La Ocupacion Temprana del Gran Pajaten

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LA OCUPACIÓN TEMPRANA DEL GRAN PAJATÉN
Por Warren B. Church
Revista del Museo de Arqueología de la
Universidad Nacional de Trujillo
No. 2, pp. 7 – 38 (1991)
INTRODUCCIÓN
Desde su descubrimiento accidental hace mas de 20 años por campesinos de Pataz
y los reportajes de Gene Savoy y otros, Gran Pajatén (tambien llamado “Abiseo”) ha
figurado grandemente en la imaginación popular en el Perú y en el extranjero.
Actualmente pasan pocos meses sin relatos noticiosos sobre Gran Pajatén, aunque
carecen de nuevos datos científicos. De algun modo, el Gran Pajatén tercamente continua
siendo tipificado como una "ciudad perdida". A pesar de varios estudios científicos (p.e.
Rojas 1967; Bonavia 1968) el sitio sigue siendo materia de especulaciones de una
credibilidad muy variable. En particular, la antiguedad y función del sitio (p.e.
necrópolis, centro cultista, centro administrativo, simple aldea agrícola) siguen todavia
cuestionados en la literatura científica (Ravines 1968; Isbell 1970, 1974; Kauffmann
1983,1987).
Este artículo versará sobre los datos cronológicos recuperados durante las
investigaciones mas recientes en el Gran Pajatén. Por espacio limitado aquí, se esperara
otra oportunidad para publicar mayores datos e interpretaciones sobre otros aspectos del
sitio.
En el año 1985, arqueó1ogos de la Universidad de Colorado, EE.UU., y la
Universidad Nacional de Trujillo, Peru, iniciaron investigaciones dentro del ámbito del
Parque Nacional Río Abiseo, el cual fue creado en 1983 para proteger especies de fauna
en peligro de extinción localizadas en un area todavía pristina de bosque lluvioso alto,
dentro del cual se encuentran sitios arqueo1ógicos tales como La Playa, Los Pinchudos y
Gran Pajatén. Estas investigaciones se dirigían a ampliar el conocimiento sobre la
antiguedad de la ocupación humana, las adaptaciones economicas y patrones de
asentamientos prehispánicos en el área del Parque. Las campañas de campo de 1985 y
1986 se esforzaron por documentar la antiguedad de ocupación a través de excavaciones
de prueba, en cuatro sitios arqueológicos dentro del valle selvático del río conocido por
los patacinos como "Montecristo". Los datos mas importantes respecto al problema
consisten de cerámica y fechas radiocarbónicas extraidas del relleno de construcción
dentro del embasamiento del Edificio No.1 (Church 1988). La campaña de campo de
1988 en el pajonal de puna (3600 a 4200 m.s.n.m.) mas arriba del bosque documentó una
secuencia de ocupación mas larga y completa (Lennon et.al. 1989), pero el trabajo de
campo y el análisis de los materiales todavía no se ha completado. Debido a que la
secuencia del pajonal de puna tendrá gran importancia para ayudar al fechamiento
cruzado (cross-dating) de las colecciones del Gran Pajatén tanto como de otros sitios, las
conclusiones que se ofrecen en este artículo se deben considerar como preliminares y
sujetas a revisión en el futuro.
La ultima temporada de campo en el Gran Pajatén se restringió a las excavaciones
dentro de los Edificios No.1 y No.2. Ambos edificios fueron construidosdurante, o apenas
antes, del Horizonte Tardío (Imperio del Tawantinsuyu). Las excavaciones en el Edificio
No.2 se ampliaron de modo horizontal para revelar arquitectura compleja en el interior
del edificio, pero sobre estos aspectos no trataremos en esta exposición. Virtualmente
todos los datos pertenecientes a la ocupación preincaica del Gran Pajatén proceden del
Edificio No. 1 donde se excavó una trinchera de prueba hasta suelo esteril. Debido a que
estos datos salieron de depósitos secundarios (relleno de construcción), muy poco se
puede interpretar sobre la naturaleza de las primeras sociedades que ocuparon el sitio. Sin
embargo, las fechas radiocarbónicas y el material cerámico evidencian: 1) una antigüedad
considerable de ocupación humana en el Gran Pajatén; y, 2) una red de interacción
ámplia, probablemente basada en un intercambio entre los distintos medio ambientes
andinos de costa, sierra y selva, facilitado por el uso de camélidos como modo de
transporte de bienes.
GRAN PAJATÉN: SU UBICACIÓN Y CONTEXTO MEDIOAMBIENTAL
Gran Pajatén es uno de varios asentamientos prehistóricos que se encuentran en la
parte alta del valle del rio Montecristo, entre los ríos afluentes del rio Amazonas:
Maranón y Huallaga (Figs. 1 y 2). Con una altura de 2850 m.s.n.m., el sitio corona una
loma angosta en forma de media luna al margen sur del río Montecristo que desemboca
en el río Abiseo, río Huallabamba (tambien Huayabamba) y, finalmente, en el río
Huallaga. Las laderas orientales de los andes nororientales entre los ríos Maranón y
Huallaga se hacen referencia por varios autores como los Andes Amazónicos
(Kauffmann 1987), Selva Alta (Pulgar Vidal 1987; Shady 1987), ceja de montaña
(Lathrap 1970) y ceja de selva (Bonavia y Ravines 1967; Bonavia 1968). Aqui se
utilizará el termino "ceja de selva" asi como lo menciona Bonavia, quien publicó los
trabajos principales sobre el Gran Pajatén. Según Rios et al..(1982) yYoung y León
(1989) por lo menos siete zonas de vida (Tosi 1960; ONERN 1976) situadas entre 500 y
4200 m.s.n.m. se encuentran dentro de los 70 kilómetros que separan los limites
occidentales y orientales del parque actual. Gran Pajatén se situa dentro del Bosque Muy
Humedo Montano (Tosi 1960) que extiende desde 2500 a 3800 m.s.n.m. Las
estimaciones de temperatura promedio dentro de esta zona varian desde 6 a 12Ε C; y el
promedio de la precipitación anual varia entre 2000 y 4000 m.m. Mayor información
geográfica y medioambiental perteneciente al Gran Pajatén y el Parque Nacional Rio
Abiseo se describe en los trabajos de Weberbauer (1920), Bonavia (1968), Leo y Ortiz
(1983), Young y León (1989, 1990) y Lennon et al. (1989).
EL COMPLEJO ARQUITECTÓNICO
Aunque el sistema de andenes que rodea al Gran Pajatén comprende una
extensión de proximadamente 50 hectareas (Pimentel 1967), los edificios que componen
el asentamiento no ocupan mas que una sola hectarea. Hemos contado un total de 26
edificios que incluye los 18 dibujados en el mapa del sitio (Fig. 3), aunque muchas
estructuras se podrían quedar ocultas debajo del monte espeso.
Asi como la mayoría de los complejos arquitectónicos en la ceja de selva andina,
los edificios son mayormente circulares con diámetros que varian entre 3 y 14 metros. Es
probable que los del Gran Pajatén tenían techos cónicos de paja (Bonavia 1968).
Las técnicas de ornamentación arquitectónica, tales como aquellos que se
encuentran mas al norte en los sitios de Kuelap (Ruiz 1972; Narvaez 1988), Leimebamba
(Ruiz 1985) y Pueblo Viejo, cerca de Uchumarca (Thompson 1976) se presentan
sumamente elaboradas. Los frisos forman motivos geometricos simples, antropomórficos
y zoomórficos. Pimentel (1967), Rojas (1967), Harth-Terre (1968), Bonavia (1968) y
Kauffmann (1983) proporcionan las descripciones mas completas de la arquitectura del
Gran Pajatén.
Por su decoración muy ornamentada y posición relativamente prominente en
comparación a los otros edificios, el Edificio No.1 parece haber servido como uno de los
principales en el Gran Pajatén (Fig. 4). Asi como muchos edificios, el No.1 tiene dos
niveles divididos por un alero que emerge 15 centímetros del exterior del edificio. El
nivel inferior es una plataforma o un embasamiento circular sobre el cual se construyó la
sección superior que contenía el espacio de actividad del edificio. El nivel superior tiene
un diametro de 14.4 metros. Una ámplia escalera afiadida al lado noroeste del edificio
permite acceso directo a la puerta en el nivel superior, y paneles de frisos decoran ambos
niveles del edificio con motivos geométricos y antropomórficos. Bonavia (1968)
proporciona la descripción mas detallada del edificio y su ornamentación.
ANTECEDENTES DE INVESTIGACIÓN
EN EL GRAN PAJATÉN
Antes de discutir los antecedentes de la investigación cabe clarificar la razón por
que se continua el uso del nombre de Gran Pajatén a pesar de la denunciación de tal uso
por Bonavia (1968). Bonavia insistió que el nombre "Abiseo" se debería usar hasta que se
descubre el nombre aborigen del sitio (el rio Montecristo se quedaba en ese entonces sin
nombre conocido). Estamos de acuerdo con Bonavia que el nombre popularizado por el
explorador Gene Savoy es engañoso por el hecho que el río Pajatén y las ruinas de la
misión franciscana de Jesús de Pajatén se encuentran en la cuenca del río Huallabamba
mas al norte. La literatura científica y popular que trata del sitio utiliza los nombres:
Abiseo, Yaro, Pajatén y Gran Pajatén. Sin embargo el nombre de Gran Pajatén es el que
figura mas en la literatura popular (e.g. Vecco Ordonez 1988; El Comercio 1989; Manuel
Vereau 1989), los tramites administrativos dentro de las instituciones gubernamentales
que tratan del patrimonio monumental y es el que mas usan los lugareños de Pataz. Por
eso, se seguirá aquí la utilización del nombre de Gran Pajatén.
Una gran cantidad de literatura se originó despues de las expediciones
cívico-militares de 1965 y 1966 al Gran Pajatén. Hasta ahora el informe mas completo
sobre la arqueología del sitio es producto de trabajo de campo de Bonavia (1968). Su
monografía proporciona las descripciones mas detalladas del asentamiento y de la
arquitectura tanto como un análisis completo de los materiales culturales recogidos de la
superficie y de las excavaciones.
Bonavia excavó dos pozos de prueba: uno de dos metros contra el interior del
muro al lado sur del Edificio No.1, y otro de un metro cuadrado contra el exterior del
mismo muro. El pozo interior se excavó en cuatro niveles arbitrarios hasta una
profundidad de 1.88 metros bajo la superficie. El pozo exterior se excavó sin control
vertical hasta aproximadamente la misma profundidad (Bonavia 1968:35-37). Ambos
pozos alcanzaron al suelo esteril. De los 1645 fragmentos de cerámica analizados por
Bonavia, 400 se recogieron de la excavación interior. El pozo exterior rindió 100 tiestos y
el resto de la muestra cerámica procedió de las recolecciones de superficie en 1965 y
1966. En base de su análisis de la cerámica, Bonavia describió dos estilos decorativos,
uno local que denominó "Abiseo" y otro "Inca-derivado", que se manifiestan en la misma
cerámica marrón tosca local del sitio. Tambien identificó otros tipos de cerámica, pero,
por las pocas cantidades que habían, no intentó interpretarlos.
Aúnque Bonavia encontró evidencia arquitectónica que evidenciaba mas de una
sola época de ocupación en el Gran Pajatén (1968: 71-74), él concluyó que la ocupación
cultural del sitio fue breve y limitada al Horizonte Tardío (1438-1532 d.c.). Poco despues
del trabajo de Bonavia, Ravines (1968) e Isbell (1970) opinaron que Gran Pajatén tenía
mayor antigüedad.
EXCAVACIONES EN EL EDIFICIO NO. 1:
METODOLOGÍA Y ESTRATIGRAFÍA
En 1985 intentamos recoger información cronológica y arquitectónica del Edificio
No.1 mediante una trinchera en forma de L que consistía de 11 unidades de excavación
de un metro cuadrado (Fig. 5). Se orientó la trinchera aproximadamente norte a sur y este
a oeste para exponer la estratigrafia del edificio mediante cortes transversales. No se
intentaron ampliaciones horizontales de gran tamaño, aunque la excavación se expandió
para examinar algunos rasgos arquitectónicos. Algunas unidades de profundizaron basta
el suelo esteril, y un pozo de control de uno por dos metros que se colocaron contra el
muro noreste tambien fue excavado hasta llegar al suelo esteril. Las excavaciones se
llevaron a cabo Con el uso de estratos naturales para mantener control vertical aunque por
falta de estratos facilmente distinguidos, mayormente se excavó mediante niveles
arbitrarios.
En base de la estratigrafia, fechas radiocarbónicas y la evidencia cerámica, se han
identificado por lo menos dos fases de ocupación en el Gran Pajatén. A los materiales
pertenecientes al Horizonte tardío, que proceden en su mayoría del nivel superior del
edificio, se han denominado como "fase Abiseo". Una colección de materiales pre-fase
Abiseo procede del relleno de construcción, es decir, del nivel inferior del edificio y
pertenece al Horizonte Temprano y el Período Intermedio Temprano. La distribución de
estos dos grupos de materiales se presenta en un corte transversal (Fig. 6). Anteriormente
se refirió a la colección temprana como perteneciente a una nueva fase denominada
"Montecristo" (Church 1988; Lennon et.al. 1989). Sin embargo, estos materiales parecen
ser una mezcla de varias épocas prehistóricas y por eso se opta por referirse a los mismos
como "conjunto pre-fase Abiseo" hasta que se logre mayor información sobre la
cronología de la región.
Excavaciones dentro del Edificio No. 1 revelaron por lo menos 12 estratos
distintos (Fig. 7), varios de los cuales se pueden correlacionar con aquellos identificados
por Bonavia. Estos estratos aquí se describen como cuatro unidades o conjuntos.
1) Estrato T9 es suelo esteril que consiste de pizarra descompuesta y piedra
limosa en una matríz de arcilla de color amarillo y no contiene materiales
culturales.
2) Estratos T8b, T8a, T7 , T6, T5b y T5a constan de relleno de construcción que
consiste de arcilla mezclada con carbón, ceniza, cerámica y fragmentos de pizarra
desintegrada. Se recogen de estas capas cerámica tosca marrón y cerámica fina de
arcilla caolín. Lentes de carbón del estrato T7 señalan fechas de 2200+120 años:
250 a.c. (Beta-23075) y 1910+60 años: 40 d.c. (Beta- 21887). Carbón del estrato
T6 rindió la fecha 1930+100 años: 20 d.c. (Beta-23076). El estrato mas alto de
este conjunto, estrato T5a, produjo la fecha mas temprana de 2370+60 años: 420
a.c. (Beta-23074 ). El orden cronológico no consecutivo de estas fechas afirma
que se trata de relleno de construcción y no de depósitos primarios.
3) Estratos T4b, T4a y T2 son parecidos a aquellos descritos anteriormente. Sin
embargo, todos contienen la cerámica tosca marrón identificada como estilo
Abiseo e Inca-derivado. Los estratos T4b y T4a son relleno de construcción, y
carbón del estrato T4a rindió la fecha de 1490+70 años: 460 d.c. (Beta-23077). La
mayor densidad de la cerámica tardía ocurre dentro del estrato T3, el cual fue un
piso de ocupación "empedrado" con lajas de pizarra, arenisca y piedra limosa ya
en proceso de descomposición. Este piso se ubica a 10 centímetros sobre el nivel
del alero y corresponde a la construcción del edificio y su ocupación durante la
fase Abiseo. Arcilla con pequeños lentes y manchas de carbón rellena vacíos entre
las lajas. El estrato T3 es la capa mas alta de las tres que Bonavia identificó como
"pizarra desintegrada" en sus perfiles estratigráficos (1968: 85). Aparentemente,
el tamaño pequeño de su excavación, su colocación contra el muro sur y la falta
de mayor control vertical previno que Bonavia lo reconociera como un piso. Las
lajas horizontales de piedra identificadas como "lajas de piso" (Bonavia 1968: 85)
se encuentran en el estrato T4a y no servían como piso. Carbón asociado con el
estrato T3 produjo la fecha de 540+60 años:1410 d.c. (Beta- 21886).
4) Estrato T1 consiste de raíces de Chusquea sp. y vegetación en proceso de
descomposición. Contiene pocos materiales culturales.
Las excavaciones de Bonavia penetraron solamente una pequeña cantidad del
relleno debajo del piso dentro del Edificio No. 1 y, aparentemente, ese relleno contenía
pocos materiales pre-fase Abiseo. Por lo tanto, basado en el análisis de la cerámica y sus
interpretaciones de los asentamientos prehistóricos de la ceja de selva de Ayacucho
(Bonavia 1964; Bonavia y Ravines 1967), el concluyó que las construcciones del Gran
Pajatén fueron edificadas durante el Horizonte Tardío (Bonavia 1968). Pero cabe reiterar
que las últimas evidencias aquí presentadas demuestran que el sitio fue ocupado
anteriormente.
A pesar del hallazgo de evidencia para la ocupación temprana del Gran Pajatén, la
interpretación mas probable de la secuencia de construcción y de deposición
estratigráfica es que, como con- cluyó Bonavia, el Edificio No. 1 fué construido tarde en
la prehistoria andina. La presencia de cerámica y fechas radiocarbónicas tempranas en los
estratos T8b al T5a se puede explicar como resultado de la selección de fuentes de relleno
para construcción. Seguramente, tierra proveniente de basurales y de edificios
abandonados fue utilizada como relleno durante las épocas tardías en Gran Pajatén. Es
probable que el relleno que constituye los estratos inferiores fué extraido de tales fuentes.
EL CONJUNTO CERAMICO PRE-FASE ABISEO
Un total de 3061 tiestos constituyen lo que es el con junto pre-fase Abiseo. Casi
todos los tiestos de esta agrupación fueron recogidos de los estratos T8b a T5a. Debido a
que el conjunto representa una mezcla de varias épocas prehistóricas, un análisis
tipológico de esta cerámica resultaría en una clasificación de poca utilidad. Sin embargo,
hay una gran diferencia entre la cerámica fina y la cerámica tosca, y aqui se separan estas
dos categorías de cerámica para mayor facilidad de descripción.
Los 2843 tiestos de cerámica tosca local constituyen 93% del conjunto pre-fase
Abiseo. Las pastas de la cerámica del conjunto son mas finas que aquellas de la fase
Abiseo, aunque ambas pastas comparten un temperante de granos angulares de minerales
ígneos. Las formas son de jarras con cuello corto, cuencos con bordes reforzados y
cuencos sencillos. Las jarras con cuello corto tienen bases redondeadas, cuerpos
globulares, hombros inclinados, cuellos restringidos y bordes evertidos. Los bordes son
engrosados, no engrosados y modelados (Fig. 8). Los tiestos de los cuerpos de las jarras
muestran superficies internas raspadas con un objeto rígido sin patrón alguno. Diámetros
de bocas varían de 12 a 28 centímetros (cm) con promedio de 19 cm.
Los cuencos con bordes reforzados tienen bases redondas, cuerpos semiesféricos
y bordes evertidos y engrosados (Figs. 9a-t, 10a-g). Los diametros de las bocas varian de
8 a 22 cm con promedio de 14 cm. Los cuencos sencillos muestran poco o ningún
engrosamiento del borde (Fig. 10h-u). Los diametros de las bocas varían entre 7 a 18 cm
con promedio de 12.5 cm. Ambas formas de cuencos tienen aberturas restringidas y no
restringidas (según la clasificación de Shepard 1980: 229).
No existe evidencia de ningún tipo de asa para las vasijas pre-fase Abiseo. La
decoración mas común es de pintura roja aplicada alrededor del borde y, a diferencia de
la cerámica de la fase Abiseo, carece de decoración apliqué. Engobe blanco se encuentra
en la superficie exterior de unos pocos tiestos de cuerpos de vasijas. Es probable que los
tres que constituyen el "tipo C" de Bonavia (1968: 46) pertenecen al conjunto pre-fase
Abiseo.
Un total de 218 tiestos representan la cerámica fina del conjunto pre-fase Abiseo.
La gran diversidad de pastas, decoraciones y otros aspectos de tratamiento respaldan la
interpretación que esta cerámica se importó desde la sierra mas al oeste del Gran Pajatén.
Tambien, no se han registrado fuentes de arcilla caolín en el área del parque recorrido por
los geólogos de la Universidad de Colorado, y las estructuras geológicas en el margen
derecho del rio Marañon colindante no son aptas para su formación (Birkeland,
comunicación personal 1987; Birkeland et.al. 1989). Bonavia encontró 14 fragmentos de
esta cerámica fina la cual designó como "tipo B" (1968: 45, 48-49).
Casi 60% (128 tiestos) de la cerámica fina consiste de cuencos abiertos de arcilla
caolín de colores blanco y rosado. Hay vários fragmentos de bases anulares. Algunas
vasijas nunca tenían decoración. Sin embargo, algunos fragmentos con huellas de pintura
roja y negra demuestran que esta decoración pos-cocción se erosionaron por la acción de
aguas en el subsuelo (Fig. 11a-h ). Otros tiestos manifiestan diseños geométricos de
pintura color rojo (Figs. 11i-k, 12a-d) y rojo y negro (Figs. 13a-g, 14a-d).
Aproximadamente 20% ( 42 tiestos) de la cerámica fina consiste de cuencos
abiertos de pasta anaranjada (Fig. 14e-h). Existen por lo menos dos variedades de
cerámica roja. Cuencos de cerámica roja con temperante grueso y paredes delgadas
constituyen 11% (23 tiestos) de la colección de la cerámica fina (Fig. 15a-h). Pintura
blanca es visible sobre la superficie exterior de dos frag mentos. El 9% de la colección
que queda consiste de 12 grupos distintos de ocho o menos fragmentos en cada uno.
Estos grupos incluyen otro tipo de cerámica blanco sobre rojo con pasta muy fina (Fig.
16a-c), un solo tiesto de cerámica con decoración de color blanco, rojo y anaranjado (Fig.
16d) y otros fragmentos decorados (Fig. 17a-e ). La ceráimica fina, la cual tiene mayor
variabilidad regional y cronológica en la sierra norte, sirve como índice de mayor utilidad
que la cerámica tosca. El tratamiento de las vasijas ilustradas en las figuras 11-14, es
semejante al de las vasijas tipos Cajamarca Kaolin Unpainted, Cajamarca Linear Painted
y Cajamarca Black and Red (Terada y Onuki 1982). Wilson ilustra tres vasijas de su fase
Suchimancillo Tardío (Periodo lntermedio Temprano) de la parte baja del rio Santa
(1988: 419, Fig. 212i-k) que semejan a aquellas de la figura 12a-d. Es probable que los
fragmentos del Santa son intrusivos de alguna parte de la sierra. Cerámica de caolín
pintada de rojo o rojo y negro debe fecharse a los períodos Cajamarca lnicial y Cajamarca
Temprano del Período lntermedio Temprano (Terada y Matsumoto 1985). Aunque los
motivos decorativos de la cerámica Cajamarquina no son idénticas a aquellos de la
cerámica caolín de Gran Pajatén, el tratamiento decorativo y algunas formas de bordes
son parecidos. Ryozo Matsumoto ha identificado una fuerte correlación entre bordes de
cerámica caolín de Gran Pajatén y aquellos del Periodo Cajamarca lnicial (comunicación
personal 1988). Las fechas que encajan los períodos combinados de Cajamarca lnicial y
Cajamarca Temprano no son muy claras pero probablemente se ubican dichos periodos
entre 200 a.c. al final del Periodo Layzón (Terada 1985) y la aparición de la cerámica
caolín estilo cursivo en Cajamarca. Esta fecha podría ser alrededor de 400 d.c. o poco
después cuando los estilos cursivos se manifiestan en Huamachuco (Topic y Topic 1987).
Los tiestos con pintura roja y negra que se presentan en la figura 14a-c se han
identificado independientemente como cerámica caolín de estilo Recuay (pintado
positivo) por Hernan Amat y Luis Lumbreras (comunicaciones personales 1986). Segun
Wegner (1981), el estilo Recuay tiene las fechas de 200 a.c. a 600 d.c. Una comparación
de la cerámica del Gran Pajatén con los pocos ejemplos publicados del estilo Recuay
pintado positivo rinde solamente una afinidad general.
Cerámica fina anaranjada del Gran Pajatén es parecida a la cerámica "Thin
Orange" (Anaranjada Delgada) del Periodo Tornapampa en La Pampa (Terada 1979), a
cerámica anaranjada de las fases Sausagocha y Purpucala en Huamachuco (Thatcher
1972-74) y al Cajamarca Kaolin Unpainted: Subtipo C (Terada y Onuki 1982). Estas
semejanzas permiten un fechamiento cruzado al Período Tornapampa en La Pampa (que
solamente tiene un fechamiento cruzado a la fase Purpucala de Thatcher como respaldo),
las fases Sausagocha y Purpucala (400 a.c. a 400 d.c.) en Humachuco (Topic y Topic
1987) y los períodos Cajamarca Inicial y Cajamarca Temprano ya mencionadas.
Cuencos de cerámica roja con temperante grueso, y cuencos con decoración
blanco sobre rojo de una variedad de pastas semejan estilísticamente a la cerámica de
estilo Huarás (Bennett 1944; Lumbreras 1974) del Callej6n de Huaylas. La diversidad de
pastas y pinturas sugiere varios orígenes foráneos para estos fragmentos. Lumbreras
considera a la cerámica de estilo Huarás como expresión de un horizonte estilístico
(1974: 85) y propone fechas entre 300 a.c. y 1 d.c. (1974: 13-18, Fig. lla-e). De Chavín de
Huantar, Amat extrajo la fecha radiocarbónica de 150 a.c. para el estilo Huarás (1976).
Las investigaciones de Burger (1981, 1985) señalan que el estilo Huarás se manifiesta a
partir del final de la fase Janabarriu (o Rocas) en Chavín de Huantar por 200 a.c.
Un fragmento (Fig. 16d) asemeja al tipo "Castillo White, Red and Orange"
(Blanco, Rojo y Anaranjado) encontrado por Strong y Evans (1952: 344-347) en
contextos de la cultura Gallinazo en la costa norte. Es probable que esta cerámica tiene
orígen en la parte alta del valle de Virú (Santiago de Chuco) donde se halla en mayor
cantidad (T. Topic 1988; Ismael Perez 1990, Comunicaciones personales). Su contexto
Gallinazo Tardío en la parte baja del valle de Virú indica una posición cronológica de
aproximadamente 100 a 200 d.C. (Heidy Fogel comunicación personal, 1990).
Al parecer, en base de fechas radiocarbónicas el conjunto pre-fase Abiseo
representa una extensión de 450 a.C. a 500 d.C. años. Sin embargo, la evidencia
proporcionada por el estudio de la cerámica respalda con mayor fuerza la interpretación
sobre la ocupación en el Gran Pajatén desde 200 a.c. fecha del fin del Horizonte Chavín y
el surgimiento de los estilos blanco sobre rojo (Burger 1981, 1988), hasta 400 d.c. cuando
vasijas con bases en forma de trípode y decoraciones pintadas con motivos cursivos
aparecen en Huamachuco (Topic y Topic 1987). Tres fragmentos de la misma vasija (Fig.
17d, e), por su tratamiento decorativo tricolor presentan la posibilidad de ocupación en el
Gran Pajatén durante el Horizonte Medio (Imperio Wari). Todavia no queda en claro si el
vacio en el registro cronológico entre 500 d.c. y la fase Abiseo (1470-1532 d.C.)
representa un período de abandono del sitio. La porción excavada del Gran Pajatén aun es
muy pequeña y solamente mayor investigación del sitio y otros del valle Mon- tecristo
clarificará esta interrogante.
LA OCUPACION TEMPRANA DEL GRAN PAJATÉN
Lamentablemente, el conjunto pre-fase Abiseo proporciona poca información
para caracterizar la sociedad temprana en el Gran Pajatén. Por ejemplo, todava no
sabemos nada acerca de la arquitectura pre-fase Abiseo aunque la tradición arquitectónica
que se observa actualmente en el Gran Pajatén ya estuvo bien desarrollada al final del
Período Intermedio Tardío (Estados Regionales ). A pesar que el trabajo en el Gran
Pajatén demuestra que la ceja de selva fue ocupada tan temprano como el Horizonte
Temprano, aún no hay evidencia que la tradición arquitectónica de estructuras circulares
de piedra que se encuentra en la ceja de selva existía antes del Horizonte Medio (Ruíz
1972; Narváez 1988).
La información mas útil para caracterizar la ocupación temprana del Gran Pajatén
proviene de los materiales cerámicos y restos de fauna. La cerámica tosca del conjunto
pre-fase Abiseo claramente asemeja a otras alfarerías del Período Intermedio Temprano
que Isbell asocia con los habitantes Quechua (Isbell 1974). En todos sus aspectos, la
alfarería del Gran Pajatén tiene mas de sierra que de selva en sentido estilístico. Todavía
no existe evidencia de un origen oriental de los primeros ocupantes del Gran Pajatén. No
se sabe mucho de la arqueología de la parte media del valle Huallaga pero el Complejo
Huallabamba aún sin fecha (Ravines 1978) podría ser un híbrido estilístico de estilos
serranos y selváticos en vez de un antecedente a los estilos de la ceja de selva norteña. La
presencia de cerámica blanco sobre rojo en el Gran Pajatén, y en Kuelap (Ruíz 1972)
evidencian que los sitios de la ceja de selva norteña interaccionaron extensivamente con
otras culturas serranas al menos a partir del año 200 a.c. Cantidades de cerámica fina de
caolín demuestran que esta interacción con la sierra norte continuó durante el Período
Intermedio Temprano. La evidencia que la interacción unió selva y costa durante el
Período Intermedio Temprano se hace presente en varios fragmentos encontrados en el
Gran Pajatén (Figs. 12a-d, 16d) que tambien ocurren en las partes bajas de los valles
Santa y Virú en la costa norte. Aunque ambos tipos aparentemente tienen orígenes
serranos, ellos proporcionan evidencia de contacto indirecto entre el Gran Pajatén y
culturas costeñas. Tal hecho no debe sorprender porque se ha encontrado cerámica
Chimu en contextos tardíos en la ceja de selva (Langlois 1940; Reichlen 1950;
Horkheimer 1958; Thompson 1972, 1984; Deza 1975-76; Zubiate 1984). Mayor
investigación etnohistórica y antropológica podría facilitar a la identificación de los
productos que se intercambiaban.
Otra indicación de interacción intensiva de larga distancia es la presencia de
restos óseos de camélidos en todos los estratos del Edificio No. 1. Bonavia opinó que era
"imposible que este animal haya vivido al estado natural en el área del Abiseo que
corresponde a Selva Alta" y que hayan sido importados (1968: 75- 76). Solamente se ha
analizado la colección de la fase Abiseo, pero el registro de restos de fetos y neonatos
sugiere que criaron camélidos en la vecindad del Gran Pajatén (Cornejo y Wheeler 1986).
Aunque el análisis fue preliminar y restringido a la muestra tardía, son obvias las
implicaciones para el comercio de larga distancia el control de manadas de camélidos. La
posibilidad de la crianza de camélidos dentro de lo que es ahora bosque tropical merece
una investigación intensiva. Sobre todo vale la pena determinar si esta área siempre fue
bosque durante las épocas indicadas o si se trata de alguna técnica de preparar pastos
dentro de un sistema de manejo ecológico. El estudio paleo-medioambiental que
actualmente se lleva a cabo podría proporcionar información al respecto. Aparentemente,
los camélidos formaron una parte significativa de la dieta de esta región.
COMENTARIO FINAL
Aparentemente, el proceso de asentamiento de la parte alta del valle Montecristo
comenzó antes del IV siglo antes de nuestra era, aunque la evidencia mas fuerte para una
ocupación temprana data al comienzo del Período Intermedio Temprano. Cuando
llegaron los conquistadores españoles ya existía una distribución densa de asentamientos
en el alto Montecristo aunque la cuestión de cuantos asentamientos se ocupaban
simultaneamente todavía no es claro. La evidencia en favor de un desarrollo cultural
mayormente local en la ceja de selva norteña se esta aumentando. Sin embargo, aun no
conocemos la antigüedad de tal desarrollo, ni la historia de cambio medioambiental en la
ceja de selva. Cabe preguntar si el avance del bosque hacia su altura actual despues de las
glaciaciones del Cuaternario Tardío es un fenómeno reciente y si las condiciones
medioambientales durante el Horizonte Temprano eran muy diferentes a las de hoy. En
todo caso, las interpretaciones existentes de migraciones de gentes del margen izquierdo
del valle Marañon (Kauffmann 1987) y colonización durante el Horizonte Tardío
(Bonavia y Ravines 1967) parecen improbables.
Excavaciones de prueba recientes en la Cueva Manachaqui al límite occidental
del parque produjeron evidencia de una larga secuencia de ocupación humana que abarca
desde el Período Precerámico (Lennon et al. 1989). La cueva se ubica a dos horas de
viaje del ingreso al bosque al lado de la ruta principal de acceso al valle Montecristo.
Actualmente, sirve como abrigo para los pobladores que viajan entre la sierra y la ceja de
selva. Es probable que la cueva siempre servía de albergue y por lo consiguiente guarda
evidencia de una larga historia de intercomunicación entre sierra y selva. Futuras
investigaciones de la secuencia de la cueva deberían proporcionar una clave cronológica
para la región con la cual se podrá ir reconstruyendo la historia del asentamiento humano
en esta parte de la ceja de selva norteña.
AGRADECIMIENTO
Deseo agradecer al entonces director del Proyecto Parque Nacional Rio Abiseo
Dr. Thomas Lennon, el entonces co-director Lic. Miguel Cornejo y la coordinadora del
proyecto Srta. Patricia Moore. Brindaron varias formas de apoyo al proyecto el Instituto
Nacional de Cultura, el Ministerio de Agricultura Dirección General Forestal y de Fauna,
la Comisión Fulbright, la Universidad de Colorado-Boulder, la Universidad Nacional de
Trujillo, Dr. Hugo Ludeña, Dra. Marcia Koth de Paredes, Dr. Victor Rodriguez Suy Suy,
Cesar Jaramillo Bazán y Abel Salirrosas para realizar el trabajo de campo y del
laboratorio. Los arqueólogos Orlando Paredes, Davis Ayers, los estudiantes Elke Cedrón
y Cesar Soriano, Srta. Barbara Roth, Sr. Robert L. Morris y de Pataz: William Cabanillas,
Macedonio Gonzales, Rolando Lopez, Elias Zegarra y otros participaron en las
excavaciones. Asesoraron varios aspectos de este trabajo los Doctores Payson Sheets,
Frank Eddy, Frederick Lange y Richard Burger. Los Doctores Luis Lumbreras, Teresa y
John Topic, Hernan Amat y Ryozo Matsumoto y los arqueólogos Heidy Fogel, Ismael
Pérez y Steven Wegner ofrecieron opiniones respecto a la cerámica y a la cronología de
la sierra norte. Agradezco a Peter Birkeland y Michael Foster por consultas valiosas. De
manera especial deseo agradecer a Elke Cedrón Church, Thomas y Sylvina Church, y
Otto y Estela Cedrón por siempre haberme brindado su apoyo incondicional.
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