Los primeros libros llegaron a mi casa cuando yo tenía nueve años

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Los primeros libros llegaron a mi casa cuando yo tenía nueve años: Luis Fernando Macias
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras) Aún en Colombia no hemos entrado de lleno a
hablar de la Novela Negra y aunque varios son los escritores que se han ido metiendo poco a
poco en este género, continuamos rezagados frente a Argentina, Brasil y México y ni se diga
de España.
Pero aún así, hemos ido ganando espacio en los medios de comunicación y se ya se empieza
a hablar con propiedad de Asa Larsson, Henning Mankel, John Connolly, James Ellroy, Anne
Perry y Cami Lacknerg entre muchos más.
Pero ¿Por qué en Colombia sabemos tan poco de Novela Negra? Le preguntamos en alguna
ocasión a Gonzalo España, el autor de Crimen al dente y El caso Mondiú ( B ) y nos dijo: “Es
muy raro. El género negro es el que mejor se hubiera acomodado, a lo largo del siglo XX y lo
que va corrido del XXI, a esa exploración que la literatura realiza a diario de la sociedad. En
realidad, casi todas las novelas publicadas, e igual los cuentos y relatos breves, tienen una
buena porción de género negro. Desde Diana Cazadora de Clímaco Soto Borda, publicada a
comienzos del XX, pasando por las obras de realismo mágico de García Márquez, hasta
novelas contemporáneas como Rosario Tijeras, todas ellas reflejan La Violencia, la
descomposición social, la injusticia, la incertidumbre de la vida en Colombia. El género negro
relaciona crimen y causas sociales, sin apelar a teorías sociológicas, simplemente narrando,
mostrando, dramatizando. Una buena novela actual debía mostrarnos palpablemente cómo
magistrados dignísimos practican a diario el soborno, y cómo gobernantes corruptos se
apoderan de los fondos de grandes ciudades, con absoluta impunidad. Nada gana el país con
la captura diaria de cientos de combos delictivos y miles de carteristas y atracadores, aunque
eso se considere un alivio, mientras los grandes capos sigan haciendo de las suyas en la
cúpula intocada y podrida del poder. El general Naranjo comentaba en la entrevista que cada
vez más libretistas acuden a la dirección de la policía buscando noticias de sus éxitos para
hacer libretos. Me parece vana esta búsqueda. Sólo habrá un policía digno de ser narrado en la
literatura: el que ponga tras las rejas a los peces gordos que se alzan con todo. Mientras tanto,
este espacio sólo puede llenarlo el antihéroe, el héroe abyecto y derrotado, que es el que vive
en la novela negra...Tal vez por eso se le hace el feo al género negro”.
Luis Fernando Macías y un grupo de sus más cercanos amigos, han logrado irse metiendo en
ese mundo fascinante de la narración del suspenso, del delirio, de la investigación, de los
crímenes y de la sagacidad de los investigadores o comisarios. Y con esta, su más reciente
producción novelística, Gámbito de rey que publica B, logra no sólo presentar una nueva
estructura narrativa, sino personajes nuevos, fascinantes para este género, pues ya no sólo
hombres mayores de cuarenta y cincuenta años, sino casi adolescentes, gente que llega al
umbral de la juventud.
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- ¿Tu casa siempre estuvo llena de libros?
- No. En mi casa no había libros. Mi hermano se suscribió al Círculo de Lectores y compró
Pregúntale a Alicia, Narraciones extraordinarias, Un mundo feliz, El retorno de los brujos.
Después mi hermana compró Cien años de soledad y las obras completas de Nietzsche.
Después leí Mientras llueve, El Moro, La rebelión de las ratas, Siervo sin tierra, El día señalado.
- ¿Qué temas te cautivaron desde que empezaste a leer?
- Me gustó mucho Los crímenes de la rue Morgue de Poe. Después me gustó mucho
Pregúntale a Alicia, después Mientras llueve y después Qué viva la música. Entonces leí Los
funerales de la Mamá Grande, El túnel, El llano en llamas, Cien años de soledad, La hojarasca,
La ciudad y los perros…
- ¿Cuándo escribiste tus primeras metáforas?
- Escribí mis primeros textos cuando estaba en segundo de bachillerato; era 1971 y tenía 14
años. Al año siguiente decidí que quería ser escritor. Esto lo pensé cuando supe que mi papá
se iba a morir. ¿Si él se muere, yo qué hago? Eso me pregunté. Escribo. Quiero ser un escritor,
me dije. Entonces me di cuenta que un escritor era una persona que leía y escribía y aprendía
de ambas cosas. Un escritor era la piedra que tenía que pulir en mí. Eso es lo que he estado
haciendo durante estos cuarenta y un años. Tal vez esta novela sea el primer paso, aunque ya
he publicado treinta libros, siento que éste es el primero de verdad.
- Cuando decidiste ser escritor ¿qué pensaron en tu casa?
- En mi casa ni se dieron cuenta, hasta que publiqué un cuento en El Colombiano cuando
terminé el bachillerato. Entonces se sintieron orgullosos de mí. En mi casa todos son mayores
que yo. Las cosas del niño los alegran, así sean insignificantes. Después de todo, sigo siendo
el niño de la casa.
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- ¿Qué es lo que fascina y encanta de ser escritor?
- Lo mejor de ser escritor es que nada es aburrido en este mundo, todo puede ser interesante
desde la perspectiva de un cuento o una novela. Cualquier cosa que pasa en la vida, puede
pasar en una historia de ficción.
- ¿Por qué si hay tan buenos escritores por qué no hay buenos lectores?
- Sí hay buenos lectores. Yo conozco muchos buenos lectores, incluso mejores lectores que
escritores. Un buen lector es alguien que es feliz leyendo. Por lo general, los buenos lectores
son anónimos porque no promulgan su actividad. El lector goza sin vanidad. Al buen lector le
importa su goce de leer, lo demás lo tiene sin cuidado. El escritor es distinto. El escritor quiere
que lo reconozcan y lo nombren. La motivación del lector es ser feliz, la motivación del escritor
es ser reconocido y admirado. El placer del goce simple, frente al placer de la vanidad. Esa es
la gran diferencia entre un lector y un escritor.
- ¿Qué nos hace falta en Colombia para que haya más lectores?
- Para qué más lectores. Leer es una de las formas de la felicidad, que sea feliz el que quiera
serlo, y allá cada cual con su modo. Si los padres quieren que sus hijos lean, deben empezar
leyendo ellos mismos. Igual los maestros. Uno lo hace con los amigos. Tal vez los amigos sí
pueden obligar a los amigos a leer. Si no te leés tal cosa, te retiro el uso de la palabra.
- ¿Cómo nace la idea de Gambito de rey?
- Gambito de rey es un trabajo de muchos años. Empezó en 1982, cuando escribí El primo y la
cometa. Yo pensé que era un cuento aislado. Ese año me gané con él el premio Argemiro
Pérez Patiño de la Universidad de Medellín. Estaba escribiendo un cuento que al mismo tiempo
pudiera ser una obra de teatro. Por eso es un diálogo entre dos niños. Escribí todo el diálogo y
después eliminé la voz del niño para que el lector la pudiera inferir e hiciera un trabajo en el
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cuento. Me soñaba con el texto representado en el escenario como un monólogo: La niña en la
luz y el niño en la sombra.
Muchos años después mataron a la mujer que había servido de modelo para la niña, entonces
escribí la historia del primo que al llegar hasta el ataúd recuerda su historia de amor con la
prima. La titulé Eugenia en la sombra y era una introspección frente al cadáver de la prima.
Para realizarlo tuve que crear dos personajes que se amaban y se odiaban al mismo tiempo. Al
primo le quedaba el vacío de estar odiando a una persona muerta. Seleccioné sólo las escenas
eróticas sucedidas entre ambos personajes y dejé el texto como una sola imagen ahí. Aurelio
llega hasta el ataúd donde yace Eugenia y recuerda. Todo lo que sucede realmente en el texto
es que deja caer una lágrima, lo demás es recuerdo.
Le pasé el texto a un amigo para que me hiciera comentarios. Me dijo que faltaba la voz de
ella. Que no se podía juzgar a una persona sin que tuviera derecho a defenderse. Entonces
escribí el tercer texto de la serie, Eugenia en su diario. Escribí el diario que ella debió de haber
escrito desde los quince años hasta el día en que la mataron. Procuré desarrollar un lenguaje
que evolucionara desde el lenguaje adolescente hasta la madurez, desde unos intereses casi
infantiles hasta un hastío maduro de la vida. El diario tenía como motivo el desamor de Aurelio,
el primo, quien había dejado de hablarle a Eugenia. Ella pensaba que él no la quería y él creía
odiarla, pero ambos se amaban. Cuando Aurelio lo descubrió, Eugenia ya estaba muerta,
alguien la había matado y había que castigar a ese asesino.
La última parte del libro es la búsqueda de ese asesino. Lo que sucede en esta novela en
particular es una manera de interpretar las novelas de detectives, buscando romper el molde
tradicional de la novela negra. En la novela negra por lo general importan los hechos y no la
forma como se narran. En esta novela, por el contrario, importa también la forma. Hay un
trabajo de depuración del lenguaje y de creación poética que supera el simple interés de la
historia y se ubica en el terreno de la propuesta estética. No se trata de una mera historia de
detectives y asesinos, sino de una obra de arte en el más refinado sentido de la palabra. Es un
estudio de los caracteres humanos hasta las últimas consecuencias.
- ¿Siempre te ha encantado la Novela Negra?
- Mi primer libro fue una novela negra: Los crímenes de la rue Morgue de Poe. Después de
ensayar todos los géneros, creo que ese es el mejor de todos porque es juego y reto al mismo
tiempo. Tanto para el escritor como para el lector. La intriga y la pasión son los elementos
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esenciales de la novela negra. El goce físico es su resultado.
- ¿Cuáles son tus referentes en este género?
- Poe, Borges, Chésterton, Connan Doyle, Dostoievski, Chandler, García Márquez, Sábato,
Bioy Casares, Agatha Cristie, Almafuerte…
- ¿Poco a poco en Colombia va ganando espacio la Novela Negra?
- Creo que sí. La Novela Negra es propia de un público lector bien formado y exigente.
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