hispania, haciendo una amplia escala
en Roma, donde ya se había establecido un buen número de cristianos.
• A fin de preparar debidamente su llegada a Roma, escribe desde Corinto
la Carta a los Romanos, en el invierno-primavera del año 57-58. Esta es la
datación propuesta por la mayoría de los estudiosos en las últimas décadas, aunque una minoría la adelanta al año 52. Que la carta se escribiera en
Corinto lo indica la alusión a la «diaconisa» Febe de la ciudad de Cencreas,
puerto de Corinto en el mar Egeo (Rm 16,1). Si Febe estaba a punto de navegar hacia Roma, es razonable pensar en el final del invierno o ya en la
primavera del último período de san Pablo en Corinto.
• No sabemos cuándo comenzó la comunidad cristiana de Roma, pero debía
de contar con una relativa antigüedad, pues Pablo habla de que «desde
hace muchos años siento un gran deseo de ir donde vosotros» (Rm 15,23)
y que «vuestra fe es alabada en todo el mundo» (Rm 1,8). Sabemos por la
historia general que las comunicaciones de Palestina con Roma –había allí
varias sinagogas judías– eran frecuentes en aquella época, por mar y tierra.
Esta circunstancia hace razonable la suposición de que algunos cristianos
de Judá y regiones limítrofes llegaran a la capital del Imperio por diferentes motivos, entre ellos comerciales.
• Por estas causas, es posible que la comunidad cristiana de Roma, formada
por fieles de procedencia judía o gentil, fuese más conservadora de las tradiciones judaicas que las fundadas por Pablo en Oriente. Un reflejo puede
ser que san Pablo en Romanos es más cauteloso que en Gálatas respecto al
valor de la Ley y de otras tradiciones judaicas (compárese, por ejemplo,
Rm 3,1-2 con Ga 5,2).
• Otro dato a tener en cuenta es que, entre las cartas de autenticidad no
discutida, Romanos es la que más vocabulario litúrgico contiene: Cristo es
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comparado al propiciatorio (Rm 3,25); los fieles son exhortados a ofrecer
sus cuerpos «como ofrenda viva» a Dios (Rm 12,1); etc. Tales pasajes resultan más oportunos si los destinatarios tenían conocimiento de la liturgia
del Templo de Jerusalén.
• En cualquier caso era importante para el Apóstol exponer los efectos de la
salvación de Cristo a estos fieles de distinto origen, mostrándoles que ya
no había diferencias entre ellos. Por otra parte, dada por cumplida su misión en los países del Mediterráneo oriental, san Pablo esperaba comenzar
su labor apostólica en los del Mediterráneo occidental, concretamente en
Hispania, el finis terrae, y Roma sería la base apropiada para la nueva área
de expansión.
2. Terminología
La Carta a los Romanos es el escrito paulino más extenso y, además, el más sistemático y estructurado. Comencemos puntualizando el sentido de algunos
términos clave.
a) «Judíos», «judaísmo». Cuando Pablo usa estas expresiones no es para referirse a un raza sino a una categoría religiosa: los sujetos a la Ley mosaica. Se
trata, concretamente, de los que viven las prescripciones de la Ley, de las que
la circuncisión es la primera.
b) «Griegos», «naciones», «paganos». Estas expresiones, cada una con sus
matices, hacen referencia a las personas o pueblos no judíos, esto es, ajenos a
la Ley mosaica.
c) «Ley». Cuando Pablo usa la palabra «ley» es necesario fijarse en el contexto
para ver a qué ley se está refiriendo. La expresión tiene en el Apóstol diversos
significados: la Ley mosaica (en este manual la ponemos con mayúscula), una
ley genérica, la ley de Cristo, etc.
d) «Pecadores». El judaísmo señala con esta expresión a la categoría de personas abocadas a la «destrucción» por estar bajo el dominio total del pecado y,
por tanto, alejadas de Dios. Aquí entran los no circuncidados y los apóstatas del
judaísmo. El que no pertenece a esta categoría, aunque sabe que puede pecar,
también sabe que la Ley le ofrece unos mecanismos de petición de perdón y,
por tanto, se «sabe» excluido de la categoría de los «pecadores».
3. Estructura y contenido
3.1. Dinámica del discurso
La Carta a los Romanos se presenta como un tratado que desarrolla, en diversas
fases, el gran tema enunciado en Rm 1,16-17:
«No me avergüenzo del Evangelio, porque es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío en primer lugar y también del griego».
El contexto general de la carta está definido por las siguientes coordenadas:
• la condición del hombre,
• las modalidades de retribución divina,
• la justificación,
• la vida en Cristo.
Podemos dividir el texto en las siguientes secciones (sigo en este epígrafe la
propuesta y las ideas de Jean-Noël Aletti en sus diversas publicaciones sobre
la Carta a los Romanos):
1,1-17
Saludo (1,1-7) y exordio (1,8-17).
1,18-4,25
Sección I. Sobre la manifestación de la justicia divina y sobre las modalidades de la retribución.
5,1-8,39
Sección II. Descripción del obrar y del status presente y futuro de los justificados.
9,1-11,36
Sección III. Enigma de la situación de Israel: infalibilidad y justicia de la
palabra divina.
12,1-15,13
15,14-33
16,1-27
Sección IV. Sobre la vida y la conducta del cristiano.
Resumen conclusivo final.
Últimas recomendaciones y saludos.
3.2. La justicia divina y las modalidades de retribución (Rm 1,18-4,25)
En esta primera sección, de corte más teo-lógico, Pablo comienza hablando
de la manifestación de la justicia divina y de las modalidades de la retribución. En
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una perspectiva escatológica, el acento se pone en la «ira de Dios» y el «juicio
divino».
El contenido general de esta sección es el siguiente: cara a la retribución divina, no puede ser invocado ningún privilegio –el judío podría invocar el suyo:
pertenecer al régimen de la Ley mosaica–, pues, de facto, la situación del judío,
a pesar de tener la Ley, y la del no judío, que no la tiene, es la misma –ambos
están sometidos del mismo modo a la ira divina–:
«En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia
de los hombres que tienen aprisionada la verdad en la injusticia» (Rm 1,18).
La argumentación se desarrolla siguiendo estos pasos:
a) Rm 1,18-2,29
• La justicia de Dios consiste en castigar a los malvados y premiar a los buenos.
• Los principios de retribución divina, según las categorías bíblicas y judías,
son:
– cada uno es juzgado por sus obras;
– imparcialidad en el juicio, expresada con las palabras: «gloria, honor y paz
a todo el que haga el bien»; como existen dos regímenes (con Ley y sin
Ley), esto implica que cada uno será juzgado según su régimen: el judío, según su cumplimiento de la Ley; el no judío, según su adecuación
a lo que le dice su conciencia;
– la retribución se hará según las intenciones secretas, o sea, según el propio corazón; esto implica que solo Dios puede retribuir con justicia,
porque solo Él ve tanto las obras como lo que hay en los corazones.
• Las categorías de las personas que merecen ser retribuidas con castigo –y
que, de hecho, como afirma la misma Escritura, ya lo han recibido en el
pasado– son:
– los que obran el mal y lo aprueban;
– los que critican el mal y lo hacen;
– los que predican el bien y hacen el mal.
b) Rm 3,1-20
• Según lo comentado, podría parecer que no merecen castigo los judíos piadosos, esto es, los judíos que creen en la Ley y la cumplen. Pablo afirma, sin
embargo, que también ellos se encuentran en la misma situación ante
la justicia divina final, ya que la Escritura afirma que todos, tanto judíos
como no judíos, son «pecadores». Esta afirmación implica que la Ley no
tiene poder para justificar.
• En virtud del principio de imparcialidad, la justificación debe ser concedida a todos de la misma manera: gratuitamente, por la sola fe.
c) Rm 3,21-31
• La justicia divina se manifiesta para todos, sin discriminación alguna –sin
regímenes particulares–, a partir de la sola fe, sin las obras de la Ley mosaica; Dios ha confirmado definitivamente, en Jesucristo, que la fe, sin las
obras exigidas por la Ley mosaica, es la única condición requerida para
recibir la justificación:
«Ahora, en cambio, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha
manifestado con independencia de la Ley: justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen» (Rm 3,21-22).
d) Rm 4,1-25
• El ejemplo de Abraham sirve para ilustrar lo que san Pablo ha dicho hasta
ahora:
– en Abraham, el acto de creer (en Dios) es «contado» como justicia;
– el contenido de su fe y el de la promesa que le ha sido hecha por Dios es
precisamente su paternidad universal;
– la identidad de hijo solo puede recibirse: es siempre un don; en Abraham
esto ocurre también con la identidad de padre: es la fe de los hijos (su
descendencia) la que confirma la identidad de Abraham como padre y
les une a los demás creyentes.
3.3. El obrar y el status presente y futuro de los justificados (Rm 5,1-8,39)
Esta sección es de corte más soterio-lógico: se trata de una descripción del obrar
y del status presente y futuro de los justificados: la situación y las posibilidades
(salvíficas y éticas) que abren a los bautizados el ser en y con Cristo.
La tesis general de esta sección es que la Ley mosaica ha hecho crecer el pecado,
y la gracia ha sobreabundado (sin la Ley) por Jesucristo:
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«La Ley se introdujo para que se multiplicara la caída; pero una vez que se multiplicó el pecado, sobreabundó la gracia, para que, así como reinó el pecado por la
muerte, así también reinase la gracia por medio de la justicia para vida eterna por
nuestro Señor Jesucristo» (Rm 5,20-21).
a) Rm 5,1-21
• La nueva situación de los justificados consiste en la paz con Dios y en la esperanza (5,1-11). Esta está basada en que:
– el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones;
– Cristo ha muerto por nosotros, impíos y pecadores; Él nos salvará.
• Explicación de los motivos de la nueva situación a través de la «comparación» Adán-Cristo (5,12-21):
– Adán representa la economía del pecado, que conduce a la muerte; Cristo representa la economía de la gracia, que lleva a la vida;
– superioridad infinita de la obra de la gracia sobre los efectos del pecado.
• Desarrollo comparativo de las posteridades de Adán y Cristo:
– los capítulos 6 y 8 están dedicados a describir la nueva humanidad;
– el capítulo 7 describe la vieja humanidad.
b) Rm 6,1-7,6
• Los bautizados ya no pueden permanecer en el pecado, pues han muerto
al pecado y están vivos en/con Cristo (6,1-14):
«¿Y qué diremos? ¿Tendremos que permanecer en el pecado para que la gracia
se multiplique? ¡De ninguna manera! Los que hemos muerto al pecado ¿cómo
vamos a vivir todavía en él? (…) Entonces, ¿qué? ¿Pecaremos, ya que no estamos
bajo la Ley sino bajo la gracia? De ninguna manera» (Rm 6,1-2.15).
• Liberados del pecado, los bautizados ya no viven en licencia, sino que
están al servicio de Dios y de la justicia (6,15-23).
c) Rm 7,7-25
• La ley es santa, pero provoca el deseo, aunque no la transgresión. La Ley
«está al servicio» del pecado, y no puede sacar a los hombres de su debilidad radical. El pecado, seductor y engañoso, se sirve de ella. Precisamente
en eso es donde la Ley revela el carácter engañoso del pecado. La ley no
engaña, no es pecaminosa (7,7-13).
«¿Qué diremos, entonces? ¿Que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, yo no conocí el pecado más que a través de la Ley; porque no habría conocido la concupiscencia, si la Ley no dijese: No desearás. (…) Entonces ¿lo que es
bueno se ha convertido en muerte para mí? ¡De ninguna manera! Pero el pecado,
para mostrarse como tal, produjo en mí la muerte por medio del bien, para que el
pecado llegase a su colmo por medio del precepto» (Rm 7,7.13).
• Descripción de la ruptura provocada en el «yo» manipulado por el pecado. Se trata de un «yo» que conoce y quiere el mandato divino, pero que
se siente impotente para cumplirlo. El sujeto de la mala acción es el pecado que habita en el «yo», y que le impide hacer el bien que desea (7,14-23).
d) Rm 8,1-39
• Dios ha hecho, a través de Cristo, lo que la Ley no puede hacer: los creyentes han recibido el espíritu y, con él, la filiación, la herencia:
«Así pues, no hay ya ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús.
Porque la ley del Espíritu de la vida que está en Cristo Jesús te ha liberado de la
ley del pecado y de la muerte. (…) Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se va a
manifestar en nosotros» (Rm 8,1-2.18).
• Los bautizados son guiados por el espíritu –gracias el «exceso» del acontecimiento Jesucristo–, y por eso son capaces de una acción ética que conduce a la vida. Pero si viven de manera carnal, morirán (Rm 8,1-17).
• Los sufrimientos presentes –sufrimientos de «todo lo creado», que está
bajo los efectos de la ley del pecado y de la muerte– no impiden la gloria
futura (Rm 8,18-30).
• Al final de toda la unidad Rm 5-8, Pablo retoma brevemente todo lo dicho
con unas palabras que expresan con fuerza su fe y su esperanza: Dios nos
ha dado todo en Jesucristo, y nada podrá separarnos de Él (Rm 8,31-39).
3.4. Enigma de la situación de Israel (Rm 9,1-11,36)
a) Rm 9,1-5
• Pablo plantea el enigma de la situación de Israel: a los israelitas pertenece
la adopción de hijos y la gloria y la alianza y la legislación y el culto y las
promesas, de ellos son los patriarcas y de ellos según la carne desciende
Cristo… y, sin embargo, no han aceptado a Cristo. ¿Por qué? ¿Qué pasará
entonces con los planes de Dios? ¿Y qué pasará con ellos?
97
98
b) Rm 9,6-29
• En estos versículos, Pabla habla de la lógica inaudita de la elección divina:
– La palabra divina es infalible y justa, o sea, la palabra de Dios (su plan
de salvación) no ha fracasado, y esto lo dice la misma Palabra (la Escritura):
«No es que la palabra de Dios haya quedado incumplida» (Rm 9,6).
– Pablo razona que no todos en Israel son hijos de la promesa: el Israel
elegido es el que ha creído en el Evangelio (el Resto), y a ellos se suman
los paganos que han creído (su «no llamada» había sido provisional).
c) Rm 9,30-10,21
• La razón de la situación de Israel hay que buscarla en el propio Israel,
culpable de haber rechazado la justicia de Dios revelada por el Evangelio,
por Jesucristo (= la salvación concedida por la fe en Cristo).
• Este rechazo es en realidad rechazo de la única vía de salvación que Dios
quería para Israel y para toda la humanidad (= Israel prefiere la Torá a
Cristo):
«Pues el fin de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree» (Rm 10,4).
d) Rm 11,1-32
• La situación de rechazo no es definitiva: Dios va a salvar a su pueblo:
«Entonces digo yo: ¿es que Dios rechazó a su pueblo? ¡De ninguna manera!»
(Rm 11,1).
• El tropiezo (provisional) tiene una razón y una función: mostrar misericordia a las naciones.
e) Rm 11,33-36
• Resumen conclusivo: la sabiduría inaudita de Dios es lo bastante poderosa
como para sacar provecho del tropiezo de unos y de otros, salvándolos a
todos.
3.5. Sobre la vida y la conducta del cristiano (Rm 12,1-15,13)
En la sección IV de la carta, Pablo aplica la doctrina anteriormente expuesta a
la vida y conducta del cristiano:
• exigencias morales de la fe, de la «vida en el Espíritu» (12,1-13,14);
• consejos prácticos para conducirse en medio del mundo, todavía irredento, pero al que hay que llevar a la salvación (14,1-15,13).
4. Enseñanza
San Pablo escribió dos cartas sobre la salvación gratuita que Dios ha concedido por medio de Jesucristo a quienes creen en Él. La primera es la Carta a los
Gálatas, en el momento álgido de la polémica con los judaizantes. La segunda
es la Carta a los Romanos, en la que, aunque sigue existiendo el trasfondo de
la polémica, profundiza en la exposición de la salvación obrada por Cristo de
modo sereno, cuidadosamente razonado, con perspectivas mucho más abarcantes que en Gálatas.
En Romanos, san Pablo:
• se extiende en mostrar que Jesucristo nos ha liberado de la Ley en cuanto
régimen religioso;
• explica la profunda novedad del «Evangelio» y la transformación que la
gracia de Dios obra en el creyente, que llega a ser hijo de Dios en Cristo por
medio de su Espíritu;
• habla de los privilegios de Israel –vocación, promesas, Ley, profetas–,
para esperar la salvación final del pueblo elegido y fundamentar teológicamente la vocación y predestinación del hombre;
• expone las bases de la conducta moral y espiritual del cristiano en coherencia con su nueva dignidad, conferida gracias a la obra salvífica de Jesucristo.
4.1. El Evangelio
• Toda la Carta a los Romanos se presenta como una exposición del Evangelio
de Dios (Rm 1,1; 15,16.19), también llamado Evangelio de su Hijo (Rm 1,9),
Evangelio de Cristo, o simplemente Evangelio (Rm 1,15.16; 10,15.16; 11,28;
15,20). En ocasiones, Pablo usa la expresión «mi evangelio» (Rm 2,16; 16,25)
para referirse precisamente al Evangelio de Dios predicado por él.
• Este Evangelio, del que se ha hablado en términos muy similares en la
Carta a los Gálatas, consiste en el anuncio de Cristo muerto y resucitado
99
100
en beneficio de todos los hombres. Así, en el Evangelio se concentran los
acontecimientos centrales del plan salvífico divino.
• La obra de la salvación obrada en y por Cristo puede ser expresada de
diversas formas: expiación, redención, reconciliación, justificación, santificación. Cada uno de estos términos expresa un matiz particular del
proceso de salvación, cuyo culmen en la vida plena de hijos de Dios.
• El Evangelio, una vez predicado y escuchado, interpela personalmente y
reclama una adhesión por medio de la fe. Esta fe es apertura y entrega
incondicional a lo que ha sido propuesto: renuncia al pecado, unión con
Cristo y vida de la gracia. El rechazo al Evangelio coloca a la persona en el
camino de la perdición, ya que solo Cristo es capaz de salvar al hombre.
• Es por todo esto por lo que san Pablo llama al Evangelio «fuerza de Dios
para la salvación de todo el que cree» (Rm 1,16), pues «en él se revela la
justicia de Dios de la fe hacia la fe» (Rm 1,17).
4.2. La cuestión de la justificación
a) Todos son pecadores, judíos y no judíos
• Todos los hombres, de hecho, han tenido siempre la posibilidad de conocer a Dios y lo esencial de su voluntad a través de la creación y de la ley
inscrita en sus corazones. Los judíos, además, a través de la Ley mosaica.
Pero, de hecho, ninguno ha seguido todos los dictados ni de lo que le
indicaba la ley de los corazones ni de lo que prescribía la Ley mosaica, ni
siquiera aquellos que intentaban obrar de buena voluntad. Por ello, todos
son culpables y están sometidos a la ira divina –entendida esta como las
calamidades que el hombre atrae por causa de sus pecados–, esto es, necesitados de justificación: nadie puede decirse justo delante de Dios, todos
están privados de la gloria de Dios (Rm 3,23).
• San Pablo explica que hay en el hombre una insuficiencia radical, por la
cual sus decisiones le alejan, en no pocas ocasiones, de la perfección a la
que querría tender. El Apóstol relaciona esta carencia con el pecado de
Adán, que ha introducido la muerte en el mundo, y que ha afectado profundamente a todos los que pertenecemos a su mismo linaje (Rm 5,12-14).
• El pecado es el intento de sofocar la verdad propia de Dios y que ha sido
comunicada al hombre. Este pecado debilita progresivamente al hombre,
y le va alejando cada vez más de su mundo propio –de la imagen de Dios
que es todo hombre–, llevándole incluso a confundir a Dios creador con
las criaturas (idolatría) y a comportarse de un modo vergonzoso. De una
forma profunda, Pablo explica que el hombre implicado en el pecado en
realidad está en contradicción consigo mismo (Rm 7,7-25).
b) Papel y valor de la Ley mosaica antes y después de Jesucristo
• La Ley es justa y santa. Tiene su origen en Dios.
• La Ley, con sus prohibiciones y sus preceptos, alumbra la culpabilidad e
indica el bien obrar. Así, la Ley ha «desenmascarado» al pecado, revelando su potencia destructiva.
• La Ley, sin embargo, no ha podido condenar al pecado, pues impone al
hombre cosas que, a causa del mismo pecado, no es capaz de cumplir sino
con la ayuda de la gracia.
• La Ley mosaica, además, en cuanto hecho externo, en vez de ayudar, aumenta de hecho la entidad del pecado, haciendo tomar conciencia de él.
c) La adhesión al Evangelio por la fe en Jesucristo
• El punto de partida es la justicia de Dios, atributo en virtud del cual está
siempre dispuesto a salvar a todos: a Israel y a toda la humanidad.
• En Jesucristo se ha revelado la justicia de Dios, al ofrecer a todos un mismo
camino, al que todos pueden adherirse de una forma gratuita.
• Jesucristo se ha convertido en instrumento de expiación; a través de Él nos
ha comunicado el perdón de nuestros pecados –justificación–; gracias a Él
la humanidad ha sido liberada del poder del pecado –redención–; Él ha
derogado el régimen de la Ley mosaica y ha dado inicio al régimen de la
gracia; en Él hemos vuelto a ser amigos y aliados de Dios –reconciliación–;
en Él nos convertimos en hijos de Dios –filiación divina–.
• Gracias a la justificación, el hombre recupera la imagen perdida, lo que le
permite realizarse plenamente tal como es. En todo caso, el término «justificación» expresa, en cuanto tal, tan solo una parte del proceso de salvación, cuya realización definitiva se da solamente a nivel escatológico; a la
justificación debe seguirle un comportamiento acorde del hombre.
• Los efectos de la obra de Cristo, ofrecidos gratuitamente, deben ser acogidos por cada hombre mediante la fe. Esta fe consiste en un abrirse a
Dios, un gesto de confianza en Él –en su justicia, no en la propia– y en su
potencia salvífica. Una aceptación del Evangelio sin condiciones. La fe es,
101
102
además, un don de Dios, que brota de la predicación del Evangelio. Este
régimen de la fe es válido para todos los hombres de todos los tiempos.
• La fe aparece intrínsecamente unida al bautismo, primer paso a realizar
por el que ha acogido el anuncio. Gracias al bautismo, el creyente se une a
la muerte y a la resurrección de Cristo: muerte al pecado y resurrección a
una vida nueva, la vida de la gracia. Con el bautismo, el creyente recibe el
don del Espíritu y la filiación divina.
4.3. La vida en el Espíritu
a) La justificación obrada por Cristo provoca en el creyente una profunda
transformación, cuyo artífice en el Espíritu Santo que ha sido derramado en
su corazón. La presencia del Espíritu es el primer don dado al creyente.
• El Espíritu es inspirador de una nueva vida –regida por la ley de la caridad–, contraria a la inspirada por el pecado –egoísmo–. En esta ley se encuentra la esencia de la Ley mosaica, desligada de la concepción que hacía
de ella instrumento de justificación y salvación.
• La acción del Espíritu en las almas es vital. Sólo Él puede dar al hombre
capacidad de amar con el amor de Dios mismo (Rm 5,5). Sólo Él es capaz
de corregir el contenido de nuestra oración, encuadrándola en el proyecto
de Dios (Rm 8,26-27). Él nos llena de esperanza (Rm 8,18-22).
• La esencia de la ley es el mandamiento de amar al prójimo como a uno
mismo. Este amor debe ser el que inspire todas las elecciones del cristiano
en el día a día.
a vida en el Espíritu no es cuantificable en una serie de prescripciones y
• L
preceptos: en cuanto comportamiento característico de los hijos de Dios
animados por el Espíritu, está determinado por el influjo del Espíritu, que
tiende a reproducir en el cristiano los rasgos específicos de Cristo.
• Es vital para el cristiano una disponibilidad radical al influjo del Espíritu
(Rm 8,14).
b) La vida en el Espíritu parte de la consideración del amor de Dios que está
en el origen de la obra salvífica.
• La respuesta al amor de Dios debe ser radical: «Os exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como
ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto espiritual» (Rm
12,1). Esta ofrenda viva y continuada, constituida por el cuerpo –todo el
ámbito relacional de la persona–, se convierte en una verdadera liturgia
de toda la existencia. Esta actitud es la que da sentido, coherencia y valor
a la vida.
• Esta ofrenda se concreta de dos formas inmediatas: la negativa a aceptar
lo que va contra el Evangelio y la renovación continua de la mente para
poder captar, en lo concreto de la vida, la voluntad de Dios (Rm 12,2). A
discernir la voluntad de Dios ayuda también la convergencia en la unidad
cristiana de todos los dones particulares que Dios ha otorgado (Rm 12,3-8).
• Lo esencial de la voluntad de Dios respecto al cristiano es el amor sincero
(Rm 12,9), participación y expresión del amor mismo de Dios. Este amor se
manifiesta en apertura a todos, en disponibilidad, en acogida sin límites,
en resistencia a dejarse vencer por el mal (Rm 12,21).
• El amor al prójimo tiene una manifestación muy concreta en la relación
entre los «fuertes» y los «débiles»: en la actitud de respeto y de ponerse en
las circunstancias del prójimo, y en el hacerse don para el otro:
«Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no complacernos a nosotros mismos. Que cada uno de nosotros agrade al prójimo buscando su bien y su edificación. Pues tampoco Cristo buscó su complacencia; antes bien,
como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí» (Rm 15,1-3).
• La voluntad de Dios hace referencia también a la vida en sociedad: respetar y obedecer a los gobernantes, cuya autoridad les viene de Dios mismo,
y contribuir al bien común con el resto de ciudadanos (Rm 13,1-7).
• Rm 16 se nos ofrece como una aplicación concreta de amor sincero y desvelo por el prójimo. En esas líneas, Pablo se explaya en recomendaciones,
elogios y saludos, que reflejan una atención personal y una plasmación
concreta del contenido del Evangelio.
4.4. Israel y la Iglesia
San Pablo aborda, en los capítulos 9-11, la compleja cuestión de la situación de
los miembros del pueblo de Israel que no han creído en Cristo: ¿cómo compaginar la justificación por la fe en Jesucristo con las promesas hechas al pueblo
elegido?, ¿por qué algunos judíos no han aceptado a Cristo como Mesías, si la
Ley debía llevarles a Él?, ¿qué será de ellos ahora?
Las reflexiones del Apóstol en torno a este tema le llevan a considerar la trascendencia de Dios, el cual está presente y obra en la historia, aunque permaneciendo inaccesible.
103
104
• Punto firme es que el plan de salvación no ha fracasado: la palabra de Dios
es infalible y justa. El pueblo de Dios continúa.
• Israel (no todos sus miembros), al buscar su propia justicia derivada de la
ejecución de la Ley, no ha sido fiel a su vocación. Esta infidelidad ha sido
la ocasión para que la misericordia divina se dirija a los gentiles. De hecho,
este era el plan inicial de Dios: que todos se integrasen en un mismo pueblo, la Iglesia, el nuevo Israel.
• En realidad, los hijos de la promesa son los que han acogido a Cristo –la
ley tenía esa función: llevar a Cristo–: ellos son el verdadero Israel.
• En todo caso, Dios es fiel: ha elegido al pueblo de Israel y no le va a dar
la espalda. No lo ha repudiado. En el futuro, el pueblo de Israel aceptará a
Cristo como Mesías, y todo Israel se salvará (Rm 11,26).
• Los gentiles convertidos al cristianismo deben conservar siempre un sincero agradecimiento hacia el pueblo de Israel: ellos han sido injertados
en el olivo del antiguo pueblo judío, el cual sigue siendo la raíz santa (Rm
11,16).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• conciencia
• expiación
• economía
• redención
• gracia
• idolatría
• transgresión
• escatológico
• filiación
• liturgia
• predestinación
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a los Romanos?
2. ¿Qué entendían los judíos por «pecador»?
3. ¿Cuáles son los principios de la retribución divina?
4. ¿En qué consiste la fe?
5. ¿En qué consiste la nueva situación de los justificados?
6. ¿Qué tipo de «ruptura» interior hay en el yo manipulado por el pecado?
7. ¿Ha sido el pueblo de Israel reprobado?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«La carta a los Romanos es el resultado teológico de una lucha encarnizada por la esencia del cristianismo. Pablo ha analizado aquí por primera vez, en profundidad y teológicamente, la oposición insalvable entre judaísmo y cristianismo, y la ha formulado, a
su modo, de una forma sistemática. En la carta a los Romanos el cristianismo adquiere
a su vez conciencia doctrinal. Frente a la petulancia y estrecheces del judaísmo, Pablo
predica la universalidad de la salvación; Dios no es solo el Dios de los judíos, sino el Dios
de todos los hombres, judíos y gentiles. La salvación, fundada en la redención de Jesucristo, no está ligada a unos determinados privilegios terrenos. Tal concepción cristiana
105
106
estaría demasiado cerca del pensamiento judío. La salvación tiene que llegar a cualquier hombre, pues todos, tanto judíos como gentiles están necesitados de ella. No hay
camino alguno hacia Dios que el hombre pueda recorrer hasta el final por sus propias
fuerzas; todos son pecadores y sin la misericordia y amor de Dios están perdidos.
El hombre debe creer, es decir aceptar en entrega obediente, con la aportación de toda
su persona, la salvación que se le otorga libremente y sin mérito por su parte».
(Otto Kuss, «Carta a los Romanos,
3, Significado teológico», en Carta a los
Romanos, Cartas a los Corintios, Carta a los
Gálatas, Barcelona: Herder, 1976, p. 26)
TEMA
CARTA A LOS FILIPENSES
10
Filipenses es un breve y emotivo tratado sobre la vocación cristiana. En
el centro de la reflexión paulina se encuentra el himno cristológico del
capítulo segundo. Así, la carta relaciona de diversos modos la vida cristiana con el «sentir» de Cristo, actitud de fondo que debe modelar la
existencia de todo cristiano. Pablo mismo se presenta como ejemplo de
comportamiento, en contraste con el comportamiento insincero de algunos que dicen ser cristianos.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Instrucción sobre la vocación cristiana 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Situación personal de Pablo • Humillación y exaltación de Jesucristo • Noticias de ámbito doméstico • Invitación a la perseverancia,
a la alegría y a la imitación del ejemplo de Pablo 3. ENSEÑANZAS • a) Madurez
cristiana y vida como liturgia • b) Razones de la exaltación de Jesucristo • c) Iglesia
como comunión • d) Participación en la muerte y la resurrección de Cristo
107
108
1. Ocasión de la carta
• Entre el Apóstol y la iglesia de Filipos hubo una estrecha relación. En la
propia Carta a los Filipenses hay recuerdos personales, noticias de la situación de san Pablo en la cárcel, y alusiones al contacto que mantuvo con
esos fieles por medio de Timoteo y Epafrodito. También puede sobreentenderse que la comunicación epistolar no se limitó a una carta, sino que
el Apóstol les escribió en más de una ocasión (Flp 3,1).
Ya en el primer tercio del siglo II, san Policarpo, cuando se dirige a los filipenses,
alude a esos escritos de san Pablo: «Él [Pablo], cuando estaba entre vosotros, enseñó a sus contemporáneos la palabra de verdad, con claridad y firmeza. Y, cuando
se hallaba ausente de vosotros, os escribió cartas que, si las leéis con atención,
podrán edificaros en la fe que os ha sido dada» (Ad Philippenses, 3).
• El análisis interno de la carta pone de manifiesto que su texto no tiene una
estructura tan bien definida como otras epístolas del Apóstol. En cambio, el vocabulario y el estilo literario presentan grandes afinidades con el
modo con que san Pablo se expresa en otras cartas como las dirigidas a los
corintios, romanos, gálatas o tesalonicenses.
• Filipenses es un escrito de marcado tono personal, en el que el Apóstol
quiere compartir con los destinatarios su forma de concebir la vocación
cristiana como identificación con los sentimientos de Cristo. Así, toda
la carta –especialmente algunas partes– está salpicada de referencias cruzadas entre la vida del cristiano y el ejemplo de Cristo, expresado de una
forma sintética, pero admirablemente profunda, en unos pocos versículos
(Flp 2,5-11). El mismo Pablo no duda en ponerse como ejemplo de comportamiento, en la medida en la que él intenta conformarse con Cristo, con
la esperanza de ser transformado en la resurrección y poder vivir ya una
vida gloriosa de perfecta comunión con Dios. En este cuadro, el contraste
viene marcado por el comportamiento insincero de algunos que dicen llamarse cristianos.
• Respecto a la fecha de composición, cabría pensar en la primera cautividad romana de san Pablo (años 61-63), si se entiende en su sentido más
obvio la afirmación de que está encadenado en el pretorio, así como los
saludos que envía de parte de «los de la casa del César». Sin embargo,
también es posible suponer, como es corriente en la actualidad, que la carta fuese escrita en Éfeso, durante una prisión sufrida por el Apóstol en
esa ciudad, en el llamado tercer viaje, antes de pasar de nuevo por Macedonia. La razón es que la carta refleja la existencia de una comunicación
frecuente entre los filipenses y san Pablo, que no parece fácil de explicar
si el Apóstol estuviera en una ciudad tan lejana de Filipos como la capital
del Imperio. Además, si hubiera sido escrita en Roma, resultaría extraña
la afirmación de que no se había presentado a los filipenses ocasión de
manifestarle sus sentimientos de afecto, desde que lo socorrieron en Tesalónica (Flp 4,10.16), pues antes de estar cautivo en Roma había visitado
otras dos veces Filipos, durante su tercer viaje apostólico (Hch 20,1-2.3).
De otra parte, la mención de estar encadenado en el «pretorio» no implica necesariamente que se encontrase en Roma, ya que el pretorio puede
referirse también al palacio del gobernador de una provincia. «Los de la
casa del César» podría referirse a los funcionarios del gobierno imperial,
diseminados por todas las provincias, y que en Éfeso eran especialmente
numerosos. En este caso, la carta habría de datarse entre los años 54 y 57.
2. Estructura y contenido
Filipenses es una carta de amistad, escrita en tono íntimo y personal. No tiene,
por tanto, una estructura bien definida, ni puede hacerse en ella una distinción taxativa entre una parte moral y otra dogmática.
1,1-26
Se inicia con un saludo (1,1-2), muy sencillo, seguido de una acción de gracias a Dios (1,3-11). A continuación se alude a la situación de san Pablo en
la cárcel y las consecuencias favorables que se han seguido de esa cautividad
para una mayor difusión del Evangelio (1,12-26).
1,27-2,18
Después, san Pablo exhorta a comportarse de manera digna de los hijos
de Dios, presentando como modelo a nuestro Señor Jesucristo mediante un
himno, en el que se canta su humillación y su posterior exaltación (2,5-11).
2,19-30
De la contemplación de Cristo se pasa a dar noticias de ámbito doméstico:
el Apóstol anuncia que próximamente les enviará a Timoteo (2,19-23), que él
mismo confía en poder ir pronto (2,24) y que Epafrodito, ya restablecido de
su enfermedad, regresa a Filipos (2,25-30).
3,1-4,9
Antes de terminar no falta una advertencia ante el peligro que suponen las
doctrinas de unos predicadores cristianos de tendencia judaizante llegados
a Filipos (3,1-21), ni una invitación a la perseverancia, a la alegría y a imitar
el ejemplo recibido del Apóstol (4,1-9).
4,10-23
La carta concluye con unas palabras de agradecimiento (4,10-20) y un saludo (4,21-23).
109
110
3. Enseñanza
3.1. La vocación y la vida cristianas
• El inicio del dinamismo de la vida cristiana se encuentra en la vocación
divina (klēsis tou Theou); Dios nos llama a la meta del cielo, a la santidad,
a compartir la vida de Cristo resucitado (Flp 3,11). Esta meta también viene expresada en términos de «salvación» (Flp 1,28; 2,12), entendida esta
como conquista del cielo –de donde viene nuestro Salvador, Jesucristo
(Flp 3,20)–, como transformación, y como comunión de vida con Dios, en
Cristo:
«Una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante, correr hacia la meta,
para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús» (Flp
3,14).
• La madurez cristiana consiste en el crecimiento continuo con vistas a alcanzar la meta del cielo, iluminados por el Espíritu. Por eso, mientras el
cristiano permanece en esta vida puede ser llamado «santo» (Flp 1,1) en
virtud de la gracia santificante, pero no puede afirmar que haya alcanzado
la santidad definitiva, o que ya sea «perfecto» (Flp 3,12).
• La actitud interior y dinámica fundamental del cristiano –basada en su
nuevo «ser en Cristo»– viene expresada en la carta con el verbo phronéō
(sentir, pensar, reflexionar) (Flp 3,15). Los «sentimientos» que deben anidar en el corazón del cristiano, los mismos de Cristo, se compendian en
Flp 2,6-8: humildad y servicio al prójimo, hasta la misma muerte si es
necesario. Esta comunión de sentimientos tiene una consecuencia inmediata: el camino que conduce a la santidad es la participación de los padecimientos de Cristo y la «conformación» con su muerte, en beneficio de los
hombres (Flp 3,7-11).
Ser cristiano, por tanto, es identificarse con Cristo, procurar tener «los mismos
sentimientos que tuvo Cristo Jesús» (Flp 2,5), seguir su ejemplo, pues Él se dio
como modelo acabado «haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz»
(Flp 2,8). El cristiano que lucha por estar unido a Cristo será, como Él, exaltado
(Flp 2,9) en la gloria del cielo. Por esto, todos los sufrimientos que pueda padecer
en este mundo, hasta el derramamiento de sangre si fuera necesario, serán motivo
para él de auténtica alegría (Flp 2,17); pues sabe que tanto la vida como la muerte
corporal se ordenan a la gloria de Dios a través de la unión con Cristo (Flp 1,20).
• En esta línea, la vida del cristiano es vista como liturgia. En Filipenses, el
Apóstol aplica a situaciones y acciones de la vida ordinaria una terminología estrictamente litúrgica: «ofrenda (liturgia) de vuestra fe» (Flp 2,17);
Epafrodito, «enviado para atenderme (liturgo)» (Flp 2,25), «en el servicio
(liturgia) que no podíais prestarme» (Flp 2,30), cuyos bienes ofrecidos a Pablo, de parte de los filipenses, son una «ofrenda aceptable» (Flp 4,18); nosotros somos «los que servimos (hacemos la liturgia) en el Espíritu de Dios»
(Flp 3,3). Esta terminología expresa que el servicio de amor –la entrega por
los demás– tiene la dignidad de la liturgia. Esta reflexión aparece también
en Rm 12,1-2.
• La carta exhorta a una vida digna del Evangelio de Cristo (Flp 1,27). El
cristiano, consciente de que su ciudadanía está en los cielos (Flp 3,20),
debe comportarse con humildad, buscando no el propio interés, sino el de
los demás (Flp 2,3-4), estando siempre alegre (Flp 3,1; 4,4), siendo irreprochable y sencillo (Flp 2,15) y comprensivo con todos los hombres (Flp 4,5).
Al mismo tiempo, Pablo anima a tener en estima cuanto hay de verdadero,
honorable, justo, íntegro, amable, encomiable, virtuoso, digno de alabanza
(Flp 4,8). De este modo, la vida digna de los hijos de Dios, que evitan dejarse llevar por la ambición ­desordenada que engendra la avaricia, brillará
en medio del mundo (Flp 2,15), alumbrando a todos con la luz de Cristo.
• Esta vida es puesta en contraste con el comportamiento de diferentes grupos de personas que, de un modo u otro, no la llevan: unos, porque evangelizan por rivalidad o por hipocresía (Flp 1,17); otros, porque buscan
simplemente sus intereses, no los de Jesucristo (Flp 2,21); otros, porque se
comportan como enemigos de la cruz de Cristo al poner su corazón en las
cosas terrenas (Flp 3,19); otros, porque confían en su propia carne –en la
justicia de la Ley– (Flp 3,6).
• El mismo Pablo anima a que los filipenses imiten su propio comportamiento (Flp 3,17; 4,9): su evangelización sincera (Flp 1,5), su caridad (Flp
1,8), su fe (Flp 1,12-14), sus combates por Cristo (Flp 1,30; 3,12-14), su sobriedad y su confianza en el Señor (Flp 4,10-13). Al ponerse como ejemplo, Pablo expresa también su indignidad y la convicción de que toda obra
buena tiene su origen en el mismo Espíritu que habita en nuestros corazones (Flp 2,13; 4,7). Es así que toda la actitud de Pablo está marcada por
la acción de la gracia: la fe, la esperanza y la caridad. Del Espíritu mismo
obtiene la fuerza necesaria para conformarse a la vida de Cristo.
• Pablo ilustra, además, con su misma vida –ejemplar en el cumplimiento de
la Ley (3,6)–, que la justicia del creyente no viene de la Ley, sino que se obtiene por la fe en Jesucristo: es la justicia de Dios, que se funda en la fe (Flp
3,9). El mero cumplimiento de lo exigido por la Ley deriva en la búsqueda
111
112
de uno mismo. La plenitud de realización solo viene de Dios y es acogida
por el hombre a través de la entrega de la fe (Flp 3,10-11).
• En la carta adquiere un relieve especial la alegría (Flp 4,4), basada en la
cercanía con Cristo. Cercanía, por un lado, escatológica –llegará el «día de
Cristo» (Flp 1,10; 2,16)–, la cual relativiza la vida respecto a esa manifestación final; en esta perspectiva, la alegría va unida a la esperanza, virtud
que se manifiesta también en la oración de petición y acción de gracias a
Dios (Flp 4,6), y en la paz que Dios trae a nuestros corazones y a nuestros
pensamientos (Flp 1,2; 4,7.9). Por otro, cercanía que viene de la participación en su muerte, la cual nos purifica y nos comunica la vida de Cristo ya
en este mundo. Todo esto hace que los sufrimientos que podamos tener
aquí adquieran un sentido nuevo: compartir los de Cristo, con su mismo
valor salvador.
3.2. Cristología: el misterio de Jesucristo Redentor
El Apóstol propone como modelo el comportamiento de nuestro Señor. Para
ello presenta en el himno de 2,6-11 un compendio de excepcional valor sobre
la vida y obra redentora de Cristo. En él canta la exaltación a la que ha llegado
la humanidad de Cristo después de su existencia terrena, vivida en acto de
voluntaria obediencia, humillándose hasta la muerte y muerte de cruz. Con
esta actitud, Jesucristo se convirtió en la antítesis de Adán. Jesús resucitado, al
recibir de Dios un «nombre que está sobre todo nombre» (Flp 2,9), es situado
en el mismo nivel de Dios y reconocido como tal por la asamblea litúrgica que
lo proclama Señor (Flp 2,11).
• El himno proclama, con hondura de pensamiento:
«siendo de condición –“forma”– divina»
la naturaleza divina de Cristo preexistente a su Encarnación y, por tanto, su consustancialidad con Dios Padre
«no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios»
su anonadamiento generoso al hacerse hombre, sin dejar
de ser Dios
«sino que se anonadó a sí mismo»
su «dejar de lado» los atributos incompatibles con la realidad de la encarnación
«tomando la forma de siervo»
su tomar una condición –«forma»– opuesta a la condición
de Dios y a su ejercicio; esto es, su querer vivir entre los
hombres dedicado al humilde servicio de los demás
«hecho semejante a los hombres y mostrándose igual que
los demás hombres»
su adquirir una semejanza total con los hombres –Jesús de
Nazaret–, pero no una mera «semejanza», pues Jesucristo es
verdaderamente hombre
«se humilló a sí mismo»
su rechazo radical de la ambición, del orgullo, de la violencia; su mansedumbre
«haciéndose obediente»
su obediencia como actitud habitual y constante; su fidelidad total a la voluntad de Dios
«hasta la muerte»
con una obediencia que no cede ante ningún sacrificio personal
«y muerte de cruz»
su disposición a aceptar el grado extremo de la humillación que supone el carácter ignominioso de sufrir la pena
de muerte más humillante
«y por eso»
la radicalidad del cambio que afecta a Jesús, en relación
con lo anterior
«Dios lo exaltó»
el carácter pleno y definitivo de su exaltación –Resurrección y Ascensión–, en contraste con el abajamiento
«y le otorgó el nombre que está
sobre todo nombre»
el acto de gracia al recibir Jesucristo un nombre que es el
mismo nombre de Dios –Kyrios–, que recalca su status de
suprema dignidad y soberanía
«para que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en los
cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese»
la adoración que todos –carácter universal– van a prestar
al Señor
«¡Jesucristo es el Señor!»
la confesión clímax del himno: Jesucristo no es un «señor»
cualquiera, sino que es el Señor por antonomasia
«para gloria de Dios Padre»
una doxología final para recalcar que Jesucristo Señor no es
ni sustituto ni concurrente de Dios Padre, sino que el señorío de Cristo se transforma en gloria a Dios Padre
• Las expresiones y temas descritos por san Pablo a lo largo del himno hacen
patente que la Revelación hecha por Dios en el Antiguo Testamento alcanza su plenitud en Jesucristo.
– En primer lugar, Jesús repara con su muerte redentora la caída y desorden producido por Adán, el primer hombre. En Cristo, nuevo Adán (Rm 5,14), se realizó
la salvación prometida en el protoevangelio (Gn 3,15).
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– De otra parte, Jesucristo asume el papel de siervo al aceptar voluntariamente el
camino de la obediencia. Su obra y su figura son las que el libro de Isaías describe a propósito del Siervo de Señor: por su humillación y muerte es causa de
salvación para todos los hombres (Is 53,2-11). En Cristo se cumplen plenamente
los anuncios de los Profetas.
– Además, a la luz de la exaltación cantada en Flp 2,9-11, Jesucristo puede ser
reconocido también como el que habría de venir sobre las nubes del cielo,
apareciendo como el Hijo del Hombre (Dn 7,13-14; Is 45,23). De este modo, con
una imagen procedente del libro de Daniel, se ratifica plenamente el señorío
de Cristo.
• San Pablo centra su atención en el Hijo hecho hombre, atendiendo tanto
a su vida terrena como a su glorificación en los cielos. Jesucristo es así
contemplado como verdadero hombre, según las expresiones de Flp 2,7-8.
Sin embargo, la Persona divina de Cristo queda como oculta por el velo
del misterio, pues aunque se manifieste como hombre, posee un origen y
una dignidad infinitamente superiores. Y precisamente por ser Dios y
hombre verdadero, es por lo que su vida terrena, tal como se desarrolla en
la historia narrada en este texto, cobra un relieve singular, y concluye con
su exaltación gloriosa.
3.3. Eclesiología
• La expresión «iglesia» (ekklesia) aparece dos veces en la carta (Flp 3,6.15),
para significar tanto a las iglesias locales (v. 15) como a la Iglesia universal, a la que Pablo persiguió al perseguir a Cristo y a los cristianos (v. 6).
• La Iglesia está compuesta por los «santos» en Cristo Jesús (Flp 1,1; 4,21.22),
a los que Pablo también llama «hermanos» en el Señor (Flp 1,12.14; 2,25;
3,1.13.17; 4,1.8.21). Lo que define, por tanto, a los miembros de la Iglesia, es
su común fe en Jesucristo y el vínculo de la caridad, ejemplificado de un
modo muy vivo en la exhortación a acoger con alegría y a tratar con honor
a Epafrodito, el cual ha expuesto su vida por servir a Pablo y a las personas
como él (Flp 2,25-30).
• Otra característica de los cristianos, derivada de la anterior, es su mismo
«sentir» (phroneīn) en el Señor (Flp 4,2): firmes en un solo Espíritu, luchando unánimes por la fe del Evangelio (Flp 1,27), con un mismo sentir, una
misma caridad y concordia, y unos mismos anhelos (Flp 2,2).
• Esto viene expresado también con el término «comunión» (koinōnía): participación en la difusión del Evangelio (Flp 1,5; 4,3), partícipes de la gracia
otorgada a Pablo (Flp 1,7), comunión en el Espíritu (Flp 2,1), partícipes de
los padecimientos de Cristo (Flp 3,10), partícipes de la tribulación de Pablo
(Flp 4,14), partícipes de las necesidades de los demás creyentes (Flp 4,15).
3.4. Escatología
A lo largo de la carta, Pablo da mucha importancia a la meta escatológica, la
fase final de la salvación.
• Nosotros somos ciudadanos del cielo: nuestra patria está en los cielos (Flp
3,20). El mismo Apóstol afronta su posible muerte con tranquilidad, consciente de que en la muerte se realizará el «estar con Cristo», que es la meta
del creyente (Flp 1,23).
• Después de la muerte se llevará a cabo una transformación respecto a la
situación actual, en el sentido de una participación plena en la vitalidad
de Cristo resucitado (Flp 3,21).
• Ya en esta vida debemos desear participar en la muerte y la resurrección
de Cristo, con la esperanza de llegar a la resurrección de los muertos. Para
ello, los creyentes deben ser irreprensibles: «puros y sin falta hasta el día
de Cristo» (Flp 1,10; cfr. 2,16). En la Carta a los Filipenses se habla sobre todo
de una escatología individual (Flp 1,21-24): vivir es Cristo, y morir, una
ganancia.
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• pretorio
• exaltación
• conformación
• kyrios
• ofrenda
• antonomasia
• encomiable
• doxología
• consustancialidad
• protoevangelio
• anonadamiento
• koinonía
• mansedumbre
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a los Filipenses?
2. ¿En qué consiste la madurez cristiana?
3. ¿Cuáles son las características de una vida digna del evangelio de Cristo?
4. ¿En qué se basa la alegría cristiana?
5. ¿Cuáles son las características de la eclesiología de Filipenses?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
Fiel a su esquema teológico, Pablo conjuga también en Flp 2,6-11 cristología y teología.
Así, si en la primera parte del himno (2,6-8) el sujeto agente es Cristo, en la segunda
parte (2,9-11) es Dios Padre. También la estructura inclusiva de los vv. 9-11 muestra
cómo el Padre está en el origen de la exaltación de Jesús y es también el fin al que conduce la homología [confesión] y la adoración de Jesús.
El papel de Dios Padre. Desgraciadamente, no se insiste mucho sobre este dato fundamental de la teología paulina. Y, sin embargo, bastaría con releer un poco todos los
himnos paulinos, para poner de relieve el papel determinante del Padre en la «economía del misterio». (…).
En Flp 2,9-11 tal teología se pone muy bien en evidencia ya desde los primeros compases. El Padre, en efecto, «superexalta» a Jesús «confiriéndole el nombre». La exaltación
de Jesús, en efecto, tiene su origen en la dynamis [poder] del Padre, en su iniciativa,
que mirando la obediencia humilde y extrema de Jesús se complace de él y lo eleva
dándole su misma dignidad divina. Con eso no se quiere decir que Jesús no poseyese
tal dignidad, sino que Dios le restituye aquella «condición divina», aquel «ser a la par
de Dios», del que él, para cumplir la voluntad del Padre, se había «vaciado». Es más, con
una audaz transposición cristológica, el Padre lo «superexalta» dándole como cháris
[gracia, don] su misma dignidad de Señor, e impone a todas las criaturas del cosmos
(2,10-11a) adorar a Cristo Jesús exaltado por su potencia (cfr. Rm 1,4) y profesar en la fe:
«Jesús es el Señor» (Flp 2,11). De tal modo, Cristo no solo es elevado, sino que también
es entronizado como soberano universal de todos los seres del cosmos, ante el cual todos deben doblar las rodillas y todos deben profesar su Señorío universal. Y más: dado
que el texto de Flp 2,10-11a parece hacer referencia a Is 45,23 [«Ante mí se doblará
toda rodilla, y jurará toda lengua»] tal adoración y homología [confesión] se convierten
también en celebración litúrgica de «Cristo Señor en el universo».
(Alfio Marcello Buscemi, «Teologia di Fil
2,6-11», en Gli inni di Paolo. Una sinfonia
a Cristo Signore, cap. I, Jerusalem:
Franciscan Printing Press, 2000, p. 33)
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TEMA
CARTA A FILEMÓN
11
A pesar de su brevedad, la Carta a Filemón tiene una importancia muy
particular dentro de los escritos paulinos. Por un lado, nos muestra el
lado más humano del apóstol Pablo. Por otro, refleja un rico contenido
teológico, cuyo centro es la relación entre la fe y las obras.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • La fe que obra por la caridad en un caso con­
creto 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Acción de gracias por las virtudes de
Filemón • Nueva condición del esclavo Onésimo • Petición de Pablo 3. ENSEÑANZA • a) Los cristianos como familia • b) Cristo da un sentido nuevo a toda la
existencia cristiana • c) El bautismo en el origen de la identidad cristiana • d) Fe y
comportamiento • e) Autoridad apostólica de Pablo
1. Ocasión de la carta
• Un esclavo de Filemón, llamado Onésimo, había escapado de su casa, quizá por haber hurtado algún dinero o un objeto de valor. Por temor al castigo no quiere volver con su amo; mientras estaba huido, encuentra a Pablo,
que en ese momento se hallaba en prisión. Gracias a la bondad y celo del
corazón del Apóstol, muy pronto conoce Onésimo el Evangelio y abraza
la fe cristiana.
• Tal vez en un principio pensara san Pablo retener a Onésimo a fin de que le
ayudara, pero pronto cambiaría de parecer y decide devolverlo a Filemón,
no sin escribir a su dueño unas breves palabras, una carta de petición, en
las que se condensa un gran contenido humano y teológico.
• El estilo literario, los modos de expresión y la argumentación, son característicos de san Pablo. Por otro lado, como el único dato concreto sobre
la situación personal que aporta es el hecho de que está prisionero, no es
posible dilucidar con certeza la fecha de composición, ya que el Apóstol
estuvo encarcelado en varias ocasiones. Lo más probable sería que san
Pablo hubiera escrito esta carta en Éfeso, entre los años 54 y 57. Es el lugar
más cercano a Colosas, donde san Pablo estuvo encarcelado, y donde parece más fácil que pudiera encontrarse con un esclavo fugitivo procedente
de esa ciudad. Sin embargo, también cabría la posibilidad de que la carta
fuese escrita en Roma, durante la primera cautividad del Apóstol, y en ese
caso habría que datarla entre los años 61 y 63.
2. Estructura y contenido
Se trata de una carta de índole amistosa que, dentro de su brevedad y sencillez, se ajusta al modelo habitual de las cartas de san Pablo.
1-3
Palabras de saludo, en las que figura el nombre del remitente y de los destinatarios, abundando en la idea de que los cristianos son una comunidad de
hermanos.
4-7
Acción de gracias por la caridad y la fe de Filemón, unida al deseo de que
dicha fe sea realmente activa.
8-16
Estos versículos expresan, de diversas formas, cuál es la nueva condición de
Onésimo tras abrazar la fe y ser bautizado, y en qué beneficia esto no solo al
mismo esclavo, sino también a Pablo y a Filemón.
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120
17-20
Casi al final de la carta, y después de haber expuesto la situación, Pablo hace su
petición a favor de Onésimo.
21-25
Cierre de la carta y saludos finales.
3. Enseñanza
La argumentación de la Carta a Filemón gira en torno a Jesucristo. Más allá de
la situación histórica concreta, podemos decir que este texto trata de la relación que debe existir entre cristianos, hijos de un mismo Padre y, por tanto,
hermanos entre ellos.
Pablo no critica aquí la institución de la esclavitud. Es más, parece que admite como algo lógico que Filemón, ya cristiano, siga teniendo esclavos. Es
cierto que Filemón, en cuanto cristiano, deberá tratarles caritativamente (cfr.
1Ts 3,12), y que ambos deberán cumplir sus respectivas obligaciones (cfr. Col
3,22; 4,1; Ef 6,5.9; 1Tm 6,1-2; Tt 2,9). En este sentido, permanece siempre válida
la enseñanza sobre el respeto, la obediencia y los mutuos deberes que deben
guardarse en toda relación humana, aunque esté de por medio la autoridad, y
cuya base es el reconocimiento de la dignidad humana.
La cuestión de la Carta a Filemón va más allá: Onésimo se ha convertido, ha
cambiado su identidad, y en cuanto cristiano, se ha convertido en hermano de
Filemón, tanto en la carne como en el Señor (cfr. Flm 16; Ga 3,28; 2 Co 5,17).
Por lo tanto, su comportamiento respecto a él no puede seguir siendo el mismo, sino que ahora se rige por el amor, el agápē, el cual es visto como una estrecha relación con los hermanos, dentro del ámbito de la comunidad eclesial.
Para hacer entender esto a Filemón, Pablo pone en juego multitud de recursos.
3.1. Eclesiología
• En esta carta no se desarrolla directamente un pensamiento eclesiológico.
Sin embargo, todo el texto gira en torno al tema de la comunión, su fundamento y sus implicaciones prácticas. La fe en Cristo proporciona una
unidad mucho más íntima que la meramente humana, tanto en su esencia
como en el comportamiento exterior, cara a los cristianos y cara a la misión
evangelizadora. No en vano, la relación que ahora se va a establecer entre
Filemón y Onésimo durará para siempre (v. 15), cosa que no sucedería
antes. Y esto es algo que es necesario comprender en toda su profundidad.
En esta línea, el evangelio no solo da una nueva identidad a cuantos abrazan la fe, sino también una nueva comprensión de su valor de creyentes,
comprensión que se traduce, entre otras cosas, en comportamientos de
agápē fraterno.
• Tanto al inicio de la carta (vv. 1-7) como al final (vv. 22-25), Pablo habla
de los cristianos como de una familia. La iglesia que aquí describe Pablo
es una iglesia local, y lo que la caracteriza es la acción del espíritu que
reina en ella: la fe, la caridad, la gracia, la colaboración, la hospitalidad. A
esto se añade la unión de las oraciones, a las que tanto valor da el Apóstol
(vv. 4.22).
3.2. Cristología y obrar divino
• Cristo es el «colorante» de toda la vida cristiana. Junto al Padre, es el dispensador de la gracia y de la paz (vv. 3.25), está en el origen de la propia
vocación, tanto cristiana como directamente apostólica (vv. 1.9.10.13.23),
es el objeto de la fe (v. 5), la causa del buen obrar (v. 6.20), el origen de
la autoridad apostólica (v. 8), la base de los lazos de fraternidad (v. 16).
Cuando uno entra en contacto con Cristo, toda su vida cambia de dimensión, todas las esferas que la componen se ven afectadas por esa fe.
• En nuestra carta se hace también una consideración sobre el obrar divino,
concretamente sobre la providencia. Como se refleja en el versículo 15,
Dios también puede servirse de los acontecimientos humanos para intervenir en la vida de los hombres, con un objeto positivo: dar carácter de
eternidad a aquello que teníamos solo de un modo temporal.
3.3. Bautismo
• La conversión, la fe en Jesucristo, el bautismo, dan una nueva identidad al
hombre. Pablo la describe de una forma muy gráfica: el ser engendrados
de nuevo. Es un cambio radical, que tiene consecuencias no solo internas,
sino también externas, concretamente en la relación con Dios y con los
demás hombres. Esta regeneración es una acción divina, pero se produce
a través de un hombre, en este caso Pablo, concretamente al administrar
el bautismo. Y este cambio es tan radical, que hasta permite a Pablo decirle a Filemón que él mismo se le debe –que le debe su vida–, pues su fe y
su bautismo –en cuyo origen está el Apóstol– le han otorgado una nueva
vida, más profunda que la meramente biológica.
121
122
3.4. El comportamiento del cristiano
• La carta se detiene principalmente en el obrar de Filemón. Desde esta
perspectiva, las virtudes de la fe y de la caridad quedan resaltadas sobre
todo lo demás.
–La fe en Jesucristo es vista como la base de su caridad, esto es, es una fe
operativa, que se traduce en obras concretas en beneficio de los hermanos.
–La caridad es, por otro lado, la virtud que debe regir toda la vida cristiana.
• Ahora Pablo le pide a Filemón que vuelva a hacer efectiva esa fe. El nuevo
factor que aquí aparece es el de la libertad: la obra buena debe ser voluntaria, no fruto de la obligación. La libertad y la voluntariedad se convierten
así en factores determinantes del obrar moral. Como ya hemos mencionado, Pablo busca con esta carta remover el alma de Filemón, para que
el Espíritu actúe a través de este libremente. Pablo no puede obligar a un
cristiano a tomar una decisión concreta, y menos aún si este ya vive de
la fe. Sin embargo, sí siente la necesidad, la responsabilidad, de remover
esas virtudes en el alma de su amigo, para contribuir todo lo posible a esa
buena obra de su amigo.
• La Carta a Filemón es un primer ejemplo de la convicción de los primeros
cristianos de que la fe y el amor deben determinar el modo de actuar del
cristiano, esto es, su comportamiento –se trata de la influencia de Cristo
resucitado en la ética cristiana–. Esta carta tiene una enseñanza muy importante sobre la libertad y la moral cristiana. Cuando uno es adulto en
la fe y en la caridad, fruto del Espíritu Santo, Pablo deja completa libertad
para el actuar moral. Es más, tiene la completa garantía de que este obrar
irá en la buena dirección. Sin embargo, a quien no tiene esta caridad, será
necesario a veces indicarle en concreto, porque no tiene esa guía necesaria
que es el Espíritu. En nuestra carta Pablo habla de tal manera que Filemón
no se puede sentir obligado a una decisión determinada.
3.5. Autoridad apostólica de Pablo y labor evangelizadora
• Aunque Pablo quiere «disminuir» su autoridad en esta carta, queda claro
que la tiene. Pero esta es una autoridad por y para la actividad evangelizadora. Esta potestad le viene del mismo Jesucristo, y su alcance llega
hasta poder decir a un cristiano cómo debe obrar por su propio bien (v.
8). Pablo es consciente de ser una persona especial dentro de la estructura
de la Iglesia naciente. En nuestra carta, además, se refleja una teología de
la autoridad de Pablo, no como apóstol, sino como soldado, prisionero a
causa de su fe, a causa de su fidelidad. En su respuesta fiel, Pablo no elude
los obstáculos materiales que se le puedan presentar, incluso la prisión.
• Este desvelo queda insinuado con el desvelo que una madre tiene por sus
hijos. De hecho, parte de la labor consiste en velar por el bien de los hermanos, en predicar e impartir los sacramentos, en dar catequesis –como
en esta carta– para aportar argumentos que ayuden a la formación de sus
hermanos en la fe. En esta labor apostólica, todos trabajan a una. No en
vano, Pablo se esfuerza, con los términos que usa –hermano, colaborador, compañero de armas, compañero de prisión, etcétera–, en incluir a
los demás cristianos como responsables de la labor evangelizadora y de la
común familia cristiana.
3.6. Esclavitud y cristianismo
• En la carta aparece el tema de la esclavitud. Pablo, sin embargo, no lo trata
directamente, y no podemos decir que ejerza un juicio sobre ella, ni para
justificarla ni para condenarla.
• De todos modos, podemos plantearnos una pregunta: las motivaciones
que aduce Pablo, ¿orientan de algún modo la decisión concreta de Filemón? ¿Implica su argumentación la petición de libertad absoluta de Onésimo? Si se escoge como hipótesis de trabajo que el estado social jurídico
de Onésimo es el de esclavo de Filemón (no importa si siervo fugitivo o
un esclavo que solicita la mediación de Pablo ante su dueño), es inevitable
que se deba afrontar también el problema de la coherencia entre el mensaje paulino sobre la libertad cristiana (Ga 3,28; 1 Co 7,21-23; 12,13) y su
posición en el caso de Onésimo.
• Es más, ¿es compatible la enseñanza y la práctica cristiana con un estado
social donde perdure la esclavitud? Los que opinan que son dos cosas incompatibles, se basan sobre todo en Flm 21. La consecuencia social de esto
sería que con el cristianismo ha empezado un proceso que, necesariamente, acabará con la esclavitud.
• ¿Qué quiere decir exactamente Pablo cuando habla de hermandad «en la
carne» (v. 16)? Son preguntas que no tienen una respuesta directa en el
texto, pero que seguramente sí la tenían para Filemón.
• Parece razonable pensar que la fe y la caridad cristianas son el inicio de un
proceso que desembocará en la abolición de la esclavitud.
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• agápē
• regeneración
• providencia
• ética
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a Filemón?
2. ¿Cómo afecta el bautismo a la identidad del creyente?
3. ¿Por qué san Pablo no obliga a Filemón a actuar de un modo concreto?
4. ¿Por qué no condena san Pablo la esclavitud?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«En los vv. 4-7 se ponen las bases de la petición apelando a las virtudes que Filemón
deberá poner por obra para responder afirmativamente. A través de diferentes recursos retóricos queda de relieve la centralidad de la fe en Cristo Jesús, que se manifiesta
en la caridad hacia los demás cristianos. Se unen aquí la fe y el amor para expresar la
relación que hay entre ambos; más adelante, Pablo apelará a ese amor (vv. 9.20). El
recurso más importante usado aquí es la reversio entre la caridad/santos y la fe/Señor
(v. 5), ampliado después en los vv. 6 (fe) y 7 (caridad). De este modo se resaltan ambas,
pero la fe queda en primer lugar, como la base (en el v. 5 hay un quiasmo entre caridad/
fe y Señor Jesús/santos; luego, estos temas se desarrollan: la fe en el v. 6 y la caridad en
el v. 7, de tal manera que queda resaltada la fe sobre la caridad). Con estos versículos se
introducen los elementos centrales de la carta: las oraciones de la comunidad (vv. 4.22),
el amor (vv. 5.7.9), las buenas acciones (vv. 6.14), la comunión (vv. 6.17), el corazón de
Pablo (vv. 7.10.12.16.20).
La forma verbal akouōn [conozco, escucho] del v. 5 tiene un sentido de continuidad y repetición: las virtudes que se van a elogiar en Filemón son algo habitual, no puntual; es
decir, su fe –cuyo objeto es el Señor Jesús– y su caridad son algo reconocido entre los
demás cristianos, los “santos” (cfr. Rm 1,7; 16,15; 1Co 1,2; 16,15; 2Co 1,1; 13,12; Flp 1,1;
1Ts 3,13)».
(Juan Luis Caballero, «Retórica y teología.
La Carta a Filemón», Scripta Theologica
37[2005] 448-449)
125
126
CARTA
A LOS COLOSENSES
TEMA
12
Saliendo al paso de los errores sincretistas que comenzaban a difundirse
entre las comunidades cristianas de Frigia, se hizo necesario reflexionar,
desde la perspectiva del Evangelio, sobre la creación y gobierno del universo, y el plan salvífico divino en favor de los hombres, que alcanza también a las realidades terrenas.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Aclaraciones cristológicas frente a errores 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Sobre la reconciliación obrada por Cristo • Exhortación a la firmeza en la fe • Sobre las vanas filosofías • La vida nueva del cristiano 3. ENSEÑANZA • a) Capitalidad de tipo primacial y vital • b) Señorío absoluto y superior al de toda otra criatura • c) Señorío sobre las realidades y afanes
ordinarios
1. Ocasión de la carta
• Colosas era una importante ciudad de la región de Asia proconsular, una
de las provincias más ricas. La ciudad se encontraba a unos 200 km de
Éfeso y a unos 20 de Laodicea, en el valle del Lico, en un nudo de comunicaciones muy importante. En el siglo I estaba en declive, debido al auge
de Hierápolis. Además de frigios, en la ciudad habitaban judíos, griegos y
romanos.
• No se tienen noticias de que san Pablo se detuviera en Colosas a predicar el
Evangelio en alguno de sus viajes, sino que, al parecer, fue Epafras quien
recibió la misión de predicar allí y en las ciudades vecinas de Hierápolis y
Laodicea. Por lo que dice esta carta parece que el Apóstol no conocía personalmente a aquellos cristianos. Por tanto, toda reconstrucción histórica
de las circunstancias en las que se compuso habrá de estar basada en conjeturas realizadas sobre las pocas alu­siones a acontecimientos concretos
que se pueden encontrar en este ­escrito.
• La carta –que no parece un escrito ocasional, sino una obra cuidada y estudiada– sale al paso de las inquietudes surgidas entre los miembros de las
comunidades de aquella región de Frigia por las enseñanzas de algunos
predicadores llegados de fuera: «Vigilad para que nadie os seduzca por
medio de vanas filosofías y falacias, fundadas en la tradición de los hombres y en los elementos del mundo, pero no en Cristo» (Col 2,8).
• En efecto, comenzaban a surgir creencias y prácticas sincretistas, en las
que, junto al Evangelio recibido por predicación apostólica, se dejaban
sentir influencias de la apocalíptica judía y de corrientes mistéricas helenísticas ligadas a los primeros avances de la gnosis. La gnosis se presentaba a sí misma como una sabiduría más elevada, superadora de todas
las demás religiones –incluida el judaísmo–, a las que consideraba explicaciones imperfectas, útiles provisionalmente para el vulgo. Según aquella mentalidad, el mundo y la marcha de la historia dependían de unos
poderes sobrehumanos, inferiores al verdadero Dios, a los que todas las
cosas estaban sometidas. Solo quienes los conocían podían tenerlos a su
favor o evitar su influjo. De ahí que el «conocimiento» (gnosis) de ese mundo sobrehumano fuese medio de salvación. En las sectas gnósticas que
conocemos por testimonios posteriores (por alusiones de san Justino, san
Ireneo, etc.) se creía que solo los iniciados estaban salvados por el «conocimiento» de los misterios divinos, que los insertaba en su verdadera patria,
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128
el mundo de la «plenitud divina» (pléroma). Para la iniciación se imponía
un itinerario ascético rigorista.
• Aquellos primeros brotes de gnosis parecían intentar conciliar el cristianismo con sus propias ideas: para los gnósticos, Cristo era uno más de los
seres divinos que constituían el pléroma. A su vez, la realidad se contemplaba dividida, con una fuerte contraposición entre lo que está en el ámbito del Dios verdadero, desconocido, y lo que está en el ámbito del dios
inferior, el Demiurgo y sus potencias que dominan el mundo; de ahí se
derivaba un ascetismo rígido que suponía renegar radicalmente del mundo creado en el que se desenvuelve la vida humana ordinaria.
• Para hacer frente a aquellas concepciones, se compone esta carta que, aunque se ajusta en líneas generales al esquema epistolar básico de los escritos del corpus paulino, es un texto eminentemente polémico, pero de gran
hondura teológica, pues profundiza en temas capitales del misterio del ser
de Cristo –la cristología– como son su superioridad infinita y su capitalidad sobre todos los seres. También acuña expresiones que encierran un
contenido muy profundo, como la de que en Cristo «habita toda la plenitud (pléroma) de la divinidad corporalmente».
• Esta carta presenta algunos rasgos singulares dentro del corpus paulino.
Respecto al vocabulario, se puede apreciar el empleo de términos nuevos,
procedentes al parecer de esas doctrinas a las que se hace frente, pero que
se han cargado de nuevos matices y sentidos al ser utilizados en un contexto polémico. En cuanto al estilo, el texto griego original de la Carta a los
Colosenses utiliza, lo mismo que la Carta a los Efesios, frases más largas de
las habituales en las grandes cartas (Romanos, Gálatas, 1 y 2 Corintios) o en
la primera a los Tesalonicenses, que son las primeras cartas de san Pablo.
• Por otro lado, Colosenses presenta aportaciones originales, que consisten
fundamentalmente en un gran enriquecimiento de la doctrina acerca de la
preeminencia de Cristo sobre toda la creación. En otras cartas había expuesto san Pablo detenidamente el plan redentor en favor de los hombres,
pero en esta enseña que todas las criaturas participan de los frutos de la
Redención.
• No se tienen datos sobre el momento preciso en que las comunidades
cristianas de Frigia sufrieron una conmoción como la que refleja esta carta, aunque debió de ser en las primeras décadas de la segunda mitad del
siglo I. Por eso tampoco se puede fijar con precisión el tiempo en que fue
compuesta. Puesto que Colosas fue derruida por un terremoto en el año
60 o 64, la carta debe de ser anterior a esas fechas. De todas formas, no se
puede descartar por completo la posibilidad de que las nuevas concepciones filosófico-religiosas comenzaran a difundirse en Frigia a partir de
la catástrofe del terremoto, cuando se estaba reconstruyendo la ciudad de
Laodicea, y que esta carta esté dirigida principalmente a los cristianos de
esa ciudad (para los que hay muestras de afecto y la intención explícita de
que la lean: cfr. Col 2,1; 4,15), apelando a la autoridad del Apóstol, a fin de
que no se dejaran seducir por las nuevas tendencias.
• Sea cual fuere el motivo y el momento concreto de su composición, esta
carta constituye una excelente muestra de la fe en Cristo de la primitiva
comunidad.
2. Estructura y contenido
Tras un breve saludo (1,1-2) y de una acción de gracias (1,3-8), podemos señalar las siguientes unidades en la carta:
1,9-23
Los cristianos de Colosas y la reconciliación obrada por Cristo: oración por los colosenses (1,9-14), himno a Cristo (1,15-20), acción salvadora de Cristo sobre los fieles (1,21-23). Lo más importante en esta sección
es el canto a la primacía de Cristo sobre la entera creación.
1,24-2,7
Autoridad de san Pablo y exhortación a ser firmes en la fe. El Apóstol
no ha hecho otra cosa que cumplir la misión recibida de Dios, sin miedo
a los padecimientos que conlleva realizarla.
2,8-23
Sobre las vanas filosofías, fundadas en los elementos del mundo:
defensa de la verdadera doctrina ante las herejías (2,8-15) y reprensión
del falso ascetismo (2,16-23).
3,1-4,6
La nueva vida del cristiano, fundamentada en su unión con Cristo,
que comienza con el bautismo –verdadera resurrección espiritual (3,14)– y se perfecciona con la vida de oración y los demás sacramentos:
apartamiento del pecado (3,5-11) y progreso de la vida interior (3,1217); comportamiento en la vida familiar (3,18-4,1); exhortaciones varias
(4,2-6).
La carta concluye con unas noticias personales (4,7-9) y saludos varios (4,10-18).
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3. Enseñanza
3.1. La capitalidad de Cristo sobre la Iglesia
• En la Carta a los Colosenses hay dos textos fundamentales acerca de Cristo
Cabeza de la Iglesia:
–en el primero se expone fundamentalmente una capitalidad de tipo
primacial (Col 1,18: Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia; él es
el principio, el primogénito de entre los muertos, para que él sea el primero en
todo);
–en el segundo se habla con más claridad del influjo vital de Cristo
sobre la Iglesia (Col 2,19: mantenerse unido a la cabeza, de la cual todo el
cuerpo, alimentado y trabado por medio de articulaciones y junturas, crece con
el crecimiento de Dios).
• Ambos aspectos, sin embargo, están íntimamente entrelazados en los dos
textos. En 1,15-20 se hace un cántico a la primacía total de Cristo sobre la
Creación entera y cada uno de sus órdenes. Dentro de ese himno se afirma:
«Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,18). El sujeto,
Él, es Cristo indiviso, Dios-Hombre. En ese versículo se añade a la proclamación de la primacía de Cristo sobre la Creación la noción de Cristo
Cabeza de la Iglesia.
• La noción de la Iglesia como Cuerpo de Cristo revela una profunda concepción del misterio salvífico. Con ella se explica el crecimiento y vida sobrenaturales de todos y cada uno de los fieles que integran la comunidad
cristiana universal. Los fieles cristianos, merced a la unidad orgánica que
posee la Iglesia como Cuerpo de Cristo, pueden crecer en la caridad, apoyándose unos a otros, al tiempo que ejercen su propia y peculiar función
como miembros vivos del organismo. La obra salví­fica llega así orgánica y
ordenadamente a todos los miembros de la Iglesia.
• Más aún, por la íntima unión entre el cuerpo y la cabeza, aquel prolonga
la acción de esta, la cual, sin el concurso del cuerpo, quedaría de alguna
manera incompleta en su acción vivificante. Por tanto, el cristiano puede
en cierto modo «completar» la pasión redentora del mismo Cristo: «Ahora
me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo
que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la
Iglesia» (Col 1,24).
3.2. La capitalidad de Cristo sobre el cosmos
• Frente al sincretismo de poderes celestes que se difundía por aquellas regiones, se afirma categóricamente que el Señor Jesús es cabeza de todos
los seres, celestiales y terrestres; que su señorío es absoluto y está infinitamente por encima de todo cuanto existe en la Creación (Col 1,15-20). Esto
es así «pues Dios tuvo a bien que en él [en Cristo] habitase toda la plenitud
(pléroma), y por él reconciliar todos los seres consigo» (Col 1,19-20). Ningún rango parcial debe atribuirse a Jesucristo, ya que lo llena todo, pues
«en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y por él, que
es cabeza de todo principado y potestad, habéis alcanzado la plenitud»
(Col 2,9-10) (de aquí se deduce la dignidad plena de todos los bautizados).
Cristo, por tanto, no es uno de los muchos seres sobrehumanos que pueblan el universo, sino la cabeza, el principio por el cual nos llegará a todos
la salvación.
• La capitalidad del Señor sobre el cosmos no radica únicamente en su constitución ontológica –es Dios y Hombre–, sino también en su actividad soteriológica –es el Salvador–. En la Carta a los Colosenses, la persona y la
obra de Cristo se presentan como un misterio (Col 1,26): proyecto salvífico
de Dios, cuya plenitud es Cristo. Gracias a él, liberados del poder de las
tinieblas, se ha llevado a cabo nuestra Redención y el perdón de los pecados. En esta dinámica el bautismo es una realidad central, en la que nos
desprendemos del hombre viejo.
• La salvación ya ha sido realizada por Cristo, pero su aplicación continúa
efectuándose, puesto que sus frutos han de llegar a todos y cada uno de
los hombres; su culminación final se alcanzará cuando se complete la recapitulación de todas las cosas en Cristo.
3.3. La capitalidad de Cristo sobre las realidades temporales
• Se trata de una consecuencia concreta de la capitalidad de Cristo sobre el
cosmos, y tiene una estrecha relación con su capitalidad sobre la Iglesia.
Puesto que la acción de los miembros de la Iglesia militante se desenvuelve entre las realidades temporales, Colosenses no contempla solo el señorío
de Jesucristo sobre los cielos o lo más íntimo del ser humano, sino sobre las
realidades todas de la tierra y los afanes de la vida cotidiana. Las realidades temporales son, en sí mismas, susceptibles de «cristianización», más
aún, deben ser cristianizadas, santificadas.
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• No se trata simplemente de hacer las cosas bajo la mera invocación del
nombre de Jesús, sino de ordenar toda actividad humana hacia Cristo
pues «él es antes que todas las cosas y todas subsisten en él» (Col 1,17). En
este sentido, Cristo debe ser puesto en la cima de esas realidades, como
cabeza salvífica y centro de convergencia, ya que Él es la meta última hacia
la que deben orientarse todas las tareas de los hombres.
• Es la adhesión a Cristo y a la Iglesia la que da origen a un conocimiento
pleno de la voluntad de Dios; de aquí surge una vida santa señalada por
la práctica del amor y de las demás virtudes ligadas a ella (Col 3,12-15).
3.4. La imagen de Pablo
• En relación con los errores que se están propagando, la Carta a los Colosenses presenta a Pablo como el apóstol por excelencia, que lleva el Evangelio
a todo el mundo (Col 1,26-27) y mártir que sufre en unión con Cristo por
toda la Iglesia (Col 1,23-24).
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• sincretismo
• primacía
• gnosis
• señorío
• preeminencia
• recapitulación
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a los Colosenses?
2. ¿En qué consiste la capitalidad de Cristo sobre la Iglesia?
3. ¿En qué consiste la capitalidad de Cristo sobre el cosmos?
4. ¿Qué relación han de tener con Cristo todas las actividades humanas?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«La idea dominante en el himno de Col, lo que en crítica literaria se llama “el asunto”,
es el dominio y el primado universal de Cristo. Este primado se apoya en dos grandes
razones: en el orden de la creación, porque Cristo es el mediador universal de todo lo
creado y todo ha sido creado en Él, por Él y para Él; en el orden de la Redención, porque
Él es el que reconcilia todas las cosas con Dios y establece la paz.
(…). Al mismo tiempo, Cristo es también el «principio» (arkhē) porque es el comienzo
de la Redención y el que la realiza. Si se piensa en el equivalente hebreo de kephalē
[cabeza; el primero], rosh, queda claro que kephalē y arkhē son, en cierta medida, sinónimos, ya que ambos señalan el primado, temporal y ontológico de Cristo. Conectan
así con el contenido de prōtotokos [primogénito] visto desde la perspectiva de la salvación. Se explica así el último epíteto: prōtotokos ek tōn nekrōn [primogénito de entre los
muertos] que es complemento y acabamiento de prōtotokos pasēs ktiseōs [primogénito de toda criatura]. Así que hay una serie de realidades que se reclaman mutuamente
y circularmente: la Filiación divina de Cristo, su Mediación redentora, su Sacrificio de
133
134
expiación, su Dominio sobre toda la creación y su Primacía sobre toda la Iglesia. Se podría añadir un sexto elemento, de orden escatológico: Cristo, por ser el “primogénito“
de entre los muertos, es el “glorificador“ del Universo, es decir, la fuente de la “nueva
creación“».
(Claudio Basevi, «La doctrina cristológica
del “himno” de Col 1,15-20», Scripta
Theologica 31 [1999] 340-342)
TEMA
CARTA A LOS EFESIOS
13
La Carta a los Efesios se presenta como un breve tratado de eclesiología. Esta carta, de hecho, tiene como objeto primero la notificación del
misterio, pero éste tiene como objeto, a su vez, la relación única CristoIglesia, que describe, desarrolla y utiliza de diferentes maneras. La eclesiología constituye el tema principal de Efesios.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Profundizar en la naturaleza de la Iglesia 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • El plan divino de salvación y el misterio de Cristo • La
vida nueva en Cristo y en la Iglesia 3. ENSEÑANZA • a) El misterio, voluntad salvífica de Dios • b) Cristo Cabeza, fuente de paz y de unidad • c) La Iglesia, Cuerpo
de Cristo
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136
1. Ocasión de la carta
• Éfeso, situada en la desembocadura del río Lico, era en tiempos de san
Pablo la población más importante de Asia Menor. Allí se detuvo el Apóstol a finales de su segundo viaje apostólico (años 50-53) y, más tarde, al
comienzo de su tercer viaje (años 54-57). En esta segunda ocasión permaneció en Éfeso más de dos años (cfr. Hch 19,20), y fue tal la amplitud de su
predicación que tanto judíos como griegos de toda la provincia pudieron
conocer el Evangelio.
• La Carta a los Efesios es en su forma algo distinta de las demás cartas paulinas. La falta de referencias personales y saludos, así como la ausencia de
la palabra «Éfeso» (Ef 1,1) en algunos de los más antiguos e importantes
manuscritos, hacen pensar que quizá fuera una misiva circular dirigida a
las iglesias de la zona de Frigia, en la que se encuentran Éfeso y otras ciudades como Laodicea, Colosas, etc. La Carta a los Efesios trata aproximadamente los mismos temas que la dirigida a los colosenses, pero con mayor
amplitud, profundidad y serenidad, por lo que cabe pensar que ambas
fueron escritas hacia la misma época.
• Efesios se dirige a fieles procedentes de la gentilidad (cfr. Ef 2,11), que ya
han recibido la predicación del Evangelio (cfr. Ef 4,20-21), para ayudarles a profundizar en el conocimiento unitario y coherente del designio
salvífico de Dios realizado en Cristo y la Iglesia, y para que no cedan a
la tentación de romper con todo lo judío, porque Cristo «hizo de los dos
pueblos uno solo y derribó el muro de separación, la enemistad» (Ef 2,14).
• Según se puede deducir del conjunto de datos bíblicos y extrabíblicos que
poseemos, en las comunidades cristianas fundadas por san Pablo fue necesario hacer frente a ciertas doctrinas que tuvieron amplia difusión en
aquel contexto cultural y que, posteriormente, algunos pretendieron introducir en la formulación de la fe cristiana. El origen de aquellas doctrinas
posiblemente haya que buscarlo en una situación de angustia existencial
en la población helenística de Asia y Egipto, manifestada en numerosos escritos de los siglos I y II. Se trataba de la percepción de que la humanidad
se encontraba en este mundo oprimida por fuerzas que la sobrepasaban,
y de que, en realidad, el hombre era de alguna manera ajeno a este mundo.
Según aquella mentalidad, el cosmos estaba invadido por el poder tenebroso de potencias malvadas, y solo los iniciados estaban salvados por el
«conocimiento» (gnosis) de los misterios divinos, que los insertaba en su
verdadera patria, el mundo de la «plenitud divina» (pléroma). El mundo
estaba, pues, sumido en un abismo de división entre las tinieblas y la
luz. Más adelante, ya en el siglo II, este complejo de ideas tendría notables
desarrollos y daría lugar a lo que se ha dado en llamar «gnosticismo».
• Frente a tales elucubraciones gnóstico-helenísticas, en el corpus paulino se
expone, de varias maneras y en diversos pasajes, que Cristo Jesús es superior a todos aquellos poderes, tanto celestiales como terrestres; su señorío
es absoluto y solo Él es el Salvador; ninguna realidad existente puede sustraerse al señorío de Jesucristo, cuyo Cuerpo es la Iglesia.
• A partir de esta convicción se desarrolla una profunda reflexión doctrinal,
en busca de una respuesta sobre la naturaleza de la Iglesia y la unidad
que en ella encuentra el género humano. Ambos temas se afrontan desde
la hondura de perspectivas que proporciona la fe en Jesucristo: Él, que tiene señorío universal, es quien une en armonía a la humanidad redimida,
y es Cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo.
• La respuesta teológica que ofrece Efesios al problema de la situación del
hombre en el mundo es ponderada y reflexiva, y constituye una invitación a meditar sobre aspectos fundamentales de la existencia humana y
cristiana: la acogida de la palabra de Dios (cfr. Ef 1,13) y el bautismo (cfr.
Ef 4,5).
2. Estructura y contenido
• La Carta a los Efesios comienza, como todas las de san Pablo, con un saludo inicial de bendición en el que figura el nombre del remitente y de los
destinatarios (1,1-2). En el cuerpo del escrito se pueden distinguir diversas
unidades agrupadas en dos grandes partes:
• 1,1-23, que sirve como introducción, tiene un tono solemne y se centra en
lo más importante: el misterio salvífico de Dios realizado en la Iglesia,
cuya Cabeza es Cristo. Las otras unidades de la carta son como círculos
concéntricos en torno a la misión de san Pablo, que consiste en predicar el
designio divino de unir en un solo pueblo a todos los hombres (3,1-21).
• 2,1-10 trata de la incorporación a Cristo de los gentiles, a los que Dios,
rico en misericordia, ha llamado a una vida nueva.
• En 2,11-22 se dice que Cristo ha unido a gentiles y judíos en un solo
pueblo. Por eso también los procedentes de la gentilidad han llegado a ser
«conciudadanos» de los santos y «familiares» de Dios.
137
138
• 3,1-21. La exposición culmina presentando la misión del Apóstol, que consiste precisamente en proclamar a los gentiles que también ellos son llamados a ser miembros del Cuerpo de Cristo (3,1-13). Por eso, ora intensamente a Dios para que los fortalezca, de modo que Cristo habite por la fe
en sus corazones (3,14-21).
• 4,1-16. Enlazando con 2,11-22, en estos versículos se vuelve a hablar de la
unidad de la Iglesia y la responsabilidad de salvaguardarla, que incumbe a todos los que han sido configurados con Cristo e incorporados a ella.
• El resto de la carta trata acerca de la vida nueva de los fieles en Cristo y
en la Iglesia, que requiere un decidido empeño por practicar las virtudes
que hacen posible y grata la convivencia entre los miembros del Cuerpo de
Cristo. La santidad cristiana tiene también un reflejo inmediato en el ámbito
doméstico. Por eso se dedica un amplio espacio a considerar la nueva situación en que se encuentran marido y mujer, padres e hijos, amos y siervos.
• El escrito termina con referencias al portador de la carta y unos saludos
(6,21-24).
He aquí una división esquemática del cuerpo de la carta:
1,3-3,21
4,1-6,20
LA MANIFESTACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS
a) El plan divino de salvación:
• 1,3-14: Canto de bendición.
• 1,15-23: Acción de gracias y proclamación de la supremacía de Cristo.
• 2,1-10: El don gratuito de la salvación.
• 2,11-22: Reconciliación en Cristo de los gentiles.
b) Anuncio del misterio de Cristo:
• 3,1-13: Misión de san Pablo.
• 3,14-21: Oración del Apóstol.
VIDA CRISTIANA EN LA IGLESIA
a) La vida nueva en Cristo y en la Iglesia:
• 4,1-16: Llamada a la unidad de la Iglesia y a salvaguardarla.
• 4,17-32: renovación interior (17-24) y virtudes cristianas (25-32).
b) La santidad cristiana:
• 5,1-20: vida limpia de los hijos de Dios (1-7); caminar en la luz (8-20).
c) La familia cristiana:
• 5,21-6,9: deberes de cónyuges, hijos y padres, siervos y amos.
d) Conclusión:
• 6,10-20: Las armas para la lucha ascética.
3. Enseñanza
3.1. La revelación del «misterio»
• En el centro de la reflexión de Efesios se encuentra el «misterio», que es la
voluntad salvífica de Dios (Ef 1,9). Este misterio se identifica con el misterio de Cristo (Ef 3,4), porque Dios ha querido actuar su diseño eterno en
Jesucristo nuestro Señor (Ef 3,11), a fin de recapitular todas las cosas en
Cristo (Ef 1,10), esto es, que encuentren su cabeza en Cristo.
• Es un misterio escondido desde los siglos en la mente de Dios (Ef 3,9), que
lo ha revelado, mostrando la grandeza de su potencia, al resucitar a Jesús
y al ponerlo por encima de todos (Ef 1,19-21).
• El misterio ha sido revelado a los apóstoles y a los profetas, en modo especial a Pablo (3,1-13). En esta revelación el Espíritu Santo desarrolla un
papel central.
3.2. Un solo Señor
• La armonía entre los hombres, e incluso entre todo cuanto existe en el cosmos, deriva en primer lugar del dominio que Jesucristo posee y ejerce
sobre toda la creación. No hay un conflicto real entre dos poderes de igual
rango, uno del bien y otro del mal, pues Cristo es Señor de todo. En Él se
cumple lo que dijo el salmista de que todo cuanto existe quedó sometido
bajo sus pies (Sal 8,7). El poder de Dios desplegó toda su fuerza al resucitar
y exaltar a Cristo, sentándole a la derecha del Padre en los cielos. Por eso
Él está «por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación y
de todo cuanto existe, no solo en este mundo sino también en el venidero»
(Ef 1,21).
• En Cristo Cabeza, todo el universo encuentra cohesión (cfr. Ef 1,10) y,
además, Él es quien da paz y unidad al nuevo pueblo, haciendo que sea
en Él un solo cuerpo, al que nutre y asiste, comunicándole las gracias
necesarias «para su edificación en la caridad» (Ef 4,16). De ahí que en la
carta se trate ampliamente de la capitalidad de Cristo, el «salvador» del
cuerpo (Ef 5,23). El énfasis con que Jesucristo es llamado salvador nos
revela claramente su función respecto de la Iglesia. Su capitalidad no
es solo primacial y de perfección, sino funcional, en cuanto que por su
influjo la vida de la gracia pasa de Cristo Cabeza a su Cuerpo, que es la
Iglesia.
139
140
3.3. Naturaleza de la Iglesia
• La supremacía universal de Cristo se muestra en toda su plenitud mediante su ser Cabeza de la Iglesia, a la que instituye, vivifica y ama. Jesucristo,
en efecto, no solo «reúne» a los hombres «dispersos de Israel», sino también a los que estaban fuera, a los gentiles. Esos dos pueblos, el judío y el
gentil, están destinados por voluntad divina a formar un solo pueblo, el
Pueblo de Dios.
• Un aspecto doctrinal, subrayado en esta carta de manera particular, es el
de la naturaleza de la Iglesia en su condición de Cuerpo de Cristo, perspectiva ya contemplada en otros lugares del corpus paulino (cfr. Rm 12,5;
1Co 10,16; 12,13.27; Col 1,18.24; 2,19; 3,15; etc.), pero que adquiere aquí
particular realce. En esta carta es donde mayor interés se muestra por la
Iglesia universal. Si en las primeras cartas paulinas la palabra ekklesía suele designar a una comunidad concreta, ahora la perspectiva desborda el
ámbito de lo local para hacerse «católica», universal.
• Toda la Carta a los Efesios es una llamada a promover la unidad en torno
al solo Señor, Cristo. En la Iglesia no hay barreras de separación entre los
miembros del Cuerpo de Cristo. La capitalidad de Cristo, supone, en efecto, que la Iglesia, formada por todos los cristianos, es un solo Cuerpo con
Cristo (cfr. Ef 4,4). Cristo como Cabeza reparte entre los fieles sus dones
y carismas: «Él constituyó a algunos como apóstoles, a otros profetas, a
otros evangelizadores, a otros pastores y doctores, a fin de que trabajen en
perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación
del cuerpo de Cristo» (Ef 4,11-12). Más adelante vuelve a destacar esta
doctrina al afirmar que Cristo ama a su Iglesia como algo propio y muy
querido (cfr. Ef 5,29), comunicándole la gracia en plenitud.
• La Iglesia es considerada en esta carta, además, como Templo de Dios,
morada divina que está edificada sobre el cimiento de los Profetas y los
Apóstoles, y cuya piedra angular es el mismo Cristo, «sobre quien toda
la edificación se alza bien compacta para ser templo santo en el Señor»
(Ef 2,21). Con esa imagen se presenta a los cristianos como piedras vivas,
conjuntadas en armoniosa edificación «para ser morada de Dios por el Espíritu» (Ef 2,22). Quienes forman parte de este edificio ya no son extraños
o forasteros, «sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia
de Dios» (Ef 2,19).
• Bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo, se siguen descubriendo en
el misterio de la Iglesia los aspectos de su condición sobrenatural, que
la diferencian por completo de cualquier institución humana, ya que la
Iglesia es la Esposa de Cristo (cfr. Ef 5,21-23). Esta imagen fue usada con
frecuencia en el Antiguo Testamento, y luego en el Nuevo, para hablar de
las relaciones del Señor con su Pueblo, dentro de la rica gama de comparaciones que los profetas y hagiógrafos utilizan para mostrar el gran amor
y la misericordia sin límites de Dios con los hombres (cfr. Is 1,21; 49,18; Jr
2,2; Ez 16; Os 2,16-18; Mc 2,19; Jn 3,29; Ap 19,7-9; etc.).
• Se destaca también la función salvífica que ejerce la Iglesia al manifestar
ante los hombres a Cristo como su Salvador. En efecto, a través de ella
los hombres llegan al conocimiento del misterio de la Redención que Dios
tenía oculto desde la eternidad (cfr. Ef 1,9). Este misterio, que se hace realidad y se pone de manifiesto con Cristo (cfr. Ef 3,3.9), alcanza a todos los
hombres por medio de la Iglesia.
3.4. La vida cristiana
• Con la adhesión a Cristo y el ingreso en la Iglesia, para los cristianos empieza una vida nueva: abandono del hombre viejo y revestimiento del
nuevo (Ef 4,20-24). Con la luz del Señor (Ef 5,8) se deben practicar todas
las virtudes que manan del amor (Ef 4,25-5,13). Estas son armas que nos
permiten combatir (Ef 6,10-20). Es especialmente importante la oración.
• La vida en la Iglesia comporta unos deberes precisos, sobre todo hacia los
miembros de la propia familia (Ef 5,21-6,9): deberes mutuos de los cónyuges, de padres e hijos, de siervos y amos. En Efesios reviste una especial
importancia la presentación de la comunión marido-mujer como reflejo e
imitación del misterio (Ef 5,32): relación que une a Cristo con la Iglesia.
141
142
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• helenismo
• primacial
• gentiles
• piedra angular
• revelación
• revestimiento
• cosmos
• deuteropaulinas
• salmista
• heurístico
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a los Efesios?
2. ¿En qué consiste el «misterio»?
3. ¿Cómo vivifica Cristo a su Cuerpo, la Iglesia?
4. ¿Cuáles son las características de la eclesiología de Efesios?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«¿Cuándo vio la luz la Iglesia? Si combinamos Ef 1,22-23 y 3,14-18, es posible responder
que fue en la cruz donde Cristo hizo de ella “un solo hombre nuevo”, “un solo cuerpo”, cuerpo al que Dios dio por cabeza a Cristo resucitado. Estos dos pasajes indican
indirectamente que el cuerpo eclesial es una realidad escatológica: si la cabeza está
resucitada, es gloriosa, el cuerpo que está unido a ella debe estarlo y serlo también. Al
ser una realidad escatológica, la Iglesia no es por tanto de la misma naturaleza que las
realidades históricas a partir de las cuales ella fue, sin embargo, tomada y creada: por
eso no hay continuidad entre Israel y la Iglesia. La Iglesia de Ef no se vuelve hacia Israel
saliendo de sí misma, sino que hace que en su seno dialoguen los creyentes reconciliados, procedentes del paganismo y del judaísmo, llamados igualmente étnico-cristianos y judeo-cristianos. La Iglesia no puede olvidar o ignorar aquello que constituye
su memoria, porque, para los cristianos procedentes del judaísmo, debe manifestar al
mundo la asociación que la constituye y sin la cual ya no sería ella misma. ¿Qué sería de
una Iglesia en la que faltara su componente de origen judío? Por eso, los argumentos
de aquellos para quienes Ef no vería a los cristianos procedentes del judaísmo como los
garantes de la promesa y de la fidelidad divina no parecen pertinentes».
(Jean-Noël Aletti, Eclesiología de las cartas
de san Pablo, Estella: Verbo Divino,
2012, 183)
143
144
PRIMERA
CARTA A TIMOTEO
TEMA
14
La primera Carta a Timoteo se escribe para defender la «sana doctrina»
–esto es, la que verdaderamente lleva a la salvación y fue recibida mediante la predicación de san Pablo– frente a las desviaciones que conducen al error, y para mostrar las consecuencias que se derivan de la
doctrina del Evangelio con vistas a la organización de la Iglesia.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Enseñanzas sobre el buen desarrollo de la comuni­
dad 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Timoteo, defensor de la recta doctrina • Instrucciones sobre el culto • Cualidades exigibles a los ministros • Sobre modos de comportamiento 3. ENSEÑANZA • a) Jesucristo, único Mediador • b) La
Iglesia, casa de Dios • c) Pablo, apóstol del testimonio de Cristo
1. Ocasión de la carta
• En esta carta Timoteo aparece al frente de una comunidad cristiana implantada en Éfeso que tropieza con los obstáculos propios de los comienzos. El ambiente pagano, las doctrinas desviadas de algunos falsos maestros y las costumbres relajadas de ciertos cristianos preocupan al Apóstol.
Timoteo recibe el encargo de mantener la doctrina recibida y estimular la
vida cristiana de los fieles.
• En otros escritos del Nuevo Testamento se menciona la actividad de Timoteo como colaborador de san Pablo. De él se dice que lo acompañó
«como un hijo con su padre» (Flp 2,22). Según el testimonio de los Hechos
de los Apóstoles, Timoteo era hijo de padre gentil y madre judía, piadosa
cristiana (Hch 16,1). En su segundo viaje apostólico, Pablo, a su paso por
Listra, recibió excelentes referencias de este joven. Después de haberlo circuncidado, lo llevó consigo como colaborador y ayudante en la fundación
de las iglesias de Filipos y Tesalónica (Hch 16,12). Se menciona que estuvo
en Berea (Hch 17,14), y que desde Atenas el Apóstol lo envió a Tesalónica
(1Ts 3,2). De nuevo aparece en Corinto junto a Pablo (Hch 18,5), y lo acompaña por Éfeso (Hch 19,22), Macedonia (1Co 4,17; 16,10; 2Co 1,1) y Asia
Menor (Hch 20,4), en su tercer viaje. En las Cartas de la Cautividad, se dice
que estuvo junto al Apóstol en la cárcel (Col 1,1; Flp 1,1; 2,19). La Carta a
los Hebreos habla de su puesta en libertad, aunque no detalla el tiempo ni
las circunstancias (Hb 13,23).
• De su carácter cabe destacar la fidelidad con que siguió a san Pablo. Debía
de ser muy joven cuando el Apóstol ruega a los cristianos de Corinto que
lo traten con respeto (1Co 16,11), y no debía de tener muchos años cuando
recibió la misión de presidir la Iglesia de Éfeso (1Tm 4,12; 2Tm 2,22).
• En esta carta se mencionan algunos pormenores acerca de la actividad de
san Pablo de los que no se habla en otros escritos del Nuevo Testamento.
En concreto, se dice que el Apóstol dejó a Timoteo en Éfeso cuando marchó a Macedonia (1Tm 1,3), y que confiaba en regresar pronto junto a él
(1Tm 3,14; 4,13). No es fácil encajar esas actividades en ninguno de los viajes del Apóstol narrados en Hechos, pues cuando san Pablo partió de Éfeso
hacia Macedonia en su tercer viaje no parece que Timoteo se quedara en
esa ciudad, sino que acompañó al Apóstol, como se ha señalado. Además,
el relato contenido en Hechos de la despedida emotiva de los presbíteros
de Éfeso, como si nunca más volvieran a ver a san Pablo (Hch 20,25.38),
induce a suponer que el Apóstol no iba a regresar nunca a esa ciudad. No
145
146
obstante, lo que se dice en esta carta mueve a pensar que el Apóstol regresó a Éfeso cuando quedó libre de su prisión en Roma, y que sería en esa
ocasión cuando habría que buscar el marco de referencia para esta carta y
para la destinada a Tito.
• Al margen de esos datos concretos, la carta refleja el ambiente histórico
de una comunidad cristiana de origen paulino a la que han llegado predicadores de doctrinas que se apartan del «depósito» de la fe recibida del
Apóstol, por lo que se hace imprescindible discernir la «sana doctrina» de
esas corrientes perturbadoras.
• Esta carta, así como la segunda a Timoteo y la dirigida a Tito, tiene ciertas diferencias con relación al resto del corpus paulino: el vocabulario y
el estilo son peculiares; predomina en su contenido lo moral o práctico
frente al tono más teológico de otras cartas; la organización jerárquica y
los errores a los que se alude parecen más propios de un periodo algo
posterior a la vida del Apóstol; finalmente, existen dificultades a la hora
de encuadrar su fecha de composición en la vida de san Pablo. Por ello,
algunos han puesto en duda la autenticidad paulina de estas cartas. En
cualquier caso, con independencia de que su autor fuera un secretario o
un discípulo más o menos cercano a san Pablo, el sentido y la autoridad
son del Apóstol.
2. Estructura y contenido
Tras unas palabras de saludo (1,1-2), se siguen las siguientes unidades:
1,3-20
En estos versículos, se urge a Timoteo a defender la recta doctrina
frente a las enseñanzas de los falsos doctores: sobre los falsos doctores (1,3-7), sobre la función de la Ley (1,8-11), sobre la vocación de Pablo
(1,12-17), recomendaciones a Timoteo (1,18-20).
2,1-15
A continuación, una vez asentada la solidez de la doctrina de la fe, se
enumeran algunas de sus manifestaciones prácticas. Puesto que lo
principal es la relación con Dios, en esta parte el Apóstol instruye a su discípulo acerca del modo de dirigir rectamente el culto, especialmente
la oración y la participa­ción en las asambleas litúrgicas: oración por
todos los hombres (2,1-7), sobre el modo de orar de los hombres y de las
mujeres (2,8-15).
3,1-16
Las instrucciones de esta sección se refieren a las cualidades exigibles a los que ejercen un ministerio en la comunidad cristiana, que
han de ser adecuadas no solo para la edificación de todos los fieles, sino
para ofrecer una imagen real y atractiva de la Iglesia ante los de fuera:
cualidades de los obispos (3,1-7), cualidades de los diáconos (3,8-13),
sobre la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (3,14-15), sobre el
misterio de la piedad (3,16).
4,1-6,19
Por último, el Apóstol exhorta y aconseja a Timoteo sobre el modo de
comportarse y relacionarse con los demás: sobre los falsos maestros
(4,1-11), consejos a Timoteo (4,12-16), comportamiento con los fieles en general (5,1-2), sobre las viudas (5,3-16), sobre los presbíteros
(5,17-25), sobre los esclavos (6,1-2), sobre los falsos maestros (6,3-10),
exhortación para la defensa de la fe (6,11-16), sobre el recto uso de las
riquezas (6,17-19).
La carta termina con unas breves palabras de despedida en las que se insiste
de nuevo en la idea fundamental: la custodia fiel del depósito de la doctrina
recibida (6,20-21).
3. Enseñanza
El tema central de la primera Carta a Timoteo es la salvación dispensada por
la Iglesia, que prolonga y actualiza la acción salvadora de Cristo. Esta cuestión se desarrolla desde puntos de vista distintos pero complementarios. En
primer lugar, desde una perspectiva teológica, en torno al acontecimiento de
Cristo, que es núcleo principal y fundamento de la vida cristiana. Pero también, desde un plano más orientado a la práctica, como el ordenamiento de la
actividad que desarrollan los miembros de la Iglesia, de acuerdo con la propia
vocación y, en particular, la de aquellos a los que se ha encomendado algún
ministerio al servicio de la comunidad.
3.1. Jesucristo y la salvación
• La idea básica de las Cartas Pastorales es la salvación: a Dios se le nombra como «el Salvador» (1Tm 1,1; 2,3; 4,10), que con infinito amor «quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»
(1Tm 2,4). Dios es denominado también Rey de los siglos, inmortal, invi-
147
148
sible, único Dios, único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores
(1Tm 1,17; 2,5; 6,15-16); Dios vivo (4,10), que da vida a todo (6,13) y nos
provee de todo con abundancia (6,17).
• Este plan divino ha sido manifestado y llevado a cabo por Jesucristo, el
único Mediador (1Tm 1,14; 2,5), que «vino al mundo para salvar a los pecadores» (1Tm 1,15; cfr. 2,5-6). La carta insiste en la preexistencia de Cristo (1Tm 1,15) y, de un modo muy particular, en la encarnación, cuyo fin
principal es la salvación del hombre (1Tm 1,15). Jesucristo es un mediador
divino encarnado: al encarnarse, se da a sí mismo, y ofrece una libación
efectiva de la pecaminosidad humana (1Tm 2,3-6; 3,16; 6,13-14). Este Jesucristo ha sido justificado por el Espíritu, mostrado a los ángeles, predicado
a las naciones y ascendido a los cielos en gloria (1Tm 3,16). La fe en estas
verdades es la que conduce a la salvación; esta es pues la «sana doctrina»
(1Tm 1,10) del Evangelio predicado por san Pablo (cfr. 1Tm 1,11.15-16).
• Frente a la sana doctrina late siempre el peligro de las falsas doctrinas que
apartan de la fe verdadera a quienes las acogen (cfr. 1Tm 1,3.6; 4,1-2; 6,35). De hecho, una de las más delicadas cuestiones que hubieron de afrontar las primeras generaciones de cristianos en Éfeso y otras iglesias fue
el discernimiento de la fe genuina entre las numerosas interpretaciones
particulares que se predicaban entre ellos, impregnadas ya de nociones
específicas de las tradiciones judías, ya de elementos propios de la religiosidad helenística que eran ajenos al mensaje cristiano.
3.2. La Iglesia
• El tono cordial y a la vez exigente de la carta testimonia hasta qué punto la
Iglesia es una familia, la «casa de Dios» (1Tm 3,15), no solo en la doctrina,
sino también en la realidad práctica. Esa Iglesia es «columna y fundamento de la verdad» (1Tm 3,15) y por eso le corresponde conservar el depósito
recibido.
• De modo especial esa responsabilidad recae sobre aquellos que, como Timoteo, han recibido la gracia del ministerio mediante la imposición de las
manos (cfr. 1Tm 4,14) para que enseñen a mantener la fe (cfr. 1Tm 1,18-19)
y pongan orden en la comunidad cristiana (cfr. 1Tm 1,3).
• Cuando se escribió esta carta aún no estaba establecida la terminología
de los diversos ministerios, ni definidos plenamente los cometidos de los
órdenes sagrados en la jerarquía de la Iglesia, como aparecería posterior-
mente en los escritos de san Ignacio de Antioquía, a comienzos del siglo II.
En la carta se menciona al «obispo» (epískopos) (1Tm 3,2) –aquel que estaba
al frente de una comunidad particular–, a los «diáconos» (diákonoi) (1Tm
3,8), a los «presbíteros» o «ancianos» (presbyteroi) (1Tm 5,17), e incluso al
grupo de las «viudas» (1Tm 5,9). De acuerdo con el ministerio recibido,
cada uno tenía la misión de presidir, ayudar o enseñar, y siempre, de ofrecer testimonio de vida cristiana coherente.
3.3. Pablo, Timoteo y los falsos maestros
Junto al tema de la humanidad de Jesucristo, la carta pone un énfasis muy
particular en las figuras de Pablo y de Timoteo, tanto en sí mismas como en
contraste con la de los falsos maestros. Así, a diferentes niveles, en la carta se
establece una oposición entre lo falso y lo verdadero. En conexión con ellas, se
exhorta a la perseverancia en la recta (sana) doctrina.
• A Pablo, apóstol por disposición divina, le ha sido confiado el Evangelio;
ha sido llenado de fortaleza; Jesucristo le ha considerado digno de su confianza al conferirle el ministerio; ha sido constituido mensajero y apóstol
del testimonio de Cristo, doctor de los gentiles. En estas acciones se pone
de relieve la iniciativa divina. Por otro lado, la autoridad (moral) de Pablo
se basa en su correspondencia a la misericordia divina y en su entrega
con todo tipo de desvelos: «confesamos», «fatigamos», «luchamos» –desde este punto de vista es ejemplo, por su identificación con Cristo–. Él era
blasfemo, perseguidor, insolente, ignorante, sin fe, pecador; ha alcanzado
misericordia, ha sobreabundado en él –para ser ejemplo–.
• A Timoteo la potestad le viene de Dios a través de Pablo. En este contexto,
Timoteo recibe consejos de gobierno. La carta habla de profecías sobre él,
le llama buen ministro, habla de la imposición de manos hecha sobre él,
y menciona su solemne profesión (6,11). La autoridad (moral) de Timoteo
se basa en su buen ejemplo. Pablo le define en la carta como «verdadero
hijo», «hijo mío». En este contexto, Pablo le da consejos personales al respecto.
• Los falsos maestros están en un claro contraste con Pablo y Timoteo. Estos malos doctores son ignorantes, enseñan cosas erróneas, tienen mala
conciencia, obran por un beneficio. En esta línea se sitúan las falsas enseñanzas que son mencionadas en la carta: sobre los alimentos, sobre el
matrimonio, sobre Jesús, sobre la Ley en general, etc.
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150
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• presbítero
• ministerio
• depósito de la fe
• preexistencia
• jerárquica
• profecía
• culto
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la primera Carta a Timoteo?
2. ¿Cuáles son las características de la cristología de esta carta?
3. ¿Con qué rasgos se dibuja a san Pablo en esta carta?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
La Iglesia del Dios viviente y el misterio de la piedad (1Tm 3,14-16). Los tres versículos
conclusivos del cap. 3 constituyen el vértice doctrinal de 1Timoteo y la clave misma de
las cartas pastorales. Como cierre de la amplia reflexión sobre la asamblea litúrgica, el
autor orienta su reflexión directamente sobre la identidad de la Iglesia, casa de Dios, y
sobre la centralidad de su anuncio dirigido al mundo entero: Cristo encarnado y glorificado. Así, el servicio cultual de la asamblea y el de sus ministros están como atraídos
por un único punto focal: el rostro divino de la Iglesia, hecho esplendoroso, sin mancha
y sin arruga, por la luz salvífica de Cristo.
La articulación literaria del pasaje está marcada por tres partes bien definidas: una introducción (1Tm 3,14-15a), abierta por tauta soi graphō («Te escribo todas estas cosas»).
Pablo espera acercarse a donde está Timoteo cuanto antes, pero, en caso de retraso,
que sepa el discípulo cuál debe ser el comportamiento que hay que tener dentro de la
«casa de Dios». Una primera parte, de tenor eclesiológico, abierta por el relativo ētis estin («que es», 1Tm 3,15b), presenta dos nuevas definiciones de la Iglesia: una, «Iglesia de
Dios viviente», que la une con su origen; otra, «columna y fundamento de la verdad»,
de claro valor misionero. La segunda parte, en 1Tm 3,16, tiene una neta connotación
cristológica. Al inicio, está el preanuncio de una homología [confesión]: «Debemos
confesar», cuyo contenido es presentado como «misterio de la piedad». Justo después,
con evidente autonomía literaria, el relativo masculino hos (él) –y no el neutro ho, como
hubiera sido más correcto si estuviese referido a mystērion, y como atestigua la variante
del códice D (de Beza, siglo VI), prima manus, y otros testimonios– introduce el contenido de dicho «misterio» bajo forma de himno cristológico.
(Paolo Iovino, Lettere a Timoteo, Lettera a
Tito, Milano: Paoline, 2005, pp. 80-81)
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152
TEMA
CARTA A TITO
15
En la Carta a Tito se invita a centrar la atención en Jesús, nuestro Salvador, y en el cambio de vida y actitudes que supone la experiencia de
la iniciación cristiana. Al servicio de esos objetivos está la labor pastoral
encomendada a Tito y a los ministros de la Iglesia.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Sobre los ministros dignos y la sana doctrina 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Misión de Tito en Creta • Exigencias morales de la
fe cristiana 3. ENSEÑANZA • a) Jesucristo Salvador b) La Iglesia, depositaria del
plan divino de salvación c) La vida cristiana
1. Ocasión de la carta
• La Carta a Tito presenta algunos rasgos muy próximos a los de la primera Carta a Timoteo. Posiblemente el momento y las circunstancias de
composición de estas cartas enviadas a los responsables de las comunidades paulinas de Creta y Éfeso, respectivamente, sean también muy
pare­cidos.
• Tito, hijo de padres paganos, fue convertido seguramente por san Pablo,
a juzgar por el cariño que este le demuestra (cfr. Tt 1,4). Junto con Bernabé
acompañó a san Pablo en el viaje que hizo a Jerusalén para contrastar con
quienes tenían autoridad en la Iglesia el contenido de la predicación a los
gentiles (Ga 2,1-5). Su nombre no se menciona en el libro de los Hechos,
pero en el epistolario paulino se alude a que, a finales del tercer viaje apostólico, fue enviado a Corinto con dos misiones delicadas: primero con
una carta no identificada (cfr. 2Co 7,14); después, para realizar la colecta y
entregarles la segunda Carta a los Corintios (cfr. 2Co 8,6.16-23; 12,18).
• Por lo que dice la carta a él dirigida, san Pablo lo dejó en la isla de Creta
para que continuara la labor misional que los dos juntos habían emprendido (cfr. Tt 1,5). Según la misma fuente, Tito debió de permanecer en
Creta hasta que Artemas y Tíquico llegaron a relevarlo (cfr. Tt 3,12).
• El ambiente que refleja la propia carta es muy parecido al de la primera
a Timoteo: una comunidad cristiana fundada por san Pablo en la que es
necesario que se establezcan unos ministros dignos al servicio de la «sana
doctrina» recibida del Apóstol, frente a los que predicaban doctrinas perturbadoras.
• Esta carta, al igual que aquella, está redactada con un vocabulario y estilo
literario un tanto peculiares dentro del corpus paulino. Por eso, algunos
autores han puesto en duda su autenticidad paulina, aunque parece claro
que ambas fueron redactadas con la doctrina y autoridad del Apóstol, y
recibidas como escritos apostólicos en las comunidades a las que se dirigían.
2. Estructura y contenido
La carta comienza, como es habitual en las cartas de san Pablo, con una compleja fórmula de saludo. En este caso, alude a que Dios es nuestro Salvador y
deja entrever el afecto hacia el discípulo (1,1-4).
153
154
El cuerpo de la carta se desarrolla del siguiente modo:
1,5-16
Misión de Tito en Creta
El Apóstol transmite a Tito sus instrucciones acerca de la organización de
las comunidades cristianas en Creta, gobernadas, cada una, por un ministro con las condiciones morales idóneas para su función (1,5-9), y al que
corresponde corregir y evitar la influencia, perniciosa para la fe, de los que
difunden doctrinas extrañas (1,10-16).
2,1-3,11
Exigencias morales de la fe cristiana
•El resto de la carta está estructurado en torno a la idea de que en Jesucristo se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres,
y por tanto, los cristianos han de renunciar a la impiedad para vivir conforme a la piedad (2,11-15).
•La salvación se ha obrado no gracias a las obras justas que hubiéramos
hecho los hombres, sino por la misericordia de Dios, mediante el baño
de la regeneración y de la renovación en el Espíritu Santo (3,3-7).
•Esta es la doctrina verdadera en la que hay que mantenerse firmes
(3,8), evitando las disquisiciones y disputas doctrinales que no aprovechan para nada (3,9-11).
•De forma intercalada, se enumeran algunos deberes, según la edad
y condición de cada uno (2,1-10), y otros comunes a todos; concretamente, se exhorta al respeto a la autoridad legítima (3,1-2).
La carta termina con unas recomendaciones finales (3,12-14) y unas palabras
de despedida (3,15).
3. Enseñanza
Los grandes temas doctrinales de esta carta son los mismos que se han apuntado al hablar de la primera Carta a Timoteo: la organización de la Iglesia, la salvaguarda de la recta doctrina, y la fe en Jesucristo Salvador como fundamento
de la vida cristiana.
3.1. Jesucristo Salvador
• Como es frecuente en las Cartas Pastorales, a Cristo se le nombra como «el
Salvador» (Tt 1,4; 2,13; 3,6).
• De Jesucristo se subraya su humanidad, en la cual se realiza la manifestación (Tt 2,11; 3,4) de su divinidad: Él es el «gran Dios y Salvador nuestro»
(Tt 2,13).
• Como en 1 Timoteo también aquí se denuncian las desviaciones de esta
«palabra fiel», predicada por san Pablo y a la que Tito ha de atenerse en
su predicación (Tt 1,9).
3.2. La Iglesia
No ofrece esta carta una exposición sistemática sobre la Iglesia, pero sí describe rasgos importantes de su naturaleza y organización.
• En conexión con la idea central –la salvación de todos los hombres realizada por Jesucristo– se enseña que la Iglesia es depositaria del plan divino de salvación. Jesucristo con su sangre establece la Nueva Alianza,
haciendo de la Iglesia su «pueblo escogido» (Tt 2,14). La Iglesia prolonga y
actualiza la acción salvadora de Cristo, puesto que es el pueblo rescatado
de la iniquidad y purificado con su sacrificio (Tt 2,14).
• Los ministros de la Iglesia tienen la función esencial de predicar la palabra
de Dios. Frente a la corrupción de la verdad que promueven los falsarios,
han de cuidar de la sana doctrina (Tt 1,9): de la palabra (Tt 2,8) y de las
personas, para que se mantengan «sanos en la fe» (Tt 1,13; cfr. 2,2).
• La estructura de la Iglesia, según se refleja en esta carta y en 1-2 Timoteo,
marca el comienzo de la sucesión apostólica. Primero está la autoridad
del Apóstol, presente o ausente. En segundo lugar, este delega su potestad en su representante. Tito había recibido anteriormente encargos
puntuales, pero ahora recibe atribuciones más amplias en la enseñanza,
predicación y gobierno de la comunidad (Tt 2,1-10). Además, como la
misión que le ha sido encomendada ha de perdurar, debe elegir continuadores en la guía de la comunidad: son los presbyteroi-epískopoi –ambos
términos son aún algo ambiguos en esta época, ya que parece que designan a la misma persona– (cfr. Tt 1,5 y 1,7). Aunque no existe aún una distinción neta entre el episcopado y el presbiterado, como la reflejada en los
escritos de san Ignacio de Antioquía –por ejemplo, en Ad Magnesios 6.1;
Ad Trallianos 7.2; Ad Philadelphos 7.1– a comienzos del siglo II, es posible
asomarse ya a los orígenes de la distinción jerárquica entre los ministros
de la Iglesia.
155
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3.3. La vida cristiana
• El cristiano está llamado a comportarse rectamente porque Cristo lo ha
librado de toda iniquidad. Por el bautismo y la renovación del Espíritu
Santo hemos sido glorificados y destinados a la vida eterna (Tt 3,5-7). El
principio de la vida cristiana es la salvación obtenida por Cristo, en la que se
basa toda norma moral.
• Por la gracia de Dios somos educados «para que renunciemos a la impiedad y a las concupiscencias mundanas, y vivamos con prudencia, justicia
y piedad en este mundo» (Tt 2,12). El cristiano ha de esforzarse por practicar obras buenas, porque ha creído en Dios (Tt 3,8), porque se sabe redimido por Cristo de toda iniquidad (Tt 2,14) y porque la gracia lo fortalece
para hacer el bien.
Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• impiedad
• regeneración
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la Carta a Tito?
2. ¿Cuáles son las características de la cristología de esta carta?
3. ¿Cuáles son las características de la eclesiología de esta carta?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«En este sentido, Escritura y Tradición, Escritura y anuncio apostólico como claves de
lectura, se unen y casi se funden, para formar juntas el “fundamento firme puesto por
Dios” (2Tm 2,19). El anuncio apostólico, es decir la Tradición, es necesario para introdu-
cirse en la comprensión de la Escritura y captar en ella la voz de Cristo. En efecto, hace
falta estar “adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza” (Tt 1,9). En la base de
todo está precisamente la fe en la revelación histórica de la bondad de Dios, el cual en
Jesucristo ha manifestado concretamente su “amor a los hombres”, un amor al que el
texto original griego califica significativamente como filantropía (Tt 3,4; cfr. 2Tm 1,9-10);
Dios ama a la humanidad.
En conjunto, se ve bien que la comunidad cristiana va configurándose en términos
muy claros, según una identidad que no solo se aleja de interpretaciones incongruentes, sino que sobre todo afirma su propio arraigo en los puntos esenciales de
la fe, que aquí es sinónimo de “verdad” (1Tm 2,4.7; 4,3; 6,5; 2Tm 2,15.18.25; 3,7.8; 4,4;
Tt 1,1.14). En la fe aparece la verdad esencial de quiénes somos, quién es Dios, cómo
debemos vivir. Y de esta verdad (la verdad de la fe) la Iglesia se define “columna y
apoyo”» (1Tm 3,15).
(Benedicto XVI, Audiencia, 28 enero 2009)
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SEGUNDA
CARTA A TIMOTEO
TEMA
16
En esta carta se percibe una llamada apremiante a mantenerse fiel a la
enseñanza recibida y a la propia vocación, sobreponiéndose a las dificultades, por grandes que sean, sin miedo a la muerte. La doctrina confiada
por Dios a san Pablo en «depósito», este la había entregado íntegra a Timoteo, para que él, por su parte, la guardara y la enseñase sin menoscabo. A la vez, Pablo le trasmite su «enseñanza» sobre el modo de organizar
los ministerios en la Iglesia y de mantener la pureza de la fe frente a las
doctrinas predicadas por los falsos maestros.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Testamento espiritual de san Pablo 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Sobre la predicación del mensaje evangélico • Sobre la defensa de la recta doctrina 3. ENSEÑANZA • a) Defensa del depósito de la fe • b)
Inspiración de la Sagrada Escritura • c) Los padecimientos por el evangelio como
credenciales del apóstol
1. Ocasión de la carta
• La segunda Carta a Timoteo es independiente de la primera. No se hace
ninguna referencia a que hubiera una carta anterior del propio san Pablo
a su discípulo, por lo que el hecho de llamarse «segunda» no implica de
suyo que sea posterior a la «primera», sino simplemente que va tras ella en
las ediciones de la Biblia.
• En esta misiva el Apóstol alude a que está prisionero en Roma (2Tm 1,1617; 2,9) y piensa que su muerte puede ser inminente (2Tm 4,6-7). Si se
acepta la hipótesis de que tras la prisión romana con la que se concluye
el libro de los Hechos de los Apóstoles, san Pablo quedó libre y realizó algunos otros viajes, entre ellos a Éfeso, donde dejó a Timoteo al partir para
Macedonia –circunstancia en la que se enmarca la primera Carta a Timoteo
(1Tm 1,3)–, esta segunda carta pudo ser escrita durante una segunda cautividad en Roma, de la que habla por primera vez Eusebio de Cesarea
(siglo IV) en su Historia eclesiástica (2.22.2).
• Desde el punto de vista del análisis literario, se puede apreciar que también en esta carta se utiliza un vocabulario con unas características muy
parecidas a las de la primera y se dibuja una comunidad cristiana en una
situación análoga, aunque de específico tiene el tono fuertemente personal con el que expresa la interioridad del Apóstol.
• Esta carta tiene varios rasgos propios que se ajustan al esquema literario de
un «discurso de despedida». Se presenta a sí misma como un testamento
espiritual en el que san Pablo, que contempla cercana su muerte (cfr. 2Tm
4,6-8), reflexiona sobre su relación con Timoteo que comparte su solicitud
por las iglesias por él fundadas, y le transmite palabras de consuelo y sus
últimas recomendaciones.
2. Estructura y contenido
Los dos grandes temas de la carta, «depósito» y «enseñanza» pastoral, configuran la estructuración de las ideas. El texto comienza con el habitual saludo,
que en este caso deja traslucir un entrañable afecto hacia el discípulo (1,1-5).
El cuerpo de la carta se estructura como sigue:
159
160
1,6-2,13
La predicación del mensaje evangélico
• Pablo exhorta a Timoteo a corresponder a la gracia recibida (1,6-7);
•después habla de la vocación santa a la que han sido llamados, por el
designio divino y la gracia divina recibida por medio de Cristo Jesús y
mostrada mediante su manifestación (1,8-12);
•como consecuencia, Pablo le exhorta a tener por norma las palabras
sanas que le ha escuchado y a guardar el buen depósito (1,13-14);
•el Apóstol dedica un recuerdo al mal comportamiento de algunos
discípulos (1,15-18);
•Pablo vuelve a exhortar a la fidelidad y a la reciedumbre (2,1-7), animándole a poner la mirada en Jesucristo, pues en Él alcanzaremos la
salvación y la gloria eterna (2,8-13).
2,14-4,8
La defensa de la recta doctrina
•Pablo da consejos sobre cómo evitar errores y discusiones inútiles
(2,14-21);
• anima a tener paciencia con los que yerran (2,22-26),
• a prevenir los peligros del error (3,1-13),
•y a ser fiel a lo que ha aprendido y creído, concretamente a la Sagrada
Escritura, fuente de la sabiduría que conduce a la salvación (3,14-17),
• exhorta a perseverar en la predicación (4,1-5),
• y anima a considerar el galardón de la fidelidad (4,6-8).
La carta concluye con unas recomendaciones en las que se entremezclan noticias y encargos (4,9-18), y unas palabras de despedida (4,19-22).
3. Enseñanza
El tono de la segunda Carta a Timoteo es aún más entrañable que el de la primera, con alusiones muy personales. Pablo exhorta insistentemente a Timoteo a
perseverar en la predicación y en el ministerio, sin miedo a los sufrimientos
externos ni a la fatiga interior. Le encarga también consolidar la organización
de la iglesia local. Respecto a las otras Cartas Pastorales, aparece aquí como
característica la alusión a la utilidad de la Sagrada Escritura para la solidez de
la predicación y de la vida cristiana.
3.1. El «depósito»
• En esta carta se aprecia desde el primer momento una preocupación por
la defensa del Evangelio predicado por san Pablo frente a falsos maestros
que inducían a la confusión. Parece que se trataba de unos cristianos desorientados, procedentes del judaísmo de la diáspora, que habían asimilado mal algunas corrientes culturales y religiosas helenísticas y que hacían,
por ello, una mezcla confusa de ideas cristianas y paganas. De ahí las «discusiones necias e insustanciales… que degeneran en peleas» (2Tm 2,23).
Por eso se denuncia que estas desviaciones se oponen a la «sana doctrina»
(2Tm 4,3) transmitida por la predicación del Apóstol (2Tm 2,14).
• En el núcleo mismo de la doctrina de la carta se encuentra la «manifestación de Jesucristo nuestro Salvador, que ha destruido la muerte y ha
revelado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio» (2Tm 1,10).
La memoria de Jesucristo va unida a una llamada constante a la perseverancia fiel en la fe recibida (cfr. 2Tm 2,8-13).
• En consecuencia, ante la confusión doctrinal el buen pastor no puede renunciar a una predicación insistente, pues en el ejercicio de la vida cristiana es necesario el «conocimiento de la verdad» (cfr. 2Tm 2,25; 3,7), que se
alcanza por el arrepentimiento y la conversión (2Tm 2,25). Hay que predicar la sana doctrina sin desviarse de la verdad –como le sucede a los falsos
maestros (2Tm 2,14-18)–. Los ministros tienen la función esencial de predicar la palabra de Dios. A Timoteo se le manda dedicarse primordialmente
a este ministerio –poniendo empeño en convencer, reprender y exhortar
(cfr. 2Tm 4,2.16)– en orden a la propagación del Evangelio (2Tm 4,5).
3.2. La «Sagrada Escritura»
Uno de los pasajes centrales característicos de la segunda Carta a Timoteo es
aquel en que trata de la Sagrada Escritura y su función en la construcción de
la Iglesia:
«Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y creído, ya que sabes de quiénes lo aprendiste, y porque desde niño conoces la Sagrada Escritura, que puede
darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para
corregir y para educar en la justicia, con el fin de que el hombre de Dios esté bien
dispuesto, preparado para toda obra buena» (2Tm 3,14-17).
161
162
• El contexto de esta exhortación es el ministerio de Timoteo. El Apóstol le
previene frente a los doctores, engañadores y engañados al mismo tiempo
(cfr. 2Tm 3,13), recomendándole permanecer fiel a lo que ha aprendido
desde niño y teniendo en cuenta de quién lo ha aprendido (su abuela, su
madre y el mismo Pablo).
• La expresión «Sagrada Escritura» (2Tm 3,15), aunque es relativamente común en el judaísmo helenista, solo se emplea en este pasaje de la Biblia.
Con el adjetivo «Sagrada» la lengua bíblica opone estos escritos a los profanos o vulgares y señala su carácter vinculante (canónico).
• De acuerdo con la tradición del pueblo de Israel, se afirma que la Escritura puede dar la sabiduría, pero esta sabiduría, en la tradición sapiencial del Antiguo Testamento vinculada a la Torah, se orienta ahora «a
la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús». No cabe duda de que
nos encontramos ante una de las formas de la apologética cristiana que
expresaba de esa manera cómo los anuncios del Antiguo Testamento se
referían a Cristo.
• La expresión «toda la Escritura» gramaticalmente parece referirse al conjunto de la Biblia canónica en tanto que «inspirada», aunque en este contexto puede referirse a todos y cada uno de los pasajes de la Biblia. En
todo caso, ambas interpretaciones no se excluyen (cfr. Hb 9,19). Sin embargo, hay que preguntarse si esta expresión puede incluir también a los
textos del Nuevo Testamento conocidos por el autor de la carta. Directa
y expresamente se habla del Antiguo Testamento, ya que se refiere a la
«Sagrada Escritura» que Timoteo ha conocido por su madre (2Tm 3,15)
la cual «era judía creyente» (Hch 16,1). Indirectamente y por extensión, la
fórmula «toda la Escritura» o «toda Escritura» de 2Tm 3,16 podría incluir
a aquellos escritos que en el momento en que 2Timoteo es redactada, eran
reconocidos como «inspirados» y por ello formaban parte de «la Escritura», entre los que se incluían ya también algunos de lo que denominamos
Nuevo Testamento. No se trata de una pura hipótesis ya que otro texto
paulino puede leerse en perspectivas semejantes. Se trata de 1Tm 5,17-18,
que cita como Escritura, junto a un texto del Deuteronomio (Dt 25,4: «No
pondrás bozal al buey que trilla»), un dicho de Jesús presente en el Evangelio
de Lucas (Lc 10,7: «Pues el que trabaja merece su salario»):
«Los presbíteros que presiden bien merecen un doble honor, sobre todo los que se
esfuerzan en la predicación y en la enseñanza. Pues dice la Escritura: No pondrás
bozal al buey que trilla, y el obrero merece su salario».
3.3. Pablo y Timoteo
a) Pablo
• Destaca, de nuevo, en esta carta, con luz propia, la figura de Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios (2Tm 1,1), con una vocación santa (2Tm 1,9), predicador de palabras sanas (2Tm 1,13), para anunciar la
vida prometida que hay en Cristo Jesús (2Tm 1,1), siervo de Dios con conciencia pura (2Tm 1,3), apóstol y maestro del Evangelio –«mi depósito»,
«mi Evangelio»– (cfr. 2Tm 1,11.12.18; 2,2.8), prisionero de nuestro Señor
(2Tm 1,8), noble soldado de Cristo Jesús (2Tm 2,3).
• En esta carta, las credenciales de apóstol que muestra Pablo son fundamentalmente, junto con la llamada de Dios y su pureza de conciencia, los
padecimientos que ha sufrido y sufre por el Evangelio (2Tm 1,12.16; 2,9;
3,11). Estos padecimientos tienen el amargo contrapunto de las personas
que le han abandonado –por avergonzarse del Evangelio o por amor de
este mundo– (2Tm 1,15; 4,10), aunque en medio de ese abandono, el Señor mismo le asistió, le fortaleció y le libró de los peligros (2Tm 4,17-18).
En tono de testamento, el Apóstol manifiesta estar a punto de derramar
su sangre en sacrificio (2Tm 4,6), y se siente orgulloso de haber peleado
el noble combate, de haber alcanzado la meta, de haber guardado la fe
(2Tm 4,7).
b) Timoteo
• La carta dibuja también un nítido retrato de Timoteo, hijo querido de Pablo (2Tm 1,2), hombre de fe sincera (2Tm 1,5), que ha recibido el don por la
imposición de las manos (2Tm 1,6), e imitador del Apóstol en la doctrina,
la conducta, los planes, la fe, la paciencia, la caridad, la constancia, las persecuciones y los sufrimientos (2Tm 3,10-11).
• Junto a estas alabanzas, y en el contexto de los abandonos y de las falsas enseñanzas, Pablo le anima a reavivar el don recibido (2Tm 1,6), a no
avergonzarse (cfr. 2Tm 1,12.16) del testimonio de nuestro Señor ni de él
mismo (2Tm 1,8), a ser sobrio y recio (2Tm 4,2), y a no cejar en el empeño
por predicar y confiar a otros hombres fieles lo que de él ha aprendido
(2Tm 2,2; 3,14).
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• diáspora
• profano
• sapiencial
• conciencia
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué escribe san Pablo la segunda Carta a Timoteo?
2. ¿Cuál es el contenido central del depósito de la fe?
3. ¿A qué puede referirse 2Tm cuando se habla de la Sagrada Escritura?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
Timoteo, siervo fiel del Señor (2Tm 2,1-3,9)
La nueva sección literaria, 2,1-3,9, abriendo la segunda parte de la carta (…), vuelve
a colocar en el centro de la atención el personaje de Timoteo, exhortado por Pablo a
hacerse siervo fiel del Señor, listo para sufrir en-por él. Una primera parte dentro de ella,
2,1-13, afronta, por tanto, el tema del sufrimiento. La exhortación hace referencia, en
primera instancia, a Timoteo (vv. 1-7), pero, en realidad, ésta va más allá del personaje
histórico de Timoteo, para afectar al vasto ambiente eclesial y, en particular, a todos
los ministros que se disponen al seguimiento de Cristo, sobre la traza del testimonio
de Pablo. La orden de Pablo es clara en ese sentido: «Las cosas que habéis oído de
mí […], transmitidlas a personas de confianza, las cuales a su vez estén en grado de
enseñar también a los demás» (2,2). La apertura a la paradosis (tradición) remite a su
fundamento, en 2,8-13, con la profesión de fe: «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de
los muertos» y la evocación del himno: «Si morimos con él, también viviremos con él
[…]». Una segunda parte, 2,14-3,9, gira en torno al tema de la verdad, presentado en
forma antitética: frente a ella, algunos se sitúan como oponentes, otros, en vez de eso,
como dispensadores. Como en la sección precedente, la exhortación está sujetada por
un nuevo apoyo teológico, con preciso valor escatológico.
(Paolo Iovino, Lettere a Timoteo, Lettera a
Tito, Milano: Paoline, 2005, p. 198)
TEMA
CARTA A LOS HEBREOS
17
La doctrina de la carta es fundamentalmente cristológica. La consideración de la figura de Cristo, Dios y Hombre y Gran Sacerdote de la Nueva
Ley, es como el eje que vertebra todo el documento, aglutina sus diversas secciones e imprime al conjunto una extraordinaria unidad.
SUMARIO
1. OCASIÓN DE LA CARTA • Mostrar la superioridad del cristianismo respecto
a la Antigua Alianza 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDO • Cristología tradicional
y cristología específicamente sacerdotal • Sobre la necesidad de perseverar en la
fe • Vida en la santidad y en la paz 3. ENSEÑANZA • a) Cristo, verdadero Sumo
Sacerdote • b) Superioridad del cristianismo sobre el judaísmo • c) Fidelidad a las
promesas de Dios • d) Perfecta realización de la vida cristiana en el Cielo • e) La vida
es una peregrinación hacia la Patria celestial.
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166
1. Ocasión de la carta
• La carta fue compuesta por un cristiano culto de origen judío, buen conocedor de la Sagrada Escritura y de las cuestiones teológicas plantea­das
en el momento de la redacción, y, además, muy cercano a san Pablo en
pensamiento y actividad. Por el contenido se trasluce que fue un hombre
de cultura helenista, con gran celo pastoral y profundo conocimiento de
la vida religiosa del pueblo hebreo y del culto del Templo de Jerusalén.
• Su personalidad parece esconderse deliberadamente detrás de la grandeza
e importancia del tema que se expone. Han sido numerosos los intentos de
concretar el autor-redactor y se han aventurado los nombres de Bernabé,
Lucas, Clemente Romano, Felipe, Silvano, o el discípulo Apolo, mencionado en Hch 18,24s., como posibles redactores. Sin embargo, ninguna de las
propuestas resulta satisfactoria.
• La carta responde a un género intermedio entre el epistolar y el propio
de un discurso o sermón escrito (cfr. Hb 13,22: «palabra de exhortación»).
Además, por su estructura, orden y método, recuerda el género de ensayo
teológico. El ritmo majestuoso de los versículos y la grandiosidad de los
temas expuestos explican el extenso uso que la Iglesia ha hecho de ella en
la liturgia.
• El autor, en un griego muy correcto y elegante, se sirve de un abundante
vocabulario y consigue expresar gráficamente su pensamiento con ayuda
de numerosos recursos de estilo, citas y ejemplos de la Sagrada Escritura.
Después de Lucas es, sin duda, el modelo más elevado de obra literaria en
el Nuevo Testamento.
• El título, a pesar de no ser original, puesto que data probablemente del
siglo II, responde con precisión a la naturaleza y contenido del libro. Es
muy probable que los «Hebreos», tenidos como destinatarios de la carta,
fueran, en primer lugar, cristianos provenientes del judaísmo, buenos
conocedores tanto del idioma griego como de la cultura hebrea y, en especial, de las ceremonias del culto mosaico.
• El principal propósito de la carta es mostrar la superioridad del cristianismo respecto a la Antigua Alianza, pero tanto el estilo como la intención
no son polémicos. El escrito hace ver que la Nueva Ley es la perfección,
el cumplimiento y la superación de la Antigua. Para ello se centra en la
consideración del sacerdocio y sacrificio de Cristo como superiores a los
levíticos. Este es el fundamento doctrinal que respalda la exhortación a la
perseverancia en la fe que el autor dirige a los destinatarios y que constituye el otro motivo primordial de la carta.
• Como fecha de composición se ha sugerido la década de los sesenta, es
decir, antes de la destrucción de Jerusalén por los ejércitos romanos de
Vespasiano y Tito en el año 70, ya que la caída de la ciudad no se menciona
en ningún momento, y numerosos lugares sugieren que el Templo y el culto mosaico continúan en vigor (cfr. Hb 8,4; 9,7.13.25; 10,1-2; 13,11). Bastantes autores señalan el año 67 como fecha de composición. Sin embargo, no
puede descartarse una fecha más avanzada en el primer siglo, en cualquier
caso antes de la 1Clemente (años 90-100), que cita Hebreos.
• Conforme a las palabras de Hb 13,24: «Os saludan los de Italia», se ha pensado en Roma como lugar de composición. Sin embargo, esta expresión
podría entenderse también como el saludo de un grupo de cristianos procedentes de aquel país, pero que residen en otro lugar que nos es desconocido y desde el que se envía la carta. Se ha pensado que este lugar podría
ser Palestina o Alejandría.
2. Estructura y contenido
• La estructura literaria de Hebreos ha sido objeto de estudios minuciosos,
pero no es fácil de determinar. A lo largo de la carta, se van alternando
partes explicativas de tipo doctrinal y partes exhortativas. El contenido
moral o parenético se entremezcla deliberadamente con el dogmático. Las
verdades de fe son presentadas por el autor como el fundamento de la
conducta práctica que se recomienda y se pide a los destinatarios.
En este sentido la carta es un ejemplo admirable de la unidad entre doctrina y
vida, tan propia de todo el Nuevo Testamento, y constituye por ello un modelo
de la mejor literatura religiosa cristiana.
• Propongo aquí la división establecida por el escriturista francés Albert
Vanhoye –reconocido estudioso de este libro– en El mensaje de la Carta a
los Hebreos. Vanhoye detecta en la composición de la carta una serie de
procedimientos que permiten distinguir su estructura literaria. «Los más
importantes son el anuncio del tema que se va a desarrollar (Hb 1,4; 2,17;
5,9-10; 10,36-39; 12,13) y las inclusiones, repeticiones verbales que marcan
el comienzo y el fin de una unidad literaria pequeña o grande». El estudio
de estos indicios permite descubrir, entre el exordio (Hb 1,1-4) y la conclusión del discurso (Hb 13,20-21) y los saludos finales (Hb 13,19.22-25), una
división en cinco partes.
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168
2.1. Cristología tradicional (1,5-2,18)
Al final del exordio (Hb 1,1-4), en el que se recuerdan las variadas intervenciones de Dios en la historia y que «en estos últimos días nos ha hablado por
medio de su Hijo» (v. 2), el versículo 4 establece la afirmación que dará origen
a una primera parte de la argumentación:
«y ha sido hecho tanto más excelente que los ángeles cuanto más les aventaja por
el nombre que ha heredado».
«Con estas expresiones tradicionales (Hch 4,12; Ef 1,21; 1P 3,22) el autor introduce una primera parte (Hb 1,5-2,18), en la que recordará la cristología
tradicional, expresándola con textos del Antiguo Testamento utilizados en la
catequesis primitiva: Cristo ha sido glorificado como Hijo de Dios (Hb 1,5-14),
después de haber sufrido la pasión en su condición humana (Hb 2,5-18)». Esta
primera parte se articula así:
• 1,5-14: Hijo de Dios, Cristo glorificado es superior a los ángeles
• 2,1-4: Breve exhortación a reconocer su autoridad.
• 2,5-18: hermano de los hombres, Cristo tras sufrir sigue unido a nosotros
En Hb 2,17 se encuentra el anuncio que introduce la siguiente parte de la argumentación:
«Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, a fin de ser misericordioso
y Sumo Sacerdote fiel en las cosas que se refieren a Dios, para expiar los pecados
del pueblo».
Con estas palabras, el autor de la carta expresa el paso del mesianismo davídico a la cristología sacerdotal, que constituye el mensaje propio de Hebreos.
2.2. Cristología sacerdotal: aspectos esenciales (3,1-5,10)
En esta segunda parte, el autor demuestra que Cristo posee a la perfección las
dos cualidades fundamentales del sacerdocio, esto es, las que lo convierten
en mediador: Cristo es presentado por Dios como digno de fe en cuanto que
es el Hijo glorificado; la gloria sacerdotal de Cristo no lo alejó de los hombres,
ya que fue obtenida por medio de una solidaridad extrema con ellos, en la
humildad, el sufrimiento, la obediencia hasta la muerte (Hb 5,5-10).
a) 3,1-4,14: Por sus relaciones con Dios, Cristo es «digno de fe» (Hb 3,2).
• 3,1-6: Cristo sumo sacerdote es digno de fe como Moisés y más que él.
• 3,7-4,14: Larga advertencia contra la falta de fe.
b) 4,15-5,10: Por sus relaciones con los hombres, Cristo es «misericordioso»
• 4,15-16: Cristo es sumo sacerdote compasivo; llamada a la confianza.
• 5,1-10: Descripción de este aspecto del sacerdocio y aplicación a Cristo.
En Hb 5,9-10 se encuentra el anuncio de la parte siguiente:
«Y, llegado a la perfección (b), se ha hecho causa de salvación eterna (c) para
todos los que le obedecen, ya que fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote (a)
según el orden de Melquisedec».
2.3. Cristología sacerdotal: rasgos específicos (Hb 5,11-10,39)
Se trata ahora de dar un paso adelante, poniendo de relieve los nuevos aspectos del sacerdocio de Cristo, que lo han llevado a una perfección nunca
alcanzada hasta entonces.
• 5,11-6,20: Exhortación previa: llamada de atención y a la generosidad.
a) 7,1-28: Otro orden sacerdotal
El tipo de sacerdocio que corresponde a Cristo glorificado no es ya «según el orden de Aarón» (sacerdocio levítico), sino «a la manera de Melquisedec». Se trata
de un sacerdocio no determinado por una genealogía terrena, sino por la filiación
divina. La consagración ritual externa del sacerdocio israelita es imperfecta, pues
no puede hacer perfecto a quien la recibe. Cristo, sin embargo, ha sido hecho
«perfecto para siempre» (Hb 7,28) por su sacrificio.
b) 8,1-9,28: Otro acto sacerdotal
En esta sección, el sacrificio de Cristo es definido por medio de una confrontación
con el culto de la antigua alianza. Esta tenía solamente «normas externas», ritos
«carnales» ineficaces, y su santuario era terreno (Hb 8,1-6); las antiguas instituciones eran impotentes (Hb 9,1-10). Por el contrario, Cristo ha entrado en el verdadero santuario, es decir, «en el mismo cielo» (Hb 9,24-28), gracias al ofrecimiento
que hizo de sí mismo y que llevó a cabo una vez por todas (Hb 9,11-14). De ese
modo se ha convertido en «el mediador de la alianza nueva» anunciada por Jeremías. La primera alianza era imperfecta y provisional (Hb 8,7-13); la nueva alianza está válidamente establecida (Hb 9,15-23).
b) 10,1-18: Otra eficacia sacerdotal
Esta sección subraya la eficacia perfecta de la ofrenda personal de Cristo, contra
el pecado y para la santificación, en contraste con la impotencia de la ley antigua,
la cual no obtenía nunca la purificación de las conciencias, a pesar de la repetición indefinida de las inmolaciones de animales (Hb 10,4). Cristo puso fin a esta
situación sin salida, «con una sola oblación hizo perfectos para siempre a los que
169
170
son santificados» (Hb 10,14). Gracias al sacrificio y al sacerdocio de Cristo se ha
transformado por completo la situación religiosa de los hombres.
• 10,19-39: Exhortación a entrar en el movimiento de la ofrenda de Cristo
con fe, esperanza y amor
En esta exhortación se subraya el cambio que se ha realizado: han quedado abolidas las antiguas barreras, y todos los creyentes tienen derecho a entrar en el
santuario gracias a la sangre de Jesús; más aún, todos son invitados a acercarse a
Dios con fe viva, con esperanza inquebrantable y con caridad activa. Sin embargo, su situación no está exenta de peligros. Todavía son posibles las caídas. Por
tanto, es necesaria la vigilancia, así como la constancia en las pruebas. En Hb
10,36-39 se anuncia la siguiente sección:
«porque necesitáis paciencia para conseguir los bienes prometidos cumpliendo
la voluntad de Dios. En efecto, todavía un poco de tiempo, muy poco, y el que va
a venir llegará y no tardará; pero mi justo vivirá de fe; y si se volviera atrás, mi alma
no se complacerá en él. Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su
perdición, sino de los que tienen fe para la salvación del alma».
2.4. Ejemplos de fe y exhortación a la perseverancia necesaria
(Hb 11,1-12,13)
a) 11,1-40: Ejemplos de fe dados por los justos del Antiguo Testamento
Para animar a los creyentes, el autor presenta ante sus ojos los grandes ejemplos
del pasado, mostrando que la fe se encontraba en la base de todo cuanto se ha hecho de válido en la historia religiosa de la humanidad (11,1-40). Desde el sacrificio
de Abel hasta los mártires del tiempo de los Macabeos, pasando por Henoc, Noé,
Abraham y Moisés, la historia de la salvación es historia de la fe.
b) 12,1-13: Exhortación a la perseverancia, porque Jesús soportó la cruz
Los cristianos son ahora invitados a unir a la fe la paciencia, a ejemplo de Jesús,
que soportó la cruz (Hb 12,2). Lejos de ser ocasión para el desánimo, la prueba
tiene que reforzar en nosotros la esperanza, porque Dios quiere servirse de ella
«para que participemos de su santidad» (Hb 12,10). Así como Cristo, en su Pasión, aprendió la obediencia (Hb 5,8) y cumplió la voluntad de Dios (Hb 10,5-10),
también los cristianos en sus pruebas se someten a la acción divina santificante
(Hb 12,5-11) y cumplen la voluntad del Señor (Hb 10,36).
2.5. Exhortación a vivir en la paz y en la santidad con todos (Hb 12,14-13,18)
La última parte de la carta señala las principales orientaciones para la conducta del cristiano:
• 12,14-29: Advertencia: no sustraerse a la gracia de Dios.
• 13,1-6: Breves exhortaciones a la caridad, a la castidad conyugal y al espíritu de pobreza.
• 13,7-18: Exhortación a mantener la identidad cristiana: lealtad para con los
dirigentes, adhesión a Jesús, ofrenda de alabanza y de vida generosa.
Esta sería, pues, la composición esquemática de Hebreos:
1,5-2,18
I. CRISTOLOGÍA TRADICIONAL
• 1,5-14 Hijo de Dios superior a los ángeles
• 2,1-4 Exhortación a tomar en serio el mensaje cara a la salvación
• 2,5-18 Hermano de los hombres
3,1-5,10
II. CRISTOLOGÍA SACERDOTAL: ASPECTOS ESENCIALES
a) 3,1-4,14: Sumo sacerdote digno de fe
b) 4,15-5,10: Sumo sacerdote misericordioso
5,11-10,39
III. CRISTOLOGÍA SACERDOTAL: RASGOS ESPECÍFICOS
• 5,11-6,20 Llamada de atención y a la generosidad
a) 7,1-28: Otro orden sacerdotal: a semejanza de Melquisedec
b) 8,1-9,28: Otro acto sacerdotal: llegado a la perfección por su sacrificio
c) 10,1-18: Otra eficacia sacerdotal: causa de salvación eterna
• 10,19-39 Exhortación a una vida cristiana generosa
11,1-12,13
IV. ADHESIÓN A CRISTO: FE Y PERSEVERANCIA
a) 11,1-40: Fe de los antepasados
b) 12,1-13: Necesidad de la perseverancia
12,14-13,18
V. EXHORTACIÓN A VIVIR EN LA SANTIDAD Y EN LA PAZ
• 12,14-29: Santificación (relación con Dios)
• 13,1-6: Actitudes cristianas
• 13,7-18: La verdadera comunidad
171
3. Enseñanza
172
3.1. Cristología
El autor sagrado expone ante todo la Redención universal obrada por Jesucristo Mediador, mediante el sacrificio de la cruz y el derramamiento de su
sangre.
• Antes de abordar el tema de la Redención y del sacerdocio, en los versículos iniciales la carta enuncia, breve pero solemnemente, la preexistencia
eterna del Verbo, su actividad creadora y su igualdad con el Padre (cfr.
Hb 1,1-3). Son palabras que recuerdan aspectos de la Revelación acerca del
Verbo expuestos por san Juan en el prólogo de su evangelio.
• Cristo es al mismo tiempo la Víctima perfecta que expía todos los pecados
de los hombres y el verdadero Sumo Sacerdote que ofrece a Dios Padre el
culto agradable, verdadero y eterno. Se trata, en último término, de una
idea básica de la teología paulina.
• En consonancia con el tema general de la carta, que es la salvación obrada
por Cristo –verdadero Dios y verdadero hombre–, la atención del autor
sagrado se concentra en el Sacerdocio de nuestro Señor, por el que no solamente es constituido superior a los ángeles, al legislador de la Antigua Ley
y al sacerdocio levítico, sino que le permite redimir con sobreabundancia
al género humano. La Redención operada por Cristo es un remedio universal para una necesidad universal.
• El sacrificio de Cristo, que no consiste –como en el Antiguo Testamento–
en el derramamiento ritual de la sangre de animales, es irrepetible y ha
producido sus efectos salvadores de una vez para siempre. No puede ya
repetirse dada su eficacia infinita. La intercesión de Cristo Sacerdote a
favor nuestro es eficaz, definitiva y permanente. La tarea del hombre redimido consiste en aplicarse con fe los frutos que vienen del sacrificio del
Señor y crecer en la caridad que salva.
• Jesucristo manifiesta su ser y su obra sacerdotal tanto en el abajamiento
como en la exaltación. Ambos momentos fueron necesarios para que se
realizara la tarea sacerdotal y redentora. El abajamiento y la humillación
de Cristo nos muestran su obediencia absoluta a la voluntad del Padre, la
fuerza de las tentaciones que le han sobrevenido y turbado su naturaleza
humana, y los impresionantes padecimientos experimentados en la carne
mortal que quiso asumir (cfr. Hb 5,7).
• Las consideraciones del autor sagrado, llenas de emoción y patetismo,
convergen en la afirmación que constituye el núcleo de la carta: «Tenemos un Sumo Sacerdote tan grande, que se sentó a la diestra del trono
de la Majestad en los cielos» (Hb 8,1). Esta verdad situada en el centro del
dogma cristiano supone al mismo tiempo –como se hace patente en la carta– una estimulante exhortación a la esperanza. Además de presentar la
figura y obra de Jesucristo desde el punto de vista de su S­ acerdocio eterno
y desarrollar por tanto las implicaciones de los títulos de ­Sacerdote y Mediador, la carta aplica a Cristo cuatro títulos principales, que manifiestan
algún aspecto del ser de Cristo: Hijo, Mesías, Jesús y Señor. Asimismo la
carta se refiere al Señor en otros lugares con las denominaciones de Santificador, Heredero, Mediador, Pastor y Apóstol, única esta última en todo
el Nuevo Testamento. Por consiguiente, el autor sagrado pone de relieve
el significado siempre actual de la existencia de Cristo como Sacerdote y
como Mediador definitivo para todos y cada uno de los cristianos: Jesucristo es ayer y hoy y para siempre (cfr. Hb 13,8).
3.2. Judaísmo y cristianismo
• La carta muestra, sin ánimo polémico, que la objetiva superioridad del
cristianismo sobre el judaísmo es el hecho decisivo de la historia de la salvación. La argumentación no apunta a una descalificación religiosa del
judaísmo, sino únicamente a asignarle el lugar preparatorio que le corresponde en el plan divino de salvación. La idea central del escrito es que la
Ley mosaica resulta impotente para salvar al hombre caído en Adán. Se
proclama en este sentido la caducidad religiosa de la Ley Antigua, abolida
por Cristo y sustituida por la Ley Evangélica. Se trata en realidad de otro
principio básico del pensamiento paulino.
• La superioridad del Nuevo Testamento con respecto al Antiguo no afecta,
sin embargo, a la unidad de ambos. La carta expresa esta unidad sobre
todo a través de la utilización de figuras o typos del Antiguo Testamento.
Todas las figuras de la Antigua Alianza miran a Cristo y esperan en Él.
Tanto Moisés como Melquisedec son «tipos» del Mesías y ­Sacerdote de la
Nueva Ley, respectivamente. El cristianismo es, por tanto, culminación
del judaísmo, de modo que, aislada del Evangelio, la religión mosaica se
hace ininteligible.
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3.3. Fe y revelación
• La Carta a los Hebreos es una «palabra de exhortación» (Hb 13,22) a perseverar en la fe. Aunque son numerosos los lugares en los que se trata de
esta virtud, Hb 11,1 ofrece una concisa pero rica definición de la fe, que se
ha hecho clásica en los comentarios de los Padres y Doctores de la Iglesia.
La fe, según se expone en la carta, es como una disposición que mueve a
mantenerse fieles a lo que Dios ha prometido. Pero el contenido de estas promesas era el mismo Jesucristo y los bienes que Él lograría a los hombres
por medio de su sacrificio redentor. La fe, en efecto, se ancla en Jesús «iniciador y consumador de la fe» (Hb 12,2): Él es la causa de nuestra fe y en
Él creemos en primer lugar. Partimos de la fe en Jesús y llegaremos a la
contemplación de su rostro en la definitiva Patria. De aquí nace su estrecha
vinculación con la esperanza. La fe en Cristo es el punto de apoyo de la
esperanza cristiana. Cristo ha penetrado en los cielos abriendo así el camino a todos los hombres. Por eso vale la pena sufrir, vale la pena resistir la
tribulación (cfr. Hb 10,19-39).
• Pero la fe en Cristo es fe en la revelación, porque Cristo es la máxima revelación del Padre. Dios nos ha manifestado a su mismo Hijo, la Palabra perfecta del Padre que ha hablado a los hombres (cfr. Hb 1,1-2). La fe en Cristo
exige, por tanto, no solo fe en su persona, sino también fe en sus preceptos
y enseñanzas. De ahí que las numerosas exhortaciones de carácter moral,
entrelazadas con las de carácter dogmático, sean consecuencias que surgen de la fe en el Hijo de Dios y en lo que Él nos ha revelado.
3.4. Escatología
• La escatología penetra todo el escrito. Suministra la clave interpretativa
para entender bien las relaciones entre lo provisional y lo definitivo, respectivamente representados por el judaísmo y el cristianismo.
– El ju­daísmo ha sido la preparación del cristianismo, y el cristianismo es
perfección y acabamiento de la religión de Moisés.
– Al mismo tiempo, el cristianismo tiene dos dimensiones: es algo ya iniciado aquí en la tierra, pero que encontrará su perfecta realización solo
en el Cielo.
La tierra prometida a Abraham era ciertamente Palestina, pero no solo eso. Era
mucho más. Era la gracia de Cristo, que es prenda de la gloria futura. Por tanto,
la tierra prometida, en la cual todos estamos llamados a entrar, es el Cielo. En este
sentido el éxodo, en el cual Moisés condujo al pueblo a la posesión de la tierra
prometida, es figura de la vida cristiana: Jesús como nuevo Moisés conducirá su
pueblo a la posesión de la Patria definitiva. Por esto, la exhortación, dirigida a los
seguidores de Moisés: «Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones» (Hb 3,7; 4,7), tiene un sentido múltiple: por un lado se refiere a la invitación a
hacer un acto de fe, parecido al de Abraham, es decir, a gozar por la fe del descanso de la gracia; pero también se trata de una invitación a permanecer fieles hasta
el último instante de nuestra vida, para entrar en el descanso del Cielo.
• Esta tensión hacia las realidades del más allá se halla presente a lo largo
de toda la carta. Es un modo de presentar la vida del cristiano como un
camino desde la salvación ya realizada pero todavía no consumada, hacia
el Reino de la ciudad futura, cuyo constructor es Dios (cfr. Hb 11,10; 12,8)
y cuya cabeza es Jesús.
• La carta también habla con frecuencia de la segunda venida de Cristo o
Parusía como Juez de vivos y muertos (cfr. Hb 10,25), anuncia el juicio futuro (cfr. Hb 10,27; Hch 24,25) y se refiere a la renovación final del mundo
(cfr. Hb 12,26-28).
3.5. La vida temporal del cristiano
• La existencia cristiana en el mundo se concibe y se enseña como una peregrinación hacia la Patria celestial, hasta entrar en el «reposo» de Dios.
• Fiel a esta perspectiva de la vocación cristiana, la carta acentúa con frecuencia las virtudes de la fe y de la esperanza, propias del hombre viador.
• El camino hacia la Patria, en el que no faltarán dificultades y obstáculos,
se lleva a cabo con Cristo como guía.
• Es en realidad una «teología del Éxodo», desde una perspectiva cristiana
o neotestamentaria. Los cristianos realizan un nuevo éxodo, para salir del
judaísmo y para salir del pecado, y lo hacen con la seguridad y garantías
completas de llegar a la verdadera Tierra prometida (cfr. Hb 4,11; 9,11;
11,8-10; 13,13).
• Como consecuencia de la redefinición del culto, que ha pasado del externo e ineficaz al ofrecimiento personal perfecto, la carta apunta una nueva
perspectiva para el culto cristiano, «que tiene que asumir toda la realidad
de la existencia y transformarla, gracias a la unión con el sacrificio de Cristo, en una ofrenda de obediencia filial a Dios y de entrega fraternal a los
hombres».
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• sacerdote
• ritual
• pastoral
• inmolación
• sermón
• oblación
• exhortación
• castidad
• polémico
• víctima
• alianza
• intercesión
• inclusión
• typos (tipo)
• exordio
• mosaica
• misericordioso
• precepto
• compasivo
• moral
• levítico
• dogmático
• consagración
• peregrinación
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Por qué razón se escribe la Carta a los Hebreos?
2. ¿Cuál es la tesis básica de la cristología tradicional?
3. ¿Cuáles son los aspectos esenciales de la cristología sacerdotal?
4. ¿Cuáles son los puntos centrales de la escatología de Hebreos?
5. ¿Cómo se concibe la vida temporal del cristiano en Hebreos?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«El autor presenta la misericordia de Cristo como un sentimiento profundamente penetrado de humanidad: la compasión hacia los propios semejantes adquirida al participar de su suerte. No se trata, por tanto, simplemente del sentimiento superficial
del que se conmueve fácilmente, se trata de una capacidad adquirida a través de la
experiencia personal del sufrimiento. El autor nos hace comprender que, para poder
compartir verdaderamente, es necesario haber padecido personalmente. Es necesario
haber pasado a través de las mismas pruebas, de los mismos sufrimientos de aquellos
a quienes se quiere ayudar. Cristo sabe compartir porque ha estado probado en todo
como nosotros. Desde su nacimiento ha conocido la pobreza, la exclusión, después ha
conocido el hambre, la sed, el cansancio, la contradicción, la hostilidad, la traición, la
condena injusta de la cruz. Ha adquirido así una capacidad extraordinaria de comprensión y de compasión.
La misericordia de Dios se había manifestado ya en el Antiguo Testamento de muchos
modos también conmovedores, pero faltaba una dimensión: la de ser expresada por
un corazón humano y adquirida a través de la experiencia dolorosa de la existencia humana. Cristo ha dado a la misericordia de Dios esta nueva dimensión tan conmovedora
y tan reconfortante para nosotros».
(Albert Vanhoye, Acojamos a Cristo,
nuestro Sumo Sacerdote, Madrid: san
Pablo, 2008, pp. 56-57)
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LÍNEAS FUNDAMENTALES
DE LA TEOLOGÍA PAULINA
TEMA
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San Pablo fue desarrollando su pensamiento –sobre el bagaje adquirido
por su formación farisea– gracias a su encuentro con Cristo en Damasco
y a otras revelaciones, y al hilo de sus viajes y de las necesidades surgidas
en las diversas iglesias. Ciertamente, no ha realizado en ninguna de las
cartas su elaboración sistemática. Esto no quiere decir que no podamos
captar las líneas maestras de su pensamiento.
SUMARIO
1. INTRODUCCIÓN • Presentación del tema 2. LA VOCACIÓN DE PABLO •
Conversión y vocación • Carácter profético y dimensión pneumatológica • Pablo, apóstol 3. PABLO Y JESÚS • Conocimiento directo • Tradiciones sinópticas • Transposiciones 4. PABLO Y EL ANTIGUO TESTAMENTO • Salmos e
Isaías • Texto griego • Citas autoritativas • Cristo, clave hermenéutica 5. PROGRESIÓN EN EL PENSAMIENTO PAULINO • a) Tesalonicenses • b) Grandes cartas • c) Epístolas de la cautividad • d) Cartas Pastorales 6. LÍNEAS FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGÍA PAULINA • a) El misterio de Cristo en su vertiente soteriológica • b) La redención en Cristo • c) Una teología trinitaria • d) El misterio de la
Iglesia • e) La vida en el Espíritu • f) Parusía y resurrección
1. Introducción
Antes de exponer las líneas fundamentales del pensamiento paulino, abordamos cuatro cuestiones previas:
• La conversión / vocación de Pablo, camino de Damasco.
• Las formas de alusión al Jesús histórico en los escritos paulinos.
• Qué uso se hace del Antiguo Testamento en las cartas paulinas.
• Si hay una progresión (profundización) en el pensamiento paulino a lo
largo del tiempo, ¿cómo se refleja esta en los diversos escritos?
2. La vocación de Pablo
• El encuentro de Pablo con Cristo fue repentino, según Hechos. El futuro Apóstol, que había recibido amplios poderes del Sumo Sacerdote para
perseguir a los cristianos, se lo «encontró» en el camino de Damasco. Ciertamente, antes había habido un tiempo de «preparación», por ejemplo,
el martirio de Esteban, del que fue testigo, o el hecho de las inquietudes
religiosas de Pablo, que quería sobrepasar a los demás en el judaísmo, viviendo un celo especialísimo por las tradiciones paternas (cfr. Ga 1,14).
• El libro de los Hechos describe tres veces la conversión de Pablo (Hch 9,119; 22,4-11; 26,9-18); la Carta a los Gálatas, por su lado, lo hace una vez
(Ga 1,11-21). El relato de Hch 9 está descrito en tercera persona; el resto,
en primera persona: es siempre Pablo el que lo cuenta. Aunque lo esencial no cambia, cada uno de los textos presenta pequeñas peculiaridades
y perspectivas; hay que tener también en cuenta el contexto singular de
cada uno.
1) El relato de Hch 9,1-19 describe el momento de la conversión como una «teofanía»: Saulo, que se dirige a las sinagogas de Damasco para detener a los seguidores del Camino, se ve envuelto en una luz, cae al suelo y escucha una voz del
cielo, con la que dialoga. Así, en el relato de la conversión de Saulo intervienen
Jesús, sus propios compañeros y Ananías. Pablo responde con oración y ayuno,
purificación previa al bautismo. En este relato se ponen de relieve sobre todo los
aspectos proféticos (Pablo es «vaso de elección»; cfr. Is 29,16; Jr 1,8-10) y pneumatológicos de su llamada (a Pablo se le anuncia la plenitud del Espíritu Santo).
2) El relato de Gálatas va en la misma dirección, aunque señale más el aspecto de
vocación que el de conversión: «cuando Dios, que me eligió desde el vientre de
mi madre y me llamó por su gracia» (Ga 1,15). Ahí quedan subrayados los aspec-
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tos vocacional y misional. san Pablo tenía conciencia de la dimensión profética
de su llamada.
3) El relato de Hch 22 explicita lo que se dice acerca de Jesús, al que se llama «Jesús Nazareno, Señor, Justo». Esta última expresión hace referencia al Siervo de
Yahveh de Is 42,1-4. En cuanto a la dimensión profética, Ananías aclara a Pablo
que ha sido escogido para ser «testigo ante todos los hombres».
4) El relato de Hch 26 nos transmite unas palabras de Jesús mucho más extensas,
que reflejan la predicación dirigida a los gentiles. Aquí se subraya el aspecto de la
misión de Pablo. En el contexto de una defensa, se hace un resumen del kerygma
paulino, su evangelio: la Pasión y Muerte de Jesús, su Resurrección, que «es» la
nuestra, y la salvación universal.
• Este encuentro con Cristo produjo en Pablo un cambio de perspectiva; allí
se encuentra el fundamento de su apostolado y de su nueva vida. Pero no
se trata de una ruptura con lo anterior, sino de un nuevo impulso, motivado por una nueva luz. Por un lado, fruto de ese encuentro, san Pablo empezó a considerar «pérdida» y «basura» todo aquello que antes constituía
para él el máximo ideal (cfr. Flp 3,7-8). La luz de Cristo transformó toda su
vida y su forma de pensar: se quedó ciego, en la oscuridad en la que tenía,
y recobró la vista gracias a esa nueva iluminación. Desde ese punto de
vista, se puede hablar de conversión. Pero es más que eso: Jesús le llama a
una misión concreta, a llevar a todos los hombres el Evangelio que ahora
ha visto con nuevas luces. Es su vocación.
• En este primer encuentro de Pablo con Cristo tienen su origen los temas
centrales de la teología paulina, que luego serán meditados y profundizados a lo largo de su vida. En relación con la eclesiología, Jesús es presentado como un «uno» con los cristianos, con la Iglesia: son una misma cosa.
Desde el punto de vista de la cristología soteriológica, Jesús se aparece
como Resucitado, punto central de la teología paulina. Jesús mismo es
presentado como Kyrie, tanto por Pablo como por Ananías, palabra que
hace referencia a su condición divina.
• Del mismo modo, con esta aparición, Pablo queda convencido de su misión de Apóstol. Este aspecto de la misión es vital en Pablo: se trata de
esa misión «universal», que no tiene como objeto una mera renovación
de la religión judía. Pablo es el escogido, desde siempre, gratuitamente, para este «misterio escondido desde los siglos» (cfr. Col 1,23.26.27;
Ef 3,1-9). Esta conciencia de su peculiar misión apostólica tiene su culmen
en 2Co 11,26-33, donde se gloría entre otras cosas de todo lo que ha sufrido por el Señor. He aquí la causa de que se llame a sí mismo Apóstol: por
su conciencia de haber recibido una misión muy específica, directamente
del Señor y no de los hombres. Es en este contexto en el que debemos leer
1Co 15,9-10 y los textos análogos, y donde se apoyan los títulos que se da:
«siervo de Jesucristo, por voluntad de Dios y de Cristo».
3. Pablo y Jesús
• Una de las cosas que más llama la atención en los escritos paulinos es la escasez de referencias a la vida, y a las enseñanzas del Jesús terreno. Es muy
extraño que Pablo no conozca más de lo que dice, aunque, como parece
claro, no se trataran en vida. Por otro lado, en la segunda Carta a los Corintios escribe: «De manera que desde ahora no conocemos a nadie según la
carne; y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos
así» (2Co 5,16). ¿Qué quiere decir con esas palabras?
• Respecto a este último texto, respondo con palabras de Benedicto XVI:
«Sólo con el corazón se conoce verdaderamente a una persona». san Pablo quiere decir esencialmente que conoce a Jesús así, con el corazón, y que
de este modo conoce esencialmente a la persona en su verdad; y después,
en un segundo momento, que conoce sus detalles.
• En realidad, en los escritos paulinos hay mucho más de lo que parece sobre el Jesús terreno. Estas referencias se presentan a tres niveles (recurrimos de nuevo a ideas de Benedicto XVI, Audiencia, 8 octubre 2008).
3.1. Referencias explícitas y directas a la vida terrena de Jesús
• San Pablo habla de la ascendencia davídica de Jesús (cfr. Rm 1,3), conoce
la existencia de sus «hermanos» o consanguíneos (1Co 9,5; Ga 1,19), conoce el desarrollo de la última Cena (cfr. 1Co 11,23), conoce otras palabras de
Jesús, por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio (cfr. 1Co 7,10
con Mc 10,11-12), sobre la necesidad de que quien anuncia el Evangelio
sea mantenido por la comunidad, pues el obrero merece su salario (cfr.
1Co 9,14 con Lc 10,7); san Pablo conoce las palabras pronunciadas por Jesús en la última Cena (cfr. 1Co 11,24-25 con Lc 22,19-20) y conoce también
la cruz de Jesús.
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3.2. Alusiones a tradiciones atestiguadas por los Evangelios sinópticos
• Podemos entrever en algunas frases de las cartas paulinas varias alusiones
a la tradición atestiguada en los Evangelios sinópticos.
• Por ejemplo, las palabras que leemos en la primera Carta a los Tesalonicenses, según la cual «el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche»
(1Ts 5,2), no se explicarían remitiéndonos a las profecías del Antiguo Testamento, porque la comparación con el ladrón nocturno solo se encuentra
en los evangelios de san Mateo y de san Lucas; por tanto, está tomado de
la tradición sinóptica.
• Se pueden hacer razonamientos similares con otras expresiones: la afirmación de que Dios «ha escogido más bien lo necio del mundo» (1Co 1,27-28;
cfr. Mt 5,3; 11,25; 19,30); la alusión a la obediencia de Jesús «hasta la muerte» (cfr. Flp 2,8; cfr. Mc 3,35; Jn 4,34); cuando escribe a los romanos: «Amaos
unos a otros. (…) Bendecid a los que os persiguen. (…) Vivid en paz con
todos. (…) Venced al mal con el bien» (cfr. Mt 5-7).
3.3. Trasposición de la tradición prepascual a la situación
después de la Pascua
• En las cartas de san Pablo es posible hallar un tercer modo de presencia de
las palabras de Jesús: es cuando realiza una forma de trasposición de la
tradición prepascual a la situación después de la Pascua.
• Un caso típico es el tema del reino de Dios, que está seguramente en el
centro de la predicación del Jesús histórico (cf. Mt 3,2; Mc 1,15; Lc 4,43). En
Pablo se encuentra una trasposición de este tema, pues tras la resurrección
es evidente que Jesús en persona, el Resucitado, es el reino de Dios. Por
tanto, el reino llega donde está llegando Jesús. Y así, necesariamente, el
tema del reino de Dios, con el que se había anticipado el misterio de Jesús,
se transforma en cristología. Sin embargo, las mismas disposiciones exigidas por Jesús para entrar en el reino de Dios valen exactamente para san
Pablo a propósito de la justificación por la fe: tanto la entrada en el Reino
como la justificación requieren una actitud de gran humildad y disponibilidad, libre de presunciones, para acoger la gracia de Dios. Por ejemplo, las
frases de Jesús sobre los publicanos y las prostitutas, más dispuestos que
los fariseos a acoger el Evangelio (cfr. Mt 21,31; Lc 7,36-50) y sus deseos de
compartir la mesa con ellos (cfr. Mt 9,10-13; Lc 15,1-2) encuentran pleno
eco en la doctrina de san Pablo sobre el amor misericordioso de Dios a los
pecadores (cfr. Rm 5,8-10; y también Ef 2,3-5).
• Otro ejemplo de transformación fiel del núcleo doctrinal de Jesús se encuentra en los «títulos» referidos a él. Antes de Pascua él mismo se califica como Hijo del hombre; tras la Pascua se hace evidente que el Hijo
del hombre es también el Hijo de Dios. Por tanto, el título preferido por
san Pablo para calificar a Jesús es Kyrios, «Señor» (cfr. Flp 2,9-11), que
indica la divinidad de Jesús. El Señor Jesús, con este título, aparece en la
plena luz de la resurrección. En la misma línea se encuentra la relación
entre el uso de «Abbá-Padre», en el Monte de los Olivos (cfr. Mc 14,36),
por parte de Jesús, y el uso que hace Pablo de «Abbá» en las Cartas a
los Romanos y a los Gálatas: ese término, que expresa la exclusividad de
la filiación de Jesús, aparece en labios de los bautizados (cfr. Rm 8,15;
Ga 4,6), porque han recibido el «Espíritu del Hijo» y ahora llevan en sí
mismos ese Espíritu y pueden hablar como Jesús y con Jesús como verdaderos hijos a su Padre; pueden decir «Abbá» porque han llegado a ser
hijos en el Hijo.
• También se puede aludir a la dimensión salvífica de la muerte de Jesús,
como la encontramos en la frase evangélica: «El Hijo del hombre no ha
venido para ser servido sino para servir, y para dar su vida en rescate por
muchos» (Mc 10,45; Mt 20,28). El reflejo fiel de estas palabras de Jesús aparece en la doctrina paulina sobre la muerte de Jesús como rescate (cfr. 1 Co
6,20), como redención (cfr. Rm 3,24), como liberación (cfr. Ga 5,1) y como
reconciliación (cfr. Rm 5,10; 2Co 5,18-20). Aquí está el centro de la teología
paulina, que se basa en estas palabras de Jesús.
4. Pablo y el Antiguo Testamento
• En los escritos paulinos se hace referencia profusamente al Antiguo Testamento. Un simple número aproximado de citas, alusiones o reminiscencias nos da una idea clara de la importancia que se concede en ellos
a las escrituras sagradas hebreas: en la Carta a los Romanos, más de 70; en
la primera Carta a los Corintios, unas 40; en la Carta a los Hebreos, en torno
al centenar. A estos casos, habría que sumar otras referencias genéricas a
personas, lugares y sucesos descritos en el Antiguo Testamento.
• Los libros más citados en los escritos paulinos son Salmos, Isaías, y los
cinco del Pentateuco (Levítico el que menos; Éxodo y Deuteronomio los
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que más). Esto es estrictamente así para la Carta a los Romanos y para la
primera Carta a los Corintios.
• En Romanos, en concreto, la mayoría de las citas de Salmos se encuentran
en el capítulo 3, y muchas de las citas del Pentateuco en el capítulo 9. En
la Carta a los Hebreos llama la atención la cantidad de citas del Pentateuco
y del resto de libros históricos respecto al total –muchas de ellas, concentradas en el capítulo 11–, y también el hecho de que casi la totalidad de la
veintena de citas de los Salmos se encuentra en los siete primeros capítulos
del libro. Isaías es apenas citado en Hebreos. En la Carta a los Gálatas, casi
todas las citas son de libros del Pentateuco.
• Estas citas y alusiones corresponden normalmente al texto griego de la
Septuaginta; en muy pocas ocasiones se cita según el texto hebreo masorético. No es raro, sin embargo, que las citas no sigan completamente ni los
LXX ni el texto masorético. Esto se puede explicar por el hecho habitual de
citar de memoria, por el uso de una versión desconocida para nosotros o,
también, por un motivo deliberado.
• Del análisis de lo anterior podemos extraer una serie de conclusiones. Una
de ellas es que el autor de los escritos paulinos otorga autoridad a las escrituras sagradas hebreas (cfr. Rm 3,2; 1Co 10,1.11; 2Tm 3,16-17; Hb 3,7; 4,12).
De hecho, el mismo Jesús lo había hecho en su predicación, al citarlas y al
decir expresamente que hablaban de él. Esto se refleja también en la terminología usada por el Apóstol. Aunque no siempre es así, con frecuencia las
citas vienen introducidas por fórmulas como «está escrito», «la Escritura
dice», «David dice», «la Ley dice», «Dios dice», etc.
• Este hecho, sin embargo, no está en contradicción con otro que parece apuntar en la dirección contraria: Pablo usa selectivamente el Antiguo Testamento, esto es, lo usa para sostener solamente algunas de sus tesis, mientras que
para apoyar otras lo evita por completo –incluso en ocasiones evita o pospone el recurso a textos que parecen contradecir sus tesis–. Es más, al mismo
tiempo que otorga autoridad a la Ley y los Profetas, se apoya en ellas para
mostrar que la justicia de Dios se ha manifestado al margen de la Ley.
• Como buen fariseo, Pablo demuestra no solo un profundo conocimiento de las escrituras hebreas y de las tradiciones rabínicas (cfr. Flp 3,5-6;
Hch 22,3), sino también de los métodos exegéticos rabínicos, la mayoría
de cuyas reglas no son sino expresión del sentido común y concretización
del criterio general de que la Biblia se interpreta por la Biblia misma: confrontación de lo general por lo particular, comparación de pasajes paralelos y estudio del contexto, inferencias por analogías, etc.
• Cuando el Apóstol recurre al Antiguo Testamento se ve cómo da preferencia al sentido de los textos frente a la letra, y siempre usando como clave
interpretativa a Cristo: Pablo va de Cristo a los textos, no de los textos a
Cristo, y esto en términos de cumplimiento de las promesas contenidas en
el Antiguo Testamento (cfr. Hch 24,14; 26,6.22-23; 28,23). Las Escrituras de
Israel dan testimonio de Cristo, aunque ese testimonio no se puede reconocer hasta que la misma forma de Cristo se pone delante de los ojos (cfr.
Rm 16,25; Col 1,26-27; Ef 3,4-5). La novedad que es Jesucristo –la voluntad
divina y su plan de salvación– no puede ser deducida de las Escrituras, aunque Cristo esté atestiguado en ellas. Si muchos judíos no han entendido lo
que se lee en Moisés, dice Pablo, no es por falta de atención o de estudio,
sino porque un velo está puesto sobre sus corazones (2Co 3,14-16). Este
velo caerá cuando el Pueblo se convierta al Señor.
5. Progresión en el pensamiento paulino
En los escritos paulinos –opina Lucien Cerfaux–, se detecta cierta progresión
de pensamiento. Este desarrollo se llevó a cabo, según él, de una forma homogénea –por profundización, no por transformación– a lo largo de los años, en
diversas etapas; las Cartas Pastorales, sostiene, pertenecen al ámbito de predicación del Apóstol, pero no pueden ser consideradas estrictamente paulinas:
5.1. Tesalonicenses
• En estos primeros escritos, se mantiene el sabor de la religiosidad judía
en que se había formado san Pablo: se destaca el tema de la Parusía y en
general se sitúan en la línea de la literatura intertestamentaria de carácter apocalíptico. Dominan, en fin, las consideraciones escatológicas.
• Sin embargo, se observa en ellas un cambio importante de perspectiva respeto de
la literatura judía:
– La protagonista del acontecimiento escatológico no es la asamblea santa
(qahal) del pueblo elegido, sino la Iglesia, convocación de Cristo a la
salvación (cfr. 1Ts 1,1; 2Ts 1,1).
– Otro aspecto importante es la universalidad de la nueva religión; ya no
hay barreras de nacimiento o condición (cfr. 1Ts 2,16; 4,3-5). No se trata
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del restablecimiento de un «renovado y verdadero Israel» (cfr. 1Ts 2,1420), sino de un nuevo pueblo elegido (el Israel de Dios), cuyo fin es la
vida con y en Cristo. La escatología adquiere un tono trascendente.
• En 1Ts y 2Ts ya se perfilan los problemas que más tarde ocuparán las
«grandes Epístolas»: la naturaleza del más allá y cómo conseguirlo.
• Esta primera fase del pensamiento de san Pablo tiene su «contexto vital»,
que son las comunidades cristianas que viven mezcladas con los judíos en
un ambiente pagano.
5.2. Grandes cartas
• Estas cartas se centran en la «justificación del impío» y en las relaciones
entre la ciencia humana y la sabiduría divina.
• La segunda fase de maduración del pensamiento paulino, debida probablemente tanto al contacto con las religiones mistéricas de Éfeso como a
las controversias internas entre cristianos judaizantes o de origen pagano,
es la que se refleja en la «grandes cartas»: Gálatas, Corintios y Romanos.
• El tema que preocupa a san Pablo es ahora la igualdad de todos, judíos y
paganos, frente a la Redención de Cristo. La atención del Apóstol se fija
en el misterio de la justificación y de la predestinación. Todos somos pecadores y no tenemos méritos previos: Dios nos salva gratuitamente en Cristo.
• El interés se desplaza de la consideración eclesiológica-vocacional a la contemplación de la obra redentora de Cristo. Sin embargo, el argumento de
la justificación queda, en las «grandes cartas», reservado al ámbito individual, por lo menos de modo preponderante.
• Este período de gran creatividad por parte del Apóstol coincide con la
parte central de su actividad misionera.
5.3. Epístolas de la cautividad
• Es una etapa de madurez.
• Este tercer paso en la especulación paulina consistió precisamente en
tomar conciencia de la dimensión universal y cósmica de la redención
obrada por Cristo. En este sentido, nadie puede salvarse solo; y, por otra
parte, la instauración de una sociedad cristiana es como un anticipo y
anuncio de la realidad futura.
• Es precisamente en esta tercera fase cuando san Pablo pone de relieve la
tarea de la familia y en especial del matrimonio para llevar a cabo la obra
redentora.
• Este cambio de perspectiva (de lo individual a lo especial), se debió probablemente al contacto con las religiones mistéricas, que estaban muy difundidas en las comunidades paganas (estas religiones, así como el primer
gnosticismo, atribuían al Redentor, fuera o no el «Hombre Primordial»,
la tarea de «rescatar toda la luz encerrada en la materia»), así como a la
consideración de la extensión ya universal del cristianismo y a las experiencias místicas personales del Apóstol.
5.4. Cartas Pastorales
• Se centran en la estructura jerárquica de la Iglesia y en la integridad de la
doctrina.
• En las Cartas Pastorales se refleja una situación eclesial ya asentada y se
subrayan las virtudes que corresponden a la perseverancia en la fe. Destaca sobre todo en ellas el retrato de cómo debe ser el cristiano, fruto de una
síntesis de virtudes humanas y sobrenaturales, y una vibrante defensa de
la doctrina predicada.
Cada una de estas fases está relacionada con una situación distinta de la constitución de la Iglesia, y refleja un ambiente cultural diferente. Además, corresponden a una distinta situación espiritual e intelectual de san Pablo. Este
desarrollo homogéneo del pensamiento paulino se nota sobre todo en la cristología y en la eclesiología.
6. Líneas fundamentales de la teología paulina
• No pretendo referirme aquí en detalle a los diversos aspectos teológicos
que aparecen en las cartas paulinas –este sería, más bien, el cometido de
un manual específico de teología paulina–, los cuales han ido apareciendo
poco a poco según veíamos cada una de las cartas. Ciertamente, el análisis
detallado de cada escrito es un paso previo imprescindible para dicha labor: no podemos aspirar a elaborar una exposición del pensamiento paulino, si no los conocemos bien. Aquí me limitaré tan solo a mencionar, de
una forma esquemática, las líneas fundamentales de dicho pensamiento
(recurro al planteamiento de Claudio Basevi).
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188
• Cuando hablamos de teología neotestamentaria, nos referimos al plan racional que ordena y dirige la exposición tanto de los relatos como de la doctrina;
por ejemplo, al principio del kerygma: «Jesús es el Mesías». En el caso concretamente paulino, el plan que ordena todo su pensamiento es la historia
de la salvación y, más concretamente, el misterio de Cristo, sobre todo
en su vertiente soteriológica. Se pueden, por tanto, individualizar las siguientes líneas de fuerza del pensamiento paulino: la soteriología y la antropología, la Redención y la Trinidad.
6.1. Enfoque soteriológico y antropológico
• El centro de la teología paulina, como ya se ha dicho, es sin duda el misterio de Cristo, especialmente en su vertiente soteriológica. Esto conlleva
que la figura de Cristo sea vista siempre como la del Redentor, la de quien
ha entregado su sangre para salvarnos.
• En este sentido, resulta fundamental, para entender todo el pensamiento
del Apóstol, el recuerdo constante de la «experiencia de Damasco». Para
san Pablo la experiencia que él vivió es una experiencia que, en cierto sentido, todo hombre debe vivir. Se trata de dejar de «conocer a Cristo según
la carne», es decir, como un simple hombre, para adorar su Divinidad y
proclamar, en la profesión de fe: «Cristo es el Señor, el Kyrios».
• Antes de la Redención, el hombre caminaba en el pecado, cada vez más
alejado de Dios; pero ahora está el Señor, el Kyrios, que ha resucitado y ha
vencido a la muerte y al pecado, y que constituye una sola cosa con los
que creen y reciben el bautismo. La situación de la Redención se repite
cuando un bautizado se aleja de Dios por un pecado grave. En este sentido, se puede decir que la clave para entender la teología paulina es el
concepto de conversión (metánoia), como paso de la ignorancia a la fe, de
la Ley de Moisés a la ley de Cristo, del pecado a la gracia.
• La cristología redentora está, pues, unida de modo indisoluble con la explicación de lo que el hombre es, desde el punto de vista religioso.
• Pero, para evitar caer en un reduccionismo de tipo subjetivista, hay que
precisar enseguida que para san Pablo la teología no se reduce de ninguna
manera a la antropología, sino que la antropología encuentra su más profunda explicación en la teología.
Tenemos aquí un primer criterio para distinguir la teología luterana, y, en general, protestante, de la teología católica. Para los reformadores el hombre es lo que
dice san Pablo del gentil o del judío, a saber, un pecador. El hombre cristiano,
para estos autores, no difiere intrínsecamente del pecador, sino que la gracia de
Cristo cubre como una capa sus pecados. La noción católica, que se remonta a la
tradición apostólica, afirma, en cambio, que el hombre es naturalmente bueno,
pero se pervirtió con el pecado original. La Redención de Cristo le transforma
intrínsecamente, y lo convierte en hijo de Dios, capaz de buenas acciones, meritorias para la vida eterna.
6.2. La Redención «en Cristo»
• Tres nociones supeditan, pues, la religiosidad y la doctrina de san Pablo.
Son las tres siguientes:
1. Todo hombre, de hecho, se encuentra en una situación de pecado y de alejamiento de Dios;
2. le es imposible rescatarse con sus solas fuerzas;
3. Dios tomó la iniciativa enviando a su Hijo, para que con su sacrificio, reparara para siempre la situación del hombre.
• De estas tres nociones brota toda una antropología, que no es más que
la descripción de la situación del hombre bajo el pecado y redimido en
Cristo. La figura de Cristo, Hijo de Dios, adquiere, por lo tanto, un lugar
central en la espiritualidad paulina y en su doctrina. No se trata de reducir
toda la teología a la salvación del hombre, sino al revés: es la antropología
lo que se abre y exige una teología.
• Dicho de otro modo, san Pablo parte de la situación de hecho del hombre:
el hombre se encuentra limitado, contingente, pecador, mortal imposibilitado para cumplir con los preceptos de la Ley de Moisés (si es un judío)
o expuesto a la idolatría (si es un pagano). El hombre ha de «reconocer»
que esta es su situación y no engañarse con falsas seguridades. Por esto, el
punto de partida del pensamiento paulino es un «poner en crisis» al hombre, tanto gentil como judío, demostrándole que es un pecador que merece
la ira divina.
• Ahora bien, esta crisis no es definitiva, ni la situación del hombre irremediable. Reconocer que uno es un pecador es simplemente el primer paso
de la conversión: una vez que el hombre ha reconocido que nada puede
por sí mismo, está en condición de comprender la misericordia divina y
aceptar que Cristo, el Hijo de Dios, muriendo por nosotros, nos ha dado
la posibilidad de salir de la situación de pecado. En Cristo y solo en Él, el
189
190
hombre encuentra el camino de salvación. Pero, precisamente por esto, no
se trata de forjar una religión a la propia medida, inventarse un Cristo-para-mí, un Cristo a mi gusto, sino que, por el contrario, se trata de conocer a
Cristo como es en sí, salir de nosotros mismos y dejar que Cristo nos haga
conformes a Él.
Un error fundamental de la interpretación luterana de san Pablo ha sido el de
quedarse solamente con la pars destruens de la teología paulina, es decir, con el
rechazo de toda falsa seguridad humana. En este caso, el pesimismo es inevitable:
somos y seremos siempre pecadores. Todo lo humano es pecado. Solo la fe en
Cristo me puede salvar, pero esta fe se queda vacía de contenido: no es la fe en
una verdad externa, que en última instancia es Dios, menos aún es la confianza
en que «haciendo algo» puedo salvarme, sino que es un puro «salto en la oscuridad» para superar el abismo de la angustia que la conciencia de pecado me hace
descubrir.
Por otro lado, si se subraya que el pensamiento paulino tiene como centro a Cristo
como Salvador (y no solo como modelo o ejemplo), se evita la otra posible interpretación equivocada de la teología del Apóstol: la de Pelagio. Para Pelagio, lo
recordamos, es cierto que Cristo es el centro de la Revelación y de la Redención,
pero lo es solo en cuanto maestro de la Verdad perfecta y modelo que nosotros,
con nuestras propias fuerzas, podemos y debemos imitar. Así que no hay ningún
motivo de angustia ni ninguna necesidad de que Cristo opere en nosotros un
cambio. En la visión pelagiana Cristo no es el Salvador en sentido estricto, sino
que es simplemente el modelo ejemplar a seguir.
• En definitiva, es cierto que la teología paulina tiene como centro a Cristo
Redentor y que tiene como punto de partida la situación de pecado del
hombre, pero no por eso puede ser identificada con la «antropología». Al
contrario, si habla del hombre es para hacer ver que toda «antropología»
exige una «teología».
• Como ulterior argumento en favor de la dimensión teológica de la antropología paulina, más que de la identificación entre las dos, se puede citar
la concepción «cósmica» de la Redención. Mientras que en el luteranismo
lo que importa es la salvación de «este hombre», es decir, «mi salvación»,
para san Pablo la salvación no se da sino en conjunto. No «me salvo yo»,
sino que yo me salvo en unión con la Iglesia y con todo el universo creado,
porque Cristo vino no para salvarme a mí solamente, sino para rescatar a
la Creación entera.
6.3. La presencia de la Trinidad
• La característica «cristocéntrica» del pensamiento paulino no puede hacer
olvidar, por otro lado, que la teología del Apóstol es profundamente trinitaria.
• Con esto se quiere decir que la misma persona de Cristo es el camino para
acceder al misterio central de la vida cristiana (cfr. Ef 2,18): la existencia
de la Trinidad y su presencia activa en el alma (Ef 3,12-21). Precisamente
porque Cristo es el Hijo, nos revela al Padre y, al descubrir que Dios es
Padre, nos sentimos llenos de su Amor, que es también el Amor de Cristo
(cfr. Ga 4,1-7).
• La Trinidad, para san Pablo, no es simplemente una «verdad» de tipo «estático», que está ahí, eterna e inmutable, sino que es una realidad «dinámica» que se despliega en la historia y se manifiesta de modo activo en
nosotros: nosotros «vivimos» la vida de la Trinidad:
«La gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros» (2Co 13,13).
• Aunque el tema que más ocupa a san Pablo es la Redención, esta adquiere
unas características trinitarias: «reconciliarse» con Dios o, lo que es lo mismo, ser «redimidos» o «rescatados» por Cristo quiere decir adquirir una
nueva relación con Dios Padre, con Dios Hijo y con Dios Espíritu Santo
(cfr. 2 Co 5, 14-17):
– al Padre le compete enviar al Hijo y ser la fuente de toda salvación (cfr. Rm
8,3-4);
– el Hijo es el Redentor y el Señor (Rm 3,24-26; 1 Co 15,25);
– el Espíritu Santo es el que «habita» en nosotros, nos permite conocer las profundidades de Dios (cfr. 1Co 2,10), nos hace amar a Cristo y al Padre (cfr. Rm 8,5),
da unidad y cohesión a la Iglesia (cfr. 1Co 12,13-14).
• La filiación divina es efecto también de la presencia del Espíritu en nosotros (Ga 4,6; Rm 8,15). Así como la acción de Cristo se puede resumir
con la expresión «en Cristo», así también la acción del Espíritu se puede
describir con las expresiones «en el Espíritu», «con el Espíritu», «gracias al
Espíritu». Dirá el Apóstol en un texto famoso que es el Espíritu quien ora
en nosotros con gemidos inefables (Rm 8,26). Luego si la vida del cristiano
es identificación con Cristo, hasta ser una sola cosa con él, el cristiano es
también «penetrado» por el Espíritu que le mueve, le hace rezar, le da a
conocer la intimidad de Dios (cfr. Rm 8,9-11.14).
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6.4. El resto del edificio teológico paulino
Junto a las líneas expuestas, habría que añadir las siguientes (se trata tan solo
de ofrecer aquí unas referencias básicas mínimas):
a) La eclesiología
• Las cartas paulinas contienen un riquísimo pensamiento sobre la Iglesia,
cuya naturaleza está en estrecha continuidad con Jesucristo. En palabras
de H. Schlier, la automanifestación de Dios en Jesucristo culmina en la
edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
• La incorporación a este Cuerpo se produce por el bautismo.
• En este Cuerpo se anulan las separaciones entre los pueblos y entre los
hombres.
• En este Cuerpo se prolonga, gracias al Espíritu Santo, la dimensión salvífica de la cruz en la historia humana.
• Este Cuerpo no es como las sociedades humanas.
• Las características de este Cuerpo –unidad, universalidad y santidad– le
vienen de arriba, y son anteriores a la incorporación de los fieles por el
bautismo.
• La Iglesia tiene una dimensión suprahistórica y hasta supracósmica, que
va más allá de la dimensión visible manifestada en una comunidad, tanto
en sentido local como universal: la iglesia como comunidad de salvación
(congregatio fidelium) es a la vez el resultado y la aparición o encarnación
histórica de la Iglesia como misterio.
b) La vida en el espíritu
• La incorporación al Cuerpo de Cristo por el bautismo hace del hombre
una «criatura nueva» (cfr. 2Co 5,17; Ga 6,15), un hombre nuevo (Col 3,10;
Ef 4,24), revestido de Cristo (Ga 3,27), templo del Espíritu, hijo de Dios
por adopción (Ga 4,5; Rm 8,14-15.23; Ef 1,5), y coheredero de la gloria (Rm
8,17; Ef 5,5).
• Este «estar en Cristo», que define al cristiano, produce una liberación del
pecado pero, al mismo tiempo, se traduce en una nueva forma de obrar,
que tiene sus raíces en su ser renovado, en la nueva ley escrita en los corazones, en la presencia del Espíritu (1Ts 4,9; Ga 5,18.22-23; Rm 8,2).
• Aquí es donde se basan las numerosas reflexiones paulinas sobre la vida
en Cristo: el cristiano debe llevar una vida digna, conforme a la vocación a
la que ha sido llamado (1Ts 2,12; Col 1,10; Ef 4,1; cfr. Ga 5,22.25; Rm 6,4-13).
Esta vida nueva del bautizado, que aspira a una plenitud, se resume en la
caridad (1Co 12,31-13,13; Ef 4,15-16), virtud esta que debe vivificar todas
las relaciones y todas las actividades humanas.
• San Pablo expresa esta dinámica de la vida cristiana en ámbito litúrgico
–«culto espiritual»–, sobre el trasfondo de la entrega sacrificial de Cristo
y, por tanto, de la Eucaristía, cuando anima al bautizado a ofrecer el propio cuerpo como ofrenda viva, santa y agradable a Dios (Rm 12,1).
c) La escatología
• El pensamiento escatológico reflejado en los escritos paulinos está estrechamente ligado a la cristología.
• Por un lado, la Parusía, tema central de las cartas a los Tesalonicenses: una
venida que estará precedida de una serie de signos y acontecimientos; una
venida que ocurrirá junto con la resurrección de los muertos, el Juicio, y la
glorificación de los justos (vivos o difuntos); una venida de la que no sabemos ni el día ni la hora; una venida que sellará la recapitulación de todo en
Cristo.
• A lo largo de sus cartas, san Pablo habla de que la patria del hombre se
encuentra en el cielo, y de que tras la muerte seremos transformados –en
1Co 15 habla de la continuidad y de la discontinuidad de este proceso–
hasta alcanzar, en el caso de los justos, una participación plena en la vitalidad de Cristo resucitado. Para alcanzar esta meta, debemos participar,
en esta vida, de la muerte y la resurrección de Cristo, con todo lo que ello
comporta.
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Ejercicio 1. Vocabulario
Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas:
• teofanía
• indisolubilidad
• pneumatológico
• mesiánico
• vocacional
• prepascual
• kerygma
• publicano
• semitismo
• filiación
Ejercicio 2. Guía de estudio
Contesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Desde qué punto de vista se habla de vocación de Pablo?
2. ¿Qué significa que Pablo traspone tradiciones prepascuales a la situación después de la Pascua?
3. ¿Por qué cita san Pablo tan a menudo el Antiguo Testamento?
4. ¿Qué caracteriza el pensamiento de san Pablo en las Epístolas de la cautividad?
5. ¿Qué significa que el enfoque de la teología paulina es soteriológico y antropológico?
6. ¿Cómo está presente la Trinidad en el pensamiento paulino?
7. ¿Cuáles son los puntos centrales de la escatología paulina?
Ejercicio 3. Comentario de texto
Lee el siguiente texto y haz un comentario personal utilizando los contenidos
aprendidos:
«La Teología de san Pablo no puede estudiarse si no se conocen previamente sus Epístolas, que son su fuente principal. Estudiar las Epístolas, así enfocadas, será estudiar su
Teología. Y pues la Teología de san Pablo es preferentemente positiva, positivo también
habrá de ser el estudio de las Epístolas, no siguiendo categorías abstractas, sino en función de la historia. Afortunadamente, las fases principales del pensamiento de san Pablo coinciden con los períodos históricos de sus Epístolas. Esto nos permitirá seguir el
movimiento doctrinal de las Epístolas, originado y promovido por el desenvolvimiento
histórico de los hechos. Esta conexión de la doctrina con la historia determina la distribución de las Epístolas en cuatro grupos principales. Mas no basta conocer la historia
externa de la doctrina de san Pablo: es menester investigar, si es posible, su historia
interna en el espíritu del Apóstol. De ahí la división de esta introducción en dos partes.
En la primera estudiaremos la historia externa de la doctrina de san Pablo, que coincide
con la distribución cronológica de las Epístolas. En la segunda estudiaremos la historia
interna de su pensamiento, que nos dará la síntesis de su Teología».
(José María Bover, Teología de san Pablo,
Madrid: BAC, 2008, p. 3)
195
196
BIBLIOGRAFÍA
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profesores de la Universidad de Navarra, Pamplona: EUNSA, 2004.
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Divino, 2005, 1416-1458.
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1996.
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Rossano, Pietro, Ravasi, Gianfranco, Girlanda, Antonio (dirs.), Nuevo diccionario
de teología bíblica, Madrid: san Pablo, 1990, 318-335.
197
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ÍNDICE
Presentación ...................................................................................................................
8
Tema 1. LOS ESCRITOS PAULINOS .........................................................................
10
1. Introducción general ...............................................................................................
11
1.1. Los escritos paulinos .......................................................................................
11
1.2. Autenticidad e integridad de los escritos paulinos ....................................
12
1.3. Destinatarios de los escritos paulinos ..........................................................
13
1.4. Género de los escritos paulinos .....................................................................
14
2. Transmisión e inclusión de las cartas paulinas en el canon ..............................
14
2.1. «Entregados y acreditados como divinos» ..................................................
14
2.2. Formación de la colección e inclusión en el canon .....................................
15
3. La exégesis de los escritos paulinos ......................................................................
17
Ejercicios ............................................................................................................................
19
Tema 2. CONTEXTO DEL SIGLO I .............................................................................
21
1. Tres culturas .............................................................................................................
22
1.1. El ambiente judío .............................................................................................
22
1.2. El ambiente helenista ......................................................................................
23
1.3. El ambiente romano ........................................................................................
25
2. Contexto literario .....................................................................................................
26
2.1. Literatura judía y literatura cristiana ...........................................................
26
2.2. El género epistolar ...........................................................................................
26
2.3. La retórica clásica y la retórica semítica .......................................................
28
Ejercicios ............................................................................................................................
30
Tema 3. PABLO DE TARSO .........................................................................................
32
1. Pablo en sus escritos ................................................................................................
33
2. Pablo en los Hechos de los Apóstoles ...................................................................
34
2.1. Objeto del libro: una obra cerrada con el tercer Evangelio .......................
34
2.2. Los personajes del libro de los Hechos de los Apóstoles ..........................
34
2.3. Viajes de Pablo en los Hechos .......................................................................
36
2.4. Discursos de Pablo en los Hechos .................................................................
39
3. Pablo en otras fuentes .............................................................................................
41
4. Cronología paulina ..................................................................................................
43
Ejercicios ............................................................................................................................
47
Tema 4. PRIMERA CARTA A LOS TESALONICENSES .........................................
49
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
50
2. Estructura y contenido ............................................................................................
51
3. Enseñanza .................................................................................................................
51
3.1. La predicación del Evangelio ........................................................................
51
3.2. Fundamentos de la fe ......................................................................................
53
3.3. Fundamentos de la moral ..............................................................................
53
3.4. La oración cristiana .........................................................................................
54
3.5. Escatología: Parusía y resurrección ..............................................................
55
Ejercicios ............................................................................................................................
56
Tema 5. SEGUNDA CARTA A LOS TESALONICENSES .......................................
57
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
58
2. Estructura y contenido ............................................................................................
58
3. Enseñanza .................................................................................................................
59
3.1. Escatología: Parusía y Juicio ..........................................................................
59
3.2. Tradición y vida cristiana ...............................................................................
60
Ejercicios ............................................................................................................................
61
Tema 6. PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS ......................................................
62
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
63
2. Estructura y contenido ............................................................................................
64
3. Enseñanza .................................................................................................................
65
3.1. La cruz de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios .............................................
65
3.2. La Iglesia ...........................................................................................................
66
3.3. Cuestiones en torno a la corporalidad .........................................................
67
199
200
3.4. La Eucaristía .....................................................................................................
68
3.5. Escatología: la resurrección de los muertos .................................................
69
Ejercicios ............................................................................................................................
71
Tema 7. SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS .....................................................
73
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
74
2. Estructura y contenido ............................................................................................
74
3. Enseñanza .................................................................................................................
75
3.1. El ministerio apostólico ..................................................................................
75
3.2. La comunión de bienes ...................................................................................
77
Ejercicios ............................................................................................................................
79
Tema 8. CARTA A LOS GÁLATAS ..............................................................................
81
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
82
2. Estructura y contenido ............................................................................................
83
3. Enseñanza .................................................................................................................
84
3.1. El Evangelio predicado por Pablo ................................................................
84
3.2. El plan divino de salvación obrado por Cristo ...........................................
85
3.3. La vida en el Espíritu ......................................................................................
87
Ejercicios ............................................................................................................................
88
Tema 9. CARTA A LOS ROMANOS ...........................................................................
90
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
91
2. Terminología ............................................................................................................
92
3. Estructura y contenido ............................................................................................
93
3.1. Dinámica del discurso ....................................................................................
93
3.2. La justicia divina y las modalidades de retribución (Rm 1,18-4,25) ........
93
3.3. El obrar y el status presente y futuro de los justificados (Rm 5,1-8,39) ...
95
3.4. Enigma de la situación de Israel (Rm 9,1-11,36) .........................................
97
3.5. Sobre la vida y la conducta del cristiano (Rm 12,1-15,13) .........................
98
4. Enseñanza .................................................................................................................
99
4.1. El Evangelio .....................................................................................................
99
4.2. La cuestión de la justificación ........................................................................
100
4.3. La vida en el Espíritu ......................................................................................
102
4.4. Israel y la Iglesia ..............................................................................................
103
Ejercicios ............................................................................................................................
105
Tema 10. CARTA A LOS FILIPENSES .......................................................................
107
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
108
2. Estructura y contenido ............................................................................................
109
3. Enseñanza .................................................................................................................
110
3.1. La vocación y la vida cristianas .....................................................................
110
3.2. Cristología: el misterio de Jesucristo Redentor ...........................................
112
3.3. Eclesiología .......................................................................................................
114
3.4. Escatología ........................................................................................................
115
Ejercicios ............................................................................................................................
116
Tema 11. CARTA A FILEMÓN ....................................................................................
118
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
119
2. Estructura y contenido ............................................................................................
119
3. Enseñanza .................................................................................................................
120
3.1. Eclesiología .......................................................................................................
120
3.2. Cristología y obrar divino ..............................................................................
121
3.3. Bautismo ...........................................................................................................
121
3.4. El comportamiento del cristiano ...................................................................
122
3.5. Autoridad apostólica de Pablo y labor evangelizadora ............................
122
3.6. Esclavitud y cristianismo ...............................................................................
123
Ejercicios ............................................................................................................................
124
Tema 12. CARTA A LOS COLOSENSES ...................................................................
126
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
127
2. Estructura y contenido ............................................................................................
129
3. Enseñanza .................................................................................................................
130
3.1. La capitalidad de Cristo sobre la Iglesia ......................................................
130
3.2. La capitalidad de Cristo sobre el cosmos .....................................................
131
3.3. La capitalidad de Cristo sobre las realidades temporales .........................
131
3.4. La imagen de Pablo .........................................................................................
132
Ejercicios ............................................................................................................................
133
Tema 13. CARTA A LOS EFESIOS .............................................................................
135
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
136
2. Estructura y contenido ............................................................................................
137
3. Enseñanza .................................................................................................................
139
201
202
3.1. La revelación del «misterio» ..........................................................................
139
3.2. Un solo Señor ...................................................................................................
139
3.3. Naturaleza de la Iglesia ..................................................................................
140
3.4. La vida cristiana ..............................................................................................
141
Ejercicios ............................................................................................................................
142
Tema 14. PRIMERA CARTA A TIMOTEO ................................................................
144
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
145
2. Estructura y contenido ............................................................................................
146
3. Enseñanza .................................................................................................................
147
3.1. Jesucristo y la salvación ..................................................................................
147
3.2. La Iglesia ...........................................................................................................
148
3.3. Pablo, Timoteo y los falsos maestros ............................................................
149
Ejercicios ............................................................................................................................
150
Tema 15. CARTA A TITO .............................................................................................
152
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
153
2. Estructura y contenido ............................................................................................
153
3. Enseñanza .................................................................................................................
154
3.1. Jesucristo Salvador ..........................................................................................
154
3.2. La Iglesia ...........................................................................................................
155
3.3. La vida cristiana ..............................................................................................
156
Ejercicios ............................................................................................................................
156
Tema 16. SEGUNDA CARTA A TIMOTEO ...............................................................
158
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
159
2. Estructura y contenido ............................................................................................
159
3. Enseñanza .................................................................................................................
160
3.1. El «depósito» ....................................................................................................
161
3.2. La «Sagrada Escritura» ...................................................................................
161
3.3. Pablo y Timoteo ...............................................................................................
163
Ejercicios ............................................................................................................................
164
Tema 17. CARTA A LOS HEBREOS ...........................................................................
165
1. Ocasión de la carta ...................................................................................................
166
2. Estructura y contenido ............................................................................................
167
2.1. Cristología tradicional (1,5-2,18) ...................................................................
168
2.2. Cristología sacerdotal: aspectos esenciales (3,1-5,10) .................................
168
2.3. Cristología sacerdotal: rasgos específicos (Hb 5,11-10,39) ........................
169
2.4. Ejemplos de fe y exhortación a la perseverancia necesaria (Hb 11,1-12,13) .
170
2.5. Exhortación a vivir en la paz y en la santidad con todos (Hb 12,14-13,18) .
170
3. Enseñanza .................................................................................................................
172
3.1. Cristología ........................................................................................................
172
3.2. Judaísmo y cristianismo .................................................................................
173
3.3. Fe y revelación .................................................................................................
174
3.4. Escatología ........................................................................................................
174
3.5. La vida temporal del cristiano .......................................................................
175
Ejercicios ............................................................................................................................
176
Tema 18. LÍNEAS FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGÍA PAULINA ................
178
1. Introducción .............................................................................................................
179
2. La vocación de Pablo ...............................................................................................
179
3. Pablo y Jesús .............................................................................................................
181
3.1. Referencias explícitas y directas a la vida terrena de Jesús .......................
181
3.2. Alusiones a tradiciones atestiguadas por los Evangelios sinópticos .......
182
3.3.Trasposición de la tradición prepascual a la situación después de la
Pascua .........................................................................................................
182
4. Pablo y el Antiguo Testamento ..............................................................................
183
5. Progresión en el pensamiento paulino .................................................................
185
5.1. Tesalonicenses ..................................................................................................
185
5.2. Grandes cartas .................................................................................................
186
5.3. Epístolas de la cautividad ..............................................................................
186
5.4. Cartas Pastorales .............................................................................................
187
6. Líneas fundamentales de la teología paulina ......................................................
187
6.1. Enfoque soteriológico y antropológico ........................................................
188
6.2. La Redención «en Cristo» ...............................................................................
189
6.3. La presencia de la Trinidad ...........................................................................
191
6.4. El resto del edificio teológico paulino ..........................................................
192
Ejercicios ............................................................................................................................
194
BIBLIOGRAFÍA ...............................................................................................................
196
ÍNDICE ..............................................................................................................................
198
203
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