EL CARÁCTER MADURO:

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Jaume Llenas
Domingo 13 de abril de 2014
EL CARÁCTER MADURO:
LA CLAVE PARA UNA BUENA ADMINISTRACION
A medida que vamos madurando, vamos añadiendo capacidad de análisis para
captar mejor la realidad de la situación. Sin embargo, uno de los problemas de la
sociedad occidental es que es de carácter inmaduro; circula por impulsos. Somos una
generación “adultescente”, de cuerpo adulto pero de mente adolescente.
La madurez implica paciencia, integridad, honestidad, compasión, MUCHO
dominio propio. Lo que hace una persona desprevenida, es lo que hay en su corazón. Lo
que hacemos con algo que nos llega nuevo nos muestra qué grado de madurez tenemos.
La madurez se muestra en el carácter.
Así pues, ¿Qué características tiene la madurez?
1. La madurez implica honestidad e integridad. Esto implica sentido de la
ética, que se define como:
a) Distinción entre lo que está bien y lo que está mal. Y hay
normas; superiores a nosotros. Recordemos que solo somos
administradores, pero el propietario es otro y es el que pone las
normas
b) Actuar en consecuencia de lo que está bien y mal. Hacer lo que
se tiene que hacer, cuando se tiene que hacer, como se tiene que
hacer, sin importar las consecuencias. Un ejemplo claro de esto
es el Salmo 15
Cuando nosotros decidimos no ser honestos e íntegros, afectamos a la
gente que nos rodea.
2. La madurez implica verdad. Jesús vino para dar testimonio de la verdad.
En Juan 18:33-40, vemos como un gobernador Romano juzga al Rey del
universo. Antes esto era inconcebible, hasta el momento. Ahora, parece
que el ser humano es el juez y Dios el que está en el banquillo (lo
juzgamos por permitir los desastres, la pobreza, las injusticias
sociales…). Pero la verdad está en Dios; y nadie había tenido tan cerca
la verdad como Poncio Pilato: y ni quiso dejar que Jesús contestara; se
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dio la vuelta sin esperar respuesta. A nosotros nos pasa igual: no
queremos aceptarla y no queremos que nadie tenga el derecho de
establecer el bien y el mal. Pero todos los que proclaman algo así, no lo
creen, porqué al fin y al cabo cuando a ellos conciernen creen que tienen
la razón. Así que todos nosotros sabemos lo que es verdad y lo que es
mentira, pero cuando obtenemos una responsabilidad moral no queremos
aceptar que hay cosas mejores o peores y tratamos de escapar de ellas.
Todos hemos sido víctimas de engaños y mentiras ajenas: políticos,
bancos, compañías telefónicas, aseguradoras, productos, etc. incluso nos
extrañamos cuando alguien cumple. Estas son las bases del engaño
colectivo de una sociedad que no tiene ningún tipo de moral en ninguno
de sus niveles. En nuestra vida también afecta, no solo en las grandes
compañías; si queremos prosperar necesitamos estar pegados a la
verdad. Muchos negocios se sustentan en la confianza y si esta se rompe
(con mentiras, engaños…), aunque sea una sola vez, esta se pierde para
siempre. En el terreno espiritual hay una traslación del terreno
económico. Si mentimos en la empresa, no podemos establecer una
pared entre la credibilidad de la empresa y la espiritual; si mentimos, lo
somos globalmente.
3. La madurez implica dominio propio. Sin dominio propio es posible
hacer planes en la vida, pero imposible ejecutarlos. Para mejorar nuestra
situación debe mejorar nuestro carácter. Sólo si somos seres distintos
viviremos de forma diferente. Todos estamos afectados por el mal, por el
pecado. Sólo si somos transformados podemos llegar a ser seres
diferentes. Eso es lo que hizo Dios en la cruz. Esto ha permitido que
seamos libres y que no tengamos que rendir cuentas por lo hecho en el
pasado. Sin embargo, si no rectificamos, vamos a seguir haciendo eso
que nos llevó a esa situación. Por eso Dios, no sólo nos lavó, sino que
nos dio vida eterna. La vida eterna implica que Su vida ha venido a vivir
en mí. Pero igualmente, seguimos teniendo la propensión a caer. Por eso
Dios pone en nosotros al Espíritu Santo, para ser cómo Él; para vivir
como Cristo y para producir los frutos de su Espíritu (Gálatas 5: 22-23).
Una buena parte de nuestros problemas económicos se da a que no
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reflejamos a Cristo: no nos sabemos controlar, somos compulsivos y nos
comprometemos por nuestra falta de dominio propio y nos generamos
necesidades, no para beneficiarnos a nosotros, sino a nuestros
vendedores (que no fabrican por otra cosa que para su propio beneficio).
Para cambiar, para volver a recuperar las riendas, se necesitan tres pasos,
que los sacamos de la historia del hijo pródigo (Lucas 15:11-32):
a) Volver al Padre
b) Tener un plan
c) Convertir el plan en acción
Hoy estamos llamados a tomar una decisión. No importa como estemos. Cada
uno decide cómo va a ser mañana, de entregar el control de su vida a Dios
personalmente. Hoy decidimos si Jesús es el Señor, el que manda y gobierna por
encima de todo y nosotros lo reconocemos. Sólo el Espíritu Santo refleja la vida
de Jesucristo.
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