Cuando llegué a Madrid y se me abrieron las puertas de las más

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uando llegué a Madrid y se me abrieron las puertas de las
más importantes residencias reales, también se me abrieron las de
sus colecciones; y allí estaba la obra del más grande pintor que el
excelentísimo arte del pintar ha gestado, don Diego Velázquez.
Creo que en varias ocasiones me he referido ya a su excelencia, pero
todas resultarán insuficientes... Fueron largas las horas que pasé
contemplando cada uno de los detalles de aquellos magníficos retratos,
y largas las horas que pasé copiándolos. Y fue así, gracias a la obra
del gran retratista de Felipe IV, como me adentré en las posibilidades
de otro arte, aunque menor, el del grabar. En el año 1778 realicé la
primera de mis series de grabados, copiando al aguafuerte dieciséis óleos
del pintor sevillano. Aquellos grabados, que puse a la venta ese mismo
año, tuvieron una magnífica acogida por parte de la crítica, y creo que
en parte fue gracias a ellos que comencé a labrarme un nombre en la
capital del reino. No obstante, si en aquel momento hubiera sabido todo
lo que sé hoy sobre esta técnica, no dudo de que el resultado hubiera
estado mucho más a la altura del modelo; no en vano he pasado toda
mi existencia incorporando y asimilando todos los avances y adelantos
que en este arte se han ido sucediendo. Mi gran obsesión siempre ha
sido trasladar al cobre las calidades del pincel, y por ello no he dudado
en ensayar y practicar con todas las técnicas y herramientas que a mi
alcance he tenido. Y ahora, cuando ya pensaba que había echado el telón
en el arte del pintar, nuevamente es el cincel el que parece retenerme.
He oído hablar de una nueva técnica, la litografía, que parece superar a
todo lo anteriormente ensayado. Si mis ojos y mis manos me lo permiten,
prometo probar las excelencias de esta nueva práctica.
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El grabado siempre me ha permitido trabajar sin las ataduras del
encargo y plasmar mis más profundas inquietudes, mis sueños... Y como
Sueños tenía previsto bautizar aquella obra que vio la luz en el año
1799, pero en la que llevaba trabajando casi un lustro, y que finalmente
sería conocida como Los Caprichos. Con ella, mi deseo no era otro que
desterrar las vulgaridades que tan hondo se habían anclado en nuestra
sociedad, los errores y los vicios de aquellos que no podían ver más allá
de su propia realidad. ¿Qué había sido de los pensamientos de Gaspar,
de Leandro, de Juan Agustín? ¿Dónde quedó la lucha por leyes más
justas, por el destierro de la superstición y del fanatismo religioso?
¿Dónde quedó la búsqueda de un nuevo sistema educativo para nuestros
jóvenes? Todo se lo llevó el miedo del rey Carlos cuando fue testigo de
los levantamientos galos de 1789. Entonces comenzó la persecución de
los pensamientos más avanzados y el exilio de aquellos que confiaron en
un futuro mejor.
A esta desolada realidad hispana se unió la mía propia, marcada por
aquella enfermedad que partió mi vida en dos, aquella dolencia que me
arrebató el oído y me tuvo más cercano a la muerte que a la vida. Quizás
fuese esa cercanía la que hizo que, de repente, abriera los ojos a otra
realidad, oculta pero presente al mismo tiempo, que instaló en mí una
profunda desconfianza en el ser humano y me embargó de una fatalidad
y un pesimismo que me transformaron para siempre.
Los Caprichos, al igual que mi visión del mundo desde entonces,
reflejaban una doble realidad, y yo era consciente del riesgo que asumía
al publicar aquella obra satírica que tan mal parada dejaba a nuestra
nobleza y a nuestro clero. Fue por este motivo por el que decidí dotar a
algunas de las 80 estampas que formaban la serie con rótulos imprecisos
y otorgarles un orden ilógico, confiando en que su mensaje real sólo
fuera alcanzado por unos pocos. Pero no fue así, y en seguida Madrid
entera parecía saber que Francisco de Goya había editado una obra
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que dejaba muy mal parados a sus más altos estamentos. Bien, había
corrido el riesgo y asumí las consecuencias, dado que en realidad ese era
el cometido de la colección. Pero nunca aceptaré que se me haya culpado
de burlarme de personajes concretos, de personas de carne y hueso con
nombres y apellidos, porque jamás fue esa mi intención. Sin embargo,
el miedo me pudo y, sólo catorce días después de poner mis Caprichos a
la venta, decidí retirar la edición entera de aquella tienda de perfumes
y licores donde podía comprarse. Cuatro años más tarde, por miedo a
que fueran censurados y destruidos, y a cambio de una pensión vitalicia
para mi querido hijo Javier, ofrecí las planchas y los 240 ejemplares que
tenía en mi poder a Su Majestad, por lo que hoy confío sigan a buen
recaudo en la Real Calcografía.
Sin embargo, aquellas hondas preocupaciones sociales que me llevaron
a realizar mis Caprichos parecen hoy problemas tan superficiales... Y
es que, ¿quién iba a decirnos en aquel momento lo que nos deparaba el
futuro? Que la pesadilla de la guerra se instalaría entre nosotros con
la mayor de las crueldades, haciendo emerger lo peor del ser humano...
Aquel dos de mayo del fatal año de 1808, sólo un par de meses después
de la abdicación del rey en favor de su hijo, cuando el pueblo de Madrid
se levantó en protesta y fue acallado y aplacado por los franceses, la
indignación popular se extendió por todo el reino como la pólvora. Poco
después, en el mes de octubre, cuando el general Palafox requirió mi
presencia para inmortalizar y pintar las glorias de mi amada Zaragoza,
pude ver las ruinas en que mi ciudad de adopción se había convertido
tras el sitio. Jamás pensé que mis ojos tendrían que contemplar aquel
espanto. Sólo aquel horror y el efecto que causó en mi persona explican
como lo que debía constituir un álbum patriótico ensalzando nuestras
tropas se convirtió en un alegato contra la Guerra, así, en mayúsculas,
una Guerra en la que todos, vencedores y vencidos, fuimos los perdedores.
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Si mi memoria no me traiciona, creo que fueron 82 las estampas que
empleé para perpetuar las fatales consecuencias en las que la guerra
con Bonaparte nos dejó inmersos. Cerca de una cincuentena de ellas,
las primeras de la serie, son mi testimonio del horror y sufrimiento que
pude ver en los ojos de los verdaderos protagonistas de la contienda,
los cientos de miles de hombres, mujeres y niños que padecieron las
barbaridades de aquella interminable espiral de violencia. A estas
instantáneas siguió otro grupo protagonizado por la peor de las lacras
que desoló nuestro país, el hambre, reflejado en las consecuencias que
trajeron consigo los asedios de Madrid o los sitios de Zaragoza. Cómo
recibimos esperanzados el final de la contienda y cuántas esperanzas
pusimos, incluso, en que fuera restablecido en el trono el rey Fernando...
Pero, sin embargo, ni una cosa ni la otra nos trajeron la calma y pronto
nuestras expectativas quedaron truncadas. Los caprichos enfáticos que
cierran la serie resumen la indignación y el desconsuelo que embargaron
a la España ilustrada con la nueva política totalitaria en la que nos
vimos sumergidos. Ahora sé que fueron estas últimas estampas, con
la crítica más feroz y descarnada que de mi arte pudo emerger, las
que ocasionaron que estos aguafuertes nunca hayan abandonado sus
planchas originales.
Cuán equivocados estábamos aquellos que pensábamos que con la
vuelta de Fernando VII las cosas volverían a su antiguo estado...
No en vano, en el año 1814, una vez terminada la contienda, fui yo
mismo el que ofrecí mis servicios para perpetuar por medio del pincel
las más notables y heroicas escenas de nuestra gloriosa insurrección
contra el tirano de Europa. Inmortalicé el comienzo de aquel horror,
el levantamiento que aquellos tristes pero épicos 2 y 3 de mayo del
fatídico año de 1808 los insurgentes madrileños llevaron a cabo contra
los ejércitos franceses. Aquella revuelta fue aplastada con la mayor de
las crueldades por el ejército napoleónico de ocupación; las barbaries que
me contaron aquellos que la vivieron quedarán para siempre honradas
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y glorificadas en dos enormes lienzos, unos de los últimos que hice para
nuestros monarcas. Y es que ni mi arte ni mi persona gozarían ya en la
corte de mucho aprecio...
En medio de aquel horror, de aquella guerra absurda, la vida no me
robó sólo las ilusiones y los sueños, sino también a mi compañera, a mi
querida Josefa, a mi Pepa, que pasó a mejor vida el 20 de junio del año
1812. Dios la conserve en su gloria.
A estas alturas, ya eran pocas las alegrías que podía depararme
la vida; muchos de mis amigos habían sido arrestados o tuvieron
que huir del estricto régimen del Rey Fernando, mi Pepa descansaba
para siempre en el madrileño cementerio de la Puerta de Fuencarral y
Cayetana era ya sólo un recuerdo, al igual que los hijos que Dios me
fue arrebatando a tan prontas edades. Por si fuera poco, mis relaciones
con mi hijo Javier y mi nuera Gumersinda distaban mucho de lo que
hubiera deseado, y los encargos pictóricos brillaban por su ausencia. Si
lo pienso detenidamente, en aquellos años tras la muerte de Josefa y la
restauración monárquica, sólo tres cosas llenaban mi vida: mi pequeño
Marianito, mi amor por el arte de los toros, que tan buenos momentos
me hacía pasar, y mi pintura. Marianito, mi Marianito, cómo lo echo
de menos... Ese niño era y es mi gran alegría, la luz de mi sombría
existencia... Qué pena que su abuela no haya podido disfrutar de su
compañía como lo hago yo...
En cuanto a la tauromaquia, supongo que con los años me he
permitido ciertos caprichos y, aunque llevaba años trabajando en
dibujos preparatorios para grabados que ilustraran algunos de los más
sobresalientes paisajes de aquella Carta histórica sobre el origen y el
progreso de las corridas de toros en España, no fue hasta el año 1815,
o 1816, no lo recuerdo bien, cuando me decidí a acabar el trabajo.
A aquellos dibujos que ilustraban los pasajes del texto de Nicolás
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Fernández de Moratín, añadí unos que instruían sobre las más comunes
suertes de la lidia y otros que rememoraban hechos reales, sucesos
acontecidos en las plazas y tendidos de Madrid o Zaragoza. Muchos
fueron los dibujos que hice, cerca de 50, aunque me quiere parecer que
algunos defectos en los cobres dejaron la serie en 33 estampas que,
espero, reflejen una idea de los principios, progresos y estado actual de
dichas fiestas en España.
La pintura, el grabado, el arte, en definitiva, siempre me ha servido
como medio de huida, de escape, como desahogo. ¿Qué hubiera sido
de mí sin este don con el que me ha consagrado Dios? Fue gracias a él
que pude ahuyentar todos los demonios; sólo pintando los fantasmas
que me acosaban, estos parecían darme tregua... Si mi memoria no me
falla, comencé a espantar los pensamientos oscuros que poblaban mi
mente una vez terminé la serie de La Tauromaquia, hacia 1815, o tal
vez fuera 1816... En todo caso, lo hice plasmando estos pensamientos
en los dibujos preparatorios para mi siguiente y última, por el
momento, serie de grabados, Los Disparates. Todo tuvo cabida en
aquellas estampas, mis visiones más irracionales, mi enojo con el poder
establecido, toda la violencia y la rabia que embargaban mi alma, mis
más grotescas obsesiones... Muchas más hubieran podido ser estas
estampas, seguramente infinitas, ya que mi atormentada cabeza no
me dejaba ni un minuto de sosiego; pero otra vez la enfermedad me
golpeó con dureza, y muchas veces pensé que no llegaría a ver el final
de aquel invierno de 1819. Pero, nuevamente, no era mi momento. De
aplazarlo se encargó mi querido amigo Arrieta, del que puedo afirmar
que ciertamente me arrancó de los brazos de la muerte. Una vez hube
vuelto a la vida, seguí plasmando mis tormentos, lo irracional de la vida,
pero ya no sobre papel, sino sobre los grandes muros de mi nueva casa a
orillas del Manzanares... Prefiero dejar eso para otro día, el cansancio
me vence y temo ser presa nuevamente de mis propios disparates.
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CAPÍTULO 03
FICHA TÉCNICA
El grabado
¿Qué es un grabado?
El grabado es el resultado de una técnica de impresión que consiste en transferir,
mediante presión, una imagen dibujada en una superficie denominada matriz a otra
superficie como el papel o la tela. La imagen resultante recibe el nombre de estampa.
Aunque el proceso puede parecer algo complicado a primera vista, éste se basa en las
dos superficies (la que lleva la imagen —matriz— y aquella sobre la que se imprime) y
en los elementos punzantes con los que se realiza el dibujo. La matriz suele ser de metal,
aunque también pueden usarse otros materiales como la madera, la piedra, etc.
Normalmente, antes de trabajar directamente sobre la matriz, el grabador lleva a cabo un
dibujo preparatorio para utilizar como modelo. Después, pasa este modelo a la matriz, pero
con la peculiaridad de que debe hacerlo de modo invertido, es decir, no como desea que
aparezca en la estampa sino a la inversa, puesto que mediante el proceso de estampación
se fijará su posición correcta sobre el papel.
El dibujo se elabora generalmente a base de surcos, tallándolos sobre la matriz con la
ayuda de diversos elementos punzantes; el siguiente paso consiste en aplicar una capa de
tinta sobre la matriz con la finalidad de que la tinta se aloje en las incisiones realizadas.
Una vez entintada la matriz, se coloca sobre ella el papel o la tela y, mediante presión, se
traspasa la imagen al soporte definitivo.
Debido a las características de la matriz, ésta es reutilizable y el proceso de estampación
puede repetirse tantas veces como desee el artista con el fin de generar diversas copias
de la misma estampa, siempre respetando las limitaciones específicas de las diferentes
técnicas.
Las técnicas del grabado
Dependiendo de los diferentes materiales y medios utilizados para la obtención de la
imagen final, existen distintas técnicas de grabado:
• Aguafuerte: La matriz es metal y se recubre con una sustancia protectora a base de
cera o resina. Sobre esta base, el artista emplea un punzón metálico para ir eliminando
fragmentos de cera y dibujando de este modo la imagen deseada. Una vez terminada
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la composición, la placa se sumerge en un baño de ácido o aguafuerte cuya acción
disuelve la zona de metal dibujada que se ha quedado sin protección. Dependiendo del
tiempo de inmersión de la matriz en el ácido, la profundidad de los surcos será mayor
o menor.
• Aguatinta: La técnica es muy similar al proceso del aguafuerte, pero en este caso tan
sólo algunas partes de la matriz se cubren con la cera. Esta capa protectora se calienta
para que la cera se funda y se adhiera a la placa. A continuación, se sumerge la matriz
en un ácido que disuelve la superficie de las zonas que no han sido cubiertas por la
resina. La ventaja de esta técnica es que el artista puede jugar con diferentes tiempos de
inmersión de la placa en el ácido. Aquellas zonas que hayan estado expuestas un mayor
tiempo acaban picándose y retienen mejor la tinta, lo que en la obra final se traduce en
superficies más oscuras.
fina capa de goma arábiga y se remoja la piedra en agua; las superficies no dibujadas
absorben el agua, mientras que las dibujadas, debido al componente graso, la rechazan.
A continuación se pasa sobre la superficie un rodillo impregnado en tinta grasa, que se
deposita únicamente sobre la zona dibujada, ya que la humedad de la parte sin dibujar
repele la tinta. Por último, el grabado se estampa con la ayuda de una prensa litográfica
que hace que la tinta depositada sobre el dibujo de la piedra pase al papel.
Explicación gráfica del proceso de realización de un grabado
Al tratarse de conceptos un poco abstractos, a continuación se ofrece una explicación
del proceso de realización del Capricho n.º 70: Devota profesión a través de fotografías de
los diferentes pasos.
• Capricho n.º70: Devota profesión. 1799 (primera publicación)
• 210 x 166 mm. Aguafuerte, aguatinta y punta seca.
• Explicación de la estampa: Goya mezcla en la escena la crítica al clero y a la brujería,
responsabilizando a ambos de las supersticiones del pueblo llano, que son las
culpables del retraso cultural del país.
• A buril: El dibujo se crea directamente sobre la
matriz de metal, empleando una herramienta
punzante llamada buril (Fig.1). Al entintar la placa,
los surcos absorben mayor cantidad de tinta
que el resto de la superficie; una vez entintada,
sobre la placa se coloca un papel humedecido
y se introducen ambos, matriz y papel, en una
prensa o tórculo que ejerce la presión necesaria
para que se produzca la estampación.
• Punta seca: El proceso es idéntico al de grabado
a buril pero empleando una aguja muy fina,
llamada punta seca, cuyo vértice suele ser de
Fig. 1: Buriles y puntas secas
diamante o de rubí. Los surcos producidos en
este caso suelen ser más profundos pero menos anchos que las incisiones resultantes
del empleo del buril. Además, el metal levantado queda a ambos lados de la incisión,
formando las llamadas barbas o rebabas, que al entintar retienen más cantidad de
tinta y dan lugar a trazos más anchos y con cierto aspecto difuminado al realizar la
estampación. La desventaja de esta técnica es que las barbas son delicadas y la continua
presión de la prensa las desgasta con rapidez, por lo que no permiten más de 20 ó 30
tiradas.
• Litografía: A diferencia de los anteriores procesos, en el caso de la litografía la imagen
se crea directamente sobre una superficie de piedra sin hacer ningún tipo de incisión.
Esta técnica se fundamenta en la incompatibilidad de la grasa y el agua; se emplea como
base una piedra caliza, muy sensible al agua. Sobre la superficie pulimentada, el artista
realiza el dibujo empleando un lápiz graso o un pincel empapado en una tinta grasa
poco densa. Una vez terminada la composición, se aplica sobre toda la superficie una
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Dibujo preparatorio para el Capricho n.º 70.
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Dibujo n.º56 del Álbum B, preparatorio
para el Capricho n.º 70.
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Matriz: cualquier material original del que se sacan copias. Puede ser de metal, piedra
o madera y sobre ella se graba una imagen utilizando distintas técnicas en función de la
naturaleza de la matriz.
Prensa litográfica: prensa empleada para imprimir mediante piedra litográfica. Consta
de un carro en el que se colocan la piedra y el papel a imprimir, sobre los que un rastrillo
de madera, al desplazarse, ejerce presión. El contacto entre ambos hace que la tinta se
traslade desde la piedra al papel dando lugar a la estampa final.
Punta seca: aguja de acero, de sección circular, cuya extremidad carece de filo y es más
fina que la del buril.
Tirada: juego de estampas idénticas realizadas en un mismo trabajo continuo de
estampación. Cada estampa de la tirada va numerada (así, por ejemplo, 10/100 indica
que es la décima de una tirada de 100); la numeración suele hacerse directamente sobre
el grabado final.
Tórculo: prensa para estampar basada en la presión ejercida por dos cilindros macizos
entre los que se colocan la matriz entintada y el papel; mediante el impulso manual se
mueve el cilindro superior para ejercer presión sobre la matriz y el papel, con el fin de
que la tinta de la matriz pase al papel y dé lugar a la estampa final.
Matriz sobre cobre para el Capricho n.º 70.
Tanto la composición como la firma del autor
están en negativo, esto es, invertidas.
Estampa Capricho n.º 70: Devota profesión.
GLOSARIO
Barbas o rebabas: materia sobrante que sobresale irregularmente en los bordes o en la
superficie de un objeto cualquiera. En el caso del grabado a punta seca hacen referencia
a las crestas de metal resultantes de realizar sobre la matriz las incisiones necesarias
para elaborar la composición, empleando una aguja con punta de diamante.
Buril: instrumento de acero, prismático y puntiagudo, que sirve a los grabadores para
realizar las incisiones necesarias para elaborar la composición sobre la matriz de metal.
Estampa: es la obra final resultante de llevar a cabo cualquier proceso de grabado. Ha de
estar firmada y numerada por el artista.
Goma arábiga: es una sustancia de origen natural, amarillenta y casi transparente, que se
extrae de ciertos árboles (acacias) muy abundantes en Arabia y el África subsahariana.
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CAPÍTULO 03
OBRA REPRESENTATIVA
Las series de grabados
Una de las facetas más prolíficas del genio de Fuendetodos fue la de grabador. Sus obras reflejan
muchos aspectos de su excepcional personalidad: sus sueños, sus miedos, su humor y sátira mordaz hacia
la sociedad de su tiempo… auténticas declaraciones públicas sobre los asuntos que más profundamente le
afectaban, constituyen una de las facetas más intensas y conmovedoras de todo su legado.
El grueso de los grabados goyescos pertenece a cuatro grandes series: Los Caprichos, La Tauromaquia,
Los Desastres de la Guerra y Los Disparates. Junto a ellas, el artista realizó otras series menores entre las
que destacan la compuesta por reproducciones de obras velazqueñas y la titulada Los Toros de Burdeos.
Reproducciones de obras de Diego Velázquez
Años de realización: 1778-1782
Número de estampas: 16
Primera edición: 1778
Técnica: aguafuerte
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
Goya inicia su andadura en el mundo del grabado motivado una vez
más por su admiración hacia el maestro sevillano, ya que serían algunas
de sus obras más representativas las que reproduciría en su primera
serie de grabados. En los inicios de su carrera como pintor de corte,
realiza un total de 16 copias al aguafuerte de óleos pertenecientes a la
colección real, entre los que destacan los retratos ecuestres de Felipe III,
Margarita de Austria, Felipe IV y el infante Baltasar Carlos, Los borrachos
o Menipo y Esopo.
Los Caprichos
Menipo. 1778
300 x 220 mm. Aguafuerte
Años de realización: 1797-1799
Número de estampas: 80
Primera edición: 1799
Última edición completa: 1937
Técnica: aguafuerte, aguatinta y buril
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
Se trata de la primera serie original de grabados de Goya, ejecutada con la máxima libertad al no
estar sujeta a ningún encargo. En ella el artista refleja una intensa y mordaz crítica de los vicios y malas
costumbres de su época, tal y como se desprende de las palabras que empleó el propio Goya al referirse
a ella como asuntos caprichosos que se prestaban a presentar las cosas en ridículo, fustigar prejuicios,
imposturas e hipocresías consagradas por el tiempo.
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Su gestación comenzó en 1796 a partir de una serie de dibujos que el pintor había realizado en dos
álbumes, el Álbum A o Álbum de Sanlúcar, completado durante su estancia en la finca de la duquesa de
Alba en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz (verano de 1796), y el Álbum B o Álbum de Madrid, que comienza
en Sanlúcar de Barrameda, pero termina en Madrid (1796-1797).
La temática de las estampas es variada, pero puede distribuirse en tres bloques: las primeras 36,
dedicadas a asuntos referidos al amor, la prostitución, el matrimonio, la educación de los hijos y temas
relacionados con el clero y la Inquisición; las estampas 37 a la 42, llamadas Asnerías, en las que el artista
utiliza la figura del asno (de ahí su nombre) y el recurso de la fábula, los refranes y los dichos populares
para lanzar mordaces sátiras hacia la nobleza, criticar las injusticias sociales o el mal ejercicio de algunas
profesiones; y las últimas estampas de la serie, pobladas de extraños y oscuros personajes como brujas,
duendes y diablos.
Capricho n.º55: Hasta la muerte
1799 (primera publicación)
220 x 154 mm. Aguafuerte y aguatinta bruñida
En cada uno de los tres manuscritos contemporáneos
al autor que explican la lámina, la aclaración a su
temática es distinta:
• Manuscrito del Museo Nacional del Prado (parece
que las explicaciones son del propio Goya, pero da la
impresión de que con ellas el pintor busca despistar y
encubrir el verdadero significado de las escenas): Hace
muy bien en ponerse guapa: son sus días; cumple 75
años y vendrán las amigas a verla.
• Manuscrito de la Biblioteca Nacional (el comentarista
de las estampas siente escasa simpatía por quienes
encarnan el poder político, por lo que las anotaciones son
mucho más sarcásticas e incisivas que las del manuscrito
del Museo Nacional del Prado; no duda en denunciar
de forma directa la corrupción de los funcionarios, la
parcialidad de la justicia, critica sin pudor al clero y a la
monarquía y ataca al pueblo por su necedad): Las mujeres locas lo serán hasta la muerte. Esta es
cierta Duquesa (la de Osuna) que se llena la cabeza de moños y carambas, y por mal que le caigan no
faltan quitones de los que vienen a atrapar las criadas, que aseguran a Su Excelencia que está divina.
Los Desastres de la Guerra
Años de realización: 1810-1815
Número de estampas: 82
Primera edición: 1863. En vida de Goya se imprimieron dos juegos completos
Técnica: aguafuerte, aguatinta, punta seca, buril
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
Los cruentos hechos derivados de la Guerra de la Independencia causaron un fortísimo impacto en
el ánimo de un Goya mermado por la sordera arrastrada desde finales del siglo anterior. El resultado
de esta nueva crisis se plasmó en Los Desastres de la Guerra, su segunda gran serie de estampas, en la
que se describe el lado más doloroso y miserable de una guerra en la que el individuo se convierte en
un ser despiadado, ausente de toda humanidad y capaz de cometer las peores atrocidades hacia sus
semejantes.
Goya comenzó a trabajar en la serie en octubre de 1808, durante su viaje a Zaragoza. En esa fecha inició
algunos dibujos preparatorios (conservados actualmente en el Museo Nacional del Prado) sobre los que
posteriormente grabaría las planchas sin apenas variaciones, ya en 1810. Sin embargo, y aunque Goya
regaló alguna copia de la serie a sus amistades, no fue hasta 1863 cuando las estampas salieron a la luz
pública por iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La violencia sexual contra las mujeres fue un tema recurrente en la serie. El grabado n.º 9 presenta un
intento de rapto por parte de un soldado napoleónico; éste ha bajado la guardia y parece no percatarse
de como una anciana, cuchillo en mano, se acerca en defensa de la joven. Goya juega magistralmente con
el escaso colorido que le permite la técnica del grabado: la joven, de blanco, el soldado, de negro. Negro
contra blanco, un matiz no sólo pictórico, sino también simbólico.
La misma temática se continúa en el grabado n.º 10. La estampa muestra el valor de las mujeres ante
el ataque de los soldados franceses: en medio de un amasijo de cuerpos, una mujer se defiende de sus
agresores.
• Manuscrito de Ayala (perteneció al dramaturgo Adelardo López de Ayala. Sus comentarios son una
mezcla de los manuscritos del Museo Nacional del Prado y de la Biblioteca Nacional, prevaleciendo
la carga crítica del segundo, ya que el autor procura, en todos los casos, identificar a los personajes
representados por Goya): La Duquesa vieja de Osuna.
Goya era amigo de los Osuna, por lo que parece difícil que su verdadera intención fuera criticar a
la duquesa. Más bien parece que en los tres casos el deseo es el de despistar, encubriendo de este
modo el verdadero significado de la estampa, mucho más arriesgado: la crítica feroz de la coquetería
femenina, que no tiene límite de edad (una anciana aparece mirándose al espejo, mientras sus
lacayos se ríen de su ridícula imagen).
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Desastre de la guerra n.º 10: Tampoco
1863 (primera publicación)
150 x 219 mm. Aguafuerte y buril
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Desastre de la guerra n.º 9: No quieren
1863 (primera publicación)
156 x 209 mm. Aguafuerte, aguatinta, punta seca y buril
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La Tauromaquia
en ocasiones a rozar lo grotesco, en las que aparecen personajes extraños cuyas acciones y expresiones
consiguen despertar en el espectador sentimientos encontrados de curiosidad y desconcierto. Es probable
que las planchas fueran grabadas en un momento delicado de la vida del artista, coincidiendo con una
recaída en su enfermedad, lo que pudo ser el detonante del remarcado pesimismo e irracionalidad de las
escenas. Al igual que en anteriores ocasiones, Goya realizó una serie de dibujos preparatorios a sanguina,
de los que actualmente se conservan 20.
Año de realización: 1815
Número de estampas: 33
Primera edición: 1816
Técnica: aguafuerte, aguatinta, punta seca, buril
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
Disparate n.º 2: Disparate del miedo
1864 (primera publicación)
357 x 245 mm. Aguafuerte, aguatinta bruñida y punta
seca
Goya inmortalizó su pasión por la fiesta taurina en esta serie inicial de 33 estampas, a las que hay que
sumar otras 11, llamadas inéditas al no ser publicadas en la primera edición debido a algunos pequeños
defectos. Las 13 primeras láminas muestran los orígenes e historia de la Tauromaquia y, a partir de ahí,
las modalidades o suertes más comunes de la lidia de finales del siglo XVIII y principios del XIX, junto a
diversos sucesos que tuvieron lugar por entonces, como la trágica muerte de uno de los diestros más
populares, Pepe Illo, o la cogida sufrida por el alcalde de Torrejón en la plaza de Madrid.
El fantasma de la guerra, convertido en un gigante
espectro sin rostro, hace acto de presencia ante los
soldados en plena contienda. El horror que reflejan
sus rostros excede a la imagen; acaban de vislumbrar
la demencia, la locura del ser humano. Siempre hay un
horror más grande.
Se trata de un trabajo muy meditado, que comenzó a gestarse años antes, quedando probablemente
interrumpido por la guerra y cuyo objetivo inicial podría haber sido el de ilustrar algunos de los pasajes de
la Carta histórica sobre el origen y progreso de las corridas de toros en España del escritor y dramaturgo
Nicolás Fernández de Moratín.
Tauromaquia n.º 21: Desgracias acaecidas en
el tendido
1816 (primera publicación)
253 x 357 mm. Aguafuerte, aguatinta bruñida,
punta seca y buril
En el siglo XIX era muy común que la
fiereza del toro le llevase a irrumpir de un
salto en el tendido, hiriendo o matando a
los espectadores. La modernidad de Goya es
patente en el enfoque que confiere a la escena,
vista desde lo alto del tendido, en dirección a la
arena; la composición aparece completamente
descentrada, dejando prácticamente vacía la
mitad izquierda de la escena y acumulando la acción y los personajes en la derecha, con la silueta del toro
recortándose sobre el ruedo vacío y portando empitonado el cadáver de un hombre. Este suceso tuvo
lugar en Madrid, el lunes 15 de junio de 1801, y el cuerpo inerte es el del alcalde de Torrejón, que aquel
día se encontraba en el tendido contemplando la corrida.
Los Disparates
Año de realización: 1815-1820
Número de estampas: 22
Primera edición: 1864, bajo el título de Proverbios
Técnica: aguafuerte, aguatinta, punta seca, buril
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
También conocida como Los Proverbios, la última gran serie de Goya es sin duda la más controvertida,
ya que, además de quedar inconclusa por su muerte, sus estampas revelan un oscuro y enigmático
universo difícil de interpretar; nos encontramos con imágenes oníricas, sombrías y dramáticas llegando
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Los Toros de Burdeos
Año de realización: 1824-1825
Número de estampas: 4
Primera edición: 1825
Técnica: litografía
Localización de las planchas: Calcografía Nacional, Madrid
En sus últimos años, ya en su exilio en Burdeos, Goya volvió a evocar su pasión taurina con una
novedosa técnica de grabado, la litografía. La serie se aleja de la otra serie del artista de temática taurina,
La Tauromaquia, no sólo en la técnica sino también en los temas que representa, ya que deja a un lado
la representación de corridas profesionales llevadas a cabo por célebres diestros para mostrar novilladas
y festejos populares, lo que denota una vez más el interés del artista por la naturaleza de la cultura y la
sociedad popular.
Los Toros de Burdeos: La plaza partida
(cuarta y última litografía de la serie)
300 x 415 mm. Litografía
En los años de vida de Goya era una costumbre muy
extendida separar la plaza en dos, dividiéndola con unas
tablas, para disfrutar doblemente del espectáculo: en el
lado izquierdo, la suerte de banderillas, en el derecho, la
suerte de matar recibiendo y sin muletas. Goya capta de
forma magistral la indiferencia con que los espectadores
arriesgan su vida, confiriéndoles expresiones casi
deformes y rostros idiotizados, mientras pinta una
sonrisa de insania en los labios de los lidiadores.
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Al igual que ocurre con el resto de estampas de la serie, los significados propuestos son muy dispares y
siempre es complicado acertar si aquello que el pintor deseaba transmitir era algo real o sólo las escenas
que poblaban su subconsciente.
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Goya en directo
Las series de grabados de Francisco de Goya pueden contemplarse en diferentes museos de Zaragoza
y sus alrededores.
•
Museo de Zaragoza (plaza de los Sitios n.º 6). Posee entre sus fondos varios de estos grabados, que se
exponen de forma rotatoria en las salas dedicadas al pintor aragonés.
Horario: de martes a sábado de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas; domingos y festivos únicamente en
horario de mañanas.
Teléfonos: 976222181 y 976225282
http://www.museodezaragoza.es/
https://www.facebook.com/pages/Museo-de-Zaragoza/451838968194106
Entrada gratuita.
•
Museo Goya-Colección Ibercaja (calle Espoz y Mina n.º 23). Dedica la totalidad de su segunda planta a
las series de grabados de Goya, exponiéndose de forma permanente Los Caprichos, Los Desastres de
la Guerra, La Tauromaquia, Los Disparates y Los Toros de Burdeos.
Horario: de martes a sábado de 10 a 14:00 horas y de 17 a 21 horas; domingos y festivos únicamente
en horario de mañanas. Lunes cerrado.
Teléfono: 976397387
http://museo.ibercaja.es/
Entrada gratuita
•
Museo de grabado de Fuendetodos (calle Zuloaga n.º 3). Posee en sus fondos las series completas de
Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra, La Tauromaquia y Los Disparates. La visita al museo puede
completarse con una visita a la casa natal del pintor.
Horario: de martes a domingo de 11 a 14 horas y de 16 a 19 horas
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CAPÍTULO 03
ACTIVIDADES
Actividad 1. Una época convulsa. Algunos datos históricos
Dos de mayo de 1808, tropas francesas, general Palafox, sitio de Zaragoza... Goya parece consternado
ante la magnitud de un acontecimiento que golpea España. ¿Podéis averiguar qué acontecimiento es?
Una vez que lo hayáis averiguado, explicad brevemente en qué consistió, cuáles fueron sus causas, sus
personajes principales y la forma en que se vivió en la ciudad de Zaragoza.
Aclarados los datos históricos, volved a echarle un vistazo al manuscrito; en él Goya menciona dos
lienzos de gran tamaño que conmemoran un hecho relacionado con vuestra respuesta, ocurridos en el
mes de mayo de 1808. Estas dos obras están consideradas hoy en día unas de las pinturas cumbre de su
carrera y seguramente las habréis visto más de una vez. ¿De qué cuadros se trata?
Actividad 2. Una obra “des-atribuida”
Una de las obras que supuestamente pintó Goya durante el periodo bélico que arrasó España se ha
descubierto recientemente que, probablemente, no saliera de su pincel sino del de otro pintor llamado
Asensio Julià. ¿Podéis averiguar de qué obra se trata y qué datos e indicios han llevado a esta conclusión?
Actividad 3. La primera serie de grabados
La primera serie de grabados que menciona Goya es aquella en la que el pintor recogía las copias al
aguafuerte de 16 óleos pintados por Diego Velázquez. Localizad al menos uno de los aguafuertes que
componen esta serie y la obra original de Velázquez de la que es copia (algunos de los grabados de esta
serie pueden verse en el Museo de Zaragoza, en la Pza. de los Sitios, nº 6).
Actividad 4. Las grandes series de grabados
Tal y como queda patente según lo expuesto en el manuscrito, la producción de grabados de Goya fue
amplia y variada. Con el fin de conocer diversos ejemplos de su obra, investigad y completad la siguiente
tabla adjunta:
Nombre de la serie
Fecha de ejecución
Título o descripción
1797-1798
Nº 39: Hasta su abuelo
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Nombre de la serie
Fecha de ejecución
Los Disparates
1819-1823
1812-1815
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Título o descripción
Nombre de la serie
Fecha de ejecución
La Tauromaquia
1815-1816
Los Disparates
1819-1823
Nº 20: Ligereza y atrevimiento de
Juanito Apiñani en la de Madrid
La Tauromaquia
1812-1815
Los Caprichos
Título o descripción
Nº 2: Disparate del miedo
Nº 39: ¡Grande hazaña! ¡Con
muertos!
Nº 5: Y son fieras
1797-1798
Los Caprichos
Los Desastres de la
Guerra
1797-1798
Nº 9: No quieren
Actividad 5. Los últimos grabados: la litografía
1812-1815
Actividad 6. Un álbum de retratos
Nº 12: A la caza de dientes
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ida
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1797-1798
Goya también incluye en sus grabados algunos de sus autorretratos. En concreto, una de sus series
se abre con uno de ellos, aunque la idea inicial del pintor era que la portada de la serie fuera otra de las
estampas, en la que también se autorretrata aunque de un modo un tanto peculiar. ¿Podéis localizar de
qué dos grabados se trata? Después, incluidlos en el álbum de retratos.
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Los Desastres de la
Guerra
Al comenzar la narración, Goya hace una breve referencia a una nueva técnica de la que ha oído hablar,
la litografía, y menciona que le gustaría probarla. ¿Podéis documentaros y averiguar si finalmente pudo o
no cumplir este deseo?
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Imagen
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es
3
Incluid también los retratos de los siguientes personajes mencionados en el capítulo:
Gumersinda Goicoechea
Mariano Goya
Doctor Arrieta. En el caso del retrato del doctor Arrieta, además de buscar la obra en sí, intentad averiguar el texto de la inscripción que incluyó Goya en el mismo y que, en cierto modo, explica la pintura.
Actividad 7. Un cuaderno-museo
Continuad incorporando las obras más relevantes de Francisco de Goya a vuestro cuaderno-museo. No
os olvidéis de completar la información relativa a:
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Título
Serie a la que pertenece, si corresponde
Fecha de ejecución
Técnica empleada y soporte
Este tipo de grabado puedes hacerlo también a la inversa:
1. Pinta el papel o la cartulina con la pintura negra (o utiliza directamente una cartulina de ese color).
2. Sobre el papel negro, haz trazos gruesos y espesos con las ceras de colores.
3. Después, utilizando la herramienta punzante, realiza el dibujo sobre las capas de colores para sacar
a la luz el fondo negro, que formará el dibujo a modo de trazo. Opción 2. Grabado con plastilina (de 5 a 9 puntos)
Materiales:
• un cartón o cartulina gruesa
• un papel blanco
• plastilina
• témpera de color negro
• un pincel
• una herramienta punzante
Obras a incluir:
-Los grabados que se mencionan en las actividades o resultan de su resolución.
-Los dos lienzos que conmemoran el levantamiento de los madrileños los días 2 y 3 de mayo de 1808.
Actividad práctico-artística: un grabado casero
Experimentar la técnica del grabado de una manera básica es algo muy sencillo. Aquí os damos algunas
posibilidades para hacerlo. Si os animáis a intentarlo, podéis enviarnos las fotografías de vuestros trabajos
y, además de ganar algún punto extra para vuestro equipo, las subiremos al blog del proyecto. Deberéis
proponer un tema de crítica actual, similar a aquellos que propuso Goya en sus Caprichos o en Los Desastres
de la Guerra, pero ambientado en nuestros días.
Opción 1. Grabado con ceras (de 5 a 9 puntos)
Materiales:
• un papel o cartulina de color blanco
• ceras de colores
• témpera de color negro o tinta china
• un pincel
• una herramienta punzante (puede servir el mismo extremo del pincel, una aguja de hacer punto,
un bolígrafo que ya no pinte...)
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Opción 3. Un sello personalizado (5 puntos)
Este es uno de los procedimientos más sencillos para hacer un pequeño grabado. El tampón que consigas
podrás utilizarlo, por ejemplo, como ex-libris, que es un tipo de sello que se utiliza para marcar la propiedad
de los libros.
Materiales:
• una goma de borrar cuadrada (tipo “Milán” o similar)
• un alfiler o aguja fina
• témpera negra
Pasos a seguir:
1. Con la aguja, graba sobre la goma un dibujo sencillo, como tus iniciales o una forma geométrica.
2. Una vez lo tengas hecho, podrás utilizar la goma como un tampón pintando la superficie de la goma
con pintura negra y colocándola sobre un papel.
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Pasos a seguir:
1. Sobre el papel o la cartulina blanca, pinta con las ceras de colores del modo que más te apetezca:
creando bandas o recuadros de colores, a rayas... Debes cubrir todo el papel y conseguir que el
trazo sea bastante grueso y espeso.
2. Cubre toda la superficie pintada con las ceras con la pintura negra. Es importante que no queden
huecos ni transparencias así que, si es necesario, da más de una capa.
Pasos a seguir:
1. Coloca una capa de plastilina sobre el cartón o cartulina. La plastilina debe quedar bien extendida y
formar una capa gruesa. Para alisarla y dejarla uniforme puedes pasar por encima un rodillo (o algo
que funcione como tal, como un vaso).
2. Con una herramienta punzante dibuja sobre la plastilina una forma o dibujo, eliminando los restos
de plastilina que sobren hasta que se vea el cartón. 3. Después, aplica una capa gruesa de pintura negra sobre la plastilina.
4. Sin dejar que la pintura se seque, coloca sobre la plastilina el papel blanco y presiona de nuevo
suavemente con el rodillo. De este modo, la pintura negra pasará al papel y obtendrás la estampa.
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3. Cuando la pintura negra esté seca, realiza el dibujo que desees sobre ella raspando con la herramienta
punzante. Al hacerlo, se deberá desprender parte de la capa negra y dejar visible la capa de color
que haya debajo.
4. El resultado será un dibujo a color sobre un fondo negro aunque, en realidad, será el fondo negro
lo que esté sobre el color.
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Descargar