En la ciudad de Santa Fe, a los veinticinco días del mes de junio del

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En la ciudad de Santa Fe, a los veinticinco días del mes de junio del año
dos mil diez, se reunieron en Acuerdo los señores Vocales integrantes de la Sala Tercera
de la Cámara de Apelación en lo Penal de Santa Fe, doctores JULIO CÉSAR
RONDINA, JUAN CARLOS GEMIGNANI y ELOY EMILIANO SUÁREZ, a fin de
dictar resolución de segundo grado en los autos caratulados: “G., H. C. S/ LESIONES
GRAVES CULPOSAS AGRAVADAS POR LA CONDUCCIÓN IMPRUDENTE
DE UN VEHÍCULO AUTOMOTOR” (expte. n° 149, año 2010, del registro de la
m.e.u.).
Estudiado el proceso el Tribunal sometió a votación las siguientes
cuestiones a resolver:
1ra.- ¿Es justa la sentencia apelada?.
2da.- ¿Qué resolución corresponde dictar?.
A la primera cuestión el señor Vocal doctor Rondina dijo:
Contra el fallo dictado por el señor Juez de Primera Instancia en lo Penal
Correccional de la Quinta Nominación de esta ciudad, el 30 de marzo de 2009, que
condena a H. C. G., a la pena de seis meses de prisión de ejecución condicional e
inhabilitación especial para conducir automotores por el término de dieciocho meses y
costas, como coautor responsable del delito de Lesiones graves culposas agravadas por
la conducción imprudente de un vehículo automotor (art. 94, segundo párrafo, en
relación al art. 84, segundo párrafo del Código Penal), interpone recurso de apelación el
defensor del imputado (fs. 94).
A fs. 123/124 vto expresa agravios la Dra. Silvana De Pedro y se agravia de
la calificación legal seleccionada por el sentenciante en tanto no se dan los elementos
para su configuración y sostiene que la pericia demuestra que el Sr. Coronel no cruzó
por la esquina sino muchos metros más hacia el este, saliendo sorpresivamente por
detrás de una camioneta.
Dice que la pericia también ha demostrado que la velocidad a la que se
desplazaba su defendido oscilaba entre los 30,16 a 38,60 Km/h, es decir dentro de la
reglamentación vigente y que del acta de inspección ocular surge que la huella de
frenada del automóvil tiene una longitud de un metro, o sea mucho menor de la que
hubiera necesitado para frenar en caso de haber transitado velozmente por el lugar.
Agrega que la violación del deber de cuidado que esgrime el “a quo” es una
fórmula genérica que por sí sola no puede fundamentar un fallo condenatorio cuando era
imposible preveer que Coronel se aparecería sorpresivamente detrás de una camioneta
sin permitir que el conductor hiciera más que frenar como lo hizo en la distancia de un
metro.
En definitiva solicita se revoque la sentencia recurrida absolviendo de culpa
y cargo a su pupilo.
A fs. 126 y vto. contesta el señor Fiscal de Cámaras y entiende que se
encuentra debidamente acreditada la responsabilidad penal del justiciable en el hecho
que se le atribuye, en tanto la causa eficiente del accidente obedeció al comportamiento
conductivo observado en la ocasión por H. C. G..
Agrega que el conductor del vehículo es quién debió extremar los cuidados
y haber advertido el peligro ya que el peatón tenía prioridad de paso y lo hacía por la
senda peatonal, por lo que su maniobra se evidencia imprudente, negligente y falta del
deber de cuidado en un cruce de alto tránsito.
Por lo expuesto pide se confirme en todas sus partes la resolución apelada.
Ingresando al tratamiento de la primera cuestión adelanto que los agravios
esgrimidos por la defensora del imputado no tienen la entidad suficiente para modificar
el fallo recurrido y por ende será confirmado.
No caben dudas que se encuentra totalmente probada la materialidad del
hecho: el 18 de noviembre de 2005, aproximadamente a las 11,30 horas se produce un
accidente de tránsito en la intersección de la Avda. Gral. López y Francia de ésta ciudad
donde el Renault 19, dominio CWD 370 al servicio de la empresa de remis “Setúbal” y
al mando de H. C. G., embiste al peatón Marcos Ramón Coronel, produciéndole
lesiones de carácter grave.
El eje argumental de los agravios de la recurrente se apoya en el
cuestionamiento a la fórmula de violación del deber de cuidado de la que parte el “a
quo” para fundamentar la condena de G., por entender que su pupilo se conducía a una
velocidad reglamentaria y que la persona que cruzó la calzada totalmente distraída fue,
en definitiva, la responsable del siniestro.
Analizando detalladamente las constancias obrantes en la causa: acta de
procedimientos (fs.1), acta de inspección ocular y croquis demostrativo del lugar del
hecho (fs. 4 y vto.), informe técnico mecánico practicada sobre el Renault 19 (fs. 9) y
pericial mecánica efectuada por el Ingeniero Mecánico Silvio Víctor Chiosso ( v. fs.
71/74), no puedo sino convenir con el señor Fiscal de Cámaras, que la causa eficiente
del accidente no fue otra que el comportamiento conductivo de G..
Como he sostenido en numerosas oportunidades, el responsable en los
delitos culposos es quien crea el peligro de causación del resultado típico y si bien la
víctima puedo ingresar alguna condición para que el resultado se corporice, de manera
alguna exculpa al encartado, a partir de la no compensación de culpas en materia penal.
El propio justiciable en su indagatoria (v. fs. 30 y vto.), admite que fue el
embistente, pero no obstante, en un evidente
afán para desprenderse de su
responsabilidad, incurre en la contradicción de afirmar que Coronel cruzó detrás de una
camioneta para después indicar en el mismo acto que la víctima cruzó delante de una
camioneta para tirárse sobre su vehículo. Sin embargo, la presencia de la misma no fue
constatada por ninguna actuación de la prevención ni mencionada por la víctima ni por
el propio encartado en la declaración prevencional de fs. 11.
Tampoco es verosímil la afirmación de “...yo veo un bulto que se aparece
sorpresivamente; freno y se tira arriba del capot...”, ya que lo lógico es que si Coronel se
hubiera “tirado” sobre su vehículo no es probable que lo hiciera sobre el capot sino
abajo.
Por otra parte, aún admitiendo que la camioneta detrás de la cual se habría
cruzado la víctima hubiera existido, G. debería haber advertido su presencia y haber
tomado las precauciones necesarias para evitar la colisión, en tanto el conductor de un
rodado -y más como en éste caso en que es su profesión o medio de vida-, está obligado
a permanecer atento a las evoluciones imprevistas de la circulación, entre la que se
cuenta la conducta de los peatones, en que la actitud de la víctima de cruzar -incluso
antirreglamentariamente- la calle es un riesgo común, frecuente y posible, que lo obliga
a extremar sus cuidados.
Debemos tener en cuenta que las arterias donde se produce el hecho (Gral.
López y Francia) son de alta circulación y más a esa hora (11,30), por lo cual es dable
exigir un riguroso dominio de la unidad para evitar accidentes que no se agota sólo en
reducir la velocidad, sino en detener por completo el movimiento cuando como
consecuencia de éste se enfrente con la posibilidad de un daño.
El testimonio de la víctima (v. fs. 11 y vto. y 24 y vto.) afirmando que el
vehículo remis venía circulando por Avda. Gral. López de oeste a este lo embiste
cuando ya había recorrido unos dos metros y que venía fuerte y aceleró para cruzar la
bocacalle, se compadece con la mecánica del accidente, a los daños constatados en el
Renaul 19 en el informe técnico mecánico como a la pericial del Ingeniero Chiosso que
calcula la velocidad del remis al momento de la colisión entre 30,16 km/h y 38,62 km/h,
es decir bastante superior a lo que la lógica nos dice que debería haber circulado en una
encrucijada como la descripta.
También queda claro que Coronel tenía prioridad de paso y cruzaba por la
senda peatonal, aunque ésta no haya estado debidamente demarcada, la huella de
frenada de aproximadamente 1m. impresa por el embistente según el acta de inspección
ocular (v. fs. 4 y vto.) es claramente indicativa que la velocidad del remis no era la
adecuada para la circunstancia, por lo que la violación al deber de cuidado por parte de
G. luce clara.
Precisamente la violación del deber de cuidado es “una forma de culpa,
porque el sujeto activo no ha tomado la precaución exigible en la forma predeterminada
por las normas ordenatorias de una actividad” (Marcó del Pont, Luis “Delitos de
Tránsito”, Editorial Advocatus, Córdoba, 1993, pág. 26).
Nos dicen Mosset Iturraspe y Rosatti que “...el accidente donde participa
una persona en calidad de peatón tiene como característica la vulnerabilidad o fragilidad
del cuerpo humano, que al ser embestido o colisionado corre un peligro cierto de
incapacidad o muerte -lesiones leves, graves u homicidio-. La conducta del peatón
puede ser o no culposa, por lo normal, sólo se tiene en cuenta, en su contra, la culpa
grave, la omisión de cuidados o diligencias elementales. El peatón es la “parte débil” en
el accidente y además, la desinformada, la desconocedora -por lo común- de
reglamentos y deberes”. (MOSSET ITURRASPE, Jorge - ROSATTI, Horacio Daniel;
“Derecho de Tránsito. Ley 24449", Rubinzal Culzoni, 1995, Santa Fe, pág. 245/246).
Por último cabe mencionar que la Ley de tránsito 24.449 en su artículo 64,
señala que las presunciones favorecen al peatón “en tanto no incurra en graves
violaciones a las reglas del tránsito”, que refieren conforme a la doctrina en la irrupción
súbita, su aparición sorpresiva por detrás de otro vehículo o que se arroje a la calzada
con violencia. Conforme la prueba reunida, ninguno de éstos aspectos surge en la
emergencia.
En definitiva, entiendo que el encartado ha violado el deber de cuidado que
tenía a su cargo produciendo el resultado conocido y que en consecuencia la sentencia
venida en revisión es justa y debe confirmarse. Así voto.
A la misma cuestión los señores Vocales doctores Gemignani y Suárez
sostuvieron argumentos similares a los expuestos por el doctor Rondina y votaron
también por la afirmativa.
A la segunda cuestión el señor Vocal doctor Rondina continuó diciendo:
Atento el resultado obtenido al tratar la cuestión anterior corresponde:
Confirmar la sentencia apelada que condena a H. C. G., a la pena de seis
meses de prisión de ejecución condicional e inhabilitación
especial para conducir
automotores por el término de dieciocho meses y costas, como coautor responsable del
delito de Lesiones graves culposas agravadas por la conducción imprudente de un
vehículo automotor (art. 94, segundo párrafo, en relación al art. 84, segundo párrafo del
Código Penal). Así voto.
A esta última cuestión, los señores Vocales doctores Gemignani y Suárez
dijeron que la resolución que correspondía adoptar era la propuesta por el doctor
Rondina y votaron en tal sentido.
Por los fundamentos expuestos en el Acuerdo que antecede, la Sala Tercera
de la Cámara de Apelación en lo Penal,
RESUELVE: Confirmar la sentencia apelada en todas sus partes, con
costas.
En la suma de mil seiscientos cuarenta y cuatro pesos con dieciséis
centavos ($ 1.644, 16) equivalentes a ocho unidades Jus (8 Jus), se regulan los
honorarios de la doctora Silvana De Pedro por su actuación en ésta instancia.
Fijar como interés moratorio del profesional actuante, la tasas activa del
Nuevo Banco de Santa Fe S.A. (art. 32, 4° párrafo, de la ley 12.851).
Insértese el original, agréguese el duplicado, hágase saber, córrase vista a la
Caja Forense y bajen.
RONDINA
GEMIGNANI SUÁREZ
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