Tormento

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Tormento y la novela de folletín
Tormento es una obra que encierra un discurso metatextual sobre la novela folletinesca, hecho que nos ha
llamado especialmente la atención. Mediante el juego metatextual el autor introduce su visión personal sobre
una realidad literaria de la época del primer romanticismo, como es el fenómeno del folletín, un subgénero de
la novela, cuya creación y auge corresponden al siglo XIX. El folletín fue una literatura escapista de consumo
masivo y coste barato que muchos periódicos incluían en su parte final en forma de capítulos. Este tipo de
aspectos lo convertían en un género de poca ambición estética que priorizaba el suspenso al fin de cada
capítulo y utilizaba argumentos y esquemas narrativos simples, así como elementos y personajes
esteriotipados que protagonizaban escenas inverosímiles y sensibleras.
El abuso de sentimientos paradójicos y emociones irrefrenables conquistaban al público menos exigente y a su
vez, se convertían en objeto de parodia por parte de escritores de la talla de Galdós, quienes rechazaban la
obra folletinesca en pro de un discurso más real de la vida, sin falsos y anticuados ideales ni exacerbados
sentimentalismos.
En Tormento, Galdós da a conocer su malquerencia hacia este tipo de literatura mediante una compleja
estructura y empleando un sentido irónico, de forma directa o indirecta, del cual el lector empieza a darse
cuenta mediante el personaje de Ido del Sagrario, que tal como su nombre indica, ser tonto o loco, caricaturiza
a todos los escritores de folletín.
Ido, en sus delirantes momentos de inspiración, imagina una historia que en la realidad de la novela coincide
con la historia vivida por los protagonistas de Tormento, eso sí, menoscabando los rasgos más fantasiosos y
tópicos de la inventada por el personaje del escritor de folletín. De esta forma, se crea un intratexto que
permite al lector establecer comparaciones entre los aspectos más típicamente folletinescos de la primera
trama, y los rasgos más realistas o parodiados de la segunda. Por ejemplo, a el nivel moral, del cual Ido quiere
dotar en gran medida a su novela mucho sentimiento, que haga llorar a la gente y que esté bien cargada de
moralidad (capítulo I), es donde la ambivalencia entre las dos historias alcanza su máxima realización,
veámoslo: Las niñas que Ido describe son bonitas, pobres (muy pobres) y honradas, en la trama de Tormento,
éstas son bonitas y pobres, pero no honradas. Lo mismo sucede con el marqués, quien quiere comprar la
castidad de las dos muchachas, pero que en Tormento se convierte en un sacerdote que, torturado por la
tentación, mantiene relaciones con la joven Amparo. También, la maliciosa duquesa, pierde su halo de
pomposidad resultando ser una ordinaria mujer de clase media cegada por la ambición, vanitas vanitatium et
omnia vanitas , y por último, el banquero se sustituye por un acaudalado Indiano que busca una vida tranquila
cerca de una mujer ideal.
Otros aspectos a este nivel, como la felicidad que describe Ido en su novela, son desterrados de la visión
galdosiana de lo que es una novela realista. Ido no concibe la miseria dentro de su poética folletinesca, por lo
cual define a las dos huérfanas como ejemplo a las mozas del día , dice de ellas que viven con más apuro que
el último día del mes , aunque trabajan felices y rodeadas por tentaciones a la virtud femenina a las que no
sucumben. En el contexto realista de Galdós, en cambio, la miseria les conlleva la infelicidad y deshonra, tal
como se observa en un diálogo entre las dos hermanas: ¿Por qué es mala la mujer? Por la pobreza ¿De que
son mis dedos? Se han vuelto palo de tanto coser. ¿Y que he ganado? Miseria y más miseriaAsegurarme la
comida, la ropa y nada tendrás que decir de mí. Del mismo modo, el final de la obra destruye el ideal
Idosiano que correspondería a un desenlace feliz, en el cual Amparo se convertiría en la flamante esposa de un
rico Indiano. Sin embargo, Galdós depara para la joven otro destino menos magnífico, relegándola al papel de
amante alejada de su país.
Con la racionalización de los mismos hechos que Ido imagina, Galdós consigue dotar a su obra de un carácter
más sensato y en coherencia con la realidad social de su época, por lo que el autor es el encargado de frenar la
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fantasía desbordante de su propio personaje, Ido, otorgando verosimilitud a la trama, dado que el escritor de
folletín, aunque afirma que se inspira en la realidad, al trasladar historias reales a sus novelas, las distorsiona y
ajusta a los cánones de novela romántica de tal forma, que pierden su aura realista.
Hasta el momento hemos hablado de los aspectos esenciales que difieren entre los dos esquemas narrativos,
pero también cabe destacar otros puntos más concretos que a lo largo de la obra encontramos tratados por
Galdós, desde una visión irónica y un tanto burlesca, que desconcertarían al lector de folletín. Algunos de
estos ejemplos de ironía galdosiana los hallamos en escenas como la del capítulo VIII, en la cual Caballero,
decidido a declarar su amor a Amparo, ve frustrado su intento con un repentino ataque de timidez. Otro
momento en el cual el uso de la ironía y directa referencia a la tradición del folletín tiene lugar, es en el
capítulo XII, cuando Amparo, turbada ante el regalo de una importante suma de dinero por parte de Agustín,
no sabe como actuar, y ella misma descarta la idea de responder con una carta de agradecimiento porque dice
sentirse como si hablara por ella un personaje de una novela de José Ido, y es que los personajes de José de
Ido Hombres embozados, alguaciles, caballeros flamencos y unas damas, chico, más quebradizas que, el
vidrio y más combustibles que la yesca (capítulo I), poco se parecen a los de Tormento.
A modo de conclusión, podemos decir que Tormento es una novela, ab initio, tiene por objeto mostrar la
opinión galdosiana referente a las novelas por entregas y, como hemos venido observando el autor hace un
uso magistral de múltiples recursos, tanto relativos a la estructura de la obra − intratexto − como a la propia
trama y desenlace, y así mismo dirige distintos guiños al lector, tales como la ironía encerrada en los nombres
de sus personajes o como en algunas de las acciones que éstos protagonizan.
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