Que Pagaré al Señor por todos sus Beneficios para Conmigo?

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¿Qué Pagaré al Señor por todos
sus beneficios para Conmigo?
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¿Qué Pagaré al Señor
por todos sus beneficios para
Conmigo?
Nosotros los humanos por
naturaleza tenemos esa mala
levadura de ser
desagradecidos y olvidadizos
de los favores y misericordias
que nos hacen, y mucho más
los beneficios que Dios nos
da. Por ello Pablo escribe: “Y
la paz de Dios gobierne en
vuestros corazones, a la que
así mismo fuisteis llamados
en un solo cuerpo; y sed
agradecidos” Colosenses 3:15
Introducción
Esta fue una pregunta que David
hizo a su fuero interno, quedó
registrada en el Salmo 116:12
“¿Qué pagaré al Señor Por todos
sus beneficios para conmigo?”.
Amigo lector, ¿Cuántas veces
usted ha meditado profundamente
en todos los favores que ha
recibido de Dios hasta este
momento? Cuidado ser como
aquellos leprosos que el Señor
sanó, cuenta el Santo Escrito que
solo uno se acordó de venir a darle
gracias: “Yendo Jesús a Jerusalén,
pasaba entre Samaria y Galilea. Y
al entrar en una aldea, le salieron
al encuentro diez hombres
leprosos, los cuales se pasaron de
lejos, y alzaron la voz diciendo:
¡Jesús, Maestro, ten misericordia
de nosotros! Cuando Él los vio les
dijo: Id, mostraos a los
sacerdotes. Y aconteció que
mientras iban, fueron limpiados,
entonces uno de ellos, viendo que
había sido sanado, volvió,
U
na de las grandes virtudes de
este rey, profeta, músico y
fiel adorador fue No olvidar
ninguno de los beneficios,
favores, y bendiciones que había
recibido de su Dios, él mismo lo
dice: “Bendice, alma mía, al
Señor, y bendiga todo mi ser su
Santo nombre. Bendice, alma mía
al Señor y no olvides ninguno de
sus beneficios. Él es quien
perdona todas tus iniquidades, El
que sana todas tus dolencias; El
que rescata del hoyo tu vida, El
que te corona de favores y
misericordias, El que sacia de
bien tu boca De modo que te
rejuvenezcas como el águila.”
Salmo 103:1 – 5
2
glorificando a Dios a gran voz, y
se postró rostro a tierra a sus
pies, dándole gracias; y este era
samaritano. Respondiendo Jesús,
dijo: ¿No son diez los que fueron
limpiados? Y los nueve ¿Dónde
están? Lucas 17:11 – 17
Esto es lo común entre nosotros
los humanos, pasamos momentos
difíciles, con fe nos asimos de
Dios y le rogamos que nos saque
del apuro, el Eterno en su infinita
misericordia nos escucha y ayuda,
pero nuestro corazón ingrato no se
vuelve a Dios para darle gracias y
reconocerlo en nuestros caminos,
nos pasa lo mismo que a aquellos
leprosos con Jesús.
Pero David decía: “No olvides
ninguno de sus beneficios”.
David, conociendo la naturaleza
de los humanos nos recomienda
esto, porque por lo general
nosotros nos olvidamos cuando
alguien nos ha hecho un favor,
pero este rey fue sumamente
agradecido
con
Dios
y
misericordiosos con los humanos.
¿Cómo iba a olvidar David
aquella gran misericordia que
Dios había hecho con él sacándolo
del potrero de las ovejas para
hacerlo rey? Por ello él se
preguntaba: “¿Que le pagaré al
Señor por todos sus beneficios que
me ha dado?”. Cuando era joven
venció a Goliat, siendo este un
fogueado hombre de guerra,
contra todo pronóstico se enfrentó
al gigante y lo venció: “Salió
entonces del campamento de los
filisteos un paladín, el cual se
llamaba Goliat, de Gat, y tenía de
altura seis codos y un palmo. Y
traía un casco de bronce en su
cabeza, y llevaba una cota de
malla; y era el peso de la cota
cinco mil siclos de bronce. Sobre
sus piernas traía grebas de
bronce, y jabalina de bronce entre
sus hombros. El asta de su lanza
era como un rodillo de telar, y
tenía el hierro de su lanza
seiscientos siclos de hierro; e iba
su escudero delante de él. Y se
paró y dio voces a los
escuadrones
de
Israel,
diciéndoles: ¿Para qué os habéis
puesto en orden de batalla? ¿No
soy yo el filisteo, y vosotros los
siervos de Saúl? Escoged de entre
vosotros un hombre que venga
contra mí. Si él pudiere pelear
conmigo, y me venciere, nosotros
seremos vuestros siervos; y si yo
pudiere más que él, y lo venciere,
vosotros seréis nuestros siervos y
nos serviréis. Y añadió el filisteo:
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Hoy yo he desafiado al
campamento de Israel; dadme un
hombre que pelee conmigo.
Oyendo Saúl y todo Israel estas
palabras del filisteo, se turbaron y
tuvieron gran miedo.” 1 Samuel
17:4 – 11
Y de repente apareció la figura de
un mozo que había venido al
campo de batalla, a dejarles
provisiones a sus hermanos, y
dijo: “Y dijo David a Saúl: No
desmaye el corazón de ninguno a
causa de él; tu siervo irá y
peleará contra este filisteo.” 1
Samuel 17:32 Esto nunca lo
olvidó David, Dios le había
prometido que no iba haber
enemigo que lo avasallara, por
ello él en su meditación profunda
escribió para sí: “No olvides
ninguno de sus favores”. Y
cuidadosamente enumeró las
misericordias más sobresalientes
que Dios había hecho con él y con
el resto de los hijos de los
hombres: “Él es quien perdona
todas tus iniquidades, el que sana
todas tus dolencias, el que rescata
del hoyo tu vida, el que te corona
de favores y misericordias, el que
sacia de bien tu boca de modo que
te rejuvenezcas como el águila. El
Señor es el que hace justicia y
derecho a todos los que padecen
violencia” Salmo 103:3 – 6 ¿Sabe
usted como se rejuvenece un
águila? Cuando se siente vieja y
agotada, entonces se golpea contra
las rocas y se pone en sacrificios
muy duros, hasta que muda su
plumaje, sus garras, y su pico,
igual Dios con el hombre, le
permite que pase por pruebas y
angustias para acrisolar su fe y su
esperanza.
Y
media
vez
acrisolado, toma nuevas fuerzas
como el águila para seguir
adelante en la vida material y en la
vida espiritual.
¡Qué beneficio tan grande
recibe el hombre de Dios al
perdonarle todas sus
iniquidades y declararlo
libre, exonerado de toda
culpa que haya cometido en
el pasado!, como dice el
profeta “…Si vuestros
pecados fueren como la
grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren
rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca
lana” Isaías 1:18
Al no imputarnos pecados el
Señor nos declara justos, nos da la
oportunidad de escribir una nueva
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historia de nuestra vida, vuelve
blancos nuestros errores, no se
recuerda mas de ellos, y como
dice en otra Escritura: “El volverá
a tener misericordia de nosotros;
sepultará nuestras iniquidades, y
echará en lo profundo del mar
todos nuestros pecados” Miqueas
7:19. El mismo David en otra
musitante
plegaria
dijo:
“Bienaventurado aquel cuya
trasgresión ha sido perdonada, y
cubierto
su
pecado.
Bienaventurado el hombre a quien
el Eterno no inculpa de iniquidad,
y en cuyo espíritu no hay engaño”
Salmo 32:1 – 2.
Cuantos heridos y
angustiados van por el
mundo y no han encontrado
para su mal remedio, tan solo
porque no quieren allegarse
al Dios de las Bendiciones
Eternas, sanando las heridas
que el pecado nos ha dejado.
Cuando el Maestro llegó al pueblo
donde había crecido con la
intensión de sanar a los heridos y
aliviar a los cargados de muchas
penas, no pudo hacer este trabajao
entre por la incredulidad de los
habitantes de Nazareth: “Y no
pudo hacer allí ningún milagro,
salvo que sanó a unos pocos
enfermos, poniendo sobre ellos las
manos. Y estaba asombrado de la
incredulidad de ellos. Y recorría
las
aldeas
de
alrededor,
enseñando.” Marcos 6:5 – 6
El segundo beneficio que nos
presenta David y continuamente
recibimos de Dios es: “El que
sana todas tus dolencias”. Dios
sana nuestros dolores espirituales
y físicos, siempre y cuando le
permitamos hacer en nosotros su
Obra: “Y se difundió su fama por
toda Siria; y le trajeron todos los
que tenían dolencias, los afligidos
por diversas enfermedades y
tormentos, los endemoniados,
lunáticos y paralíticos; y los
sanó” Mateo 4:24.
Continuó diciendo David en su
reconocimiento: “Él rescata del
hoyo tu vida, y te corona de
favores y misericordias” Salmo
103:4. Dios promete guardarnos
de tanto peligro hoy, cuidar que
nuestra vida no vaya al sepulcro
antes de tiempo y rescatarnos de la
muerte eterna en la resurrección
de los muertos, porque los
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cristianos no morirán eternamente,
la muerte será un leve dormir y
serán rescatados del sepulcro en
un eterno despertar de gloria.
Cuán importante es no olvidar
estos y todos los beneficios que
Dios está dispuesto a darnos en
todo el devenir de nuestra vida, así
está escrito por aquél hombre que
muy cuidadosamente y con ojos
escrutadores
miraba
continuamente los beneficios de
Dios para él y el resto de la
humanidad: “¡Cuan innumerables
son tus obras, OH Eterno! Hiciste
todas ellas con sabiduría; la
tierra está llena de tus beneficios”
Salmo 104:24
no hallaba con que pagarle a Dios
por todos los favores que
continuamente recibía de Él,
recordemos en aquella ocasión
cuando se propuso recoger la
ofrenda para construir el templo
de su Dios, le dijo: “Las riquezas
y la gloria proceden de ti y tu
dominas sobre todo; en tu mano
está la fuerza y el poder, y en tu
mano el hacer grande y el dar
poder a todos. Ahora pues Dios
nuestro, nosotros alabamos y
loamos tu glorioso nombre.
Porque ¿Quién soy yo, y quien es
mi pueblo, para que pudiésemos
ofrecer voluntariamente cosa
semejante? Pues todo es tuyo y de
lo recibido de tu mano te damos”
1 Crónicas 29:12 – 14. Estaba
consiente David y se lo confiesa a
Dios en aquella plegaria, que no
tiene nada que darle en especial,
porque todo es de Él. Si dijéramos
nosotros que en agradecimiento a
sus favores le llevaremos un
ramillete de lirios de aquellos que
siembran en el valle de Sarón,
¿Acaso con eso podremos pagarle
a Dios? ¿De quién son los lirios
que se dan en los campos? Ó si le
dijéramos que en pago a esos
beneficios le cantaremos día y
noche, ¿Quién nos dio las cuerdas
Pero David decía en su
meditación: “¿Qué le pago
al Señor por todos sus
beneficios que me ha dado?”
¿Con qué podremos pagarle
a Dios innumerables e
inmerecidas misericordias?
Son tan grandes al hacer:
“…que su sol salga sobre
buenos y malos, y llueva
sobre justos e injustos” dijo
Jesús en el sermón de la
montaña.
Si David que era un rey y tenía
riquezas y muchos haberes más,
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vocales y quien hizo la música?
David tenía toda la razón al dejar
dicho: “De lo recibido de tu mano
te damos”, es tan estéril nuestra
mezquindad, porque sabemos que
es de lo mismo que Dios nos ha
dado que le estamos dando, y aun
así no queremos compartir con Él
nuestros agradecimientos. Otro
profeta se preguntó: “¿Con que
me presentaré ante el Eterno y
adoraré al Dios altísimo? ¿Me
presentaré
ante
Él
con
holocaustos, con becerros de un
año? ¿Se agradará el Señor de
millares de carneros, o de diez mil
arroyos de aceite? ¿Daré mi
primogénito por mi rebelión, el
fruto de mis entrañas por el
pecado de mi alma?” Miqueas 6:
6 – 7. No hallaba el profeta con
que pagarle a Dios, pero el Eterno
le exige al hombre que se ponga a
cuentas con Él porque queramos o
no tenemos una gran deuda con
nuestro Creador, por ello Él dice a
través de uno de sus voceros:
“Venid luego, dice el Señor y
estemos a cuenta…” Isaías 1:18.
Es pronto que tenemos que llegar
ante Él para ponernos a cuenta,
aunque no tengamos con que
pagarle. Pero afortunadamente hay
alguien quien ya pagó toda nuestra
deuda y este es el sacrificio de
Cristo en la cruz del Calvario. No
andemos
con
evasivas,
pongámonos de frente ante Dios y
digamos como dijo David: “¿Qué
pagaré al Eterno por todos sus
beneficios para conmigo? Tomaré
la copa de la salvación, e
invocaré el nombre del Eterno.
Ahora pagaré mis votos al Señor
delante de toda su gente” Salmo
116:12 – 14.
La copa de la salvación que
debemos tomar es Jesucristo
porque en Él estamos cumplidos.
Escuche “La Voz del Tercer Ángel”
De Lunes a Viernes De 8:00 a
8:30 p.m.
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Con el ferviente deseo que usted se dé cuenta de
las verdades eternas que se encuentran en los
Documentos de Dios, hemos preparado abundante
literatura, la cual le estamos ofreciendo
completamente gratis, como los siguientes:
Lo que cuesta seguir a Jesús.
Los Nombres Sagrados
La Casa del Alfarero.
El Negocio con las Almas.
El Camino que lleva a la Vida Eterna
Sed salvos de esta perversa generación.
Las Sagradas Escrituras.
¿Que estamos comiendo?
Un Embajador entre Cadenas.
Controversias sobre la ida al cielo.
¿Qué es Pecado?
¿Quién heredará el cielo?
¿Qué es el Infierno?
¿Cómo se justificara el hombre con
Dios?
Los Diez mandamientos en el viejo y
nuevo pacto
Y otros …
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