Oficina Internacional del Trabajo
Oficina del Director General
DISCURSOS 2012
Alocución de Juan Somavia
Director General de la OIT
en la celebración del
Día Internacional de la Mujer
Sede de la OIT, Ginebra
8 de marzo de 2012
Distinguidos panelistas,
Señora Ministra Esther Byer Suckoo [Ministra de Empleo y
Seguridad Social de Barbados]
Sra. Sue Longley [Coordinadora para Agricultura, UITA],
Sra. Zodwa F. Mabuza [Directora ejecutiva de la Federación de
Empleadores y de la Cámara de Comercio de Swazilandia],
Invitados, colegas, amigos:
Bienvenidos a la OIT. Gracias a todos por estar hoy aquí con nosotros.
Doy las gracias a Jane Hodges por su excelente introducción, que contribuirá de manera
importante a orientar nuestro debate.
Estamos reunidos en el Día Internacional de la Mujer para celebrar a todas las mujeres y a todos
los hombres de gran valor que en el mundo entero se han esforzado por promover la igualdad de
género y el empoderamiento de las mujeres.
Y debo decir que me siento inspirado por la presencia del gran número de jóvenes que se
encuentran hoy en la sala. La igualdad de género se logrará gracias al esfuerzo colectivo de
hombres y mujeres. Así que permítanme lanzar un desafío a los jóvenes de ambos sexos que se
encuentran hoy con nosotros: les insto a que se comprometan a cumplir con la labor que les
corresponde a fin de que la igualdad de género se convierta en realidad para su generación.
Hoy expresamos reconocimiento en particular a la contribución de las mujeres rurales de todo el
mundo.
Ellas son la columna vertebral, el centro neurálgico de sus familias, comunidades y sociedades, y
su contribución a las economías de sus países, así como también a la economía mundial, es
inmensa, y muy probablemente incide en todo cuanto consumimos.
Y esto es así pese a las muchas limitaciones que generalmente agravan su situación. La
desigualdad de acceso a los recursos, la discriminación persistente y las normas de género
predominantes empeoran las condiciones especialmente difíciles del sector rural.
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Las mujeres cumplen múltiples funciones, como trabajadoras o empresarias, pero también asumen
la responsabilidad del cuidado de los niños y de los ancianos.
El empoderamiento de las mujeres es la vía hacia la plena utilización del potencial humano y de la
capacidad productiva del sector rural.
Hoy, ciertos principios fundamentales son claros.
El desarrollo sostenible no puede basarse en la premisa de la desigualdad de género.
No habrá justicia social sin igualdad de género.
Y, la igualdad de género es el eje del trabajo decente.
Nuestros panelistas nos aportarán muchas reflexiones sobre estos temas desde distintas
perspectivas, y espero con interés tomar conocimiento de sus intervenciones.
Queridos amigos:
Esta oportunidad también es muy importante, emocionante, más aún conmovedora para mí porque
es la última ocasión en que me dirijo a ustedes en el Día Internacional de la Mujer en calidad de
Director General de la OIT. Como algunos de ustedes lo saben, entregaré el cargo a quien me
suceda a finales de septiembre de este año.
Teniendo esto presente, quisiera hacer una amplia reseña de las cuestiones relativas a la igualdad
de género y de la labor que hemos llevado a cabo en la OIT.
Trece años atrás, en marzo de 1999, más precisamente cuatro días después de haber asumido mi
cargo, el 8 de marzo, pronuncié mi primer discurso como Director General en esta misma sala del
Consejo de Administración con ocasión de un evento especial que organicé para celebrar el Día
Internacional de la Mujer.
Ese evento representaba mi profunda convicción y mis planes para el futuro.
Asumí entonces el compromiso de dar a las cuestiones de género «un lugar central en el programa
de la OIT», lo que comprendía la incorporación de la perspectiva del género y del desarrollo en los
objetivos estratégicos de la OIT, y, por consiguiente, la integración de la igualdad de género en
todas las áreas de trabajo de la OIT.
Mi prioridad consistió en acelerar el ritmo de la incorporación de las cuestiones de género y
fortalecer el compromiso de nuestra Institución a este respecto.
Tenía la profunda convicción de que, en su calidad de Organización dedicada a la justicia social y
al bienestar de todos los trabajadores, la OIT tenía que dar el ejemplo.
A mi juicio, no podríamos considerar que nuestra labor era satisfactoria sino cuando
consiguiéramos que la OIT se contara entre las organizaciones más progresistas en el ámbito de la
igualdad de género.
Esto es lo que dije exactamente trece años atrás en la misma sala.
¿Qué ha ocurrido desde entonces?
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En el plano de nuestra gestión interna, si tomábamos en serio la cuestión de la igualdad de género,
debíamos empezar por cambiar las cosas en la propia Oficina.
En 1999, se creó la Oficina para la Igualdad de Género y, en 2000, ésta se constituyó formalmente
como punto focal, es decir como centro para promover las cuestiones de género de manera
transversal entre los cuatro objetivos estratégicos del trabajo decente. Posteriormente, se
designaron puntos focales en todas las regiones y en todos los sectores sustantivos.
Al mismo tiempo, formulamos una la política sobre igualdad de género e incorporación de la
perspectiva de género en la OIT, con sus correspondientes planes de acción. Los elementos clave
de las actividades que se llevaron a cabo son los siguientes:
En primer lugar, la adopción en toda la Oficina de nuevas disposiciones y metas en materia de
dotación de personal.
En ese plano, nos concentramos en dos áreas: los jóvenes y el «techo de cristal».
Me complace comunicarles que, hoy, gracias al firme compromiso asumido en toda la Oficina,
hemos conseguido las siguientes mejoras:

La igualdad de género ya es una realidad entre los miembros del personal de la categoría
de servicios orgánicos menores de 45 años, donde el 52 por ciento son mujeres. Esta es
una base sólida para lograr la paridad en el futuro.

Se ha destruido el techo de cristal que impedía que las mujeres accedieran a puestos en los
grados superiores. La proporción de Directoras Ejecutivas, Directoras Regionales y
Directoras pasó del 18 al 44 por ciento entre 1999 y 2011. De los cinco directores
regionales actuales, cuatro son mujeres.

El porcentaje total de mujeres en la categoría de servicios orgánicos es hoy de 43 por
ciento.
Este es un logro colectivo.
Hemos demostrado así que, con convicción, voluntad y liderazgo colectivo se puede progresar.
En segundo lugar, hemos innovado al introducir en 2001 las auditorías internas de género
participativas en la Organización. Se han auditado treinta y cuatro unidades desde entonces. Esta
iniciativa ha sido esencial para promover el aprendizaje a nivel institucional sobre la integración
de la perspectiva de género en las políticas, los programas y las estructuras de la Oficina. Este
mecanismo se ha convertido en una herramienta de referencia en materia de rendición de cuentas
ampliamente utilizada en el sistema de las Naciones Unidas y en muchos países. Posteriormente,
iniciamos la formación del personal nacional e internacional con miras a su aplicación. Hace poco
tuvo lugar en Turín el primer curso académico de formación en materia de género realizado en el
sistema de las Naciones Unidas.
En tercer lugar, hemos alcanzado progresos en el área normativa.
Desde 2000, aumentó la ratificación de dos convenios fundamentales sobre igualdad de género: el
Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100), y el Convenio sobre la
discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111), con la ratificación de 29 y 26 países
respectivamente. De hecho, el Convenio núm. 100 se aplica ahora a casi el 95 por ciento de la
población mundial.
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En 2011, se adoptó el innovador Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos,
2011 (núm. 189), junto con la Recomendación que lo acompaña. Este es un avance de enorme
significado, ya que marca la entrada del sistema normativo de la OIT en la economía informal y
abre las puertas que mantenían a ese sector del mundo del trabajo y a esos trabajadores al margen
de la atención pública.
El simple hecho de reconocer que el trabajo doméstico es una forma de trabajo constituye un paso
importante hacia la igualdad de género, ya que entre el 90 y el 92 por ciento de los trabajadores
domésticos son mujeres y niñas. Representa asimismo el reconocimiento de la crucial importancia
de la contribución económica y social que aportan las actividades de suministro de servicios y
cuidados a las personas.
El Convenio núm. 189 permite afirmar la identidad y dignidad de los trabajadores domésticos —
situación que se asemeja a la de los pueblos indígenas y tribales cuando se adoptó el Convenio
núm. 169.
Por otra parte, ahora estamos elaborando un instrumento sobre los pisos de protección social que
se examinará este año en la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo y cuyo objetivo es
garantizar la seguridad del ingreso básico y el acceso universal a servicios sociales esenciales
asequibles. Se trata de un instrumento de protección de alcance global. Y lo que es igualmente
importante, será un instrumento de empoderamiento. Su aplicación tendrá consecuencias
importantes para las mujeres que viven en situación de pobreza.
En cuarto lugar, no hemos cejado en nuestro compromiso de dar a la igualdad de género — como
parte del Programa de Trabajo Decente — un lugar central en los programas mundiales, regionales
y nacionales. Por ser éste un tema transversal, la coherencia de las políticas es indispensable.
Hemos logrado en buena medida asegurar la coordinación y coherencia en el plano de los países.
La igualdad de género está ahora bien integrada en los Programas de Trabajo Decente por País.
En el contexto de las Naciones Unidas, hemos contribuido activamente a impulsar su acción y sus
políticas, por ejemplo, en fecha reciente, en lo que atañe a la política para todo el sistema de las
Naciones Unidas sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres. Y el año pasado,
Michelle Bachelet, Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres, y quien les habla firmamos un acuerdo
para avanzar juntos sobre todas las cuestiones relativas a la igualdad de género en el marco del
Programa de Trabajo Decente.
En quinto lugar, hemos impulsado continuamente el diálogo social como herramienta
fundamental para avanzar en materia de igualdad de género. En América Latina se han creado
varias comisiones tripartitas para la igualdad de oportunidades de las mujeres en el empleo.
Existen otros ejemplos en la India y en el territorio palestino ocupado.
Por último, en relación con la formulación de la política global, la igualdad de género se inscribe
en los marcos de política estratégica y en los resultados del Programa. En 2009, la Conferencia
Internacional del Trabajo acordó nuevas formas de considerar «la igualdad de género como eje del
trabajo decente», lo que dio lugar a la adopción de conclusiones que orientarán a la OIT y sus
mandantes en el próximo decenio.
Antes de esta discusión, habíamos emprendido una campaña de alcance mundial sobre igualdad de
género en el mundo del trabajo en la que se pusieron de manifiesto los puntos de conexión
concretos entre la igualdad de género y la consecución de condiciones de trabajo decente para
todas las personas.
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Perspectivas para el futuro
Pero ésta es una tarea que queda pendiente. La igualdad de género forma parte de nuestro sistema
de valores. Debe ser un factor de decisión en todos los niveles. Debemos disponer de los
conocimientos necesarios.
Y debemos ser perseverantes.
Quisiera presentarles un ejemplo de desafío que se nos plantea en el plano internacional. Hemos
instado sistemáticamente a los gobiernos, los empleadores y los trabajadores a que incluyan a más
mujeres en sus delegaciones a las reuniones de la Conferencia Internacional del Trabajo. En 1997,
la participación de las mujeres alcanzó un escaso 15,2 por ciento. En 2011, las mujeres delegadas
representaron el 27,8 por ciento del número total de delegados registrados, de modo que su
participación prácticamente se multiplicó por dos. Pero el objetivo debería ser alcanzar al menos el
40 por ciento. En 2011, sólo 22 delegaciones gubernamentales a la Conferencia Internacional del
Trabajo alcanzaron la paridad. Los gobiernos, los empleadores y los trabajadores deben encontrar
una manera de emular lo que hemos hecho en la Oficina.
No podemos cejar en nuestro empeño en seguir avanzando hacia una mayor paridad de género y,
por último, hacia una participación igualitaria de las mujeres en las reuniones de la Conferencia.
Lo mismo debe aplicarse a todas las reuniones y los eventos que organizamos.
La lucha por la igualdad de género es una lucha ardua; la vida que llevan las mujeres en las zonas
rurales no lo es menos.
Es indispensable no bajar la guardia a fin de preservar los logros duramente conseguidos y tener
coraje para llevar adelante nuestra lucha.
Permítanme aprovechar esta oportunidad para agradecer a los colegas de la OIT que han
impulsado nuestra acción. Mi propio compromiso no sería nada sin su entrega y su movilización.
Quisiera referirme a la Oficina para la Igualdad de Género, una unidad pequeña con grandes
responsabilidades: motivar, innovar y persuadir. Esta Oficina también tiene la tarea de demostrar
que la búsqueda de la igualdad de género no es optativa, sino que está arraigada en nuestra
Institución.
Vaya mi agradecimiento a las Directoras que desde un comienzo han estado a cargo de la Oficina
para la Igualdad de Género: Jane Zhang, Linda Wirth, Evy Messell y ahora Jane Hodges.
Ellas y sus equipos han trabajado con dedicación y convicción, y con una energía y
entusiasmo admirables, con el fin de velar por que la igualdad de género siga siendo un objetivo
vigente y evitar que la Organización adopte una actitud complaciente. Y, además, con el fin de que
sigamos progresando.
También debo agradecer a la red de especialistas de género y a los puntos focales de la Oficina, los
colegas mujeres y hombres que, en las oficinas exteriores y en la sede, han sido actores clave del
proceso de incorporación de la perspectiva de género en las actividades de la Oficina.
Por último, este proceso de incorporación depende de todos los colegas de los sectores y regiones
que han hecho suyo el mensaje y que trabajan para hacer realidad e impulsar nuestro esfuerzo por
alcanzar nuestros objetivos relativos a la igualdad de género.
A todos ellos doy las gracias.
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Queridos amigos:
Nuestro esfuerzo colectivo por afianzar la igualdad de género sirve un objetivo superior — la
defensa del valor y la dignidad del trabajo y del ser humano.
Esta es la fuerza impulsora de la acción destinada a empoderar a las mujeres del sector de la
economía rural.
Por consiguiente los animo a:

guiarse por los convenios de la OIT sobre igualdad y por todos los instrumentos
normativos pertinentes;

actuar en favor del establecimiento de pisos de protección social que protejan y
empoderen a las mujeres;

mejorar el acceso de todas las mujeres a las oportunidades económicas; y

apoyar la capacidad empresarial de las mujeres a fin de que éstas puedan iniciar,
formalizar y hacer crecer empresas, inclusive a través del modelo de la empresa
cooperativa.
En vísperas de la Cumbre Río+20, en un momento en el que reflexionamos sobre cómo será el
mundo posterior a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debemos centrarnos en el hecho de que
no hay desarrollo sostenible sin igualdad de género. Este debe ser nuestro mantra. Es la condición
para una nueva era de justicia social.
Y, sobre todo, a medida que continuamos nuestra misión juntos, les ruego que recuerden:

que la organización hace la fuerza, la voz y el empoderamiento;

que la libertad de asociación es la base de una organización eficaz; y

que hay que organizarse, organizarse, y organizarse. Esa es la esencia de la lucha. Gracias
a la organización, el movimiento de las mujeres, en su diversidad mundial, ha convertido
su voz reivindicativa en una fuerza extraordinaria para el cambio.
Mi convicción de que la lucha y la organización son los impulsores del cambio nace en mi propio
compromiso en la lucha contra la dictadura en mi país. Esto también vale para la igualdad de
género.
Para finalizar, me vuelvo hacia los jóvenes presentes hoy aquí para reiterarles mi esperanza de que
tomen parte en esa lucha, que la lleven adelante y que vean la igualdad de género convertirse en
realidad en el curso de su vida.
Gracias.
***
Texto original en inglés.
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