las políticas familiares en la unión europea

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RECENSIONES
«LAS POLÍTICAS FAMILIARES
EN LA UNIÓN EUROPEA»
LLUIS FLAQUER
(Ed.) Gerardo Meil, Ana M. Guillén,
Elisabet Almeda, Anna Escobedo.
INSTITUT DE CIENCES POLITIQUES
I SOCIALS (2002) BARCELONA.
208 páginas
Este libro es el resultado de un conjunto de
conferencias coordinadas por el profesor
Lluis Flaquer y organizado por el Institut de
Ciènces Politiques i Socials de Barcelona,
donde se reunieron seis de los expertos
actualmente más importantes en el panorama de las políticas familiares en España. El
objeto de este interesante trabajo no es sólo
analizar las relaciones entre la familia y el
sistema de protección social, o en identificar
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los retos que supone el cambio familiar en el
Estado de bienestar, sino que además intenta
aportar nuevas claves de hacia donde puede
ir la implantación de las políticas familiares,
los nuevos desafíos que debe superar y la
mejor manera de implementarlas.
Los autores participantes resaltan diferentes aspectos: Gerardo Meil, se centra
sobre todo en los cambios que está experimentando la familia a partir de lo que él
denomina la posmodernización de la familia
española, y cómo éstos pueden afectar al sistema de protección social. Ana M. Guillén
analiza desde el punto de vista del género el
desarrollo del concepto de ciudadanía en las
políticas sociales, comparando la situación de
España con la de otros países europeos y analizando el importante papel que juega la
mujer cuidadora en España y su relación con
el mercado de trabajo. Elísabet Almeda aporta una interesante investigación sobre las
familias monoparentales y las rupturas
matrimoniales en Cataluña, la autora estudia la evolución y características de estas
nuevas formas de familia, diferenciando
entre el modelo monoparental «moderno» y
«tradicional», y analiza los ejes claves sobre
los que pueden girar las políticas familiares
dirigidas hacia este colectivo.
En un aspecto mucho más concreto y «político» de las medidas actuales referidas a la
familia, Ana Escobedo presenta un trabajo
referido a las licencias parentales y a la atención infantil de los menores de tres años, realizando una comparación con diferentes países europeos. El libro termina con un sugerente análisis de Lluis Flaquer que se centra
en el modelo mediterráneo de bienestar basado en la familia y donde ésta institución lleva
implícito el supuesto ideológico de que constituye el proveedor principal de bienestar de la
sociedad, teniendo importantes repercusiones en el mercado de trabajo y en las políticas
de vivienda. Flaquer culmina esta obra desarrollando un punto de vista estructural según
el cual, la familia no se puede entender de forma aislada. El sistema familiar español es
parte y todo del sistema español de bienestar,
teniendo curiosamente como resultado una
política familiar pasiva.
Las políticas públicas de apoyo a la familia
han despertado en los últimos años un creciente interés en los distintos sectores de la
sociedad. Tanto desde el punto de vista del
sector público o empresarial, como desde las
propias familias, existe cada vez más una
mayor preocupación por la regulación y el
desarrollo de medidas dirigidas a promover el
bienestar de las familias. Las políticas familiares que tradicionalmente han tenido escaso impacto en la implantación de nuestro
reciente estado de bienestar, están poco a
poco empezando a entrar en la agenda política de las diferentes administraciones públicas.
Muchas de las causas de esta aparición
debemos encontrarlas en el importante papel
que tradicionalmente ha jugado y juega la
familia en el sistema español de bienestar
social, y que pueden verse afectadas por las
transformaciones sociales y familiares.
Actualmente asistimos al nacimiento de nuevas necesidades, cambios y tendencias sociales que afectan a dos de los pilares tradicionales de nuestro estado del bienestar: familia
y mercado de trabajo. El impacto de estos
cambios está dando lugar a la reelaboración
de una política social, que tiene cada vez más
a la familia como punto de referencia.
El profesor de la Universidad Autónoma
de Madrid Gerardo Meil parte del análisis de
los cambios recientes que están afectando a la
familia española, tanto en lo que se refiere a
los modelos ideales de organización de la vida
familiar, la privatización de la vida cotidiana
o la pérdida de importancia del carácter institucional de la familia, como las transformaciones referidas al ámbito demográfico
(aumento de hogares unipersonales, retraso
de la edad al matrimonio, aumento de nuevas
formas familiares, etc). Todo ello está dando
lugar a una posmodernización de la familia
española, es decir, a una «pluralización de los
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modos de entrada, permanencia y salida de la
vida familiar, con una mayor libertad individual para definir el proyecto conyugal y familiar que en el pasado, lo que significa que el
modelo tradicional de familia está cada vez
menos presente entre las nuevas generaciones». Esto tiene profundas consecuencias
para el sistema de protección social.
das que podrían llevarse a cabo, como la aplicación de una «cotización demográfica», la
consideración de las cotizaciones a la seguridad social como parte de los bienes gananciales y su reparto entre los cónyuges, o una
extensión de las pensiones de orfandad sujetas a prueba de necesidad en los casos de
separación.
Entre los principales desafíos a los que se
tiene que enfrentar el sistema de bienestar,
Meil destaca: la caída de la natalidad que da
lugar a la caída del volumen de población contribuyente en un futuro y que debe hacernos
reflexionar sobre las aportaciones que se
hacen al sistema, donde además de las contribuciones en dinero habría que tener también
en cuenta la «cotización demográfica» de
algunas familias. El desafío derivado de la
incorporación de la mujer al mercado de trabajo, que es un aspecto que está estrechamente relacionado con la creciente extensión
de familias en las que ambos cónyuges trabajan fuera del hogar; este aspecto afecta sobre
todo a las mujeres y plantea el problema de la
conciliación de vida familiar y laboral, y de
las consecuencias que de ello se derivan. En
tercer lugar, se encuentra el desafío derivado
del divorcio que en la actualidad es cada vez
más frecuente y socialmente más aceptado.
Su impacto en la sociedad es paulatinamente
más importante constituyendo una importante fuente de pobreza femenina e infantil
ante la escasa protección social existente.
Profundizando en esta perspectiva de
familia y sistemas de bienestar, la profesora
Ana M. Guillén realiza una interesante aportación desde el punto de vista del género,
revisando el tradicional concepto de ciudadanía y su implicación en las políticas sociales.
Según esta profesora de la Universidad de
Oviedo, para analizar nuestro actual modelo
de bienestar desde una perspectiva de género, no basta con medir el esfuerzo que realizan las familias, sino que hay que saber como
se reparte ese esfuerzo dentro de las mismas
y los hogares. En este sentido, para realizar
un estudio más completo de nuestro sistema
de bienestar sería necesario conocer y desarrollar algunos aspectos claves como: el grado de desarrollo de los derechos individuales
o el concepto de ciudadanía, la extensión de
las medidas públicas de prestaciones para
personas dependientes (grado de autonomía
de las mismas), la posición de las mujeres
frente al trabajo pagado y quien se encarga de
los cuidados (reparto del esfuerzo dentro de
los hogares).
A partir de este diagnóstico el autor considera que desde el respeto a los derechos individuales propios de una sociedad pluralista y
democrática, el sistema de protección social
español se debe ir adaptando a los cambios
familiares, lo que debería suponer «el reconocimiento de la rentabilidad social derivada de
la asunción de responsabilidades familiares y
los costes directos y de oportunidad, con riesgo de pobreza incluido, que las mismas tienen
para las familias que los asumen, pero sobre
todo, dada la actual división del trabajo entre
los géneros, de su coste para las mujeres». En
este sentido Meil apunta algunas de las medi-
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El estudio realizado por esta autora refleja
cómo el sistema español de garantía de ingresos, mantiene en la actualidad todas las
características del modelo conservador, dirigido a distintas categorías laborales y financiado a través de las cotizaciones de empresarios y trabajadores. Un ejemplo claro que
muestra el impacto de este modelo es en las
pensiones, donde se priman sobre todo las
que benefician al varón, o también en la
garantía de ingresos para las personas de
edad activa, donde se perjudica claramente a
las mujeres (niveles muy bajos de participación femenina en el mercado laboral, poca
relevancia de medidas de conciliación de vida
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laboral y familiar y escasas ayudas a la
maternidad).
Guillén también analiza el impacto de
algunos de los servicios de bienestar como la
atención primaria, la educación y los servicios sociales desde el punto de vista del género, y tras profundizar en todas las variables
concluye afirmando: que «los servicios de
bienestar tales como la atención sanitaria y
las políticas educativas no tienen un sesgo de
género muy marcado en España. Sin embargo, las políticas de garantía de ingresos y los
servicios sociales muestran un impacto discriminatorio para las mujeres, en el primer
caso de forma directa, ya que la cuantía percibida por los hombres y mujeres son muy distintas, y en el segundo de forma indirecta,
pues la existencia de escasos servicios sociales dificulta la participación de las mujeres en
el mercado de trabajo».
Otra de las aportaciones incluidas en este
libro es la que realiza la profesora de la Universidad Pompeu Fabra, Elisabet Almeda,
que nos ofrece un estudio sobre las familias
monoparentales y las rupturas matrimoniales. La autora analiza a partir de los datos
disponibles la evolución reciente de las familias monoparentales en Cataluña, con el objetivo de conocer mejor sus características para
articular una política familiar más operativa
hacia este colectivo.
Su estudio muestra el importante incremento de hogares en Cataluña compuestos
por un padre o madre solos con hijos, aunque
afirma que es muy importante diferenciar en
función del sexo y de la edad de los progenitores a la hora de hablar de este colectivo, pues
nos podemos referir a realidades sociales
muy diversas. Otro de los aspectos que se
deben tener en cuenta, es la tendencia clara
al crecimiento del numero de familias monoparentales como consecuencia del aumento
de la ruptura matrimonial. En este sentido,
puede decirse que prevalece la «pauta moderna» de la monoparentalidad, es decir las
familias constituidas por hijos e hijas meno-
res o no emancipados, dependientes en gran
medida del padre o de la madre solos separados o divorciados.
Este trabajo refleja algunas variables
importantes que deben ser tenidas en cuentan a la hora de articular una política familiar. Así por ejemplo, dentro de los núcleos
monoparentales, las madres solas que han
tenido una ruptura matrimonial y que viven
con sus hijos menores de 16 años constituyen
el colectivo de monoparentalidad con más
dificultades y riesgo de exclusión social y económico. Las tasas de actividad de las madres
solas está muy por encima de las del resto de
población femenina catalana en su conjunto.
Otro aspecto que debe destacarse es el impacto de las dos formas diferentes de monoparentalidad según las zonas geográficas, por
un lado el modelo tradicional (basado en la
viudedad) propio de las zonas de montaña y el
pirineo, y el modelo de monoparentalidad
moderna (basado en la separación o el divorcio) predominante en las comarcas litorales
del mediterráneo.
Almeda concluye aportando algunas recomendaciones que deberían ponerse en marcha para proteger a este colectivo, como: dar
todo el apoyo a aquellos proyectos de ocupación y auto-ocupación entre las madres solas
para facilitar su acceso al mercado de trabajo,
o a una mejora de su estatus laboral, realizar
programas de mantenimiento de rentas para
familias monoparentales, activar políticas
que favorezcan el reparto equitativo entre el
trabajo remunerado y el familiar o introducir
medidas de carácter económico y/o fiscal.
Descendiendo precisamente al campo concreto de la articulación de las políticas familiares, Ana Escobedo realiza una evaluación
de cómo se han implementado algunas de
estas políticas en España en comparación con
otros países europeos, en concreto esta autora
analiza las licencias parentales y la atención
infantil de los menores de tres años. En un
contexto donde cada vez hay más madres y
padres laboralmente activos y donde las polí-
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ticas comunitarias se orientan a incrementar
las tasas de empleo, especialmente las femeninas, como vías de asegurar la sostenibilidad de nuestros sistemas de bienestar, las
políticas de atención infantil se hacen más
necesarias. Sobre todo aquellas dirigidas a
facultar a las madres y a los padres para conciliar sus vidas laborales y la crianza de sus
hijos.
Los ámbitos donde se debe centrar la política familiar referida a esta cuestión según
esta autora son: los servicios de atención
infantil, las licencias laborales para atender
la crianza de los hijos, un entorno y organización laboral que responda mejor a las necesidades de los trabajadores con hijos pequeños
o familiares dependientes a su cargo, y una
mayor participación de los hombres en la
crianza de los hijos y en las tareas de atención
familiar. En este campo destacan las licencias parentales, que son «una medida mixta
de política familiar y laboral que consiste en
regular la ausencia del lugar de trabajo o
interrupción de las prestaciones laborales
habituales, asociadas a prestaciones sociales,
para atender al nacimiento y la crianza de los
hijos (licencias por maternidad, por paternidad, la licencia parental, de atención infantil
y las licencias para cuidar de un hijo enfermo)». En este sentido, según Escobedo, en
España tenemos un sistema legislativo útil
en lo referido a licencias de parentela, pero
poco efectivo a la hora de resolver las necesidades de las familias con hijos pequeños, este
edificio jurídico sería más utilizado por las
familias si se le dotara de recursos económicos.
En nuestro país en general existe un bajo
nivel de cobertura y uso de licencias parentales y ésta recae sobre todo en las mujeres. Así
por ejemplo en el año 2000 sólo un 1% de las
madres españolas preceptoras transfirieron a
los padres una parte de las últimas semanas
de licencia maternal remunerada. A esto hay
que añadir que en España no se ha desarrollado un sistema de garantías públicas de
atención infantil para los menores de 3 años,
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existiendo un elevado número de arreglos
informales familiares, que todavía son posibles porque hay muchas abuelas jóvenes y
mujeres inactivas.
Las medidas que se han desarrollado hasta ahora, según afirma Ana Escobedo, inciden sobre todo en la creación de plazas de
guardería públicas y sería necesario también
ofrecer a madres y padres modelos de conciliación más diversos y adaptables a las particularidades circunstancias familiares, y que
motivaran a los padres a ejercer como tales.
Por todo ello, la autora concluye afirmando
que «conviene lograr un diálogo social sobre
cuales son las mejores alternativas y modelos
de apoyo social para la atención de los menores de 3 años, que resulten socialmente viables y deseables, ya que si se quieren tener
hijos es en definitiva para asumir el protagonismo de su cuidado y crianza».
La última de las aportaciones corresponde
al profesor Lluis Flaquer que sintetiza desde
un punto de vista estructural y basado en el
modelo de bienestar español el papel que juega la familia y el por qué del escaso desarrollo
de las políticas familiares en nuestro país.
Según este profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, existe un modelo de bienestar propio de los países de Europa del sur,
que puede denominarse sistema familiar
mediterráneo, los países pertenecientes a
este modelo se caracterizan por tener fuertes
valores familiaristas asociados con un bajo
nivel de individualización y por la ausencia
de una política familiar explícita, que se evidencia por el escaso número de medidas amigables para las familias.
Los países del sur de Europa, según destaca Flaquer, presentan ciertos rasgos singulares como: un número medio de personas por
hogar más alto de Europa, una elevada proporción de jóvenes de hasta 30 años que viven
con sus padres, las vías de inserción profesional de estos jóvenes suele ser sobre todo a través de relaciones familiares o informales, sus
tasas de cohabitación son muy bajas, así
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como los nacimientos extramatrimoniales.
Otro rasgo importante es la proximidad residencial entre parientes, las bajas tasas de
rupturas matrimoniales, divorcio y monoparentalidad, o los exiguos niveles de fecundidad.
Este modelo de bienestar tiene su base
según este sociólogo catalán en dos aspectos
significativos, como son la regulación del
mercado de trabajo y las políticas de vivienda. En cuanto al primer aspecto, los países
correspondientes a este modelo mediterráneo
presentan como características comunes una
importante presencia de la economía sumergida y altas tasas de desempleo femenino;
esto es debido según este autor, a que los mercados de trabajo mediterráneos tienden a discriminar a favor de los cabezas de familia
masculinos y en contra de las mujeres y jóvenes. Respecto a las políticas de vivienda, en
los países del sur de Europa se encuentran
las proporciones más elevadas de viviendas
en propiedad y las mayores dificultades de los
jóvenes para poder formar hogares propios;
esto encuentra su explicación según Flaquer
en que «la adquisición de una vivienda puede
considerarse como una inversión contra los
riesgos sociales y como un recurso ecológico
que permite a los parientes construir redes de
solidaridad capaces de facilitar la prestación
de servicios de cuidados en caso de necesidad».
Uno de los rasgos que al autor le llama
más la atención, es la circularidad del sistema, es decir, cómo este modelo se reproduce,
para ello se basa en «una política familiar
pasiva donde las dificultades con que tienen
que lidiar las familias en la vida cotidiana no
se afrontan a través de la movilización pública, sino por medio de las estrategias privadas
de las personas. Ello crea una especie de
situación de retroalimentación negativa por
la cual el sistema se reproduce e incluso se
refuerza». Es por ello, por lo que en los países
del sur de Europa la fuerte solidaridad familiar a la vez explica la existencia de una política familiar poco desarrollada.
La tendencia al incremento del la tasa de
participación laboral femenina, y los bajos
niveles de natalidad, hacen replantearse esta
situación y empezar a desarrollar una política familiar activa. En este sentido, uno de los
aspectos más importantes sería según Flaquer la externalización de servicios de cuidados tradicionalmente familiares, pero «los
actores políticos y sociales no parecen haber
optado por dicha solución porque en los países mediterráneos mucha gente piensa que
los servicios familiares son de una calidad
superior a los ofertados por el Estado y que
por consiguiente, es mejor dejar las cosas tal
como están». Todo este modelo, concluye Flaquer, se asienta en los valores de la familia
mediterránea, que desempeñan un papel central en la reproducción del sistema de bienestar meridional y, por tanto, deben ocupar un
lugar prominente en cualquier intento teórico de interpretación.
Aunque todavía en España se mantengan
unos rasgos muy marcados de nuestro modelo familiarista de bienestar, existen ciertos
indicadores que prevén cambios importantes.
Ante todo ello urge poner en marcha y promover un debate en la sociedad española para
definir qué modelo de bienestar queremos y
por qué tipo de política familiar debemos
apostar. En todo este contesto, este libro coordinado por Lluis Flaquer constituye una
magnífica aportación que puede servirnos de
referencia, y que debe constituir el comienzo
de la promoción y desarrollo de este tipo de
trabajos cada vez más necesarios.
LUIS AYUSO SÁNCHEZ
Universidad de Granada
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