por los duques a unos 5 kilómetros de la localidad. En el documento

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MARÍA GUADALUPE DE LENCASTRE, DUQUESA DE ARCOS Y
AVEIRO, Y SU BIBLIOTECA.
Natalia Maillard Álvarez
Instituto Universitario Europeo de Florencia
E
n 1718 el VII duque de Arcos, don Joaquín Ponce de León y Lencastre,
depositaba una magnífica biblioteca, compuesta por 4.374 volúmenes, en
Santa Eulalia de Marchena, un convento de franciscanos recoletos fundado
por los duques a unos 5 kilómetros de la localidad. En el documento de entrega se
aclara que el duque se reservaba el dominio y propiedad de los libros, para los
cuales había costeado la reparación y el mobiliario de una sala del convento. El
objetivo expresado por don Joaquín era que los libros se conservaran y fueran de
utilidad «religiosa», pudiendo los frailes consultarlos, pero no llevarlos a sus celdas,
y quedando la posesión vinculada a sus sucesores en la casa de Arcos1. Esta biblioteca
«de todas facultades» no había sido reunida por el propio duque, sino por su madre,
una mujer extraordinaria y de gran fama en su época, aunque su memoria haya
quedado prácticamente en el olvido: María Guadalupe de Lencastre Manrique de
SECCIÓN NOBLEZA DEL ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (En adelante S.N.A.H.N.), Osuna, C.173, D.146-149.
En los años cincuenta del pasado siglo, Gervasio Velo publicó una pequeña biografía de la duquesa por
entregas: G. VELO NIETO, «María Guadalupe de Alencastre (duquesa de Arcos, Aveiro y Maqueda)»,
Revista El Monasterio de Guadalupe, Diciembre 1953, 452, pp.320-321, Febrero 1954, 454, pp. 301
2
139
Natalia Maillard Álvarez
Cárdenas, duquesa de Aveiro y marquesa de Maqueda, además de esposa del VI
duque de Arcos2.
1. MARÍA GUADALUPE DE LENCASTRE
Nacida en Azeitâo, cerca de Lisboa, en 1630, María Guadalupe era hija de
doña Ana María de Cárdenas (quien fuera dama de la reina doña Margarita de Austria
e hija del III duque de Maqueda), y de Jorge de Lencastre, heredero de los títulos de
Aveiro y Torres Novas. Por las fechas y la familia en que le tocó vivir, toda la biografía
de María Guadalupe iba a estar marcada por el conflicto desatado entre España y
Portugal a partir de 1640, que concluiría con la independencia de la segunda, y con el
exilio perpetuo de la duquesa. Para comprender mejor las circunstancias en que se
desarrolló su vida y se formó su biblioteca, será conveniente trazar antes una breve
historia de su linaje, el de los Lencastre (también lo encontraremos escrito como
Alemcastre o Lemcastre, convertido el original inglés Lancáster al portugués de
adopción), uno de los más importantes en la Portugal pre-bragancista.
João II de Portugal (o Príncipe Perfecto), descendiente de una hermana de
Enrique VI de Inglaterra (de ahí el Lancáster/Lencastre), concedió a su hijo bastardo
y maestre de Avís, don Jorge, el mayorazgo de Aveiro, sobre el cual se fundaría el
ducado del mismo nombre en la figura del hijo de éste, don Juan de Lencastre (1553).
Desde el siglo XVI, los Lencastre van a seguir una política matrimonial que en no
pocas ocasiones les uniría con nobles españoles. Así, el segundo duque, Jorge de
Lencastre, quien falleció en la batalla de Alcazarquivir junto al rey don Sebastián en
1578, contrajo matrimonio con doña Magdalena Téllez-Girón, hija del duque de Ureña.
Les sucedería su hija doña Jualiana, casada con su tío, don Álvaro de Lencastre3. Su
33, Marzo 1954, 455, pp. 66-69, Junio 1954, 458, pp. 133-136, Julio 1954, 459, pp. 169-172, Agosto
1954, 460, pp. 185-188. Más recientemente, las inquietudes intelectuales de la duquesa han sido tratadas en
F. DÍAZ ESTEBAN, «Una mujer orientalista del siglo XVII: la duquesa de Aveiro», Boletín de la Real Academia
de la Historia, Tomo CCIV, Cuaderno II (2007), pp.199-220 y L. DE MOURA SOBRAL, «María Guadalupe de
Lencastre (1630-1725): cuadros libros y aficiones artísticas de una duquesa ibérica», Quintana: revista de
estudios do Departamento de historia da Arte, 8 (2009), pp. 61-73.
3
En el manuscrito Nobleza General de España. Sus solares, armas y blasones. Por el M.R.P. fray
Francisco Lozano, mayordomo del colegio de San Juan del Poyo. Año de 1716, conservado en la
Biblioteca Nacional de Madrid (BNE, mss. Mss/12606, vol.1, fol. 121), se hace un breve resumen de la
historia de esta casa desde su origen a la unión de las Coronas portuguesa y castellana: «Sus armas las
de la casa real de Portugal, de donde descienden. Del Rey D. Juan el primero de Portugal y de la reyna
Dª Phelipa, hermana de Henrique sesto de Inglaterra, de quienes nazió Eduardo, padre del Rey don
Alonso, señor a quien sucedió el rey don Juan el segundo, año de 1481, el qual huuo en doña Ana de
Mendoza, señora nobilísima a don Jorge, duque de Coimbra, señor de Aveiro y Montemayor el viejo,
maestre de Santiago y Avís, en Portugal, cuyo hijo fue don Juan Alencastre, primero duque de Aveyro,
140
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
hijo, don Jorge, también contrajo matrimonio con una noble española, la susodicha
Ana María de Cárdenas, y de su unión nacieron cuatro hijos: dos varones (Raimundo
y Juan) y dos mujeres (Mª Guadalupe y su hermana Luisa, fallecida joven) 4. Al tener
dos hermanos varones, la cabeza de la casa debía corresponder a estos por orden de
nacimiento, pero el destino quiso que la desgracia familiar terminara colocando a
María Guadalupe al frente de una muy compleja herencia. Ahora veremos las razones.
Don Jorge falleció antes que su madre doña Juliana, a cuya muerte en 1636, su
nieto don Raimundo sería proclamado duque de Aveiro. A esas alturas sólo sobrevivían
dos hijos del matrimio, Raimundo y María Guadalupe. Poco después, en diciembre de
1640, el duque de Bragança se rebelaba contra el monarca español y proclamaba la
independencia de la corona portuguesa, que él regiría con el nombre de João IV5. Las
casas de Bragança y Aveiro habían desarrollado cierta rivalidad incluso antes de esta
fecha6, pero la respuesta de Raimundo, aún un niño bajo tutela materna, ante la acción
del duque de Bragança fue más bien tibia. Su madre, en cambio, se mostró
abiertamente pro-castellana 7. Por otro lado, como consecuencia de la política
matrimonial de sus antepasados, don Raimundo reunía, junto al de IV duque de Aveiro
y Torres-Novas, un extraordinario patrimonio en España (tanto en Aragón como en
Castilla), que la rebelión del reino de Portugal sin duda amenazaba: VI de Maqueda,
marqués de Montemayor y Elche, barón de Axpe, Planas y Patrax, señor de las villas
de San Silvestre, Torrijos, Alcabón, Monasterio, El Campillo, Riaza, Penella y otras,
Adelantado mayor del Reino de Granada, Alcalde Mayor de Toledo, Alcaide de Almería,
Chinchilla, Sax y la Mota de Medina. Finalmente, en 1660, Raimundo, casado entonces
con la francesa Claire Louise de Ligne, decide abandonar Portugal y marchar a
Madrid, donde ya habían huido su madre y su hermana. La casa de Aveiro se convertía
que casó con doña Juliana de Meneses (hija de don Pedro de Meneses Ferrer, marqués de Villarroel, y
de doña Beatriz, hijo del condestable de Portugal) y huuo a don Jorge de Alencastre y a don Dionisio de
Alencastre […]. Don Jorge segundo duque de Aveiro, se casó con doña Magdalena Girón, (hermana de
don Rodrigo Girón, primer duque de Osuna), y huuo a doña Juliana de Alencastre, que suzedió en el
estado despuésde casada con su tío».
4
A. GARCÍA GARRAFA: Enciclopedia heráldica y genealógica hispano-americana, Madrid, 1952, tomo
VI, pp. 101-110.
5
L. FREIRE COSTA y M. SOARES DA CUNHA, D. João IV, Lisboa, 2006.
6
En 1629, por ejemplo, el marqués de Gouveia, casado con María de Lencastre (hija de los III duques
de Aveiro), trató de frenar la publicación de la Vida y Acciones del Rey don Juan el Segundo, escrita por
D. Agostinho Manuel, en la que se detallaba como éste príncipe, del que presumían descender los
Lencastre, había actuado con severidad, e incluso con crueldad, contra la nobleza del reino, en especial
los Bragança. A. DE OLIVEIRA, Movimentos Sociais e Poder em Portugal no Século XVII, Instituto de
História Económica e Social, Coimbra, 2002, pp. 143-157.
7
L. FREIRE COSTA y M. SOARES DA CUNHA, D. João IV… p. 85.
141
Natalia Maillard Álvarez
así en una de las tres casas portuguesas tituladas antes de 1580 que tomaba partido
por Felipe IV.
Como premio a su fidelidad, el rey español concedió a don Raimundo el título
de duque de Ciudad Real y la orden del Toisón de Oro en 16628. Sólo cuatro años
después, el duque fallecía en Cádiz sin descendencia, siendo Capitán General de las
Galeras de España9. María Guadalupe, casada desde 1665 con don Manuel Ponce de
León (hijo del duque de Arcos) quedaba, de esta forma, como heredera de los títulos
españoles de la casa. Los portugueses eran otra cuestión.
Desde el bando portugués, la huida del duque y su hermana era vista como un
delito de lesa magestad, cuyo castigo eran la muerte y la reversión de sus bienes a la
Corona. Inmediatamente, varios parientes que habían permanecido en Portugal se
movilizaron para evitar esto último, y conseguir que la casa de Aveiro siguiera existiendo.
Entre ellos destacó Pedro de Lencastre, hijo de la difunta duquesa doña Juliana (tío
paterno por tanto de Raimundo y María Guadalupe): en 1666 hizo publicar en Lisboa
una Allegaçam de direito por o senhor Dom Pedro, sobre a svcessam do Estado,
Caza e Titulo de Duque de Aveiro10. En ella, don Pedro defendía sus derechos
sobre María Guadalupe, no sólo por el hecho de que ésta hubiera sido desnaturalizada
al abandonar Portugal, sino también por el supuesto carácter agnático (sólo transmitible
a varones) del título, pese al orden sucesorio que había decretado en este caso la
Fiscalía portuguesa11.
Finalmente, don Pedro se vio reconocido como nuevo duque de Aveiro por la
corona portuguesa, mientras que su sobrina quedaba desnaturalizada, convertida en
extranjera a los ojos de su propia patria. María Guadalupe, sin embargo, no se dio por
vencida, y en virtud de las cláusulas de restitución del tratado Madrid-Lisboa de 1668,
S.N.A.H.N, Estado, Leg. 7689, Exp. 1.
El duque fue enterrado en Cádiz, aunque después sus restos se trasladaron a Torrijos, como se
conmemora en un pequeño impreso escrito por Manuel de Vivar, Oración panegírica en la traslación
y entierro de los huessos del excelentíssimo señor duqe de Maqueda, y de Auero don Reymundo de
Alencastre, y Cárdenas, Capitán General de las Galeras de España: que murió, y fue depositado en
Cádiz, y desde dicha ciudad trasladado a su entierro, que como Patrón nuestro tieen en este su
conuento de Santa María de Iesus de Torrijos, REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (en adelante RAH),
9/3547 (1).
10
BNE, 3/12060(1). Según Soares y Freire, en Portugal «um dos usos mais correntes das tipografias
senhoriais estava associado à produção de panfletos ou à publicação dos argumentos jurídicos relativos
aos pleitos judiciais em que as casas estavam envolvidas». L. FREIRE COSTA y M. SOARES DA CUNHA, D.
Joâo IV… p. 72.
11
En su tesis doctoral Antonio Terrasa realiza un interesante análisis de este conflicto. A. TERRASA
LOZANO: Patrimonios aristocráticos y fronteras político-jurídicas en la Monarquía Católica: los pleitos
de la Casa de Pastrana en el siglo XVII, tesis doctoral defendida en el European University Insitute,
Florencia (2009), pp. 227-246.
8
9
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María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
reclamó su derecho al título de Aveiro. En 1673, su tío don Pedro, a la sazón arzobispo
e inquisidor, moría sin descendencia, dejando abierta a María Guadalupe la posibilidad
de ver por fin sus derechos reconocidos, cosa que logró varios años después gracias
a dos sentencias del Consejo Real de Portugal de 1679 y 1681. En ese mismo año,
Carlos II creó en Castilla el título de duque de Aveiro. Aunque esto no acabó con sus
problemas.
Como queda dicho, en 1665 María Guadalupe había contraído matrimonio con
Manuel Ponce de León12. De esta unión nacieron cuatro hijos, de los cuales tres
llegaron a edad adulta: don Joaquín Guadalupe Ponce de León, futuro VII duque de
Arcos13, don Gabriel Lorenzo Ponce de León, futuro duque de Baños y de Aveiro14,
y doña Isabel Ponde de León, quien casaría con el duque de Alba15. Las sentencias
portuguesas incluían una condición para reconocer a María Guadalupe el ducado de
Aveiro: que ésta se estableciera en Portugal y rindiera vasallaje a su rey, algo a lo que
su esposo, por entonces ya duque de Arcos, se negó. María Guadalupe no se resignó,
comenzando una larga batalla que la llevaría a pedir protección al rey en una carta
fechada en 1685:
«negándole indebidametne el Duque su marido la que como legítimo
administrador de su persona y bienes le pertenece, en la esfera que Dios fue servido
ponerla, toca inmediatamente a la suprema regalía de su magestada concedérsela
[…]; pues Dios y la ley no hizieron administradores a los maridos de los bienes de sus
mugeres para la ruina, antes para su conservación y aumento. Y es de suma
incoherencia que vuestra magestad y el Duque su marido le ayan dado licencia para
litigar, coadjuvado sus instancias, y consentido la condición y allanamiento, y que de
tan graves, públicas y costosas operaciones se aya de impedir el efecto»16.
El matrimonio se celebró en Torrijos, como se declara en una certificación conservada en el ARCHIVO
HISTÓRICO DE PROTOCOLOS DE MADRID (en adelante AHPM), Leg. 11574, fol. 609r-610r.
13
Nacido en julio de 1666, AHPM, Leg. 11574, fol. 661r. Sobre el primogénito de los duques podemos
encontrar información en F. J. GUTIERREZ NUÑEZ, «Marchena y el VII duque de Arcos (1693-1729).
Aspectos sobre el control del estado señorial», en F. ANDÚJAR CASTILLO Y J. P. DÍAZ LÓPEZ (coord.): Los
señoríos en la Andalucía Moderna. El Marquesado de los Vélez, 2007, pp. 769-793.
14
Nacido en agosto de 1667, AHPM, Leg. 11574, fol. 612r.
15
Los duques tuvieron a otra hija, que falleció siendo niña, según se desprende del «Depósito hecho en
el convento de monjas carmelitas de esta corte, llamado de santa Ana, por don Antonio de Lencastre y
don Josef Ponce de León, del cadáver de doña Mariana Josefa de Lencastre, hija de los duques de Abero
y de Maqueda […] 8 de abril de 1670», S.N.A.H.N, BAENA, C.4, D. 10.
16
RAH, 9/3701 (21).
12
143
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Su apelación al rey resultó infructuosa, y María Guadalupe optó por poner fin a
su matrimonio17. Su esposo, por otro lado, falleció en 1693. A pesar de todo, la duquesa
no pudo ver sus objetivos cumplidos, pues la mala salud le impidió viajar a Portugal,
optando como solución final por ceder sus derechos sobre los títulos portugueses a su
hijo segundogénito, Gabriel18.
El 25 de octubre de 1714, María Guadalupe otorgaba testamento cerrado ante
un notario madrileño19. En el mismo queda reflejadas algunas de las principales
preocupaciones de la duquesa: la larga lista de santos a los que encomienda su alma
se cierra con «todos los mártires del Japón», a los que tanto veneró, como veremos;
ordena ser enterrada en el monasterio de Guadalupe, a los pies de la Virgen y entre
los nichos de su madre y su hermano (al final incluye una memoria con instrucciones
sobre su enterramiento y lo que debía escribirse en los nichos); habla de la redención
de censos a favor de la casa de Maqueda, de los actos de caridad que ha realizado en
sus estados; sigue expresando su anhelo de que «mediante el actual proyecto de las
pazes [entre España y Portugal] se tratará sobre la reintegración de aquel estado [de
Aveiro]»; menciona la donación de una huerta en Lisboa a la provincia de los Jesuitas
de Malabar, con la intención de que fuera noviciado para los misioneros destinados a
esa región (aunque ignora cual ha sido el destino de esta propiedad); se preocupa
incluso por las joyas que no tiene, puesto que todas fueron repartidas por su marido
entre sus hijos cuando se casaron, salvo 95 perlas pertenecientes al mayorazgo de
Aveiro, que su hermano había tenido que empeñar en Flandes y su esposo desempeñar
después20. Sin embargo, a lo largo del documento no aparece ninguna referencia a su
extraordinaria biblioteca, por lo que no podemos saber si la idea de depositarla en
Marchena surgió de ella.
María Guadalupe de Lencastre falleció el 9 de febrero de 1715, y buena parte
de lo que sabemos hoy sobre ella procede de las composiciones laudatorias que se
publicaron a su muerte, que con su misma existencia nos hablan de la fama que
alcanzó en vida. La mayoría son textos breves (aunque uno tiene 92 páginas), escritos
El divorcio era una posibilidad real, si bien muy poco frecuente, en la Europa católica del Antigo Régimen.
E. SORIA MESA, La nobleza en la España moderna. Cambio y continuidad, Madrid, 2008, pp. 207-208.
18
AHPM, Leg. 11754, fol. 464r-480r.
19
AHPM, Leg. 11574, fol. 373r-399r.
20
Sabemos que justo después del fallecimiento de la duquesa, fue depositado en el convento de la
Purísima Concepción de Marchena, ocupado por franciscanas recoletas, una sortija de diamantes que
ella dejó vinculada a los poseedores del ducado de Arcos para que la usasen en sus velaciones. Al
parecer, la sortija había estado durante mucho tiempo adornando la mano de su adorada virgen de
Guadalupe, hasta que se la dieron a la duquesa en compensación por un cetro de diamantes que regaló
para la imagen. S.N.A.H.N., Osuna, C. 173, D. 144-145.
17
144
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
tras su fallecimiento, y que Luis de Moura considera «destinados sin duda a un previsible
proceso de beatificación»21. El autor cita ocho composiciones de este tipo, la mayoría
sin lugar ni año de edición. Por mi parte, he localizado estas otras:
1.- Sermon, que en el aniuersario por la Excelentissima señora Doña
Maria de Guadalupe Lancastèr y Cardenas, Duquesa de Aveyro, y Maqueda /
dixo en la Iglesia parroquial de Santa Maria de la villa de Elche el R. P. M. Fr.
Agustin Marti del... Orden de N. Señora de la Merced ...22
2.- Oracion funebre en el dia ultimo del Nouenario de Honras solemnes
que por la Exma. Señora D. Maria de Guadalupe Lancaster y Cardenas, duquesa
de Aveyro, Arcos, y Maqueda, &c. se celebraron por el cabildo de la villa de
Baylen en su Parroquia / dixola... Fray Christoval de San Feliz, Predicador en
su Colegio de Trinitarios Descalços de la Ciudad de Baeza ; dala a la estampa...
Don Alonso de Castro Reboredo…23
3.-Numeroso vniversal lamento a la muerte de la Exma. Señora doña Maria
de Guadalupe lencaster y Cardenas, Duquesa de Aveyro, Arcos, y Maqueda,
Fenix de su siglo, en que a vista de su excelente vida, se precisa el dolor à
lamentar su muerte ... / escrito, y consagrado a su exc. por don Alvaro Agrizas…24
4.- A la muerte de la Exceletísima señora doña María de Portugal, que
por su devoción quiso llamarse de Guadalupe, duquesa de Aveyro y Maqueda.
Romance heroyco… 25
Estos textos pueden ponerse también en relación con los sermones impresos
en el siglo XVII dedicados a la muerte de algún miembro de la casa de Arcos, los
cuales según Juan Luis Carriazo «constituían ocasiones inmejorables para exponer al
conjunto de la población, de forma más o menos explícita los argumentos que justificaban
el régimen social imperante»26. Entre los textos dedicados a María Guadalupe, aquellos
que indican el lugar de publicación (Sevilla, Baeza, Méjico, Madrid y Murcia) nos dan
idea del renombre que alcanzó la duquesa no sólo en España, sino también en América.
Todos estos textos suelen subrayar dos aspectos que dieron fama a María
L. DE MOURA SOBRAL, «María Guadalupe de Lencastre…», p. 64.
CATÁLOGO COLECTIVO DEL PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO (En adelante CCPB)000063406-9
23
CCPB000830371-1
24
Hay un ejemplar impreso consistente en 12 páginas de versos endecasílabos en la biblioteca de la
Universidad de Sevilla, (A 112/005, nº12), y una versión manuscrita de sólo cuatro páginas y con versos
octosílabos en la Real Academia de la Historia (RAH, 9/2613), aunque quizás sean sólo una versión del
texto de Saúl Rada Ragozi citado por Luis de Moura.
25
REAL BIBLIOTECA DE PALACIO, III/6537.
26
J. L. CARRIAZO RUBIO, «Marchena y los Ponce de León en los sermones y relaciones de sucesos del
siglo XVIII», en Actas de las III jornadas sobre historia de Marchena, Marchena, 1998, pp.15-41.
21
22
145
Natalia Maillard Álvarez
Guadalupe en su propio tiempo, y que no tienen que ver con sus pleitos nobiliarios: su
extensa cultura y su protección de las misisones católicas27. Políglota tanto en lenguas
vivas como en muertas, y experta en la historia religiosa y sacra (su biblioteca es
buena prueba de ello), todos los autores destacan sus enormes conocimientos, e incluso
tenemos noticias de que preparaba un libro sobre China28, aunque sólo se conservan
de ella unos pocos y breves textos religiosos. Así mismo, María Guadalupe fue una
gran aficionada a la pintura, disciplina que llegó a practicar29. Aunque las mujeres
nobles verdaderamente interesadas en la cultura fueran sólo una minoría, como afirma
Nieves Baranda, «Dentro de las aristócratas y a lo largo del siglo XVII parece haber
un grupo con intereses culturales más sofisticados»30, entre las que podemos englobar
sin duda a la duquesa de Aveiro.
María de Guadalupe, que llegó a ser conocida como «madre de las misiones», se carteaba con diversos
misioneros, como los jesuitas Eusebio Kino, que trabajó sobre todo en la Baja California, Sonora y
Arizona, y Antonio Tomás, destinado en Pekín. E. J. BURRUS, Kino escribe a la duquesa. Correspondencia
del P. Eusebio Francisco Kino con la duquesa de Aveiro y otros documentos, Madrid, 1964. En la Real
Academia de la Historia se conserva copia de dos cartas en latín remitidas a la duquesa desde la capital
china por el padre Antonio Tomás en septiembre de 1688 y diciembre de 1691, RAH, 9/3590 (14).
También se menciona a la duquesa de Aveiro en el impreso Carta circular acerca de la muerte del P.
Fernando Verbiest, Rector del Colegio de Pekin, Corte de la China, que muriò à 28 del mes de enero del
año 1688 / escrita por el P. Antonio Thomàs, que està en dicha Corte ... la qual llegò a Roma a 21 de
março de 1691 y original en latin està en poder de la ... Duquesa de Arcos, Aveyro, y Maqueda
(CCPB408899-9). En 1677 se ofreció también a financiar con 200 ducados anuales la misión de los
capuchinos en Sierra Leona, además de a levantar en sus posesiones de Sevilla un colegio para instruir
en las costumbres cristianas a niños africanos que pudieran después volver a convertir a sus conciudadanos,
A. SÁNTOS HERNÁNDEZ, «Guinea-Bissau: 44 Estado africano que llega a la independencia», Revista de
Política Internacional, 140 (1975), pp. 191-223.
28
F. DÍAZ ESTEBAN: «Una mujer orientalista del siglo XVII: la duquesa de Aveiro»...
29
Cuando aún vivía en Portugal, realizó algunas pinturas de carácter religioso, L. DE MOURA SOBRAL,
«María Guadalupe de Lencastre (1630-1715)…», pp. 64-66. En una carta escrita por su primogénito en
1717 se mencionan también varias pinturas que pertenecieron a la duquesa, aunque no se aclara si las
había realizado ella: «Lleva en vn cajón barias láminas de bronce con sus marquitos dorados, que eran de
la deboción de mi madre, que hizo abrir su excelencia, que vna de ellas contiene las armas de la casa de
Abeyro, vn retrato de mi tercer abuelo hecho de pluma y dos quadros en que están varios retratos, y
detrás los nombres de quien son», S.N.A.H.N., Fondo Osuna, CT. 584, nº 38.
30
N. BARANDA LETURIO, Cortejo a lo prohibido. Lectoras y escritoras en la España moderna, Madrid,
2005, p. 62. Para la autora el fenómeno resulta aún más destacable «sobre todo porque no se conoce, ni
siquiera en los ámbitos urbanos aparentemente más propicios como Madrid, Zaragoza o Sevilla, que
hubiera ningún tipo de espacio de sociabilidad continuada donde las mujeres tuvieran un papel cultural
propio, como sucedió con los salones franceses». Si bien es cierto que en sus Memorias, Sant-Simon, al
hablar de la duquesa de Aveiro aifrma que «Sa maison à Madrid ètait le rendez-vous journalier de tout
ce qu´il y avoit de plus considerable en esprit, en savoir et en naissance, et cétoit un tribunal qui
usurpoit une grande autorité», citado por L. DE MOURA SOBRAL, «María Guadalupe de Lencastre…».
27
146
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
Pero no son estos textos póstumos los únicos que nos dan noticias sobre la
duquesa de Aveiro. En su libro, Inundación Castálida, que viera la luz en Madrid en
1689 y dedicado a la condesa de Paredes, sor Juana Inés de la Cruz incluyó un largo
romance a María Guadalupe. La poetisa novohispana comienza comparándola con
las deidades clásicas: así la nombra «Venus del mar lusitano», «gran Minerva de
Lisboa», «cifra de las nueve Musas», «primogénita de Apolo», «presidenta del Parnaso»
y «clara Sibila española». Para sor Juana, la duquesa era «claro honor de las mujeres,
/ de los hombres docto ultraje, / que probáis que no es el sexo / de la inteligencia
parte». De esta forma, el homenaje a la duquesa sirve a sor Juana para defender una
de sus principales ideas, que la inteligencia no depende del sexo. Para sor Juana Inés
de la Cruz, la mujer que llega a comprender y dominar las ciencias es dos veces
hermosa: «una, por buscar el embellecimiento de su intelecto, y dos, por la victoria
que ello significa»31.
Si tomamos el texto de Álvaro Agrizas conservado en la biblioteca de la
Universidad de Sevilla, podemos encontrar varios de los elogios que se repiten en
todos los demás: el autor compara a María Guadalupe con las mujeres doctas de la
Antigüedad y la llama «Minerva lusitana». Destaca sus conocimientos en filosofía,
teología (moral y escolástica), historia, cosmografía, geografía y en versos, y afirma
que «librería animada fue su idea»; pero él no es un defensor de la mujer del calibre
de Sor Juana (a cuya composición hace referencia), así que une a las virtudes
intelectuales otra que se consideraba en la época propia del sexo femenino, el silencio:
«Supo hablar en seis lenguas: aún más supo; / supo callar en todas: o prodigio».
Después de versificar sobre sus conocimientos, Agrizas se detiene en las
virtudes morales de la duquesa: «La piedad y clemencia también lloran / que pierden
redemptora de cautivos / los Templos su esplendor, su luz el Moro / el naufrago su
puerto, su Fe el Indio», y nos describe también las duras penitencias a que se sometía
la duquesa en su vida cotidiana: «Rigurosos ayunos, duro el lecho/ los pies descalços
y asperos silicios…». La única distracción en esta vida de castigo autoimpuesto parece
estar en el conocimiento, puesto que «No autorizaba cómicos Theatros, / si tal vez la
obligó supremo arbitrio / estuvo tan ausente su advertencia / que ni aún miró el engaño
colorido…».
31
J. I. DE LA CRUZ: Inundación Castálida, edición, introducción y notas de Georgina Sabat de Rivers,
Madrid, 1983, p.19. María Guadalupe estaba emparentada con la condesa de Paredes, doña María
Luisa Manrique de Lara, casada con don Tomás Antonio Manuel Lorenzo de la Cerda y Enríquez Afán
de Ribera, virrey de México entre 1680 y 1686. La condesa fue quien animó a Sor Juan Inés de la Cruz
a reunir sus escritos para hacerlos publicar en España, y también fue quien dio a sor Juana noticias de
su pariente la duquesa de Aveiro, según reconoce la poetisa en el romance que dedicó a ésta, aunque así
mismo dice que antes había oído hablar de ella por los misioneros.
147
Natalia Maillard Álvarez
Otro panegírico conservado en la Universidad de Sevilla, Breve noticia de la
enfermedad, muerte y entierro de la excelentíssima señora dvqvesa de Aveyro y
Maqveda…publicado en Madrid en 171532 (en esta ocasión se trata de un texto en
prosa de más de 90 páginas), nos sirve para conocer los últimos días de la duquesa.
Este texto empieza de forma directa: «Lunes 4 de feb. de 1615, a las 14:30 sintió mi
señora la duquesa de Aveyro la primera indisposición de su enfermedad». El autor
detalla los cuidados recibidos de sus tres hijos y el comportamiento estoico de la
anciana duquesa frente al dolor, que combate «continuando las fervorosas oraciones
y devotos exercicios que acostumbrava cada día». El texto recalca el apego de la
duquesa a distintas órdenes (jesuitas, capuchinos, franciscanos…) y su forma de vida
austera: «…de muchos años a esta parte anduvo descalza, […]. Su vestido una lanilla
negra, y tan humilde, que apenas la viuda más pobre la truxera…», se penitenciaba
sin que nadie se percatara y pasaba el tiempo entre el oratorio, las obras de caridad,
y la «lección continua de sus libros…», saliendo sólo a los oficios religiosos.
Después de cinco días de sufrimientos, la duquesa de Aveiro falleció a los 85
años de edad. Durante tres días recibió su cadáver la visita de todo tipo de gentes y
después emprendió el cortejo fúnebre el largo camino hasta el monasterio de la virgen
de Guadalupe, a los pies de la cual fue enterrada. Su nicho grabado en mármol, que
aún se conserva, sirve como testimonio de la veneración de María Guadalupe por
esta imagen.
2. LA BIBLIOTECA
El inventario de la biblioteca se realizó con sumo cuidado, dejando constancia
del autor, título, idioma, lugar de impresión, tamaño y tipo de encuadernación. Incluso
el propio inventario se encuentra encuadernado en piel para protegerlo. Los 4.374
volúmenes se distribuyen en 13 apartados divididos por tema y lengua, aunque se
aclara que algunos libros fueron colocados en clases impropias para organizar mejor
los cajones en que se guardaron. La siguiente tabla recoge la temática, el idioma y el
número de volúmenes de cada apartado (nominados según el propio inventario de la
letra A a la N):
A
B
C
D
E
32
HISTORIA. LENGUA ROMANCE
HISTORIA. LATÍN
ESCOLÁSTICA, MEDICINA Y CIENCIAS NAT. LATÍN
TEOLOGÍA EXPOSITIVA. LATÍN
PRÉDICA. LATÍN
423
597
164
143
145
Hay tres ejemplares del texto sólo en esa universidad: A 112/020 (12), A 112/031 (02) y A 113/107 (17).
148
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
F
G
H
I
K
L
M
N
PRÉDICA. ROMANCE
MISCELÁNEA. LATÍN Y ROMANCE
MATEMÁTICA Y OTRAS CIENCIAS. LATÍN Y ROMANCE
MORAL Y MÍSTICA. LATÍN Y ROMANCE
GRAMÁTICA Y MANUSCRITOS
HUMANIDADES. IDIOMAS EXTRANJEROS
RELIGIÓN. IDIOMAS EXTRANJEROS
VARIOS
143
218
146
359
187
978
816
55
Como puede verse, las diez primeras secciones corresponden a libros en latín
y romance, lo que quiere decir en este caso portugués y castellano, aunque con
preferencia por el segundo. Los dos siguientes apartados incluyen obras en distintos
idiomas europeos, mientras que el último, una especie de cajón de sastre de impresos
y manuscritos, termina con seis libros en árabe de los que no se da el título33. En total,
los libros en latín, castellano y portugués suman casi el 60%, mientras que el resto
ronda el 40%. La distribución de las distintas lenguas en los apartados L y M de la
biblioteca y su proporción con respecto al total de libros se encuentra en la siguiente
tabla:
L
M
%
ALEMÁN
43
30
1.6
CATALÁN
1
0.02
FRANCÉS
251
243
11.29
GRIEGO
1
0.02
HOLANDÉS
23
3
0.59
INGLÉS
14
3
0.38
ITALIANO
627
533
26.5
VARIOS
7
0.16
SIN ESPECIFICAR 11
4
0.34
TOTALES
978
816
41
En la mencionada Breve noticia de la enfermedad, muerte y entierro… se recoge la siguiente historia,
donde quizás se encuentra el origen de estos libros en árabe: «Aviendo llegado a noticia de su excelencia
pocos meses antes de su muerte que vn pobre moro se hallaba inclinado a convertirse a nuestra santa fe,
y que podía retardar su conversión el no saber la lengua española, ni otra alguna de las comunes para
aprender la doctrina cristiana, mandó al punto que se le traxesen a su casa, dando orden no sólo que se
le hospedase […] sino es que también dispuso el que tuviesse maestro que, noticioso de su lengua, le
instruyese en la española».
33
149
Natalia Maillard Álvarez
Por otro lado, en la tabla que se incluye al final de este artículo, los volúmenes
de cada apartado están distribuidos en función del lugar de impresión. Para facilitar
su comprensión y no abrumar con una lista interminable, las ciudades que aparecen
en el inventario se han clasificado dentro del Estado al que pertenecen hoy día (los
libros impresos en Venecia o en Nápoles se encuentran en la columna «Italia», aunque
seamos plenamente conscientes de que, por las fechas en las que esta biblioteca se
constituyó, la primera era la capital de una república independiente y la segunda parte
de la Monarquía Hispánica). Creo que será suficiente para obtener una panorámica
sobre el origen estos libros. La primera conclusión que puede extraerse es que las
prensas italianas, con un 32´7% del total, fueron las primeras suministradoras de la
duquesa (de la mencionada Venecia proceden 538 libros, el 12´29% del conjunto),
seguidas por las francesas (21´4%) y las españolas (16´3%). Llama la atención los
pocos volúmenes impresos en Portugal (en consonancia con el menor peso del
portugués frente al castellano), pese a que, como veremos más adelante, María
Guadalupe nunca perdió el interés por los asuntos de su patria. Es más que probable
que antes de huir a Madrid, la futura duquesa tuviera reunida ya una importante
biblioteca (no olvidemos que por entonces tenía unos 30 años) en la que puede
suponerse que abundarían los libros portugueses, pero las azarosas circunstancias en
las que tuvo que abandonar Portugal sin duda le impedirían llevarla consigo. En total,
sólo el 4´6% de sus libros procedían del reino vecino, menos que los alemanes, suizos
o belgas. Resultan especialmente curiosos los libros procedentes de ultramar: nueve
títulos, casi todos de carácter religioso, procedían de México y dos de Lima, mientras
que desde Manila había llegado la Relación de los Mártires del Japón que
encontramos en su biblioteca encuadernada en pergamino34.
Al hablar sobre las lecturas de la nobleza en el siglo XVI, Pedro Cátedra
señala que «el espacio intelectual dentro de la casa es, desde sus orígenes, un ambiente
íntimo»35. El lugar destinado a los libros puede utilizarse no sólo como lugar de lectura
Para las identificaciones de los libros del inventario he utilizado la base de datos en línea del Catálogo
Colectivo del Patrimonio Bibliográfico (CCPB): http://www.mcu.es/bibliotecas/MC/CCPB/index.html.
La obra, de Diego de San Francisco, se imprimió en el colegio de Santo Tomás de Aquino de Manila en
1625 (CCPB000033679-3). Este libro se encuentra en la sección A de la biblioteca, mientras que entre
los manuscritos de la sección K encontramos otro titulado simplemente Mártires del Japón, sin autor
ni lugar de impresión. Los testimonios de esta devoción de la duquesa son múltiples, pero además el
autor de la Breve noticia de la enfermedad, muerte y entierro de la excelentíssima señora dvqvesa de
Aveyro y Maqveda…, al describir su muerte, destaca lo agradecida que se sintió por haber enfermado
precisamente el día los mártires de Japón, y cómo no se separaba del «libro de su admirable vida, y
penoso martyrio», incluso afirma que pensaba dar a la prensa un libro en verso sobre el tema. ¿Sería éste
el libro manuscrito de la sección K?
35
P. M. CÁTEDRA, Nobleza y lectura en tiempos de Felipe II. La biblioteca de don Alonso Osorio,
marqués de Astorga, Valladolid, 2002, p. 140.
34
150
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
individual, sino también como espacio de encuentro, ya sea para el debate intelectual,
el rezo o el simple entretenimiento, sin olvidar las funciones de representación que
tenían libros y bibliotecas36. En el inventario de esta biblioteca nada se dice sobre la
sala en que se encontraba, o sobre la distribución y decoración de la misma, aunque
en una mujer con tanta pasión por los libros y tan devota, cabe suponer que no dejaría
tales aspectos al azar. De hecho, encontramos entre sus libros varios tratados sobre
bibliotecas que pudieron ayudar en la organización de ésta: Bibliotheca formada de
los libros i obras publicas de Don Ioseph Pellicer de Ossau y Tovar ... : contiene
el informe de su calidad i servicios, la cronologia de todas sus obras maiores i
menores publicadas ... con observaciones i escolios, el apendice de muchas
que no estan impressas y el catalogo de los escritores que hablan dellas o contra
ellas dentro i fuera de España, de José Pellicer de Ossau, publicado en Valencia en
167137; el libro de José Maldonado y Pardo, Museo o Biblioteca selecta de el Excmo.
Señor Don Pedro Nuñez de Guzman, Marques de Montealegre y de Quintana ...
y Presidente del Supremo de Castilla, publicado en Madrid en 167738; De bene
disponenda bibliotheca ad meliorem cognitionem loci & materiae, qualitatisque
librorum, litteratis perutile opusculum, de Francisco de Araoz, que viera la luz en
Madrid en 163139; o un «Ynventario de su librería», atribuido a Lucas Cortés, que se
encuentra entre los libros manuscritos del apartado K.
Por otro lado, es interesante comprobar cómo los libros de la duquesa son, en
su mayoría, de gran tamaño (marca, folio, cuarta), mientras que los libros de octavo,
más manejables, suponen sólo alrededor del 25%. Esto es propio de una biblioteca de
estudio más que de una biblioteca de entretenimiento, como en efecto sucede con
ésta. Una buena parte de las encuadernaciones son en piel (pergamino o badana),
pero no destacan, a diferencia de otras colecciones nobiliarias, por el lujo ni en sus
formas ni en sus materiales, o al menos el escribano no se preocupó por este tema40.
En definitiva, este somero repaso de las características más formales del
inventario permite concluir, en primer lugar, que la biblioteca de María Guadalupe
En palabras de Fernando Bouza, «Tener abierta librería, esa sala de la casa que se dedica a los libros
y la propia colección de estos, se convirtió en una forma de representación […]. El privilegio social y
económico se rodeó de libros y, por tanto, la sociedad estamental tuvo en las bibliotecas un argumento
más para ejercitar sus inestimables dotes para la emulación», F. BOUZA, Del escribano a la biblioteca. La
civilización escrita europea en la Alta Edad Moderna (siglos XV-XVII), Madrid, 1992, p. 122.
37
CCPB000040934-0
38
CCPB000033281-X
39
CCPB000032759-X
40
La mencionada biblioteca del marqués de Astorga ofrece claros ejemplos de lo lujosas que podían ser
las encuadernaciones. P. CÁTEDRA, Nobleza y lectura… pp. 155-161.
36
151
Natalia Maillard Álvarez
requirió una notable inversión de capital (por desgracia los libros no están valorados,
lo que sería de mucha utilidad para calibrar su peso dentro del patrimonio de la duquesa)
y de tiempo, dado que los libros se organizaron con sumo cuidado. Si este trabajo de
organización fue llevado a cabo por la duquesa en persona, o contaba con algún
colaborador, es algo que la documentación manejada hasta ahora no aclara.
Por otro lado, los libros que poseyó María Guadalupe nos sirven para «leer» su
41
vida y confirmar los testimonios que en la época pregonaron su curiosidad intelectual
y su dominio de distintos idiomas. Cuando el investigador de los siglos modernos se
encuentra frente al inventario de la biblioteca de una mujer, casi siempre surgen
dudas sobre si quien adquirió y usó los libros fue realmente ella o su marido42. En el
caso que aquí nos ocupa, desconocemos la implicación, si es que la hubo, del duque
de Arcos en la formación de la biblioteca de su esposa, pero aunque ésta se hubiera
producido, no hay dudas sobre quien reunió esta impresionante biblioteca, pues sus
fondos llevan la impronta indiscutible de la VI duquesa de Aveiro. El conjunto ofrece
un claro reflejo de los intereses y preocupaciones personales de la dueña, de su gusto
ecléctico y de su ansia de saber universal. Aunque también hay algún título que debió
ser añadido a posteriori por sus hijos, como los Llantos en la muerte de la excelentísima
duquesa de Abeiro de varios autores, que se encuentra en el apartado G (miscelánea
de latín y romance), o los Sermones en las exequias de la excelentísima señora
duquesa de Abeiro, colocados entre lo manuscritos del apartado K
Los dos primeros apartados de la biblioteca (los mayores entre los de latín/
castellano) están dedicados a la historia, el primero en lengua vulgar (423) y el segundo
en latín (597). Ya hemos mencionado como los conocimientos de María Guadalupe
en este campo eran de sobra conocidos. La duquesa llegó a pedir al Marqués de
Mondéjar, don Gaspar Ibáñez de Segovia, que le hiciera un juicio crítico de los
historiadores, a lo que éste respondió con su Noticia y juicio de los principales
escritores antiguos y modernos de la Historia de España43. Junto a la Historia, en
estos dos primeros apartados vamos a encontrar tratados geográficos (donde queda
patente el interés de la duquesa tanto por Europa como por las tierras más lejanas y
exóticas del Extremo Oriente), pero también numerosas obras de historia sagrada,
Para Fernando Bouza: «El conocimiento de los libros que se escogieron para disfrute, enseñanza o
mortificación sirven para que se lean, valga la expresión, las vidas de aquéllos que fueron sus propietarios».
F. BOUZA, Del escribano a la biblioteca…, p. 110.
42
«¿estamos ante la biblioteca de una mujer o ante la bibioteca de un hombre que por avatares del
destino ha acabado en manos de una mujer? Es una pregunta que se tiene que hacer con casi toda
biblioteca de mujer, y una pregunta casi imposible de contestar en todos los casos», T. J. DADSON,
Libros, lectores y lecturas, Madrid, 1998, p. 240.
43
F. DÍAZ ESTEBAN, «Una mujer orientalista…»
41
152
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
crónicas de órdenes y numerosas vidas de santos, frailes, beatos y mártires, tan de
moda en el barroco44, algo más abundantes en el apartado A (el de libros en lengua
vulgar) que en el B. La clasificación de los fondos de esta biblioteca puede resultar
llamativa desde la perspectiva actual, pues responde a la lógica de una sociedad
impregnada por la religión en todos los aspectos de la vida, y por eso no resulta
extraño encontrar, junto al Emporio de el orbe, Cadiz ilustrada: Investigacion de
sus antiguas Grandezas, discurrida en concurso ...., de Jerónimo de la Concepción,
impreso en Amsterdam en 169045, la Vida prodigiosa y heroycas virtudes del
Venerable Padre Fray Francisco Molinero, escrita por Tomás de Montalvo y
publicada en Granada en 169846.
Entre los temas que más libros reúnen en estos dos primeros apartados destacan
dos muy ligados a la biografía de la duquesa: las misiones en Asia y la historia de
Portugal. Ambos temas son, de nuevo, más frecuentes entre los libros en lengua
vulgar. María Guadalupe nunca perdió el interés por los asuntos de su patria, y reunió
tanto libros en alabanza de los reyes o las conquistas portuguesas del pasado (como
los Feitos que os portugueses fizeran no descubrimento et conquista dos mares
e terras do Oriente, de João de Barros), como obras sobre acontecimientos recientes
y que le afectaron más directamente (como la Historia de la union del reyno de
Portugal a la corona de Castilla de Geronimo Franchi Conestagio; traduzida
de lengua italiana en nuestra vulgar castellana por Luys de Bauia, publicada en
Barcelona en 1610 o la Campaña de Portugal por la parte de Estremadura el año
de 1662 executada por Don Iuan de Austria, de Jerónimo Mascareñas). Aunque
también encontramos entre sus libros alguno favorable al bando bragancista, como la
Lusitania liberata ab incusto castellanorum domino: restituta legitimo principi
Ioanni IV, publicada en Londres en 1645, y que se encuentra entre sus libros latinos47.
En los siguientes apartados de la biblioteca encontramos un poco de todo, aunque
son las secciones dedicadas a la religión las que más obras reúnen, en especial las de
En la biblioteca de María Guadalupe, los textos hagiográficos nos permiten recorrer casi toda la
geografía de la imprenta hispana, desde Madrid (con la Vida de la venerable Mariana de Jesús, de Luis
de Mesa, entre otros muchos), hasta Lima (con la Vida del venerable padre fray Martín de Porras, de
Bernardo de Medina), pasando por Orihuela (con el Panegírico de la Venerable Vrsola Morata, de
Isidro Sala). Sobre la renovación y eclosión de la hagiografía barroca puede consultarse, J. J. GARCÍA
BERNAL, «Fronteras interiores de la ciudad letrada: varones venerables en santidad en Valencia y Sevilla
(1590-1620)», en M.F, FERNÁNDEZ, C.A. GONZÁLEZ, Y N. MAILLARD (comp.), Testigo del tiempo, memoria
del universo. Cultura escrita y sociedad en el mundo ibérico (siglos XV-XVIII), 2009, pp. 383-400.
45
CCPB000035963-7
46
CCPB000528286-1
47
CCPB000433150-8
44
153
Natalia Maillard Álvarez
sermones latinos y romances (apartados E y F), así como los de teología mística y
moral (apartado I). Las lecturas de las mujeres en el Siglo de Oro van a estar marcadas
por el predominio de la espiritualidad y la devoción en todos los estamentos sociales48,
y la biblioteca de la duquesa de Aveiro, aunque algo más tardía, cumple con esta
tendencia, y podemos añadir que con un sentido bastante conservador, pues lo que
encontramos fundamentalmente son los libros propios de la doctrina postridentina,
aunque no dejan de aparecer algunas sorpresas. Lo que resulta aún más interesante
son los ejemplares de la Biblia en lenguas vulgares (tenía una edición bilingüe en latín
y francés en el apartado D y entre los libros de religión en lengua extranjera están el
Génesis y el Nuevo Testamento en francés) y en especial en castellano, como los dos
ejemplares (en folio y en media cuarta) que se encuentran en la última sección49.
El apartado C, dedicado a la filosofía y las ciencias naturales, puede calificarse
también de conservador: la erudición de la duquesa se sustenta sobre la base de un
conocimiento sólido de los autores clásicos y la filosofía escolástica, y en cuanto a la
ciencias, encontramos sobre todo autores clásicos, medievales y renacentistas. Mayor
originalidad, quizás, reviste el apartado H, titulado en el inventario «Libri Matematici,
etc.», donde podemos encontrar, por ejemplo, la Geometría y las Epístolas de René
Descartes.
Por supuesto, en una biblioteca multilingüe como esta no podían faltar los
diccionarios de diversos idiomas. Casi todos están reunidos en la sección K («Libri
Gramatici et Manuscriti Diversi»), donde incluso encontramos un Arte para enseñar
mudos, es decir, la Reduction de las letras y arte para enseñar a ablar los mudos,
escrita por Juan Pablo Bonet, y publicada en Madrid en 162050. Encontramos también
varias gramáticas y vocabularios de distintas lenguas clásicas y modernas, e incluso
dos libros dedicados a la lengua cumanagota (tribu de Venezuela), que posiblemente
le llegarían a través de los misioneros.
Un buen ejemplo de esto nos lo ofrece el estudio de Cátedra y Rojo sobre las lectoras valleisoletanas,
P. M. CÁTEDRA y A. ROJO, Bibliotecas y lecturas de mujeres. Siglo XVI, Salamanca, 2004, especialmente
pp. 117-159.
49
A partir del Concilio de Trento, las restricciones impuestas sobre la lectura de la Biblia en castellano
había supuesto su práctica prohibición, de manera que «las rarísimas versiones españolas católicas de
la Biblia posteriores al Concilio, todas parciales, se quedaron manuscritas o fueron impresas en el
extranjero», D. JULIA, «Lecturas y Contrarreforma», en G. CAVALLO y R. CHARTIER, Historia de la lectura
en el mundo occidental, Madrid, 1998, pp. 369-412. De las dos Biblias en castellano que aparecen en
esta biblioteca, una está manuscrita y de la otra no se dan datos de edición.
50
CCPB000035158-X
48
154
María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
Los dos apartados dedicados a «diversos idiomas» (L y M) son los que reúnen
más volúmenes, aunque hay que tener en cuenta que están agrupados sólo en dos
categorías: libros de humanidad (978) y de religión (816). Es muy probable que los
libros de estos apartados fueran también los más difíciles de reunir, pues al tratarse
de obras en lenguas extranjeras tendrían una distribución menor en España. También
son, en líneas generales, los apartados más innovadores de esta biblioteca, aunque sin
apartarse nunca de los gustos de la duquesa de Aveiro. De esta forma, la historia y la
geografía destacan de nuevo como predominantes entre los libros de humanidades:
tenemos, además de historias de distintos lugares de Europa (incluso de Laponia),
historias sobre África, Asia, Tartaria, China, Malabar, e incluso el Viaje a la India
oriental de Marco Polo. Llaman aquí la atención la presencia de dos grandes filósofos
del XVII, el inglés Francis Bacon (De dignitate et augmentis scientiarum) y el
mencionado Descartes, de quien la duquesa tenía cinco obras en este apartado, todas
en francés (incluyendo Les principes de la Philosophie, Les meditations
metaphysiques y Discours de la méthode pour bien conduire sa raison et chercher
la verité dans les sciences) y otra más (Les passions de l’ame le monde), entre los
libros religiosos. Encontramos también aquí más obras de literatura de ficción y de
poesía que entre los libros castellanos o portugueses, donde apenas tienen cabida. En
este sentido, la duquesa se decanta por los autores italianos (Vittoria Colonna,
Sannazaro, Ludovico Dolce) y franceses (con Pier Ronsard). Por su parte, el apartado
de obras de religión en lengua extranjera está casi al completo copado por vidas,
crónicas y otras obras de historia religiosa, junto a algunas de devoción, de moral o
sermones.
En definitiva, se trata de una biblioteca innovadora y conservadora a un tiempo,
pero sobre todo refleja un nuevo tipo de intelectual, la mujer erudita, que llevaba
abriéndose camino lentamente desde inicios de la Edad Moderna, y que en los siglos
XVII y XVIII había adquirido mayor protagonismo, con escritoras de la talla de María
de Zayas en España y Sor Juan Inés de la Cruz en Méjico, pero también con otras
mujeres que han caído prácticamente en el olvido, pero que desempeñaron un papel
fundamental como mecenas, organizadoras de tertulias y reuniones académicas,
coleccionistas de libros y patrocinadoras de la cultura en general.
Durante la ocupación francesa, el convento de Santa Eulalia sufrió considerables
pérdidas, entre las que se encuentra precisamente su biblioteca, que fue trasladada y
agregada a la del convento dominico de San Pedro Mártir, situado extramuros. Los
destrozos propios de la guerra, y la codicia de algunos vecinos tras ésta, hicieron
desaparecer buena parte de los libros (o fueron mezclados con los de los dominicos).
Finalizada la ocupación francesa, cuando las comunidades volvieron a sus claustros,
los libros se trasladaron de nuevo, pero no recibieron el cuidado necesario, «llegándose
155
Natalia Maillard Álvarez
a vender incluso algunos para liar especias»51. Las sucesivas desamortizaciones
terminaron por causar la pérdida o dispersión de los fondos bibliográficos de los
conventos de Marchena, de forma que un estudio completo de la biblioteca de María
Guadalupe requerirá un arduo trabajo de búsqueda y reconstrucción de sus ejemplares
por distintas bibliotecas. Por suerte, el inventario nos permite conocer, aunque sea de
forma indirecta, esta extraordinaria colección y, a través de ella, a su no menos
extraordinaria dueña.
M. A. RAMOS SUÁREZ, El patrimonio cultural de Marchena y la ocupación Napoleónica, Marchena,
1999, p.111-113.
51
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María Guadalupe de Lencastre, Duquesa de Arcos y Aveiro, y su biblioteca
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