Opinión

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ARTÍCULO // DISCO DURO
ESTE oficio es una actividad de riesgo. Cuando no te confunden tus jefes
contando hoy lo contrario de ayer, siempre queda el peligro de un blindado
o de tener que aguantar el aliento de la bestia.
MATAR AL MENSAJERO
JOAN BARRIL
Este fin de semana no ha sido especialmente glorioso para este oficio de
contar e interpretar las cosas. Empezamos el viernes con el mazazo de la
Audiencia Nacional considerando que la muerte del cámara de Tele 5 no
podía ser entendido como un asesinato a sangre fría, sino como un acto de
guerra. Por lo visto sus señorías entienden la guerra como un acto
unilateral. Entre un tanque y una cámara de televisión, la razón defensiva la
tiene el tanque y el oficial que manda disparar. Se trata de un disparo que
no se produce en el fragor del combate, sino de un obús lanzado contra el
único hotel donde se encontraban hospedados los periodistas. El disparo se
produce tras casi una hora de estar apuntando al hotel y tras consultar con
los superiores. La Audiencia Nacional acaba de rematar a Couso y, con él, a
todos los profesionales desarmados que van por el mundo contándonos la
brutalidad de las guerras y sometiéndose a la justicia de los vencedores.
En el terreno de la opinión también hemos vivido pequeñas vergüenzas a
cargo de periódicos que en su día loaron al anterior presidente del Gobierno
en sus iniciativas para acabar con el terrorismo de ETA y que ahora se
encarnizan con el actual presidente exactamente por desarrollar una política
similar. Todos tenemos derecho a cambiar. Pero los creadores de la opinión
tienen la responsabilidad de mostrar sus argumentos y que sean coherentes
con los que mantuvieron en un cercano pasado. De otra manera la opinión
se convierte a ojos de los lectores en mercancía pútrida, en palabras
volátiles, en mentiras afiladas.
Pero sin duda la máxima desfachatez --una más-- del comportamiento de
un político con la prensa la protagonizó Silvio Berlusconi, un personaje al
que incomprensiblemente todavía llaman Il Cavaliere. Berlusconi, dueño
de imperios televisivos, se prestó a una entrevista en la televisión todavía
pública italiana, la RAI. La periodista, Lucia Annunziata, le preguntaba y
repreguntaba por todo aquello de lo que el primer ministro quería zafarse.
Es grave acudir a una entrevista sin hacer los deberes, aunque sea algo tan
lamentable como demostrar la habilidad en mentir. Ni siquiera eso.
Berlusconi, todo un primer ministro, parecía aquel legendario Umbral que,
en un programa de Mercedes Milà, recordó a voz en grito que él había ido
allí a hablar de su libro. Berlusconi amenazó con irse si no podía decir lo
que quería decir. La periodista le advirtió de que en una entrevista alguien
pregunta y otro responde. Berlusconi saludó a su interlocutora, se levantó,
la calificó de izquierdista y se largó gritando. De pronto el plató se había
convertido en una comisaría y la entrevista en un interrogatorio y en una
amenaza para Annunziata: "Si me voy eso va ser una mancha en su
carrera profesional". Sólo los malos pintores ven la mancha en la tela ajena
y no se fijan en los churretones de la propia.
Otro día deberemos hablar, por desgracia, de los abusos de un cierto
periodismo del acoso y de la falacia. Pero hoy nos queda esa imagen
desgraciada que ha llevado al lenguaje crispado el conocido "això no toca".
Noticia publicada en la página 88 de la edición de 14/3/2006 de El Periódico edición impresa. Para ver la página completa, descargue el archivo en formato PDF
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