Subido por Alina Gabriela Fernández Lucius

ORATORIA CONSCIENTE - Paper

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 Oratoria Consciente
Presentaciones ágiles que ilustran, inspiran y sorprenden Por Ariel E Goldvarg www.arielgoldvarg.com Hablar en público hoy día representa un desafío muy diferente de lo que fue hasta hace poco. Hoy, los tiempos de atención son mucho mas reducidos, la paciencia acotada y la reacción inmediata ante discursos envueltos en retóricas almidonadas y postulados estridentes obligan a repensar el modo en que nos expresamos en esta época tan particular. Incluso, tal vez aún mas allá de la comunicación, es tiempo de revisar el modo mismo en que nos relacionamos con nosotros mismos y con otros. Hoy logramos una llegada mucho mayor si hablamos desde nuestra vivencia, si lo hacemos de igual a igual y si compartimos nuestros saberes con humildad; sobre todo mediante un estilo ágil. Los modelos de liderazgo han cambiado. El paradigma verticalista y directivo que prevaleció en los últimos cien años construyó liderazgos que se han sostenido en la fuerza y el ímpetu exitista. Sin embargo, hoy resulta inspirador alguien que habla con seguridad pero sin estridencias; con humildad pero sin titubeos y sobre todo con un sentido humano que nos resuene en nuestras mentes cuando se habla mas cerca de las propias experiencias, dudas o temores, que desde una verdad revelada, con absolutismos y ciertos determinismos que apuntan mas a la dominación (o el adoctrinamiento) que a la construcción de un valor compartido. Por ello, es que la propuesta de relacionarse con otros desde una Oratoria Consciente nos invita a tomar registro en varias dimensiones. Esto es, ámbitos de observación en donde lo que queremos comunicar trascienda los meros limites de la difusión de ideas o la expresión de mensajes. Nos referimos a lograr una “conexión” a varios niveles y desde allí generar una experiencia mas amplia para lograr una creación conjunta de aquello que estamos comunicando (o mejor dicho, co-­‐creando). Orador y oyente ya no están separados entonces por un escenario, un púlpito o una mesa de café. Todo forma parte de una misma experiencia; una danza… Y es precisamente en esa danza de la consciencia donde interviene una dinámica en la que el centro no se ubica necesariamente en el mensaje, en quien presenta o quien escucha, sino en lo que ocurre en el entrecruzamiento de todo ello; esto es, la vivencia. Es el emergente de la sumatoria de todos estos elementos donde la consciencia deja su huella. Es así que cuando cuando todos estos aspectos confluyen armoniosamente y se alinean, entramos en un espacio muy diferente. Los bordes de la experiencia se desdibujan. La noción del tiempo desaparece. Como cuando estamos en el cine envueltos en la trama de una película. No registramos que estamos en una sala; tampoco la distancia a la pantalla o la ubicación de los parlantes de donde surge el sonido. Estamos dentro de la escena misma. Incluso, perdemos dimensión de nuestro propio cuerpo; olvidamos que estamos sentados en una butaca, rodeados de gente desconocida. Es allí, cuando la historia nos envuelve y los minutos pasan sin que nos demos cuenta. Las formas se pierden. Simplemente estamos presentes. Tal vez sea por nuestra naturaleza humana, que nos sentimos tan atraídos ante las historias que se ocurren ante nosotros. Quedamos entonces atrapados y seducidos por su narrativa. Incluso muchas veces, una historia sin mayor brillo nos seduce por el modo en que su presentador la expone. Este fenómeno no es nuevo; ocurre desde el principio de los tiempos. Desde que empezamos como sociedad a reunirnos alrededor del fuego para compartir nuestras vivencias. También lo hacían papá o mamá cuando nos contaban un cuento para dormir de pequeños. También ocurre de adultos cuando nos abstraemos del mundo viendo un programa de TV, un noticiero, un espectáculo deportivo o lo que fuere. Es como si desapareciéramos, verdad?. Entonces, el reto de entrenarse como Orador Consciente resulta una actividad sumamente interesante y desafiante, ya que no solo implica el aprender técnicas para hablar en público o para comunicarse eficientemente, sino que se relaciona con aprender a crear experiencias en otros, al tiempo que nos transformamos a nosotros mismos. Ello va mas allá del mero contenido de una presentación. He trabajado por años con personas que deben dar presentaciones que resultan muchas veces muy técnicas o frías. Sin embargo, el lograr que la audiencia se involucre, se interese y comprenda el tema, depende mas de las cualidades del presentador que de las características del tema en sí. Cuando un presentador se expresa con pasión, maneja los climas y se conecta con la gente, la presentación pierde toda frialdad o aburrimiento; por mas técnica que sea. Para lograr ello, el método que nos lleva a una Oratoria Consciente implica, en principio aprender a registrar (o sea, ser conscientes) al menos en cuatro dominios primarios: 1. Consciencia de los contenidos a brindar, 2. Consciencia de los recursos a emplear, 3. Consciencia del contexto para la experiencia y 4. Consciencia de nosotros mismos. El nivel de consciencia que podamos lograr en cada dominio dará el grado conexión en cada uno. Entonces, a mayor consciencia, mayor conexión. Su resultado será entonces el tipo de experiencia obtenida. La fórmula es simple: El siguiente gráfico muestra el modo en que cada dimensión de consciencia se conecta con las otras tres. De esta forma, cuanto mas unidas estén estas dimensiones, mayor será el espacio de consciencia unificada. Esto es, el núcleo donde todas las dimensiones se conectan: la experiencia. Por ello, resulta importante trabajar debidamente con las cuatro dimensiones, de tal forma de buscar un equilibrio y lograr que estén alineadas, para lograr mayores experiencias. Si una falla, pone en riesgo la presentación en su conjunto. Por ejemplo, podemos estar muy conscientes del contenido y muy conectados con cada concepto; pero no estar conectados con el público. El resultado es que posiblemente se pierda rápidamente su atención, puesto que es poco probable que se involucren con el tema. De la misma forma, podemos estar conectados con la gente, pero no estarlo con el tema. Entonces, es probable que titubeemos, hablemos de manera ambigua o seamos poco precisos, puesto que el contenido no estará suficientemente sólido. Así mismo, podemos estar muy conectados con el tema y con la gente, pero desconectados de nosotros. El riesgo ante ello es que nos dispersemos o que perdamos el rumbo con facilidad, puesto que no estamos debidamente concentrados. Por último, puede que estemos muy conectados con nosotros y con el contenido, pero no lo estemos en relación a la gente y el contexto; entonces, es probable que no logremos percibir las reacciones de la gente o que hablemos un lenguaje incomprensible para ellos y que se aburran o se sientan ajenos a lo que se está exponiendo. Con cierta frecuencia ocurre que luego de una presentación el orador se siente muy satisfecho por lo realizado, pero la gente se encuentra disconforme y el presentador nunca se enteró de ello. Simplemente, no lo captó. Estaba muy ocupado en su mente Asi, la lista puede seguir. Son muchos los ejemplos que muestran los efectos de una conexión ausente o insuficiente. Por ello, la posibilidad de entrenarse en lograr mayor consciencia en estos cuatro niveles, nos permitirá lograr presentaciones que cumplan al menos con tres requisitos básicos: 1. Deben ilustrar. O sea, expresar un concepto o idea concreta. Es la parte objetiva y concreta de una presentación. 2. Deben inspirar. O sea, generar una emoción que invite a la reflexión, la toma de consciencia o pasar a la acción. 3. Deben sorprender. O sea, generar curiosidad e interés para captar la atención de la gente. Y… cómo se logra? Para expandir esa consciencia en cualquiera de los dominios mencionados se puede identificar primero el nivel actual en cada uno. Luego existen muchas estrategias posibles. Veamos algunas. -­‐ Consciencia del contenido. Implica el grado de dominio del tema a presentar. Todo tema puede tener grandes volúmenes de información. El nivel de consciencia aquí no está dado por el caudal de conocimientos disponibles sobre un determinado tema, sino por el registro suficiente y necesario para la presentación. La diferencia entonces estará en el dominio de las ideas a transmitir y no su volumen. No es necesario ser ingeniero aeronáutico para enseñar a hacer aviones de papel; pero sí es fundamental que sepamos bien cómo se hacen y qué es lo que los hace volar cuando los lanzamos. El alcance de un tema está dado por el valor que perciba quien lo escucha y el interés que le genere. Este es un principio básico al momento de pensar una presentación y establecer así un estándar sobre el nivel de conocimientos y experiencia necesarios para expresar con autoridad nuestras ideas. Es mas importante estar seguros de lo que sabemos y extraer el máximo provecho de nuestro conocimiento, que estar inseguros ante todo lo que deberíamos saber y no lo tenemos disponible. La clave está en mantener la humildad ante lo que no se sabe y la seguridad ante lo que sí. -­‐ Consciencia de la forma. Se refiere a los recursos a emplear para presentar esos contenidos. Estar conscientes de la forma significa tener un adecuado dominio y manejo de los diferentes elementos a emplear. Necesitaremos una estructura para desarrollar las ideas de manera ordenada donde haya una introducción, un desarrollo y un cierre. Asi, cada etapa podrá contar con diferentes recursos como metáforas, historias o ejemplos que permitan hacer mas gráfica la idea. También se pueden mostrar videos, realizar ejercicios, demostraciones o cualquier otro recurso. Lo útil de tomar consciencia del recurso radica en estar presentes a cada uno de los pasos que damos en el proceso de explicar, enseñar, mostrar o desarrollar un concepto. Tal como cuando masticamos un caramelo delicioso, sintiendo los sabores y -­‐
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degustándolo de diferentes formas; presentes a la textura y las experiencias que ese caramelo nos regala. Es estar conscientes del modo en que lo masticamos. Consciencia del contexto. Está dado por el ambiente, las condiciones del lugar, las particularidades de la audiencia y sobre todo, el contexto personal. Estar consciente de estos factores implica conectarse con el lugar, la gente y el estado personal estando presentes y registrando lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro nuestro también. Implica desarrollar una capacidad de observación para detectar el involucramiento de la gente. Esto lo podemos ver tanto en sus posturas corporales como en su mirada. Si tenemos doscientas personas en nuestra presentación y notamos que todos ellos miran su celular mientras estamos exponiendo, es probable que nuestra ponencia no les esté resultando interesante. El contexto nos brinda información inmediata sobre el estado de la presentación. Nuestra consciencia del contexto nos permitirá modificar el rumbo o adoptar nuevas posturas para asegurar una debida conexión con el público. Así mismo, nuestro estado personal también será un factor determinante. Por ejemplo, si ese día nos enteramos que ganamos una herencia millonaria, seguramente tendremos una disposición muy diferente de la que tendríamos en condiciones normales. Nosotros también contribuimos con el contexto con nuestra propia actitud. Consciencia de uno mismo. El “YO”. Es el paso natural que conecta el contexto personal con nuestro mundo interior; o sea, aquello que establece el modo en que nos relacionamos con lo que nos rodea. En relación a una presentación, encontramos al menos dos aspectos: uno de ellos es el técnico, que tiene que ver con nuestras habilidades para manejar la voz, la dicción, el aire y la energía con la que hablamos. El otro aspecto es mas bien ontológico, ya que tiene que ver con nuestro ser y está relacionado con nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro propio estilo personal al servicio de la idea que deseamos comunicar o la experiencia que busquemos generar. Podemos logar mayor consciencia de este Yo aprendiendo a registrar nuestro estado físico (identificando tensiones y relajándolas por ejemplo) y nuestro estado emocional (reconociendo nuestras emociones y generando las mas adecuadas para nuestra presentación). También logramos mayor consciencia de nosotros aprendiendo a registrar nuestros estados mentales, a través de la respiración por ejemplo. La preparación y la práctica son clave Todo aquello que hoy podemos hacer de manera eficiente, surge de una preparación y práctica previa. Ninguna persona aprende a caminar, hablar o nadar sin práctica. No es lo mismo hablar a dos personas, que hacerlo ante diez, cien o mil. Las palabras tal vez sean las mismas, pero el contexto cambia. Al hacerlo, requerirá de habilidades diferentes. Podemos ser muy expertos en un determinado tema, pero no es lo mismo saber sobre un tema que saber explicarlo. Asi mismo, tampoco es lo mismo explicarlo a una persona que hacerlo con diez al mismo tiempo. Cambia el escenario y cambian entonces los requisitos. Por eso, preparar adecuadamente una presentación teniendo en cuenta las ideas centrales, los mensajes, los recursos a emplear y el modo en que se llevará a cabo cada instancia de la presentación es fundamental para lograr mayor seguridad al momento de exponer. Así mismo, El ejercicio de practicar varias veces, de maneras diferentes nos dará mayor seguridad para afrontar el desafío de la exposición. El efecto es mas bien psicológico. La preparación es como la base y las columnas de una casa. Cuanto mas solida sea la estructura, mas robusta resultará la presentación. La falta de una práctica debida nos expone ante el riesgo de improvisar sin los recursos adecuados para hacerlo, aumentando aun mas la tensión y el peligro de fallar o quedar expuestos sin capacidad de reacción. La improvisación también es un arte complejo y no se desarrolla debidamente si no estamos bien preparados. Por el contrario, cuanto mas preparados estemos, mas fácilmente será improvisar, rearticulando ideas y combinando recursos de maneras novedosas, con la seguridad de tener una buena base que brinde sustento. El miedo escénico Uno de los factores que mas condiciona a los oradores es el miedo que produce la exposición. Si analizamos con un poco este fenómeno, notaremos que la base misma del miedo está en la sensación de que carecemos de recursos suficientes para responder ante un determinado reto y padecemos la ansiedad que nos produce las posibles consecuencias de ello. Por ejemplo, podemos tener miedo a las alturas por tener poco equilibrio y temer el impacto que nos puede producir una caída. O también miedo a una enfermedad por no tener los anticuerpos necesarios y padecer las dolencias de sus efectos. También podemos tener miedo a nuestra pareja por sentir que no tenemos suficientes recursos para responder a su carácter y sentirnos sometidos ante sus reacciones. Si bien cada caso es particular, existen una serie de pensamientos y creencias latentes detrás del miedo escénico que suelen ser muy comunes y que activan todos nuestros mecanismos defensivos. Veamos alguno de ellos y algunas posibles respuestas. -­‐ Tengo miedo de olvidarme lo que debo decir. El único que sabe lo que debe incluirse en la presentación es el orador. Solo él sabe lo que debe decir. Por ende, lo relevante no está en las omisiones que pueda hacer sino el valor que pueda percibir quien lo escucha. Es mas importante el resultado de lo que se dijo que la falta de lo que se omitió. Por ello, es mas importante estar conectado y enfocado en los objetivos de la presentación que en la presencia de sus detalles. -­‐ Temo no tener respuesta ante una pregunta cuya respuesta desconozco. El modelo del presentador sabelotodo ya está perimido. Es mas importante tener pocas respuestas sólidas que tener un oráculo mental carente de profundidad. Muchas veces, la respuesta a una pregunta puede responderla alguien del público. Eso es muy bueno, porque contribuye a todos. Lo que nos convierte en oradores no es el tener respuestas a todo, sino en tener respuestas que ayuden, enseñen, muestren o ilustren. Ello se puede lograr sin necesidad de ser el mas sabio del universo. La humildad de compartir con simpleza lo que se conoce es mas poderosa que la arrogancia de pretender saberlo todo y hacer alarde de inteligencia y conocimiento. -­‐ ¿Qué pasa si la gente se aburre o no le gusta mi presentación? Si bien siempre existe la posibilidad de que, a pesar de nuestras buenas intenciones, nuestra presentación puede resultar poco efectiva. Para ello, existen algunas sugerencias que los expertos recomiendan y tienen que ver con: -­‐
o Poner pasión y entusiasmo en lo que se dice. o Mantenerse honestos en las ideas y humildes ante los demás. o Hablar desde la propia experiencia ya que las ideas pueden ser cuestionadas, pero las vivencias son únicas y personales. o Considerar los intereses y deseos de quién está escuchando o Ser auténtico. No asumir poses ni pretender ser alguien mas. ¿Qué ocurre si me pongo nervioso y me tiembla la voz o el cuerpo?. El mayor problema de los nervios no está en que los sintamos, sino en que nos molesta su presencia. Si no fueran un estorbo, no representarían dificultad alguna. Lo cierto es que nos distraen y allí es cuando se vuelven peligrosos. Para ello, la preparación es clave. Una presentación debidamente aprendida, repetida, incorporada y memorizada tendrá vida propia en nuestro sistema, de tal forma que ocurra a pesar de nosotros mismos. El otro aspecto que puede contribuir positivamente para que los nervios no afecten negativamente, es sostener el foco en la presentación y en los objetivos. Aquí la clave es la atención. Resulta mas útil permanecer atentos al tema y los objetivos de la ponencia que a los nervios que estamos experimentando. Es cuestión de perspectivas. Es mas relevante lograr nuestro objetivo que vernos bien. La imagen debe quedar en segundo plano. Lo importante es la experiencia. A modo de resumen, podríamos concluir que convertirse en Oradores Conscientes implicaría, entre otras cosas, la osadía de animarse a transitar un espacio de desafío y transformación personal. Es el reto de reinventarse y construir junto con otros aquellas experiencias memorables que permitan compartir ideas, inspirar almas y sorprender a mentes inquietas. No olvidemos esa famosa frase de Maya Angelou que dice “La gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero jamás olvidará cómo les hiciste sentir”. Alli radica el núcleo de una genuina Oratoria Consciente. 
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