dictamen - Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha

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DICTAMEN N.º 104/2013, de 11 de abril.*
Expediente relativo a reclamación de responsabilidad patrimonial tramitado a instancia de D. T y D.ª S, a
consecuencia de los perjuicios sufridos por su hija X como consecuencia de la asistencia sanitaria que le fue
dispensada en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Complejo Hospitalario H, centro dependiente del Servicio
de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM).
ANTECEDENTES
Primero. Reclamación.- Con fecha 14 de mayo de 2011, D. T y D.ª S, presentaron, asistidos por letrado, reclamación
de responsabilidad patrimonial dirigida al SESCAM, por los daños sufridos por su hija X, de 13 años de edad, como
consecuencia de “la defectuosa asistencia en el tramo final de la gestación y del parto que han generado lesiones
importantísimas en la niña”.
Ponen de manifiesto los interesados que “la niña es severísimamente dependiente y por eso se interesa de manera
concurrente una pensión vitalicia a favor de la niña por importe de 3.000 euros mensuales e igualmente se interesa de
manera concurrente una indemnización de 1.000.000 de euros por daños morales y patrimoniales a la niña y a sus
padres”.
A este escrito se acompañaba copia del libro de familia y un informe médico pericial elaborado por un Médico
Especialista en valoración del daño corporal en fecha 28 de julio de 2010, en el que se concluía que “PRIMERA: que la
niña X presenta una parálisis cerebral infantil a consecuencia de un infarto cerebral intrauterino sufrido en el segundo
trimestre el embarazo (sufrimiento fetal) que le ha dejado secuelas consistentes en tetraparesia espástica y retraso
psicomotor profundo. [ ] SEGUNDA: Que dichas secuelas suponen un grado de discapacidad global de su persona del 99
%. […] TERCERA: Que sumados los factores sociales alcanza un grado total de minusvalía del 100 %. […] CUARTA: que
la niña necesita de manera total la ayuda de una tercera persona para todas las actividades de la vida diaria (AVD) y
todas las de autocuidado. Siendo necesaria esta ayuda de por vida, ya que dichas secuelas son permanentes e irreversibles
con posibilidad de empeorar en el tiempo”.
El 9 de junio de 2011 tuvo entrada en las dependencias correspondientes nuevo escrito del letrado de los interesados,
al que se adjuntaba poder general para pleitos a su favor otorgado por aquéllos, y se ponía de manifiesto, respecto a la
relación de causalidad alegada, que “se anuda con un seguimiento defectuoso pues en el parto hubo sufrimiento fetal lo que
evidencia la defectuosa gestión del parto […] La documentación médica y el EVO refieren que existe una patología
anudada al sufrimiento fetal. La niña nació en un centro hospitalario y si se produjo el nacimiento en un centro
hospitalario, inevitablemente habrá que pensar que se produjo el sufrimiento fetal por una defectuosa gestión del parto y
por una defectuosa gestión o seguimiento de la gestación tal como aquí acontece […] Se evidencia que hubo una relación
de causalidad entre las lesiones puesto que si la gestación se hubiera “tramitado” bien o el parto hubiera sido bien
atendido, razonablemente no se hubiera producido el daño. […] El compareciente entiende que ha existido un daño
continuado, no existiendo por tanto un dies a quo a los efectos de datar el daño pues la niña ha sufrido múltiples
intervenciones quirúrgicas por lo que el daño no se pude objetivizar a una fecha concreta pues desgraciadamente con el
transcurrir del tiempo se van “generando” nuevas patologías o secuelas”.
Posteriormente, en fecha 21 de junio de 2011 el letrado de los reclamantes presentó, además de copia compulsada del
libro de familia (en el que consta como fecha de nacimiento de la menor el 13 de abril de 1998), Resolución de calificación
del grado de minusvalía de la menor, de fecha 30 de junio de 2009, acompañada del correspondiente informe de valoración
de la misma fecha, mediante la que el Delegado Provincial de la Consejería de Salud y Bienestar Social de Ciudad Real
reconoce a la niña un grado de minusvalía del 100 % de tipo psíquica, con retraso en el desarrollo psicomotor de etiología
“sufrimiento fetal perinatal”.
Y finalmente, el referido letrado, mediante escrito presentado el 8 de julio de 2011 describía la presunta relación de
causalidad entre la actuación sanitaria referenciada y el daño alegado, poniendo de manifiesto que “la relación de
causalidad del SESCAM con la mala praxis se infiere de que con carácter previo al parto, la madre-gestante estuvo
ingresada en el Hospital H en febrero de 1998 […] y a principios de marzo de ese año, fechas precedentes al parto. […]
En las fechas citadas de ingreso, la gestante fue observada en relación con un nivel importante de líquido amniótico,
ahora bien, tomando como referencia ya ese dato pacífico a dilucidar con la historia clínica y cuando la pida el señor
Inspector-Inspectora, evidentemente la madre fue “víctima” de una insuficiencia de medios y de un cierto vacío
asistencial. […] Que en la banda cronológica indicada, la madre presenta datos objetivos de un nivel importante de
líquido amniótico lo que constituye un factor de riesgo para una mala viabilidad de esa gestación sobre el quinto mes de
embarazo. Ahora bien, el Hospital H, incurre en un iter asistencial erróneo. […] La madre fue derivada a Madrid a
primeros de marzo y en la fecha previa a su derivación, la madre es sometida a una ecografía que fue mal interpretada por
el ginecólogo de Ciudad Real pues hizo un diagnóstico erróneo y erróneamente refirió que los gemelos tenían
*
Ponente: Francisco Javier Díaz Revorio
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malformación. […] La derivación a Madrid fue prácticamente a practicar aborto debido a un error de diagnóstico desde
el Hospital H que refería erróneamente una situación de malformación de ambos gemelos y se remite a la gestante en un
contexto de angustia y de derrotismo para que abortara en Madrid, derivándola en ambulancia al Hospital K. […] La
madre en el K captó una mala impresión por parte de los médicos del K respecto al seguimiento en Ciudad Real y lo
primero que hicieron fue extraerle dos litros de líquido amniótico que razonablemente tal como ellos dijeron los
ginecólogos del Hospital el líquido deberían habérselo extraído en Ciudad Real. […] Los ginecólogos de Madrid
expusieron que la derivación a Madrid era innecesaria y se le había sometido a la madre a un riesgo innecesario de
traslado pues esa extracción de líquido amniótico se le debería haber hecho en Ciudad Real evitando el traslado. […] La
cuestión a dilucidar más adelante ya se adelanta respecto a que si a la madre se le hubiera hecho un control en Ciudad
Real sobre el líquido amniótico, la derivación a Madrid hubiera sido innecesaria y muy probablemente se hubiera hecho
un seguimiento adecuado a ambos gemelos en gestación. […] La niña X sale severamente discapacitada en el
alumbramiento, como consecuencia y al séptimo mes de embarazo, es cuando se observa en Madrid que el perímetro
craneal ya no crece y hubo que hacer cesárea al séptimo mes. Ahora bien, en tanto en cuanto en Ciudad Real se hizo un
seguimiento erróneo en los meses indicados febrero-marzo de 1998, inevitablemente planea la teoría de la pérdida de
oportunidad y en Ciudad Real se produjo a todas luces un seguimiento inadecuado de la gestación en ese periodo a la
madre no se le extrajo el líquido amniótico lo que muy probablemente generó la severísima discapacidad de X, al menos
desde la teoría de la causalidad adecuada”.
Segundo. Informe del Servicio de Ginecología y Obstetricia.- El 6 de septiembre de 2011 el Jefe de Servicio de
Obstetricia y Ginecología del Complejo Hospitalario H emitió informe relativo a la actuación practicada a la reclamante,
aclarando que “La parálisis cerebral (PC) es un trastorno permanente y no progresivo que afecta a la psicomotricidad del
paciente. Existen diferentes tipos, siendo la que padece Dª X del tipo “tetraparesia espástica y retraso motor profundo”. [ ]
En la actualidad existen múltiples causas de PC, tanto prenatales, perinatales, como postnatales. Dentro de los factores
prenatales, que son los que afectan al caso presente, dado que se realizó el diagnóstico de anomalía cerebral en el curso
del embarazo, se distinguen a su vez: [ ] Factores maternos: alteraciones de la coagulación enfermedades autoinmunes,
hipertensión arterial, infecciones intrauterinas, traumatismos, sustancias tóxicas, etc. [ ] Alteraciones de la placenta:
trombosis en el lado materno o en el lado fetal, cambios vasculares crónicos, etc. [ ] Y factores fetales: generalidad,
retraso del crecimiento intrauterino, polihidramios (patología de origen desconocido que cursa con aumento de líquido
amniótico por encima de la normalidad), malformaciones, etc. [ ] Es de destacar que está descrito como uno de los
factores fetales causantes de PC la gestación múltiple. En este sentido conviene recordar que el caso que nos compete era
una gestación gemelar, que ya de por sí es un factor de riesgo de la producción de PC, además de haber aparecido un
polihidramios. Aunque, como explicaremos más adelante, es prácticamente imposible saber la causa o etiología de la PC,
cabe pensar en estas dos causas como posible origen de la patología que afecta a Dª X, aunque tampoco se pueden
descartar otros orígenes, como ingestión de tóxicos por parte de la madre, infecciones víricas, etc., etc. [ ] En el caso
concreto de Dª X, se realizó en la semana 22 el diagnóstico de polihidramios severo (que también por sí mismo puede ser
factor productor de PC, como hemos visto más arriba). Más adelante se detectó también una imagen anómala a nivel
cerebral, que pudiera corresponder a infarto cerebral (el diagnóstico exacto de la naturaleza de dicha lesión sólo se
podría realizar con estudio histológico), motivo por el cual se realizó una inducción del parto, con el fin de finalizar la
gestación y poder acceder a la posible realización de tratamientos sobre el neonato, imposibles de realizar intraútero, y
que por otro lado tampoco fueron factibles tras el parto. En ecografía cerebral realizada en las 24 horas de vida se
diagnosticó una atrofia corticosubcortical que alguien (¿quién?) indica que se debe a un sufrimiento fetal intraútero por
una situación de hipoxia cerebral. [ ] Independientemente de la lesión cerebral que conduce al paciente a una situación de
PC, es imposible conocer en la actualidad las causas de ésta, salvo casos muy concretos, como incompatibilidad RH, o
ictericia postnatal severa. Por ello, el aseverar que la causa de la PC de Dª X radica en una hipoxia cerebral intraútero es
totalmente peregrina y sin base científica, ya que de hecho nadie puede asegurar cuál fue la causa concreta, al igual que
sucede en la práctica totalidad de las PC. [ ] En resumen, estamos ante una situación desgraciada, que afecta a entre dos y
tres recién nacidos de cada 1000 (cifra internacional, y que no se ha conseguido disminuir desde hace 60 años), cuya
prevención es prácticamente imposible (salvo los casos que hemos comentado de incompatibilidad RH o ictericia grave,
cuyo origen pudiera estar en la generalidad y/o el polihidramios, sin que se puedan descartar otros múltiples factores
como alcohol, tabaco u otros tóxicos, infecciones víricas, etc. [ ] Aseveraciones como la que se recoge textualmente en las
alegaciones de D. R […] son extremadamente aventuradas, dado que si las tomáramos por ciertas, tendríamos que asumir:
[ ] 1.- Que los querellantes han conseguido algo que la Ciencia Médica no ha logrado hasta el momento, cual es establecer
a ciencia cierta la causa de una PC, que probablemente se gestó intraútero. [ ] 2.- Que el nacimiento en un centro
hospitalario es un “elixir” que garantiza en el 100 % de los casos el nacimiento de fetos sanos, incluso cuando por alguna
causa tiene lesiones ya diagnosticadas intraútero. [ ] 3.- Que los querellantes conocen cuál debe ser el seguimiento
correcto de una gestación para evitar que se produzca una PC, circunstancia ésta que por desgracia la Ciencia Médica no
ha conseguido establecer, salvo casos puntuales…”.
Se acompañan al informe tres trabajos sobre las patologías indicadas en el informe.
Tercero. Historia clínica.- Se ha incorporado al procedimiento la amplia historia clínica de la madre y la hija
obrante, tanto en el hospital indicado, como en el Hospital K.
Deben destacarse de las mismas los siguientes documentos:
2
- Hoja de seguimiento de la embarazada durante ingreso en el Hospital 12 de octubre de Madrid, de fecha 20 de marzo
de 1998, donde se anota en la historia de la paciente “Síndrome de transfusión gemelo-gemelo”.
- Informe de Alta en el Complejo Hospitalario H, emitido al alta en fecha 3 de marzo de 1998 -con ingreso el 26 de
febrero de 1998-, en el que se hace constar, entre otras circunstancias, que “el día 26-II-98 la paciente acude de urgencia
por haber sufrido una caída, encontrando durante la exploración la existencia de un abdomen muy distendido, edemas
generalizados sobre todo a nivel de extremidades inferiores, presencia de dinámica y un gran deterioro físico de la
paciente. Practicada ecografía, nos encontramos con un polihidramnios severo, así como una desproporción marcada en
el tamaño de ambos fetos. Por todo ello, ingresa la paciente para estudio y frenado de la dinámica uterina. […] El día 2III-98 se practica a la paciente una nueva ecografía de control, la cual nos indica: [ ] - 1º feto se corresponde con una
gestación de 24 semanas, presentando un edema marcado, así como líquido ascítico intraabdominal (posible síndrome de
Prune-Belli). [ ] - 2º feto, pegado a cara uterina anterior, con una dolicocefalia marcada e imagen de acabalgamiento,
ventrículo lateral de unos 12 mm. Signo del limón positivo y con sospecha de Meningocele. Medidas embrionarias menores
que la amenorrea. [ ] Ante la tardanza en recibir las pruebas analítica complementarias y encontrarnos en una fecha límite
para una I.V.E. (interrupción voluntaria del embarazo) es por lo que se remite esta paciente a centro de referencia con
carácter URGENTE”.
- Según el informe del Servicio de Neonatología del Hospital K, de fecha 4 de junio de 1998, existió un “diagnóstico
intraútero de probable microcefalia que se confirma al nacimiento, realizándose una ecografía a las 24 horas de vida en
que se aprecia atrofia córtico-subcortical más áreas de hiperecogeniciad (sic) difusas. Al alta parénquima cerebral
supratentorial desestructurado, hiperecogénico y adelgazado. Imágenes quísticas frontales derechas. Importante aumento
del espacio extraaxial. [ ] Desde el punto de vista neurológico en el momento actual sólo se observa hipertonía global”.
- Informe del Servicio de Neurología Infantil del Hospital K, de 23 de febrero de 1999, en el que en el apartado de
juicio diagnóstico se especifica que “se trata de una niña que actualmente tiene 10 meses y que presenta una severa
afectación neurológica secundaria a una Encefalomalacia multiquística como se ha puesto de manifiesto en el nacimiento
por la ecografía y a los 6 meses por una resonancia magnética. El origen de esta destructiva lesión cerebral parece estar
más en un Síndrome de Transfusión fetofetal que en un citomegalovirus positivo, ya que no hay otras manifestaciones
típicas de esta infección oculares, en líquido cefalorraquídeo, etc”.
Cuarto. Informe de la Inspección Sanitaria.- Se integra, seguidamente, en el expediente el informe emitido, el 11
de septiembre de 2012, por la Médico Inspectora de los servicios sanitarios, en el que concluye que: “considero por todo lo
referido y a la vista de la documentación estudiada, que en la atención sanitaria prestada a Dª S durante la gestación
gemelar y durante el parto fue ajustada a la lex artis y que las secuelas del segundo gemelo tienen un origen prenatal,
permanente y no progresivo, por lo que procede desestimar la reclamación realizada”.
Quinto. Alegaciones de la entidad aseguradora.- El 6 de noviembre de 2012 la representación de la entidad
aseguradora Z presentó escrito de alegaciones solicitando la desestimación de la reclamación interpuesta por prescripción
de la acción ejercitada, ya que “los reclamantes en el año 1998 ya tuvieron pleno conocimiento de la patología de su hija y
del alcance de la misma, así como de la invariabilidad en su evolución, pudiendo haber ejercitado su derecho a la acción
de reclamación desde ese mismo momento”.
Sexto. Trámite de audiencia.- Instruido el expediente, con fecha 19 de noviembre de 2012 la parte reclamante
recibió notificación de la apertura del trámite de audiencia poniéndole de manifiesto el expediente y otorgándole un plazo
de 15 días para que pudiera formular cuantas alegaciones estimara oportunas.
En fecha 23 de noviembre de 2012 los reclamantes, mediante comparecencia personal, obtuvieron copia de los
documentos que estimaron convenientes, sin que, transcurrido el plazo concedido para ello, se presentara alegación alguna.
Séptimo. Propuesta de resolución.- El 25 de enero de 2013 el Secretario General del SESCAM formuló propuesta
de resolución en sentido desestimatorio de la reclamación, al considerar que la acción había prescrito, y además, que el
daño alegado no resultaba antijurídico, al haber existido una asistencia sanitaria totalmente ajustada a la lex artis ad hoc.
Octavo. Informe del Gabinete Jurídico.- De tal propuesta y del expediente en que trae causa se dio traslado al
Gabinete Jurídico de la Junta de Comunidades solicitando la emisión de informe. A tal requerimiento dio contestación el 15
de febrero de 2013 un Letrado adscrito a dicha unidad, informando favorablemente la propuesta de resolución sometida a
su consideración.
En tal estado de tramitación V. E. dispuso la remisión del expediente a este Consejo Consultivo, en el que tuvo
entrada con fecha 7 de marzo de 2013.
A la vista de dichos antecedentes, procede formular las siguientes
CONSIDERACIONES
I
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Carácter del dictamen.- El artículo 142.3 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las
Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, en su nueva redacción dada por Ley 2/2011, de 4
de marzo, de Economía Sostenible, dispone que en el procedimiento general para la determinación de la responsabilidad
patrimonial “será preceptivo el dictamen del Consejo de Estado o, en su caso, del órgano consultivo de la Comunidad
Autónoma cuando las indemnizaciones reclamadas sean de cuantía igual o superior a 50.000 euros o a la que se
establezca en la correspondiente legislación autonómica”.
Por su parte, el artículo 54.9.a) de la Ley 11/2003, de 25 de septiembre, del Gobierno y del Consejo Consultivo de
Castilla-La Mancha, prevé que este órgano consultivo deberá ser consultado en los expedientes tramitados por la
Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que versen sobre reclamaciones de responsabilidad
patrimonial, cuando el importe de las mismas exceda de 601 euros.
Como quiera que los daños aducidos han sido tasados por la parte reclamante en un total de 1.000.000 euros, más el
abono de una pensión vitalicia de 3.000 euros mensuales, excediendo esa cantidad de la suma a la que se anuda la
obligatoriedad de la consulta, ha de conferirse al presente dictamen carácter preceptivo.
II
Examen del procedimiento tramitado.- Las normas aplicables a los procedimientos tramitados como consecuencia
de reclamaciones de responsabilidad patrimonial formuladas a la Administración se encuentran recogidas en el citado Real
Decreto 429/1993, de 26 de marzo, disposición mediante la que se produjo el desarrollo reglamentario expresamente
previsto en el artículo 142.3 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre.
El Consejo examina el procedimiento seguido en la tramitación de los expedientes de responsabilidad patrimonial
desde una doble perspectiva.
La primera tiene como objetivo pronunciarse sobre el cumplimiento de los trámites esenciales de los que depende que
pueda dictarse válidamente la resolución que pone fin al procedimiento. En el caso de que se observe una vulneración de
alguno, el Consejo devuelve el expediente para completar la instrucción, señalando el omitido o incorrectamente
practicado.
La segunda perspectiva no contiene ni precisa, por regla general, un pronunciamiento concluyente ni se interfiere en la
tramitación realizada, pues se concentra en determinar si el modo en el que la instrucción realizada ha cumplido la finalidad
que a esta actividad procedimental le asigna el artículo 78.1 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, esto es, que en la fase
instructora se efectúen los actos necesarios para la determinación, conocimiento y comprobación de los datos en virtud de
los cuales deba pronunciarse la resolución.
La importancia de esta perspectiva radica en que en no pocos casos el cumplimiento meramente formal de los trámites
o el incumplimiento de algunos, merma radicalmente las posibilidades de acierto y seguridad jurídica del dictamen que el
Consejo Consultivo ha de emitir y de la resolución que ha de adoptar finalmente la autoridad consultante.
En el presente caso desde la primera perspectiva señalada, no se aprecia defecto procedimental alguno que pueda
invalidar el procedimiento tramitado, habiéndose dado cumplimiento a los trámites esenciales del mismo, como son la
emisión del correspondiente informe de los Servicios sanitarios cuestionados, y el otorgamiento del preceptivo trámite de
audiencia a la parte interesada.
Respecto de la segunda, se aprecia la irregularidad consistente en la falta de admisión expresa de la reclamación y el
correspondiente nombramiento de instructor.
Señalado lo anterior, procede pasar a examinar las cuestiones de fondo suscitadas en el expediente.
III
Presupuestos normativos y jurisprudenciales para la exigencia de la responsabilidad patrimonial.- La
responsabilidad patrimonial de la Administración es una institución jurídica que goza en nuestros días de rango
constitucional, con reflejo en los artículos 9.3 y 106.2 de la Constitución, el último de los cuales establece que “los
particulares, en los términos establecidos por la Ley, tendrán derecho a ser indemnizados por toda lesión que sufran en
cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea consecuencia del
funcionamiento de los servicios públicos”.
Los presupuestos caracterizadores de la responsabilidad patrimonial de la Administración tienen su principal
formulación legal en los apartados 1 y 2 del artículo 139 y 1 del 141 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen
Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, en los que se establece que los
particulares tienen derecho a ser indemnizados por las Administraciones Públicas correspondientes de toda lesión que
sufran en cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea consecuencia
del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos; que, en todo caso, el daño alegado habrá de ser efectivo,
evaluable económicamente e individualizado con relación a una persona o grupo de personas; y que sólo serán
4
indemnizables las lesiones producidas al particular provenientes de daños que éste no tenga el deber jurídico de soportar de
acuerdo con la Ley.
A partir de las notas legales antedichas, la copiosa jurisprudencia existente sobre la materia ha estructurado una
compacta doctrina, según la cual “los requisitos exigibles para imputar a la Administración la responsabilidad patrimonial
por los daños y perjuicios causados a los administrados son los siguientes: en primer lugar, la efectiva realidad de un
daño material, individualizado y económicamente evaluable; segundo, que sea consecuencia del funcionamiento normal o
anormal de los servicios públicos en una relación directa y exclusiva e inmediata de causa a efecto, cualquiera que sea su
origen (Reglamento, acto administrativo, legal o ilegal, simple actuación material o mera omisión); por último, que no se
haya producido por fuerza mayor y que no haya caducado el derecho a reclamar por el transcurso del tiempo que fija la
Ley” -Sentencias de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha de
23 de febrero de 2004 (Ar. JUR 2004\83545, FJ 2º) y de 13 de octubre de 2006, entre otras muchas, o, en parecidos
términos, Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de marzo de 1989 (Ar. RJ 1989\1986, FJ 3º)-. A la relación de requisitos
precitados cabría agregar también, como elemento de singular significación para apreciar la referida responsabilidad
patrimonial, que el reclamante no tenga el deber jurídico de soportar el daño producido.
El sistema de responsabilidad extracontractual aplicable a nuestras Administraciones Públicas ha sido calificado por la
doctrina como de carácter objetivo. Este rasgo ha sido perfilado por nuestra jurisprudencia señalando que “al afirmar que
es objetiva se pretende significar que no se requiere culpa o ilegalidad en el autor del daño, a diferencia de la tradicional
responsabilidad subjetiva propia del Derecho Civil, ya que se trata de una responsabilidad que surge al margen de cuál
sea el grado de voluntariedad y previsión del agente, incluso cuando la acción originaria es ejercida legalmente, y de ahí
la referencia al funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos en la dicción del artículo 40 [de la Ley de
Régimen Jurídico de la Administración del Estado, hoy 139 de la Ley 30/1992], pues cualquier consecuencia dañosa
derivada de tal funcionamiento debe ser, en principio, indemnizada, porque de otro modo se produciría un sacrificio
individual en favor de una actividad de interés público que, en algunos casos, debe ser soportada por la comunidad”
-Sentencias del Tribunal Supremo de 26 de septiembre de 1998 (Ar. RJ 1998\6836) o de 28 de noviembre de 1998 (Ar. RJ
1998\9967)-.
Sin embargo, como dijo el Consejo de Estado en su dictamen de 3 de junio de 1999, “este carácter objetivo, tal y
como en reiteradas ocasiones ha puesto de manifiesto la jurisprudencia del Tribunal Supremo y la doctrina del Consejo de
Estado, no implica que todos los daños producidos en los servicios públicos sanitarios sean indemnizables, pues ello
llevaría a configurar la responsabilidad administrativa en estos casos, de forma tan amplia y contraria a los principios
que la sustentan, que supondría una desnaturalización de la institución. Así pues, de acuerdo con dicha doctrina, para
apreciar la existencia de responsabilidad patrimonial es preciso acudir a parámetros como la lex artis, de modo que tan
solo en el caso de una infracción de esta ley cabrá imputar a la Administración de la cual dependen los servicios
sanitarios la responsabilidad por los perjuicios causados. En el caso de que no se infrinja la lex artis, ha de concluirse que
tales perjuicios no son imputables a la Administración y han de ser soportados por el particular, sin que generen, en modo
alguno, el derecho a percibir una indemnización”. En idéntica línea el Tribunal Supremo en su Sentencia de 4 de abril de
2000 declaró que “el criterio fundamental para determinar si concurre responsabilidad patrimonial en materia de
asistencia sanitaria es la de la adecuación objetiva del servicio prestado, independientemente de que existan o no
conductas irregulares por parte de los agentes de la Administración y del buen o mal éxito de los actos terapéuticos, cuyo
buen fin no siempre puede quedar asegurado”, añadiendo en otra Sentencia de 25 de abril de 2002 que “prestada la
asistencia sanitaria con arreglo a la regla de la buena praxis desde el punto de vista científico, la consecuencia de la
enfermedad o padecimiento objeto de atención sanitaria no son imputables a la actuación administrativa y por tanto no
pueden tener la consideración de lesiones antijurídicas”.
Así mismo, la responsabilidad patrimonial de la Administración se asienta en el criterio objetivo o concepto técnico
de lesión, entendida ésta como daño o perjuicio antijurídico que quien lo sufre no tiene el deber de soportar. Dicho deber
existe cuando la medida impuesta por la Administración constituye una carga general que todos los administrados afectados
por su esfera de actuación están obligados a cumplir, y puede venir determinado por la concurrencia de una concreta
imposición legal o por otros factores vinculados ordinariamente a la propia situación o actitud del perjudicado, con
incidencia sobre la entidad del riesgo generado por el actuar de la Administración.
La carga de la prueba de los hechos en que se base la reclamación de responsabilidad patrimonial recae
necesariamente sobre el sujeto que la plantea, lo que incluye la acreditación de la relación causal invocada, de los daños
producidos y de su evaluación económica. Es ésta una formulación enunciada sistemáticamente por nuestra jurisprudencia,
que encuentra ahora su principal apoyo en los artículos 6 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, y 217 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil, Ley 1/2000, de 7 de enero, que viene a recoger las reglas del onus probandi dentro de la categoría de
las obligaciones, sentando la conocida máxima de que incumbe la prueba de las obligaciones al que reclama su
cumplimiento y la de su excepción al que la opone; todo ello, sin perjuicio del deber genérico de objetividad y colaboración
en la depuración de los hechos que pesa sobre la Administración, en consonancia con lo previsto en los artículos 78.1 y
80.2 de la citada Ley 30/1992, de 26 de noviembre, y que se extiende a sus órganos, autoridades y funcionarios. De otro
lado, recae sobre la Administración imputada la carga de la prueba cuando ésta verse sobre la eventual concurrencia de una
conducta del reclamante con incidencia en la producción del daño, la presencia de causas de fuerza mayor o la prescripción
5
de la acción -v. gr. Sentencias del Tribunal Supremo de 15 de marzo de 1999 (Ar. RJ 1999\4440) y de 21 de marzo de 2000
(Ar. RJ 2000\4049)-.
También debe de ser objeto de consideración el tiempo que haya mediado entre la producción del evento lesivo y el
ejercicio de la acción tendente a su reparación, pues, conforme a lo dispuesto en los artículos 142.5 de la Ley 30/1992, de
26 de noviembre, y 4.2 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, el derecho a reclamar prescribe al año de producido el
hecho o acto que motive la indemnización o desde la manifestación o estabilización de sus efectos lesivos.
El análisis de la relación de causalidad existente entre el actuar administrativo y los efectos lesivos producidos aparece
de ordinario como elemento esencial en el examen de los procedimientos seguidos en materia de responsabilidad
patrimonial de la Administración. Ante la falta de referencias legales respecto de sus notas caracterizadoras, se dispone de
una amplía creación jurisprudencial al respecto, que vino tradicionalmente considerando como rasgos definitorios de dicho
vínculo teleológico su carácter directo, su inmediatez y su exclusividad respecto de los perjuicios generadores de la
reclamación -así, Sentencias del Tribunal Supremo de 19 de enero de 1987 (Ar. RJ 1987\426) o de 4 de junio de 1994 (Ar.
RJ 1994\4783)-. Sin embargo, dicha tendencia doctrinal ha sido matizada y corregida, admitiéndose también formas de
producción mediatas, indirectas y concurrentes que plantean la posibilidad de una moderación de la responsabilidad cuando
intervengan otras causas, lo que deberá tenerse en cuenta en el momento de fijar la indemnización -Sentencias del Tribunal
Supremo de 28 de julio de 2001 (Ar. RJ 2001\10061), de 15 de abril de 2000 (Ar. RJ 2000\6255) o de 4 de mayo de 1999
(Ar. RJ 1999\4911)-. Este planteamiento conduce en cada supuesto al examen de las circunstancias concretas concurrentes
y a la búsqueda de referentes en la abundante casuística que ofrece la jurisprudencia existente.
Finalmente, la intervención de este Consejo Consultivo en los procedimientos seguidos como consecuencia de
reclamaciones de responsabilidad patrimonial debe centrarse esencialmente en el examen de los elementos aludidos en el
artículo 12.2 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, en el que se dispone: “Se solicitará que el dictamen se pronuncie
sobre la existencia o no de relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público y la lesión producida y, en
su caso, sobre la valoración del daño causado y la cuantía y modo de indemnización [...]”.
IV
Requisitos para el ejercicio de la acción.- Con carácter previo al análisis pormenorizado de los presupuestos de
fondo exigidos para el reconocimiento de responsabilidad patrimonial de la Administración antes mencionados, debe
examinarse la concurrencia de los requisitos necesarios para el ejercicio de la acción indemnizatoria, concretados en las
legitimaciones activa y pasiva ligadas a la pretensión planteada por los reclamantes y el plazo en que la misma ha sido
ejercitada.
Concurre legitimación activa en la parte reclamante, que comparece debidamente representada, pues son los padres de
la menor que padece las graves secuelas descritas en antecedentes y que se anudan a la atención sanitaria cuestionada.
En cuanto a la legitimación pasiva, esta corresponde a la Administración autonómica imputada, dado que el daño por
el que se reclama se asocia al servicio público sanitario dispensado en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del
Complejo Hospitalario H, centro integrado en la red asistencial del SESCAM.
Pasando al análisis del plazo de ejercicio de la acción, establece el artículo 142.5 de la Ley 30/1992, de 26 de
noviembre que, en el caso de que la reclamación se interponga ante la existencia de daños de carácter físico o psíquico,
como es el caso, el plazo de un año para ejercer el derecho empezará a computarse “desde la curación o la determinación
del alcance de las secuelas”.
En el procedimiento ha quedado acreditado que, producido el nacimiento de las gemelas el 13 de abril de 1998, a las
24 horas de vida, esto es, el 14 de abril, se realiza una ecografía a X, en la que, según pone de manifiesto el Servicio de
Neurología del Hospital K, en su informe de 4 de junio de 1998, “se aprecia atrofia córtico-subcortical más áreas de
hiperecogeniciad (sic) difusas. Al alta parénquima cerebral supratentorial desestructurado, hiperecogénico y adelgazado.
Imágenes quísticas frontales derechas. Importante aumento del espacio extraaxial”.
Dicha apreciación definitiva de las secuelas permanentes de la niña se confirma en el informe emitido el 23 de febrero
de 1999 por el Servicio de Neurología Infantil del mismo centro sanitario, en el que se indica que “se trata de una niña que
actualmente tiene 10 meses y que presenta una severa afectación neurológica secundaria a una Encefalomalacia
multiquística como se ha puesto de manifiesto en el nacimiento por la ecografía y a los 6 meses por una resonancia
magnética”.
En consecuencia, determinados las lesiones permanentes de la niña ya desde el 14 de abril de 1998, interpuesta la
reclamación por los interesados el 14 de mayo de 2011, ésta se halla claramente prescrita.
Aun cuando como se ha dicho la determinación definitiva de las secuelas se llevó a cabo anteriormente, incluso si por
hipótesis se considerase como fecha de determinación de las mismas la de 30 de junio de 2009 (lo que ha de descartarse en
este caso como más adelante se justificará), fecha de la resolución por la que se declara el grado de minusvalía de la menor,
también en este caso el derecho a reclamar debería considerarse prescrito, pues también habrían trascurrido casi dos años
hasta que se interpone la reclamación.
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A la misma conclusión que en este supuesto llegó el Consejo en otros casos análogos, en los que también la parte
interesada consideraba que los perjuicios del tipo de los padecidos por la hija de los reclamantes debían ser calificados
como daño continuado y no permanente, como resulta ser en estos casos.
Así en el Dictamen 159/2005, de 3 de noviembre se consideró que “no parece atendible el argumento esgrimido por
los reclamantes de que las secuelas «aún no se han estabilizado, encontrándonos en el presente caso ante un claro
supuesto de DAÑO CONTINUADO», pues no puede calificarse el daño ponderado como tal sino como permanente. [ ] Las
Sentencias del Tribunal Supremo de 23 de enero de 1998 (Ar. RJ 1998\569) y de 26 de abril de 2002 (Ar. RJ 2002\4316)
distinguen estas dos clases de daños y el diferente modo de computar en una y otra el «dies a quo» del plazo de
prescripción establecido en el artículo 142.5 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del
Procedimiento Administrativo Común, del siguiente modo: «Conforme a la jurisprudencia del Tribunal Supremo, se
distingue entre los daños permanentes y los continuados. En los daños permanentes, producido el acto causante del
resultado lesivo queda perfectamente determinado y puede ser evaluado o cuantificado de forma definitiva, de tal manera
que la agravación del daño habrá de provenir de un hecho nuevo. Por contra en los supuestos de daño continuado, al
producirse día a día generándose un agravamiento paulatino sin solución de continuidad como consecuencia de un hecho
inicial, nos encontramos con que el resultado lesivo no puede ser evaluado de manera definitiva hasta que no se adoptan
las medidas necesarias para poner fin al mismo, lo que ha llevado a la jurisprudencia a establecer que el plazo de
prescripción no empieza a correr en el supuesto de daños continuados hasta que no cesen los efectos lesivos, en tanto que
en el caso de daños permanentes el plazo empieza a contarse en el momento en que se produce la conducta dañosa». [ ] Es
más, incluso dentro de la propia doctrina emanada de la Sala de lo Contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional,
a la que los reclamantes apelan como principal sustento de su posición, encontramos en la Sentencia de 27 de marzo de
2002 (Ar. JUR 2003\58562), respecto de un supuesto también similar al actual -tetraparesia, por parálisis cerebral, cuyo
origen fue un sufrimiento fetal perinatal-, un pronunciamiento en el que viene a negarse la correspondencia automática
pretendida por los reclamantes entre la alteración del grado de minusvalía y la calificación de “daños continuados”. En el
citado fallo, el órgano sentenciador razonaba al respecto:“En el supuesto de autos, en el que no es previsible la curación
en sentido estricto, la determinación del día inicial ha de venir dado por el de la fecha en que se ha determinado el alcance
de las secuelas, con independencia de que el padecimiento va ser de por vida; de modo que es en el momento en que se
obtenga la información plasmada en el diagnóstico el momento inicial del cómputo”; añadiendo más adelante: “Frente a
los supuestos contemplados en las sentencias citadas, referidos al virus C, considera la Sala que, en el caso que nos ocupa,
nos hallamos ante un daño permanente, ya que el acto generador se agotó en su momento y la lesión sigue un proceso
previsible, de modo que realizado el diagnóstico se conocen las limitaciones con que va a encontrarse el paciente. [ ] [...]
la calificación de minusvalía es la respuesta a una solicitud de derechos, beneficios y servicios que puedan corresponder y
no se opone a los diagnósticos anteriores sobre la enfermedad, por los que los demandantes conocían ya el daño
permanente y la previsible evolución [...]”.
Por su parte, en el Dictamen 238/2007, de 19 de diciembre, se señalaba que la Sentencia de la Sala de lo ContenciosoAdministrativo del Tribunal Supremo de 28 de febrero de 2007 (RJ 2007/3678), en supuesto similar, consideró que “el dies
a quo para el ejercicio de la acción de responsabilidad por disposición legal ha de ser aquél en que se conozcan
definitivamente los efectos del quebranto o aquél en que se objetivan las lesiones con el alcance definitivo de secuelas, y
una vez establecido dicho alcance definitivo de la enfermedad y sus secuelas, los tratamientos posteriores encaminados a
obtener una mejor calidad de vida o a evitar ulteriores complicaciones en la salud de la paciente o la progresión de la
enfermedad, no enervan la situación objetiva en que la lesión, enfermedad o secuela consisten”. Continuaba el dictamen
razonando que “dada la gravedad de las lesiones que la niña padece, el daño consistente en parálisis cerebral
cuadrapléjica, está desgraciadamente objetivado y estabilizado como permanente e irreversible antes de que se le hubiera
valorado por el EVO en la primera ocasión en 2001. Sin necesidad de acudir a la resolución del EVO, se encuentran en la
historia informes anteriores donde se consigna el diagnóstico de parálisis cerebral y sus secuelas más graves. […] Es
criterio de este Consejo, que para que el cómputo del término inicial del plazo de prescripción se hubiera de situar
inexcusablemente en el momento de la valoración de una minusvalía, habría de coincidir la determinación objetiva de las
lesiones y secuelas que la originan con el momento de emisión del dictamen, lo que generalmente no sucederá, salvo que
los únicos informes médicos, que son los que objetivan la lesión y las secuelas y sobre los que se sustenta el dictamen de
valoración, hubieran sido emitidos en tal ocasión o por dicho motivo. También podría suceder que se careciera de otros
informes médicos en la historia clínica a través de los cuales obtener certeza sobre la estabilización del daño y las
secuelas y por ello hubiera que tomar en consideración el dictamen del EVO, lo que en este caso no sucede. […] De este
modo ha de entenderse que el daño es permanente y, por tanto, las secuelas ya estaban determinadas y estabilizadas en el
año 2001, habiendo sido presentada la reclamación fuera de plazo. […] En el mismo sentido, se expresa la doctrina de la
Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, que en Sentencia de 17 de
septiembre de 2007 -con cita de la sentencia del Tribunal Supremo de 28 de febrero de 2007, Ar. RJ 3678-, concluye que
“al ser el diagnóstico el mismo en uno y otro momento y no haber variado esencialmente las secuelas y puesto que el dato
de que se elevase mínimamente el grado de minusvalía entre 1998 y 2005 (desde el 92 % al 100 %) no deviene revelador
de secuelas nuevas o de evolución imprevisible de las patologías que tristemente afectan a la paciente, no podemos sino
confirmar la prescripción de la acción para reclamar por responsabilidad patrimonial””.
V
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Requisitos sustantivos: daño, relación de causalidad y antijuridicidad de aquél.- En cuanto al daño alegado,
resulta debidamente acreditada la grave incapacidad padecida por la menor, mediante la abundante documentación clínica
incorporada al procedimiento.
Respecto al examen de la relación de causalidad invocada, en primer lugar hay que señalar que sorprende el hecho de
que, constando poco después del nacimiento de la menor las graves lesiones cerebrales que padecía y su irreversibilidad, e
imputando su causa a un mal funcionamiento del servicio público sanitario, se haya interpuesto la reclamación de
responsabilidad patrimonial doce años después del nacimiento de la niña.
Las imputaciones que efectúa la parte reclamante son las siguientes:
- Existencia durante el parto de “sufrimiento fetal”, lo que, según consideran los interesados, “evidencia la defectuosa
gestión del parto”, así como un deficiente seguimiento de la gestación.
- “Insuficiencia de medios y vacío asistencial” en el Complejo Hospitalario H, pues las actuaciones sanitarias que
realizaron a la paciente embarazada en el 12 de octubre debieron hacerlo en Ciudad Real, donde se produjo “de todas luces
un seguimiento inadecuado de la gestación en este periodo, a la madre no se le extrajo el líquido amniótico lo que muy
probablemente generó la severísima discapacidad de X”.
En cuanto a la primera alegación señalada, los interesados afirman la existencia de un sufrimiento fetal en el parto,
como causa de las lesiones de la niña, apoyándose en dos documentos, la resolución del EVO, de 30 de junio de 2009, en la
que se recoge como etiología de las lesiones el citado sufrimiento fetal, y el informe pericial médico emitido con objeto de
valorar las secuelas, en fecha 28 de julio de 2010.
Respecto al valor de la citada resolución como medio probatorio de la realidad de dicha circunstancia, procede acudir
a lo considerado por este Consejo en el Dictamen 159/2005 citado, según el cual “en cuanto a la valoración etiológica de
“sufrimiento fetal perinatal” contenida en el mencionado dictamen del EVO de 2004, no puede considerarse prueba
adecuada ni suficiente al efecto pretendido, pues las funciones atribuidas a este órgano por virtud de lo dispuesto en el
artículo 8. 2 del Real Decreto 1971/1999, de 23 de diciembre, regulador del procedimiento para el reconocimiento del
grado de minusvalía, no comprenden propiamente las de pronunciarse acerca de la causalidad de las lesiones examinadas
o las de realizar pruebas diagnósticas a tal efecto, sino sólo las de evaluar grados de discapacidad concurrentes en los
afectados y determinar los plazos de revisión para constatar posibles agravamientos o mejorías, siguiendo para ello el
procedimiento previsto en el artículo 9 del citado Real Decreto, que se basa en el examen directo del enfermo y la
utilización de los informes médicos, psicológicos y sociales recabables al efecto”.
Por lo que se refiere al informe de valoración de secuelas aportado junto a la reclamación inicial, en el que recoge
como causa de aquéllas la del sufrimiento fetal, con apoyo en la resolución del EVO emitida con anterioridad, hay que
indicar que el mismo, de fecha 28 de julio de 2010 (12 años después del nacimiento gemelar) no puede considerarse con
mayor valor probatorio sobre la causa de las lesiones permanentes de la niña que los emitidos por los facultativos que
asistieron a la menor tras su nacimiento, en los que en ningún momento ponen de manifiesto que dicho sufrimiento fetal se
produjera, ni por tanto que pudiera tener relación alguna con el tratamiento recibido.
En efecto, de la amplia documentación clínica existente en el procedimiento, sobre la evolución y tratamiento tanto de
la madre como de la niña durante el embarazo y posterior parto, ningún dato permite concluir que se hubiera apreciado en
algún momento dicho sufrimiento fetal, por lo que no habiéndose podido acreditar su existencia, huelga referirse a la
supuesta asistencia sanitaria defectuosa que se anuda al mismo.
En segundo término, los interesados consideran que hubo una “insuficiencia de medios y vacío asistencial” en el
Complejo Hospitalario H, con seguimiento inadecuado durante la gestación y la no extracción de líquido amniótico, que sí
se extrajo en el hospital K, lo que a su juicio “muy probablemente generó la severísima discapacidad de X”.
Tampoco estas afirmaciones tienen base alguna derivada de la documentación clínica obrante en el expediente,
debiéndose señalar al respecto que cuando el 26 de febrero de 1998 la paciente embarazada acude al Servicio de Urgencia
del Complejo Hospitalario H tras una caída, se la examina con los medios adecuados, incluida ecografía, vigilando su
evolución estrechamente, y a la vista de los hallazgos, en los que se aprecian posibles malformaciones en los fetos, y a falta
de otras pruebas que confirmasen el diagnóstico, y por no demorar la asistencia adecuada, es remitida de modo urgente al
centro de referencia, Hospital K, con el fin de que fuera diagnosticada y tratada lo antes posible, puesto que en el Complejo
Hospitalario H sólo se sospechaba que la complicación gestacional pudiera ser importante.
En dicho centro de referencia es donde se diagnostica dicha complicación, propia de la gestación gemelar,
denominada “síndrome de transfusión gemelo-gemelo”, y que viene plasmada con fecha 20 de marzo de 1998 en la hoja de
seguimiento de la embarazada durante su ingreso. Y realizado el diagnóstico, se aplicaron los tratamientos adecuados para
tratar de detener los efectos de dicha complicación, entre ellos, la extracción del líquido amniótico.
Sobre la posible causa de la parálisis cerebral padecida por la hija de los reclamantes y la adecuación de la asistencia
sanitaria recibida en el Complejo Hospitalario H a la lex artis ad hoc, el informe del Servicio de Ginecología y Obstetricia
del indicado centro, de fecha 6 de septiembre de 2011, consideró que “el aseverar que la causa de la PC de Dª X radica en
una hipoxia cerebral intraútero es totalmente peregrina y sin base científica, ya que de hecho nadie puede asegurar cuál
fue la causa concreta, al igual que sucede en la práctica totalidad de las PC. [ ] En resumen, estamos ante una situación
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desgraciada, que afecta a entre dos y tres recién nacidos de cada 1000 (cifra internacional, y que no se ha conseguido
disminuir desde hace 60 años), cuya prevención es prácticamente imposible (salvo los casos que hemos comentado de
incompatibilidad RH o ictericia grave, cuyo origen pudiera estar en la generalidad y/o el polihidramios, sin que se puedan
descartar otros múltiples factores como alcohol, tabaco u otros tóxicos, infecciones víricas, etc. [ ] Aseveraciones como la
que se recoge textualmente en las alegaciones […] son extremadamente aventuradas, dado que si las tomáramos por
ciertas, tendríamos que asumir: [ ] 1.- Que los querellantes han conseguido algo que la Ciencia Médica no ha logrado
hasta el momento, cual es establecer a ciencia cierta la causa de una PC, que probablemente se gestó intraútero. [ ] 2.Que el nacimiento en un centro hospitalario es un “elixir” que garantiza en el 100 % de los casos el nacimiento de fetos
sanos, incluso cuando por alguna causa tiene lesiones ya diagnosticadas intraútero. [ ] 3.- Que los querellantes conocen
cuál debe ser el seguimiento correcto de una gestación para evitar que se produzca una PC, circunstancia ésta que por
desgracia la Ciencia Médica no ha conseguido establecer, salvo casos puntuales…”.
Si bien la propuesta de resolución emitida en el procedimiento considera como causa de desestimación de la
reclamación, no sólo la prescripción de la acción, sino la falta de antijuridicidad del daño alegado, al haber existido una
asistencia sanitaria totalmente ajustada a la lex artis ad hoc, estrictamente hablando dicha causa de desestimación, a la vista
de todo lo expuesto, resulta ser más bien la inexistencia de relación de causalidad entre la actuación del Servicio de
Ginecología y Obstetricia del H y la grave minusvalía que padece la hija de los reclamantes, siendo ésta consecuencia de
las complicaciones surgidas durante la gestación -que no pudieron ser evitadas utilizando todos los medios adecuados para
ello-, y no de la asistencia sanitaria cuestionada.
VI
Sobre la indemnización solicitada.- Sin perjuicio del sentido del presente dictamen, contrario al reconocimiento de
la responsabilidad patrimonial, se hace preciso plasmar en la presente consideración alguna reflexión sobre la
indemnización solicitada.
En todo caso, si se hubieran estimado indemnizables los perjuicios derivados de la severa patología padecida por la
niña, los mismos deberían ser valorados conforme al Baremo establecido en el Texto Refundido de la Ley sobre
Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, aprobado por Real Decreto Legislativo 8/2004, de
29 de octubre, actualizado para el año 1998 mediante Resolución de la Dirección General de Seguros y Fondos de
Pensiones de 24 de febrero de 1998, año en el que se produjo el nacimiento de la menor y se determinaron las lesiones
permanentes padecidas.
La cantidad que finalmente resultase habría que considerarla como deuda de valor referida cronológicamente al
momento de producción de los daños objeto de compensación, sin perjuicio de la actualización e intereses de demora que
en su caso procedan por aplicación de lo previsto en el artículo 141.3 de la citada Ley 30/1992, de 26 de noviembre.
En mérito de lo expuesto, el Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha es de dictamen:
Que, estando prescrita la acción y no existiendo relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público
dispensado en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Complejo Hospitalario H, y los daños y perjuicios padecidos por
la hija de los reclamantes, D. T y D.ª S, procede dictar resolución desestimatoria de la reclamación presentada.
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