El juego de sombras fascista de Berlusconi www.sinpermiso.info
La Segunda República y el proto-fascismo de Berlusconi
Dino Greco
La ha montado de nuevo, de nuevo ha abierto descaradamente su negro corazón para
absolver a ese buen hombre que fue Mussolini y sus obras: Berlusconi ha provocado
indignación, vergüenza, consternación y rechazo - y así sucesivamente y así otra vez - en casi
todos los principales actores y comentaristas de la política nacional. Superándose, el Caimán
ha vomitado sus indecentes palabras en el "Día de la Memoria", delante de la "vía 21" de la
estación central de Milán, de la que salieron los vagones sellados hacia el matadero de
Auschwitz.
Así que por un día, tal vez por dos, el tema del Holocausto, asquerosamente manejado por el
líder indiscutible e idolatrados de todo el PDL, estará de actualidad. Pero - no nos engañemos
– se olvidará pronto, reabsorbido en el discurso político "normal" de este extraño país de
memoria tan corta.
Lo más fácil parece ser liquidar las sentencias pronunciadas por Berlusconi calificándolas de
"delirio revisionista". Y sin duda lo son. Pero, en retrospectiva, ninguna de las cosas que dijo
son una novedad.
Que Mussolini nunca mató a nadie y que el campo de concentración donde fueron
encarcelados los antifascistas era un complejo veraniego, que el Duce hizo cosas buenas, que
Italia no tiene la misma responsabilidad que Alemania y que se alió con ella para evitar chocar
frontalmente con el país que parecía destinado a convertirse en el futuro dueño de Europa:
todas estas diatribas aberrantes, entre pulsiones nostálgicas y negacionismo estilo Casa
Pound, ya las habíamos escuchado. Excepto una. Aquella con la que Berlusconi ha intentado,
como es su costumbre, distanciarse de sí mismo. "Mi historia entera, pasado y presente – ha
dicho - documentan mi condena de la dictadura fascista".
Bueno, tal vez es precisamente esto lo que merece una reflexión. Porque es toda la historia de
Berlusconi, el pasado y el presente, la que es un hilo negro, muy oscuro, que une su "descenso
al campo", su ascenso al poder y el nacimiento de la llamada Segunda República, marcada,
desde el mismo momento de su creación, por la recuperación no solo de un fascismo purificado
en las aguas del Fiuggi, sino también de todas sus variantes más extremas y filo nazis, de
todos sus arroyos y de todas sus franjas. El fascismo se restableció con plena legitimidad en la
vida institucional del país.
Pero no se trata sólo de una cercanía peligrosa, blandida con oportunismo por Berlusconi para
ampliar su base de apoyo electoral. De hecho, hay un fascismo sustancial, que Berlusconi ha
cultivado personalmente como consustancial a sus convicciones más profundas, alimentado
por sus amistades personales y sus más cercanos socios políticos: basta pensar en esa
mezcla de populismo xenófobo y secesionista regidos monárquicamente que ha sido y sigue
siendo la Liga Norte, basta pensar en esos actos concretos del gobierno, coherentemente
dirigidos a debilitar el Parlamento (¿hay que recordar su impaciencia ante la libre dinámica
democrática, por los obstáculos que causa a la labor de los poderes ejecutivo y la propuesta de
reducirla al mero voto de los líderes de los grupos parlamentarios?), si, basta pensar, de
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nuevo, en el ataque compulsivo contra todo el sistema constitucional y, en primer lugar, contra
el derecho laboral.
El control y secuestro de gran parte de la prensa y de casi todos los canales de televisión, el
uso sin prejuicios de la ley ad personam, ¿no representan una evolución hacia una forma de
dominio integral de la vida política, en algunos aspectos todavía sin determinar, pero
básicamente totalitaria?
Y el mismo origen inquietante del patrimonio económico del Caudillo, la base material sobre la
que ha construido su reino, el intercambio de favores inconfesables y la inextricable maraña
subterránea con la que construyó su sistema de poder, ¿no son la representación plástica de
un país cuya democracia ya ha colapsado y se encuentra en un riesgo irreversible de
ensimismamiento?
Ahora bien, el hecho es que toda la parábola infeliz de nuestra vida pública, y la degeneración
extrema del sistema de partidos a la que ha llegado, no encontró ninguna oposición seria en lo
que ya no era, desde hace algún tiempo, el "arco constitucional "que dio origen al compromiso
de la Resistencia. El hecho es que el núcleo duro de la política de la que ha sido responsable el
centro-derecha durante su larga ocupación del poder se ha incubado largamente y que la
derrota de la izquierda en esos años ha sido sobre todo una rendición, primero en el plano
cultural y después en el político.
Esta rendición, la pérdida de la visión y la autonomía de la izquierda, ha sido la que ha
permitido a Monti suceder a Berlusconi para llevarlo hasta sus últimas consecuencias - bajo los
auspicios del BCE y con el consentimiento del Partido Demócrata - y archivar definitivamente la
Constitución e instaurar una dominación de clase que se ejerce con desenvoltura mediante
alianzas homologables.
Esto explica por qué, hace unos días, Mario Monti ha dicho que la alianza de su Centro con el
PDL no se puede de ninguna manera considerar una blasfemia, siempre que se quite del medio
(principalmente por razones estéticas) esa reliquia feudal que es Berlusconi . No se trata de
una boutade de la campaña electoral y debe ser tomada en serio. El populismo reaccionario es
una variante de la dictadura del capitalismo financiero, que aunque tenga sus propios intereses,
juega en el mismo campo.
La paradoja es que el Partido Demócrata, durante todo un año báculo leal de Monti, socio fiel
de la demencial política neoliberal que a menudo ha reivindicado y exaltado, ahora se sienta
traicionado por el hombre de la Trilateral. Quién, como es comprensible, ambiciona perseguir
una estrategia que le ha valido el apoyo entusiasta del Partido Demócrata, que, por su parte,
había invertido todo su capital político no en la crítica del liberalismo, sino en el antiberlusconismo. Al Partido Demócrata no le cabe que protestar, gritar y exigir (en vano) a Monti
que honre el pacto en el que se había inmolado tan generosamente. Pero la política, a pesar de
a veces parece avanzar en zig-zag, tiene su lógico y su propia geometría.
Si los demócratas han abrazado hasta ahora la línea dictada por la Unión Europea, hasta el
punto de descartar - hace apenas un año – el recurso a las urnas, que probablemente le
hubieran dado la victoria, ¿por qué deberían renegar de una orientación de la que eran el
intérprete más servil y montar ahora un escándalo? Y ¿en que discontinuidad política puede
apoyarse su propuesta electoral cuando el Partido Demócrata en la última parte de la
legislatura lo aprobó literalmente todo, la liquidación del artículo 18 y la abolición de las
pensiones de ancianidad, la reforma que acabó con las redes de protección social y la
introducción del IMU, hasta la constitucionalización del equilibrio fiscal presupuestario? Ahora
también guarda silencio sobre el Gran Timonel, el inquilino del Quirinal, ese Giorgio Napolitano
que ha sido el inventor y mentor de Monti.
Hoy, con la única excepción de la Revolución civil, toda la confrontación política, al abrigo de
nieblas, diversiones, de las trifulcas mediáticas en las que es difícil discernir el objetivo, tiene
lugar en un estrecho recinto programático. Porque los candidatos que se enfrentan, Monti y
Bersani, proponen, en definitiva, políticas cuyas diferencias se reducen a pequeñas
"variaciones sobre el mismo tema", inscritas en un mismo proyecto social.
Porque ni el uno ni el otro pueden deshacerse para siempre del Caimán, que siempre
encontrará en la desertificación de la democracia y en los pastos verdes de los poderes
fácticos donde abrevar.
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Dino Greco, sindicalista, escritor y periodista italiano, ha sido presidente de la Cámara del Trabajo de Brescia y
actualmente es director del periódico Liberazione, editado por el Partito Della Rifondazione Comunista.
Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster
http://www.liberazione.it/news-file/La-Seconda-repubblica-e-il-proto-fascismo-di-Berlusconi.htm
Mercadotecnia de un payaso
Filippo Ceccarelli
Lo invocó cerca de un año atrás Daniela Santanché [1]: "¡Que vuelva el Apestoso!". Helo, o
más bien, helos aquí: Apestoso 1 y Apestoso 2. Y una vez más, como de costumbre, de nuevo,
la duda en torno al juicio histórico de Berlusconi sobre el fascismo se replantea siempre igual a
si misma: ¿lo es o se lo hace?
Y la respuesta, necesariamente incompleta, descarta el consabido dilema y dice: cuidado con
escandalizarse, cuidado con indignarse, especialmente en campaña electoral, cuidado sobre
todo con encadenar al Cavaliere a un esquema ideológico. Quien ha pasado dos décadas
estudiando el personaje cree haber aprendido que Berlusconi, entre una cabezada y otra,
persigue una única meta, quizás aun más terrible que todo lo que bufa por un micrófono: ser y
decirlo todo y su contrario, encerrar dentro de sí todas las contradicciones para allanarlas en el
eterno retorno de su mando.
¿Demasiado complicado este "indiferentismo funcional"? Bien, entonces téngase en cuenta
que el hombre que ayer salvó al régimen mussoliniano era el mismo que el 25 de abril de 2009
dio un mitin con una pañoleta partisana al cuello. Y el que con frecuencia y gustosamente se
detiene a contar las heroicas gestas de Mamma Rosa [2] contra los nazis y el mismo que
entretiene a su público con historietas sobre los judíos y el Holocausto.
Y puesto que la regularidad es un don de la crónica, toca recordar asimismo que también la
Jornada de la Memoria de hace cuatro años se alegró con los ecos de uno de estos simpáticos
chistecitos. Nada menos que tres ya muy raídos comprende el repertorio berlusconiano,
censado por Simone Barillari en Il re che ride (Marsilio, 2010), donde también es posible
enterarse de que "con inamovible candor" él es capaz incluso de explicar que se los enseñó el
embajador de Israel…y las risas de la platea indican desafortunadamente la verdadera
desgracia, o si se quiere la confirma que el pliegue bufonesco sea más fuerte que cualquier
afrenta a la memoria.
Luego, sí, cierto, Berlusconi pone de su parte. La historia, claramente, no le interesa como no
sea para lanzar mensajes de marketing selvático: breve duración, efecto garantizado e impacto
seguro. Y tampoco se ha preocupado jamás de los despropósitos que van surgiendo mientras
tanto. El más feliz fue cuando en televisión, con Bertinotti, dijo que le gustaría conocer al papá
de los hermanos Cervi [3]. El más torvo, cuando para batir el récord de las maravillas del
anticomunismo, explicó que los chinos no sólo mataban niños como abono para los campos
(sólo que la embajada de Pekín expresó su contrariedad y la amenaza de represalias
económicas impidió una réplica).
Bastante simpática en su género fue también la pasión que de golpe nació en Berlusconi por
don Sturzo [4], con tanto de placa memorial colocada en via dell'Umiltà: "Nos sentimos
continuadores...". Hubo quien tuvo entonces la satisfacción de suponer que el magnate de la
televisión había confundido a don Sturzo con don Lurio [5], y al cual respondió él, molesto, que
había estudiado durante mucho tiempo las obras del fundador del Partito Populare italiano,
desafiando incluso una vez a Francesco Merlo a una especie de concurso de preguntas y
respuestas sobre el sacerdote de Caltagirone [localidad natal en Sicilia de Don Sturzo].
Con Mussolini el discurso es más complicado, quizás porque el asunto tiene que ver con el
demonio de la identificación y la patología del poder. En su libro L'ombra lunga di Napoleone
(Marsilio, 2007), el historiador Alessandro Campi articula bien los puntos de contactos entre los
dos figuras – fuerza visionaria, afán de autoafirmación, talento comunicativo, megalomanía,
impudicia, mentira como sello del mando - y el juego de espejos psicológico que está
probablemente en la base de la reincidencia.
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Es un hecho que en el verano de 2003 Berlusconi recibió en Villa La Certosa [en Cerdeña] al
futuro alcalde conservador de Londres, Boris Johnson, y al historiador anarco-conservador
Nicholas Farrell, del Spectator [semanario conservador británico], y les confió algunas
valoraciones verdaderamente muy simplistas sobre la afabilidad del fascismo de Mussolini "que
nunca mató a nadie y mandaba a la gente de vacaciones al confinamiento".
Desdén y consternación acogieron esta salida, con visitas a las tumbas de Matteotti y de otros
mártires, y hasta Confalonieri [6] dijo que Silvio habría hecho mejor quedándose callado. El
pobre Bonaiuti [7], de vacaciones africanas, intentó responder que eran "bromas paradójicas".
Pero en el gran teatro de Zelig puesto en escena por el Cavaliere no se dejó de replicar con el
argumento de que aquel día habían bebido los tres un poco de champán y estaban algo
achispados…y a nada llevó la indignada réplica británica según la cual se trataba de té con
limón.
Más tarde llegaron los verdaderos diarios falsos de Mussolini escritos en los años 50 por las
vivaces Panvini [8], mamá e hija, y adquiridos por Dell'Utri [9] con la aportación de Lele Mora
[10] . A Berlusconi, poeta de la manipulación, le agradaron mucho, tanto que los citó incluso en
la OCSE. Una vez de vuelta, efectivamente, el Apestoso golpea de nuevo.
Notas del t.:
[1] Daniela Santanché (1961), polémica empresaria y política, fue miembro de Alleanza
Nazionale y La Destra y milita ahora en el Movimiento per L´Italia, dentro del PdL
berlusconiano.
[2] Mamma Rosa es Rosa Berlusconi, la madre del Cavaliere, quien, en una entrevista en Il
Giornale [el diario berlusconiano por excelencia] del 26 de enero de 1995, contaba un episodio
de la guerra en el que, estando embarazada y de viaje en un tren, se había enfrentado a un
soldado alemán.
[3] Los siete hermanos Cervi, Gelindo, Antenore, Aldo, Ferdinando, Agostino, Ovidio, Ettore,
antifascistas activos en la lucha partisana, capturados y fusilados en una acción de represalia
por los fascistas el 28 de diciembre de 1943 en Reggio Emilia. El padre, Alcide Cervi, custodio
de la memoria familiar, murió en 1970.
[4] Don Sturzo (1871-1959), o sea, Luigi Sturzo, sacerdote fundador en 1919 del Partito
Popolare, antecedente de la Democrazia Cristiana, figura señera del catolicismo político italiano
y exiliado del fascismo.
[5] Don Lurio, Donald Benjamin Lurio (1929-2003), fue un bailarín y coreógrafo italoamericano
nacido en Nueva York y formado en Broadway, que se hizo popularísimo como artista y
presentador de programas de variedades de la televisión italiana desde los años 60.
[6] Fedele Confalonieri (1937), presidente de Mediaset y uno de los secuaces más antiguos de
Berlusconi desde que ambos actuaban en cruceros como músicos de pianobar.
[7] Paolo Bonaiuti (1940), miembro del PdL. Fue portavoz y subsecretario de varios de los
gobiernos de Berlusconi.
[8] Los falsos diarios de Mussolini, que hicieron aparecer Rosa e Amalia Panvini en 1957,
fueron autentificados y descartados varias veces hasta el descrédito total, lo que no impidió
que los comprara Marcello Dell´Utri en 2007.
[9] Marcello Dell´Utri (1941), estrecho colaborador de Berlusconi desde los años 70, socio suyo
en Publitalia y directivo de Fininvest, fundó con él Forza Italia en 1993, antes de ser condenado
por asociación mafiosa.
[10] Lele Mora (1955), figura farsesca del circo berlusconiano, director de salones de
peluquería, representante de artistas y deportistas, y empresario condenado por drogas,
evasión fiscal y quiebra fraudulenta.
Filippo Ceccarelli es periodista parlamentario del diario italiano La Repubblica.
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Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
La Repubblica, 28 de enero de 2013
Berlusconi y Mussolini: he aquí a la derecha italiana
Ezio Mauro
En su RepubblicaTV, dentro de su página digital, el diario italiano La Repubblica incluye
a diario una suerte de encuentro del Comité de Redacción que se inicia con un
comentario de su director, el sabio y atinado Ezio Mauro. Transcribimos y reproducimos
lo dicho por él a propósito de las nuevas glosas exculpatorias de Mussolini en boca de
Silvio Berlusconi
Así que Mussolini, ¿no?, el actor que faltaba en la campaña electoral…Ha cambiado el siglo,
estamos en 2013, y hay un hombre de Estado, que ha sido cuatro veces presidente del
Consejo [primer ministro], que ha representado a la República Italiana en las cumbres en el
exterior, que ha dirigido el gobierno del país, que ha sido jefe del partido de la mayoría relativa,
que siente necesidad de revisitar la Historia contra el sentido común democrático de los
italianos emitiendo este juicio.
Este juicio no es un chiste, como hay diarios que se apresuran hoy a minusvalorar, periódicos
que funcionan, según su costumbre en el ventenio [1] berlusconiano, como anestésico de la
opinión pública. Se le quita importancia al chiste, a la intemperancia, a una expresión más
propia del bar, aparte del hecho que debería hacer reflexionar sobre un hombre político que en
el Día de la Memoria se lanza a bromitas de barra del bar sobre cuestiones de este tipo.
Pero no es así. Lo relevante, la razón por la que hablamos de ello, la razón por la que vale la
pena hablar de ello es justamente lo contrario del chiste: no es una metedura de pata, es un
sentimiento político y cultural profundo de un partido que ha llegado a pedir que el 25 de abril
deje de ser fiesta cívica en el país, que sea substituida por una fiesta contra todas las
dictaduras.
Ahora bien, es fácil comprender que estamos perfectamente de acuerdo en que se establezca
en el calendario cívico de la República una fecha que sirva de testimonio contra todas las
dictaduras. Pero para ello disponemos de 365 días sin que tenga que tocarse el 25 de abril,
que celebra una fecha cardinal en la historia de nuestro país, a saber, el fin de una dictadura, y
la oposición al nazifascismo que ha habido en nuestro país. Oposición, poca o mucha, sin
embargo suficiente para dar una fuente de legitimidad democrática reconquistada a nuestra
democracia y a nuestras instituciones.
Hay detrás, por el contrario, un verdadero sentimiento, un sentimiento de hablar a la zona gris
de los italianos, no tanto al fascismo residual que es absolutamente minoritario, sino de dirigirse
en cambio a una zona gris de italianos con el fin de confundirlos en el juicio histórico.
Esta es la raíz de la derecha italiana y su irreductibilidad respecto a los que es el moderantismo
que tanto se invoca a menudo, y por otro lado, respecto a la cultura de los movimientos
conservadores tradicionales de Occidente, que son algo diferente.
En Francia, la derecha de Giscard, la derecha de Chirac se ha separado netamente de Le Pen,
ha sabido separarse de Le Pen, haciendo incluso sacrificios políticos y a veces convergiendo
con candidatos socialistas en las elecciones locales con tal de no dejar espacio al fascismo.
Aquí se ha llegado a lo contrario, sale a relucir el alma anómala de la derecha italiana respecto
a las derechas europeas, en las que no se ha practicado la pedagogía liberal, -pseudoliberal,
que se definía de algún modo como tal-, que por el contrario se ha ejercitado, continúa
ejercitándose aún cuando se trata de excomunistas italianos, y que intentaba hacerles
reflexionar, emitir juicios, - que han llegado seguramente con retraso, lo hemos dicho varias
veces, que sin embargo han terminado por darse- de separación de la experiencia histórica
comunista.
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Mientras que, por el contrario, hay una actitud estrábica completamente diferente cuando se
trata del fascismo y respecto a la derecha berlusconiana. Tanto más cuando su fundador,
Berlusconi, tenía el deber cultural y moral de hacer nacer una derecha que supiera separarse
de la raíz del fascismo italiano, y esto podía lograrse sólo con un juicio político nítido, definido,
seguro, de modo que lo que nacía en ese momento, naciera apoyándose en ese juicio. Cosa
que paradójicamente ha conseguido Fini [2], que en esa historia era quien venía de aquella
tradición, y que en cambio no ha hecho Berlusconi.
No basta un cálculo electoral para explicar todo esto, no bastan las bromas, que son en cambio
una manera de minimizar la gravedad de lo que ha sucedido y más justamente el fundamento
de la cultura de la derecha italiana, que muestra su anomalía respecto a Europa.
Vale para Berlusconi lo que ha dicho Bobbio en términos generales: las equiparaciones que
durante tantos años se han hecho después del revisionismo [histórico] entre antifascismo y
anticomunismo han llevado a una equiparación tremenda, que es la de fascismo y
antifascismo.
Notas del t.:
[1] No hay que excluir ironía en este comentario, pues “ventenio” es el término que suele
utilizarse para referirse al periodo del régimen mussoliniano.
[2] Recuérdese que los orígenes políticos de Gianfranco Fini se encuentran en el neofascista
Movimento Sociale Italiano, reconvertido después en Alleanza Nazionale. Fini ha sido lo
bastante inteligente como para aceptar explícitamente, por ejemplo, el consenso antifascista de
la política republicana italiana, rendir público tributo a Gramsci y abominar de los crímenes del
nazismo
Ezio Mauro es director del diario italiano La Repubblica.
La Repubblica, 28 de enero de 2013
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