Modernización del lenguaje jurídico.13 03 07

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Hacia una modernización del lenguaje jurídico. Iniciativas internacionales
“El celo por el lenguaje jurídico es tan antiguo
como el propio Derecho.”
J. Prieto (1)
En los últimos tiempos se ha iniciado un proceso de renovación del lenguaje jurídicoadministrativo, que tiene como objetivo contribuir desde lo lingüístico al cambio del modelo
tradicional de una administración distanciada de los ciudadanos.
Se ha señalado la existencia de algunos factores que inciden en la necesidad de
modernización de las prácticas administrativas, tales como la introducción masiva de las técnicas
informáticas, el incremento de las relaciones internacionales e interlingüísticas y la expansión de
los medios de comunicación y su interacción con el ámbito judicial.
I
Se entiende por lenguaje administrativo la lengua empleada por los órganos de la
Administración del Estado en escritos tales como disposiciones, estatutos, formularios,
notificaciones, oficios, de circulación interna o dirigidos a diversos sectores de la ciudadanía.
El lenguaje jurídico, por su parte, se puede definir como la lengua utilizada por los órganos
de la Administración de Justicia en sus relaciones con las personas físicas y jurídicas o con la
comunidad.
Textos jurídicos son tanto los legales -la manifestación concreta de las leyes- como los
judiciales -derivados de la puesta en práctica de la legislación por parte de los profesionales del
Derecho-. (2)
Como afirma la lingüista española Elena de Miguel, la frontera entre lenguaje jurídico y
administrativo no está bien delimitada y el primero puede considerarse una clase especial del
segundo. En consecuencia, estos lenguajes suelen estudiarse en forma conjunta puesto que
comparten recursos lingüísticos (gramaticales y léxicos) y coinciden también en los factores
extralingüísticos -el canal, el emisor, el receptor y la finalidad o intención comunicativa-.
Algunos especialistas afirman que el lenguaje jurídico-administrativo es una variedad de la
lengua estándar, caracterizada por la saturación de determinados recursos de la lengua común exceso de abreviaturas y siglas, de fórmulas y expresiones fijas, de nominalizaciones, locuciones
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prepositivas, construcciones pasivas, gerundios, futuros de subjuntivo, entre otros- junto con
tecnicismos y con algunos rasgos estilísticos propios. Otros autores, en cambio, piensan que existen
suficientes elementos específicos, léxicos y gramaticales, como para afirmar que se trata de un
lenguaje autónomo. Es esta la posición que adopta Maitena Etxebarría (3), quien realiza
interesantes planteos acerca de la modernización y normalización del lenguaje jurídicoadministrativo, que desarrollaremos más adelante.
Aunque no es nuestra intención ingresar en este debate, es evidente la existencia de
características inherentes a los textos jurídico-administrativos, ya sea que se inscriban en el
marco de un lenguaje específico o en el de una variedad de la lengua estándar.
II
Modernizar y simplificar el lenguaje de la administración en los documentos escritos es
una preocupación actual en gran cantidad de países. Se busca con ello superar un obstáculo de
importancia en el proceso de democratización de las instituciones públicas.
Las recomendaciones generales sobre las que se articula esta tendencia son:
- Uso de un lenguaje apropiado al mensaje y a los destinatarios, de tal modo que la
información resulte accesible.
- Simplificación de la sintaxis mediante el empleo, entre otros recursos, de frases cortas.
- Sustitución de la voz pasiva por la activa.
- Elección de formas de tratamiento de primera y segunda persona, con el fin de evitar el
empleo abusivo de la tercera.
- Atenuación del uso de tecnicismos.
- Elaboración de glosarios jurídico-administrativos que faciliten el reemplazo de palabras
complejas, tecnicismos o latinismos por otras más accesibles.
- Preferencia por el uso de un léxico estándar y por la creación de palabras (neologismos)
para sustituir extranjerismos cuya utilización debe evitarse.
- Publicación de manuales y organización de cursos de formación sobre simplificación y
modernización del lenguaje jurídico-administrativo destinados a funcionarios y
empleados a cuyo cargo se halla la redacción de documentación oficial.
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Ya en la década de los 70, en Estados Unidos y algo más tarde en los países europeos,
surgieron movimientos que mostraban una preocupación por el arcaísmo y el abuso de términos
técnicos característicos de este tipo de textos.
En Inglaterra, por ejemplo, en el año 1979, en el marco del denominado Plain English
Campaing, surgió una tendencia encaminada a lograr una mayor eficacia comunicativa y a ofrecer
la información de la forma más clara y efectiva posible. Se ponía especial énfasis en el uso de un
lenguaje inteligible en la documentación oficial. A partir de esa fecha se han venido organizando
cursos de formación, publicaciones y seminarios internacionales, con la finalidad de realizar un
trabajo de asesoramiento a la administración inglesa.
Y es tanto el interés por mejorar la comunicación con los administrados, que hasta se ha
llegado a otorgar premios a las personas y entidades que emplean un lenguaje claro, mientras se
conceden otros de carácter burlesco a quienes “usan y abusan del lenguaje confuso y una verborrea
hueca”.
El gobierno británico ha publicado también el libro Plain Works, con el objetivo de que los
funcionarios puedan redactar cualquier texto con un lenguaje comprensible para el ciudadano
medio, semejante a los manuales que editan algunas agencias de prensa. El Plain English ha tenido
una notable difusión en Estados Unidos, Irlanda y Canadá.
En Estados Unidos, la campaña a favor de la simplificación del lenguaje jurídico y
administrativo comienza aproximadamente en 1975, con el fin de que los textos, producidos sin
trabas lingüístico-discursivas, en un lenguaje sencillo, subtítulos clarificadores y organización lógica
coherente, informen eficazmente al lector no experto en la materia. Equipos formados por juristas y
lingüistas comenzaron a trabajar en colaboración para reelaborar documentos que resultaban
confusos e incomprensibles, y ponerlos a disposición del público con una redacción más clara.
La bibliografía disponible sobre el tema es muy amplia y se puede consultar al respecto, la
obra colectiva The English Language Today (4).
En Francia y Canadá, se desarrolla una intensa actividad vinculada con estos temas. En
todos los ministerios franceses existen comisiones de terminología coordinadas por el Alto Comité
de la Lengua Francesa creado en 1983. Este Comité, supervisado por el Primer Ministro, tiene entre
otras funciones, la de establecer vocabularios, proponer la definición y adopción de determinados
vocablos e impulsar la creación de palabras (neologismos) que atenúen el ingreso masivo de
términos científicos y técnicos procedentes de otras lenguas.
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Resulta muy interesante el caso de Suecia donde, desde hace más de treinta años, la Oficina
del Ministerio de Justicia emprendió la tarea de simplificar el diseño de diversos documentos, lo que
fue considerado por algunos como un “atentado contra el lenguaje jurídico”, pero la mayoría del
Parlamento lo aprobó y la iniciativa se fue consolidando. También en este país se conformó un
grupo de expertos lingüistas para velar por el uso del lenguaje en los textos oficiales, que se encarga
de revisar aquellos que se envían al Parlamento, publica manuales de estilo administrativo y
organiza diversos cursos de formación. Además, el gobierno sueco ha creado el llamado “Grupo de
lenguaje sencillo”, con el fin de estimular en las instituciones públicas la puesta en marcha de planes
de este carácter. En la década del 90, se formó en ese mismo ministerio de Justicia, el departamento
para la revisión legal y jurídica de diseño y redacción, responsable de revisar los documentos
producidos. Intervienen en él expertos que controlan la seguridad jurídica de los textos y lingüistas
que supervisan su adecuada redacción y legibilidad.
Todas las técnicas de simplificación implementadas fueron usadas en la redacción de
informes gubernamentales. Se enseña a los redactores a definir el objetivo que se plantean, a tener
en cuenta las características de sus lectores, a elegir los contenidos, ordenarlos y usar sumarios,
títulos, subtítulos y recursos gráficos. Suecia, como miembro de la Unión Europea, llegó a mostrar
su preocupación por la escasa calidad de diseño y redacción de la legislación comunitaria.
En Italia se viene trabajando con este mismo objetivo desde hace algunos años. En 1993, el
ministro de la Función Pública editó el Código de Estilo de las Comunicaciones Escritas, como un
intento de consignar los principios generales que deben seguir los textos oficiales, dado que se
considera que más del 60% de los ciudadanos italianos tienen serias dificultades para comprender
los mensajes escritos por la administración.
En España, antes de los años sesenta, se comenzó por eliminar las fórmulas de salutación
y despedida excesivamente formales en las comunicaciones de mero trámite entre órganos
administrativos. En 1980 se publica el primer trabajo de investigación sobre el problema de la
modernización de esta variedad lingüística, debido a L. Calvo Ramos, con el título Introducción
al lenguaje administrativo.
Por otra parte, en el curso de formación de los funcionarios públicos, se incluye un
temario sobre Administración y Lenguaje y en el año 1993, el Instituto Nacional de la
Administración Pública publicó un Manual de Estilo del Lenguaje Administrativo. Desde
entonces las iniciativas han sido constantes y van en aumento en la medida en que crece la
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demanda social respecto de la necesidad de una mayor y mejor comprensión de los documentos
jurídico-administrativos por parte del público en general.
Podemos concluir que, en definitiva, se trata sin duda alguna de un movimiento de
carácter mundial basado en la idea de que los ciudadanos tienen derecho a exigir que las
administraciones públicas se expresen en un lenguaje comprensible por razones de calidad,
eficacia y eficiencia.
Fundamentalmente se ve la necesidad de la intervención, en el proceso de producción
normativa, de un órgano integrado por juristas y lingüistas que revise, atendiendo a criterios de
funcionalidad comunicativa, los borradores de las disposiciones y proyectos de ley elaborados
por los departamentos gubernamentales antes de su publicación. Se considera asimismo
indispensable introducir en los estudios de Derecho una asignatura obligatoria sobre técnicas de
redacción jurídica.
Bibliografía
1. Prieto, J.”La exigencia de un buen lenguaje jurídico y estado de derecho” en Revista de Administración
Pública, n° 140, 1960.
2. De Miguel, Elena. “El texto jurídico-administrativo: análisis de una orden ministerial”. Círculo de
lingüística Aplicada a la Comunicación 4, noviembre de 2000.
3. Etxebarria Arostegui, Maitena. “El lenguaje jurídico y administrativo. Propuestas para su
modernización y normalización”, en Revista Española de Lingüística , 1997.
4. The English Language Today. Obra colectiva bajo la dirección del profesor Sydney Greenbaum.
Recapitulación del Plan a cargo de J.C. Redisch, directora del Document Design Center de Washington.
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