Propuestas para el estudio científico aplicado a la conservación de

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Propuestas para el estudio científico aplicado
a la conservación de tejidos históricos
MARIÁN DEL EGIDO RODRÍGUEZ
IPHE
Interpretación científica
de un proyecto de conservación
de tejidos
Los tejidos, antes como ahora, están estrechamente unidos a nuestra historia social y
forman parte de nuestra vida cotidiana, utilizados para usos domésticos, el vestido, la
decoración, como símbolos de una determinada situación social, de poder y de prestigio
económico o religioso. Mientras cumplen
estas funciones únicamente, su mantenimiento se circunscribe a la limpieza doméstica habitual. Sin embargo, cuando estos objetos pasan a formar parte del patrimonio
cultural, el tratamiento de conservación debe ser específico y estar a cargo de personal
cualificado. La experiencia muestra, no obstante, que los tejidos históricos no ocupan el
lugar relevante que les corresponde, sino que
pertenecen al grupo de los bienes de menor
consideración dentro del patrimonio histórico, junto con los materiales etnográficos,
científicos y técnicos, y que aún hoy, su conservación y restauración se ve, en ocasiones,
en manos de artesanos. Es importante reivindicar su papel en la historia y la necesidad
de su conservación, de modo que puedan
evitarse daños irreversibles producidos, por
ejemplo, por lavados con productos tóxicos
o con sistemas mecánicos poco respetuosos
con la integridad material de las piezas. Así
considerado, debería ser generalizado el tratamiento con criterios y metodologías ya
aceptadas y habituales en otro tipo de patri-
monio. Los proyectos de conservación y restauración de tejidos se merecen el mismo
tratamiento científico que cualquier otro
componente de nuestro patrimonio histórico, razón por la que se dedica este trabajo a
presentar algunas posibilidades que la ciencia y la técnica nos ofrecen para contribuir a
conocer y garantizar condiciones adecuadas
de intervención.
En una polémica entrevista realizada a
Severo Ochoa, éste afirmó: «El amor es física y química». No seré yo quien hable sobre
la naturaleza del amor, pero sí puedo afirmar que los bienes culturales son, como mínimo, física y química. Esta afirmación
puede muy bien aplicarse a la praxis de la
metodología científica en la conservación
de los textiles, como de cualquier otro bien
cultural, que se dirige al estudio científico
de las propiedades físicas y químicas de su
estructura material. Estas propiedades dependen de la naturaleza de sus constituyentes, de su estado de agregación y de las condiciones ambientales en que se encuentra
(Accardo; Vigliano, 1989). Los resultados
así obtenidos no sólo se utilizan para conocer una tecnología histórica, disponibilidad
de recursos, rutas comerciales, corrientes artísticas, o generar cualquier otro tipo de documentación que posibilite la investigación
histórica, sino también para contribuir a establecer las condiciones para programar intervenciones de restauración acertadas y
proyectos de conservación que contribuyan
a minimizar los efectos del paso del tiempo
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
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y a favorecer su futura preservación. Por
tanto, podemos decir que la metodología de
trabajo debe ser de ciencia aplicada.
El reto del trabajo de los científicos para
la conservación consiste en proveer de conocimientos y técnicas para armonizar la
necesidad de conservar en su estado inicial
el valor histórico, artístico, antropológico o
tecnológico de unos bienes cuya naturaleza
material tiende permanentemente al equilibrio con su entorno, y, por tanto, a continuos cambios. Las variables de este sistema
comprenden las características de los materiales constitutivos y su técnica de ejecución, como son el proceso de hilado, tinción, tejido, acabados, y las condiciones
posteriores al momento de creación, como
son parámetros microclimáticos, estabilidad estructural, deterioros de origen diverso ocasionados mayoritariamente por el
uso, traslados geográficos, condiciones expositivas de almacenamiento. Con estas variables, que funcionan como las condiciones iniciales y condiciones de contorno en
la interpretación matemática de un sistema
físico, se trata de buscar los valores más
aproximados para que se den condiciones
lo más cercanas posible a los preceptos básicos defendidos por los profesionales de la
restauración y la conservación. Uno de los
más importantes es el de reversibilidad,
considerado como la posibilidad de volver
al estado inicial tras la intervención. Este
precepto apareció por primera vez en el
denominado informe Murray Pease, aceptado en 1963 por el American Institute for
Conservation (Pease et al., 1964) y adoptado en su código ético en 1968, artículo II.5
(Pease et al., 1968), y desde entonces por la
mayoría de los códigos metodológicos de
conservación y restauración.
En el ámbito de la conservación y restauración de los tejidos históricos, el méto-
do más aceptado tradicionalmente ha sido
el de la costura por su reversibilidad: mediante los diferentes tipos de puntos desarrollados se fijan con hilos muy finos las
zonas deterioradas, siempre que la tela lo
permita. Por ello, la utilización del concepto de reversibilidad en restauración de
textiles es especialmente adecuada. La interpretación científica de este proceso y
otros no está tan extendida, quizá porque
esa consideración de los tejidos como arte
menor ha propiciado poco la aplicación
teórica o práctica de la ciencia y la tecnología a su restauración. Por ello, se propone una reflexión en torno a la reversibilidad estudiada desde un punto de vista
científico y aplicada a los tejidos.
El concepto de reversibilidad se ha visto
sometido a valoraciones y revisiones desde
la década de 1980, tal como atestigua la
amplia bibliografía al respecto y que queda
plasmada en estudios monográficos recientemente publicados (Oddy; Carroll, 1999).
De acuerdo con éstos, la reversibilidad en
conservación y restauración es un ideal al
que se puede y debe aspirar, un objetivo
teórico que no siempre es alcanzable en
sentido estricto en la materialización de la
intervención. No obstante, tiene de parte
irrenunciable el que cualquiera que sea el
tratamiento al que se someta el material, en
el futuro sea posible por cualquier método
científico, técnico o documental identificar
materiales y procesos existentes antes de la
intervención. El principio de reversibilidad
es, por tanto, una constante en todo proyecto de conservación en cuyo entorno cercano se debe intentar trabajar a sabiendas
de que, aunque en ocasiones inalcanzable,
su defensa siempre ha propiciado la revisión periódica de tratamientos, el intercambio entre profesionales implicados, el
enriquecimiento de las aportaciones desde
distintos ámbitos y, en suma, una mejora
de las intervenciones en el respecto a la integridad física de los bienes culturales.
Existe en física una magnitud de concepto equivalente que es la entropía, y que permite una cierta aproximación a la interpretación científica de este concepto aplicado a
la conservación de tejidos.
Un proceso reversible es aquél en que el
aumento de entropía es nulo, siendo la entropía la magnitud que mide el grado de
desorden de un sistema aislado, y que de
acuerdo con el segundo principio de la termodinámica, aumenta en toda transformación espontánea. Un proceso reversible está
constituido por una sucesión de estados de
equilibrio y, por tanto, su descripción geométrica coincide con una trayectoria cuasiestática (Callen, 1985). Por tanto, solamente un sistema ideal puede tener aumento de entropía nula. El punto material, el
gas perfecto, el movimiento de un sólido sin
rozamiento, el péndulo matemático, el
cuerpo negro, la lente delgada, son ejemplos
de sistemas físicos ideales. De todos es sabido que los sistemas físicos ideales son extrapolaciones de sistemas reales que ofrecen
muy buenas condiciones para el estudio y
deducción de leyes universales que rigen los
procesos naturales, aunque no se ajustan
exactamente a la realidad. Su estudio y consideración han contribuido enormemente al
desarrollo científico y, por ello, son sistemas
habitualmente utilizados como presupuestos en numerosos ámbitos de la física. Esta
misma interpretación es la que aquí se defiende respecto a la reversibilidad de las intervenciones en conservación y restauración
no sólo del patrimonio que ya goza de más
profundos estudios e investigaciones de carácter técnico, sino también del textil.
Dada la definición de entropía pudiera
parecer que un adecuado proyecto de con-
servación puede ser el que esté acompañado de una disminución de entropía, es decir, de un aumento de orden en el sistema.
Las transformaciones acompañadas de disminución de entropía son posibles, aunque no se dan en la naturaleza de forma espontánea, sino que un agente exterior ha
de provocarlas con un aumento global de
entropía en el sistema superior a la disminución antes considerada. De este modo,
no se incumple el segundo principio, dado
que el resultado final es que el sistema aislado cuya entropía aumenta y en el que
nuestros bienes culturales se hallan inmersos es el universo. No obstante, interpretar
que la disminución de entropía es una
condición deseable en una restauración,
puede provocar resultados muy desafortunados. Por ejemplo, la controvertida consolidación con retejidos o la consolidación
mediante adhesivo, éter celulósico por pulverización.
Por ello, la condición deseable es la reversibilidad, es decir, la nula variación de
entropía, que también significa el equilibrio termodinámico con su entorno, principio básico en conservación preventiva.
Pero también parecería que la reversibilidad deseada es una utopía física. La interpretación física de este proceso es que, si
bien en los sistemas aislados no podemos
encontrar la variación de la entropía nula,
sí podemos acercarnos mucho a mínimas
variaciones en subsistemas que produzcan
intercambios con otros a costa de los que
podamos llegar a variaciones casi nulas.
Ejemplos de estos procesos son la fusión
del agua a 0 °C y la compresión muy lenta
de un gas en un émbolo; aplicado a la restauración y conservación de tejidos, la adecuación de temperatura y humedad relativa
en intervalos infinitesimales hasta llegar a
los valores deseados.
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
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Figura 1. Dos fragmentos de un
mismo tejido copto sometido a
diferentes condiciones de contorno.
El efecto es un deterioro irreversible en
el primero de ellos producido
por reacciones fotoquímicas debidas a
una exposición prolongada.
Archivo Central. Expedientes
de Intervención. IPHE.
Por tanto, nuestra acción que modifica los
parámetros físicos y químicos a que se ve sometido un tejido en grave estado de deterioro, puede conseguir, si se seleccionan sus valores adecuadamente, una situación cercana
al equilibrio que favorezca su conservación.
Por ello, las decisiones de modificación de
las condiciones estructurales, de iluminación, microclimáticas, químicas o de almacenamiento, deben tener en cuenta las consecuencias de la perturbación del equilibrio
que el paso de los siglos ha contribuido a
crear, y si con ello se garantiza una mejor
conservación de la obra.
En el caso de los tejidos históricos, encontramos generalmente una estructura de
materia orgánica, de origen vegetal o animal, entrelazada con una técnica más o menos complicada, a la que se han añadido
sustancias de tinción o impresión, y otros
materiales pintados o formando relieve, como son hilos metálicos, perlas o piedras. La
naturaleza de todos estos materiales y la
interacción entre ellos en unas determinadas condiciones ambientales, constituyen
un sistema dinámico en el que se verifican
reacciones químicas, modificaciones mecánicas o biodeterioro. La consideración del
bien cultural como un sistema dinámico
es de gran relevancia, ya que su análisis
concluye con las condiciones de contorno
inevitablemente modificables para la conservación. Por ejemplo, proyectar un tratamiento de desinsectación sobre una colección de textiles en el almacén de un museo
para que, una vez finalizado, las piezas se
guarden en las mismas condiciones ambientales y de almacenaje no sólo no tiene
ningún sentido positivo para la conservación, sino que genera manipulaciones, trasportes, embalajes y modificaciones de las
condiciones del entorno completamente
innecesarias. Otra posible situación es la de
elaborar un proyecto de restauración con
criterios y metodología adecuados para una
casulla de un museo diocesano y que, una
vez terminada la intervención, vuelva a ser
expuesta en un soporte disponible cualquiera y sometida, durante años, a niveles
de iluminación excesivos. En otras ocasiones, el mismo proyecto de restauración
puede incorporar el diseño específico de un
soporte adecuado que elimine la heterogeneidad en las tracciones mecánicas a las que
se ve sometido el tejido, pero puede ocurrir
que los responsables de la museografía del
lugar donde va a ser expuesta la pieza no
consideren ese soporte compatible con el
diseño expositivo y se vea sustituido por
otro estéticamente conveniente. Estas situaciones, que según el sentido común no
deberían darse, no están tan lejos de algunos casos reales como nos gustaría pensar.
Otro tipo de circunstancias, generalmente
ajenas a la voluntad del conservador, como
pueden ser recortes presupuestarios, falta
de personal o decisiones más políticas que
técnicas, producen estos desafortunados
desenlaces.
Hasta ahora se ha mencionado la reversibilidad desde el punto de vista clásico, pero
hay también aspectos de la mecánica cuántica que deben ser considerados y afectan de
forma importante en la conservación de los
bienes culturales. Los avances científicos y
técnicos han puesto a disposición de los investigadores dedicados a la conservación
nuevas posibilidades de estudio, diagnóstico
y tratamiento de los materiales históricos
que, si bien no parecen ofrecer efectos no
deseados o irreversibles microscópicamente,
deben ser muy bien contrastados antes de su
aplicación, teniendo también en cuenta las
posibles modificaciones de las propiedades
atómicas de la materia, que es el ámbito deaplicación de la física cuántica. Hablar de reversibilidad en física atómica es igual de difícil que en la interpretación clásica termodinámica. Entre otras razones, porque es
imposible conocer simultáneamente diferentes parámetros que caracterizan las partículas, según el principio de incertidumbre
de Heisenberg. Todo esto significa que no
todos los procedimientos son válidos con el
argumento de que sus efectos no son directamente observables y que las modificaciones al nivel de partícula pueden ser igual-
mente causantes de un tipo de deterioro si
cabe más peligroso por cuanto es detectable
únicamente con la tecnología adecuada.
Aplicado a la conservación de tejidos, es
paradigmática la sistemática utilización de
rayos gamma para la desinfección de momias. Las consecuencias de su aplicación
han sido la pérdida de propiedades físicas y
químicas de los tejidos y la imposibilidad de
aplicar posteriormente cualquier método de
datación basado en el carbono 14. Otro caso es la utilización de sistemas de limpieza
por láser, que si bien da buenos resultados
ya conocidos y contrastados en otros materiales, en el caso de los tejidos hay que valorar cuidadosamente por ser éstos, una vez
más, los que han sido sometidos a menos
estudios al respecto. La adecuada elección
de la fuente láser y de su longitud de onda
es necesaria para llegar al efecto buscado sin
provocar deterioros, efectos que ya han sido
detectados en la utilización de láser a
266 nm. Si bien a simple vista no se perciben variaciones, en el microscopio se observa el deterioro de las fibras de algodón (Larson; Cooper; Sportun, 2000).
Metodología
De acuerdo con todo lo anterior, para el estudio científico de los tejidos, bienes muebles de gran fragilidad, en primer lugar, hay
que realizar un análisis del estado de conservación material. Para ello, se realizan estudios físicos, químicos y biológicos, como
son el examen de las imágenes obtenidas
tras la exposición del objeto a radiación con
diferentes longitudes de onda del espectro
electromagnético, el análisis de los materiales constituyentes, ya sean originales, añadidos o productos de alteración, y la detección e identificación de organismos agentes
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
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Figura 2. Muestras de oro de Chipre,
cuero recubierto de oro, procedente de
la casulla de San Valero. Microscopia
electrónica realizada por Montse
Algueró. Departamento Científico de
Conservación. Archivo IPHE.
de deterioro. El conocimiento de todos estos valores permitirá poder influir en sus
procesos de transformación.
En segundo lugar, establecer un diagnóstico que valore si la estabilidad del sistema puede verse alterada mediante procesos irreversibles por las necesarias modificaciones o, si es posible, en un alto porcentaje, diseñar unas condiciones durante
y después de la intervención que ofrezcan
fiabilidad de una buena respuesta a largo
plazo de los materiales y una mejora en su
preservación. Si es viable, hay que establecer un tratamiento que modifique, en primer lugar, las condiciones de contorno que
han provocado la evolución del sistema hacia la degradación de su soporte material,
véase sistema de almacenamiento, condiciones microclimáticas, control sobre el
estado de las nuevas adquisiciones, y en segundo lugar, actuar directamente para detener el deterioro producido hasta el momento, como, por ejemplo, someter a las
piezas a un tratamiento de desinsectación,
modificar el sistema de iluminación, renovar el sistema de control de humedad y
temperatura, establecer condiciones adecuadas de transporte y embalaje, entre
otros. Entender la importancia de esta segunda parte del estudio científico es fundamental si lo que buscamos es la conservación a medio y largo plazo de nuestro
patrimonio textil y no la inmediatez de un
resultado estéticamente bello. Este segundo aspecto es importante y no es infrecuente que un conservador o restaurador
decidan no intervenir sobre una pieza o
colección de tejidos considerando que las
condiciones a las que se va a ver sometida
posteriormente la pieza no van a mejorar
sustancialmente respecto a la situación inicial que ha desembocado en su estado de
deterioro actual. Estas consideraciones,
que permiten evaluar la viabilidad de cada
proyecto de conservación de forma singular, ofrecen coherencia metodológica y posibilitan un mayor éxito en el resultado.
Por último, la fase de evaluación, que requiere aún hoy de investigaciones que relacionen las variaciones de parámetros recogidos con los efectos de estabilidad o deterioro
en los tejidos, por lo que resulta especialmente interesante recabar toda la posible información, de modo que contribuyamos,
conjuntamente, a profundizar en el análisis
de situaciones y a elaborar las pautas que
contribuyan a la conservación preventiva de
los tejidos históricos.
Se tratarán ahora algunos estudios científicos, los mínimos imprescindibles en cualquier proyecto de conservación y restauración en textiles, a los que pueden unirse
otros específicos o de mayor envergadura.
Posibilidades técnicas de métodos
analíticos de identificación
El estudio analítico de cualquier tejido pasa por identificar las fibras, analizar los elementos asociados, como hueso, madera,
vidrio, metal de bordados, refuerzos y decoraciones, los colorantes y mordientes utilizados, adhesivos, consolidantes, y otros
materiales presentes como y forma parte de
las investigaciones previas a cualquier tra-
tamiento específico de restauración y conservación.
Para realizar el análisis de fibras, se extraen pequeñas muestras de diversas partes
del tejido que se preparan para la observación en el microscopio óptico con luz transmitida. La preparación consiste en la limpieza, la extracción de sustancias no fibrosas
acompañantes, la selección separadamente
de los hilos de la trama y la urdimbre, la disposición de las fibras longitudinal y transversalmente y el uso eventual de métodos
histoquímicos de coloración o pruebas de
solubilidad en reactivos específicos.
Las pruebas de solubilidad dan como resultado la identificación de la fibra, pero son
largas, pesadas y no son siempre aplicables
por la gran cantidad de muestra necesaria y
porque en cada paso quedan destruidas. Las
reacciones de coloración son pruebas diagnósticas sobre la identidad de las fibras y requieren una muy pequeña cantidad de
muestra. Por esta razón, son muy utilizadas
en bienes culturales. Los resultados más habituales en los tejidos históricos son el algodón y el lino dentro de las fibras celulósicas
y lana y seda entre las proteicas.
En el análisis de fibras es muy interesante el estudio de la micromorfología y el microanálisis elemental de los hilos metálicos.
Para ello, es especialmente útil la utilización
del microscopio electrónico de barrido acoplado a un equipo de espectroscopia dispersiva en energías (SEM-EDS) sobre una pequeña muestra metalizada del tejido. Los
resultados ofrecen datos para el mejor conocimiento de la técnica de fabricación del
hilo, como es, en una plata dorada, la presencia de mercurio que indica el uso de la
amalgama para el dorado; la naturaleza de
los metales utilizados, cualitativa y semicuantitativamente, su estado de conservación, como son el aspecto estructural, pér-
didas del oro en los dorados, nivel de presencia de azufre en la plata.
Para la identificación del material orgánico de algunos hilos semejantes a los entorchados metálicos, pero en los que no hay
una lámina metálica que recubre el alma del
tejido, sino un sustrato proteico, tripa o
cuero generalmente, recubierto de una fina
capa de metal, conocidos como oro de Chipre, algunos estudios recientes muestran la
aplicabilidad de las técnicas de biología molecular mediante la identificación del ADN
de materiales históricos por PCR, esto es,
reacción en cadena de polimerasa (De Reyer
et al., 2002). Hay que notar, no obstante,
que nos encontramos ante técnicas todavía
difíciles de aplicar sistemáticamente al estudio de los hilos metálicos históricos por la
laboriosidad que implica el trabajo sobre
materiales sometidos en su elaboración a
tratamientos que pueden ofrecer resultados
de difícil interpretación, con posible contaminación, adiciones o restauraciones.
Los métodos cromatográficos y espectroscópicos son ampliamente utilizados para los
diferentes estudios analíticos. Las cromatografías permiten la separación e identificación simultáneas de una sustancia tras atravesar una fase estacionaria con la ayuda de
una fase móvil. La cromatografía en capa fina (TLC) permite la identificación de colorantes, aminoácidos de proteínas y azúcares;
la cromatografía líquida de alta presión
(HPLC), la identificación de colorantes. La
espectroscopia recoge y estudia los efectos de
la radiación electromagnética sobre la sustancia mediante el estudio de un espectro de
absorción, característico de cada material.
La espectroscopia infrarroja por Transformada de Fourier (FTIR) permite la identificación de colorantes, polisacáridos proteínas,
aceites, resinas naturales; la espectroscopia
de masas, colorantes; la espectroscopia de
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
fluorescencia de rayos X (XRF) ofrece información sobre las sales metálicas utilizadas
como mordientes. Todas ellas han merecido
estudios monográficos y continúan dando
muy buenos resultados, tal como se desprende de los estudios publicados (TimarBalazsy; Eastop, 1999).
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Un parámetro conflictivo:
la iluminación
La iluminación de bienes culturales se mueve siempre entre la necesidad de conservación y el deber de difusión. Esta tensión se
torna más crítica cuanto más frágiles son los
materiales, como ocurre en los tejidos.
En relación con el primer aspecto, entre
conservadores, museógrafos y responsables
de bienes culturales existe un cierto conocimiento general sobre el deterioro producido
por las reacciones fotoquímicas inducidas
por la iluminación, los niveles máximos de
iluminancia y de radiación ultravioleta sugeridos en función de los materiales, aspectos que la amplia bibliografía sobre conservación preventiva y las recomendaciones de
los centros y organismos internacionales de
conservación han difundido ampliamente.
Y sin embargo, cada vez se adquiere más
conciencia de que las recetas generales hay
que estudiarlas de modo particular en cada
caso y que su aplicación inmediata no siempre da los resultados deseados. De hecho,
los efectos sinérgicos de diferentes parámetros, aquellas condiciones iniciales y de contorno mencionadas al principio, tienen
unas consecuencias nada despreciables.
El segundo aspecto es menos conocido
pero igualmente importante. El conocimiento de las propiedades ópticas y radiométricas de las luminarias, de los materiales
que reflejarán la luz, de las instalaciones y el
entorno permite optimizar la percepción
óptica del observador y con ello contribuir
a la calidad de la información recibida, objetivo primordial de la difusión al público
general y especializado.
Condicionantes para la conservación
Es sabido que la iluminación es un agente
de deterioro para los bienes culturales, y
también que de entre todos los tipos de materiales, los tejidos se encuentran en el grupo de los más sensibles. Los efectos de la radiación visible y ultravioleta sobre los tejidos son acumulativos e irreversibles.
Hay que recordar, no obstante, que no
sólo debe considerarse la modificación del
aspecto visual tras la exposición a la radiación: la exposición a una luz prolongada
produce la fragilización de los tejidos como
consecuencia de la oxidación en las células,
consecuencia que sólo puede detectarse mediante pruebas físicas y químicas.
Para objetos muy sensibles como los tejidos, ICOM recoge una serie de recomendaciones a través del International Committee for Museums and Collections of
Costume. Entre otras, propone como límite máximo 50 lux de iluminación recibida
por el objeto hasta tres meses, y en estas
condiciones una vez cada tres años. Dado
que no existe un valor de iluminación seguro, ICOM propone que ninguna fuente
lumínica penetre en la zona expositiva en el
horario de cierre, y si entra luz natural, debe hacerlo a través de filtros ultravioleta.
Además, recomienda que no se iluminen
interiormente las vitrinas.
Por otra parte, son conocidos los resultados de investigaciones que demuestran que
los deterioros sufridos por los tejidos expuestos a condiciones museográficas habituales (95 lux, niveles de uv de 60 mi-
croW/lumen durantes 945 horas) son semejantes a los esperados según las simulaciones realizadas en cámara de envejecimiento, lo que permite validar los experimentos y aplicar sus resultados.
La investigación tecnológica ha contribuido desde hace años a mejorar las instalaciones. Con el fin de controlar lo mejor posible el cumplimiento de estas condiciones
consideradas deseables, se han implantado y
mejorado soluciones en los últimos años.
En caso de objetos especialmente sensibles,
como son los tejidos, no sólo se utilizan sistemas que permiten la regulación de flujo
luminoso, sino que además algunos incorporan proyectores programables que se controlan individualmente desde un ordenador
central (Ezrati, 1994).
Sin embargo, todas estas generalizaciones
mencionadas tienen sus contrapartidas. Los
valores estandarizados y las recomendaciones podrían inducir a pensar que las condiciones de una buena iluminación se resuelven con una instalación que reúna unas
cuantas claves conocidas. Lo cierto es que
estas generalizaciones son más importantes
como propiciadoras de un alto grado de
sensibilización y concienciación al respecto
que por la posibilidad de su aplicación estricta generalizada. Analicemos en detalle
algunas de estas recomendaciones.
El empleo de filtros para la luz natural es
una decisión que debería tomarse tras un
estudio del factor de iluminación natural en
distintas épocas para caracterizar el ciclo de
luz natural, y no sin estudiar también otras
posibilidades.
El máximo de 50 lux es un requerimiento difícil de cumplir en determinadas museografías. En el caso de trajes con texturas
diversas se puede considerar la posibilidad
de aumentar la intensidad lumínica y disminuir el tiempo de exposición, lo que con-
cuerda con la necesidad de la museografía
más moderna, viva y atractiva que el público actual espera. No obstante, esta solución
debe ir acompañada de la firme intención
de cambiar las piezas expuestas y no superar
los límites establecidos para que el resultado
compatibilice la exposición y la conservación. Esto requiere de renovación e inversión económica constantes, aspectos que
hay que considerar desde el principio en el
proyecto museográfico.
En cuanto a la iluminación interior de
las vitrinas, depende de su tamaño, de las
fuentes de luz utilizadas, de la existencia de
ventilación; en suma, puede ser una buena
solución exponer fragmentos de tejidos hispanomusulmanes en una vitrina con iluminación lateral interna, que elimina reflejos,
apantallada con vidrio opal y en un entorno
en penumbra que produzca un contraste
perceptible por el ojo, de modo que la observación por parte del público sea satisfactoria. Esta posibilidad exige una selección de
lámparas adecuadas y un diseño ajustado.
Por otra parte, tampoco puede generalizarse el criterio de oscuridad total para estas
colecciones. El almacenamiento continuado en lugares oscuros propicia la falta de
inspección de los objetos y, con ello, la dificultad de detección de posibles plagas por
insectos o microorganismos.
También es necesario notar que no todos
los colorantes y fibras son igualmente sensibles a reacciones fotoquímicas. Los colorantes amarillos y rosas y la seda son más
frágiles, mientras que los azules son más resistentes. En las fibras, el efecto producido
es su despolimerización en corto período de
tiempo y afecta a la legibilidad de una escena o figura, a su valor estético y a su futura
preservación de forma irreversible.
El estudio de iluminación es un trabajo
complejo en el que diversos parámetros es-
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
Absortancia
Transmitancia
Reflectancia
Objetos
Iluminancia
Composición química
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Luz
Longitud de onda
Temperatura de color
Índice de reproducción
cromática
Rendimiento
Flujo luminoso
Observador
Contraste
Adaptación cromática
Luminancia
Figura 3. Esquema de los diferentes
parámetros que influyen en la
iluminación y su interrelación.
tán presentes e interactúan, tal como aparece en la figura 3. Además de la radiación visible, la ultravioleta, que no es perceptible
por el ojo humano, debe ser cuidadosamente considerada. En cuanto a la interpretación
de resultados para el deterioro de tejidos, es
importante entender que la luz visible y la
radiación ultravioleta tienen efectos acumulativos y que, en rigor, no existe ningún nivel de radicación ultravioleta que pueda no
ser considerado nocivo. La eliminación total
de esta radiación en una instalación no es sólo una cuestión extremadamente costosa, es
que en realidad es imposible. La radiación
ultravioleta se mide en microvatio por lumen y la estrategia a seguir en cuanto al nivel de radiación de esta naturaleza que se va
a permitir tras la utilización de filtros o fuentes adecuadas debe ser una decisión en consonancia con otros parámetros implicados
en la conservación preventiva.
En cuanto a las investigaciones realizadas
y a su validación experimental, antes mencionada, también hay que añadir que los valores de iluminancia propuestos varían de
unos autores a otros (Bergeron, 1992; Ezrati, 1995) de forma importante. Estas signi-
ficativas excepciones demuestran que el tipo
de fibra textil, el colorante y su antigüedad
son parámetros determinantes en el grado
de deterioro final (Ford, 1992), así como la
distribución espectral de la fuente luminosa, la temperatura y la humedad relativa
(Lavédrine; Gillet; Garnier, 1999).
Otro aspecto delicado es la elección del
sistema de medida sobre el que basar los datos experimentales. El instrumental de medida de iluminancia y radiación ultravioleta
de cualquier departamento de física muestra comportamientos dispares en cuanto a
su precisión si se utiliza fuera de las condiciones de laboratorio.
En el caso de los textiles debe considerarse la utilización de instrumental que mida
luz incidente y reflejada y, con ello, aumento o disminución de intensidad de color, y
proporcione además medidas de contaminación atmosférica. De este modo, pueden
apreciarse variaciones debidas a cualquiera
de los parámetros de estudio.
En conclusión, el tema es controvertido y
complejo y requiere de una solución equilibrada, adecuada a cada situación y tipo de
objeto, a su naturaleza y su uso actual, y en la
que una buena museografía o un adecuado
sistema de almacenaje son fundamentales.
Posibilidades para la difusión
La percepción del color por parte de un mismo observador y en un mismo ambiente circundante depende, por un lado, de la radiación que es capaz de absorber y reflejar, propiedad física característica de la materia
constituyente del objeto, y por otro, de la
gama de longitudes de onda que dicha radiación contenga, propiedad que depende
de la fuente luminosa. Por tanto, una fuente
de luz inadecuada produce una distorsión de
percepción de los objetos. Para controlar la
distorsión del color es importante seleccionar los valores adecuados de temperatura de
color e índice de reproducción cromática.
La reproducción cromática indica la calidad de la reproducción de los colores para
una fuente de iluminación determinada.
Cuantitativamente se expresa mediante el
índice de reproducción cromática, cuyo valor máximo es 100 que es el valor ideal de
fidelidad cromática, que se da tomando la
luz del día o de una lámpara incandescente,
ambas de espectro continuo, como una luz
de referencia. A medida que este valor decrece disminuye la aproximación al color de
los objetos que percibimos.
El término temperatura de color indica la
temperatura que alcanza el cuerpo negro (radiador integral) que emite por incandescencia
una radiación de la misma cromaticidad que la
fuente considerada. En otras palabras, indica la
temperatura determinada del cuerpo negro,
medida en grados Kelvin (K), en la que el color de la fuente de luz incógnita y el cuerpo negro son iguales. Por ejemplo, la llama de una
vela tiene una temperatura de color de 1.800 K
porque ésta es la temperatura del cuerpo negro
a la que emite un color igual al de la llama de
la vela. Esta medida, en teoría, sólo es aplicable
a fuentes de luz de espectro continuo; sin embargo, dada su utilidad, también puede utilizarse en fuentes de luz de espectro discontinuo,
como son algunos fluorescentes, utilizando el
concepto de temperatura de color correlacionada, que es la temperatura del cuerpo negro
que se percibe como la más parecida a la de la
fuente de luz considerada. Las fuentes de luz
de menor temperatura de color producen efectos más cálidos con tonalidades más cercanas al
rojo y al amarillo; las de mayor temperatura de
color, efectos más fríos con tonos más azulados. Paradójicamente, físicamente hay que
proporcionar menos temperatura para conseguir que el cuerpo irradie en rojo, tonos a los
50.000
lx
20.000
10.000
5.000
2.000
1.000
500
200
100
50
20
10
5
1.750
2.500
3.000
que subjetivamente les atribuimos la sensación
de calidez.
En conclusión, las fuentes de luz que deben utilizarse en función de una buena calidad de reproducción de los objetos deben
tener un índice de reproducción cromático
cercano a 100 combinado con una temperatura de color adecuada. El diagrama de
Kruithoff relaciona los valores de temperatura de color con los de iluminancia, que
aparecen representados en la figura 4. Así,
por ejemplo, en general, se desaconseja la
utilización de lámparas de vapor de mercurio con halogenuros metálicos, cuyos parámetros se encuentren alrededor de 4.000 K
de temperatura de color y 85 de índice de
reproducción cromática. Además, en el caso
de los tejidos, esta fuente de luz no debe
emplearse porque a su bajo índice de reproducción cromático se une la imposibilidad
de regulación de flujo luminoso emitido.
Por último, es necesario resaltar la importancia para su conservación de la toma de
fotografías de una colección textil. La docu-
4.000
5.000
K
10.000
Figura 4. Diagrama de Kruithoff.
El área amarilla representa la relación
entre los valores de temperatura de
color e iluminancia.
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
32
mentación de los tejidos mediante fotografía
es muy útil porque permite reducir la manipulación para el estudio, la publicación y la
difusión. Sin embargo, es imprescindible
que la fotografía sea realizada por profesionales que ofrezcan una buena calidad de trabajo final, de modo que se evite tener que
volver a someter a los tejidos a condiciones
de manipulación e iluminación sucesivas.
Si bien la toma de fotografías incumple las
condiciones de conservación generales dictadas para los tejidos, los efectos nocivos de la
manipulación, los cambios microclimáticos
y el exceso de iluminación pueden paliarse
con ciertas prácticas. El tejido debe ser iluminado durante el mínimo tiempo posible y
sólo durante la exposición real; mientras tanto puede ser recubierto con un tejido opaco.
Los focos deben ir provistos de filtros de radiación ultravioleta e infrarroja. La distancia
entre el tejido y la fuente de luz debe ser suficiente como para que no produzca modificaciones de temperatura en la superficie del
objeto. Sería deseable mantener los valores
de temperatura y humedad estables. Los flashes que actúan puntualmente no llegan a
producir daño y, sin embargo, aportan una
importante mejora en la imagen final digna
de ser considerada. Para filmaciones, se ha de
considerar la utilización de lámparas halógenas con filtros ultravioleta y, en lo posible,
durante un máximo de tres minutos. En
cuanto a su manipulación, hay que evitar
movimientos, por lo que es mejor que los
equipos fotográficos, los focos o el material
necesario se desplacen, a que se muevan los
objetos (VV. AA., 1998)
El biodeterioro de los tejidos
El patrimonio histórico de naturaleza textil
es especialmente susceptible de sufrir ataques de origen biológico (Vigo, 1980) dado
que se encuentra en muchas ocasiones en lugares húmedos y sin ventilación, como iglesias, monasterios, y con sistemas de almacenaje poco apropiados. Sus efectos son alteraciones cromáticas, pérdidas irreversibles de
material original y modificaciones en sus
propiedades químicas y físicas (Sagar, 1987).
La erradicación de plagas en bienes culturales se ha basado tradicionalmente en métodos químicos por contacto, fumigación e ingestión (Pinninger, 1989) mediante el uso
de productos como el bromuro de etileno y
el óxido de etileno. Diversas instituciones
dedicadas a la conservación de bienes culturales llevan años desarrollando programas
que permitan la paulatina sustitución de estos productos por otros métodos que actúan
mediante el control de los parámetros microclimáticos. En efecto, se ha comprobado
experimentalmente que la modificación de
los valores de humedad relativa, temperatura
y composición química del aire, especialmente la combinación de dos o más de estos
parámetros a determinados valores, consiguen erradicar las plagas que deterioran los
bienes culturales sin peligro para la salud y
de acuerdo con criterios de conservación internacionalmente aceptados. En consecuencia, el uso de productos químicos está cada
día menos extendido por los perjuicios que
pueden provocar en la salud de las personas
que los manipulan, en el medio ambiente y
en la propia conservación de los objetos.
Dentro de estos tipos de tratamientos alternativos se encuentran los que modifican la
temperatura y aquellos que sustituyen la habitual composición química del aire por una
atmósfera enrarecida que produzca la anoxia
de insectos y el decrecimiento de microorganismos aerobios.
En el caso de los tejidos, se trata de soportes orgánicos celulósicos o proteicos y de
gran fragilidad, por lo que el tratamiento a
elegir es especialmente relevante. Los choques térmicos mediante la aplicación de
temperaturas extremas dan buenos resultados en la eliminación de los organismos que
causan el deterioro. Los valores letales para
la mayoría de las especies que atacan tejidos
(Tinea bisselliella, A verbasci, Tinea pellionella) se encuentran por debajo de –25 °C o
por encima de 50 °C, aunque hay que recordar que el resultado también depende del
tiempo de exposición, por lo que no siempre
estos valores son generalizables (Chauvin y
Vannier, 1990). Esto no ocurre con drásticas
modificaciones de humedad relativa, pues se
ha comprobado que Tinea bisselliella y Tinea
pellionella pueden sobrevivir a 0% de humedad relativa (Chauvin y Vannier, 1985).
Sin embargo, los tratamientos mediante
altas temperaturas pueden producir deshidratación con la consiguiente fragilización
del soporte y pérdida de color y textura originales; sometidos a muy bajas temperaturas
se producen cristales de hielo y los compresores de los equipos congeladores producen
vibraciones cuyos efectos pueden ser nocivos
para el bien cultural. A todo ello debe unirse
el efecto de la dilatación y contracción producidas por los grandes gradientes de temperatura a que se someten los tejidos. Por otra
parte, la alteración de los parámetros climáticos no suele ser un tratamiento bien aceptado entre los conservadores de museos, dado
que, bajo criterios de conservación preventiva, mantienen un objetivo de estabilización
de humedad y temperatura para preservar las
piezas que, aunque puntualmente, se vería
alterado con estos tratamientos.
La modificación de la composición química del aire resulta ser un tratamiento efectivo
en la eliminación de agentes productores de
biodeterioro y adecuado en el caso de los tejidos, dado que el ambiente en el que se mantiene el bien durante el tratamiento no pro-
duce efectos negativos en su conservación.
Además, los tejidos son mayoritariamente
bienes muebles que pueden ser introducidos
en plásticos barrera para crear una burbuja en
cuyo ambiente la presencia de un gas inerte
es mayoritaria. Los gases más utilizados para
el tratamiento de objetos históricos son: helio, argón, dióxido de carbono y nitrógeno.
La desinsectación con gases inertes varía en
función del tipo de gas, las condiciones ambientales e incluso la especie o el punto del ciclo vital en que se encuentre el organismo.
Así, por ejemplo, con un sistema de nitrógeno y nivel de oxígeno del 0,03%, se produce el 100% de mortalidad en cuatro días
de tratamiento del Attagenus piceus a 40% de
humedad relativa y 20 °C. Temperaturas más
altas y humedades relativas más bajas aumentan el porcentaje de mortalidad (Valentin,
1993), pero sólo se pueden aplicar cuando las
características del soporte lo permiten.
Los organismos responsables de la conservación tienen, en ocasiones, dificultades
para determinar una insectación activa de
un bien cultural. Por ello, se han desarrollado sistemas de detección de organismos vivos basados en la adaptación de un equipo
FTIR capaz de detectar incrementos muy
bajos de niveles de CO2 procedentes de su
respiración en el ambiente cerrado de una
bolsa de plástico barrera en la que se encuentra aislado el objeto. El análisis del aire
interior mediante esta técnica ha permitido
la detección de la actividad o inactividad de
insectos vivos en el bien cultural por un método no destructivo (Koestler, 1993).
Conclusión
La ciencia aplicada a la conservación ha pasado de ser un mal necesario o una mera fuente de documentación a una fuente de infor-
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PROPUESTAS PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
APLICADO A LA CONSERVACIÓN DE TEJIDOS HISTÓRICOS
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mación y recursos de la que se pueden extraer
más utilidades y conclusiones cuanto más se
practica. La inclusión de análisis, observaciones y conclusiones científicos dentro de los
proyectos de conservación es una tendencia
que se ha ido acentuando en los últimos años
como consecuencia de las importantes aportaciones que de su estudio se obtienen. Esto
es así hasta el punto de que, actualmente, no
sólo se aprovechan técnicas ya conocidas en el
ámbito de la ciencia aplicada a la conservación, sino que los centros de investigación y
conservación empiezan a desarrollar tecnologías específicas para bienes culturales. Este
salto cualitativo muestra el grado de implantación y viabilidad de estos proyectos y la importancia que se empieza a conceder a su repercusión social y económica.
Los tejidos, como parte importante de
nuestro patrimonio cultural, deben ser considerados con el mismo rigor que otros materiales tradicionalmente mejor apreciados,
de modo que cada intervención en restauración y conservación siga una metodología
sistemática que contribuya al mantenimiento y pervivencia futura de su valor histórico.
Por esta razón, no debe haber una intervención en nuestro patrimonio textil que no
vaya acompañada de los estudios científicos
que contribuyan a elaborar sus proyectos de
conservación.
Una correcta aplicación de los métodos
científicos a la conservación del patrimonio
debe cumplir los siguientes requisitos:
• Individualización de cada caso, de modo
que se eluda la aplicación de generalidades. Esto supone seleccionar los parámetros que van a influir en el comportamiento del sistema dinámico que conforman
los bienes culturales con su entorno (composición, historia, procedencia, uso, condiciones microclimáticas, etc.).
• Fase de observación: disposición de una
metodología de toma y análisis de datos
adecuada que garantice la idoneidad de la
adquisición de datos por vía experimental.
• Fase de hipótesis: diagnóstico mediante la
incorporación de los resultados al cuerpo
teórico matemático correspondiente que
permita describir comportamientos físicos y químicos.
• Fase de experimentación: deducción de
tratamientos considerando la predicción
de los valores paramétricos que eviten el
avance del deterioro y permitan la estabilización de condiciones de conservación.
Todo ello, con la intención de luchar
contra la propia naturaleza, que evoluciona
en la dirección de mayor probabilidad que
es la de mayor entropía, y, por tanto, mayor
desorden. Todo esto supone que no es posible devolver al bien cultural al estado original. Parecería, pues, que mientras nuestro
patrimonio histórico representa valores artísticos y culturales atemporales, su naturaleza material actúa en sentido inverso.
Sin embargo, la utilización de la metodología adecuada favorece la posibilidad
de detener el deterioro mediante la selección de valores paramétricos que propicien
en el subsistema procesos cuasiestáticos reversibles.
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