Ciento cincuenta años de atención al enfermo crítico

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Artículo especial
Ciento cincuenta años de atención
al enfermo crítico
J. Ruiz Morenoa y M.C. Martín Delgadob
aServei
bServei
de Medicina Intensiva. Hospital Universitari Sagrat Cor. Barcelona.
de Medicina Intensiva. Centro Médico Delfos. Barcelona. España.
La “medicina intensiva” (MI) es la especialidad que
se ocupa de los enfermos con disfunción actual, o
potencial, de uno o varios órganos que representan
una amenaza para su vida y son susceptibles de
recuperación. La MI conlleva un manejo continuo de
los enfermos críticos (EC), incluyendo la
monitorización, el diagnóstico y el soporte de las
funciones vitales afectadas, así como el tratamiento
de las enfermedades que provocan dicho fracaso, y
se constituye en el escalón más avanzado del
esquema gradual de atención a los EC (CNMI, 1993).
Clásicamente, los EC se atienden en una unidad de
cuidados intensivos (UCI), desde que no parece
discutible que el manejo de una insuficiencia
orgánica aguda requiere la monitorización y análisis
regular de varios parámetros fisiológicos, y que la
tecnología y el personal especializado requeridos
para tal efecto no pueden estar disponibles en una
sala hospitalaria general (Cherniack y Cherniack,
1983); y que el mejor argumento para la existencia
de una UCI no es la naturaleza del estado crítico
per se, sino el hecho de que las UCI concentran
toda la tecnología necesaria en un mismo lugar
para atender a los EC, y puede utilizarse sin
demora (Moore, 1980). No obstante, más
modernamente, se entiende que la UCI es sólo un
espacio físico tecnificado en donde se atienden a
EC, de la misma manera que un quirófano es un
espacio físico también tecnificado en donde se
realizan intervenciones quirúrgicas. Así, la UCI
depende funcionalmente de un servicio de medicina
intensiva (SMI), que atiende a los EC de la propia
UCI, pero también al EC allá donde éste se
encuentre —incluso fuera del hospital— y a otros
enfermos no críticos —subcríticos—, pero que
pueden serlo o acaban de dejar de serlo
—poscríticos— y pueden benefiarse de una
atención posterior por los mismos médicos
intensivistas que los han tratado en estado crítico.
Aunque ya de por sí lo expuesto se ajusta a una
lógica empresarial, lo hace todavía más si
entendemos que mientras que una UCI no puede
corresponderse con un centro de responsabilidad,
un SMI, sí (Ruiz, 1990).
Considerando los conceptos previos, en este artículo
se pretende que el lector pueda conocer mejor al EC,
Reseña histórica
La idea de agrupar a los EC en un área común es muy antigua. En
efecto, un hecho unánimemente aceptado es que la MI se inició durante la guerra de Crimea (1854-1856), gracias a la iniciativa de la enfermera Florence Nightingale. Ciertamente, con la finalidad de atender mejor a los EC quirúrgicos, Nightingale agrupó hace 150 años a
estos enfermos en determinadas salas, que se caracterizaban por concentrar más recursos que el resto de las salas del hospital (Baggs;
Gropper). Un grupo de enfermeras especialmente preparado para
atender heridas de guerra se hizo cargo de los enfermos que se envia-
ban a esas salas más equipadas. Así, pues, una doble justificación hace
que aquel hecho pueda considerarse como el principio de la MI: la
concentración de EC en un mismo recinto y su atención por profesionales especializados.
Varias décadas más tade, concretamente en 1923, se puso en marcha la primera sala de recuperación de pacientes posquirúrgicos
—concretamente, enfermos neuroquirúrgicos—, en el Johns Hopkins
Hospital de Baltimore, Maryland (Harvey). Aproximadamente 20 años
después, se crearon también salas de recuperación de la Mayo Clinic
de Rochester, Minnesota, en el Strong Memorial Hospital de Rochester, Nueva York, y en el Ochsner Clinic de Nueva Orleans, Luisiana. En
escenarios de la segunda guerra mundial y, posteriormente, de la guerra de Corea, se desarrollaron unidades especiales de atención y de
concentración de recursos en hospitales de campaña. Entre ambas
contiendas, para enfermos de cirugía cardíaca, se creó la primera UCI
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parecida a la de nuestros días, en el Hospital Peter Bent Brigham de Boston, Massachusetts. Un suceso civil, el incendio
acaecido en 1942 en la sala de fiestas Coconut Grove, en las
afueras de Boston, ocasionó la habilitación de una sala hospitalaria del Massachusetts General Hospital para atender a 39 víctimas de quemaduras (Little; Raffin).
Sin embargo, no fue sino hasta la década de los cincuenta
cuando se inició la MI tal como hoy se desarrolla, a raíz de las
epidemias de poliomielitis que tuvieron lugar en el sur de California (Bower) en 1950 y en Copenhague (Lassen) en 1952. En
California, se diseñaron sistemas de ventilación para atender a
EC con insuficiencia respiratoria aguda. Y en Copenhague, gracias a la tan famosa como loable colaboración de 250 estudiantes de medicina, se utilizaron bolsas de ventilación manual para
atender a cientos de EC. A partir de estos dos hechos, se desarrolla de manera imparable la MI: en Auckland (Nueva Zelanda) en 1955 (Byth); en Toronto (Barber) y en Southhampton
(Pearce) en 1959, en Baltimore (Safar) y en California (Weil)
en 1961, en Glasgow (Campbell) en 1962, en Kansas City (Coburn; Day, 1963, 1965) en 1963, en Denver (Petty) y en Rochester (Minnesota) (Callahan) en 1964, en Londres (Skidmore) en 1965, en Birmingham (Pentecost; Bell), en 1966...
En España, la primera UCI se creó en 1969 en la Clínica de la
Concepción de Madrid y gracias a la iniciativa de Carlos Jiménez Díaz, quien sugirió a una serie de médicos internistas que
orientaran su ejercicio hacia los EC concentraos en la UCI.
Años después, la evidencia de que la mayoría de los EC tenían
características fisiológicas y clínicas homogéneas, así como la
necesidad de incorporar nuevas estrategias terapéuticas y tecnológicas, justificaron de manera paulatina la configuración de
la MI como una especialidad.
Nedicina intensiva en España,
Europa y Estados Unidos
En España, hay aproximadamente unos 260 SMI que representana groso modo unas 3.500 camas. Los médicos que se desarrollan profesionalmente en esos 260 SMI son en su mayoría
especialistas en MI. La MI española reúne una serie de características muy bien definidas que se desarrollan a continuación:
1. El ejercicio de la MI requiere poseer un determinado campo de conocimientos —“know-how” y “know-why”—, dominar
un conjunto de habilidades y disponer de una serie de aptitudes
psíquicas y humanas. Aunque estos rasgos son comunes a la
mayoría de las especialidades y disciplinas clínicas, la integración simultánea da un perfil tipo del médico especialista en MI.
2. Las capacidades, habilidades y destrezas necesarias para el
desempeño de la MI se adquieren bajo un programa de formación específico, integrado desde el año 1979 en el sistema MIR
y que requiere 5 años.
3. El ejercicio profesional de la MI exige la dedicación del médico intensivista a tiempo completo —“full time”— a los EC y a
otros enfermos integrados en el SMI —por ejemplo, urgencias o
gradación asistencial—, siendo compatible con la labor docente
y de investigación.
En Europa, a excepción de España y Suiza, la especialidad de
MI no es una especialidad independiente o primaria, sino multidisciplinaria. Así, a partir de especialidades como anestesiología
y reanimación, medicina interna, neumología, cirugía general...,
y tras un período de formación específico, se adquieren las
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competencias necesarias para ejercer la MI. La Comisión Conjunta Multidisciplinaria (Multidisciplinary Joint Committee of
Intensive Care Medicine) establece en sus guías que la MI combina la actividad coordinada y en colaboración de médicos, diplomados de enfermería y otros profesionales en la asistencia a
los EC con disfunción o fallo de uno o varios órganos que suponen riesgo vital, lo que incluye la estabilización después de intervenciones quirúrgicas complejas y un manejo continuo —24
horas— que incluye monitorización, diagnóstico, soporte de las
funciones vitales comprometidas y tratamiento de las enfermedades subyacentes (De Lange, 2002).
En Estados Unidos también existe un modelo troncular de
especialización médica. A partir de una especialidad básica —
medicina interna, anestesiología o cirugía general— se requiere
un tiempo adicional de formación específica en MI. En ese país
hay 4 modelos de asistencia a los EC en relación con el grado
de implicación de los intensivistas en su cuidado:
– UCI “cerrada”, en la que el intensivista es el médico responsable del EC durante su estancia en la UCI.
– UCI “abierta”, en la que el médico que remite al EC a la UCI
sigue siendo el responsable de su atención, sin ninguna participación de los intensivistas.
– UCI “de consulta obligatoria” con un intensivista, cuando
un EC requiere ingreso.
– UCI “de consulta opciona”, a criterio de su médico responsable (Palencia, 2003).
En relación con esta realidad americana y respecto a las
UCI con “baja” presencia de intensivistas —UCI “abierta” o de
“consulta opcional”—, las UCI con una “elevada” presencia de
intensivistas —entiéndase UCI “cerradas” o de “consulta obligatoria”— se asocian con una reducción en la mortalidad en la
UCI del 39% y hospitalaria del 29%—, además de una reducción de la estancia en la UCI y en el hospital (Pronovost,
2002). El grupo LeapFrog (Estados Unidos), consorcio de más
de 140 organizaciones sanitarias públicas y privadas, ha desarrollado una serie de recomendaciones destinadas a mejorar
la seguridad de los enfermos en el hospital, recomendando el
modelo de “UCI cerrada” como una de las tres principales medidas a seguir.
Gravedad y reversivilidad del enfermo crítico
A diferencia de otras especialidades médicas, la MI nace en función de la necesidad de ofrecer a unos enfermos de manera
continua unos procedimientos diagnósticos y terapéuticos que
no se pueden prestar en salas de hospitalización convencional.
La MI representa, pues, la aplicación de unos conocimientos,
habilidades y aptitudes a la asistencia de EC o enfermos potencialmente críticos. En consonancia, se define al EC como aquél
que se halla en riesgo vital inmediato o posible y cuya situación
clínica sea reversible, incluyendo el soporte del potencial donante de órganos (INS, 1997). Así, dos son las características
básicas que definen al EC: la gravedad y la reversibilidad de su
situación.
La gravedad, entendida como el riesgo de muerte, constituye
el otro pilar que permite identificar qué enfermos pueden beneficiarse de su ingreso en una UCI. Así, en un artículo clásico de
referencia, Griner (1972) identifica poblaciones a las que el ingreso en una UCI no aportaría un beneficio, aquéllas de bajo
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Tabla I. Niveles de prioridad de ingreso en una UCI
y tipos de enfermo
Prioridad 1
Nivel de prioridad: alto
Tipo de enfermo: necesidad de monitorización y tratamiento intensivo
Ejemplos: EC con una o más disfunciones orgánicas, EC en estado de
shock, intervención quirúrgica compleja...
Prioridad 2
Nivel de prioridad: alto
Tipo de enfermo: necesidad de monitorización y potencial tratamiento activo
Ejemplos: intubación endotraqueal ante un síndrome de Guillain–Barré,
pericardiocentesis...
Prioridad 3
Nivel de prioridad: medio
Tipo de enfermo: capacidad de recuperación reducida
Ejemplos: sepsis en un EC afectado de neoplasia con metástasis
Prioridad 4
Nivel de prioridad: bajo
Tipo de enfermo: enfermos que se encuentran “demasiado bien para
beneficiarse” y enfermos que se encuentran “demasiado graves para
beneficiarse”
Ejemplos: fallo multiorgánico irreversible, instrucciones previas, estado
vegetativo persistente
riesgo, estarían “demasiado bien para beneficiarse”, y aquellas
otras de excesivo riesgo, “demasiado graves para beneficiarse”.
Un problema clásico en MI es establecer precisamente criterios
objetivos de ingreso y de no ingreso en la UCI.
El concepto de reversibilidad se ha visto favorecido por
un doble criterio: económico y bioético. En efecto, el hecho,
por una parte, de que los recursos son limitados por definición y, por otra, la aceptación progresiva por la comunidad
médica de los 4 principios de la bioética (Beauchamp y Childress, 1999) han situado en primer plano la reversibilidad
como criterio de ingreso en una UCI, definida aquélla como
la existencia de “posibilidades razonables de recuperación”
del EC.
Atendiendo ese concepto de reversibilidad, el American College of Critical Care Medicine of the Society of Critical Care
Medicine (1999) estableció unos criterios generales de priorización de admisiones de EC en los SMI. La priorización de los criterios de admisión en una UCI puede establecerse en función
de 4 niveles, que se resumen en la tabla 1:
Prioridad 1 (alta)
EC inestables con necesidad de monitorización y tratamiento
intensivo que no puede aplicarse fuera de la UCI. En general,
incluiría EC con una o más disfunciones orgánicas, EC en estado de shock y EC sometidos a una intervención quirúrgica compleja —de cirugía cardíaca, por ejemplo.
Prioridad 2 (alta)
EC que requieren monitorización intensiva y que potencialmente pueden requerir una intervención inmediata sólo posible en
una UCI, como podría ser, por ejemplo, una intubación endotraqueal en un EC afectado de síndrome de Guillain–Barré o una
pericardiocentesis.
Tabla II. Case mix apropiado para generar una admisión
en una UCI
Sistema cardíaco
Infarto agudo de miocardio con complicaciones
Sock cardiogénico
Trastornos del ritmo o alteraciones de la conducción que requieren
monitorización e intervención
Insuficiencia cardíaca congestiva con insuficiencia respiratoria o necesidad
de soporte hemodinámico
Emergencias hipertensivas
Síndrome coronario agudo, especialmente con trastornos del ritmo,
alteraciones de la conducción, inestabilidad hemodinámica o persistencia de
dolor torácico
Paro cardíaco
Taponamiento cardíaco con inestabilidad hemodinámica
Aneurisma de aorta disecante
Bloqueo cardíaco completo
Sistema respiratorio
Insuficiencia respiratoria con necesidad de ventilación mecánica
Embolia pulmonar con inestabilidad hemodinámica
Deterioro respiratorio progresivo
Necesidad de cuidados respiratorios/enfermería no disponibles en plantas de
hospitalización convencional o cuidados intermedios
Hemoptisis masiva
Insuficiencia respiratoria con necesidad inminente de intubación
Sistema neurológico
Ictus agudo con alteración del estado mental
Coma: metabólico, tóxico o anóxico
Hemorragia intracraneal con riesgo de herniación
Hemorragia subaracnoidea
Meningitis con alteración del estado mental o compromiso respiratorio
Enfermedades del sistema nervioso central o neuromuscular con deterioro
neurológico o respiratorio
Estatus epiléptico
Muerte cerebral o potencial muerte cerebral en pacientes para tratamiento de
soporte en espera de determinar la posibilidad de donación de órganos
Vasoespasmo
Traumatismo craneoencefálico grave
Intoxicaciones
Intoxicación por drogas e inestabilidad hemodinámica
Ingestión de drogas con alteración significativa del nivel de conciencia y
protección de vía aérea inadecuada
Convulsiones
Alteraciones gastrointestinales
Hemorragia gastrointestinal con compromiso vital: hipotensión, hemorragia
activa, angina, comorbilidad
Insuficiencia hepática fulminante
Pancreatitis aguda grave
Perforación esofágica con o sin mediastinitis
Alteraciones endocrinas
Cetoacidosis diabética con inestabilidad hemodinámica, alteración del estado
mental, insuficiencia respiratoria o acidosis grave
Tormenta tiroidea o coma mixedematoso con inestabilidad hemodinámica
Estado hiperosmolar con coma o inestabilidad hemodinámica
Insuficiencia suprarrenal con inestabilidad hemodinámica
Hipercalcemia grave con alteración del estado mental o inestabilidad
hemodinámica
Hipo o hipernatremia con convulsiones o alteración neurológica
Hipo o hipermagnesemia con compromiso hemodinámico o arritmias
Hipo o hiperpotasemia con arritmias o debilidad muscular
Hipofosfatemia con debilidad muscular
Cirugía
EC posquirúrgicos que requieran soporte hemodinámico o respiratorio o
cuidados continuos de enfermería
Miscelánea
Sepsis grave, shock séptico
Monitorización hemodinámica
Requerimientos de enfermería elevados
Otros: casiahogamiento, quemados, hipo-hipertermia
Tratamientos experimentales con potenciales complicaciones
Prioridad 3 (media)
EC pero con una capacidad de recuperación reducida por su
enfermedad de base o por la naturaleza de su enfermedad aguda. Estos EC pueden recibir tratamiento intensivo para el trataJANO 23-29 JUNIO 2006. N.º 1.614
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miento de su enfermedad aguda, pero pueden establecerse limitaciones terapéuticas, tales como, por ejemplo, hemodiafiltración —terapia intensiva condicionada—. Un caso típico lo
constituiría el EC afectado de una neoplasia con metástasis y
que desarrolla una sepsis con necrosis tubular aguda. Al tener
estos EC prioridad media, es conveniente consensuar la admisión en la UCI con el propio enfermo —de ser posible—, con
sus familiareslos y con otros médicos relacionados.
Tabla III. Modelo de parámetros objetivos
Signos vitales
Pulso < 40 o > 150 lat/min
Presión arterial sistólica > 80 mmHg o 20 mmHg < presión basal
Presión arterial media < 60 mmHg
Presión diastólica > 120 mmHg
Frecuencia respiratoria > 35 resp/min
Prioridad 4 (baja)
EC que en general no es apropiado su ingreso en una UCI y sólo
deben ser admitidos de forma individual y por razones de coyuntura. Esta prioridad incluiría dos tipos de admisiones:
Signos clínicos (de inicio agudo)
Anisocoria en paciente inconsciente
Quemado > 10% superficie corporal
– Enfermos con escasas probabilidades de requerir una intervención inmediata —enfermos que se encuentran “demasiado
bien para beneficiarse”—; por ejemplo, enfermos con cetoacidosis o insuficiencia cardíaca congestiva moderada.
– EC en situación terminal, irreversibles y en situación de
muerte inminente —enfermermos que se encuentran “demasiado graves para beneficiarse”—; por ejemplo, fallo —obsérvese
que no disfunción— multiorgánico irreversible, rechazo del EC a
medidas intensivas —instrucciones previas—, muerte cerebral
en un no donante de órganos o estado vegetativo persistente.
Anuria
Obstrucción de vía aérea
Coma
Convulsiones de repetición
Cianosis
Taponamiento cardíaco
Datos de laboratorio
Sodio plasmático > 110 mEq/l o > 170 mEq/l
El case-mix apropiado para requerir una admisión en una
UCI se expone en la tabla 2. Y en la tabla 3 se esquematiza el
modelo de parámetros objetivos —clínicos y relacionados con
exploraciones básicas— que puede ayudar a establecer la indicación correcta de una admisión en la UCI. Los procedimientos específicos clásicos, diagnósticos y terapéuticos que
se realizan en una UCI —actividad in–door— se muestran en
la tabla 4.
Sin embargo, a pesar de establecer prioridades, definir el case-mix e identificar procedimientos, y a pesar también de que
no hay duda de que la atención del enfermo es un servicio humano y, por tanto, una necesidad social, siempre ha existido y
existirá una gran controversia acerca de qué enfermos deberían
beneficiarse de las atenciones propias de un SMI y cuáles no.
Por tanto, no puede saberse a ciencia cierta hasta qué punto
tiene sentido la MI desde una perspectiva social; aunque esta
afirmación, claro es, para nada ha de obstaculizar su desarrollo.
Potasio plasmático > 2 mEq/l o > 7 mEq/l
Pa02 < 50 mmHg
pH < 7,1 o > 7,7
Glucosa > 800 mg/dl
Calcio > 15 mg/dl
Niveles de tóxicos en paciente inestables o con alteración de la conciencia
Radioimagen
Hemorragia cerebral, ictus isquémico o contusión con alteración del nivel de
conciencia o focalidad neurológica
Rotura de víscera
Disección aórtica
Electrocardiograma
Signos de necrosis aguda
Taquicardia ventricular mantenida o fibrilación ventricular
Ámbito de actuación de la medicina
intensiva y productividad
Bloque cardíaco completo
Puede afirmarse que el ámbito de actuación de la MI viene definido por el lugar en el que se encuentre el EC; lo que, como ya
se ha planteado a lo largo de este artículo, implica que la atención del EC se relaciona más con el concepto de SMI que no con
el de la mera estructura física de la UCI. Mientras existen criterios para medir o cuantificar la actividad/productividad de la mayoría de los servicios asistenciales que se corresponden con las
especialidades “clásicas” médicas o quirúrgicas —por ejemplo, y
respectivamente, cardiología o cirugía general—, la
actividad/productividad de la MI —especialidad no relacionada
con una órgano anatómico— no se ha cuantificado en el contexto del entorno sanitario español, con la excepción de la cuantificación de las necesidades de enfermería —niveles de atención.
Si bien es cierto que muchas de las plantillas de los SMI —especialmente en los hospitales de titularidad pública— están toda-
vía dimensionadas en función de la cobertura de las guardias, todo lo que se hace “en el horario de mañana” va mucho más allá
de atender a 2 EC por cada uno de los médicos de plantilla. Y
también, en cualquier hora, el trabajo de los médicos del SMI va
mucho más allá de la atención in-door del EC. En un estudio realizado por Ruiz (2001), se analizaron 2 objetivos relacionados
con la productividad de la MI. El primer objetivo era describir,
analizar y evaluar qué hace un médico adjunto entre las 8.00 y las
17.00 horas —horario del personal— y cuál era el valor añadido
que generaba. Y el, fuera del espacio específico de la UCI
(out–door), segundo objetivo trataba de describir, analizar y evaluar qué es lo que hacen —qué líneas de producto desarrollan—
los médicos adjuntos y los médicos de guardia adscritos al SMI.
La actividad asistencial diaria in-door de un médico del SMI
está basada en la atención integral de los EC asignados y en la
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Tabla IV. Procedimientos diagnósticos y terapéuticos in-door
CDP: aparato respiratorio
Ventilación mecánica
VM no invasiva
VM invasiva: > 48 h
Traqueostomía
Percutánea
Convencional
Decúbito prono
Óxido nítrico
Punción y drenaje torácico
Fibrobroncoscopia
CDP: aparato circulatorio
Soporte vital avanzado (SVA)
Catéter arteria pulmonar
Marcapasos transvenosos temporales
Marcapasos definitivos
Sobreestimulación auricular
Dispositivos de asistencia circulatoria:
balón de contrapulsación
Cardioversión
Desfibrilación
Punción y drenaje pericárdico
Fibrinólisis sistémica
Tratamiento antiagregante i.v.
Ecocardiograma
Transtorácico
Transesofágico
Coronariografía
ACTP
ACTP + stent
Stent
CDP: sistema nervioso
Monitorización neurológica invasiva
Presión intracraneal
Punción lumbar
Cateter (subdural, intraparenquimatoso,
intraventricular)
Saturación yugular de oxígeno (SJO2)
Presión tisular de oxígeno (PtiO2)
Microdialisis cerebral
Doppler transcraneal
Punción lumbar
Drenaje ventricular cerebral
CDP: sistema renal y aparato urológico
Sondaje vesical
Punción percutánea vesical suprapúbica
Técnicas de depuración extrarrenal
Diálisis peritoneal
Hemodiálisis intermitente
Hemofiltración venovenosa continua (HFVVC)
Hemofiltración arteriovenosa continua (HFAVC)
Hemodiafiltración venovenosa continua (HDFVVC)
Hemodiafiltración arteriovenosa continua (HDFAVC)
Hemoperfusión
Plasmaféresis
CDP: aparato digestivo y metabólico
Sondaje nasogástrico
Sondaje nasoentérico
Sondas tipo Sengstaken-Blackemore y Linton
Punción abdominal
Punción lavado-peritoneal
Gastrostomía endoscópica percutánea (PEG)
Monitorización
Tonometría gástrica
Catéter saturación hepático (SHO2)
Soporte extracorpóreo bioartificial hepático
Ecografía abdominal
Miscelánea
Catéter epidural
Sedación y analgesia en perfusión continua
Técnicas de calentamiento activo
Bypass cardiopulmonar
Bypass percutáneo arteriovenoso continuo
Bypass percutáneo venovenoso continuo
Fibrinolisis local
Intrapleural
Intraventricular
Cateter venoso
Traslado de enfermos críticos
Primario
Secundario
Intrahospitalario
CDP: endocrinología y nutrición
Técnicas de nutrición
Nutrición enteral
Nutrición parenteral
Periférica
Total
Calorimetría indirecta
Tabla V. Actividades diarias del SMI en orden cronológico
Tabla VI. Actividades diarias del SMI en orden cronológico
Sesión de finalización de la guardia
Número de consultas urgentes por procedencia
Contacto con servicios externos
Sala
Pase de visita
Bloque quirúrgico/reanimación
Técnicas especiales. Interconsultas otros especialistas
Área de urgencias
Información a los familiares
Identificación del tipo de consulta
Traslados fuera del SMI
Enfermo no crítico
Documentación clínica. Sesiones clínicas
Enfermo irreversible
Sesión de inicio de la guardia
EC reversible
Dirección del caso
RCP
atención del resto de enfermos ingresados en el SMI, en el caso
de que la situación así lo exija —emergencias, traslado de
PC...—. En la tabla 5 se muestra, en orden cronológico, el horario de cada una de las actividades diarias realizadas por los médicos de plantilla del SMI, teniendo obviamente siempre en consideración que, en función de las circunstancias específicas diarias, el MA del SMI puede adecuar su actividad a las
necesidades características de los EC. Además de las actividades reflejadas en la citada tabla, los médicos de plantilla también pueden realizar ingresos urgentes y programados, identificación de donantes potenciales y colaboración con coordinadores de trasplantes, establecimiento de criterios de muerte
cerebral y solicitud de autopsias. En toda esta actividad no se
contemplan docencia ni investigación.
La productividad out-door se ha estructurado como se muestra en la tabla 6. En la identificación del tipo de consulta, se introduce el término “dirección del caso”, que hace referencia a
cuando el médico intensivista, siempre fuera de la UCI a petición de otros especialistas, orienta en los ámbitos diagnóstico o
Falsa RCP
Atención de un EC reversible fuera de la UCI
Atención del enfermo poscrítico
Atención del enfermo precrítico (SIRS, por ejemplo)
Traslados de EC
Intrahospital
Extrahospital
terapéutico un caso clínico, sea crítico o no el enfermo, o reversible e irreversible. A su vez, el término “falsa RCP” hace referencia a cuando un médico intensivista es consultado por una
falsa alarma de paro cardiorrespiratorio. La “atención del enfermo poscrítico” indica la asistencia de un enfermo en las primeras 12 horas luego de ser dado de alta del SMI.
Al margen de la actividad in-door y out-door, ámbitos de actuación de la MI son, pues, las UCI, tanto las polivalentes como
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las específicas —bien sean éstas médicas o quirúrgicas—, las
unidades de cuidados intermedios o de semiintensivos —gradación asistencial—, áreas de urgencias y de emergencias, UCI
móviles —traslado de EC— y atención en situaciones de catástrofe. En consonancia, la responsabilidad de los SMI se extiende
a todos aquellos EC recuperables, con independencia del lugar
físico en que éstos se encuentren, dentro y fuera del hospital.
Además, la MI, como todas las especialidades, incluye una vertiente de prevención. Así, los “equipos de emergencia médica”,
caracterizados por la identificación precoz y atención inmediata
del EC con alteraciones fisiológicas bien definidas —criterios de
alarma— que preceden a una situación crítica, han demostrado
su efectividad en la disminución de la incidencia de episodios
adversos —paros cardíacas, ingresos inesperados en la UCI...—,
mortalidad y estancia hospitalaria (Bellomo, 2004). Recientemente, el Institute for Healthcare Improvement de Estados Unidos ha promovido una campaña para salvar 100.000 vidas en 18
meses en la que incluyen, entre otras acciones, la creación de
equipos de respuesta rápida ante emergencias hospitalarias.
En definitiva, se plantean pocas dudas a la hora de afirmar
que tiene más sentido orientar el ejercicio de la MI hacia el EC
allá en donde éste se encuentre que no estrictamente hacia la
UCI. Más sentido para el EC y más sentido también desde el
punto de vista de la efectividad y de la eficiencia del sistema sanitario y, sobre todo, desde el punto de vista de la equidad. Y
aún aparecen menos dudas en relación con que la decisión de
Florence Nightingale, hace ahora 150 años, de agrupar a los EC
de guerra en una sala concreta de un hospital de campaña en
función de criterios de gravedad y reversibilidad fue una decisión tan acertada como vigente: el valor añadido que generó en
los heridos de la guerra de Crimea es el mismo que hoy generan
los profesionales del enfermo crítico para los EC. J
Bibliografía recomendada
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