Subido por pguevara61

Órganos humanos, incentivos y venta: contextos morales e imperativos emergentes

Anuncio
Órganos humanos, incentivos y venta: contextos morales e imperativos emergentes*
R. R. KISHORE**
La escasez de órganos disponibles es una característica global del trasplante de órganos y ha
sido un desafío casi desde el comienzo de esta práctica. Estrategias tales como la
liberalización del concepto de muerte cerebral, la introducción del consentimiento
presunto, la regularidad en la recolección de órganos, la obligación del médico de preguntar
al paciente y del paciente de elegir si quiere o no ser donante, el aumento del límite de
edad de los donantes, la flexibilización de los requisitos en trasplantes de consanguíneos y la
autorización de donaciones altruistas de extraños no han resuelto el problema. Aún
prevalece la escasez de órganos, lo cual conduce a su injusta distribución terapéutica, al
aumento de costos, al comercio y al delito. Las fuentes no humanas de suministro de órganos
no han sido fructíferas hasta el momento. El xenotrasplante debe enfrentar serios desafíos
científicos y éticos y la producción de órganos artificiales aún se encuentra en el nivel
teórico. Por otro lado, recurrir a órganos clonados es moralmente inaceptable ya que la idea
de la utilización de la clonación humana para producir individuos que sean usados
simplemente como donantes de órganos es repugnante, cruenta e inimaginable. Mientras los
eticistas se afanan en debatir el contenido moral de las promesas biotecnológicas, millones
de personas continúan muriendo por causas que podrían ser evitadas. En este trabajo se
articula una defensa de la venta de órganos como forma de enfrentar los problemas que
genera la escasez de órganos para la práctica de trasplantes.
Palabras claves: escasez de órganos - trasplante de órganos - donación de órganos - venta de
órganos
Shortage of available organs is a global feature of organ transplantation and has been a
challenge almost since its inception. Strategies such as liberalization of brain-death concept,
introduction of presumed consent, routine harvesting, required request, mandated choice,
enhancement of donor’s upper age limit, relaxation of consanguineous riders and allowing
altruistic donations from strangers have not resolved the problem. Organ scarcity continues to
prevail leading to inequitable therapeutic dispensation, escalating costs, trade and crime.
The extra human sources of organ supply have not so far borne fruits. Xenotransplantation is
confronted with serious scientific and ethical challenges and production of artificial organs is
still in the conceptual stage. Cloned organs are not morally acceptable since the notion of
human cloning to produce individuals for use merely as organ donors is repugnant, gruesome
and unimaginable. While the ethicists are busy debating moral content of biotechnological
promises millions continue to die of avoidable causes. In this paper we offer a defense of
organ sale as a way of facing the problems caused by the shortage of organs in the context of
organ transplantation.
Key words: shortage of organs - organ transplantation - donation of organs organ sale
Introducción
a. A, quien se encuentra en estado terminal por una falla renal, está luchando por su
vida y necesita un trasplante inmediato de riñón, pero nadie está dispuesto a donar
un riñón para él. B, quien está totalmente debilitado y empobrecido, necesita dinero
para comprar comida para sí y asistencia médica para su hijo que se está muriendo de
*
Artículo publicado en Perspectivas Bioéticas, Año Nº 9, Nº 17, Segundo semestre de 2004.
**
Médico, jefe del Ministry of Health & Family Welfare (India). Presidente, Indian Society for Health Laws and
Ethics (Ishle).
1
una grave enfermedad, pero nadie está dispuesto a darle ayuda financiera. B le da su
riñón a A, quien a su vez ayuda a B para asegurar su supervivencia y la de su hijo.
b. A es ciego y necesita un trasplante de córnea para recuperar la vista. B, que sufre
una falla renal, necesita un riñón con urgencia. A le da un riñón a B, quien dona una
de sus córneas a A. B sobrevive. A puede ver el mundo.
¿Cómo debe considerarse esta interacción en el contexto del trasplante de órganos?
¿Como una inmoralidad? ¿Como un hecho comercial? ¿Como tráfico? ¿Como
explotación? Quizá ninguna de estas alternativas sea la apropiada. En verdad, se trata
de una expresión de ayuda mutua y reciprocidad basada en consideraciones
pragmáticas y no está en contradicción con características esencialmente humanas.
Mientras que la sociedad no sea capaz de dar una respuesta a las necesidades
genuinas y urgentes de A y B, cada uno de ellos tiene derecho a cuidarse con la ayuda
del otro. El instinto de supervivencia es una realidad biológica y los seres humanos, en
posesión de sus facultades intelectuales, no permiten que su supervivencia sea puesta
en peligro sin explorar todas las posibilidades razonables.1
Se ha debatido extensamente sobre este tema desde que escribí el artículo recién citado
(1996) y, durante este período, muchas personas han muerto por la falla de un órgano y
muchas otras continúan siendo pacientes terminales. Sin embargo, no ha habido ningún
cambio esencial en los principios éticos o las estrategias legislativas. Recientemente, “Walter
Land, el internacionalmente famoso cirujano de trasplantes del Hospital Grosshadern de la
Universidad de Munich, fue suspendido” por haber sido acusado de hacer un trasplante de
riñón en el Hospital Al-Mafraq en Abu Dhabi, con respecto al cual “surgieron dudas éticas y
legales relacionadas con la sospecha de tráfico de órganos”.2 En este momento, en Alemania,
hay investigaciones en curso acerca de “un supuesto tráfico de órganos relacionado con
cuatro casos de trasplante de riñón llevados a cabo por un prominente cirujano” —Christophe
Broelsch—, quien “muchas veces ha declarado que querría que la ley de trasplantes fuera
modificada para que los donantes vivos y los parientes de los donantes muertos pudieran
recibir un pago por sus donaciones”. Está pendiente una investigación relacionada con
“Johannes Scheel, quien ha tenido que dejar su cargo como director de Departamento por
estar involucrado en el tráfico de órganos y “el programa de trasplante de páncreas e hígado
ha sido detenido”.3 En la India, hay periódicas denuncias de tráfico de órganos que involucran
a médicos clínicos, gerentes de centros clínicos, intermediarios y hasta a funcionarios
públicos, y muchos casos están siendo activamente investigados y juzgados. “La escasez
internacional de riñones provenientes de cadáveres ha tenido como consecuencia la venta
ilegítima de órganos e incluso el secuestro y asesinato de niños y adultos para “extraer” sus
órganos, lo cual es mucho peor desde el punto de vista moral que permitirle a una persona
que done un riñón a cambio de una suma de dinero.”4 Millones de personas están sufriendo no
porque no se pueda conseguir órganos sino porque la moral no les permite acceder a ellos.
El tema es qué está bien y qué está mal. ¿Cómo definir el carácter moral de un acto
particular? La moral siempre está determinada por el contexto. Depende de en qué contexto
y de qué manera interpretamos los valores. “Galeno, el famoso médico romano, por ejemplo,
usó cerdos y perros para hacer la mayor parte de sus investigaciones de anatomía ya que en
aquel momento se consideraba inmoral disecar cadáveres humanos.”5 Sin embargo,
posteriormente, la disección de cadáveres humanos durante la educación médica llegó a ser
una práctica de rutina. El tema de los logros biotecnológicos y su asimilación social requiere
un diálogo mucho más profundo del que se está teniendo en las discusiones éticas
contemporáneas. Este artículo apunta en esa dirección.
El problema
“En el mundo, se realizan alrededor de 65.000 trasplantes cada año, de los cuales 45.000 son
trasplantes de riñón.”6 A pesar de este gran número de trasplantes, sólo en los EE.UU cada
día un promedio de 17 pacientes muere esperando un órgano, es decir, muere una persona
cada 85 minutos. Al 31 de agosto de 2003, 82.640 personas están en la lista nacional de
trasplantes de órganos. Más de 2.200 de ellos son chicos de menos de 18 años. Un promedio
de 115 personas se agrega a esta lista cada día —o sea, uno cada 13 minutos. En el año 2001,
2
murieron 6250 personas de la lista de trasplantes de órganos de EE.UU porque el órgano que
necesitaban no fue donado a tiempo.7 En la India, si bien todavía no se han hecho estudios
específicos al respecto, se calcula que, debido a su gran población de 1200 millones de
habitantes y a la creciente incidencia de la enfermedad renal en estado terminal, el
requerimiento de trasplantes de riñón será de alrededor de 80.000 por año.
La escasez de órganos disponibles es una característica global del trasplante de órganos y ha
sido un desafío casi desde el comienzo de esta práctica. Estrategias tales como la
liberalización del concepto de muerte cerebral, la introducción del consentimiento presunto,
la regularidad en la recolección de órganos, la obligación del médico de preguntar al paciente
y del paciente de elegir si quiere o no ser donante, el aumento del límite de edad de los
donantes, la flexibilización de los requisitos en trasplantes de consanguíneos y la autorización
de donaciones altruistas de extraños no han resuelto el problema. Aún prevalece la escasez
de órganos, lo cual conduce a su injusta distribución terapéutica, al aumento de costos, al
comercio y al delito. Las fuentes no humanas de suministro de órganos no han sido fructíferos
hasta el momento. El xenotrasplante debe enfrentar serios desafíos científicos y éticos y la
producción de órganos artificiales aún se encuentra el nivel teórico. Por otro lado, recurrir a
órganos clonados es moralmente inaceptable ya que “la idea de la utilización de la clonación
humana para producir individuos que sean usados simplemente como donantes de órganos es
repugnante, cruenta e inimaginable”.8 Mientras que los eticistas se afanan en debatir el
contenido moral de las promesas biotecnológicas, millones de personas continúan muriendo
por causas que podrían ser evitadas. En el contexto de la venta de órganos, los argumentos
más comúnmente esgrimidos se basan en la dignidad humana, la preservación de la vida, la
salvaguarda de futuras generaciones, la protección de sectores vulnerables, la justicia
distributiva y la pendiente resbaladiza. Los argumentos que se olvidan son el sufrimiento
humano, los costos exorbitantes, los procedimientos de bajo nivel, el incumplimiento de la
ley, el uso limitado de los grandes descubrimientos biotecnológicos, la preferencia de
técnicas que no existen sobre las existentes y el exceso de presión padecido por cirujanos y
clínicas. Parece ser que la regresión moral ha vencido al pragmatismo, anulando, de esta
manera, opciones aceptables como la producción de órganos a partir de células madre y la
legitimación de donaciones mutuas a la vez que ha provocado que el discurso desplace al
trasplante y que una técnica inmensamente prometedora como el trasplante de órganos no
pueda desarrollarse.
Conceptos cambiantes
Ya ha comenzado la discusión sobre “los posibles pagos a donantes vivos por lucro cesante,
dolor y sufrimiento y sobre un movimiento de prisioneros que pretenden convertirse en
donantes con el fin de reducir sus sentencias”.9 En vista de la permanente escasez de
órganos, la Fuerza de Tareas de Bellagio ha analizado diferentes aspectos de la venta de
órganos y ha recomendado “crear un incentivo para la familia de los donantes cadavéricos”.10
En EE.UU., el Departamento de Salud de Pennsylvania propuso un incentivo de 300 dólares
“para ayudar a pagar los costos del funeral de los donantes de órganos”.11 No es razonable
“impedir que los adultos hagan contratos beneficiosos para ambas partes, que no implican un
daño para nadie” y, además, “el daño potencial de perder un riñón debe ser evaluado en
relación con los potenciales beneficios de cualquiera que sea el pago recibido”.12 De acuerdo
con el profesor Peter Bell, vice-presidente del Colegio Real de Cirujanos, “las personas que
donan riñones a sus parientes enfermos deben tener una remuneración por los inconvenientes
causados durante el período de convalecencia, el tiempo en que no han podido trabajar,
etc.”13 Uno de los principales cirujanos de trasplantes de Gran Bretaña, el Dr. Nadey Hakim,
ha pedido que se legalice el pago por la donación de riñones basándose en que “dado que la
venta de órganos está teniendo lugar de cualquier manera, por qué no controlar el comercio y
que si alguien quiere donar un riñón por un precio determinado esto sea aceptable. Si se hace
de manera segura, el donante no sufrirá”.14 “El Departamento de Salud está considerando la
posibilidad de flexibilizar las reglas que se oponen al pago a los donantes en un intento de
disminuir el número de pacientes que están en la lista de espera.”15 Hay gente que considera
que la venta de órganos es beneficiosa para los pobres porque implica “la transferencia de
dinero de ricos a pobres” pero que, a la vez, tales ventas pueden afectar negativamente “la
donación cadavérica de otros órganos”.16 “La extrema escasez de riñones para trasplante ha
inducido al Ministerio de Salud de Israel a hacer un giro de 180 grados en su política y a
3
preparar un proyecto de ley que permite que se pague una compensación a la gente que dona
riñones.”17
El pensamiento liberal no es un fenómeno nuevo. Hace más de una década, la gente se dio
cuenta de que la prohibición del pago por donar órganos era “demasiado amplia”18 y que “un
mercado de órganos es moral y éticamente superior al sistema presente de donación
altruista”.19 El Consejo de Ética y Asuntos Judiciales de la Asociación Médica Americana, en su
informe aceptado para la publicación el 16 de septiembre de 1994, llegó a la conclusión de
“que no deben permitirse los incentivos para la donación de órganos provenientes de
donantes vivos”, pero argumentó definitivamente a favor de un incentivo financiero para
“potenciales donantes” en relación con “futuros contratos de donación” de órganos
cadavéricos.20 Aun quienes no están a favor de los incentivos financieros creen que vale la
pena hacer un “testeo de mercado” a través de “programas piloto cuidadosamente
evaluados”.21 Mientras que algunos consideran que “la donación paga es más transparente que
otras situaciones en las que el altruismo y la voluntariedad no pueden ser comprobadas”,22
otros creen que en el caso de que las posiciones morales imperantes se reviertan “la
profesión va a sufrir un serio retroceso”.23 Aun quienes se oponen a la recompensa monetaria
por la donación de órganos consideran que un reconocimiento al donante en la forma de
“premios, placas y ceremonias”24 sería un paso en la dirección correcta. También existe la
creencia de que “la conducta humana puede ser forjada y manipulada a través de incentivos
financieros o de otro tipo”.25 Sin embargo, la gente que cree que obtener órganos a través de
una recompensa no es no-ético es cautelosa al expresar su opinión abiertamente porque teme
encontrarse con una fuerte reacción pública.
A veces uno se siente inclinado a concluir que la venta de órganos es más ética que el
consentimiento presunto. Por un lado, los eticistas hablan de consentimiento informado
mientras que, por el otro, aplican el consentimiento presunto. Esto es un claro ejemplo de
doble estándar. Los que están muertos no dejan de ser personas. Una “persona está viva en
un momento y en el siguiente es un cadáver”.26 La venta es producto de una decisión
consciente, que es tomada por la persona luego de considerar todos los aspectos del tema y
es completamente consistente con la autonomía individual, a diferencia de la extracción de
órganos basada en el consentimiento presunto, que carece de toda participación de la
persona involucrada.
Preguntas y valores esenciales
La denuncia de la venta de órganos tiene más que ver con las emociones que con los
principios. El principio ético básico involucrado en el trasplante de órganos tiene que ver con
la cuestión de si una persona tiene derecho a disfrutar de la vida gracias a los órganos que
pertenecen a otros. Si respondemos afirmativamente, estamos aceptando que podemos
infringir un daño a otros con el fin de mejorar nuestra salud o prolongar nuestra vida. De esta
manera, se sacrifica el principio de no-maleficencia, muy valorado por largo tiempo en la
medicina. Si los órganos provienen de la donación, regalo o venta depende de la elección
individual y de las circunstancias. Aun si una persona ofrece un órgano sin ninguna
recompensa, su cuerpo sufre un daño. En este contexto, vale la pena referirse a los Principios
Guía adoptados por la 44a Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 1991, que han sido la
base de las estrategias legislativas en muchas jurisdicciones, incluso en la India.27 El Principio
Guía N°3 establece que “Los órganos para trasplante deben ser extraídos preferentemente de
los cuerpos de personas muertas. Sin embargo, las personas adultas vivas pueden donar
órganos. Pero, en general, tales donantes deben estar genéticamente relacionados con los
receptores de los órganos. Se puede hacer excepciones en el caso de la médula espinal y
otros tejidos regenerativos”. Estos principios guía son un claro ejemplo de la actitud
dominante de unos pocos que imponen reglas de conducta para el resto del mundo. Es un
hecho que cada regalo o donación involucra algún tipo de expectativa, aunque no
necesariamente material. En el caso de donantes vivos, el órgano es donado a una persona en
particular, quien de hecho puede no ser la que más lo necesita o lo merece, teniendo en
cuenta lo serio de su enfermedad, período de espera, edad, circunstancias familiares,
capacidad de enfrentar terapia pos-trasplante y otros criterios. Esto significa que el acto de
donación está teñido de consideraciones relativas a relaciones personales, a la elección y la
preferencia, lo que en otras palabras quiere decir que la donación no es un cándido acto de
4
altruismo o de solidaridad humana. Está más bien motivado por el deseo de salvar la vida de
un ser querido, lo cual a veces puede tener como incentivo asegurar nuestra propia
comodidad y nuestro futuro. Tales impulsos y motivaciones también constituyen una
recompensa ya que el propósito es el placer y la realización personal. Incluso la donación
hecha a un extraño no carece de recompensa que, en tal caso, puede ser cumplir con un
deber religioso, reparar un error del pasado o la satisfacción mental y moral de transformarse
en un buen samaritano. Por lo tanto, para determinar el contenido moral de la donación o la
venta de órganos y antes de embarcarnos en una nueva concepción moral debemos encarar
las siguientes preguntas:
1. ¿A quién pertenecen los órganos?
2. ¿Los individuos tienen derecho al trasplante de órganos?
3. ¿Por qué no debe haber una recompensa para el intercambio de órganos y tejidos humanos?
4. ¿La venta de órganos se opone a los valores establecidos de la medicina?
5. ¿Qué es una recompensa? ¿Sólo una ganancia material o también otro tipo de
gratificaciones?
6. ¿El impulso de sobrevivir a una enfermedad terminal comprando órganos y el impulso de
sobrevivir a la pobreza vendiéndolos es inhumano o inmoral?
7. ¿Cuál de estos males es mayor: obligar a una persona a morir a causa de una enfermedad
curable o permitir a una persona vender sus órganos para salvar la vida de un semejante?
8. ¿Hay formas alternativas a la venta para asegurar el suministro de órganos a los que los
necesitan?
Una vez que la práctica de la donación de órganos de los que están genéticamente
relacionados y también de los extraños que se basan en el altruismo ha sido aceptada como
éticamente sana, lo que sigue en relación con la extracción de órganos aparece como
moralmente justificado.
(a) La expectativa de una persona a gozar de la vida con la ayuda de órganos pertenecientes a
otras personas es válida.
(b) La ruptura de la integridad corporal del donante y los daños consecuentes están
permitidos.
La justificación moral expresada anteriormente está basada en valores humanos
fundamentales, tales como la beneficencia, la compasión, el altruismo, el sacrificio, la
solidaridad humana y la reciprocidad. Todos los conceptos y estrategias morales deben
basarse en estos elementales valores humanos. Éstos son los valores que imparten fuerza y
resistencia a los seres humanos como miembros de una sociedad estrechamente estructurada.
A la luz de estos valores, el hecho de que una persona se separe de uno de sus órganos para
liberar a un semejante de una enfermedad terminal o para salvar su vida no puede ser
llamado inmoral simplemente porque vaya acompañado de una razonable recompensa
material. “Cuando una persona vende un órgano actúa tanto de manera egoísta, ya que
obtiene una ventaja, como altruista, porque contribuye al bien público.”28 El hecho de que
haya una recompensa no es razón suficiente para transformar lo que de otra manera sería un
acto de piedad en un pecado. De lo contrario, vender agua a los sedientos sería un pecado
igualmente grande; en realidad, mayor.
Igualar a un vendedor de órganos con un criminal que comete un horrendo delito, como un
asesinato o un robo, tal como se refleja en las estrategias legislativas de casi todas las
jurisdicciones, constituye una concepción totalmente equivocada. Una persona que vende un
órgano lo hace porque sabe que de ese modo va a salvar la vida de un semejante y, por lo
tanto, está convencida de que no está cometiendo un acto inmoral o inhumano. Si hubiera
5
sabido que al hacerlo podía provocar la pérdida de la vida o la propiedad, o cualquier otro
tipo de daño, en el comprador, no lo hubiera hecho. Por otro lado, un delincuente no tiene
tal convicción o justificación moral y actúa simplemente para su propio beneficio, sin
preocuparse por la pérdida o daño sufridos por su víctima. Por lo tanto, parece que las
estrategias legislativas en el área de trasplante de órganos no han sido realistas.
Comparación del donante y el vendedor
Donante
Daño y riesgo para el cuerpo.
Vendedor
ídem.
El propósito de la donación es salvar la vida
de un familiar o de un semejante.
El propósito de la donación es salvar su
propia vida, la vida de un familiar o la de un
semejante.
Gana en términos de alegría, satisfacción y
buena voluntad.
Gana en términos
supervivencia.
Expectativas de apoyo material, emocional y
de seguridad social en el caso de la donación
a un pariente cercano, tal como cónyuge,
padres, hermanos o hijos.
No existen tales expectativas.
El consentimiento libre e informado no es
posible debido a la tensión emocional y al
miedo de perder a un pariente cercano con la
consecuente pérdida de seguridad y apoyo.
El consentimiento libre e informado no es
posible debido a las presiones de la pobreza y
la inseguridad.
económicos
y
de
Por lo tanto, vemos que a pesar de que la donación parece un acto inocuo y de caridad, y la
venta, un ejercicio comercial que deja una ganancia, no hay demasiada diferencia entre los
dos en términos de consecuencias físicas, propósito, intención y motivo. Debe notarse que la
venta, regalo o donación se basan en el reconocimiento de los derechos de propiedad, y la
conducta a adoptar para la transferencia de la misma depende de la elección y circunstancias
de las partes involucradas.
Argumentos en contra del incentivo financiero y la venta de órganos
El ámbito de la moral incluye un amplio espectro de opinión. Los intentos de algunos para
encarar la crisis creada por la escasez de órganos29 pueden aparecer como “una respuesta
satírica” para otros.30 “En lo que se relaciona con la donación las emociones son un factor
clave. Los tejidos y órganos humanos no son simples mercancías como los remedios o las
partes de un equipo.”31 “El cuerpo de un ser querido es más que un trozo de carne para
vender al mejor postor y por eso los bomberos en el World Trade Center mantuvieron la
guardia durante meses para recuperar los cuerpos de sus parientes y amigos.”32 “La integridad
del cuerpo humano nunca debe ser objeto de comercio” ya que éste “socava peligrosamente
la dignidad humana al promover la siniestra superposición del ser humano con el
marketing.”33 Existe la sensación de que la comercialización de órganos llevará a “la
redistribución de órganos sanos desde los pobres hacia los no-pobres”34 ya que “la provisión
de órganos aumentará únicamente gracias a la contribución de los pobres”.35
Las políticas sobre trasplante de órganos reflejan un inusual paternalismo social. Las
objeciones en contra de la venta de órganos, tales como “1) la dilución del altruismo en la
sociedad; 2) el riesgo de que la calidad de los órganos que se donan decrezca; (3) las dudas
respecto del carácter voluntario de la donación por parte de aquellos que aceptan incentivos
financieros; (4) el temor de que los seres humanos y las partes del cuerpos sean tratadas
como mercancías”,36 no reflejan un enfoque objetivo. Los actuales críticos de la
comercialización de órganos dan dos razones principales para fundamentar su oposición:
6
1) “la integridad del cuerpo humano nunca debe ser objeto de comercio” y 2) un sistema no
es ético “cuando castiga a las personas más débiles y exacerba la discriminación”, cuando
genera “el riesgo de explotación de los donantes vulnerables”.37 Algunos son más escépticos y
creen que “los pobres del mundo en desarrollo pueden transformarse en un gran reservorio”
de órganos para el mundo desarrollado38 y que los pobres de “un país en el que se sufre
hambre” no pueden ser “donantes autónomos e informados”.39 Otros consideran que esto
significa la “explotación de los donantes potenciales”.40
Los argumentos en contra de la venta de órganos se basan, entonces, en dos amplias
consideraciones: 1) la venta es contraria a la dignidad humana y 2) la venta viola la equidad.
A continuación, las examinaré separadamente.
¿La venta de órganos es contraria a la dignidad humana?
En las deliberaciones éticas contemporáneas la dignidad humana se ha transformado en una
herramienta muy útil para medir el contenido ético de las aplicaciones biotecnológicas, sin
apreciar a veces su verdadera naturaleza, ámbito e implicancias. Si bien en este trabajo no se
tematiza la dignidad en su totalidad, puede ser interesante estudiar qué significa en esencia.
Básicamente, la dignidad humana es una expresión de la especificidad humana del homo
sapiens. Es un reflejo de las propiedades y virtudes por las cuales la criatura humana se
conoce como ser humano. Éstas son las características y atributos que son específicos de la
raza humana y no pertenecen a ninguna otra forma de vida. ¿Cuáles son estas virtudes? Estas
virtudes, conocidas en el pensamiento védico como Dharma, son diez: el amor, la confianza,
la corrección, la compasión, la tolerancia, la justicia, el perdón, la beneficencia, el sacrificio
y la preocupación por los débiles. Teniendo en cuenta estas virtudes humanas, ningún acto
destinado a salvar la vida de un ser humano o liberarlo del sufrimiento puede ser considerado
contrario a la dignidad humana. La presencia de una recompensa no altera el contenido
básico de un hecho como la venta de órganos, que está basado en la necesidad de salvar por
lo menos dos vidas humanas: una, de una enfermedad terminal y, otra, del hambre. La
dignidad humana no implica que la gente deba tener una muerte prematura como
consecuencia de una enfermedad incurable o del hambre y deba dejar desamparada a su
familia. Más bien, sería contrario a la dignidad humana promover tal situación. El pago
constituye una dimensión logística, no sustancial. La extracción de órganos de personas
muertas bajo presunción de su consentimiento o el hecho de declarar muerta a una persona
para extraer sus órganos son los métodos utilizados para aumentar el suministro de órganos y,
sin embargo, no son tratados como contrarios a la dignidad humana. La prohibición de la
venta de órganos empeora la situación al limitar la transparencia, la justicia y la posibilidad
de elección y al generar arbitrariedad, temor y corrupción. El vendedor y el comprador se
vuelven vulnerables por la implementación de un mecanismo legal que pone en juego muchos
elementos, tales como la policía, los abogados, los adjudicadores y los activistas sociales, con
sus propias filosofías e intereses, transformando de esta manera una actividad inocente en un
ejercicio de alta complejidad.
Es significativo que el concepto de dignidad humana se aplique selectivamente sólo en el caso
de ciertos tejidos. La sangre, la médula, el esperma y los óvulos se venden abiertamente y
una mujer puede “pedir 50 mil dólares por la donación de sus óvulos”.41 Pero su venta,
aparentemente, no hace pensar en la dignidad humana.
El argumento según el cual en la venta de órganos no puede haber consentimiento libre y
genuino no es válido. De hecho, tal argumento es la antítesis del concepto de autonomía. La
decisión de vender un órgano, por parte de una persona que ha tenido en cuenta todas las
circunstancias, consecuencias, opciones y posibilidades, no puede ser dejada de lado con el
pretexto de que ha sido tomada bajo “influencia o incentivo indebido”. El individuo es el
mejor juez para decidir qué le conviene en una situación dada y, mientras que su decisión no
afecte a otros, no podemos evitar que actúe de acuerdo con sus propias decisiones. Si el
vendedor no puede consentir de forma libre e informada debido a las presiones de la pobreza
y el atractivo del dinero, tampoco el comprador puede dar un consentimiento semejante
debido a las presiones de la enfermedad y la urgencia de salvar su vida. A su vez, tampoco el
donante puede consentir de forma libre e informada debido al temor de perder a un pariente
cercano y a la inseguridad y falta de apoyo que esto generaría. Por lo tanto, ninguna de las
7
partes es capaz de dar consentimiento libre e informado debido a las apremiantes
circunstancias. Esto significa que la práctica del trasplante de órganos es incompatible con el
principio del consentimiento libre e informado y, por lo tanto, no es ética. ¿Pero por qué,
entonces, sólo el vendedor debe ser declarado culpable?
Los argumentos que relacionan la autonomía de una persona con su “integridad” corporal y
que, por lo tanto, concluyen que la venta de órganos constituye “un mal uso” de “nuestra
autonomía”42 parecen implicar un error de concepto porque “la integridad” tampoco es
respetada en el caso de la donación, la cual sin embargo no es considerada no-ética.
Para administrar la provisión de órganos a aquellos que los necesitan se recurre a varias
consideraciones, tales como la vejez, las enfermedades relacionadas, el mal diagnóstico, la
conducta irresponsable, etc. con el fin de excluir un número de potenciales receptores de
órganos, aún sabiendo perfectamente que en tales casos “la alternativa al trasplante es la
muerte”.43 La escasez de órganos ha contaminado los conceptos morales y algunos creen que
“los alcohólicos no deben tener prioridad para recibir un trasplante de hígado debido a su
vicio de tomar”44 y que “los trasplantes de pulmón” no deben ser ofrecidos “a la gente que ha
fumado o abusado de otras sustancias en los últimos seis meses”.45 A pesar de que la muerte
cerebral y la muerte humana no son lo mismo, la definición de muerte ha sido flexibilizada
para “dar impulso al aumento del número de potenciales donantes”.46 Por lo tanto, la
prohibición de la venta de órganos no está exenta de altos costos, que incluyen la muerte
prematura, la baja calidad de vida, una mayor carga de enfermedad, el prejuicio moral y la
certificación prematura de muerte. ¿Es esto consistente con la dignidad humana?
¿La venta de órganos es violatoria de la equidad?
1. El temor a que el precio de los órganos aumente, hasta estar más allá del alcance del
hombre común, es infundado. Los costos siempre pueden ser controlados por el Estado a
través de mecanismos reguladores, como se hace en el caso de otras mercancías y servicios.
Además, las desigualdades socio-económica se reflejan en todos los aspectos de la vida, no
solamente en relación con el trasplante de órganos. Todo el sistema de salud está sujeto a las
fuerzas del mercado. Muchas drogas, equipos, aparatos, procedimientos y servicios no son
accesibles para todos aquellos que los necesitan. En muchas jurisdicciones, tienen que ser
importados de los países desarrollados e industrializados, los cuales en muchos casos
monopolizan su comercio. A pesar de las objeciones de la sociedad, que desea que el cuidado
de la salud sea una medida de bienestar, los servicios de salud se han transformado en bienes
comercializables. El trasplante de órganos también forma parte de parte de esto.
2. La compra de órganos probablemente sólo tenga un impacto marginal sobre el costo del
procedimiento de trasplante. En muchos países, incluida la India, donde ha habido denuncias
de tráfico de órganos, los riñones se venden por un precio bajo, que va de 200 a 500 dólares,
mientras que los reportes sobre el costo total de un trasplante de riñón varían de 1000 a 8000
dólares47 48. El Dr. Raymond Crockett, que no puede practicar su profesión en Gran Bretaña
desde 1990 por mala praxis, obtenía riñones de ciudadanos turcos por 2500 a 3500 libras,
pero a los pacientes les cobraba 66.000 libras por el trasplante.49 Esto significa que el costo
del órgano es solamente una fracción del costo total del trasplante que, de hecho, es mucho
más alto si se incluyen la terapia inmunosupresiva posterior y el seguimiento médico del
paciente. El temor de algunos sectores de que la venta de órganos pueda crear un mecanismo
de mercado que aumente los costos del trasplante es infundado. Más bien, el libre acceso a
los órganos reducirá los costos del trasplante al controlar los gastos que implican las
operaciones clandestinas y la participación de los intermediarios que están invariablemente
asociados con el tráfico de órganos, como fue claramente expuesto en los informes de
Londres50 y Punjab51. El trasplante de órganos es una intervención médica de alto costo,
especialmente por los honorarios de los cirujanos y las otras personas involucradas en el
proceso. Por lo tanto, no es probable que la venta de órganos aumente sustancialmente los
costos del trasplante. Además, en el caso de que la venta de órganos sea legitimada, el costo
podrá ser regulado por el Estado, como se hace en el caso de otras mercancías. Una mejor
opción para reducir el costo de las trasplantes es regular los honorarios de los cirujanos y el
precio de las clínicas, los equipos, los dispositivos y las drogas.
8
3. En lo que respecta a la preocupación de que una vez que la venta sea legitimada los
órganos serán vendidos “únicamente por aquellos que no puedan permitirse conservarlos”,52
se requiere un examen más profundo. Según los datos obtenidos, en casi todos los casos, los
órganos han sido vendidos por personas que vivían en la extrema pobreza. Cuando le pregunté
a una persona por qué había vendido uno de sus riñones, su respuesta fue devastadora: “No
tenía otra cosa para vender”. Las personas que viven en tal condición de brutal pobreza y
privación social no tienen muchas opciones. Aun cuando sus órganos estén intactos, su suerte
es triste ya que sufren hambre, enfermedades y menosprecio. Hasta ahora, la sociedad no ha
hecho nada para aliviar su sufrimiento. La venta de órganos puede proveerles algunos
recursos adicionales y prolongar su existencia. Si la venta de órganos puede ser considerada
como explotación de los pobres, no es más que una continuación del prolongado proceso de
explotación del que la sociedad ha sido testigo a través de los siglos. Han vendiendo todo lo
que poseen para continuar su existencia. Los órganos son la última fuente de dinero para
prolongar su existencia un tiempo más. ¿Cómo puede la sociedad impedirles hacer uso de ella,
sin proveerles a la vez medios adecuados de subsistencia? ¿Por qué surge esta súbita
preocupación por los pobres? Una sociedad que ha tenido una actitud pasiva en relación con
los problemas padecidos por la gente durante mucho tiempo no tiene autoridad para
interferir en los arreglos que hayan desarrollado para salvaguardar su supervivencia. En el
caso en que la sociedad verdaderamente considere que las personas no deben vender sus
órganos, sus necesidades deben ser satisfechas para que no se vean forzados a hacerlo. ¿Qué
clase de moral es ésta, que pretende arrancarles a los pobres el único bien que les ha
ofrecido la naturaleza? La prohibición de la venta de órganos ha empeorado la suerte de los
pobres. Los compradores muchas veces se niegan a pagar o no pagan el precio acordado. El
vendedor no puede defender su reclamo por el miedo a la ley. De esta manera, la estrategia
que se ha desarrollado para proteger a los pobres ha causado el efecto contrario. Hay un
aspecto más para considerar sobre el tema. Si una persona que no es pobre, y en cuyo caso no
hay posibilidad de explotación, elige vender un órgano, ¿se le permitirá hacerlo? Si no se lo
permite, esto significa que las razones para prohibir la venta de órganos están basadas en
otras consideraciones y no en una preocupación por los pobres.
4. El argumento según el cual permitir la venta de órganos no es equitativo porque restringe
la provisión a los sectores de la población de mayores recursos, implica un error de concepto.
¿Hasta qué punto es justo negar el cuidado de la salud a aquellos que desean costearlo con
legítimos recursos —dinero ganado en forma honesta— basándose en que está fuera del
alcance de otros porque no pueden pagarlo? Y, si esto es justo, ¿por qué hemos elegido un
sistema en el cual el cuidado de la salud tiene un precio, a pesar del hecho de que muchas
personas ni siquiera pueden satisfacer sus necesidades básicas, tales como la comida y el agua
potable? La nuestra es esencialmente una sociedad heterogénea y la equidad debe ser
definida en términos realistas y pragmáticos.
5. La prohibición de la venta de órganos genera inequidad al ejercer una presión indebida
sobre los parientes cercanos del enfermo, que pueden “sentirse forzados a no tener en cuenta
los riesgos de donar un órgano ya que sus seres queridos recibirían en ese caso un beneficio
muy grande”. 53 Esta presión puede considerarse coerción, que es tan mala como aquella que
es consecuencia de la pobreza y, como tal, “debiera ser motivo para prohibir la donación”.54
La venta ofrece mayores posibilidades de elección, el vendedor puede ser mucho más sano
que el donante y el órgano, más compatible con el receptor. Además, para “la extracción de
una parte vital como un riñón el donante debe someterse a cirugía mayor y esto implica un
riesgo. El receptor, que ya está enfermo, también se expone a un procedimiento de cirugía
mayor que puede involucrar complicaciones. Esto significa que dos miembros de una misma
familia serán puestos en una situación de vulnerabilidad, pudiendo afectar de esta manera el
destino de otros familiares. En el caso de que haya complicaciones o un resultado inesperado
no favorable, dicha familia puede convertirse en víctima de una seria adversidad. Por esto,
parecería más seguro aceptar la donación de una persona perteneciente a otra familia”.55
6. Existe también la preocupación de que se instaure un comercio transnacional de órganos.
Los países ricos, a través de su poder económico, pueden transferir órganos desde los países
más pobres generando una situación de indebida vulnerabilidad para la población. Esto, de
nuevo, constituye un problema de regulación, que siempre puede ser controlado prohibiendo
la exportación de órganos humanos o adoptando otra estrategia adecuada.
9
7. El propósito de permitir la venta de órganos no es mejorar el estado de salud de los
vendedores u otorgarles “un beneficio económico a largo plazo”, como algunos piensan.56 Tal
beneficio económico o de salud tampoco ocurre en las donaciones altruistas, pero éstas están
permitidas. Las razones para permitir la venta de órganos están basadas en la preocupación
de salvar la vida de pacientes terminales con la ayuda del conocimiento médico y de la
tecnología controlando “la escasez creada por las políticas de asignación de órganos
existentes”.57 La pobreza y la mala calidad de salud son consecuencia de otros factores, y no
de la venta de órganos, por lo cual deben ser encaradas de acuerdo con ellos.
Conclusión
Aquellos que antes estaban destinados a morir tienen ahora la esperanza de sobrevivir,
siempre que se permita que la biotecnología se aplique. Debe tenerse en cuenta que la
medicina siempre está basada en una necesidad, es decir, es una ayuda para superar una
discapacidad física o mental o una enfermedad. No puede ser igualada a la justicia, el arte o
la espiritualidad. También debe recordarse que el derecho al alivio del dolor y el sufrimiento
es intrínseco, es decir, inalienable. Cualquier política social que lleve a infringir tan valioso
derecho debe estar fundada en consideraciones igualmente vitales. El donante y el receptor
son los principales involucrados en las políticas relacionadas con el trasplante de órganos y,
precisamente por esto, una política que no tenga en cuenta sus intereses y opiniones no
puede ser válida. La venta de órganos está fundada esencialmente en el deseo de sobrevivir.
El receptor desea sobrevivir a una enfermedad terminal, el vendedor desea sobrevivir a la
pobreza. Los eticistas continúan debatiendo el contenido moral de las promesas
biotecnológicas, subordinando las ventajes terapéuticas a fines “más elevados”. Me veo
forzado a repetir la misma conclusión a la que llegué en 1995, es decir:
“Ni los donantes cadavéricos ni los parientes resuelven el problema del tráfico de órganos.”
“El cuerpo humano vivo constituye una fuente vital de suministro de órganos y tejidos y las
posibilidades de su óptima utilización deben ser exploradas.”
“Las posturas dogmáticas no tienen lugar en el tema del trasplante de órganos, el cual debe
ser tratado con amplitud de criterio.”
“La sociedad tiene el deber de salvar la vida de las personas y, en el caso de que no pueda
hacerlo, es absolutamente inmoral que interfiera con sus acciones imponiendo leyes irreales.”
“La escasez de órganos debe ser superada urgentemente, ya que de otro modo prosperarán el
delito y el tráfico no regulado.”
“La comercialización debe ser controlada a través de la creación de agencias que hagan
cumplir la ley de manera eficiente y no privando a una persona necesitada de sus
requerimientos genuinos. La habilidad legislativa consiste en proveer una respuesta sin
restringir la libertad de las personas.”58
Existe un acuerdo casi universal con respecto a que los tejidos humanos no deben ser
comercializados. Pero, a menos que palabras tales como “humano”, “propiedad” y
“comercialización” sean apropiadamente definidas, la ética continuará siendo oscura.
Traducción: Natalia Righetti
Notas
1
Kishore R. R. Organ Transplantation: Consanguinity or Universality. Medicine and Law 1996; 15:93-104.
Heidelberg A. T. Surgeon Suspended in Transplant Row. British Medical Journal 2003; 326:1164.
3
Heidelberg A. T. German Surgeon under Investigation over Organ Trading. British Medical Journal 2003; 326:568.
4
Siegel-Itzkovich J. Israel Considers Paying People for Donating a Kidney. British Medical Journal 2003; 326:126.
5
Arcus K. D., Kessel A. S. Are Ethical Principles Relative to Time and Place? A Star Wars Perspective on the Alder Hey
Affair. British Medical Journal 2002; 325:1493-1495.
2
10
6
Hopkins Tanne J. British Medical Journal 2002; 325:514.
The United Network for Organ Sharing (UNOS). http://www.unos.org
8
Cloning of Human Beings. Report and Recommendations of National Bioethics Advisory Commission, USA, 1997, A7.
9
Hopkins Tanne J. International Group Reiterates Stance against Human Organ Trafficking. British Medical Journal
2002; 325:514.
10
The Bellagio Task Force Report on Transplantation, Bodily Integrity, and International Traffic in Organs. Rothman
D. J., Rose E., Awaya T. et al. Transplantation Proceedings 1997; 29:2739-2745.
11
Paying Respect to Organs. The Lancet 1999; 353 (9170).
12
Radcliffe Richards J. Nefarious Goings On. The Journal of Medicine And Philosophy 1996; 21:375-416.
13
Dyer O. Organ Trafficking Prompts UK Review of Payments for Donors. British Medical Journal 2002; 325:924.
14
Dyer O. Surgeon Calls for Legalisation of Payment to Kidney Donors. British Medical Journal 2003; 326:1164.
15
Dyer O. Organ Trafficking Prompts UK Review of Payments for Donors. British Medical Journal 2002; 325:924.
16
Wight J. P. Proposal Is Problematic. British Medical Journal 2002; 325:835.
17
Siegel-Itzkovich J. Israel Considers Paying People for Donating a Kidney. British Medical Journal 2003; 326:126.
18
Hansman H. The Economics and Ethics of Markets for Human Organs. Health Polit Policy Law 1989; 14(1):57-85.
19
Barnet A. H., Blair R. C., Kaserman D. L. Improving Organ Donation: Compensation Versus Markets. Inquiry 1992;
29:372-378.
20
American Medical Association (AMA). Financial Incentives for Organ Procurement: Ethical Aspects of Future
Contracts for Cadaveric Donors. Council on Ethical and Judicial Affairs. Archives of Internal Medicine 1995; 155:581589.
21
DeJong W., Drachman J., Gortmaker S. L. et al. Options for Increasing Organ Donation: The Potential Role of
Financial incentives, Standardized Hospital Procedures, and Public Education to Promote Family Discussion. The
Milbank Quarterly 3 1995; 73:463-479.
22
Not everything has a price. Cahata’s Newsletter Issue 26 May 2002, 1-3.
23
Joralemon D. Shifting Ethics: Debating the Incentive Question in Organ Transplantation. Journal of Medical Ethics
2001; 27:30-35.
24
Kahn J. Making Organ Donation a Better Deal. Bioethics Examiner 2 2002; 4:4.
25
Callahan D. Medicine and the Market: A Research Agenda. Journal and Medicine and Philosophy 24 1999.
26
Dukeminier J. y Sanders D. Organ Transplantation: A Proposal for Routine Salvaging of Cadaver Organs. New
England Journal of Medicine 8 1968; 279:413-419.
27
World Health Assembly. Resolution N° 44.25.
28
Harris J. y Erin G. An Ethically Defensible Market in Organs. British Medical Journal 2002; 325:114-115.
29
Ibid.
30
Abela R. Tongue in Cheek. British Medical Journal July 20, 2002.
31
Mosimann F. A Market Place for Organs is not a Realistic Solution. British Medical Journal July 25, 2002.
32
Oconnor N. K. Ideational Agnosia Rapid Responses to: Harris J., Erin C. An Ethically Defensible Market. British
Medical Journal 2002; 325.
33
Marino I. R., Cirillo C., Cattoi A. Market of Organs: Unethical under any Circumstances. British Medical Journal
August 23, 2002.
34
Jan S. An Ethically Defensible Market in Organs? It Depends. British Medical Journal July 23, 2002.
35
Marino I. R., Cirillo C., Cattoi A. Market of Organs: Unethical under any Circumstances. Bitish Medical Journal
August 23, 2002.
36
American Medical Association. Financial Incentives for Organ Procurement: Ethical Aspects of Future Contracts for
Cadaveric Donors. Council on Ethical and Judicial Affairs. Archives of Internal Medicine 1995; 155:581-589.
37
Marino I. R., Cirillo C. y Cattoi A. Market of Organs is Unethical under any Circumstances. British Medical Journal
2002; 325:835.
38
Wigmore S.J., Lumsdaine J. A. y Forsythe J. R. Defending the Indefensible. British Medical Journal 2002; 325:83536.
39
Moslmann F. The Right to Buy or Sell a Kidney. The Lancet 2002; 360:948.
40
Kahn J. Wanted: Tall, Smart and Fertile. Bioethics Examiner 1 1999; 3:4.
41
Ibid.
42
Cohen C. B. Selling Bits and Pieces of Human to Make Babies: The Gift of Magi Revisited. Journal of Medicine and
Philosophy 3 1999; 24:288-306.
43
Schmidt V. H. Selection of Recipients for Donor Organs in Transplant Medicine. Journal of Medicine and Philosophy
1 1998; 23:50-74.
44
Glannon W. Responsibility, Alcoholism, and Liver Transplantation. Journal of Medicine and Philosophy 1 1998;
23:31-49.
45
Snell G. Respiratory Surgeon at Melbourne’s Alfred Hospital. Quoted in The Hindustan Times, February 9 2001.
46
Youngner S. y Arnold R. M. Philosophical Debates About the Definition of Death: Who Cares? Journal of Medicine
and Philosophy 5 2001; 26:527-537.
47
Swami P. Punjab’s Kidney Industry. Frontline, February 14, 2003, 115-117.
48
Kidney Transplant Racket Busted. The Hindustan Times, December 7, 2000.
49
Doctor Appeals Against Ban on Kidney Sales. The Times, September 23, 2000.
50
Dyer O. GP. Struck off after Offering to “Fix” Kidney Sale. British Medical Journal 2002; 325:510.
51
Kumar S. Police Uncover Large Scale Organ Trafficking in Punjab. British Medical Journal 2003; 326:180.
52
Kluge E.-H. Improving Organ Retrieval Rates: Various Proposals and Their Validity. Health Care Analysis 8:279-295.
53
Kahn J. Dying to Donate. Bioethics Examiner 1 2003; 7:4.
54
Richards J. R. Nefarious Goings On. The Journal of Medicine and Philosophy 1996; 21:375-416.
55
Kishore R. R. Organ Transplantation: Consanguinity or Universality. Medicine and Law 1996; 15:93-104.
56
Goyal M., Mehta R. L., Lawrence J. S., Sehgal A. R. Economic and Health Consequences of Selling a Kidney in India.
JAMA 13 2002; 288:1589-1593.
57
Barnet, A. H., Blair, R. C. y Kaserman, D. L. Improving Organ Donation: Compensation versus Markets. Inquiry 1992;
29:372-378.
7
11
58
Kishore R. R. Organ Transplantation: Consanguinity or Universality. Medicine and Law 1996; 15:93-104.
12
Descargar