N° 260 - Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe

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1
Acuerdo N° 260
En la ciudad de Rosario, a los
28
Junio
días del mes de
de dos mil diez, se
reunieron en acuerdo los señores miembros de la Sala
Primera de la Cámara de Apelación Civil y Comercial de
Rosario, doctores Ricardo A. Silvestri, Ariel Carlos
Ariza y María Mercedes Serra, para dictar sentencia en
los autos “RUMENE, Jorgelina A. contra FORMICA, Noelia
y/o FORMICA, José y/o Resp. de cochera “El Galpón”
sobre
Daños
y
perjuicios”,
(Expte.
N°
416/2009)
venidos del Juzgado de Primera Instancia de Distrito
Civil y Comercial de la 1era. Nominación de Rosario.
Realizado
el
estudio
de
la
causa,
se
resolvió
plantear las siguientes cuestiones:
Primera: ¿Es justa la sentencia?
Segunda: ¿Qué fallo corresponde dictar?
A
la
primera
cuestión
el
señor
vocal
doctor
Silvestri, dijo:
1)El
sentenciante
de
la
primera
instancia
hizo
lugar parcialmente a la demanda y condenó a los
accionados
6.500,-
y
a
los
abonar a la actora la suma de $
intereses
señalados
en
los
2
considerandos; distribuyó las costas en un 85% a
los demandados y el 15% a la actora (fs.159 a 161
vta.). Apeló la parte condenada a fs.173; en la
Cámara, expresó agravios a fs.228 y s.s.; siendo
replicados por la apelada a fs.231 a 234. Fueron
llamados los autos para sentencia a fs.236 y la
providencia fue notificada a las partes a fs.236 a
237, sin objeciones.
2) La actora, Jorgelina Rumene, promovió demanda
de daños y perjuicios contra Noelia Formica y/o José
Formica y/o responsable legal de cocheras “El Galpón”,
tendiente al cobro de la suma de $ 8.000,- e intereses
y costas con fundamentos en los hechos y derecho que
invocara.
En
de
siendo
2004,
tal
sentido
sostuvo que el 29 de Mayo
aproximadamente,
las
12.30
horas,
depositó en la cochera “El Galpón”, ubicada en calle
1º de Mayo 1621 de Rosario, la moto de su propiedad
marca Honda AX 70 cc, modelo 1995, Dominio 101-BQT,
tal cual lo venía realizando desde que contratara la
cochera en el mes de Abril de 2003. Indicó que dejó la
unidad en el lugar asignado y atada con linga a la
3
rueda delantera y con traba en el manubrio. Afirmó que
a la tarde del día siguiente o sea el 30 de Mayo de
2004,
advirtió
que
el
rodado
había
sido
sustraído,
encontrándose al frente del garage en ese momento una
persona cuya identidad desconoce y que cuando guardó
la moto el 29 de Mayo de 2004 estaba el encargado
Mario
Cepeda,
no
estaba
en
tal
momento
ni
cuando
descubre la sustracción Valerio Pinto, a quien el Sr.
Formica, dueño de la cochera, al prestar declaración
ante
la
policía,
indicara
como
el
empleado
que
se
encontraba de guardia el día del descubrimiento de la
sustracción. Aseveró que formuló la denuncia policial
respectiva,
luego
se
Noelia
que
dio
produjo
Formica
se
un
lugar
al
sumario
intercambio
adjudicaba
la
nº
epistolar
16561-04;
en
titularidad
donde
de
la
cochera y en el sumario en esa misma calidad declaró
José Formica, por lo que se demandó a ambos. Reclamó
los
rubros
demandados
rechazo.
resarcitorios
respondieron
Negaron
que
la
(fs.20
a
demanda,
tuvieran
la
23
vta).
Los
solicitando
su
obligación
de
restituir la moto “porque la misma se encontraba en
4
poder
y/o
momento
guardia
de
presunción
la
de
y/o
pérdida
culpa
custodia
o
de
robo”,
imputada,
su
dueño
también
“porque
en
el
negaron
la
la
moto
fue
retirada por la persona que correspondía”. Finalmente,
alegaron
que
la
unidad
no
fue
robada
en
las
instalaciones del garage “El Galpón”, sino en algún
lugar de Rosario o alrededores (también sostuvieron
que la moto no tenía seguro, no estaba en condiciones,
y
sostuvieron
que
la
denuncia
policial
fue
tardía)[fs.57 a 58 vta. y 59 a 60 vta.].
3) El a-quo, en síntesis, sostuvo que no está
controvertido que hubo entre las partes un contrato de
garaje, y que lo que se discute es la responsabilidad
que la actora le adjudica a los demandados en virtud
de los hechos que ha narrado. Bajo tal premisa afirmó
que
el
contrato
de
garaje
lleva
implícito,
como
obligación del propietario del local, la custodia o
guarda de los vehículos que en él se depositan, sin
necesidad de estipulación o pacto alguno al respecto.
También indicó que el garajista debe responder por la
pérdida
del
vehículo
cuya
custodia
se
le
confió,
5
excepto si ésta proviene de un caso fortuito o de
fuerza
cargo.
mayor,
cuya
prueba
lógicamente
corre
a
su
Entendió que de acuerdo a las constancias de
la causa que la actora efizcamente ha probado mediante
la testimonial de la Sra. Cocconi a fs.115 a 115 vta.,
sin que el mismo fuera objetado, que dejó su moto el
día del hecho en horas del mediodía en el garaje de
los accionados, tal cual fue su costumbre y con motivo
del
contrato
ya
aludido.
Destacó
que
este
hecho
no ha sido desvirtuado por la parte demandada y las
testimoniales que ofreciera, tanto que de las resultas
de las mismas, como de las propias declaraciones de
los
demandados
al
absolver
posiciones,
no
han
sido
terminantes en cuanto que este hecho no sucedió, es
más
de
dichas
declaraciones
se
extrae
que
sobre
aquellos clientes mensuales, no se llevaba control de
ingreso o egreso de los mismos. Consideró corroborado
el hecho de que la moto fue depositada por la actora
en
el
día
que
ella
señaló
en
el
garaje
de
los
demandados, sin que se arrimara a autos prueba alguna
que la misma fuera en algún momento retirada de la
6
misma.
Desestimó
la
hipótesis
brindada
por
los
accionados en cuanto a que la moto no fue depositada
en el garaje o que la misma fue robada en otro lugar
de
la
ciudad
de
Rosario
o
alrededores
o
que
su
desaparición se haya debido a hechos imputados a la
actora (como el mal estado de conservación del rodado,
etc).
4) Los apelantes se agravian porque: i) el juez
sentenciante otorgó plena certeza al testimonio de P.
M.
Cocconi
(fs.115
a
115
vta.),
a
quien
califica
testigo de oidas. Entiende que no es suficiente con la
demostración
del
hecho
invocado
en
la
demanda
con
dicho testimonio. Indica que lo único que ha probado
Rumene es que la moto ingresó a la cochera muchas
horas antes de la supuesta desaparición (aparetemente
un día sábado), la unidad entraba y salía todos los
días y en diferentes horarios, pero ello no prueba los
extremos
destaca
de
la
demanda;
que
de
las
ii)
propias
el
juez
expresa
declaraciones
de
que
los
demandados no han sido terminantes en cuanto a que el
hecho no sucedió. Señala que, por el contrario, de la
7
declaración
de
Noelia
Formica
a
fs.85,
posición
tercera, expresó que “no era cierto que la moto haya
sido sustraída del garaje”, en igual sentido en la
respuesta a la posición cuarta; lo mismo ha respondido
José H. Formica a fs.85, posición cuarta; iii) que el
juzgador haya considerado demostrado que la unidad fue
depositada
el
29
de
Mayo
de
2004
en
el
garaje
de su propiedad; iv) el sentenciante considere que las
obligaciones a cargo de la demandada de custodia y
conservación de la cosa no han sido acreditados tal
proceder
por
los
demandados.
Señala
que
la
actora
reconoció que el local tenía guardia las 24 horas y
que de noche bajaban las rejas (fs.85 vta., posición
tercera;
en
ampliación,
igual
con
sentido
referencia
a
a
fs.85
que
si
vta.,
segunda
entraba
a
la
cochera no tenía que avisar a los empleados; y la
cuarta ampliación, sobre que es cierto que desde la
garita de vigilancia se observa el ingreso y egreso de
los
vehiculos).
También
alude
a
los
dichos
de
los
testigos Mario Cepeda a fs.86 vta., respuesta segunda,
sobre la vigilancia durante las 24 horas a través de
8
los empleados de turno; como que de la garita se puede
observar el ingreso y egreso, a la quinta. Del mismo
modo,
la
declaración
del
testigo
Oliva
a
fs.95,
respuesta segunda, sobre la vigilancia durante las 24
horas y que desde la garita se advierte el ingreso y
egreso
del
lugar,
fs.95,
respuesta
quinta
(quién
agregó un comentario de que “un hombre que a veces iba
con la actora a la cochera, el cual aparentemente era
el novio, tenía una camioneta Toyota Azul, con franjas
blancas, pero no sabe el nombre del muchacho y la
patente
no
la
recuerda”).
Tambien
se
queja
por
no
haberse tenido presente la constatación de fs.87 a 88,
por la que se comprueba la visualización del ingreso y
egreso de los rodados.
5)
Estudiada
la
causa,
las
posiciones
de
las
partes, en relación a los argumentos del veredicto, se
arriba
a
la
determinación
de
que
los
agravios
apelatorios deben ser rechazados.
6)
Se
parte
de
la
premisa
de
que
no
se
controvierte en autos de que las partes han estado
unidas por un contrato de garaje, por medio del cual
9
Jorgelina Rumene guardaba una moto de su propiedad en
el
establecimiento
mensual
(fs.20
a
“El
23;
Galpón”,
fs.57
a
pagando
60
vta.;
un
precio
confesión
judicial de Noelia A. Formica, a fs.85, a la primera;
declaraciones testimoniales de Mario Cepeda a fs.86 a
86 vta.; Víctor R. Oliva a fs.95 y Valerio Pintos a
fs.95 a 95 vta.; Paola M. Cocconi a fs.115 y vta.). Ha
definido, antes de hora, la Sala que el contrato de
garaje es atípico (art.1143 y nota del CC), rigiéndose
en defecto de estipulaciones de las partes por las
normas
generales
relativas
a
los
contratos
y
las
particulares de los que guardan analogía: locación de
cosas, servicios, depósito, etc., y cuya aplicación
concreta dependerá de la relación jurídica que resulte
comprometida. El contrato de garaje es aquel por el
cual
una
de
las
partes
(propietario,
locatario
o
tenedor del rodado) conviene con otro sujeto, persona
física o juridica, la guarda o custodia de un rodado
por un lapso definido, en un lugar determinado o no, a
cambio
a
la
de
una
guarda
o
contraprestación
custodia
implica
en dinero. En punto
la
obligación
de
10
conservación,
cuidado
y
vigilancia
por
parte
del
garagista, a los efectos de restituir la misma cosa
que le fuera confiada, en idénticas condiciones (Vera
Ocampo, Raúl A.-Fluxá, Francisca, Colazzo, Estala, y
Di Tullio, José A., El contrato de garage, p.243, en
la
obra
de
Contratos
Derecho
Modernos,
Tratado
de
edición
1990;
interdicto
La
Ley
Privado
año
Derecho
de
Leiva
Comunitario,
Borda,
y
el
nº
Guillermo
Contratos,
Fernéndez,
1975-D.284;
del
1993;
Civil.
recobrar
Responsabilidad
y
3,
A.,
T.II-p.766,
Luis
F.
P.
contrato
de
garage,
Giorlandi,
garagista,
Eduardo.
La
Ley
El
Garaje.
1979-B.111,
entre otros; Acuerdo de esta Sala, nº 461 del 20 de
Noviembre de 2009, causa Salvatierra c. Sánchez). En
punto a la naturaleza jurídica es un contrato atípico
dado
que
sus
elementos
constitutivos
se
forman
con
modalidades que no permiten ubicarlo en algunas de las
figuras que regula la ley de modo exclusivo, unitaria
y sistemática; siendo un figura compleja que participa
de
los
de
cosas
caracteres
y
del
servicios,
depósito
pero
y
posee
de
la locación
mayor
relación
11
o
afinidad
finalidad
con
el
contrato
perseguida
de
de
depósito
conservación
y
por
guarda,
la
así
como la restitución de la cosa (Ocampo-Fluxá-ColazzoDi
Tullio,
Contratos
Modernos,
p.244
y
su
nota
2,
citando el fallo de la C.N.Civil de Superintendencia,
Repertorio El Derecho T.19-681).
7)
La parte apelante se queja por el criterio del
a-quo de otorgar certeza plena al testimonio de la
Sra. Cocconi, a quien califica de testimonio de oidas
y con dichos contradictorios. La protesta no merece
favorable
acogida.
Es
que
la
impugnante
pretende
fragmentar el análisis de la declaración de la citada
testigo y es bien sabido que la prueba testimonial
debe
ser
analizada
integralmente,
sin
fracturas
o
parcialismos, conforme las reglas de la sana crítica y
de
la
Cocconi
experiencia.
ha
expuesto
En
a
este
contexto
fs.115
y
Paola
vta.
que
Marisa
no
le
comprenden las generales de la ley y que tiene una
relación laboral desde hace aproximadamente tres años
(a la primera). A la pregunta formulada sobre si sabe
y
le
consta
dónde
guardaba
la
actora
su
moto,
12
respondio que “sí se dónde guardaba su moto la Srta.
Rumene. Lo sé, primero por comentarios de la Srta.
Rumene
y
después
porque
nos
hemos
reunido
para
organizar talleres en el marco de un convenio laboral
entre
la
Municipalidad
de
Rosario
y
la
ONG
Madre
Sacramento en su casa y algunas veces la acompañaba a
buscar la moto a la cochera y otras veces a dejarla”.
Ante
la
pregunta
si
sabe
y
le
consta
si
la
Srta.
Rumene depositó su moto en las instalaciones de la
cochera “El Galpón” el 29 de Mayo de 2004, respondió
que “sí lo se. Porque ése sábado (29 de Mayo de 2004)
teníamos que terminar un trabajo y yo tenía un curso
durante la mañana, quedamos en encontrarnos sobre el
mediodía, no recuerdo exactamente el horario. Quedamos
en encontrarnos en Mitre y Córdoba, pasamos por una
librería para comprar material y nos fuimos para la
casa de ella. Paramos en la puerta de la cochera y al
subir al cordón yo me bajé con la bolsa de materiales
de librería. No entré a la cochera, me quedé en la
puerta y la esperé” (respuesta tercera). Señala que
aproximadamente a las 12.20 ocurrió el ingreso a la
13
cochera
y
lo
encuentro
cuarta).
y
Y
calcula
del
ante
en
tiempo
la
función
del
del
horario
traslado
ampliación
de
de
(respuesta
preguntas
por
la
demandada expresó que Rumene guardaba la moto también
en
otros
lugares,
instalaciones
como
(calle
en
el
Balcarce
Hogar
y
dentro
Saavedra)
y
de
en
las
la
Secretaría de Promoción Social de la Municipalidad de
Rosario, calle Santa Fe nº 638 (primera ampliación).
También
expuso
que
la
testigo
se
enteró
de
la
desaparición de la moto el Lunes por la mañana, se
encuentra en el Hogar y Rumene le cuenta qué había
sucedido con la moto, “que se la habían robado, y
además era notorio porque había llegado en colectivo.
No me dijo un horario, cuando fue a buscarla el día
domingo 30 de Mayo de 2004, no la encontró y contó que
había
hecho
la
denuncia”
(segunda
ampliación).
En
cuanto a las características que presentaba la moto,
no sabe lo de la patente, pero tenía un espejo roto y
en cuanto a las luces no sabe porque se veían de día
(a la tercera ampliación)[fs.115 a 115 vta.].
8)
De
la
mera
transcripción
integral
de
los
14
dichos
de
Cocconi,
arbitrarias,
se
testigo
oídas,
de
sin
pone
incurrir
en
sino
en
evidencia
fragmentaciones
que
presencial
no
de
es
un
una
hecho
determinante en el plieto como es la confirmación de
que la actora, Jorgelina A. Rumene, depositó su rodado
en las instalaciones de la cochera de los demandados
el
29
de
Mayo
de
2004
en
horas
del
mediodía
(correspondiente a un día sábado), por la razón de que
la declarante la acompañó a la actora a guardar la
unidad en dicho lugar (y no era la primera vez que la
acompañaba sino que declara que otras veces anteriores
la acompañaba a Rumene a buscar la moto y otras veces
a dejarla). El hecho de que Cocconi no haya entrado al
garaje el 29 de Mayo de 2004 sino que se quedó en la
vereda, mientras la accionante ingresaba con la moto
en el interior de aquél, nada puede predicar en su
contra, ya que ha expuesto que se pararon en la puerta
de la cochera, se bajó al subir al cordón y allí se
quedó
esperándola
a
Rumene,
no
hace
otra
cosa
que
concluir en que la demandante depositó el vehículo en
el interior del garaje. No es motivo de crítica al
15
testimonio el hecho de que en lo relativo a la fecha
del suceso que la testigo no especifica el día exacto
en
que
la
mencionando
cuando
actora
“ese
Cocconi
depositó
sábado”
la
sin
menciona
moto
indicar
“ese
en
la
cual.
sábado”
cochera
Es
que
(fs.115,
respuesta tercera), está respondiendo a la pregunta de
si “sabe y le consta si la Srta. Rumene depositó su
moto en las instalaciones de cocheras El Galpón en
fecha 29 de Mayo de 2004” (fs.113, a la tercera). En
concreto, la testigo no menciona la fecha porque la
misma estaba ya indicada en la pregunta, por lo que se
debe descartar que sus dichos sean vagos o imprecisos;
por otro lado ha sido precisa en la indicación del día
sábado que correspondia al 29 de Mayo de 2004, fecha
que estaba implicitamente incorporada en su respuesta
tercera de fs.115. Adicionalmente, es bueno recordar
que la testigo Paula Marisa Cocconi no fue objeto de
tachas
(art.222
del
CPCC),
ni
de
impugnaciones
en
punto a eficacia (art.224 del CPCC), en la instancia
anterior, tal como lo destacara el juez sentenciante.
En síntesis, no se está en presencia de un testimonio
16
de oídas (que es el que declara por manifestaciones
que
oyó
de
terceros;
en
autos
Cocconi
ha
sido
un
elemento presencial de los hechos que expone y son
relevantes para la suerte de la causa); y el hecho que
sea única (en cuanto presenció el depósito de la moto
en la cochera de los accionados el 29 de Mayo de 2004
en horas del mediodías), no afecta su eficiencia, pues
nuestra
legislación
hace
apreciar
la
prueba
testimonial conforme las reglas de la sana crítica y
las
condiciones
personales
de
la
deponente,
debido a que la máxima testis unus, testis nullus ha
sido
superada
doctrinaria,
jurisprudencial,
y
legislativamente, toda vez que no hay que atenerse al
número de testigos sino a su calidad (CCCR, Sala I,
Juris T.24-190; CCCR, Sala IV, Zeus T.24-R.8; Alvarado
Velloso,
Adolfo,
Estudio
Jurisprudencial
del
CPCC,
T.II-p.773; del mismo autor y obra, T.IV-p.332; Arazi,
Roland,
La
edición,
doctrinario
entre
prueba
p.327;
y
otros).
en
el
proceso
Peyrano,
Jorge
jurisprudencial
Por
otro
del
lado,
civil,
W.,
CPCC,
Cocconi
primera
Análisis
T.I-p.592,
ha
dado
17
suficiente razón a sus dichos, los ha fundamentado, ha
sido sometida a ampliaciones de preguntas, demostrando
coherencia y credibilidad en sus dichos (art.224 del
CPCC).
9) La declaración de Cocconi a fs.115 y vta.,
confirma la denuncia policial de Rumene de fs.11 por
la
sustracción
de
la
unidad.
Y,
además,
el
mismo
recurrente a fs.228, in fine, termina por reconocer
que con la exposición de la testigo “probó únicamente
que la moto ingresó a la cochera” y la cuestión tiene
relevancia porque precisamente el ingreso de la moto
el 29 de Mayo de 2004 es un hecho afirmado en la
demanda por Rumene. Si el ingreso está demostrado (y
reconocido
por
la
misma
apelante
a
fs.228)
con
el
testimonio de Cocconi, la empresa de garaje demandada
es la que tiene la carga de la prueba de que con
posterioridad al 29 de Mayo de 2004, la actora o una
tercera persona autorizada la retiró (extremo de hecho
no
probado
en
autos).
La
organización
empresaria
dedicada a la guarda y custodia de rodados, que cobra
un precio por ello, en este caso mensual, estaba en
18
las
mejores
condiciones
de
hacerlo
(a
través
de
cámaras de seguridad, libros de registros de entradas
y salidas de vehículos, con indicación del día y hora,
etc). Por ello es correcta la cita de jurisprudencia
formulada a fs.232 (cuyo texto íntegro se tiene a la
vista) en orden a que “en atención a que cuando el
cliente contrata una cochera mensual no es habitual
que reciba cada vez que ingresa el vehículo un ticket
u otro instrumento similar que le permita justificar
su
guarda,
la
prueba
de
testigos
adquiere
mayor
relevancia en esos supuestos. Si se ha establecido que
el automotor de la demandante ingresó al garaje y no
se arrimó evidencia alguna que pruebe que el mismo fue
retirado
con
posterioridad
por
persona
autorizada,
corresponde concluir que el vehículo fue efectivamente
sustraído del estacionamiento. En virtud del deber de
vigilancia
que
pesa
sobre
el
garajista,
éste
debe
conocer las alternativas vinculadas con la entrada y
salida de los vehículos confiados a su cuidado. Por
ello,
si
no
tomó
las
medidas
para
efectuar
ese
control, su negligencia no puede funcionar en contra
19
de
los
actores”
(C.N.Com,
Sala
E,
causa
Serpe
c.
Irvine S.A., La Ley 1995-C. p.312; Doctrina Judicial
T.1995-2-548). También se sostuvo en el mismo sentido
que
“en
que
pesa
virtud
sobre
excepcionarse,
de
el
las
la
obligación
garagista
ha
de
debido
alternativas
vigilancia
saber,
vinculadas
para
con
la
entrada y salida de los vehículos a su cuidado, y si
no se tomó medidas tendientes a efectuar de alguna
manera ese control, su negligencia en este aspecto no
puede funcionar en contra de la actora” (C.N.Com, Sala
B, causa Baqueriza c. Garaje Ariston, La Ley 1978B.204). Corresponde responsabilizar al garagista por
la desaparición de un vehículo que se encontraba bajo
su guarda, pues él es quien se encuentra en mejores
condiciones para acreditar si el rodado en cuestión
fue
retirado
del
garaje
por
el
actor
o
persona
autorizada, ello mediante la exhibición de su libro de
entradas
y
salidas
de
vehículos,
toda
vez
que
su
obligación consiste en conocer el movimiento de los
rodados dejados bajo su guarda. El principio de buena
fe nos conduce a exigir la producción de la prueba de
20
aquella
de
las
partes
que
se
encuentre
en
mejores
condiciones de aportarla, y en el contrato mensual de
guarda de vehiculo en una playa de estacionamiento, es
obvio que la posibilidad de demostrar que un rodado
quedó o no bajo la custodia del empresario, la tiene
éste,
mediante
la
organización
que
estime
adecuado
adoptar. Resulta por lo tanto inadmisible pretender
que ante su inexistencia, el propietario del bien debe
a manera de prevención, reunir los elementos para cada
oportunidad
evidente
que
que
sencillamente
exhibición
de
deja
el
el
el
vehículo
en
pudo
haber
garajista
extremo
su
libro
en
de
guarda.
discusión
entradas
Es
acreditado
mediante
la
salidas
el
y
movimiento de vehículos dejados a su cuidado. Es que
su obligación es conocer e informar a los interesados,
en todo momento, sobre el movimiento de ingresos y
egresos (arts.123, incisos 1 y 2; 127 y concordantes
del C.Comercio),
que
debe
pues
prestar
el
ello
hace
empresario
a
la
a
su
seguridad
cliente
(C.N.Com, Sala B, Fasanelli c. Fernández, L.L.O.Line y
AR/JUR/944/2004). La doctrina judicial es reiterada en
21
la responsabilidad del garajista por la falta de un
registro de entrada y salida de rodados dentro de la
noción del deber de custodia (C.N.Civil, Sala F, La
Anglo Argentina Cia de Seguros c. Rossi, La Ley 1982C.511; C.N.Com, Sala B, Paraná C.S. c. Garaje Santa
Rita
SRL,
La
Ley
1987-E.39).
La
accionada
no
ha
demostrado llevar un libro de registro de entrada y
salida de vehículos, con los datos identificatorios
correspondientes,
por
lo
que
mal
puede
pretender
trasladar dicha responsabilidad a la accionante. A su
turno, y para finiquitar el tema se ha dicho que la
prueba de que el vehículo fue hurtado cuando estaba en
el
garaje,
suele
ser
muy
difícil,
por
lo
que
los
tribunales han sido amplios en la consideración de esa
prueba y así se ha declarado suficiente la declaración
de
un
testigo
único
íntimamente
vinculado
al
actor
(C.N.Com, Sala B, La Ley 1979-D.573; C.N.Com, Sala E,
La Ley 1994-D.343). Se dijo también en tales casos que
corresponde
al
garajista
efectuar
el
control
de
entrada y salida de los vehículos y que su negligencia
en ese aspecto no puede redundar en contra de los
22
damnificados (C.N.Com, Sala B, J.A. 2004-II-síntesis,
p.89;
incluso
sería
admisible
la
prueba
de
simples
presunciones como sería la de que a la hora que se
produjo
el
robo,
el
propietario
del
vehículo
acostumbraba siempre a dejarlo en el garaje: Borda,
Guillermo
A.,
T.II-p.708,
Tratado
edición
de
2008,
Derecho
Civil.
actualizado
Contratos,
por
Alejandro
Borda).
10) Protesta la parte apelante por la afirmación
del juez en orden a que de las propias declaraciones
de los demandados no han sido terminantes en cuanto a
que este hecho no sucedió.
En
realidad
el
juzgador
hizo
una
ponderación
general y conjunta de los testimonios ofrecidos por la
demandada
y
de
las
declaraciones
de
los
accionados
(vid. fs.160 y vta. del veredicto). Y en tal cometido
el a-quo ha destacado que, con toda razón y ajuste a
las constancias de la causa, de dichas declaraciones
se extrae que “sobre aquellos clientes mensuales no se
llevaba un control de ingreso y egreso de los mismos”
(fs.160 vta., primer párrafo). En ese contexto obra la
23
declaración
confesional
de
Noelia
Formica
a
fs.85,
respuesta duodécima, que “los clientes que ingresan
por hora y no los mensuales se controlan por tickets;
con horario de ingreso y salida de los mensuales, no”.
También debe computarse como respuesta evasiva(art.161
CPCC), que juega en su contra, al contestar que no se
acuerda cuántos empleados tenía la cochera el 30 de
Mayo de 2004, y si bien menciona a algunos, dice que
“no lo recuerda porque el manejo de de los empleados
lo
hacía
responde
su
padre”
(fs.85,
concretamente
sobre
a
la
los
décima);
horarios
tampoco
de
cada
empleado (fs.85, undécima), aduciendo desconocimiento.
El
mismo
tener
de
respuesta
evasiva
brinda
el
co-demandado José H. Formica, supuestamente encargado
de la administración de la cochera y co-propietario,
al
expresar
que
“no
recuerda
el
horario
de
los
empleados Cepeda, Pintos y Oliva” (fs.85 vta., a la
novena). Y finalmente, tanto Pintos (fs.95 y vta.),
como
Cepeda
cochera
(fs.86
reconocen
en
vta.),
sus
tales
empleados
declaraciones
que
de
la
como
la
cochera tiene una planta baja y un primer piso se
24
veían obligados a dejar la garita de control para si
entraba un rodado y debía ser ubicado en el primer
piso, con lo cual se admite que alguien podía entrar o
salir de la cochera sin ser visto. Tal circunstancia
es demostrativa del insuficiente sistema de seguridad
implementado,
sumado
al
hecho
de
que
había
tres
empleados que cumplían horarios por rotación durante
las 24 horas, por lo que en la cochera no había nunca
más de una sola persona, de suyo insuficiente para dar
cumplimiento
custodia
en
a
la
las
obligaciones
cochera.
Es
de
decir,
seguridad
bastaba
que
y
el
empleado de turno se viera en la común y reiterada
necesidad de dirigirse al primer piso para orientar y
acompañar
al
conductor
de
algún
rodado
que
buscara
lugar, para que la entrada y salida de la cochera
quedara
desguarnecida
ante
la
acción
de
cualquier
persona. Sobre el punto es elocuente la declaración de
Mario Cepeda cuando afirmara, que en cuanto a cómo se
le asignaban los lugares a los autos que ingresan por
hora, “se lo acompañaba al lugar que se tiene que
ubicar” (fs.85 vta., respuesta ampliación cuarta); y
25
sostuvo que “es posible que alguien entre sin que se
lo
viera
mientras
acomodaba
un
auto
en
el
piso
superior, agregando que a veces se da una vuelta, se
hace
una
recorrida
por
un
montó
de
motivos
si
hay que acomodar algún vehículo” (fs.85 vta., quinta
ampliación). Pintos brinda respuesta similar sobre el
punto (fs.95 vta., a la decimotercera).
11)
a
Como tercer agravio la parte apelante vuelve
reiterar
argumentos
ya
tratados
(que
no
habría
prueba de que la moto fue guardada el 29 de Mayo de
2004; insiste en la protesta sobre que el juez le
imputa no haber arrimado prueba alguna que la moto
haya
sido
retirada
en
algún
momento,
etc.;
fs.228
vta., tercer párrafo).
El planteo es inconducente porque no hace otra
cosa que reiterar en breve líneas (no más de cuatro
renglones),
cuestiones
o
argumentos
ya
expuestos
y
tratados en el curso del presente voto, por lo que se
trata
de
una
fundamentación,
escritos
queja
que
carece
representando
anteriores
o
la
una
de
autonomía
remisión
replicación
de
a
y
otros
partes
del
26
mismo escrito de apelación, lo cual no cumple con el
art.365 del CPCC (CCCR, Sala IV, Zeus T.39-R.31; Zeus
T.42-J.36; CCCSF, Sala III, Zeus T.45-R.42; Alvarado
Velloso,
Adolfo,
Estudio
Jurisprudencial
del
CPCC,
T.V-p.546). Por lo demás, el depósito de la moto el 29
de
Mayo
de
2004
por
la
actora,
es
cuestión
ya
analizada en los puntos anteriores del voto. En cuanto
al
hecho
comprobado
de
que
la
demandada
no
aportó
prueba alguna eficaz para desvirtuar el testimonio de
Cocconi, también ha sido analizado, al igual que los
demandados
no
demostraron
que
el
rodado
haya
sido
retirado por la actora o tercera persona autorizada
después
del
29
de
empresa
garajista
no
tenía
entrada
y
de
los
salida
Mayo
de
2004,
un
así
que
la
o
registro
de
(ni
personal
de
libro
rodados
como
seguridad, además del empleado de turno; ni cámara de
filmación, etc.), todos elementos demostrativos de la
carencia de medidas adecuadas de seguridad que debían
ser
implementadas
por
la
organización
profesional
demandada. Sin perjuicio de lo anterior, que sella la
suerte del agravio, no debe pasarse por alto que la
27
parte demandada, al responder a la demanda a fs.57
vta. y 59 vta., sostuvo que “no tenía obligación de
restituir el vehículo, porque el mismo se encontraba
en poder o guardia o custodia de su dueña al momento
de
la
pérdida
o
robo”
y
agregaron
que
“niega
la
presunción de culpa del garajista porque la moto fue
retirada
por
la
persona
que
correspondía”,
todos
extremos que debieron ser demostrados por la empresa
garajista y ello no ha acontecido en autos. También en
el mismo decurso del responde de demanda (fs.58 y 60),
no
sin
asumir
una
postura
autocontradictoria,
la
demandada sostuvo que la moto fue robada pero no en el
interior del garaje sino en algún lugar de Rosario o
alrededores. Luego de haber negado que la actora haya
sido víctima de un ilícito, parece que en el mismo
escrito lo admite, pero con el argumento de que el
ilícito no habría sido cometido en el interior del
lugar
de
estacionamiento
comportamientos
de
contradictorios
su
o
propiedad.
incompatibles
Los
con
una conducta anterior violentan el principio fundado
en la buena fe que impide ir en contra de los propios
28
actos, por lo cual se debe descalificar su posición
(Corte de la Nación, Fallos T.312-1725; T. 315-158;
T.316-3138,
cualquier
entre
caso,
otros).
la
De
todos
modos
y
en
accionada
debió
acreditar
su
versión, cosa que no realizó, ya que para exculparse
incorporó
un
hecho
defensivo
consistente
en
que
la
sustracción de la moto habría ocurrido en algún lugar
de
Rosario
concreta
o
alrededores.
precisión
y
Esto
detalle
debió
y
ameritar
su
una
respectiva
demostración por la demandada invocante.
12) Se queja la parte apelante porque el juez no
habría tenido presente que el local o garaje tenía
personas a su cargo las 24 horas, como guardia, y de
noche se bajaban las rejas, así como que de la garita
de vigilancia se podía observar el ingreso y egreso de
los vehículos; hecho que han sido reconocidos por la
actora en su confesional de fs.85 vta., a la tercera,
segunda
ampliación
y
cuarta
ampliación;
corroborado
por los testigos Cepeda (fs.86 vta., a la segunda y
quinta), Oliva (fs.95, a la segunda y quinta).
El
tema
de
la
guardia
durante
24
horas
en
el
29
garaje, así como que había una garita desde la cual se
observaba a los rodados que ingresaban o se retiraban
y que a la noche se bajaban las rejas, no ha sido
debatido en autos, porque la propia actora lo sostuvo
en
la
(fs.20
misma
demanda
a
vta.;
23
y
el
fs.11),
la
y
denuncia
lo
policial
reiteró
en
su
declaración confesoria de fs.85 vta., a la tercera,
segunda ampliación y tercera ampliación. También lo
expresaron los testigos Cepeda y Oliva (fs.86 vta., a
la segunda y quinta; fs.95, a la segunda y quinta,
respectivamente).
Pero
al
margen
de
ello,
media
un
hecho incontrastable: la moto dejada por Rumene el 29
de Mayo de 2004 no fue encontrada cuando la accionante
la fue a retirar al día siguiente, 30 de Mayo de 2004,
sin que la accionada haya demostrado, de modo alguno,
que haya sido retirada después del 29 de Mayo de 2004
por
la
actora
o
tercera
persona
autorizada.
Si
el
sistema de seguridad, precario por cierto, empleado
por los responsables de la cochera hubiera funcionado
adecuadamente
la
unidad
no
hubiera
desaparecido
o
hurtado. Más aún, ninguno de los testigos aportados
30
por
la
empresa,
atestiguar
Oliva,
respecto
de
Pintos
la
y
fecha
Cepeda
en
han
podido
la
actora
que
depositó la moto ni tampoco aportaron quién la pudo
haber retirado, ninguno de los tres vio nada sobre el
particular (Cepeda, fs.86 vta., a la décimocuarta y
décimoquinta; Pintos, fs.95 vta., a la décima; Oliva,
fs.95, a la tercera). Ellos se limitan a afirmar que
durante su horario de rotación no fue sustraída la
moto (fs.95, a la tercera, Oliva; fs.95 vta., a la
cuarta in fine), pero no debe soslayarse que son los
tres dependientes de la demandada y si bien no es
motivo
de
tacha
credibilidad,
exigencia
por
deben
particular
ello,
ser
ni
afectar
apreciados
por
la
su
sus
natural
eventual
dichos
con
inclinación
a
beneficiar a su patronal (CCCSF, Sala III, Zeus T.5J.58;
Alvarado
Jurisprudencial
del
soslayarse
cada
que
Velloso,
CPCC,
uno
Adolfo,
T.II-p.765);
de
los
no
testigos
Estudio
debiendo
quieren
persuadir de que durante su horario correspondiente no
se produjo la sustración (con lo cual cada uno de
ellos
le
transfiere
la
responsabilidad
al
otro
que
31
cumplía
de
horarios
que
por
rotación),
sumado
al
hecho
pueden ser responsabilizados individualmente
si reconocieran lo contrario frente a la empleadora
(art.224 del CPCC). Pero de todos modos, como se ha
explicitado
ut-supra
en
el
curso
del
voto,
los
testigos Pintos y Cepeda admitieron que por diversos
motivos se veían obligados a apartarse de la garita de
control,
cuando
entraba
algún
rodado
y
debían
acompañarlo al primer piso, con lo cual reconocen la
posibilidad
de
cochera
sea
no
ampliación
que
quien
visto
cuarta
y
entrara
o
saliera
(fs.85
vta.,
respuesta
quinta
ampliación,
de
de
la
a
la
Mario
Cepeda; fs.95 vta., a la decimotercera, de Pintos). Lo
que
evidencia
la
precariedad
de
las
medidas
de
seguridad del establecimiento. Debe recordarse que el
garaje tenía tres personas a cargo, con turnos por
rotación de ocho horas cada uno, razón por la cual el
lugar estaba a cargo de una sola persona, cada ocho
horas (fs.86 y vta., Cepeda, a la quinta y sexta;
fs.95 y vta., Pintos, a la cuarta, quinta, sexta); es
una cochera de mucho movimiento por la cantidad de
32
vehículos
Cepeda,
guardados,
Pintos
y
como
Oliva
lo
y
refieren
los
tiene
planta
que
testigos
baja
y
primer piso, no registra un personal de seguridad que
acompañe
a
cada
empleado
de
guardia,
cada
empleado
debía acomodar los rodados que debían ser estacionados
en el primer piso, con lo cual quedaba desprotegida la
entrada, tampoco tiene el garaje alarmas, ni cámara de
filmación, como tampoco un libro o registro de entrada
y salida de cada vehículo. Teniendo el garajista la
función
de
custodia
C.Comercio,
tiene
administrador
que
como
del
la
asigna
el
mandantario
depositante,
art.574
del
bien
como
o
la
obligación
de
realizar los actos conservatorios de la cosa que le ha
sido entregada en custodia, pesando sobre él un riesgo
específico originado por la estadía en el garaje, y
por
lo
tanto,
debe
tomar
las
necesarias
medidas
concretas para poder cumplir con su devolución; de lo
contrario, no defiende la cosa del riesgo específico
que
la
peligros
amenaza
de
la
y
transfiere
pérdida,
no
al
depositante
obstante
el
grado
los
de
previsibilidad del delito (C.N.Com, Sala B, Paraná c.
33
Gataje Santa Rita, La Ley 1987-E.39). Precisamente se
ha
sostenido
que
la
existencia
de
un
garaje
con
capacidad de depósito de vehículos considerable, tal
hecho
impone
suficiente,
(alarmas,
congruentemente
al
margen
etc.)
permitiera
de
de
las
vigilar
en
disponer
otros
que
medios
carece
adecuada
de
de
el
medida
personal
seguridad
garaje,
la
que
entrada
y
salida no sólo de los rodados, sino de las personas
que concurran al establecimiento guardando coherencia
ello,
con
las
previsiones
legales
pertinentes
derivadas del art.902 del CC (C.N.Com, Sala A, causa
Trongé c. Ibero Araucana SCA, La Ley 1979-B.267). Se
ha
acentuado
la
responsabilidad
de
la
empresa
de
garaje, con rigor o exigencia, en cuanto se juzga el
incumplimiento
del
contrato
por
parte
de
la
empresaria, teniéndose en cuenta la naturaleza de la
actividad que cumplen, que es precisamente la guarda
de los vehículos en lugares que por su propia índole
están destinados a un frecuente movimiento de personas
y rodados, razón por la cual quiénes están ofreciendo
públicamente
una
actividad
sistemática
con
tales
34
características
deben
instrumentar
una
organización
idónea a tales efectos. De ahí que se haya entendido y
decidido
medios
que
de
el
garajista
seguridad
y
no
el
se
libera
personal
de
cuando
los
guardia
son
insuficientes para la prestación a que se obligan o
sus prácticas desaprensivas han facilitado la comisión
de ilícitos en perjuicio del cliente (C.N.Com, Sala C,
Tristán
Juarez
Matorras
S.A.
c.
Automotores
y
Servicios S.A., La Ley 1981-C.140; C.N.Com, Sala C,
Marazzo c. Sorkin, J.A. 1983-II.238). Finalmente, la
responsabilidad
estrictez
del
(Borda,
garajista
Guillermo
A.
debe
juzgarse
Tratado
de
con
Derecho
Civil. Contratos, T.II-p.767, edición 1990; C.N.Com,
Sala E, Kurobart c. Conde, La Ley 1987-D.147, entre
otros).
13)
supuesto
En
cuanto
agravio,
a
la
porque
mención
el
juez
tangencial,
no
ha
como
tenido
en
cuenta la afirmación del testigo Oliva respecto a que
“un hombre que a veces iba con la actora a la cochera
el
cual
camioneta
aparentemente
Toyota
azul
era
con
su
franjas
novio,
tenía
blancas,
pero
una
no
35
sabe
el
nombre
del
muchacho
y
la
patente
no
la
recuerda” (fs.229, primer párrafo, de la expresión de
agravios); carece de todo relevancia para la suerte de
la litis. Es que no luce comprensible la queja ni se
funda
ni
suerte
explicita
de
la
litis
qué
relación
(el
hecho
tiene
que
ello
con
Jorgelina
la
Rumene
tuviera un novio que la acompañaba al garaje). En este
plano
el
agravio
no
es
audible
por
carencia
absoluta de fundamentación, toda vez que representa
una afirmación unilateral, genérica, un interrogante,
lo
cual
no
puede
computarse
en
los
términos
del
art.365 del CPCC (CCCR, Sala III, Zeus T.47-R.31; de
la
misma
Sala,
Zeus
T.42-R.53
y
Zeus
T.45-R.8;
Alvarado Velloso, Adolfo, Estudio Jurisprudencial del
CPCC, T.V-p.546). Si por hipótesis de trabajo, en el
mejor de los casos, se quiere sostener elípticamente
que tal supuesto novio de Rumene haya retirado la moto
de las instalaciones de la cochera, debió denunciarlo
penalmente,
y
afirmarlo
y
probarlo,
en
sede
civil,
cosa que nunca hizo en autos.
14)
Por
último,
en
punto
a
la
prueba
de
36
constatación de fs.87 a 88, que el juez no consideró
relevante,
éste
estuvo
acertado
ya
que
se
ha
demostrado a lo largo del proceso que las medidas de
seguridad
implementadas
por
la
demandada
fueron
precarias e insuficientes (la existencia de la garita
de
entrada
no
adecuadamente
los
propios
la
fue
suficiente
entrada
testigos
y
para
salida
aportados
controlar
de los móviles;
por
la
demandada
reconocieron la posibilidad de que alguien entrara o
saliera
de
las
instalaciones
sin
ser
visto
por
el
hecho de que el garaje tiene planta baja y un primer
piso), sin perjuicio de la mención de las carencias de
medidas
adicionales
relatadas
en
el
voto.
Por
otro
lado, la constatación de fs.88 y vta., practicada el
25 de Abril de 2006 (casi dos años después del hecho),
no aporta nada nuevo para la suerte de la litis (sólo
comprobó la garita y los turnos por rotación de los
empleados; hechos no controvertidos). En lo atingente,
por
fin,
a
que
el
juez
no
tuvo
en
cuenta
lo
que
califica de “abundante prueba” en su favor, no es una
crítica certera pues en modo alguno la parte demandada
37
pudo
demostrar
distinto
Tampoco
al
que
que
demostró
los
hechos
afirmara
que
el
y
ocurrió
de
confirmara
hecho
un
la
ocurrió
modo
actora.
por
un
caso
fortuito o fuerza mayor extraña al riesgo de su propia
empresa o de ninguna eximente que la liberen de su
responsabilidad
por
la
falta
de
restitución
de
la
unidad recibida en guardia y custodia.
15) Las costas de alzada se imponen a la parte
apelante (art.251 del CPCC).
Así voto.
Sobre la misma cuestión, el señor vocal doctor
Ariza, a quien le correspondió votar en segundo lugar
dijo: Que adhiere a los fundamentos expuestos por el
señor
vocal
doctor
Silvestri,
y
vota
de
la
misma
manera.
Concedida la palabra a la señora vocal doctora
Serra,
a
quien
le
correspondió
votar
en
tercer
término, y a esta cuestión dijo: Que coincide con lo
manifestado por el señor vocal doctor Silvestri y vota
en el mismo sentido.
A
la
segunda
cuestión
el
señor
vocal
doctor
38
Silvestri dijo que corresponde: i) Rechazar el recurso
de apelación; ii) Costas de segunda instancia a la
parte
recurrente.
Regular
los
honorarios
de
los
profesionales actuantes en la sede en el 50% de lo que
corresponda en la instancia de origen (art.19 ley 6767
y modificatorias).
Así me expido.
Sobre la misma cuestión, el señor vocal doctor
Ariza, dijo: Que coincide con la resolución propuesta
por el señor vocal preopinante, y vota en la misma
forma.
Concedida la palabra a la señora vocal doctora
Serra,
a
esta
cuestión
dijo: Que
concuerda
con
lo
expresado por el señor vocal doctor Silvestri, y vota
en igual manera.
En
mérito
a
los
fundamentos
del
Acuerdo
que
antecede, la Sala Primera de la Cámara de Apelaciones
Civil y Comercial de Rosario, RESUELVE: i) Rechazar el
recurso de apelación; ii) Costas de segunda instancia
a la parte recurrente. Regular los honorarios de los
profesionales actuantes en la sede en el 50% de lo que
39
corresponda en la instancia de origen (art.19 ley 6767
y modificatorias). Insértese, hágase saber y bajen.
(Expte. Nro. 416/2009).
mm.
SILVESTRI
ARIZA
SERRA
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