Subido por José Manuel Helmo Sánchez

Historia de la filosofia I

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA I
COMPARA LA FILOSOFÍA DE HERÁCLITO Y PARMÉNIDES.
Platón presentó la filosofía de Parménides como enfrentada a la de Heráclito; sin
embargo, no está claro si la filosofía de uno nace en respuesta a la del otro, ni tan siquiera
si conocían las doctrinas del otro.
Heráclito es el apodado “el oscuro”, debido a lo difícil que resulta interpretar sus escritos.
Este carácter misterioso de su doctrina pretendía evitar la vulgarización de sus enseñanzas
por el pueblo.
La idea fundamental de la filosofía de Heráclito es la de que todo está sometido al cambio,
todo fluye (pánta rei). El origen de todo está en la transformación, el devenir, que
simboliza a través del fuego (“Ningún ser humano ni divino ha hecho este mundo, sino
que siempre fue, es y será eternamente fuego vivo que se enciende según medida y según
medida se apaga”).
El devenir consiste, precisamente, en una lucha de contrarios que coexisten alternándose
eternamente. Dentro del eterno devenir que es la lucha de contrarios, Heráclito ve
armonía, orden y unidad. Este orden y armonía se manifiesta en dos elementos:
a) Doctrina del eterno retorno: El cosmos está sometido a períodos cíclicos de 10.800
años en cada uno de los cuales todo vuelve a comenzar.
b) En la existencia de un Lógos, que regula el devenir. Heráclito lo identifica con la
divinidad, pero se trata de una divinidad inmanente, no trascendente, en la que se
unen los contrarios.
Parménides nació en Elea (actual Velia), en la península itálica. En sus escritos, nos
muestra La vía de la verdad, que nos lleva al Ser. Es el camino que sigue la filosofía, el
conocimiento intelectual o racional (lógos). Esta vía tiene tres principios:
a) “Sólo el Ser es” (frag. 6, 1). Así, Parménides está contradiciendo la filosofía
heraclitiana: no hay devenir, sino que sólo hay Ser. El Ser es lo que permanece,
lo que no está sometido a cambio. Por otro lado, el no-ser es el cambio, lo que no
permanece, lo que no es igual a sí mismo.
b) “Lo mismo es el pensar y el Ser” (frag. 3). El entendimiento humano es capaz de
captar la realidad, de conocerla, y eso consiste en construir un reflejo idéntico a
ésta. El pensamiento se identifica con el Ser, con la realidad, y por lo tanto, el Ser
es lo que puede ser pensado. De nuevo, Parménides contradice a Heráclito, ya que
está afirmando que la realidad no escapa a nuestros conceptos.
c) “Se da un Ser compacto, que es uno y todo” (frag. 8, 5s). El Ser es uno, universal,
necesario, eterno, finito, inmutable e inmóvil, en él no existe cambio o
movimiento alguno. Por eso, el Ser del que habla Parménides se dice que es
semejante a una esfera, imagen de lo uniformemente limitado y estable. El Ser
siempre ha sido y siempre será, nunca ha comenzado a ser, porque entonces antes
habría sido noser, y nunca dejará de ser, porque entonces no era verdaderamente
Ser. Luego el devenir no es, es apariencia.
DESARROLLA LAS IDEAS MÁS IMPORTANTES DE LA FILOSOFÍA DE
SÓCRATES.
a) Gnoseología.
La postura de Sócrates sobre el problema del conocimiento queda sintetizada en sus
teorías sobre los razonamientos inductivos y su definición de lo universal.
Respecto a los razonamientos inductivos, Sócrates advertía que nosotros partimos de
casos concretos que se dan en la experiencia particular y podemos descubrir que en ellos
se dan ciertas características que les son comunes. Así es como llegamos a la definición
del universal.
Vemos en la gnoseología de Sócrates dos diferencias importantes con otras filosofías:
 Frente a los jonios, Sócrates no se preocupa del objeto de nuestro conocimiento
(la naturaleza) de manera general, sino que problematiza el hecho del conocer y
aspira a establecer las características y el método del conocimiento auténtico y
seguro.
 Frente a los sofistas, que mantienen una postura relativista y escéptica, Sócrates
cree que es posible alcanzar un conocimiento en profundidad de la realidad por
medio de la universalidad del concepto.
b) Ética.
La otra gran preocupación de Sócrates fue la ética. La cuestión ética en aquella época
giraba en torno a tres grandes conceptos: lo bueno (agathón), la virtud (areté) y la
felicidad (eudaimonía).
El bien podía ser entendido de tres formas: en el sentido utilitarista (bueno = útil), en el
sentido hedonista (bueno = placentero) y en el sentido naturalista (bueno = dominio o
poder). Según la moral sofista y la de la gente común, lo útil y el poder debía servir para
alcanzar lo que a uno le agrada, por lo que Sócrates debía habérselas, en última instancia,
con el hedonismo. Sócrates va a enfrentar al hedonismo y advierte que no todo goce es
bueno y va a señalar que las principales virtudes son la sabiduría y la prudencia.
La identificación socrática entre virtud y saber no debe interpretarse desde una
perspectiva moderna o ilustrada, como si bastara tener ciencia para ser bueno. El término
“saber” que usa Sócrates está tomado del ámbito del artesano, del arte manual (téjne),
donde el saber implica el bien hacer. El que ha aprendido y entiende el arte de la alfarería,
fabrica buenas cerámicas; el que ha aprendido y entiende la virtud, obra rectamente. En
este sentido, para Sócrates la virtud se puede enseñar. Respecto al mal obrar, como el mal
artesano, quien así yerra lo hace porque no domina el actuar. Por tanto, el mal se hace
porque se desconoce el bien. Esto es una consecuencia que se deriva del excesivo
intelectualismo de la ética socrática: implica negar la responsabilidad moral de los sujetos
ya que no se obraría mal voluntariamente, sino por ignorancia. La causa de esta
conclusión es lo incomprensible que puede parecer que alguien rechace algo sabiendo
que es bueno.
La felicidad la halla el hombre sabio, que se caracteriza por su autarquía. La felicidad,
por tanto, no puede depender de nada externo, basta con tener la virtud. Así lo recoge
Platón: “El mayor mal no es sufrir la injusticia, sino hacerla”.
TEORÍA DE LAS IDEAS DE PLATÓN. 
¿A qué llama Ideas? Los dos primeros grados del conocimiento hacen referencia al
mundo visible, que está sometido al cambio o devenir (como en Heráclito); en él, el
conocimiento es mera opinión (dóxa). Los otros dos grados constituyen el mundo
inteligible, eterno e inmutable (como el Ser de Parménides); produce verdadero
conocimiento o ciencia (epistéme). A partir de ciertos grados del conocimiento se
desarrollan determinados saberes; así, de la pístis nace la Física, de la diánoia nace la
Matemática y de la noésis nace la Dialéctica.
De esta forma, se establece un dualismo metafísico: el “mundo de las cosas” y el “mundo
de las Ideas”, siendo el segundo el fundamento del primero. Las Ideas son esencias (eîdos:
aquello por lo que una cosa es lo que es) y sustancias (ousía: existe en sí, son
trascendentes y no inmanentes respecto de cualquier otra realidad). Así, Platón es el
primer filósofo que introduce el elemento suprasensible en el discurso del lógos; el
primero en hablarnos de una dimensión suprafísica, metaémpírica o metafenoménica del
ser que no había sido ni tan siquiera imaginada por los filósofos anteriores.
La relación entre Ideas y cosas es de dos tipos:
a) Participación o imitación. Las cosas participan o imitan de forma imperfecta a las
Ideas, las cuáles serían modelo de todas las cosas.
b) Presencia. Las Ideas están presentes de algún modo en las cosas, son causa de las
cosas en tanto que sus esencias.
Las Ideas están jerarquizadas, siendo la Idea suprema el Bien o la Belleza; bajo
ella, y por este orden, las Ideas éticas, las estéticas, las matemáticas y las de las
cosas.
El propio Platón hizo autocrítica de su teoría en Parménides:
a) Si las cosas participan de las Ideas, entonces cada Idea es la suma de las cosas que
de ella participan. No serían trascendentes sino inmanentes.
b) Si una cosa se asemeja a su Idea, la Idea se asemeja a la cosa, luego ambas
participan de una tercera entidad que resulta ser su modelo. Esta crítica recibió el
nombre de “argumento del Tercer Hombre” por Aristóteles por la aplicación de
este a la Idea de Hombre.
ANTROPOLOGÍA DE PLATÓN.
En sintonía con su dualismo metafísico, Platón nos presenta una antropología dualista
de clara influencia pitagórica. El hombre es el resultado de la unión de un alma a un
cuerpo. El alma tiene tres niveles:
a) Alma racional (logistikón): inmortal, de naturaleza divina y situada en la cabeza.
b) Alma irascible (qumoeidéç): ligada al cuerpo, luego mortal; en ella residen las
pasiones nobles (ira, valor, ambición, esperanza, &c.) y está situada en el tronco.
c) Alma concupiscible (e1piqumhtikón): también mortal; fuente de pasiones
innobles (instinto de conservación, apetito sexual, apetito de descanso, sensación
de placer o desagrado, &c.) y situada en el bajo vientre.
Según el Timeo, el alma racional ha sido fabricada por el Demiurgo (que es la divinidad
que ordena el universo o “Dios artesano”). En el Fedón presenta pruebas a favor de su
inmortalidad. También defiende la doctrina órfica de la metempsicosis o reencarnación.
Platón es consciente de la dificultad que tiene la razón para alcanzar estas verdades, por
eso reconoce la necesidad de las narraciones mitológicas.
Recupera intencionadamente el mito (que su maestro Sócrates había rechazado) pero le
da un nuevo uso: no quiere expresar esta vez fantasía o imaginación sino fe y creencia.
Así puede verse en los diálogos que escribe a partir de Gorgias. El mito va en ayuda del
logos para aclarar algo que el logos sólo no puede alcanzar y que el mito tampoco revela
por sí mismo. La mitología desplegada por Platón es, por tanto, la expresión razonada de
la intuición de lo trascendente.
De la amplia y fértil mitología platónica destacan dos mitos de carácter escatológico
acerca del alma:
a) Mito de Er, en la República. Donde se narra el juicio final al que son sometidas
las almas y cómo su futuro depende de su libre elección y no del destino
(Moira).
b) Mito del carro alado, en Fedro. Donde se compara el alma con un auriga que
tiene que dominar dos caballos, uno que se inclina a la bondad y otro al placer y
la concupiscencia.
En ambos es clara la influencia órfica. Y de la antropología que presuponen se deduce
rápidamente el papel que tiene la filosofía para el hombre: la filosofía es una preparación
para la muerte, es decir, una preparación para la verdadera vida.
METAFÍSICA DE ARISTÓTELES (MUY IMPORTANTE ANALIZAR LA
ANALOGÍA DEL SER). 
El planteamiento metafísico de Aristóteles nace como una alternativa a la teoría de las
Ideas de su maestro, la cual critica atendiendo a los siguientes argumentos:
a) Aristóteles advierte que Sócrates no pretendió nunca una existencia separada o
trascendente de los universales ni de las definiciones, como pretende Platón al
presentar las Ideas (Metafísica XIII, 4).
b) Sí que existen esencias, pero no como una realidad independiente de la que Platón
denomina cosas, sino que en esta misma residen las esencias.
c) Rechaza la excesiva matematización de la filosofía por parte del platonismo y
recurre a argumentos ya conocidos y presentados por el mismo Platón en contra
de la teoría de las Ideas –especialmente en torno al concepto de participación(Metafísica I, 9).
Ser. Según Aristóteles “el ser se dice de muchas maneras” (Metafísica libro IV, capítulo
I). Para explicar esto pone el ejemplo del término “sano”: sano es un estado del cuerpo,
pero también denominamos así al color del rostro, y también decimos de una medicina
que es sana o de una comida cuando conserva la salud. Todos son usos correctos de un
mismo término, pero no en todos los casos se emplea con un significado idéntico
(univocidad); tampoco se emplea con significados completamente diferentes
(equivocidad); sino que lo tomamos en un sentido análogo. Así, también se da una
analogía del ser.
El ser puede decirse como sustancia, como accidente de la sustancia, o como una
actividad de la sustancia; siempre es algo relacionado con la sustancia. Aristóteles
clasificó los posibles significados del ser en cuatro grupos fundamentales:
 El ser como categoría (Metafísica, libro V, capítulo VII, 2). Señala diez
categorías: sustancia, cualidad, cantidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo,
tener y estar.
 El ser como acto y potencia.
 El ser como accidente. Depende de otro ser y no constituye un rasgo definitorio
del mismo.
 El ser como verdadero. Es el ser característico de la mente cuando piensa las cosas
tal y como son.
Causas. Aristóteles clasifica las causas en cuatro tipos:
 Causa formal: la forma de la sustancia, que es su esencia.
 Causa material: la materia de la sustancia.
 Causa eficiente o motora: la que desencadenel cambio.
 Causa final: la que dirige el cambio hacia el fin que es propio por naturaleza.
Sustancia. De las muchas maneras que se dice el ser hay una fundamental sobre la que se
apoyan todas las demás. El principio de la analogía del ser es la sustancia. La sustancia
es, por tanto, el fundamento de toda la realidad. La sustancia es un compuesto de dos coprincipios: materia (hyle) y forma (morphé). La teoría hilemórfica de la sustancia
sostiene, por tanto, que toda la realidad se explica a través de dos co-principios que
dependen mutuamente en su existir (no puede darse el uno sin el otro).
 Materia o materia primera: es aquello que tiene en común toda realidad, es la
absoluta indeterminación (ápeiron).

Forma: es aquello que hace que algo sea lo que es y no otra cosa, es lo que
determina.
Dios o sustancia suprasensible. El movimiento o cambio es eterno y para que ello sea
posible, debe tener una causa también eterna y, además inmóvil (puesto que todo lo que
se mueve es movido, la causa de todo movimiento deberá ser inmóvil. Pone un ejemplo
de cómo lo inmóvil puede mover otra cosa: el amor atrae al amante sin sufrir cambio o
movimiento). Se trata del motor inmóvil aristotélico que deberá ser actopuro, sin ninguna
potencialidad no actualizada (porque no puede estar sometida a cambios). Esa es la
sustancia divina o suprasensible.
El acto y la potencia. La materia es potencia, en tanto que es capacidad de recibir una
forma. Así, por ejemplo, la madera es una mesa en potencia.
La forma es acto (o entelequia), en tanto que determina, concreta, la materia.
Por lo tanto, desde el punto de vista dinámico, la sustancia es un compuesto de potenciaacto (desde el punto de vista estático lo es de materia y forma). El movimiento o cambio
es el paso de la potencia al acto. Por ejemplo: el niño no-es hombre en acto, pero es en
potencia. Así justifica Aristóteles el paso del no-ser al ser: este paso es posible porque ese
no-ser es relativo. Esto no supone un desorden de realidad, ya que no se puede dar
cualquier paso del no-ser al ser (de una gallina no nace un ser humano), sólo se da el paso
de una potencia a su actualización.
Todas las cosas que poseen materia poseen potencialidad y no han alcanzado el pleno
desarrollo o realización de su ser. Sólo la sustancia divina es acto puro o pura entelequia
(pura forma, por tanto).
TEORÍA ÉTICA DE ARISTÓTELES.
Tanto la ética como la política pertenecen al grupo de saberes prácticos. Son, por tanto,
saberes normativos (establecen reglas) orientados a la realización de una vida buena por
parte de los hombres. El estudio de la conducta o del fin último (téloç) que persigue el
hombre es la ética. Dicho fin es la felicidad (eu1daimonía). La ética de Aristóteles es, por
tanto, una ética teleológica y eudemonista.
Pero, ¿qué es la felicidad?
a) Unos dicen que es el placer y el gozo (hedonismo, de h2donh’: placer). Pero para
Aristóteles una vida que se agota en el placer es más propia de animales que del
hombre.
b) Otros dicen que es el honor. Pero el honor es algo extrínseco a la persona, depende
del reconocimiento de los demás. Además, es más valioso aquello por lo que se
merece honor que el honor mismo.
c) Y otros dicen que es la riqueza. Esta es la vida más absurda para Aristóteles; es
una vida contra natura porque la riqueza nunca puede ser un fin en sí misma, sino
un medio para conseguir otras cosas.
Para Aristóteles la felicidad es el resultado de “una actividad del alma según su virtud”
(Ética Nicomáquea 1098a 16-18). Es, de este modo, del alma humana (el alma intelectiva)
de quien depende la felicidad; ahora bien, haciendo honor a su carácter realista,
Aristóteles señala que para la felicidad se requieren ciertos bienes materiales en cantidad
necesaria. En cualquier caso, su definición de felicidad nos lleva a preguntarnos qué es la
virtud.
 Virtudes éticas. El dominio del que es capaz la parte intelectiva del alma sobre la
parte sensitiva (la parte vegetativa sería autónoma) constituye las virtudes éticas.
Las virtudes se adquieren por el hábito; no son innatas ni se aprenden
contemplativamente, requieren de ejercicio, de práctica. Así, las virtudes
conforman nuestro carácter, nuestro modo de ser (precisamente ética proviene del
vocablo griego ethos, que significa modo habitual de ser). La virtud es el término
medio entre el exceso y el defecto en las pasiones, impulsos y sentimientos que
nos muestra el alma; por ejemplo, la virtud del valor es una vía media entre la
temeridad y la cobardía. Aristóteles pone especial acento en la virtud ética de la
justicia.
 Virtudes dianoéticas. Es la perfección del alma humana, no en relación al gobierno
de las pasiones, sino en cuanto tal, en sí misma. Por eso se les denomina también
virtudes intelectuales. Son fundamentalmente dos: la phrónesis o prudencia y la
sophía o sabiduría. La phrónesis es la recta deliberación, el recto juicio, acerca de
lo que es bueno y lo que es malo. La sabiduría es el conocimiento de aquellas
realidades que están por encima del hombre que se alcanza en las ciencias teórica,
y de manera especial en la metafísica. Por lo tanto, la felicidad plena para
Aristóteles se encuentra en la pura contemplación, ya que es el modo que más nos
acerca a la divinidad (recuérdese que la sustancia suprasensible es puro acto /
forma, es puro pensamiento). Ese es el fin último al que aspira el hombre.
DIOS (5.5) SANTO TOMÁS. 
En Dios esencia se identifica con existencia. Dios es la única esencia que no recibe de
otro la existencia. Y Él es el que otorga a todo ente la existencia; es la causa de la
existencia de todo. Precisamente, la contingencia de los seres finitos nos remite al Ser que
es fuente de su existencia, tal y como veremos a continuación. La cuestión que se nos
presenta entonces es: ¿es evidente que Dios existe?
Para Santo Tomás, la existencia de Dios no es una idea innata, ni es impensable la
negación de la proposición “Dios existe”; por eso se pregunta acerca de si es posible
probar su existencia, a pesar de vivir en un contexto histórico en el que la creencia en la
divinidad está plenamente asumida. Podemos encontrar dentro de nosotros signos que
apuntan a Dios: la necesidad que tenemos de Él, el argumento en contra de los escépticos
de S. Agustín que nos advierte que existe la verdad, nuestra capacidad de conocer... pero
todos ellos no constituyen de por sí una prueba de su existencia. Por todo ello, la respuesta
a la pregunta planteada será la siguiente: la proposición “Dios existe” es evidente en sí
misma, pero no para nosotros.
a) “Dios existe” es evidente en sí mismo porque sujeto y predicado son lo mismo
(esencia = existencia).
b) “Dios existe” no es evidente para nosotros porque no conocemos de manera
inmediata qué es Dios, sino que lo conocemos a partir de aquello que es evidente
para nosotros, es decir, sus efectos.
Por lo tanto, para saber si Dios existe, tendremos que partir de lo inmediato para nuestro
conocimiento: la realidad sensible.
Crítica al argumento ontológico. No todo el mundo entiende necesariamente lo mismo
por Dios. Y aún aceptando que así sea, la argumentación de S. Anselmo supone un salto
injustificado del plano lógico o ideal al plano ontológico o real. Del hecho de que Dios
signifique “aquello mayor que lo cual no cabe pensar nada” o “Ser que existe
necesariamente” no se sigue que dicho concepto deba tener necesariamente un correlato
real. San Anselmo podría responder que es absurdo hablar del “Ser que existe
necesariamente” como meramente posible; pero desde la perspectiva tomasiana, no
podemos saber a priori que en la realidad existe algo que posee tales características.
Vías para la demostración de la existencia de Dios. Existen cinco vías como pruebas de
la existencia de Dios a partir de las realidades que conocemos. ¿Cómo es posible que
podamos pasar de cosas particulares y contingentes a cierto conocimiento acerca de Dios
que es infinito y trascendente? A esta objeción se responde que, aunque a través de las
criaturas no podamos llegar a tener un conocimiento exacto de lo que es Dios debido a su
grandeza, al menos podemos tener noticia de su existencia. Dios puede ser conocido, a
través de sus obras, como aquello que trasciende a esas obras.
 1ª vía: la del movimiento. Se trata de la prueba cosmológica presente en la Física
(VIII, 1) y la Metafísica (XII, 7) de Aristóteles. Todo lo que se mueve es movido
por otro (entendiendo movimiento en sentido aristotélico) y como la sucesión de
motor-móvil no puede ser infinita, tiene que haber un motor primero inmóvil; y
en éste todos reconocen a Dios.
 2ª vía: la de la causa eficiente. Esta prueba, tomada de Aristóteles (Metafísica, II,
2) había sido expuesta por Avicena. Nada puede ser la causa de sí mismo, porque,
para serlo, tendría que haber existido antes de sí mismo. Por otra parte, en el orden
de las causas eficientes no nos podemos remontar hasta el infinito, de otro modo
no habría una causa primera y, por tanto, tampoco una causa última y causas
intermedias. Debe existir, pues, una causa eficiente primera, que es Dios.

3ª vía: la de la contingencia de los seres. Esta prueba está en Avicena y fue
desarrollada por Maimónides. Algunos seres se generan y, por tanto, tienen
posibilidad de existir, otros se corrompen, por lo que tienen posibilidad de no
existir. Es decir, que son contingentes; no tienen existencia necesaria. Si, pues,
todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo
en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto
que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues,
nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada
existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo
posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra
su necesidad en otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que en los seres
necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder
indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes. Por lo tanto,
es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su
necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. A
ese ser absolutamente necesario se le dice “Dios”.
Hasta aquí, estas tres pruebas siguen un esquema semejante. La determinación de un
motor inmóvil, una causa primera y un ser necesario se apoya en un argumento
compartido: es imposible hablar de una serie infinita. Sto. Tomás no se refiere a una serie
infinita en sentido temporal, pues para él no es racionalmente discernible si el mundo ha
sido creado desde la eternidad (mentalidad griega) o tiene un principio temporal
(mentalidad judeo-cristiana). Se refiere a una serie infinita en sentido ontológico: en este
momento actual, no puede haber una sucesión infinita de realidades relacionadas
causalmente. En cuanto a la rápida identificación que se hace de Dios con el motor
inmóvil, la causa primera y el ser necesario hay que tener en cuenta el contexto filosófico
en el que nos encontramos; era algo intuitivamente evidente.
 4ª vía: la de los grados de los seres. Esta prueba, de origen platónico (subyace la
idea de participación), está tomada de Aristóteles (Metafísica, II, 1). En las cosas
encontramos lo menos y lo más de lo verdadero, del bien y del resto de las
perfecciones: existirá también, pues, el grado máximo de tales perfecciones, y será
él la causa de los grados menores, del mismo modo que el fuego, que es el máximo
calor, es la causa de todas las cosas calientes. Ahora bien, la causa del ser, de la
bondad y de toda perfección es Dios.
 5ª vía: la del gobierno de las cosas. Las cosas naturales, privadas de inteligencia,
aparecen, sin embargo, orientadas a un fin. Y esto no podría ser si no fuesen
gobernadas por un Ser dotado de inteligencia, del mismo modo que la flecha no
puede dirigirse al blanco si no es por obra del arquero. Existe, pues, un Ser
inteligente por el que las cosas naturales están ordenadas a un fin; y este ser es
Dios. En esta prueba, que es la más auténtica y venerable de todas, la exposición
de Tomás sigue probablemente las huellas de Juan Damasceno y de Averroes.
En conclusión, Dios es el acto puro de existir. Es decir, no es una esencia cualquiera,
como el Uno o el Bien, a la que se atribuye, además, la existencia. Ni tampoco es una
determinada manera eminente de existir, como la Eternidad o la Inmutabilidad. No se
trata de identificar a Dios con alguno de sus atributos, sino de mostrar que aquello que se
llama esencia en los demás seres en Dios es el acto mismo de existir.
ÉTICA Y POLÍTICA DE SANTO TOMAS.
El hombre tiene en sí la capacidad de conocer la realidad por medio de la razón. La
autonomía de las capacidades cognoscitivas del hombre está en la base, también, de la
ética y la política del Aquinate.
El libre arbitrio es lo que hace que el hombre pueda no elegir el bien. En eso consiste el
mal, precisamente, en la carencia del bien (como ya señalaba S. Agustín). Aunque
podemos conocer lo que es bueno, podemos no elegirlo deliberadamente infringiendo las
leyes morales.
Existen tres tipos de leyes:
a) Lex aeterna: es el orden racional que establece la Providencia de Dios y que sólo
el conoce.
b) Lex naturalis: todo hombre, en virtud de su naturaleza racional, participa de la lex
aeterna por esta lex naturalis o Ley Natural. Aunque no podemos conocer los
planes de Dios en plenitud, podemos alcanzar un conocimiento de la ley natural
que deriva de ella y que prescribe por la máxima: “hay que hacer el bien y evitar
el mal”.
c) Lex humana: se trata del derecho positivo, las leyes creadas por el hombre. Es el
orden promulgado por la colectividad o por quien se haya a cargo de ésta. El
hombre necesita del Estado para organizarse pues es un animal político por
naturaleza (rdsé. Aristóteles). El fin de las leyes humanas es el Bien Común. Las
leyes humanas deberán estar ordenadas conforme a la Ley Natural.
El que todos los hombres puedan conocer la Ley Natural no significa, como hemos
indicado, que la cumplan. Por eso, la ley humana tiene también un aspecto coercitivo para
hacer posible la convivencia pacífica y para que el malvado sea re-educado y, persuadido
a través de la fuerza y el temor, acabe haciendo voluntariamente el bien. En todo caso, la
ley humana no reprime todos los vicios, sino sólo aquellos que dañan a los otros; como
tampoco obliga a todas las virtudes, sino sólo a aquellas que son necesarias para el Bien
Común.
Sólo son verdaderas leyes humanas aquellas que no contradicen la Ley Natural. La ley
que contradice la Ley Natural no es propiamente ley, sino corrupción de la ley. Esta es la
base de la distinción ya clásica entre derecho natural y derecho positivo.
No es inmoral, por tanto, desobedecer una ley positiva que contradice la Ley Natural;
aunque puede haber circunstancias que hagan menos malo obedecerla que no hacerlo. En
todo caso, para Sto. Tomás es justo rebelarse contra el Tirano, siempre y cuando tal
rebelión no genere aún más injusticia. En cuanto a los tipos de gobierno, la monarquía
sería el más apropiado y el más deplorable la Tiranía.
Aunque el hombre necesita de la sociedad y del Estado para orientarse al Bien Común, el
fin último del hombre es de naturaleza sobrenatural. La eterna felicidad no puede
alcanzarse simplemente por la ley humana o la Ley Natural; necesitamos de la guía de la
lex divina, que es la ley revelada por Dios en el Evangelio. Sólo la ley divina da plenitud
al hombre completando las lagunas e imperfecciones humanas.
Nótese la importancia que tiene la consideración de que la Ley natural es racional. Esto
significa que la fuente de la organización social y el fundamento de la autoridad en el
Estado radican en la razón, no en poderes de legitimación divina. Todos los hombres
pueden conocerla y todos están sometidos a ella. Y la ley divina no desplaza a la Ley
Natural o a la humana, sino que la complementa y perfecciona (rdsé. “la gracia no suprime
la naturaleza, sino que la perfecciona” Summa Theologiae, I, q.1, a.8, ad 2).
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