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EL LITORAL
martes, 6 de noviembre de 2012
Producción EL LITORAL ARGENTINO ®
Finaliza el Ciclo de Homenaje a Carlos Guastavino
La música de Guastavino “apresa lo invisible, la esencia del entorno y lo devuelve desde su sentir. Lamento que algunos señalen eso como un anacronismo descalificante”.
Foto: Gentileza producción
La música movilizadora
De la redacción de El Litoral
M
añana, a las 21, en la
Sala Mayor del Teatro
Municipal, el virtuoso
pianista Mariano Cabral Migno
participará en el Ciclo Homenaje
a Carlos Guastavino organizado
por el Instituto Superior de Música y en el marco del Festival Musicalia. La primera pregunta surge
con nitidez: —¿Cómo definirías a
Guastavino?
MCM: —Guastavino es un
retratista. Un retratista de lo invisible del paisaje, su flora, sus seres.
Sugiere el sonido de Santa Fe.
Esta tierra de la siesta de ausencias con sus armonías cítricas.
Ocasionalmente, impresionista
en su planteo, tiene en común con
Debussy que la inmensa mayoría
de sus composiciones lleva títulos
que bien podrían corresponder a
cuadros. Su música desprende la
esencia de lo que los títulos sugie-
En diálogo con El Litoral, Mariano Cabral Migno se refiere a aspectos
del compositor de cuyo nacimiento se conmemora un siglo.
ren. La profunda melancolía que
impregna sus composiciones es
estremecedoramente clara en las
obras puntualmente referidas a
Santa Fe, como “La tarde en Rincón”, “Santa Fe antiguo” o “Santa
Fe para llorar”. Quien las escuche
atentamente podría percibir la
lejanía de la antigüedad o la temblorosa transparencia del aire que
ondula sobre el suelo por el calor.
Es poderosamente evocativo y
sugerente, tierno y refinado.
—¿Cuál es su relación con el
piano desde el programa que interpretarás en el Teatro Municipal?
MCM: —“La Tarde en Rincón”
y “Pueblito, mi pueblo” son dos
de los más logrados retratos de
Guastavino con medios notablemente sencillos. Por su parte, las
“Diez Cantilenas Argentinas” y el
“Romance de Cuyo” conforman
uno de los ciclos más importantes y una de las obras más difíciles de su repertorio. Te diría con
humor que no hay nada peor que
un excelente pianista-compositor
con manos que indudablemente
debieron ser grandes. Lo que para
él aparecía naturalmente cómodo,
no lo es para todos. Se advierte en
la disposición de singulares figuraciones de arpegios quebrados,
el ataque de grandes estructuras
acórdicas separadas por también amplios traslados de ambas
manos, y una notable heterogeneidad en los esquemas rítmicos y
los recursos armónicos.
—¿Qué hay de la opinión que lo
considera un romántico en el siglo
XX?
MCM: —Que es cierta, aunque incompleta. Es un romántico
desde una percepción impresionista. Guastavino no es alguien
que pareciera decir “el arte soy
yo”, ni tampoco describe programáticamente el entorno. Como ya
dije, apresa lo invisible, la esencia
del entorno y lo devuelve desde
su sentir. Lamento que algunos
señalen eso como un anacronismo descalificante. Anacrónico es
pensar así en nuestro tiempo, que
reconoce más moderno andar en
bicicleta que en auto. No hay nada
más anacrónico que pretender
uniformar el modo de expresión
de los artistas en una época en la
que se proclama el todo vale, aunque la extravagancia transgresora
no es sinónimo de genialidad.
A menudo es impotencia creativa. Hoy, abundan los que primero se preocupan por ser extravagantes para luego proclamarse
artistas... Guastavino tuvo la valentía de ser fiel a sí mismo. Seamos
realistas: ¿acaso el rock pesado no
se para sobre una actitud romántica? ¿Qué puede ser más romántico, en tanto expresión directa
del sentir propio, que un conjunto
heavy vociferando su verdad con
letras de inconformismo, rebeldía
o pasión? Si ser romántico es ser
anticuado, entonces el hombre
mismo siempre ha sido anticuado.
Porque antes que una época o un
estilo, el romanticismo es una actitud y, con matices, siempre está
presente. La música no se aprecia
por su rótulo de biblioteca, sino
por lo que su realidad sonora es
capaz de movilizar como vínculo
humano. Y la música de Guastavino moviliza desde lo más hondo.
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