Filosofía de la economía : una crítica del argumento de Nozick

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Filosofía de la economía :
una crítica del argumento de Nozick contra el igualitarismo.
De acuerdo a la propuesta comenzaré en (I) – (II) por la exposición de la crítica de Nozick contra los
impuestos con finalidad redistributiva y su interpretación del principio de Kant.
Un análisis ulterior en (III) – (VI) revelará , a mi entender, que la apelación de Nozick al principio ético de
Kant está desencaminada. Defenderé allí una tesis bastante fuerte: la de que la cuestión no se trata, como
parece creer Kimlicka en (1995 ) de un non sequitur en la derivación ser fin en sí – ser dueño de sí – tener
derechos incuestionables de propiedad sino de que la noción de ser dueño de sí es completamente
inconsistente con la concepción ética de Kant.
(I)
El núcleo de la argumentación de Nozick contra los impuestos con finalidad redistributiva puede ser
sintetizado del modo siguiente:
(1) Los hombres son propietarios de sus circunstancias favorables.
(2) Si son propietarios de sus circunstancias favorables, entonces son propietarios de todo lo que ellas
produzcan.
(3) Los impuestos con finalidad redistributiva se aplican sobre el producto de esas circunstancias.
(4) Por lo tanto los impuestos con finalidad redistributiva lesionan derechos legítimos de propiedad.
La objeción igualitarista a este argumento libertariano se basa en el rechazo de la premisa (1). Los hombres
no tienen derechos de propiedad sobre sus circunstancias favorables – suerte, talento- porque éstas son
inmerecidas, así como las desfavorables. Y esto proporciona una base para las pretensiones de
compensación para los afectados por las últimas.
O sea que la concepción igualitarista asume la siguiente tesis:
(T1) Si las circunstancias favorables|desfavorables son inmerecidas entonces los impuestos con finalidades
redistributivas son legítimos.
Y, convengamos en que en un estado ideal de justicia vale el siguiente supuesto:
(S) Un hombre es propietario de algo si y sólo si lo merece.
De (T1) y (S) surgiría:
(T2) Si los hombres no son propietarios de sus circunstancias entonces los impuestos con finalidades
redistributivas son legítimos.
Y, asumiendo la verdad del recíproco, por amor al argumento, tenemos:
(T3) Los impuestos con finalidades redistributivas son legítimos si y sólo si los hombres no son propietarios
de sus circunstancias.
Pero (T3) es congruente también con la concepción de Nozick, siendo que (T3) en conjunción con la
premisa (1) darían lugar a la conclusión que a este autor le interesa, esto es:
(N) Los impuestos con finalidades redistributivas no son legítimos.
Tenemos entonces una tesis común a estos interlocutores junto con una aserción que uno acepta y el otro
rechaza, hecho que sugiere genuina incompatibilidad entre las respectivas teorías. La discusión se focaliza
en relación con la premisa (1). El argumento igualitarista para rechazarla es bastante intuitivo: nadie se
merece una circunstancia desfavorable como un handicap intelectual o mala suerte, etc., y por lo tanto
nadie merece tampoco una favorable como un talento, un golpe de fortuna, un nacimiento en una posición
aventajada, etc. ¿Tiene argumentos Nozick para sostenerla?
Kimlicka en (1995 ) considera que el libertarismo de Nozick se apoya, finalmente, en dos argumentos, uno
intuitivo y otro filosófico. El filosófico concierne precisamente a la máxima kantiana. Se trata del Imperativo
Categórico en su segunda formulación, que reza del modo siguiente: obra de modo que en cada caso te
valgas de la humanidad, tanto en tu persona como en la de todo otro, como fin, nunca como medio (Kant
(1961)
Siendo este “un principio con el que estamos firmemente comprometidos” [ Kimlicka (1995)] si es que
implica al libertarismo entonces Nozick habría proporcionado al libertarismo una sólida defensa
[ibíd.].Veamos como funcionaría.
Según Nozick , lo esencial a considerar a efectos de tratar a las personas como fines en sí lo constituyen los
derechos que configuran el “ ser dueño de uno mismo”. El principio de Kant de acuerdo a esto equivale ( o,
en el caso más débil, implica) a la aseveración de la tenencia de derechos de propiedad sobre uno mismo.
Una intelección muy natural de esta interpretación es la que ofrece Kimlicka en op.cit.: ser dueño de uno
mismo es tener sobre la persona de uno los derechos que el esclavista tiene sobre el esclavo. De esta
manera el argumento de Nozick procedería como sigue:
(a) Los hombres son fines en sí mismos.
(b) Si los hombres son fines en sí mismos entonces son propietarios de sí mismos(del mismo modo que un
amo con su esclavo).
(c) Si son propietarios de sí mismos , lo son también de sus circunstancias favorables (el talento o la fuerza
del esclavo son también propiedades del amo).
(d) Si son propietarios de sus circunstancias favorables, lo son también de todo lo que se produzca con
ellas.
(e) Por lo tanto, los hombres son propietarios de todo lo que se produzca mediante sus circunstancias
favorables.
Ahora bien, los impuestos con finalidades redistributivas suponen una quita de lo generado por virtud de
esas circunstancias. De esta manera no se reconoce a esos hombres como propietarios de esas
circunstancias y, por allí, no se los reconoce como fines en sí mismos. Es más, al emplear los recursos de la
quita a favor de los desposeídos, el estado se vale de los afectados por los impuestos como de meros
medios para satisfacer esas pretensiones. Estas razones kantianas hacen ilegítimos los impuestos con
finalidades redistributivas, según Nozick.
(II) El argumento de Nozick.
(a)
(b)
(c)
(d)
Los hombres son fines en sí mismos.
Si los hombres son fines en sí entonces son dueños de sí mismos.
Si los hombres son dueños de sí mismos, son dueños de sus circunstancias favorables.
Si son dueños de sus circunstancias favorables, son propietarios de todo lo que mediante ellas se
produzca.
(e) Los impuestos redistributivos suponen una quita de lo generado por esas circunstancias con la finalidad
de satisfacer las necesidades de otros.
(f) Por lo tanto los impuestos de esta índole suponen valerse de los individuos aventajados como si fueran
meros recursos.
(g) Por lo tanto los impuestos redistributivos vulneran la condición de fines en sí de los individuos que
afectan.
(III) La objeción de Kimlicka.
Según Kimlicka en (1995 ), “... el ser dueños de uno mismo no nos dice nada acerca del tipo de propiedad
que tenemos sobre los recursos externos”, es decir que este autor considera que el condicional (d) del
argumento de Nozick es falso.
Su argumentación se propone mostrar que la justificación del sistema de apropiación capitalista que
propugna Nozick presupone una restricción arbitraria de alternativas relevantes, basada en una
interpretación igualmente arbitraria de la estipulación de Locke. Por ejemplo Kimlicka considera inadmisible
que se interprete la estipulación de Locke de modo tal que se justifique la muerte por hambre de
trabajadores desocupados mediante la razón de que igual destino hubieran corrido en un estado natural
lockeano [vd. Kimlicka ( 1995 ) p.132 ]. La objeción considera que esas no son las únicas opciones
relevantes, habría otras en las que, tal vez, el trabajador no hubiera muerto de hambre, p.e. un régimen de
estado benefactor. Si esto es así no está justificado el paso de “ Los hombres son dueños de sí mismos” a
“Los hombres son propietarios de todo el producto de sus circunstancias favorables” vía estipulación de
Locke, teniendo razón Kimlicka en que la cualidad de ser dueño de sí resultaría compatible con otros
regímenes de propiedad además del propugnado por Nozick, incluido el igualitarista.
El argumento de Nozick dejaría de funcionar, entonces, bloqueándose, como decíamos a nivel de (d).
(IV) La observación de Heymann.
El Profesor Ezra Heymann indicaba que el mandato del I.C. en su segunda formulación no prohibía que se
utilizara la humanidad de alguien como medio, sino como mero medio. El argumento es el siguiente: no
tiene sentido que se me prohiba valerme de la humanidad de otro como medio porque eso haría imposible
las relaciones de intercambio. Por ejemplo, en una relación de compra- venta yo me valgo de otro como
medio para proveerme de un bien que deseo o necesito. Lo que se me prohibe es que me valga de él como
mero medio, imponiéndoseme la exigencia de que lo considere al mismo tiempo como fin en sí. Esta
exigencia es la que hace que a pesar de ser un medio para mí yo no pueda (moralmente) engañarlo o
extorsionarlo para conseguir mis fines pues él no es solamente un medio para mí aunque en esa relación
también lo sea. Creemos que esta interpretación puede reclamar lícitamente apoyatura textual en
expresiones kantianas como las siguientes:
Pero el hombre no es ninguna cosa; por tanto no es algo que pueda ser usado meramente como
medio, sino que siempre debe considerársele en todas sus acciones como fin en sí
mismo.[(1961,p.126, énfasis del autor]
...en lo que concierne al deber necesario hacia los otros enseguida verá el que tiene la intención de
hacer a otro una promesa falsa que quiere servirse de otro como simple medio que no encierra al
mismo tiempo el fin en sí mismo.[(1961,p.126, énfasis del autor]
No hay en el mundo nada más sagrado que los derechos de la humanidad en nuestra persona y el
derecho de los hombres. Este carácter sacro estriba en no utilizarlos nunca como mero medio.[Kant,
Reflexiones sobre Filosofía Moral, texto inédito recogido en (1991),p.91,130]
La exactitud de la interpretación depende, justamente, de que los “meramente” y los subrayados de Kant no
sean –digamos- meros énfasis, de que esas expresiones hagan una contribución más sustancial –digamos
– al significado del enunciado en su totalidad. Corre a favor de la interesante interpretación de Heymann la
justificada presunción de cuidado y rigor en las expresiones de Kant, naturalmente.
Ahora bien, si esta interpretación es correcta entonces podría construirse una objeción al argumento de
Nozick del modo siguiente: Aunque se admitiera que en el cobro de impuestos de carácter redistributivo los
hombres de posición aventajada desempeñaran el papel de medios, si en el programa político-económico
se prevén medidas con carácter de estímulo como préstamos blandos concedidos por la banca estatal, etc.,
podría interpretarse que estas facilidades cumplen la función que hace a la consideración de estos sujetos
como fines en sí; y así en el programa político-económico en su totalidad seguiría valiendo la máxima
kantiana entendida ahora como no considerar a la persona como mero medio sino siempre y al mismo
tiempo como fin en sí misma. Ese tipo de medidas correspondería a la cristalización de la intención de la
sociedad de considerar a todos sus potenciales ganadores como fines en sí aunque también se sirva de
ellos como medios para aliviar las penalidades de sus sectores menos aventajados, etc.
En resumen, si se asume como correcta la observación de Heymann sería problemático para el argumento
de Nozick el alcanzar la deseada conclusión (g) porque la conclusión intermedia (f) sería inválida; de
acuerdo a este punto vista la cuestión de si una sociedad o estado se vale de alguien como mero recurso no
podría determinarse considerando aisladamente la existencia de cierto tipo de medidas sino el sistema
completo de la política económica. En la medida en que es concebible un régimen de estado benefactor
que, contemplando uno y otro tipo de medidas considerase a todos los individuos componentes de su
sociedad como fines en sí, no infringiría la máxima kantiana aunque por otra parte también se sirviese de
ellos como medios.
(V) Sobre “ser dueño de sí mismo”
La objeción que propondremos ahora es más fuerte. Consiste en rechazar la premisa:
(b) Si los hombre son fines en sí mismos entonces son dueños de sí mismos.
Esto es, no proponemos como solución una reinterpretación o reconstrucción de la noción de ser dueño de
sí ( la “vía Kimlicka”) sino más bien que, para una concepción estrictamente kantiana las personas no son
dueñas de sí mismas, demoliendo desde la base el argumento de Nozick. Para mostrar como es esto
volvamos a la elucidación del concepto relevante en Kimlicka ( 1995 ). Allí era donde, precisamente, se nos
decía:
La idea básica de ser dueño de uno mismo puede ser entendida al compararla con la esclavitud: ser
dueño de uno mismo es tener sobre la persona de uno los derechos que el esclavista tiene sobre el
esclavo.[p.120]
Bien, sucede lisa y llanamente que en la filosofía práctica de Kant y atendiendo justamente a estos
conceptos se sigue que una persona no tiene ni puede tener sobre sí misma derechos tales. La razón es
simple: un esclavo tiene el status de una cosa, de un objeto de derechos, cabe usarlo como un mero medio
para conseguir fines particulares, se lo puede vender, permutar, matar, etc.(y este “etc.” es terrible), pero
esto es, obviamente, lo que el Imperativo Categórico prohibe. Para esta objeción, que entendemos decisiva,
consideramos tener apoyatura textual inequívoca. En sus consideraciones sobre el deber estricto para
consigo Kant nos dice:
...según el concepto de la obligación para consigo mismo, el suicida se preguntará si su acción
puede subsistir junto a la idea de la humanidad como fin en sí misma. Si se autodestruye para huir
de una situación penosa, se sirve de una persona [la de él mismo] como medio para alcanzar una
situación soportable hasta el final de la vida.
Pero el hombre no es ninguna cosa, por tanto no es algo que pueda ser usado meramente como
medio, sino que siempre debe considerársele en todas sus acciones como fin en sí mismo. Así,
pues, no puedo disponer del Hombre en mi persona para mutilarlo, pervertirlo o matarlo. [Kant,
(1961),pp.125-126.]
(VI) Conclusión
Podría decirse que los comentarios huelgan, pero más vale ser redundantes que omisos.
Si según el I.C. no puedo disponer del Hombre en mi persona como quiera y atendiendo a mis fines
particulares, entonces no soy un recurso para mí mismo, ni una cosa para mí mismo, es decir que no tengo
sobre mí los derechos que el esclavista tiene sobre el esclavo, es decir que no soy el dueño de mí mismo.De esta manera se hace difícil ver como la noción de Nozick de ser dueño de sí o cualquier reconstrucción
que se proponga puedan considerarse como interpretaciones aceptables del imperativo de Kant. Más
fuertemente: la interpretación de Nozick es inconsistente con la norma kantiana. Y podemos mostrar,
incluso, como la inconsistencia se mantiene todo a lo largo de la interpretación.
Observemos que para Kant se cumplen:
(p) El hombre es un fin en sí mismo.
(no-q) El hombre no es dueño de sí mismo.
En cambio para Nozick vale:
(si p entonces q) Si el hombre es un fin en sí mismo entonces el hombre es dueño de sí mismo.[que, como
vimos, es la premisa (b) de su argumento principal]
La situación es entonces la siguiente: por una regla obvia de lógica clásica, para Kant vale p y no-q, siendo
que para Nozick vale si p entonces q. Pero p y no- q es precisamente la negación de si p entonces q,
también por reglas de lógica clásica.
Podríamos llamar a esto un estado de inconsistencia técnica, tan patente, por otra parte que sorprende que
en los análisis de Kimlicka no se haya planteado lo que decimos aquí (al menos para intentar refutarlo): que
la apelación de Nozick a Kant para su defensa del libertarismo falla por razones de inconsistencia absoluta.
En la cuestión fundamental de la inteligencia del concepto de fin en sí o estamos de acuerdo con Kant o lo
estamos con Nozick, no podemos estarlo con ambos.
En tanto el concepto de ser dueño de sí no tiene nada que hacer en una perspectiva genuinamente kantiana
es, asimismo, muy poco lo que puede hacer Nozick con su justificación de la situación de la obrera en la
Inglaterra victoriana. Resultaba natural, aun desde una perspectiva intuitiva y asistemática, la concepción de
esta obrera como corriendo el riesgo de desempeñar el rol de mero medio al estar forzada a aceptar
cualquier trato que el capitalista le ofrezca. Y eso es lo que sucede precisamente cuando la contemplamos
desde la perspectiva kantiana. Creemos haber justificado entonces nuestra conclusión de que el análisis de
Nozick no es kantianamente adecuado, y eso por las razones más fuertes, en particular si reunimos este
nuestro análisis de inconsistencia con lo que resulta de la interpretación alternativa de Heymann del
principio de Kant.
Robert V. Calabria
BIBLIOGRAFÍA
HEYMANN, E. (1964) Examen de la fundamentación kantiana de la ética. Cuadernos Uruguayos de
Filosofía, F.H.C., Montevideo.
KANT, I. (1961) Cimentación para la Metafísica de las Costumbres. Aguilar , Buenos Aires.
(1991) Textos Cardinales.Ediciones Península, Barcelona.
KIMLICKA, W. (1995) Filosofía Política Contemporánea. Ariel, Barcelona.
NOZICK, R. (1988) Anarquía, Estado y Utopía. Fondo de Cultura Económica, México.
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