¿Qué es lo real?. Mito de la caverna de Platón

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CONOCIMIENTO Y REALIDAD
La filosofía surgió buscando un saber diferente al del mito y para ello necesitó de un nuevo lenguaje que se esforzó en
encontrar conceptos innovadores capaces de plantear diferentes problemas filosóficos, entre ellos el problema de la realidad y
de la forma de acceder a ella.
1. LO REAL
Sabemos que la filosofía es una actividad crítica que se hace cargo de los temas tratándolos como problemas; es decir, no da
nada como cierto sino que ejercitamos continuamente las preguntas partiendo siempre de nuestras dudas. Podemos plantearnos
una pregunta inicial ¿Existe la realidad? Y, si es así ¿en qué consiste? ¿Cuáles son las características que la definen? Para los
primeros filósofos, lo real es la fhysis, es decir, todo lo que existe y de lo que está compuesto todo. Sin embargo, no se ponen
de acuerdo en la naturaleza de la propia fhysis. Para algunos es material, para otros carece de materia, de tiempo y de espacio;
unos piensan que es estática mientras otros afirman que está en continuo cambio; para unos lo real tiene una organización
interna mientras otros piensan que la estructura de la realidad procede de nosotros.
Un nuevo problema, iniciado por Parménides, se añade a los anteriores: ¿es real todo lo que aparece? ¿Ocultan las apariencias
la realidad o por el contrario la muestran? La línea iniciada por Parménides y continuada por Platón afirma que la realidad se
oculta tras una superficie aparente por lo que habría que profundizar para captar aquello que verdaderamente son las cosas. Por
ejemplo, sabemos que la Tierra se mueve aunque aparentemente no lo hace.
Actividad 1: Señala algunos ejemplos donde la realidad y la apariencia no coincidan. Una de las teorías más elaboradas sobre
el problema de lo real es la de Platón. En el mito de la caverna expone la teoría de las ideas según la cual hay dos mundos. Uno
es el mundo sensible, ilusorio, mera apariencia (la caverna) donde está la mayoría de la humanidad. El otro es el mundo real o
inteligible (el exterior). Lee el mito de la caverna de Platón y responde a las preguntas:
“Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se
halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz,
que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello,
de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza;
detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino
situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los
titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la
de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores
habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus
compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar
ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que
pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos
fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza,
les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar
y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos
objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y
que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más
verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de
ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se
le mostraba?
- Mucho más-dijo.
-Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia
aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra ?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de
haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz,
tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo,
las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y
después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las
estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol
en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la
región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no
crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que,
por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían
pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder,
¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o
bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin
patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los
ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las
sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que
necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos
estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de
echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
- Claro que sí -dijo.
-Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la
región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto
a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la
región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por
acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es
la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las
cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y
productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o
pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo”.
Platón, República. Según la versión de J.M. Pavón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª
edición)
1. ¿Quiénes son los prisioneros de la caverna? ¿Qué significan las cadenas? ¿Qué representa la caverna? ¿Y las sombras?
2. El mito plantea la “liberación de las cadenas” de uno de los esclavos lo que supone “levantarse súbitamente, volver el cuello,
andar y mirar a la luz” ¿Podrías explicar a qué se refiere Platón cuando habla de ese camino que conduce a la luz?
3. ¿Por qué crees que el antiguo esclavo debe volver a la caverna?
4. ¿Qué relación señala Platón entre el Sol y el Bien?
Actividad 2: Matrix, estrenada en 1999 es una muestra de cine con contenido filosófico y en este caso hay claras alusiones al
mito de la caverna de Platón. Después de verla cuando tengas la edad adecuada, lee el pequeño fragmento que reproducimos a
continuación y contesta a las preguntas del final:
“Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para
tu mente. Por desgracia, no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Ésta es tu última
oportunidad, después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia, despertarás en la cama y creerás lo
que quieras creerte. Si tomas la roja te quedas en el país de las maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de
conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, nada más”
The Matrix. Directores: Andy y Larry Wachowski (un hermano ha
cambiado de sexo)
1. Busca diferencias y semejanzas entre la película y el Mito de la caverna de Platón
2. ¿Cómo definirías una realidad virtual? Los personajes de la película viven en ella: ¿crees que lo virtual es una ilusión o una
realidad? Pero aún podemos ir más allá, de la mano de Descartes, y plantearnos si realmente existe aquello que consideramos
real, ¿no podría ser un simple sueño, personajes de ficción en la mente de un autor? El problema podría presentarse con una
metáfora más reciente ideada como experimento mental por el filósofo Hilary Putnam, el cerebro en la cubeta. Sabemos que la
información sensorial se convierte en impulsos eléctricos que recorren las neuronas hasta llegar al cerebro y se sabe también
que si se estimula de forma adecuada el cerebro, el sujeto percibirá sensaciones que no se dan en la realidad. Imaginemos
entonces a la humanidad como un conjunto de cerebros sumergidos en cubetas en las que se añaden nutrientes para que sigan
con vida. Un científico muy habilidoso en el manejo de los electrodos conectados a nuestro cerebro podría ser capaz de
engañarnos, de tal modo que cuando uno piense que se está atando los zapatos, durmiendo, charlando o leyendo un libro, en
realidad no está haciendo nada de eso sino que todo es una ilusión creada gracias a minúsculas descargas eléctricas. Si
fuéramos cerebros en cubetas, ¿podríamos pensar que lo somos? Lo que muestra este experimento mental es que el cerebro no
capta directamente la realidad sino que la representa.
2. EL CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD
Junto al problema filosófico sobre qué sea la realidad se nos presenta otro que consiste en preguntarnos cómo podremos
conocer esa realidad. Buena parte del conocimiento que empleamos para indagar sobre lo real se basa en los datos que nuestros
sentidos nos ofrecen. Sin embargo, como dijo Descartes en el siglo XVII, es posible dudar de lo que nos dicen los sentidos
porque sabemos que en ocasiones nos engañan: “He observado a menudo, en muchos casos, que había una gran diferencia
entre el objeto y su idea. Como, por ejemplo, encuentro en mi mente dos ideas del Sol completamente distintas: una que tiene
su origen en los sentidos, y debe ser colocada en el género de las que he dicho anteriormente que proceden del exterior, según
la cual me parece extremadamente pequeño; la otra está tomada de las razones de la astronomía, es decir, de ciertas nociones
nacidas conmigo o, en fin, está formada por mí mismo (de la forma en que ello pueda hacerse), según la cual me parece ser
varias veces más grande que la Tierra. Ciertamente, estas dos ideas que concibo del Sol no pueden ser ambas semejantes al Sol
mismo; y la razón me persuade de que la que procede inmediatamente de su apariencia es la que resulta ser menos semejante.”
Descartes, Meditaciones metafísicas
Actividad 3: ¿Perciben los animales de la misma forma que lo hacemos los humanos? Busca ejemplos de diferencias
sensoriales entre unos animales y nosotros Pero el conocimiento puede ir más allá de la mera percepción. La experiencia puede
permitirnos ver lo que otros menos adiestrados no pueden.
Actividad 4: Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas. “Pensemos en un estudiante de medicina que sigue un curso de
diagnóstico de enfermedades pulmonares por rayos x. Mira, en una habitación oscura, trazos indefinidos en una pantalla
fluorescente colocada contra el pecho del paciente y oye el comentario que hace el radiólogo a sus ayudantes, en un lenguaje
técnico, sobre los rasgos significativos de esas sombras. En un principio, el estudiante está completamente confundido, ya que,
en la imagen de rayos x del pecho, sólo puede ver las sombras del corazón y de las costillas que tienen entre sí unas cuantas
manchas como patas de araña. Los expertos parecen estar imaginando quimeras; él no puede ver nada de lo que están diciendo.
Luego, según vaya escuchando durante unas cuantas semanas, mirando cuidadosamente las imágenes siempre nuevas de los
diferentes casos, empezará a comprender; poco a poco se olvidará de las costillas y comenzará a ver los pulmones. Y,
finalmente, si persevera inteligentemente, se le revelará un rico panorama de detalles significativos: de variaciones fisiológicas
y cambios patológicos, cicatrices, infecciones crónicas y signos de enfermedades agudas. Ha entrado en un mundo nuevo.
Todavía ve sólo una parte de lo que pueden ver los expertos, pero ahora las imágenes tienen por fin sentido, así como la
mayoría de los comentarios que se hacen sobre ellas.”
Chalmers, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?
1. Busca dos ejemplos que avalen esta misma idea
2. Los instrumentos de observación son cada vez más precisos. ¿Crees que gracias a ellos podemos tener un conocimiento más
verdadero? Razona tu respuesta
Actividad 5: Reflexiona sobre este texto que trata del conocimiento de la mesa "familiar" y la mesa "del científico". ¿Qué
diferencias existen entre conocimiento científico y conocimiento ordinario?
“Estoy familiarizado con una de ellas desde mi más tierna infancia Es un objeto común dentro de ese ambiente que llamo
mundo. ¿Cómo voy a describirla? Tiene extensión, es hasta cierto punto permanente; noto que su superficie está pintada, pero
que ante todo es sustancial. (...) La mesa número dos es mi mesa científica. Mi conocimiento de ella es más reciente que el de
la otra y por eso no me es tan familiar. No pertenece al mundo antes mencionado. (...) Mi mesa científica es casi toda vacío
Desparramadas en ese vacío hay numerosas cargas eléctricas moviéndose a gran velocidad, pero su volumen conjunto no
alcanza siquiera una trillonésima parte del volumen de la mesa. Dicha mesa sostiene mi papel de escribir en forma tan
satisfactoria como la mesa número uno, pues cuando dejo el papel sobre ella las minúsculas partículas golpean su parte inferior
de tal suerte que el papel queda mantenido en suspenso a un nivel aproximadamente constante. Hasta hace poco no existía
separación tan radical; el físico acostumbraba a extraer del mundo familiar la materia prima que necesitaba para su propio
mundo, pero ahora ya no sucede así. Su materia prima comprende éter, electrones, cuantos, potenciales, funciones
hamiltonianas, etc., y actualmente cuida mucho de conservar estos ingredientes libres de toda contaminación de conceptos
procedentes del mundo familiar. Hay una mesa familiar paralela a la mesa científica, pero no existen electrones, cuantos o
potenciales familiares correspondientes a los electrones, cuantos o potenciales científicos; ni siquiera intentamos imaginamos
un equivalente familiar de esas cosas; dicho de otro modo, no buscamos explicar el electrón. Sólo después de que el físico ha
completado la construcción de su mundo se le permite identificar a éste con el mundo familiar; pero las tentativas prematuras
para unir ambos mundos sólo han dado resultados negativos." A. Eddington. La naturaleza del mundo físico.
Durante mucho tiempo, los filósofos pensaron que el criterio de verdad que tenemos que usar para saber si hemos conocido lo
real o no, es la correspondencia. Así lo planteó Aristóteles: “Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso;
decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es lo verdadero”. Frente a esta concepción de la verdad hay otra –la
verdad como perspectiva- que también ha tenido sus seguidores en la historia de la filosofía y que os ilustramos con un cuento:
"Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante
el sentido del tacto. El primero en llegar junto al elefante chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, el elefante es
como una pared». El segundo, palpó en su ceguera el colmillo y gritó: «Es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como
una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó de forma descriptiva: «¡Dios me libre! El elefante es como una
serpiente». El cuarto sabio había extendido su mano hasta la rodilla, la palpó en torno a ella y dijo: «Está claro, el elefante es
como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó de forma autosuficíente: «Aún el más ciego de los
hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola del elefante, señaló: «El
elefante es muy parecido a una soga». Y así los sabios discutieron posteriormente largo y tendido, cada uno desde su
experiencia, de forma excesivamente terca y violenta, defendiendo cada uno su propia opinión y, aunque parcialmente estaba
en lo cierto, en realidad estaban todos equivocados."
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